jueves, octubre 18, 2007

LEOPOLDO "TEUCO" CASTILLA (entrevista y selección del material a cargo de Guadalupe Wernicke)

Vamo` a ver. Donde me pille. Si es en un bar, en un bar. Si es en el costadito de una servilleta, o si estoy en mi casa en mi maquina de escribir. La hora por lo general cambia. Hay épocas enteras que he escrito de noche. Otras veces, apenas me levanto: me siento a las nueve de la mañana y me levanto a las 6 de la tarde, cuando estoy de racha. Cuando vuelvo de noche antes de irme a dormir, escribo. Esto por supuesto si tenés un golpe de emoción, de desconcierto adentro que te haga escribir. Las épocas para escribir, realmente me gusta más el verano. Me gusta más el verano porque me gusta mucho la luz. La verdad es que cuando estoy en mi casa escribo con música, con música clásica. Horas escribiendo y escuchando música clásica. Como yo fui muchos años periodista puedo escribir con bulla, no tengo ningún problema, tengo una capacidad de abstracción que me ha dado el periodismo.
Escribo sobre lo que va surgiendo. Por lo general aparece una imagen, un golpe en la memoria, o algo que no sé que es, o una palabra, cargada de cierta hechicería. Que me dice que hay algo, detrás de esto hay algo. Y entrás a buscar y buscar y va apareciendo. A veces baja como un tema concreto porque te ha emocionado algo y en el momento de escribirlo...otras veces no tenés ganas de escribir y te sentás y empezás a escribir y de golpe sale una palabra que no tiene nada que ver con lo que estás escribiendo y te destapa todo una historia que tenés adentro. Porque nadie sabe lo que tiene adentro, ni cuando no escribe.
Por lo general escribo tratando de escribir lo mejor que pueda en el primer envión. Escribo verso a verso, peleándolo al poema verso a verso. Pero dejo que salga el caudal. Escribo, suelto, dejo que salga el impulso del poema y después lo dejo un tiempo. Y cuando voy a corregir por lo general de cada poema y de cada libro llego a tener cuatro, cinco, varias versiones. En eso trato de ser muy riguroso. El poema va leudando como el pan, entonces es un trabajo que se hace con otra lucidez. El poema tal vez se hace con más revelación en el primer momento y con mas oficio en la corrección.
La poesía es una maravilla porque es...el otro día le decía a una amigo, es un oficio muy extraño porque es el único oficio que uno no sabe de que se trata y lo ejerce toda la vida. Es como hacer una casa con ladrillos invisibles. No se sabe de qué se trata la poesía, qué es. Lo más lindo que tiene la poesía es ese misterio, esa voladura, esa locura inaprensible. Suele venir como ella quiere. Viene a veces con la música, con la imagen, con al memoria. Con una emoción siempre. Es fundamental que tenga emoción del orden que sea. Y después yo la deja hacer, dejo que mande. Escribo como la poesía quiere, no como quiero yo. Y después trato de corregir como yo quisiera, siempre que la poesía siga mandando. Si es que sale poesía, vaya a saber si sale.


Leopoldo "Teuco" Castilla

Selección de poemas a cargo de Guadalupe Wernicke

Poesías de Libro de Egipto

VI

Mi mujer hace pan
zurea
como una paloma entre las tumbas
a veces un golpe de viento
hace volar la harina
el polvo
y las cenizas
ella los recoge y hace el pan
y hablamos de las cosas del día
sin poder recordar nada
mientras comemos en la media sombra
el pan
calienta todo el cementerio.
XI

Nos ganamos la vida vendiendo lápidas
tallando palabras del Corán,
una admonición
para que vuelva el cielo.
Sólo la piedra
que no padece su nacimiento
puede sostener un nombre
(el nombre y la piedra:
también la eternidad comienza
en el encuentro de esos dos desiertos)
Vivimos de lo que ya se ha ido,
de la arena y del río,
de nuestros dioses,
de nuestros muertos,
árboles vacíos
de los que comemos.

De El amanecido

Luz oculta

Dentro del ciprés hay una lámpara,
un alvéolo de luz
que la oscurece.
Y así, como hay claridad
pero nunca se ve el sol en los sueños,
en otra latitud
el mundo hace un ciego
para que nieve.

Loro
a Edgardo Diez Gómez

Esa flor sacrílega, habla.
No imita, habla
y desea el vino, las mujeres y el pan de los hombres.
Ese es su secreto.
Avanza por el aro
y cierra el círculo.
Entonces chilla igual que ellos
cuando eran pájaros
o canta, como las campanas,
con el pavor de tener dos almas.
Mientras ellos repiten lo que él dice, ríe
y se pica el pecho
y se lo parte,
ríe a carcajadas
y se pica a fondo el corazón
para que el secreto salga.

De Línea de fuga

X

No te alcanzará la vida para ver
cómo ese hombre
mira la tarde.
El que contempla dura más.

