domingo, febrero 16, 2020

ELIANA BELÉN



Para mí la poesía es una disposición hacia el lenguaje del universo que encuentra su expresión a través de ideas, movimientos, cosas, sonidos y palabras.  Hay que estar alerta para verla venir, como a un pájaro. La poesía es una emoción intensa, es premeditación y también sorpresa. 

A veces el plan surge de una palabra que se cae de lo cotidiano o de la boca de la gente, entonces tomo notas que luego incrusto en algún relato. Mientras trabajo un texto también investigo: puedo leer mapas, revistas de pesca deportiva, cartas de amor, libros de botánica o cuentos clásicos. Pero mi escritura también sale de zapadas, tengo alma de rapera: escribo cantando y las palabras se van acomodando entre acordes y así nacen algunos poemas. Colecciono versos mientras miro dibujitos, cine independiente o Robocop, me da igual, todo me alimenta. Las ideas emergen en cualquier momento, andando en bicicleta, cocinando una salsa, jugando con mis hijas, en la playa rodeada de gente o sola frente a la computadora o el cuaderno. Después llega el momento de sentarme a trenzar minuciosamente todo ese material, y es allí cuando elijo tiempo y espacio para poder explayarme con serenidad.

Corregir para mi es el momento en el que sé, voy a encontrar la clave, por eso gozo. En esa dedicación al acabado de la pieza, como en la poda del manzano, voy cortando ramas para que entren luz y aire, y así se puedan ver muy bien los frutos. No es una tarea que me resulte fácil, porque tiene momentos de éxtasis y otros de tedio. Todo lo que escribo, vuelvo a leerlo y le hago arreglos. Cuestionar mi propia escritura en general me abre pista, me aventura.  Eso lo aprendí de las críticas que recibí, de gente que admiro por su arte. 

Tengo dos procedimientos creo. Uno que es más intuitivo: como cuando  escribo de tiro un verso, una palabra, alguna idea que me sorprende. El otro procedimiento es el de sentarme a escribir, pero casi siempre desarrollando los disparadores que recolecté anteriormente. Después ya es un devenir que emerge si siento interés por la trama o el tema, son momentos de dedicación y ahí es cuando corrijo. A veces, lo dejo reposar un tiempo y sigo trabajándolo luego. Encontrarse con una poema es un largo camino, no sucede siempre, por eso también tiro mucho de lo que emprendo. 
La poesía se me presenta en forma de imágenes, pero también como movimientos de música. Con las imágenes trato de tener cuidado, porque a veces me dejo impresionar y es fácil caer en el lugar común, es muy entretenido escribir observando. La poesía, me llega también como ritmos dados por la puntuación, la acentuación, la morfología de las palabras y sus sonidos vibracionales. También aparece cuando ensayamos con la banda (work in progress), porque ahí cabalgás y corregís en el aire. 


Poemas


Kazajistán

La luz te ilumina
manzana
de carne y hueso
manzana
el cielo en un poema siempre
azulado claro inmenso
anaranjado atardecido 
manto negro constelado digo
estrellado 
pero vos manzana
imaginate cómo sería
no haberla probado nunca
y encontrarla haciendo un picnic 
por vez primera
bajo las caducas verdes hojas
ovaladas recias pecioladas
de estípulas y bordes dentados

El árbol

imaginate ahora el mantel
cuadrillé
la canastita
o el cuerpo rudo 
y en bolas trepando
si la manzana cae
eso es grave 
grávido paladar 
apasionado
jugo blanco dulzón chorreante

manzanas manzanas caen
manzanas
también en el corazón el sol
las fichas
también la tarde.


Del barrio

Escucho el ruido
de los fideos triturados
en la boca de la vecina

el viento pasa lento
apenas mueve las cortinas

lanzo una línea y parte
en dos las aguas

la abuela está sentada
frente al lavarropas mirando
todo el proceso

detrás del mosquitero no se mueve
ni una hoja.


3.

Con cada explosión los peces
se dispersan
agarrados de las escamas
uno a uno en la revuelta
cruzan las barreras
veteados como algas
entran al bosque salvaje
observándolo todo.


Neoprene

traje profundidad tiempo descompresión 
traje isotérmicos trajes
traje batir de piernas en propulsión lateral
traje cadencia variable 
traje inmersión 
a pulmón libre mariposa crawl
surfer traje
traje escafandrismo por no escuchar
altaneras olas rocas
traje aletas escarpines 
traje la inundación la orilla
traje la náutica el yate las botellas vacías
traje piraguas aguas muertas 
neoprene


Quería decirte que 

Quería decirte que
desde lo más hondo las burbujas suben
si metes
la cabeza

y bajo el agua se deforman
así
las palabras


Eliana Belén

Nací en la costa bonaerense argentina, en 1979. Publiqué Muñeca; Work in progress, Ediciones Gran Vida, 2009. Participé del Tercer Festival de Poesía de Acá, Mar del Plata, 2009. Realicé una instalación de poesía en la  Muestra Colectiva de Fotografía, Poesía y Diseño con la adhesión de la ONG Identidad Sur, Mar del Plata año 2012. En 2015 mi poema El día del mar boliviano recibió una mención en el Concurso Binacional de Cuento y de Poesía Árbol organizado por la Municipalidad de Cochabamba, Bolivia y la Dirección Nacional de Industrias Culturales del Ministerio de Cultura de la Argentina). Algunos poemas fueron publicados en el blog Transtierros http://transtierros.blogspot.com.ar.
Muñeca puede leerse completo en el blog de la Revista Desliz, La Habana, Cuba
http: //revistadesliz.blogspot.com.ar/2010/02/quienes-somos.html. 
Actualmente compongo y canto en la banda Muertosenlosambas. 

domingo, febrero 09, 2020

JULIETA SANTOS



En ocasiones, e incluso durante largas etapas en la vida, el lenguaje poético parece ser el único accesible a ciertas zonas de lo que nos afecta. Aunque la situación particular de angustia, de euforia, de pesar, no concluya en poesía ni ésta lo extinga, la sensación de purga y alivio suele ser radical. 

En mi experiencia, la poesía fue y continúa siendo el artefacto más genuino para decir eso que se vuelve innombrable mediante otros dispositivos, espacios o recursos –desde las charlas con amigas y amigos, hasta una sesión de terapia–. Digo genuino no porque la poesía dé cuenta de una instancia superior de verdad sino más bien pensando en lo que consigue agotar cuando asfixia el lenguaje de quien la escribe, lo exprime, lo corroe; digamos, lo vuelve más sofisticado cuando más lo estruja. 

Ni el lenguaje como categoría, ni el impacto de la poesía en quien lee, vienen al caso ahora. Acá me interesa en particular lo propio que se muestra a regañadientes en la poesía, eso que queda al servicio del otro a pesar nuestro. Decía Delia Torres Estévez, en ese gran aforismo: la poesía no salva a nadie más que a su dueño, al resto los hunde. Estoy de acuerdo con la primera parte, sobre la segunda tengo mis reservas pero me parece bastante simpática la presunción de hundir la flota al otro, comparto esa ambición de conmoverle una fibra interna.

¿Y cómo se hace poesía?, nos preguntamos muchas veces. Se hace como se puede. En mi caso se presenta como un discurso que debe ser dicho y tiene, por ello, una urgencia que le da entidad propia. Las imágenes vienen después. Durante mis primeras experiencias de escritura poética no me había interesado demasiado -al menos, conscientemente- en la armonía de las formas. Podría decir que el corte de verso y el ritmo han tenido que ver más con un dictado interior que con una búsqueda. El verso libre fue una opción casi espontánea por cómo “se me vienen” las ideas y mucho tiempo después le encontré el nombre a lo que hacía, verso libre sonaba (suena) bastante bien. 

