domingo, octubre 01, 2006

RITA KRATSMAN




El primer crepúsculo es el que generalmente me incita, es el instante suspendido en que todavía no hay ruidos que vengan de afuera. Adentro todo tiene que estar igualmente calmo, el mundo tiene que dormir para que pueda conectarme con las primeras palabras. El segundo crepúsculo me sirve para la corrección, es cuando el día está más sabio, después, tiempo y espacio empiezan a zozobrar hasta alcanzar la noche, y más allá, nuevas auroras y así…
Escribo lo que va surgiendo pero siempre en base a una idea de libro. El libro puede ser una música, una foto, un lugar, un viaje, un cuadro, un film, un personaje, quién sabe... La idea sobreviene sin que la llame, solamente estoy atenta.
De modo que siempre estoy buscando una estructura. Pero ya instalada en el texto, empieza una travesía que siempre es incierta. La incertidumbre es parte del desafío aunque el fluir de la escritura siempre tiene estación de llegada. Todo texto pide reposar. Al igual que la mente, el texto se cansa, se agota, necesita tomar distancia de un tiempo anterior. Cuando se vuelve a él se lo ve sin borrones.
Pero la corrección no sólo es necesaria para ver de otra manera, sino que establece una experiencia nueva, la de la reescritura, y la reescritura opera de algún modo como una traducción. La corrección traduce lo que la mente acumuló durante la noche. La aurora, se encarga del resto.
Desde que hice uso de la computadora escribo directamente en ella. Es más, siento que cada crepúsculo, me vincula a ella para continuar un texto empezado que por momentos quisiera que no terminara. La sola idea de finalizar un texto me aterra.
El vacío es la peor manera de pasar a otro instante. Es por eso que cuando no escribo, traduzco. Y cuando descanso de la poesía leo ensayo y novela.
La poesía es la motivación que me permite transitar el mundo, es mi actitud frente a ese caos. Siempre va a haber alguien que va a escuchar o leer lo que escribimos.

Rita Kratsman

Poemas de  Aria con Variaciones (Ediciones ültimo Reino,2006)

Aurora tiende el mantel con la gracia de una figura de lienzo, nos acordamos del pasado, el vino y la noche buscan a toda costa una censura. Afuera es vibración el zigzag de las ramas, pero nada, nada más allá sino estos arpones de luna en la mesa:
ondas y círculos
círculos y ondas
voces, bermellones,
"estas hembras no son dulces no" pero algo saben y les digo "somos jóvenes, jóvenes, ninguna falta de amor nos hará viejas".
De vez en cuando una lanza se dirige hacia la madre quien luce una fibra sublime de laurel, y el registro afelpado, y el andar de sándalo, (siempre admiré su estatura).

***
El momento, un rato con Amarilis entre incesantes preguntas, el lugar, espacio junto a un rosal que todavía no florece.
"Tal vez sea temprano", dice, "aunque no creo que este año lo haga, eso es todo".
¿Qué define un gran día?
¿Los pétalos dilatados de las astromelias o el violín de la cigarra que compite con esa nota aguda del teclado?
Algo espanta cada tanto presente y futuro. Un disparo en el mundo por decir, y tiembla el follaje de los álamos, o bien, corta en pedacitos las ganas de seguir hablando de arte.
Por ahora, un pájaro dibuja con tiza blanca su giro de satén.
Hay perfume a canela, clavo de olor y canela, deben ser la peras de la fuente, y nos alzamos, como las notas de un clave hacia el éter.

***

Nos enfilamos hacia lo alto de la casa.
Mientras Aurora deshace una costura, habla con la sutileza del ramio oriental, Artemisia, perfora el instante hasta llegar a la raíz: el tiempo fabrica miniaturas.
Tiempo puro, hora en que la carretera está bastante callada, dentro de poco se encenderán las luces del letrero y nosotras, entretenidas con ese pasado infinito.
Cazadoras del trópico.
Provocadoras de la desnudez.
Es hora de ir preparando la mesa para sentarnos como todas las noches, a comernos.
Pam pampam pam. Aires de bijou, las miro vivir.
Diosas benignas después de todo.

***

Poemas de Giverny (Ediciones El Jardín de las Delicias, 2015)



fiel a mis dioses campestres

busqué en el mapa un reino luminoso
con viento apenas y pájaros
(Monet encontraría motivos
para quedarse en una ciudad como ésta)
así es que bajé del tren dejando atrás el
barullo de la última estación
y me dije también acá es donde voy a vivir
¡qué diminuta aventura!
tuve que apartarme de mí, revolotear un rato
entre la santidad de las flores
como una abeja hambrienta, un decir, oliendo polen
en un remanso de aire y el lugar
una paleta
con la incertidumbre del inicio

***

busco un tono que me libere
también Debussy
se liberó de una obligación tonal cuando
compuso el Preludio a la siesta de un fauno basado en el
poema bucólico de Mallarmé, ilustrado además por Claude
y doy vueltas y me pierdo
con impresiones de un movimiento cantábile o
personajes de ópera perfectamente maquillados
si algo no puede fracasar es una luz de verano
cuando cae sobre la piel y sobre
los tulipanes melódicos
de cualquier manera, lo que hice entre la siesta
y el anochecer
va a entrar en una nube, no
como la contraparte de lo que soy sino
como la aceptación de que el paisaje mismo
tiene ciertas dualidades

***

el germen de la vida
está en una cáscara de nuez
que navega sobre aguas tan profundas
un pájaro azul se refleja en su quilla
no son estrechas las playas
de los caracoles abiertos
en su ápice
para que alguien obtenga un sonido de trompa
más que nunca detesto las cosas que salen bien al primer intento
la insistencia en la simultaneidad de motivos no es
un delirio, todos los instantes son de fuga
por eso una serie de almiares manchados a un tiempo
(tampoco quiero volver a morir como en el sueño
de un paisaje borrado)
me pregunto si alguna de estas pinceladas
no figuran en mis libros

***


guiones rojos en cada onda de agua:
Impression, soleil levant
la materia se desmonta en
diminutos puntos de luz mientras el agua
finge un parloteo
un poema de los reflejos
aparece de repente sin conocerse su lugar
si llega entero antes de la noche
la emoción se extenderá más allá de sí misma
tal vez sea útil olvidar por ahora
una luz a pleno
ninguna jornada es como se espera
camino hacia la casa
por el sendero cercado de alisos, pienso
en la disconformidad como una sombra necesaria
una canción lejana arrastra la carroña del mundo
y sus notas disonantes me taladran el cerebro, nunca
voy a saber por qué insisto en la escritura
(todavía me cuelgan del cuello las redes de un siglo)
prefiero escuchar una vez más La Internacional en
esta tarde de rebatos
la vida va
y viene con las campanas de la Sainte-Radegonde

Inédito (2018)

¿es la demanda de algo menos triste
lo que te hace pensar en un tiempo perfecto?
cambiaste de enfoque
y no es que esto inhabilite otras incursiones
quién no se conmueve ante la frase más dramática de una liturgia
la palabra sublime no fue suficiente para explicar
cuando en el auditorio se respiró humanidad por un minuto
te hundiste en la música con un temblor que no entendías
incluso te reconciliaste con esta vida de duro enjambre
tan sólo para ver el ojo de la luz
y es por esa idea unitaria del Universo que un campanile
se pone de acuerdo con los pájaros
tu observación fue soltando aspereza
y lo supiste en un atasco
si hasta te resultó hermoso el paisaje, hoja por hoja
ramas bordadas con agujas de plata como en un encaje de Burano
¿estabas mareada o era el KYRIE ELEISON
subiendo por una bocacalle?