XI

Un hombre
cae
hasta perder su nombre
el futuro no alcanza
la velocidad de la sangre.
En el salto
sólo el salto es alguien.


Leopoldo "Teuco" Castilla

Leopoldo "Teuco" Castilla nació en Salta en 1947. En 1976 se exilió por razones políticas. Actualmente vive en Argentina. Publicó numerosos libros de poesía y narrativa. Entre otras convocatorias, fue invitado por la Unón Soviética para escribir un libro que la Editorial Progreso de Moscú publicó en 1990 con el título Diario en la Perestroika. También es autor de Nueva poesía argentina (Madrid, Editorial Hiperión, 1987); Poesía argentina actual(Estocolmo, Editorial Siesta, 1988). Fue distinguido con premios nacionales e internacionales. Su poesía fue traducida al inglés, francés, italiano, sueco, portugués y ruso. Sobre su cuento La redada se filmó el largometraje del mismo nombre, realizado por Rolando Pardo. Por su libro Nunca recibió el Primer Premio de Poesía del Régimen de Fomento a la Producción Literaria Nacional y Estímulo a la Industria Editoral Año 2000 del Fondo Nacional de las Artes. Sus libros publicados: El espejo de fuego (1968); La lámpara en la lluvia (1971); Generación terrestre (1974); Odilón (1975); Versión de la materia (1982); La luz naranja (1984); Campo de prueba (1985); Nueva poesía argentina (1987); Poesía argentina actual (1988); Diario en la Perestroika (1990); Teorema natural (1991); Baniano (1995); El árbol de la copla (1999); Nunca (2001); Antología Poética (2001); Libro de Egipto (2002); Bambú (2004); Línea de Fuga (2004).


Agradezco la entrevista personal y selección del material a cargo de la poeta GUADALUPE WERNICKE

lunes, octubre 15, 2007

MARÍA CECILIA PERNA



Al principio es una urgencia. No importa dónde ni cómo lo haga, solamente necesito estar completamente sola. Terriblemente sola, en lo posible. Y si hay gente alrededor, me tengo que convertir en una suerte de mujer invisible. Una computadora abandonada por horas me es útil, pero también me puede servir una libretita o el reverso de un papel usado. Si tiene colores, mejor.
Una urgencia. Yo le digo: “avidez por el trabajo”. Es casi casi la sensación antes de hacer el amor. Pero sola del todo. Una T de ansiedad que se dibuja así en el cuerpo: el trazo horizontal sobre la mitad del pecho y, del absoluto centro, parte viva una línea hasta debajo del ombligo. Se me acelera un poco el pulso y la respiración. Pero nada más un poco.
La urgencia, como sea, casi siempre fracasa, casi siempre termina en el acto trivial de mirar televisión o lavar los platos sucios. Una verdadera pena. Otras veces, sin embargo, llega como a los golpes y se impone con fuerza -generalmente es de noche- y se cumple hasta el final. Entonces sale primero una palabra o una frase mínima y, detrás, como si hubiera ya estado ahí desde hace tiempo, se puede llegar a armar hasta un libro entero. Todo depende de la fuerza y de la soledad. Siempre es cuestión de seguir el ritmo y saber cuándo y dónde fraccionar -esto es un verso, esto un poema; esto una serie, esto un libro completo y cerrado-. Cuando escribo no tengo edad. Me siento un reservorio antiguo de sensaciones y trabajo con la absoluta certeza de estar traduciendo a las palabras un fragmento de ese sedimento extraño.
Pero claro, claro, no todo está adentro de mí, al menos las palabras no lo están, las palabras vienen de todas partes: pequeñas obsesiones cotidianas, familiares, políticas, lectoras. También el ritmo viene de afuera. De más poesía o de la música que siempre me acompaña.
Muy a las perdidas tengo esta suerte: me despierto a la mañana bien temprano con un verso madurado en la cabeza. Por ejemplo, una vez soñé: “maquina con claridad de dos claros cuerpos juntos”, entonces, busqué con desesperación un papel y un lápiz para anotar, como esas personas que juegan compulsivamente a la quiniela. Si es así, después de escribir y fijar el verso soñado, “lo guardo para noche” cuando es más probable que le encuentre utilidad. Trato entonces de armar algo. Igual eso no pasa muy seguido. En general, pasa si estoy enamorada solamente.
Pero de verdad me siento muy afortunada si puedo escribir cualquier cosa así, que salga entera del estómago. Para mí ese es el supremo “momento de escritura”. Después hay que corregir, naturalmente. Pasar todo a la máquina, imprimir, leer, tachar, reordenar y reescribir. Esa es la parte del sudor, tan necesaria como la otra. En ese proceso el poema se me va haciendo cada vez más ajeno. A veces paso mucho tiempo sin tocarlo -o sin leerlo-, entonces lo encuentro de vuelta y puedo llegar a hacerle algún pequeño cambio. Y así hasta que, un día, lo tengo enfrente y ya no me importa si fue escrito por mí o por cualquier otra persona. Ahí es cuando sé que, para bien o para mal, ya no me pertenece, no tengo más derecho a tocarlo. Está enfrente mío y completamente cerrado a mi intención. No puedo tocarlo. Es definitivo: el trabajo ha terminado, apago la luz y me voy.