Hace relativamente poco empecé a darle una atención más sistemática a la práctica de revisar, de reescribir, de reformular, a la posibilidad de suprimir versos e incluso pasajes enteros de una poesía a los fines de embellecerla y nada más que por eso. A partir de esa práctica entendí que el texto poético debe reposar para crecer. De ese modo gana la posibilidad de salir del closet: dejar de ser un objeto privado para convertirse en un bien público como fruto de cierto ejercicio estético. Eso equivale a decir que la poesía tiene una cierta función social aunque no se lo proponga, ¿no? Aunque quien la escriba no se lo represente así, cuando eso pasa nos volvemos no sólo cómplices sino sobre todo responsables de lo que ponemos a rodar.

¿Escribir exige un método o procedimiento?, no sabría decirlo. En mi caso se trata de registrar con el ritmo que se me viene inicialmente a la cabeza. En ese sentido, la poesía llega como música antes que otra cosa. Luego viene el trabajo de pulido. Sobre esto último, destaco la centralidad de transitar talleres, de leer a otres y también ser leída en espacios colectivos –por ejemplo, de clínica poética-. Contra toda soberbia, cuando la mirada ajena es generosa nos hace crecer, como una buena poesía.


Poemas


Quiero cuidar un bicho

Hay un animal conversando
con las algas que tengo
enredadas en los pies.
No encuentra a su dueño
y se empeña en hacer de cuenta
que aún lo busca.
Lleva de collar un trapo viejo con pintitas rojas
a punto de cortarse
por tanto rascarse las pulgas del cuello.
Este bicho charlatán
distrae a mis uñas
que olvidaron crecer en el último tiempo
sólo de escucharlo.
Ojalá se tope con alguien
que esté, a su vez,
buscando un huérfano que le haga de animal.
Así me deja en paz
y puedo volver a quejarme
de mis uñas largas
de mis algas torpes
de mis tantos años esperando un coso al que cuidar.


Celebra

Llega, distorsionada, la voz de la ausencia.
Tímidamente al principio, desafortunadamente al final.
Con cerezas de timbre oxidado
y mechas de graciosas hebras algodonadas:
nunca encendidas
jamás acariciadas.
Tiñen de cobre
un madero nuevo
y nos bañan de esquirlas ventosas
aquellos nubarrones insolentes.
No respetes consignas:
ritmo o arritmia da igual.

Cuando el más amargo vacío
legue a colmar tu insomnio,
simplemente
la entrega.
Desnudo el pecho,
roto el escudo,
lisa la espada 
llano el mentón 
quebrado el porte 
parco el oído 
hueca la idea 
débil el puño 
frágil la mueca 
tibio.

¡Celebra!
Vulnerable, al fin.



Mutilantes

Una mutilación de lo real, si acaso existe.
Poderosa y perversa (sobre todo mala y sucia).

Casi un parche, o peor: un engrudo deshidratado.

Algo de una voracidad
cancerígena
deliciosa
impertinente
consumada
previsible
estereotipada.

Algo hecho únicamente de tacto y con gusto a fiebre,
de un olor deforme, irreconocible,
irreconciliable con nada.

Tu ternura es tan mezquina que se vuelve un cálculo
imposible.

Un hervidero de tripas,
¿síntoma simpático o drama epiléptico?

Una sucesión de pequeños triunfos terrenales y
la artificiosa vulnerabilidad frente a lo bello,
siempre corrupto.

Tu ternura es tan mezquina que se vuelve un cálculo
imposible.

Nunca entendimos, ¿no?
Nunca entendimos el pinzamiento dorsal
que es cualquier sorpresa,
la fuerza estricta y errante de la ignorancia
que somos nosotros,
nada detiene la pregunta insoportable.
Y llega como una nervadura solitaria, cavernosa y triste
(un poco triste, no mucho).

Tu ternura es tan mezquina que se vuelve un cálculo
imposible.

Hay un dintel infranqueable que detiene a cualquiera,
que no conserva a nadie.
Esa mutilación la vivimos solos.


Selección de poesías de TEMPLANZA (Irma), publicado en 2019 por Editorial El Colectivo.



Amén

Falta margen
ya compré palta
por si las moscas
muchas veces
faltan las nueces
llueven arroces
como cascotes
sobra el tiempo
y crecen venados
PASE USTED NO FALTABA MÁS PASE USTED DIOS ME LIBRE Y GUARDE LAS COBRAS DE ORO PRIMERO 
CABALLERO DE BOLSO DAMA DE BOLSILLO
HABRASE VISTO EL PELO DE ESE HUEVO SI TOTAL SIEMPRE FALTAN 5 PAL PESO ¡COSA É MANDINGA! YA LO DIJO EL FINADITO ROBERTO, CUCHÁ: LIBRE DE CULPAS TIRÁ UNA PIEDRA 
-CALLATE CULO CON LECHE -COMETE UN BOTUTO 
-CON ESA BOQUITA DECÍS MAMÁ- NO, SE TE FRUNCE EL TUJE
¡Eso será porque
falta el orden!
Acá, en cambio
si llegas tarde
es falta grave.
Señor juez:
¡somos borrachas!
¿Estoy en sobra
o faltan aportes?
Cierta cepa
de honestidad
falta en stock
pero ganas, no 
esas no faltan
ni 2 pal fulbito.
La quiero toda
bien a la sombra
los otros siempre
libres de faltas
no me jodan
no falta nada
solo sangría.

(Material inédito)



No se enfrían los cuerpos, solo ceden calor a los más débiles -de temperatura, de temperamento, de templanza.

***

Toda pupila se dilata por efecto de una causa. ¿O es al revés? Todo efecto dilata una causa pupila.

*** 

Me lastro un lustre de costra, cargo mugre, enclaustro cobras. Canto. 

***

Homeostasis le llama la naturaleza a aquello que el hombre designa justicia distributiva.

***

La fiebre esconde cierto exceso de entusiasmo de vivir.

***

Sangrar tu lengua en estos vidrios rotos. Eso es la sed.



Aforismos


Julieta Santos



Nací en Laferrere, provincia de Buenos Aires, en 1982. Allí viví con mi familia hasta principios de los ´90. Luego estuvimos una temporada en un pueblo patagónico donde pasé los mejores años de mi infancia. Recuerdo especialmente, de esa época, fugarme en bici por el pueblo y alrededores, participar en la radio, hacer talleres de teatro, pasar frío, visitar la marea sin permiso y ensayar mis primeros juegos con la escritura.  
Ya vuelta a Buenos Aires, me gradué como Licenciada en Ciencias de la Educación y cursé una Maestría en Derechos Humanos y Políticas Sociales. 
En la actualidad trabajo como docente, correctora y consultora educativa. Desde el año 2014 formo parte de la Editorial El Colectivo, sello donde publiqué mi primera novela TEMPLANZA (Irma) en 2019. 