Rita Kratsman

Nací en Buenos Aires, soy poeta y traduzco poesía italiana. Publicaciones: Color y Sepia (Libros de Tierra Firme, 1998); El Cuaderno de Amanda, Señora Mariposa (Último Reino, 2005); Aria con Variaciones, (Último Reino, 2006); El Lugar (El Mono Armado 2010); Giverny, (El Jardín de las Delicias, 2013) y Tornasol (El Jardín de las Delicias, 2015).
En traducción, Una hora existe, antología de Franco Fortini, poeta italiano de posguerra (Ediciones Dante Alighieri, 2007), trabajo introducido y seleccionado junto a  Susana Anfossi. 

Participación con una sección a mi cargo en este blog, El Desván de Rita Kratsman: eldesvanderitakratsman.blogspot.com y en El Infinito Viajar con PostData, cartasdeamoryotrosafectos.blogspot.com y Banco de cartas.





ANIBAL CRISTOBO











Prefiero escribir a solas, de noche, o en situaciones donde intuya que no voy a ser interrumpido, aunque yo mismo soy bastante disperso y no suelo mantener la concentración durante demasiado tiempo.
Me gusta tomar café mientras escribo, y si lo hago a mano, intento utilizar una esferográfica o algo que no requiera una gran presión sobre el papel. Quizás por haber visto demasiadas películas en las que un mensaje se descubre sombreando la hoja bajo la cual había sido escrito, no me gusta "marcar" excesivamente el papel.
Muchas cuestiones metodológicas varían de acuerdo al proyecto. Y me agrada que sea así. Es decir, que cada proyecto me vaya dictando el modo en el que debo desarrollarlo a medida que me voy involucrando en él.
Supongo que mi negativa a construir, frente a mí mismo, una imagen de escritor estática, con sus mañas y rituales inamovibles, tiene que ver con cierta necesidad permanente de dislocar mi propio lugar, de reinventar mi campo de acción, es decir, aquello que me incumbe o puede incumbirme en tanto que poeta.
Acabo por pensar que mi ritual favorito en relación a la poesía sea repensar mis modos de relación con ella, aunque esto pueda sonar algo retórico. Trabajo de acuerdo a algún tipo de "plan". No soy un escritor "inspirado", ni "confesional", alguien que escribe para transmitir sus estados de ánimo, aunque podría realizar una escritura que aparentase algo así si eso entrase dentro de algún experimento. Me siento más cercano a lo que podríamos llamar un artista conceptual. Creo que el arte es un juego infinito, un meta-juego, porque parte de su dinámica consiste en que el participante cree sus propias reglas de juego, reinvente las leyes, delimite qué es posible
Hay un plan, pero es un plan que actúa como "noción" más que como límite. Es decir, se conforma como una serie de intuiciones que están abiertas a otras experimentaciones. Por ejemplo, "jet-lag", que sería un libro de viajes mínimo, compuesto por una serie de notas entre el hotel y el check-in, juega con la noción de ser una lectura de abordo, incorporando "citas" tanto gráficas –desde el diseño de tapa- como literarias, justamente de esas publicaciones que entregan las líneas aéreas en sus naves. Y, al mismo tiempo, esa literatura aeroportuaria, que podría ser extremadamente anónima, esta matizada por la curiosidad de ser un libro en el que se incorporan textos de otros poetas, lo que quiebra bastante la idea autoral de un libro, y, se me ocurre, la idea del "escritor-viajero".
"Krill" es un libro que se interesa por lo serial, por una cierta cultura de fines de los ´70, -el cine catástrofe, las series policiales- y por el tipo de imaginario derivado de esto; pero también por la ficcionalidad del poema y, esencialmente, por la importación de metodologías (en especial de la música, como se ve en la presencia de "covers" o versiones de poemas ajenos, o en textos creados en colaboración con otros poetas; y del cine, en lo que hace al montaje de los textos).
Algo permanece, o así creo verlo, en esos distintos "planes" o "proyectos" de escritura: algo que tiene que ver con la extrañeza, con la indefinición, con la imposibilidad de conocer. Y ciertamente con la fragmentación y deconstrucción del discurso. En ese sentido, me gusta pensar que no me coloco frente al lector como un familiar, como alguien que, con placidez, entrega un discurso consensuado dentro de las poéticas dominantes o del sentido común, pero tampoco como un inventor de jeroglíficos… me interesa esa tensión que se ofrece cuando lo conocido –punto de partida para que el lector encuentre una referencia- va deslizándose hacia zonas "mixtas", zonas de deriva, exactamente como sucede en el proceso de ir adormeciendo.
Me gusta escribir sobre lo que no conozco demasiado bien ni de muy cerca, sobre fenómenos que se sitúan en lo que llamo una "media distancia"; ahora, actualmente estoy trabajando en un proyecto nuevo, bastante ambicioso, de lo que en algún momento, espero, será un libro compuesto por unos 150 textos aproximadamente, y que es un libro que, de algún modo, puede ser visto como un libro de historia, -aunque lo más correcto sería decir que es un libro de historias, por lo que tiene justamente de fragmentario, de refractario a la idea de un saber canónico- y eso me llevó a investigar algunos sucesos del siglo XIX. Siempre de un modo bastante caótico, que finalmente termina siendo un adjetivo utilizado para definir el movimiento basado mayoritariamente en la intuición y el sincronismo.
En general, me gusta resolver los poemas en el momento, por una cuestión de ansiedad sobre todo, por verlos terminados ya, pero esto casi nunca me resulta posible.
En la práctica, suelo volver bastante sobre los textos, en especial para reveer los cortes de versos, que son una de mis obsesiones: me interesa que haya una tensión que conduzca de un verso al otro, una situación de sentido suspendido o abierto que mantenga la atención, que guíe la lectura hacia la próxima línea, donde, si la frase anterior alcanza una comprensión, debe aparecer un nuevo interrogante que se proyecte. En ese sentido, si mis versos reflejan alguna respiración, esta sería una "respiración artificial", un truco perceptual. Por el mismo motivo, prefiero variar la extensión de los versos y la cantidad de versos por estrofas, creando un diseño irregular, ya que, personalmente, las formas extremadamente regulares me resultan monótonas y poco propensas a la generación de tensión.
Lo que no suelo hacer es guardar textos que no me resulten satisfactorios para intentar recuperarlos en una futura corrección: en esos casos prefiero descartarlos absolutamente.
Podría dividir mis textos en dos grandes grupos. Predominantemente hay un tipo de poemas que yo llamo a veces "objetos", en los que lo primero que surge es una idea, no una frase. Digamos que esté trabajando en un proyecto sobre la geometría de los espacios cotidianos, y decida armar un poema sobre una piscina. Esa sería la idea base. Lo primero que haría es colocar ese título, "piscina" y, a continuación, comenzaría a apuntar palabras que me resulten afines. Generalmente las primeras anotaciones resultan bastante obvias, "azul", "paralelepípedo", cosas así. Pero a medida que la mente se va soltando pueden aparecer términos cuya vinculación con el objeto principal no sea tan directa. De ese modo voy creando un substrato léxico, sin preocuparme demasiado por lo que aparece. Ese material va creciendo con el tiempo, en sucesivas anotaciones, hasta que finalmente un día me siento con todo aquello e intento "componer" el texto, ordenando el material como si se tratara de las piezas de un puzzle.
En ese tipo de textos me interesa la extrañeza. Veo que hay dos o tres procedimientos, más o menos recurrentes, de los que intuitivamente me valgo en ese sentido. Diría que el fundamental es el montaje. Intento mantener la ilusión de una narración, pero que nunca llega a completar una secuencia lineal de hechos, nunca termina por concretar su fábula. En ese sentido opto a veces por una superposición de situaciones que aporten al clima, pero que no expliciten excesivamente una cadena de causas y efectos, incluso porque yo mismo no la tengo en mente al escribir, sino que pretendo recrear mucho más una sensación que una historia.
Otros recursos que me parecen aportar en ese sentido son la aparición de personajes que no han sido presentados, las falsas citas, la descontextualización, la alteración en la estructura sintáctica de alguna frase, la inclusión de términos provenientes de campos tradicionalmente "no-poéticos", en fin, ciertos giros que pueden ayudar a colocar en duda el terreno sobre el que el lector creía haberse afirmado instantes atrás. Pero creo que tiene que haber allí mucha delicadeza, para evitar el salto arbitrario que sólo provoca el desinterés, ya que se percibe como una alteración tan abrupta de las reglas de juego que hace que el lector se vea minimizado frente a los caprichos del autor. Eso es lo que, a mi ver, conspira contra la escritura automática y algunos experimentos surrealistas. Pero sí creo que esos materiales son, como punto de partida, riquísimos.
El segundo grupo estaría compuesto por poemas más discursivos. Son textos que generalmente escribo en portugués, como el libro "jet-lag", y en los que aparecen más elementos autobiográficos. Contrariamente a los "poemas-objeto", que suelen resolverse en el espacio de una página, como si fueran simplemente una "pantalla", estos textos se abren más a la narración de unas secuencias de sucesos, amplifican su respiración, se desarrollan. No es casual que justamente estos poemas sean escritos en portugués, ya que es en Brasil –donde viví 5 años- donde mi relación con la poesía está más atravesada por lo afectivo. Esos textos sí reclaman más memoria, más anotaciones, más corrección. Son poemas que no buscan ya la belleza de la ficción, sino la sensualidad de la experiencia. Creo que Brasil ha sido y es tradicionalmente un país que realza bastante esa sensualidad, que se ocupa de hacerla presente en muchas de sus manifestaciones culturales, aunque también haya un estereotipo en ese sentido. Pero en fin, veo que en mí la escritura en castellano y en portugués tiene dos funciones casi opuestas: en castellano busco desarmar el idioma, hacerlo sonar como una mala traducción, quitarle todo lo coloquial, probar mis experimentos. En portugués, mi aspiración es justamente la opuesta: me gustaría imaginar que esos poemas pudieran parecer, a los ojos de un lector brasileño, escritos por un compatriota, aunque desde luego un compatriota algo particular en el uso del idioma. Especialmente porque se conquista así un tipo de confianza que no existe al leer textos de un autor extranjero. Y esa confianza –y su permanente potencialidad de traicionarla- es un elemento con el que tensionar el poema. Esa ambigüedad, ese lugar en que el autor se mueve como un doble espía sin que llegue nunca a revelar su identidad –y probablemente sugiriendo que tal vez no exista algo como una identidad, es decir, como lo que permanece igual a sí mismo- es uno de mis objetivos.
Creo que lo que más me atrae de la poesía es la posibilidad de convertirla en algo diferente, de pensarla como un material propicio para pruebas. Llamamos "poesía" a una producción así denominada, toda perteneciente al pasado –cada cosa que leemos ya ha sido escrita, y en ese sentido pertenece al pasado- y dejamos que eso impregne definitivamente nuestra concepción de lo que podemos crear bajo ese rótulo, "poesía".
Pero en realidad la poesía no existe, es una ilusión, -como podríamos decir de cualquier género- que se perpetúa porque, al englobar miles de producciones individuales bajo esa noción, nos permite creer que existe una entidad con valor de verdad e independiente del mundo sensible. En ese sentido, nuestro modo de imaginar estas cuestiones resulta muy platónico. Y por eso seguimos hablando de "buena" y "mala" poesía, como si en el fondo se tratase de decodificar cuán cerca está una producción individual de ese ideal poético inamovible.
Personalmente, partiendo de la premisa de que no existe la poesía como un formato o una noción previa a la escritura del poema, me produce mucho placer imaginar modos de producción que no haya indagado antes, o que puedan ofrecer matices nuevos para mí. Y particularmente, que esos modos sean "inclusivos" con distintas áreas de mi vida que me resultan gratas. ¿Cómo puedo hacer para vincular la poesía con el cine, o con el ping pong, o con el sexo, pero sin escribir sobre esos temas, sino creando relaciones entre la poesía y ellos? Son preguntas a las que no siempre soy capaz de encontrar una respuesta, pero que, de todos modos, me motivan. Es decir, no tengo una idea excesivamente "literaria" de la poesía, porque creo que ese tipo de idea solamente genera producciones que, a priori, son poéticas. Y considero que eso es una falacia. Me interesa ampliar mi experiencia poética, no convertirla en algo previsible para mí y para quien pueda llegar a leerme, sino todo lo contrario, pensar "bueno, de qué modo podría utilizar la poesía ahora? qué más soy capaz de hacer con ella?", del mismo modo que me gustaría pensar que algún día, algún lector, frente a un libro mío, pueda pensar antes de comenzarlo: "bueno, a ver qué ha hecho esta vez Aníbal con la poesía".