MARÍA CECILIA PERNA


SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "CHINERÍAS"


Libro Chino

11 de marzo de 2004
Entiéndase:
China no es la China solamente. Es algo que no puede ser ya más que advenimiento. Construir la China para exiliarse ahí. Para ser un emigrado.
¿Quién se atreve hoy a escucharos, chinos?
Los chinos acá son siempre sucios, mafiosos, comen ratas, se visten un espanto, intoxican a la gente con comida en mal estado, en sus feos mercaditos, restaurantes.
Los chinos acá son la madre invertida.
Los chinos acá son veneno.
(El veneno como el miedo es de color amarillo)
Pero no. Más bien es esto: que la China es China madre, de la cual el deseo ya no huye. La China es China acá -China al revés- lugar al que el deseo puede volver solamente.
Ahora,
voy a buscar mi Madre China
para bajarle los muros.
Chinería Primera
(Dragón y Doncella)
Es así, es lo primero
que aprenda la doncella a respetar
el fuego
del Dragón que le fue dado
y lo vuelva la luz
de fuego en sí
para su cuerpo.
***
Después -sólo después-
llegará el Rey que estuvo ausente
y sin usar el sable
besará las escamas perladas del Dragón
como de jade
y podrá subir la Luna
fría y blanca
del alivio hasta su cuerpo.
***
Pero volvamos los ojos al Dragón
panza de fuego
amarillo
rojo fuerte
en los pequeños pies
de la doncella.
***
Porque si ella se dignara
a reconocer sin miedo
la protección caliente
y dulce
del Guardián de aquella puerta
tomaría todo el fuego
sagrado de su boca
adentro
en el centro de su cuerpo
lo retendría apenas
con la punta de la lengua
pegada al paladar.
***
Y el Dragón le daría de su boca
el ardor para llamar
la Luna
y bajarla del cielo hasta sí
como una carga suave
como el mundo.
***
Porque es la Luna el mundo
más suave
si sale de la seda
caliente
de los sueños desde adentro
del guerrero.



Chinería Segunda
(Sable y Luna)
Si la Luna en el agua se cortara
con el filo del sable
que está ausente
entonces un hilito
de luz sobre la calma
del agua
estancada de la noche.
***
Es porque está sólo en dos partes
en el agua
en lo negro
del cielo salpicado
aunque alguien
alguna vez pensó
en cargarla con las manos
suavemente
desplazarla para darle
movimiento.
***
Ella tiene igual
su propio movimiento
de cortarse a la mitad
y de crecer
como si la hubieran vuelto
encinta.
***
Pero sólo el sable ausente
podría recortarla de verdad
del fondo oscuro
del cielo o de las aguas
estancadas
y transportarla de noche
en el golpe
inmenso de la carga
delicada
sin partirla.
***
El sable silencioso
para el cual
ella simula
volúmenes de luz
fría y blanca
que la llenan.
***
O muestra que se parte
a sí misma
pero esconde la mitad
oscura dolorosa
en el fondo más oscuro de las aguas
y del cielo
salpicado.
***

Si hubiera un hilo solamente
atravesando el agua
tan quieta
del estanque
sería que el sable pudo abrirla
cortarla desde fondo
oscuro
que la envuelve
para que alguien se la lleve
contra el pecho
silencioso.
Chinería Tercera
(Pasaje y Galerías)

Vuelta toda
de arroz como una pasta
abre el cuerpo que ya cambia y se resiste
a seguir viendo los ojos
pegados
en la tierra.
***
Leche gorda
saliéndole del cuerpo
que apenas ya cambiado se resiste
a verse con los ojos
pegados
en la tierra.
***
Y lo sostiene en medio
de las pobres
galerías de los pobres
todos podrían ahí
ser quemados con un golpe.
Pero lo sostiene
-ahí-
apretado el corazón
contra la teta
que apenas ya cambiado se resiste
con el hambre que le viene
de la espalda.
***
Y los pies
van adentro de los campos
inundados
verde marrón al tobillo
la plaga del arroz
comida
que espera la humedad
para salir.
María Cecilia Perna


María Cecilia Perna. Nació en Zárate, provincia de Buenos Aires, el 9 de marzo de 1979. Ha cursado estudios en Letras (UBA). Publicó el libro La boca de Mercurio (Siesta, 2003) y la plaquette Gebirge (Zorra/Poesía, 2005). Participó y colaboró en diversas antologías y publicaciones electrónicas.