viernes, enero 31, 2020

NICO GUGLIELMETTI



¿Qué es la poesía? trato de no sentenciar pero vivo preguntándome acerca de eso. Cuando la encuentro se que está ahí y no necesariamente en el hecho artístico. Puede haber poesía en el aire,  en la calle, en una canción... todos sabemos lo que es pero es imposible explicarlo y creo que ahí radica su poder. Hay textos que en una frase logran transportarnos. Puede ser una imagen, una afirmación o una pregunta. Una palabra puesta en el lugar justo o un silencio. Otro día vamos a hablar de todo lo que se pone en juego en lo que no se dice y como juega a favor del poema... en fin. Preferiría no definirla.
Escribo con un pequeño plan en la cabeza pero siempre me dejo arrastrar por el devenir del tipeo. Después en la reescritura  me vuelvo a dejar llevar y generalmente el poema poco tiene que ver con el plan original. No investigo sobre los temas que abordo porque utilizo materiales que tengo a mano o me son familiares. Leo muchísimo por trabajo y placer y lo considero parte del proceso creativo. La búsqueda de un tono o registro poético propio incluye mucho de conocer lo que están produciendo los demás. Al menos es algo que me interesa mucho... Es una manera de afinar el oido
El instinto lo trato como materia prima. En una primera instancia me preocupo más por registrar y dejar abierto frentes para futuras reescrituras. Para podar y corregir siempre hay tiempo... Después de esa primer instancia de registro me alejo unas semanas de los textos y vuelvo a emprolijarlos, podarlos o reescribirlos. Después viene una etapa fundamental que es hacer circular los textos a amigos lectores para tener una visión de lo que los otros ven y luego viene la edición de los editores. Corregir es tan importante como escribir sobre todo a la hora de balancear los poemas. Ni muy descriptivos ni muy saturados de imágenes. Lo que mencionaba  anteriormente entre  lo que se dice y se insinúa. Sí, corregir me parece aburrido pero vital.
Un poco creo que está respondido arriba pero la poesía nace en mi como una necesidad, como una respuesta a algo que me pregunto y trato de explicar pero no sé si sentenciando. Mi poesía es más de mostrar los conflictos y generalmente tienen un fuerte arraigo con Bahía Blanca. Más allá de las cuestiones personales me interesa mucho trabajar en mi poesía las problemáticas que atraviesan el lugar que habito y dejar ahí preguntas para ver si otros están atravesando o reflexionando sobre lo mismo.
En cuanto a la pregunta original en mi cabeza la poesía se fija más a través de una imagen que condense un instante pero cuando uno se entrevera con el lenguaje entiende que el ritmo, la musicalicalidad , la respiración y como mencioné antes el silencio (lo omitido) es determinante a la hora de darle forma a un poema.


Poemas

                             
las hojas flexibles del sauce tienen movimientos afectivos.
Las aguas yacen estancadas en el cauce del Napostá a la altura de Chocolate
y recuerdo ese stencil de Blake en un recodo de la Universidad Nacional del Sur
esperando el veneno de los primeros parciales.
Tengo un programa de cosas en la cabeza
y afuera suena Tan biónica.
Estos tipos solo quieren coger
¿a quién te hace acordar?


***

Al país del diablo se entra por una cortina de humo.
Las campañas
de concientización
de Profertil incluyen
dibujitos con tips
para ajustar cinturón de seguridad,
donación de pelotas a los clubes cercanos
al foco infeccioso y auspicio de sonatas
en los salones solemnes

de la ciudad.


 
De Cruzar el desierto



**                                             



Cavitación


Me voy a alejar por un tiempo
aunque siga sujeto a esto
tengo en la cabeza algo del orden del caos
que no logra establecerse del todo

¿Vos viste como se pudre hoy
todo lo que se desparramaba
alrededor de la felicidad?


El punto

hay una lastimadura
ahí donde estuvo el amor dice el punto
sobre el lecho del lenguaje

parece hastiado de intentar
en vano dar forma
a la operación más imperfecta
solo con su lengua madre


Un audio

la poesía si te fijás
está en la novela que dejaste a medio terminar


Antes del viento fuimos adolescentes en medio del traqueteo

montábamos un kawasaki 860
aprovechábamos la siesta para escapar
hasta que un médano  se nos cortara

ahí mismo fundábamos una nación movible
tienda de campaña modesta de piedras sosteniendo el toallón
que tu padre trajo de disney desde el menemato

no sé por qué pero respirábamos que todo estaba por hacerse

el amor
las vacaciones
los ojos de li po

el triángulo
que traías dentro
del triángulo de la parte
de arriba de tu malla


 De  El Agujero negro de la conciencia

 

Nico


Nico Guglielmetti  nació en 1981 en Bahía Blanca. Cursó estudios de letras en la Universidad Nacional del Sur y formó parte de Vox Ruta 33 y la Escuela Argentina de Producción Poética (EAPP), ambos programas destinados a la formación de escritores emergentes. En 2008 fundó el periódico Ático, del cual fue director hasta 2009. Ese mismo año inició la publicación Nexo Artes y Culturas, proyecto cultural bahiense que comanda hasta estos días y que oscila entre el papel, la web, el formato radio e incursiones audiovisuales.
En poesía publicó las plaquetas Cesar Palace, Bahía Blanca, Colectivo Semilla, 2009; Tres dedos, España, Niña Bonita, 2011, La adolescencia del bostezo, Chile, Letras de Cartón, 2012; Bella Vista, Bahía Blanca, Vox, 2015; y Cruza el desierto, Bahia Blanca, Colectivo Semilla, 2017.
Administra la web Destino Cultura. Colabora con las revistas literarias Opcit y Uoiea Fanzine.




















MISAEL CASTILLO



No podría definir qué es la poesía. Desde allí parto, y parto hacia una contradicción con mi yo más íntimo. Quiero decir, me enfrento constantemente a la pregunta ¿Qué es la poesía? A veces pienso que la poesía como discurso literario es más realidad que ficción, así como creo también que la institucionalización del arte construye un muro entre el autor y el lector. Me gusta la poesía cuando observo una búsqueda estética, pero también me gusta cuando leo un poema en forma de grito y ese grito es una montaña sola en medio del camino, que se puede ver a simple vista y no tiene tanto paisaje en el que detenerse. Quién no se sensibiliza con una montaña sola a la vera de una carretera. Es necesario no decirlo todo, pero también es necesario decir lo que haya que decir de algún modo liso y llano porque del propio lenguaje subyace otro lenguaje aún más profundo que surge en forma de símbolo. Si digo “Ahora que ya no estás” no sólo estoy diciendo que antes en una posición X había algo que ya no está, o ya no se está, estoy diciendo también que un vacío recorre el discurso y ese vacío es una especie de símbolo que se apodera de lo escrito y es ese pseudosímbolo el que invita a una experiencia. Si la poesía puede “volverse seca y dura” o si es “hostil al capitalismo” es porque el arte no sólo tiene una función estética, sino también una incidencia social, la cual hoy tiene una tarea muy difícil con este invierno neoliberal que se amontonó en nosotros, y es por esta razón que considero a lo liviano como correcto. 
Particularmente, me desparrama el arte que está bien dicho, con sus recursos y su marencoche. La poesía también puede decirse, hacerse entendible, invitar a un paseo, con una palabra concreta, un verso entendible, para que de algún modo u otro también se faciliten esas formas sencillas del decir lo que falta. Considero que es necesaria una búsqueda en la que los lectores no solo tengan que perseguir significados, sino también sentir en la piel, en el alma, en su ser.
En ocasiones hablo como estudiante, y creo que nuestros alumnos no se acercan a la poesía porque los llevamos a pasear por lugares incorrectos, lejanos, por sitios devastados, por siglos extintos. También me pasa esto de pensar “La poesía puede ser mucho más que una buena metáfora escondida en un verso, mucho más que una imagen hermética” y eso no apunta a bajar la calidad de la obra ni a subestimar al lector. Justamente, es invitar a ese viaje del que hablo, ese lugar en el que la realidad no puede ser expresada por medio de una ficción, sino un lugar en el que la literariedad pierda por un bien común. Me pregunto si la realidad habita en la ficción o si la ficción habita en la realidad y es una respuesta que no tengo, pero prefiero seguir diciendo que amo como aman los gatitos que juntan saliva en la boca.
Cuando me siento a escribir no pienso en planes, respiro, escribo y a veces, escribir simplemente es acercarse a otro de un modo leal. Es decirle: Acá tengo un par de palabras, fíjate qué hacés con eso. En uno de mis poemas digo: Probando unos tallarines/ que hicimos/ porque ya no quedaba nada quiero decir, lo que sucede con lo escrito es sencillo, llano y hasta puede parecer vacío, pero si busco una experiencia del lector, un juego de sensaciones, un movimiento, creo que los lugares ya habitados son un buen lugar para construir una estética, y allanar el camino para que un otro construya la suya. 
La escritura es recursiva, ya sea académica o artística. No creo que se pueda escribir sin volver a revisar, ya sea corrigiendo, reescribiendo o de la forma que se adopte, pero siempre volver es un indicador de que se está buscando algo más que una expresión, volver al escrito es buscar una sombra para sentarse con otro.