Aníbal Cristobo


POEMAS DEL LIBRO "KRILL"


Hija del pastizal



Y yo que sólo vivo: seca
entre aquellos cardales, orientándome
con unos pocos gritos

o por el hipnotismo de los frutos; sin
tocar el vacío del pantano.

Saltando: saco esas fotos que son del cielo.
Pateo piedras pequeñas.
Hija del pastizal – mi oído
es el de otra, quiere escuchar: el
vibrar de las algas en el río; los
corredores del viento. Por qué
tendría que quererte? Me visto
con tu imagen, digo
las palabras difíciles mucho mejor
que vos; no escribo.-


El oso

En el gran ojo abierto de la montaña
el oso es un fulgor en la pupila, listo
para despertarse
y enfocar. El oso está pegado
por completo
con cola hecha de huesos de gente
que dormía; y cava en sueños
abriendo túneles subterráneos
con un fémur humano.
El oso
es un agujero demasiado profundo para brillar
al digerir tu grito.
El oso es un río
donde la gente se inclina a beber
y verse muerta.
Y aunque ahora duerma: él
es el barquero
que te cruzará, y su precio es todo.-


Dos al borde del estanque


Las dos están sentadas
al borde del estanque: tiene los ojos
claros, una – y el pelo corto, las dos.
Toca el agua y dice, me
dice: te estoy mirando a vos
a vos,
me escuchás? Pero no
puede verte. No
puede verme: tiene los ojos claros, está
sentada al borde del estanque, tienen
el pelo corto, las dos.
Y toca el agua, toca con uno, con
dos dedos apenas –levanta
la cabeza- es hermosa al decir:
-te estoy mirando, sabés?
sabías
que te estoy mirando?-

Ghost writer

El poeta, y
sus procedimientos: (aquí) círculo
al que regresan las pasiones –casi
sin voz-
ensombrecidas por la imaginación.
Ángulo del poema: "que al hablarte
exista intimidad, y que todo
pueda ser perdido
y reencontrado así: en otros
escenarios".
Las pausas del poeta, y
su mímesis
como efecto poema, calco, miniserie
de gestos
disparando el sentido, el
sonido, del
otro lado -así, en
un final continuo: Aníbal
no está! Aníbal
se durmió!-

Krill (El sueño del buzo)

Lanzado contra el musgo por la tos, por ese
malhumor, hacia un cine catástrofe, dónde
sus movimientos
eran la imitación de un enorme molusco.
Ironía, suspense
del ahogado con su may-day de ruidos. El asma
del motor y las raíces
en el tubo de oxígeno, trayendo
sus promesas: "esos peces
esconden maravillas tóxicas, átomos
de pánico
Contra el krill fluorescente". Error
propio de sueño: un buzo
ciego, sabe
qué significan esas luces? Y sus
manos, se tensan
al tocar el abismo?
Aníbal Cristobo


Aníbal Cristobo nació en Buenos Aires el 1 de septiembre de 1971. Entre 1996 y 2001 vivió en Río de Janeiro, donde publicó Teste da Iguana (Ed. Sette Letras, 1997) y jet-lag (Ed. Moby Dick, 2002), este último con colaboraciones de Andi Nachon, Carlito Azevedo, Mariana Bustelo, Marilia Garcia y ná Kar Elliff-ce. En 2002 publicó, con el subsidio de la Fundación Antorchas, krill (Ed. Tsé-Tsé). Participó de varias antologías de poesía, entre ellas Esses Poetas – Uma antología dos anos 90, organizada por Heloísa Buarque de Hollanda y Lies About the Truth, organizada por Régis Bonvicino para la revista New American Writing. Actualmente reside en Barcelona. Integra el Comité Editorial de las revistas de poesía Inimigo Rumor (Brasil) y tsé-tsé (Argentina). Es traductor del portugués y dirige la colección de poesía bikebik. En 2005 publicó "Miniaturas Kinéticas" (Ed. Cosac&Naify, São Paulo), libro que reúne su obra poética hasta el momento.

SILVANA FRANZETTI



*Silvantes, collage digitalizado, por Laura Varela, 2006.



POEMAS INÉDITOS DE "NOTAS AL PIE" (Selección a cargo de Osvaldo Aguirre)

Amelia insiste, se pregunta cómo es vivir en Gan Gan.
Servicio de colectivos una vez por semana,
según el destino y la época del año,
por la radio transmiten los mensajes cuatro veces al día
*,
un hospital, un juzgado de paz, una escuela
un cementerio, una usina.
Irse de esta comodidad, aunque es lo mismo,
ella siempre vuelve sobre sus pasos: en un sentido o en otro,
da mil vueltas al desierto.

* LU 20 Radio Chubut comunica al poblador con una nueva edición del mensajero rural. Muy buenas tardes. Es la hora trece, un minuto. La temperatura en la ciudad de Trelew es de veinticuatro grados, ocho décimas. El viento sopla del Este-Sudeste a sesenta y cinco kilómetros por hora, con ráfagas que alcanzan los ochenta y cuatro kilómetros por hora. El cielo está parcialmente nublado y la visibilidad es buena. Estos son los primeros comunicados de la presente edición.

***



El que me trataba de usted dirigía su palabra
como quien enciende una máquina
*, dijo:
lo que pasó después no importa, forma parte del futuro.
No basta con saber que estoy recordando,
hay algo del viento que me atrae otra vez.
En la práctica, el valor de su velocidad es improbable.
Una forma de decir que dejamos de hablar durante esos años
*.

* Para Nelson, en Puesto de Piedra, se le comunica que no anda la antena de Paso de Indios, la están arreglando. Trate de insistir todos los días.
* Para César Grassi, en Tecka, establecimiento El Tero, Fiore le comunica que vaya hasta Loma Blanca porque necesita hablarle.

***


El lado A del caset con el rótulo BAR EL CHEFI
*
reproduce parte de la conversación que tuvimos a fines de enero,
cuando las tardes no terminan de caer.
Qué hago con la diferencia entre lo que sé y lo que escucho:
– (…) piense que los diarios y la televisión no existen,
de lo que usted quiere sólo puede enterarse por la radio.
O mejor: por una radio local. ¿Qué hubiera hecho?
¿Qué hubiera querido hacer?

* Félix Lucero comunica que extravió un bolso en camino de Sierra Chaira hasta el cruce de La Alicantina. Se ruega a la persona que haya encontrado este bolso con un grabador, hacérselo saber a Félix Lucero.

***


Combate el viento y cambia las cosas de lugar.
La posdata de la carta confirma el olvido
*.
Escribe:
sólo es posible trabajar
con materiales de desecho.
Piensa en la nieve o en la lluvia,
algo que baje en forma oblicua.











* Para Faustino Antilipi, en establecimiento Las Tres Lagunas, la jefa de Correo de Paso de Indios le comunica que tiene correspondencia con vencimiento de entrega.

***


Pasan otra vez la misma música,
sigo con el trabajo como si ese compás fuera a continuarlo.
Antes, en mis manos había palabras, ahora hay dados cargados.
El aire de dictado que tienen las personas cuando van a trabajar
se parece bastante
al aire de dictado que tenían las personas cuando iban a trabajar
*.
Antes había cadáveres, ahora hay escombros.











* Para Martín Endala, en establecimiento Las Violetas, zona de Treorki, se le comunica que la gente para realizar los trabajos irá el martes 30.

***


Notas escritas al dorso de papel usado:
con rayas o blanco, obra o de carta.
La variación de la hoja donde se lee:
Iba en bicicleta por una calle
que terminaba en una escalera.
Mensajes en un cuaderno cocido,
pegado o con espiral
*. O en una libreta.
Tocaba el papel. Parecía un material extraño
*.
Tenía la impresión de estar escribiendo el libro equivocado.


* Para Sebastián Mendoza, en zona de Camarones. Sus hermanas le comunican que apareció el cuaderno. Aquí todos bien.
* Mensaje para el señor Intendente de Lagunita Salada. Luis Gallardo le pide entregar los papeles lo antes posible.
Trece horas, siete minutos. Primera pausa.
***

La camioneta
* no va a más de cien por hora,
el ripio rebota contra los guardabarros y el chasis,
la tierra, que parecía volar, empieza a filtrarse al interior de la cabina.
Una piedra golpea el parabrisas y graba cientos de cuadrados,
triángulos y un hexámetro por donde puede verse
la figura imposible: liebres a la fuga como presos políticos.

* Para Elvira Cruz, en Talagapa, Fuentes le hace saber que hasta el miércoles o jueves no puede viajar porque tiene la camioneta en arreglo.
***

La falta de sintonía impedía escuchar a alguien
que hasta ese momento había guardado silencio.
Las palabras se deslizaban horizontales,
la voz tenía la cadencia del paseo por el valle,
el que me trataba de usted decía interrogar sobre los hechos
aunque la conversación, para él, no era un hecho
*.
Cuando pienso en algo, pienso en otra cosa.