Poemas


Reincidencia 

Me apena mucho que pienses 
que cuando me como las uñas 
entro en un trance indiferente 
en el que persigo el dolor. 
Desconozco si alguno de los dos 
puede realizar una acción 
con el único fin de lastimarse. 
Al fin y al cabo ¿Dónde residen 
los dolores que el alma eyacula? 
De alguna manera u otra 
tenemos que robarle al cuerpo 
lo que está de más.


Mantenimiento 

Limpio la biblioteca 
los libros 
se suspenden a mirarme 
por debajo 
lo hacen también 
las notas que tomé una vez. 
Los rompo a todos 
con la pequeña intención 
de que de ellos nada quede. 
Como si se pudiera 
romper el tiempo 
después de haber vivido.


La gorra 

Me hice amigo de una hormiga 
que salía todas las mañanas de mi cómoda. 
Le pregunté qué se sentía ver el mundo 
desde tan abajo y me dijo 
que aunque fuese pequeña, 
venía viajando desde Kazán, 
que había cruzado el océano 
con su compañera en la gorra 
de un capitán ruso. 
Me comentó que migraron al país 
por conflictos ideológicos 
teológicos, geográficos 
se animó 
a opinar al respecto. 
Dijo que nuestro mal no es la extensión 
sino que pensamos que los pequeños 
siempre van a mirar desde abajo.


Lealtades 

Amo 
como aman los gatos que, 
antes de lamerlo a uno, 
juntan saliva en la boca, 
piadosos, 
para que no padezcamos 
la aspereza de su amor.


Amaicha del Valle 

Nos paramos en la ruta 
                       sin nada 
el fin último: 
dejar todo al azar 
un encuentro donde impera 
lo que no existe 
lo imposible de ser realizado. 
Me pregunto si vos también 
le tenés miedo a los viajes 
no planificados. 
Tengo ganas de salir corriendo 
pero tengo una convicción: 
nada que no se haya pensado 
puede salir mal.


Misael Castillo


Soy Misael Castillo, tengo veinticinco años. Soy estudiante de Lengua y Literatura, trabajo como operador telefónico mientras pierdo vida para poder vivir. Cuando no estoy estudiando ni atendiendo reclamos escribo, y generalmente escribo bastante para respirar un poquito mejor. Soy de un pueblo al norte de Santa Fe que se llama Tostado, pero vivo en Reconquista. Publiqué Robarle al cuerpo lo que está de más por Ediciones Presente (una idea de Tamara Domenech). En ese libro confluyen un poco las ansiedades, las resignaciones, la inmediatez y la sencillez. 

miércoles, enero 29, 2020

CECILIA ELSA COLLAZO




La poesía es el decir con la lengua del poeta. Y creo que en su afán de no comunicar, ni siquiera hablamos de lenguaje sino de la intimidad del poeta y desde el lugar más cercano a su propio vacío, donde la palabra es música pura. Y donde lo dicho hasta carece de sentido, de objetivo, pero no puede dejar de insistir y pujar por salir. Por eso frente al sufrimiento, lo injusto se ve impulsado a ponerle palabras, sea desde lo personal o lo social.
Por cierto muchas son las definiciones sobre la poesía y existen tantas como poetas. De modo que podríamos ubicarla desde un lugar más conceptual basada en el sentido de lo que dice, sentido de sentido, cadena de significantes que tratan de decir desde unpropio estilo. Y donde un sentido se monta sobre otro, para producir algo que provoca una chispa en la imagen, sonido y resonancia, encontrándonos de pronto frente a aquello que se llama "extrañamiento". 
Mi escritura poética, no tiene un plan determinado, si bien hay muchas lecturas de poetas que admiro, y eso va haciendo un camino para la propia poesía al igual que los conceptos sobre ella y la metapoesía de cada uno de los poetas que son un referente para mí.
No tengo un tema in mente, más bien escribo poemas sobre lo que me aparece. Puede ser una vivencia actual o en el tiempo como un recuerdo, una música, una voz de alguien o su tono, o simplemente un perfume. 
Sí, algunas veces al escribir, busco la palabra correcta, tal vez guardo un sonido sobre ella que no está bien, por mal escuchado o aprendido, entonces busco sinónimos o distintas acepciones, para ubicar lo más ajustado a lo que quiero decir. Nunca lo logro plenamente, nunca puedo decir exactamente lo que quiero. Siempre hay algo que se me torna imposible, enigmático, opaco y creo que eso es lo que me invita a seguir escribiendo. Buscar una posibilidad de decir en tanta imposibilidad.
Escribo un poema por ese impulso feroz que comento más arriba y lo dejo drenar.  Sale como lonja, como un pedazo del cuerpo, pero eso no quiere decir que no haya que corregir.  Por lo general dejo descansar el texto y cuando lo vuelvo a leer, encuentro que lo que digo puede ser valioso para mí, pero no para otros; entonces busco la manera de decirlo mejor, de ajustarlo para que se entienda, trato de que no raspe lo que tengo para decir. 
Muchas veces el propio poema se enfrenta a uno como si fuera una escritura ajena, y es ahí cuando empiezo a trabajar para mejorarlo,  este paso es inevitable. De manera que la corrección es siempre, indispensable para pulir el poema.
El procedimiento de escritura en mí, es muy versátil por cierto, los temas  muy variados. He escrito a la mujer, al cuerpo, a la tristeza, al dolor, al duelo, al amor imposible, a lo concreto, a la muerte, a los hijos, a los actos de los hombres políticos, sociales, justos en injustos, y podría nombrar muchos más. 
Adhiero a las palabras de Clarice Lispector cuando decía que tenía un estilo desestilo.  
Respecto a mi experiencia con la propia poesía, siento como si fuera una nueva mujer la que escribe, sea en sus diferentes facetas como en momentos de la vida y coyunturas. 
Evidentemente la poesía es un estilo de vida en cualquier forma que se presente, y ya uno no puede vivir de otra manera. 
La escritora Lilian Bodoc decía que la poesía nos permite tomar el colectivo de una manera poética, hacer el amor de la misma forma, o ver la vida misma desde ella. 
A eso lo llamo poesía.

Poemas

Y culminó
la depuración
de los azahares.
Ese declive
de lo propio y lo ajeno.

***

Duele tu lápiz
en clave de carbonilla
que desliza su ritmo psicótico
bailando en el papel

***

No abaniques al poema,
sólo
déjalo salir.

***

El brevísimo instante
donde el tiempo fluye
sin que lo sepas.


De Epifanías, Alción, 2017.


***

Tratando de ocultar en la basura
el cadáver del zapallo
quemado en la olla,
decido desprenderme
del gerundio, el participio
y las reglas de la estricta ortografía.

***

Torcer el lenguaje
hasta encontrar
la propia lengua
y allí, el poema.

***


Tengo un estilo desestilo
con palabras avestruces
que se comen a sí mismas.
Unas en cordel de alambre,
se hermanan vistosas
con tintas muy fuertes.
Otras salen a la calle
sólo en días de fiesta.
Algunas son palabras oso,
pesadas, se atascan
para no explicarse.
Y éstas,
leves como el viento
vuelan en mariposa
saliendo del polen.

***

Recogerse en el silencio
al desamparo del lenguaje.
Esa sombra, que resta
de las pequeñas cosas.


De Corps, Alción 2018.