* Para Miguel Calderón, en Gorro Frigio, Severino Colicheo le comunica que el viernes va a su establecimiento por lo conversado.
***


Que las frambuesas maduren aunque
todavía no sepa quién las va a recolectar.
Pensé que serían de color fantasía, nos perdimos.
Entramos en chacras equivocadas, volvimos a la ruta.
Bajamos del auto, seguimos a pie por un camino de tierra negra.
Al principio no las veía,
estaban cerca de unas hileras de álamos
*
que contradecían el garabato de los arbustos.

* Se compran álamos en pie. Comunicarse con el teléfono 456912. Preguntar por Davis.

***
Como una extensión de la flota de ría
amarrada al muelle del puerto hace semanas,
pasamos el tiempo escuchando la radio.
Las descargas eléctricas coinciden
con la rompiente de las olas
y la espera
* de la próxima ola
nos hace olvidar la otra espera.

* Últimos mensajes.
Para Victoria López, en Playa Unión, se le solicita que espere en ésa.
***
Un poco después de un corte de luz, irrumpe una de las clases de silencio. Pasados los segundos de andar a tientas, algo en lo que rodea la memoria del oído resuena todavía como una tableta efervescente sumergida en el agua, hasta que el chasquido del fósforo lo apaga*.
* La Cooperativa Eléctrica de Dolavon informa a los usuarios que, por motivo de tener que realizar la habilitación de una nueva línea de media tensión y el reemplazo del transformador de la subestación aérea de Edison y Colombia, procederá a efectuar el corte de suministro eléctrico mañana, entre las veinte y las veintidos horas, aproximadamente. Este corte está sujeto a condiciones climáticas y/o de fuerza mayor.
***

La duda que precede al viaje se parece, como una mata a otra, al vendaval.
Quizás por la tendencia a moverse que le da su armazón o boceto de ovillo.
Al costado, extendida
*, sin puntas, apenas transpuesta por el viento,
la meseta.
Siempre es después cuando me doy cuenta de que estuve en ese lugar.

* La comuna rural de Los Altares solicita a los habitantes de la localidad, propietarios de canes y caballos que deambulan por la vía pública, que por favor los mantengan atados a fin de evitar accidentes.

***
Éste era el recuerdo tan patente,
el que hasta recién se encapsulaba
en una barra de hielo y ahora
cambia de estado
*.

* Se canjea heladera a kerosén por animales. Deben tratar en Río Negro 15 del Barrio Abel Amaya.
Hasta aquí presentamos una nueva edición del servicio de mensajes al poblador rural. Una similar usted podrá escuchar luego, a las dieciséis treinta. Hasta entonces.




Silvana Franzetti

Silvana Franzetti nació en Buenos Aires, en 1965. Publicó Cuadrilátero circular (Buenos Aires, Casa de la poesía, 2002), Mobile (Buenos Aires, Tierra Firme, 1999) y Destino de un hombre agitado (Buenos Aires, Seis Sellos, 1994). Realiza montajes de sus poemas en instalaciones, como "Poem to read while walking", Universität der Künste-Berlín, en libros-objeto, como Telegrafías (Buenos Aires, La Marca, 2001) y en diversos videopoemas, como Mujeres de la Calle (Berlín, 2005). Tradujo a los poetas alemanes contemporáneos Monika Rinck, Günter Kunert, Hilde Domin y Reiner Kunze.

CARLOS BATTILANA













Escribo como puedo. Siempre depende de las circunstancias.A veces hay períodos en los que hay más calma económica, a veces no. Las circunstancias personales y familiares varían, pero aún así, intento escribir todos los días.
En cuanto al rito de la escritura no tengo mayor superstición.
Por una cuestión práctica, desde hace mucho escribo en cuadernos, que voy numerando, y luego (acaso allí haya algo de superstición) una vez que algunos de esos textos se convirtieron en poemas, guardo los cuadernos en una caja.
Ahora trato de escribir en casa. Cuando vivía en un departamento piso 15 lo hacía frente a una ventana que daba a la autopista, y había como un sordo rumor de autos que no molestaba. Hoy escribo frente a una ventana que da a un pequeño jardín, que también me gusta. He escrito mucho en bares, especialmente en uno de Villa Luro, cuyo clima me organizaba.
Si bien la escritura, en algún punto, trasciende la noción estricta de trabajo, al mismo tiempo es un hecho que lo incluye de un modo específicamente material: creo en esa tarea minuciosa, pequeña, rutinaria.
Encuentro más placer en el momento en el que reviso los textos, en el momento en que comienzo a pasarlos a otro cuaderno. Es una tarea un poco ardua, pero que no me desagrada. Además se me vuelve necesaria, porque es un acto particular, personal de comprensión, en el sentido de que tardo en comprender, o mejor, comprendo lentamente aquello que estoy haciendo. Luego paso los textos a la computadora, y empieza a armarse un libro, o un conjunto de poemas en torno a un título y a una respiración. En realidad, lo mejor, creo que es volver a aquello que se escribió luego de un tiempo: esa suerte de ritmo que genera el acto de escribir se me vuelve más inteligible. Pasado un tiempo, percibo mejor la tensión o falta de tensión del texto.
Escribir, el acto de la escritura, es un momento que se me olvida, o intento olvidar, y que prefiero que pase lo más rápidamente posible: hallo una gran felicidad en el momento en el que me reencuentro con los textos, en que empiezo a armar las piezas de un rompecabezas en el que los poemas hallan su lugar, un lugar que posiblemente sea arbitrario y no previo, pero que coincide con un asentimiento personal que es resultado de un proceso en el que se incluyen factores variados como la reflexión, la respiración, la acústica y seguramente las obsesiones.
Escribir es un aprendizaje de algo inasible que quiere tomar el lugar de una forma. Por lo tanto, es una tarea que nunca alcanza.
Por eso escribo, para comprender ese acto que nunca se termina del todo y que compromete un aspecto físico notable.
Me parece que cada uno tiene una enciclopedia de imágenes, olores, sensaciones de todo tipo, recuerdos explícitos, algunos flotantes, otros más adormecidos, y eso es el material de la escritura. Una especie de música del presente y una música de la memoria encuentran en la escritura un lugar de reunión.
La escritura no sólo es inscripción, y mucho menos "expresión" o "reproducción", sino que su origen, su presente y su porvenir hallan en el sonido su más fuerte conexión con la vivacidad de la lengua. A veces una imagen persistente es su origen, a veces un rumor, un ruido, una frase escuchada en el subte, a veces el vacío del presente, a veces la estimulación del presente. Pero sobre todo, sin tener necesaria relación con que si lo que se cuenta es o no extraordinario, la escritura poética se conecta con lo extraño, o mejor, con un extrañamiento de la mirada que torna las palabras en un poco más densas.
Carlos Battilana
POEMAS DEL LIBRO "LA DEMORA"

1.- La demora


III

Para no decir
que esto
es esto otro,
para no usar palabras
que los escribas cansados
se permiten
sin acertar,
retomo aquella huella,
este minúsculo aire
que el bosque
con su razón
reclama. Voces,
ruina cuyo origen
no es un hecho
sino la hiedra preciosa de la
Constancia.

IV

Sabe que el aire
reúne lo que del parque
queda. Hojas, ramas, plantas
minúsculas.
Con tinta
indeleble
dibuja una línea
que sus ojos
no ven. Traza, fija,
recoge. En un costado
oculta
con cierto equilibrio
acontecimientos pequeños; su nombre
resiste apenas, sueña
con las voces que la infancia
ha perdido. Traza.