Cecilia Elsa Collazo


Nací en La Plata. Bs. As.  el 1° de junio de 1962. 
Escribo desde chica, ya lo hacía en la escuela primaria, donde la lectura de poetas ha sido mi mayor aprendizaje de los maestros de la poesía.
Me dedico a la escritura de poemas y ensayos y además soy psicoanalista.
He publicado los poemarios: Poética Despiadada; Éxtimos; Duelo Invento; Lonja de Real; Epifánicas; Corps. 
También los poemarios para niños: Moly-un pez alado;  y Un corazón que vive y sueña. 
Además algunos ensayos como La Rosa de Cobre- poesía y psicoanálisis- y otros sobre distintos temas. 
Conduzco el programa Poética Viva por Sofía Radio FM 95.3 de la ciudad de La Plata. 
Algunos de mis poemas fueron dando vueltas por lugares virtuales y en antologías, revistas y diarios en Perú, México, Brasil, España, Portugal y Argentina. 


viernes, enero 24, 2020

DIEGO RODRÍGUEZ REIS



Podría decir que la poesía es un estado del alma o que es una forma de mirar el mundo o que es un acto que involucra cuerpo y sensibilidad. La verdad es que ante esta pregunta siento lo mismo que San Agustín decía acerca del tiempo: si nadie me pregunta qué es, lo sé; si alguien me lo pregunta, no lo sé. 
Paso mucho tiempo pensando en sentarme a escribir, escribo notas por todas partes: en servilletas, en almanaques, en los márgenes de las páginas de los diarios. No logro sentarme a leer o escribir. Hago eso parado o caminando. En ratos libres y en papeles que encuentro. Leo, investigo. Siento que voy captando del mundo fragmentos de sentido que terminarán irremediablemente en un poema. A veces, atormentado por ese texto que quiere ver la luz, me siento y lo escribo.
Más que en la corrección creo en la re-escritura. Corregir me suena vanidoso, como si se arreglara algo que estaba mal: creo en la respiración del texto, en la búsqueda de la lógica nerviosa de un tono y un ritmo.
Me cuesta cada vez más pensar en términos de una secuencia, resolver argumentos o estructuras de un poema, lo cual no significa que haya un procedimiento posterior. Antes de escribir, pienso en imágenes, en las variaciones de la luz, en sus progresiones, en series de voces que se turnan y se alteran. Pienso mucho en el ruido en la poesía. Creo que la parte más feliz del acto de la creación son esos momentos previos a la revelación, esa duermevela, cuando entrevés imágenes sin comprenderlas del todo aún, esa eternidad fuera del tiempo cuando el espíritu se pasea entre los múltiples mundos posibles.


Poemas


[1]. HOMBRE SIN CIGARRO

El gesto
a mitad de camino la mano
sosteniendo lo invisible

sopesándolo
así
detentándolo

como un pequeño
prisma o poder
sin llamas

la luz es luz
sólo en los dedos o en los labios
parece decir

mientras haya vida
en mis ojos habrá vida
pues

así el hombre
circundado envuelto en el humo
de una extensión inabordable


[2]. ESTRUCTURAS SENSIBLES, EJEMPLO N°2: CANCIÓN

En tus ojos
nubes piedras cielo
la sombra fidedigna de una sombra
el eco de un eco algo ajeno no sé
una esencia
leve sin suelos

en tus ojos
resbalé, resbalé...

En tu cuello
algo intacto
desprovisto de aristas
ondulándose
otra secuencia
otra textura no sé otro color
el inicio de un nuevo espacio

en tu cuello
resplandor, resplandor...

En tus labios
el descanso
el descenso a los sonidos primarios
un silencio cálido arenoso
no sé acantilado
islas el mar
algo con cielos

en tus labios
despertar, despertar...


[3]. MULTIPLICACIÓN DE LOS HELECHOS

Qué solos se hacen los días
sobre todo en eso del pensar la luz
y el calor en la piel
y vos decís, bien
los días no te precisan a vos
para ser

los yuyos crecen
el agua se derrama en las veredas
el mate las siestas iguales
todas esas cosas se ordenan
se suceden, suceden
estrictas, vos pensás
bien, los días se hacen solos

mientras, en el fondo, los helechos
ajenos, anónimos
se multiplican
sin razón y sin fe

así
sencillamente
se multiplican
helechos helechos 
helechos helechos helechos 
helechos helechos helechos helechos 
helechos helechos helechos helechos helechos
helechos helechos helechos helechos 
helechos helechos helechos 
y vos decís, bien
es eso nomás
helechos, helechos hasta el fin...


[4]. OCIO EN EL AIRE

Los árboles se mueven
los he visto
de noche
amparándose
en la oscuridad tibia
de la luna nueva
y los imprecisos
ilusionismos del viento

los he visto
en otoño

hacia el norte
despacio
a paso de árbol


[5]. DESTINO CISNE

Al final cantar
de todas las cosas
parece ser
lo que ser

por eso dejo que pasen las horas
buscando
esa palabra exacta
por eso no me molesta
la atonalidad 
ahora

cuando rompa mi mudez
mi cuerpo desnudo brillará
y sabré
de todas las cosas
cantar al final

cantar
el final
de todas las cosas

por eso acicalo mi plumaje
despacio
y dejo que bajen
suaves los veranos

de,  La anchura y la llanura , Ediciones Patagonia Escrita, Bariloche, 2018.

Diego Rodríguez Reis




Nací en el barrio de La Boca. Fui un pibe silencioso y soy un tipo hablador. Soy poeta, narrador, escribo y hablo sobre literatura en diversos foros. Gané un par de becas y escribí algunos libros. Vivo en Villa La Angostura. Dirijo una revista de cultura, dicto talleres de escritura creativa. Leo y escribo todos los días. 

martes, enero 21, 2020

EUGENIA COIRO





Qué es la poesía. Ensayo algunas respuestas. Un filtro para ver mundos. Una lupa que aumenta y quema. Una cámara oscura llena de música. Un procedimiento para revelar secretos. Una rendija en la puerta entornada que da al jardín. Lo que se ve a través de ella agita los sentidos. Lo que se escribe agita la lengua. Vibra el cuerpo. Cuando insiste en latir toma la forma de un poema.
La escritura me es indispensable. Son muchos los motivos. Escribo porque necesito traducir algunas imágenes, personajes, lugares, sensaciones, estados. Escribo para aliviarme, para desagotar el corazón. Escribo para ver. Escribo porque algo se activa cuando estoy leyendo y encuentro poesía, es como si una música ancestral hiciera mover a mis huesos.
Algunas de esas escrituras se hacen poemas. Para que eso pase hay un camino: vuelvo a leer, escucho el texto en la voz, lo pongo a prueba. Las palabras se escriben, se tachan o se borran, se sustituyen, vuelven; y lo mismo con los versos. El proceso de corrección o edición es lo que más tiempo me toma y lo disfruto mucho. Trabajar el poema como un todo pero también diseccionarlo, rascar cada parte, preguntarle por qué a cada palabra, a cada verso. Me alejo del poema, un poco, no demasiado, vuelvo a mirarlo intentando saber de qué está hecho, qué pasa con su forma, su sonoridad. Rara vez cuestiono la imagen, la escena, aunque a veces pasa que en ese momento de revisar descubro que ha quedado algo por decir o algún personaje ha surgido en ese escenario y es necesario un nuevo poema en el que pueda habitar.