El cielo

Mi hijo está allí.
El cuarto le pertenece
y yo
no hago
más que atrasar
el temor. En este lugar
donde los hechos avanzan
donde la casa
parece
una tundra llena de voces
¿dónde reposa el ruiseñor?
¿en qué modelo
basa su canto
el triste? Con los dedos fijos
escribo esta letra
aquella otra, esta
de más acá. A través de un agua sin sabor
el hilo de la costumbre abrasa
y me recibe
en su cielo.


Los días antiguos

Sentado
como una cosa,
estático, sin énfasis,
lo que resulta cierto
son los días. Miro
hacia atrás,
hacia los días antiguos. Ayer
he visto
una muerta. Pero no
una muerta más.
Una muerta
posible.
De chico
seguramente
me ha acariciado
con vaga ternura
y en esa lógica
precaria
ha consistido su vida. Es eso
lo que sé.

Recojo mis papeles, junto
mi ropa; con el tiempo
todo lo inútil
se vuelve
objetivo. Está bien el equilibrio.
Otros creen
mucho. Yo poco.
Antítesis. Metáforas…
Formas

En el círculo cerrado
que el viento atrae
en esta pequeña habitación
protegida de tumultos y escarcha
¿por qué será
que ese duro sonido de la ciudad
separa
como una ínfima línea
la materia
de sus palabras?
Si las palabras
derivan de las cosas,
si las letras
-como signos helados –
provienen de una plena
sustancia
¿qué será ese mínimo indicio
de los objetos, de las formas,
de esa materia
que se resiste?

El viento

Toco con mano indeleble
lo escaso de la materia.
En mi habitación
retiro a mis hijos, los abrazo,
les recuerdo
con palabras pequeñas
que el viento
es indestructible.
Brilloso como un témpano
el día
persiste
aquí, allí. Sin cansancio
recibo el deterioro
como una forma de avance.

2.- Viajantes
El aire de invierno
Vuelve el invierno.
El sol
deshace su fuerza.
Sé que no puedo esperar. Vuelve
la mayoría del invierno. Nos protegeremos
en la TV, en la pequeña
escena
de lo cotidiano. Sin poder
administraremos la energía.
En lenta procesión
la voz del teléfono
se demora
y sangra
por su herida. Adiós,
estrecha hierba
de la invención. El verano
fue
esa aguja sutil
que la lentitud
destroza. Parte
de tu espera
se acumula
en el pecho. Aire
que el mar
no ha concebido
suficientemente. Espacios. Refugio.
Movimiento.

Sujetos

Hay ruido. Algunos ruidos
que el murmullo
transforma
en son. Oís voces,
quebrada la cintura,
tu piel, el lento cardo de
tu piel, permanece abierto al sonido
de lo bello. Besar lo que de mí
queda, y hostigado por
no saber, tu mano transparente me compone.
Yo, o vos. El lento ardid.


Nieve

¿A dónde está eso
que la materia
desea? ¿A dónde
permanece?
Objetos, maderas,
la cordillera de los Andes
que no veré
sino oculta. No habrá nieve
desde lo alto del avión, sólo
la oscura respiración
de los viajantes.


El Estado

Leo a Pasolini, ordeno.
Autos, colectivos en derredor. Todo
permanece quieto. También
mi cuerpo. Años atrás
por esta calle del frente
mi hermano y yo
viajábamos,
entendíamos el mecanismo
del país. Hoy
todos sonríen. Asumió
el nuevo gobierno,
las cosas están
en paz.
La poesía
no es
epifanía
ni un recuento
de revelaciones. Eso
es falso. Calibrar
con precisión
aquello
que como un gusano
roe
lo más preciado
del dolor, ésa
parece una forma
de decirme
puntillosamente
que no todo
está en paz.

3.- Paseo


Aparición

El árbol negro
con palabras y hechos
desata
su extraña aparición.
Entre obreros
salidos del mar
hacemos otra cosa
distinta
a clavar
u obedecer.
Recién
en el laberinto
aterido, solo,
la lenta ineptitud
adquiere
fuerza, sentido.
Agua
y sabor
retienen tanta angustia.
Aquí, allá,
a la vuelta
resplandecen
los grandes días.


Cobre

No escribo. Sólo
junto palabras.
Los ojos de Adriana
calculan su espera
y el cobre que obtendrá
es cuestión
de la naturaleza.
La cultura
no es más que información
y el término "amor"
parece una alquimia:
entre este punto y el otro
el flujo
resultó
sexo conveniente.

Objetos



En esta playa mis pies reposan. El agua recubre con espuma el hueco de los dedos. Como una caligrafía sin voz, recojo este poco de arena, y razono, con cierta calma, sobre los objetos. Entre este punto y el otro, entre esta cosa y el polvo que la recubre, ¿qué transparencia resiste?

Leyenda

Hay muros que los vientos han deshecho. Un hombre observa por sobre los árboles lo que separa el bosque de la ciudad. Si tocara el camino, sabe que se volvería impuro.
La brisa recorre el lugar. En el círculo ardiente, su indecisión es una forma de la memoria: la forma en la que trabajan sus ancestros. Domina el paisaje, silenciosamente, y sus ojos asienten sin ver.


Paseo


Las hierbas son como luces encendidas: el viento trabaja y desvía sus partes minúsculas. No me dedico al placer, solamente a apoyar con mi hija el cuerpo en la arena. Nos abrazamos, y vemos a lo lejos, sobre la línea del horizonte, los árboles perdidos. Acompaño a Sofía a correr, hacemos cosas con la tierra, acumulamos piedras y ramas pequeñas. Sin saber si el viento va o viene en dirección contraria, respiramos, reímos con leve sonrisa, reconocemos en la extensión la tibieza del momento.
Hombres
En esta habitación
atascado por los papeles
y las palabras
me obligo
a trabajar.
El cielo está gris
la ciudad
parece
una tierra de nadie.
Mi hijo mi brazo mi cuerpo.
Dame agua, un poco de sed,
ilusión
ante la espera.
Pues bien
deletrear palabras
cavar un pozo
decirse al oído
susurrando:
el temor
no hace
hombres.

POEMAS DEL LIBRO "EL LADO CIEGO"

Siglos

para H. C.

Lo que está quieto, parece una sombra helada. Lo claro del bosque, lo oscuro del monte, lo que parece perdurable se torna, lentamente, unas cuantas palabras. Si es verdad que el pasado se vuelve destructible, aquel que reverencia la tradición ha dicho acerca de su casa atestada de libros, en un gesto casi final: "Hay que ir deshaciéndose de ellos."




El lado ciego

Por poco inclina su espalda. No tiene perdón ni sentido su pasado. Si pudiera, se iría a un lugar liviano, extenso y apenas movible. No sabe oír, ni tampoco mirar. En su trayectoria sin filos, sus reveses fueron internos. Si pudiera aplastaría con hielo todos los días. Los quemaría.

Propiedades

Se mira en el recuerdo. Esconde sus manos, sabe que le ha tocado un peso intraducible. Escribe antes de que las voces de la razón le digan qué hacer. Se pliega, reduce sus palabras al mínimo. Extrae de su silencio algo de paz.


Letanía

Sabe que el viento toca sus manos. No sabe si Dios está o persiste. Por no preguntar, demora el paso anterior. Como avanzan las horas, así las palabras. Brutalmente.

Manchas


Mira por la ventana, y sólo ve el movimiento de los autos. El movimiento es algo que se ve, y ¿los objetos?…De los objetos queda una suerte de mancha gris.
Signos

Con las letras de las palabras, ordena el mundo. Pero el mundo está hecho de materias, de desvíos, de bloques irrespirables. En ese afán de que las cosas se acomoden a su percepción, se halla, insensato a los signos del mundo.


Carlos Battilana


Carlos Battilana nació en Paso de los Libres (Corrientes) el 19 de septiembre de 1964. Reside en Buenos Aires. Publicó Unos días (1992), El fin del verano (Siesta, 1999), La demora (Siesta, 2003) y El lado ciego (Siesta, 2005). También una selección de sus poemas se publicaron en Una historia oscura (Ediciones Deldiego, 1999). Poemas suyos aparecieron publicados en diversas antologías (Poesía en la fisura; La voz del erizo; Poesía argentina año 2000; Poesía en el subte; Antología Zapatos Rojos; Hotel Quequén Poesía), revistas (Diario de Poesía, Vox, Hablar de poesía, Tsé Tsé, La Mineta, Crisis, Paredón, Blanco Móvil, El perseguidor, Carpetas de poesía argentina, La Carta de Oliver, entre otras) y suplementos culturales (Clarín, La Nación, entre otros). Es docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires

LIA COLOMBINO














No tengo rituales de escritura. No tengo momentos ni lugares específicos para escribir, a no ser en mi escritorio que siempre está desordenado (con papeles, libros, vasos, platos, etc). Tengo también dos cuadernos, uno grande y otro pequeño con una goma que sirve de cerradura. A veces escribo en hojas sueltas que encuentro por ahí, en cuadernos que son para otras actividades y donde después me encuentro con sorpresas (siempre olvido lo que escribo en esos lugares y después leo aquellos pequeños textos como si no fueran míos).
Mi escritura (me) sucede y después, en ciertos momentos, me siento a trabajarlas.
Generalmente de noche.
Nunca tuve planes de escritura, aunque en el último tiempo he escrito algunas cosas que sí obedecen a algo. La escritura sucede a partir de palabras. Ciertas palabras que se me ocurren y que después, no pocas veces, repito en voz alta. Algunas veces, cuando estoy haciendo otras cosas o cuando voy de un lado para otro. Cuando estoy en tránsito. Trato de retenerlas y después prosigo. Otras veces, la escritura viene del estado de ánimo, otras se convierte en un regodeo en torno a algo, en un rodeo. Rodear lo que se quiere decir, todo el tiempo.

Lía Colombino

POEMAS DEL LIBRO "CAVIDADES AUSENTES"

La oscuridad traga su propia cola,feroz de haber sido alguna vez.
Todo quema y se derrama
en fuego líquido
y sueño todos los cuandos juntos.
El hermano no es otra cosa no
Se mezcla el tiempo y algo
como ráfaga
entra por la ventana y quiere pegar,
matar muriendo.
Los ojos se abren
en calor licuado de siesta sin ser.
Gotea la sangre
como panza abierta de niños
y estrangulo pensamientos
sólo para ver si adentro tienen el color de la piel.
***

Abrió el viento dos vecespara después poner su mano fría
dentro del río

Cargó las nubes que se mueven rápido
se las llevó
Escondió el norte

Ahora camina
sobre hoja vacía
***

Mucho antes del comienzohabía algo
El dedo de los que ignoran
señalaba el fuego
Y lo demás era solo arena
Después vinieron los días quietos
y el reparo
para llenarnos como a recipientes
Luego
cargaremos con todas las palabras
Mantendremos en secreto su peso
Lo sé, mis ojos tardarán en partir.

***Me perdí en esa mirada ventalDe la víbora que recorre el piso
de mi casa
o en esa bocanada feroz
o en la tormenta carmín
de una noche enfundada
No dejo entrar ese viento
que sonámbulo me toca
No quiero ser columna
***
POEMAS DEL LIBRO "TIERRA DE SECANOS"

Paraguay I

La trampa siempre llega en barcos a vela
Siempre
Los tentáculos mandaron patrones
omóplatos
redes con alambre y sal
Hoy crece roca en vez de pelo
Ahora
láudano errante somos.
***

Una madre grande se muevea orillas de un mar calmo
Da vueltas
con niños que le cuelgan
Niños mudos / azules
clavados a su cuerpo
Amuletos
***

Paraguay II

Estamos que sangre y miedo
Estamos a garganta tapada ya de tanto intento
Estamos que matar niños
sería un gesto de urbanidad.
***

Paraguay V


Antes que lejos
mejor no haber estado en ningún lado
La tinta juega a ser sangre
a veces
Mis manos deben servir al menos para esto


POEMAS INÉDITOS

Me llevo. Un lugar de sombra recibe mis dedos, ellos llegan primero. Escucho mi voz, la sigo como se sigue una flecha disparada. Las direcciones se bifurcan.
Cae un velo –salvavidas para la vigilia.
Reconozco el lugar ahora, todo se llena de ranas y no puedo soportarlas debajo de mis pies. Quiero salir. Una mano aprieta mi pecho con la fuerza de la noche. He de quedarme –pienso. Entonces cierro los ojos y el sueño sueña con peces calvos.
Me pierdo. Ya no recuerdo cuantos ojos debo abrir. Miro mis dedos que se están yendo de nuevo, son ramas largas. He de quedarme –digo. Mis pies cavan las piedras. He de quedarme. Así, plantada.


***


Vengo desde el susurro donde ver es construir insectos con las manos – yo sacaba raíces todo
el tiempo y me acurrucaba – Hoy – que vivo en los huecos de un tiempo que cuelga todos los después – me acomodo – surco los pelos que crecen en los brazos y no encuentro sitio – no veo – ya no encuentro sitio – he venido desde el susurro – allí ver es construir insectos con las manos.

Lía Colombino
Lía Colombino, nació en Asunción, Paraguay, en 1974. Publicó Las Cavidades Ausentes, Cuadernos de la Ura / Editorial Arandura, Asunción, 2000; Tierra de Secano, Cuadernos de la Ura / Editorial Arandura, Asunción, 2001; El Resto. Lo subyacente poético en los ensayos de Walter Benjamin, en: Escrituras en Tránsito, Textos del Seminario sobre Estudios en Crítica Cultural, Parte I, CAV/Museo del Barro – Fundación Rockefeller, Asunción, 2004; El hartazgo de la palabra. Un ejercicio de escritura, en: Escrituras en Tránsito, Textos del Seminario sobre Estudios en Crítica Cultural, Parte II, CAV/Museo del Barro – Fundación Rockefeller, Asunción, 2005; Proyecto Auricular, Audio-plaquette en co-autoría con Javier Palma, Colección Ex Machina, Ediciones de la Ura, Asunción, 2006. En el año 2000 participó en la creación del proyecto cuadernos de la Ura, actualmente Ediciones de la Ura, que consiste en la publicación de plaquettes, libros de pequeño formato y tiraje reducido. Desde ese entonces, también coordina talleres de escritura.