Poemas

Los bañistas
diseminados
en la semicircular 
costa gris
destacan
lo vivo carne
ardiendo sus trajes
colores vivos
sombreros claros
montoncitos de 
ropa apilada
torsos piernas 
rosadas mejillas salpicadas por el mar
al oeste las montañas
desiertas se quieren
apagar contra el cielo
una bruma clara
vela el marrón
en las laderas y suaviza
lo vegetal

***

El mar es un lugar oscuro
a pleno sol
el relieve de la orilla
tostadas elevaciones que saben a sal
abajo
el frío
refugio
lo descubro con mis dedos
hurgo y acaricio
quiero entrar salir 
las olas hipnóticas
con sus pliegues plateados
suspenden el tiempo
en la espuma
abandono todo deseo
la insistencia del sol
por un instante
cierra mis ojos

***

te cubrí de caracoles
y piedritas del mar
supe distinguir mi intento
cuando esa luna roja
despejó el cielo
rápida, exagerada
tan poema
me pude ver

***

Como hace tiempo 
querría que me lleguen 
noticias de tu voz 
escondido en un jardín 
Hojas, caracoles
un puñado 
de arena 
de río
Me gustaría escuchar 
el sonido de una abeja
cosquilleo vibrante 
todo 
contado por vos 
Guardar bajo mi lengua 
esas chispas ruidosas 
ácidas y dulces. El secreto 
estallando adentro 
durante el resto del día


***

Cuánto tiempo
toma a la herida
desaparecer
completamente
olvidada
y si esto es
como me parece
imposible
cuánto tiempo tarda
en hacerse invisible
en volverse menos que un recuerdo
una mancha grisácea
en la superficie 
lunar

Eugenia Coiro


Eugenia Coiro nació en Buenos Aires, es periodista (Tea) y correctora literaria por el Instituto Eduardo Mallea.  Desde 2014 coordina talleres de escritura en Siempre de Viaje-Literatura en progreso. Realiza diversas tareas para Viajera Editorial, forma parte del consejo editorial, corrige y colabora en la producción de eventos artísticos y literarios. 
Publicó los libros: Fragmentos del fin ,Viajera, 2016; Agua o niño que corre ,Viajera, 2014; Bengala Hotel, Viajera, 2011)y 374, De los Cuatro Vientos, 2007. Su poemario Bestiario de un jardín con sombras está en proceso de edición. Integró las antologías: La tinta y el blanco, Ediciones Mallea, 2009; Himnos Nacionales, Años Luz, 2014 y Cómo decir, Ruinas circulares, 2018. Entre 2009 y 2011, algunos de sus poemas fueron publicados en la revista española Cuadernos del Tábano. Fue invitada al V Festival de Poesía de Lima en 2014. En 2019 participó del Festival Permanente y en el proyecto feriaamericana.online 

sábado, enero 18, 2020

MARIE GOUIRIC




¿Qué es la poesía? En la escuela, un momento de silencio en los pasillos, lo es. Pero Maite, de 2do A, lo es más todavía. El nombre de mi novia, es poesía. Cuando mi mamá lo nombra para preguntar por ella, es poesía. Los morrones que ella sacó de su patio, son poesía. El pan de carne en el que usé dos de ellos, uno verde y uno amarillo, son poesía. Esos colores, poesía. Palabras unidas entre sí, como eslabones de una cadenita de plata, cortados en verso, que escribió Amanda un lunes y me mostró, son poesía. Los kilómetros que me separan del lugar donde nací, poesía. Y los que atravesé, en el auto de un extraño con mi perra en la falda, para sentarme en la mesa de mi padre, contarle traje mi propia yerba, poesía. Mi amiga Acheli, poesía. La poesía es la existencia en su estado de invención más vital y más genuino. Es una pregunta y cada poema escrito será su posible respuesta. Si el que elabora la respuesta es de corazón grande, esta será una que genere nuevas preguntas. Nunca se cerrará ni te dejará sola. Hay tantas poesías como textos escritos puestos bajo ese manto maravilloso que es la palabra como llave, como espada, como tubo de ensayo, tenaza, cuerda, lápiz negro. En este mundo hay tantas poesías hacederas como amantes, amigas, madres, mujeres, hombres, hijes. Definirla sería injusto, la subestimaría. Acaso alguien pregunta ¿Qué es el agua? ¿Qué es el pan? ¿Qué es el vino? No hay mayor acto de supervivencia que el dominio de escribirse.

De un egoísmo salvador, mi plan es escribirme. Para hablar de mí la mejor manera es hablar de los otros. De ahí que escribo cuando no duermo, cuando la tristeza, cuando viajo en colectivo, cuando la cerveza, cuando es recreo en la escuela -soy una maestra-, cuando extraño, cuando perdí ante el tiempo, cuando la escritura es la única justicia que tengo para amar el mundo, mi amante más fiel y más violento. Escribo bajo la sorpresa de la lengua y de la maldad.

Sirve leer para entrar en calor, tener pensamientos al ritmo del habla. Dejar que la música de la poesía te ocupe así como el Espíritu Santo hacia a los apóstoles hablar en lenguas extrañas y desconocidas. Pero más que nada escuchar videos de pastores evangelistas, documentales, paisajes, el sonido del motor de un tren. Cocinar y andar en  bicicleta. Correr, levantar peso, exigirle al cuerpo hasta cansarlo. Cuidar plantas y reproducirlas. Miro fotos o las recuerdo. Escucho en la escuela a les niñes para aprender de su lengua que todavía no ha sido domada por la corrección, y anda bajo la verdad del error. Les robo y les copio. Amanezco de madrugada si es que directamente no duermo. Las horas de la tarde están muertas, quién logre aprovecharlas me diga cómo. Será que el habla de la literatura solo gusta de salir por la noche. El vino y estar enamorada también ayudan. Lo último me ha mejorado como poeta pero sobre todo como persona.

Dejo descansar. El texto es un material vivo como la masa con levadura que hace en el tiempo de soledad su milagro  de elevarse.  O como la arcilla que se deja sobre la mesa y se vuelve al otro día sobre ella, para comprobar que secó y quebró donde precisaba hacerlo. Después en vez de corregir, intento respetar esos quiebres y esas secaduras. Más que respetar, mi esfuerzo es la escucha, que es lo más difícil de esta época. De ahí trabajo con eso que es lo que tengo, que yo hice para decir algo pero ahora viene a decir por si mismo y conviene escucharlo. Y remiendo, ajusto, masillo, aprieto, barnizo, presiono, desvasto, uno, martillo, arranco, pego, reparo o lo que sienta necesario. Les pido ayuda y compañía. Bien por los textos dejados a descansar. ¿Quién no descansa con ellos? Las paredes de la casa donde vivíamos con mi familia se partían y mi padre me enseñaba que era el material sobre los cimientos que todavía seguía trabajando. Nada corrijo, la palabra corrección  le ha quitado ternura a todo lo que está sobre este mundo y prefiero no usarla sobre nada. ¿Quién es merecedor de corregir algo?

No me recuerdo de mi procedimiento. Tuve uno pero siempre cambia y si digo que tengo uno, miento. No tengo nada. Invento ahora, que capaz mi procedimiento se volvió en creer, por experiencia y comprobación, que la escritura ha mejorado todo lo que toqué con ella. Pero además en en ver que ella tocó más cosas por mí que nunca hubiera imaginado y me trajo el desayuno a la cama y me abrazo cuando no podía dormirme. Me ha defendido todas las veces que lo precisé y torció el destino esperado. A veces pienso un día van a descubrirme y se va a terminar mi suerte, y tengo miedo. Después me abrazo con estas palabras: esto es solo el principio, estaremos juntas para siempre.

Poemas


Mis preferidas

Que vivan las zorras, las negras, las putas,
las rubias teñidas.
Las que invitaron con su desobediencia
a que la violencia les rompa la jeta
y aprendieron a sanar sin dejar de retobarse.
Las que no aguantaron
las que duermen con pastillas.
Las atorrantas, las que no cocinan,
las que se dejaron caer al piso
las que trabajan cama adentro
las que tienen verga
esas, por favor, que vivan.
Las que cuando casi se la estas poniendo
se te ríen, te dicen “no, no quiero”.
A las que putanean tranquilas
vida larga, pero muy larga
qué digo, larguísima
a las que se arrancan los fetos
con pinzas.
Para esas que tuvieron miedo
y se fueron lejos,
a pedirle permiso a la distancia
y a las ciudades grandes
de ser así
tortas, marimachos, camioneras,
bocas sucias, de cloaca,
mal habladas, mal vestidas, mal peinadas,
las que no sirven
aunque hagan.
Esas que vivan,
futboleras que se hermosean bajo el naranja
con que las baña el sol
en un atardecer de campo.
Dulces con el viento suave
entre los yuyos
son espigas.
Para estas
que se besan entre ellas, vida
que se fabricaron una concha, vida
y que desafían “nunca voy a parir”
nono
desafían “siempre voy a ser madre”,
vida.
Las más turras de todas, que vivan.
Las que conocen el peso de un puño de varón
porque usaron el cuerpo de balanza.
Las que se pusieron unas lindas siliconas
que tal vez algún día
salvarán a sus corazones de las balas.
Las que se cuidan entre ellas,
las que lloran la esclavitud de sus madres
saliendo a bailar,
acostándose o de paradas,
las que cobran, las que se regalan
que vivan
las que se contagiaron
las que se masturban
las que envejecen humedecidas.

Sin forma y hermosas,
que vivan
expulsadas de las mesas familiares
mandadas a tapar.

Estas que son las peores,
que vivan aunque las haya atrapado la muerte.

Que vivan con sus manos hermosas
venosas y gruesas como pijas.

Las del resentimiento y la bronca,
las que no tranzaron con el perdón,
esas por favor,
que vivan
por  vagas, por gordas, por yeguas, por chorras,
por chantas, por burras atrevidas.

Preciosas
nunca falten,
nunca cedan ante las promesas de la mansedumbre
ni se acobarden ante el cansancio y el costo
de todo esto que son.

Vivan ustedes, por todas las otras
que todavía no se enteraron,
o no les sale
o no se animan.
Y si mueren,
que una procesión de todas nosotras las abrace,
las llene de flores
y las llore y las nombre
tan fuerte y tan alto
hasta resucitarlas.


Por dónde saltar 

Los días eran tamariscos en las vías,
mariposas dejadas en libertad al caer la tarde
porque éramos enseñados buenos.
Probar el girasol que caía de los cargueros
que los noventa dejaron
librados a su suerte insalvable
de volverse galpones abandonados,
pueblos grises con un montón de
pedazos de óxidos viejos.

Una mujer la dicen hermosa
cuando luminosa
en su casa sabe cortar telas,
mandar a los hijos a bañar.
Ahorrar dinero.
Hacer cosas de bruja blanca:
curar el dolor de panza
con un algodón mojado en alcohol
sobre la parte doliente.

Pero qué se dice si un día confiesa:
no cocino, ni quiero lavar,
ni sonreír, ni endulzarle el oído a nadie.
Prefiero tirarme al piso.
Cuando me digan: –pará que estoy hablando-
voy a insistir: yo también quiero hablar.
No quiero esperar el turno que otro me da.

Alcira del chalet de a la vuelta,
tan buenita y calladita
nadie se explicaba
que un día de la nada,
se apoyara sobre el pecho
el fierro del marido para cazar.
Abrió esa mañana clara
con el metal forjado
un agujerito en su pecho por donde sangrar
o al menos por donde le entre un poco de aire.
Un pequeño agujero por donde saltar
que se escuchó en toda la manzana,
desparramó los loros de los cables.

Perdón, pero
qué locura hermosa.

Del marido se decía
pobre hombre,
ahora hace todo él solo.
Peina a las hijas
y aunque trata de ser moderno
ellas lloran la vergüenza del peinado.
Él también se desespera, pide:
-cuidemos la limpieza,
que nos va a comer la mugre.


Ojalá siempre seas mi amiga

El trabajo a veces nos quema la cabeza.
Así que llamé a Silvita
y le conté que me sentía mal.
Ella me consoló algo así como que
la culpa no sirve para nada.
Que las cosas tienen que
sumar o sumar.
Que el que mucho abarca poco aprieta.
Pero que hay dos momentos diferentes:
Momentos para abarcar.
Momentos para apretar.

Ahora destapé una y calenté las lentejas.
Y quiero decirle a mis alumnos que me perdonen
por las veces
que en vez de pedirles que me escuchen
les digo que se callen.
Por los porque sí, los porque no.
Mandonearlos. No conocerlos bien.
Tratarlos de usted. Señalarles la vergüenza.
Enojarme con el desgano.
Calentarme con el desamor que tienen por las cosas
que a mí se me viene a ocurrir
que están buenas.

Por ese afán absurdo,
al que obedezco por obrera,
de ordenar las filas –rotas–
parándolos encerrados en baldosas,
separados uno detrás del otro:
—¡La mirada al frente!
¡Está prohibido darse vuelta!
(Casi siempre me doblo y les sonrío bajito
o les acaricio el hombro
cuando le cantamos a la bandera).

No puedo adoptarlos
ni llevarlos a todos de la mano.
En este tiempo se supone que comprendí
que no voy a cambiar la escuela:
sólo soy una maestra.
Hacemos lo que podemos, la piloteamos.
Nunca les voy a regresar al Tata y a Mayra
su madre muerta.
Ni le sacaré las ojeras a Valentín.
Ni volveré a saber nada de Yésica.

Sentir que no se puede cambiar nada
es la que más raspa de las violencias.


No sé cómo explicar algunas cosas
para que se entiendan.
Por eso a veces reparto papel glasé de a montones,
fotocopias con sopas de letras
y lleno los pizarrones de dibujos.
¿Cómo amamantar la hambruna
de los cachorros de otras fieras?

Ojalá pudiera calentarles el agua.
Despiojarlos. Empacharlos.
Llenarles de crema la piel seca.
Invitarlos a pasear.
Tener un regalo para cada cumpleaños
y no esos tontos tirones de orejas.

Una vez hice algo por uno:
le mostré cómo atarse los cordones
con una imagen simple:
un cordón doblado es una orejita de conejo.
El otro cordón doblado,
es como una orejita también.
Después una acción un poco menos sencilla:
apoyás una orejita sobre la otra como una cruz.
Pasás la oreja de arriba por debajo de la otra
y tirás.
Así se fabrica un moño.

Espero que algún día, cuando necesite trabajo,
él pueda decir:
—Sé atarme los cordones.
Y su futuro patrón lo abrace con alegría.

Y que cuando los chicos del barrio le pasen la
bolsa él diga:
—Sé atarme los cordones.
Y los chicos le respondan:
—Perdonanos, ni sabíamos.
Y que cuando su novia dé a luz él diga:
—Sé atarme los cordones.
Y todas sus cosas sean hechas nuevas para siempre.

También sería muy bueno
que cuando su hijo lo haga enojar
él, arrodillándose,
le agarre los cordones y le muestre:
—Primero una orejita de conejo, después la otra.
Las cruzás en cruz. Hacés la parte difícil que es
pasar una oreja por debajo de la otra y tirás.

Ahora nada sabemos,
ni tenemos maneras de saber.
Nadie sabe el poder de un nudo bien hecho
(un moño es un nudo, sólo que hecho con belleza).

Lo que ahora sé
es que con suerte pagaré las cuentas,
ahorraré un poco para el verano

y me tomaré esta cerveza
que, con un poco más de suerte,
me ayudará a dormir.


Un libro muy bonito


Ahí mismo en la librería
no conseguí comprarlo
estaba agotado y reservado
pero si pude leerlo
hasta la mitad.
Estos días descanso
y aprovecho
para hablar así nomás
contarte este pedacito
del libro
que escribe una trava
que se llama Marlene Wayar
¿La conocés?
Marlene
sabe que cuando una levanta
un cacharro de barro
y se rompe
después una lo repara.
Pero que el material tiene memoria
avisa
y que por eso cuando el cacharro
reciba un golpe de frío o de calor
una fricción
va a volver a quebrarse
en ese mismo lugar
donde alguna vez lo reparaste.
Y lo mismo pasa con una
que acumula el daño
aunque este reparadita
a simple vista.
Hasta que un día te dicen
una malapalabra,
tenés un mal momento,
ves una película,
un dibujito animado
y te pega todo ese daño junto
y no podés parar de llorar
y te dicen “Estás loca”.
Marlene dice que es esa memoria
que se vuelve a quebrar
en cada uno de esos rasgones.
Quería contarte esto
que explica ella,
porque lo hace muy bien
mucho mejor
de lo que yo hubiera
podido hacerlo
porque entonces
capaz entiendas algo
y no tengas susto de mí.
A mí me dio claridad, igual
seré más cuidadosa.


Marie Gouiric

Marie Gouiric nació en Bahía Blanca, en 1985. Es Profesora de Artes Visuales de vocación y profesión. Publicó los poemarios Tramontina, Ed. Vox, 2012; Botafogo Eloísa Cartonera, 2014); Un método del mundo, Blatt&Ríos, 2016; y la novela De dónde viene la costumbre, Literatura Random House, 2019. Además publicó las plaquetas Decime qué se siente, se siente hermoso, Belleza y felicidad, 2014 y Pensaba que había un paisaje, pero, Belleza y Felicidad, 2014. Participó de la antología 30.30, Editorial Municipal de Rosario, 2013 y ha colaborado en diferentes revistas virtuales e impresas.
Actualmente vive en Buenos Aires y trabaja como docente en talleres literarios y en distintas escuelas públicas de la ciudad.


CARLOS NUSS




La poesía es mi vehículo para transitar el mundo que habito, es mi manera de entenderme a mi mismo. Mi manera de razonar en la que la razón no lo es todo.
Por lo general el poema me asalta, me secuestra, puede andar por mi cabeza un tiempo pero cuando se manifiesta no puedo no escribirlo. No tengo “un” método, me dejo guiar por la intuición.  Y no paro hasta terminar. Ahí es cuando empieza la parte más metódica: por lo normal lo dejo y lo retomo al tiempo y ese tiempo no es el mismo siempre: a veces son semanas o meses y a veces tan sólo horas. Por lo general no soy de corregir mucho, la mayoría de las veces lo primero que escribí siempre queda. Por lo general, al corregir me da la sensación de una especie de autopsia , y me gusta que el poema ande vivito y coleando. Aún así, he descartado poemas completos. La parte que más me cuesta es el título, por esa idea de globalidad que tienen, los elijo casi siempre de una sola palabra. Siempre está el cigarrillo presente en el momento de escribir, a veces el mate. El lugar es cualquier lado donde pueda abstraerme de lo que me rodea lo suficiente para tenerlo presente pero sin invadirme, aunque no me evado del mundo. Trato de hallar palabras que causen sensaciones en el cuerpo y en la mente. La relación con la palabra en mi es sensorial, la poesía que emana de ellas me viene en forma de imágenes, que tomo en forma simbólica. 



Urbana

La calle es una prosa dura
sin ningún esmero estético
siga derecho y se llega a la felicidad
con una bolsa de supermercado;
pierda cuidado,
la policía custodia el patio recién barrido
y las caderas de los automóviles,
si el huésped no pierde la calma
en los semáforos.

La libertad es una ama de casa
con derecho a la palabra
y al resentimiento del sábado a la noche.
La clase dirigente digiere gente
con el entusiasmo de un empleado municipal,
con el amor de las fauces de las urnas.
La mañana toca bocina en los corazones
mientras la tarde prueba su traje de muerte,
ajustando el dobladillo de las costureras
para hacer las paces a la luz de las velas.
Los hombres tropiezan
con sus callos y sus sombras
limpiándose la esperanza de la cara
para ensuciarse religiosamente
al día siguiente,
en la eucaristía de las esquinas.

(de “Contrapunto pat-AGÓNico”)



Canción de cuna para despertar

Alguien te dará de palabras
algo moverá tu lengua de lugar.
¿Harás de lo normal una excepción?
¿Será la belleza tan terrible?
La voz será un perfume que guía
al ciego entre baldosas rotas.
Canciones de cuna para despertar,
la grafía descalza quema al pisar,
al hablar sin amuletos.
Siempre se dice para otro
aún cuando ese otro
sea uno mismo.

(de “La quinta pata”)



Primera sesión

Unos ojos azules son mi primer recuerdo. Los primeros ojos que vi. Unos ojos mirándome con aquello que sólo el amor puede explicar. Unos ojos que decían mucho más que lo que escuchaba de la boca, que hacia rostro con los míos, que se entornaban con cada pregunta que les hacían. Unos ojos que iban desde el sachet de leche hasta la taza y de allí al recipiente del azúcar, buscando el origen del universo al revolver la chocolatada. Unos ojos que se miraban en mis ojos, que no supe de qué color eran hasta mucho después. Unos ojos que yo buscaba para mostrarle lo que iba descubriendo cada día. Unos ojos que no habían visto más mundo que aquel que su amor podía abarcar. Unos ojos como los de un día despejado. Unos ojos que nunca habían mirado más allá del horizonte de esa cocina, ese comedor y esas tazas. Unos ojos que se reían con los míos ante mi más mínima ocurrencia.
Unos ojos que descuidaron por un momento la taza, que rodó por la mesada y después se fueron junto a ella, hasta que se rompió contra el piso. Unos ojos que también destrozaron su mirada contra el piso. Unos ojos que temblaban con cada latido de presión sanguínea, unos ojos que hablaban el horror que la boca abierta enmudecida no podía. Unos ojos que de pronto se volvían grises como la tormenta que llegaba, y veían los que mis oídos tapados no alcanzaban a oír desde abajo de la mesa. Unos ojos brillando de sal agria, de lágrimas rodando hasta el rojo del labio roto. Unos ojos de rodillas en el piso juntando los pedazos de la taza esparcidos sobre las baldosas, que una mano intentaba reunir mientras la otra se cubría las partes del rostro sin golpear aún. Todo eso es lo que primero recuerdo. Eso y el sabor de la leche con restos porcelana, lamida del piso del comedor a la tardecita.

(de “Tons”)



Día 

Rodeado por el aire de la mañana
donde se cocina un apocalipsis
en diarios, noticieros y animaciones de internet
el desayuno es un meme cruel, viral y sin gracia.
Aún queda transcurrir todo el día:
el amor renacerá con cada guerra,
y después la paz de la cama,
el centro estático, las orillas revueltas,
las sábanas mudas y sordas.
Como si hubiera más de un modo
de cobijarse con la mentira.

(de “Personas, lugares y otros mundos de barro y piedra”)



Balido

Siempre que me pierdo
trato de volver al punto de partida.
Por supuesto que no es Dios
ni el "Qué hacer?" de Lenin,
mucho menos la perorata de
Claudio María de los milagros.
Un ternero se echa al suelo
cuando extravía la ubre madre,
da balidos hasta que el mugido
de la vaca lo encuentra.
Yo lanzo un grito al mundo
en un puñado de palabras.
A veces
            la poesía me responde.

(Inédito)


Carlos Nuss


Carlos Nuss (1979, Concordia, Entre Ríos) reside en Comodoro Rivadavia, Chubut. Estudió Profesorado de Historia. Ha publicado los libros de poesía Contrapunto pat-AGÓNico; Vela al viento, 2016, en coautoría con Ezequiel Murphy; La quinta pata, Espacio Hudson, 2017; y la plaqueta Personas, lugares y otros mundos de piedra y barro y piedra; La cebolla de vidrio, 2019. También escribió la nouvelle “Tons”, Cooperativa de comunicación y cultura “El Miércoles”, 2018). Es redactor en la página literaria del podcast La Ninfa Eco.