FLORENCIA FRAGASSO
















Siempre escribí en cuadernos, el primero a los 9 años. Son una especie de diarios en donde escribo cosas que pasan, sueños, pensamientos, y poemas. O más bien esbozos de poemas. En general uso dos cuadernos en paralelo, uno lo dejo en casa, y el otro, que yo llamo "libreta de paseo" es el que saco a la calle, tiene que ser liviano, pequeño, práctico. El cuaderno que queda en casa dura mucho, apenas lo uso, en cambio la libreta de paseo tiene una vida muy activa. Es importante llevarla siempre porque yo no escribo voluntariamente, más bien los poemas llegan, vienen medio armados, me asaltan. No los busco. No puedo sentarme frente al cuaderno y voluntariamente ponerme a trabajar. Creo que lo que realmente me inspira es no estar concentrada en la escritura.
Escribo básicamente en dos momentos: cuando estoy viajando o cuando estoy traduciendo, que es casi lo mismo, el movimiento de un lugar a otro, de una lengua a otra.
Muchos poemas empiezan como anotaciones al margen de una traducción, o en el subte, tren o colectivo.
En bares sólo leo, no puedo escribir quieta.
No la escritura en sí, más azarosa, sino todo lo que la rodea, se volvió para mí un ritual.
Cada vez que termino un cuaderno, lo fotografío de varias maneras: solo, con otros cuadernos, con diferentes luces, ángulos, etc.; y esas fotos a su vez son archivadas, como los propios cuadernos. Hay cierto afán coleccionista, supongo. Los cuadernos son todos diferentes en sus materiales, texturas, colores, diseños. Hace unos 10 años los empecé a fotografiar como objetos, usándolos un poco de "modelo vivo" para mis tareas de un curso de fotografía que estaba haciendo. Y sin querer se fue convirtiendo en un eslabón indispensable de este proceso: escribir en el cuaderno-terminarlo-fotografiarlo-archivar las fotos, que, de alguna indirecta manera, es mi proceso de escritura. Pero en el momento puntual de escribir un poema, no hay ninguna ceremonia. Siempre escribo mejor por la mañana, soy clara. A la tarde, a eso de las 2, me vuelvo improductiva. Tipo 7 vuelve una chispa lúcida pero cargada de ansiedad, sin frescura, terreno nada propicio para que nazca un poema, tengo que hacer cosas más sociales. Y la noche sólo es buena para dormir.
Primero viene un poema, luego otro, llegan en fila. El plan viene después. Me doy cuenta de que muchos poemas giran en torno a lo mismo y entonces reconozco una obsesión. Hay algunas, como la traducción y la relación entre distintas lenguas, que están siempre presentes.
Luego hay obsesiones más cortas y más puntuales, que tienen un tiempo, una fecha de vencimiento. Entonces se van armando las series. Y una vez que tengo una serie de 7 u 8 poemas que van para el mismo lado, entonces sí ya trabajo sobre ese tema, y los poemas que aparecen van en esa dirección, porque sí, porque tengo la mente enfocada. Es como una fidelidad natural. Cuando me concentro en un tema no salen poemas de otra cosa, simplemente no tienen lugar. Ahora, cuando se acaba, se acaba. Y a veces entre una obsesión y otra ando boyando meses sólo escribiendo en el diario las cosas que pasan cada día, o pensamientos, pero nada con forma de poema. Cuando algo aparece en forma de poema me indica que se está gestando una obsesión, es un síntoma. Después miro de qué se trata.
Con el tiempo estoy aprendiendo a entrenarme en la corrección, que sí es voluntaria y exige un tiempo. Me cuesta, pero lo voy haciendo. Y eso es primero en el papel, sobre el poema impreso, y luego en la máquina. Aprendí la corrección en talleres, en principio no puedo hacerlo sola, tengo que escuchar a otra gente, dar mis textos a leer, aprender a corregir textos de otros. Esto es necesariamente grupal. Y ahora no creo que la corrección sea un condimento, como creía antes, sino una parte fundamental del proceso de escritura.
Los poemas vienen de golpe, como recuerdos, me gusta por eso lo que dice Clarice Lispector: "escribir es, tantas veces, acordarse de lo que nunca existió".
Me gusta pensar la poesía como una especie de memoria construida, tejida alrededor de recuerdos que asaltan el presente. El recuerdo duro, en general en forma de imagen, es el carozo de una fruta, el poema, la pulpa que lo rodea.
Florencia Fragasso
POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "LAS MUDAS"
Alejandra dijo después
de unos días medio mustios
volví a salir
y al escuchar su haiku se cayó
una flor de cerezo
sobre mis notas
con rapidez muevo los dedos
la pliego
la doblego, se empiezan
a oxidar algunas puntas

***

Julián dijo que la luna
tiene mares secos
como llanuras en el aire:
chato mar del néctar, de la
serenidad, de la
fecundidad
pero que mar lo que se dice mar
es un decir

***

es la memoria
el material con el que hacemos las cosas
siempre
lo dice, mueve
los dedos prendiendo
una lamparita imaginaria
en una época creí
que las luciérnagas
(también) eran cosas
que inventaba Gonzalo

***

roncos caen pero frescos
los dichos sobre el mantel inexistente
en una mesa redondita y metálica
comentamos el casamiento de la amiga de una amiga, procuramos
ser graciosas y crudas
a la vez
"esa es la pesadilla de una
de todas
que un día se levante y te diga
amo a otra"

***

Vanina dijo
que Clara dijo
últimamente
hay una burbuja inmobiliaria
y ataca la ciudad de madrugada
moviéndonos las pecas de lugar
mi lunar ha mudado
de parcela en la piel,
una calle de agua
atraviesa ahora las paredes
y cuelga vertical desde mi baño
en una bola de vidrio
flores de nieve
mientras la casa se encoge, devorada,
y vuelve diminuta

***

cada durazno tiene su tesoro
como llevamos, cada uno,
"el rozar de nuestras piedras en la mano"
tengo un parquet en miniatura
escondido adentro de un durazno
el carozo es un mapa
de rías profundas
joya lustrada
como cuando aparecemos en el sueño de alguien
y no nos enteramos

***

El día de la boda, desde temprano,
el ramo ocupa un lugar considerable
en la heladera
Lo llevamos en auto
hasta la iglesia
en una caja de telgopor
acondicionada con bloques de hielo a los costados
como quien va de pic-nic
en familia
y se refresca
El ramo va entre nosotras,
la voy maquillando en el camino,
"no me llegues a poner
sombra celeste"
Ahora ella colgó su ramo de novia boca abajo
prendido de los barrotes verdes
de la ventana del patio
para dejarlo secar
y llevárselo a Hungría
Por la noche sueño que el ramo
en cuclillas
se va solo

***

La flor se llama mutisia
-así con ese
como los vientos alisios-
y es de la nieve
viene en blanco, naranja o lila
el médico te la recomendó
después de revisarte,
tomarte el pulso y preguntarte
sin querer pecar de entrometido
si tenías relaciones sexuales
con una pareja estable
es perenne, rizomatosa
bilabiada y dimorfa
te palpó, te derivó
a otro profesional para otro día
mientras tanto las flores
y sonrió
Florencia Fragasso

Florencia Fragasso nació el 27 de febrero de 1975. Se crió en Banfield, provincia de Buenos Aires. Estudió Letras en la UBA. Publicó poemas y traducciones de poesía en las revistas Tsé-tsé, Vox, Hablar de poesía y Pisar el césped.
En 2004 publicó la plaqueta Poemas de la observatriz en la colección Arte Plegable, con ilustraciones de Bernardo Zeissig.
En 2005 publicó el libro Extranjeras, editorial Gog y Magog.
Actualmente, trabaja en la preparación de un nuevo libro de poesía, Las mudas, y en la traducción de la poeta norteamericana Marilyn Hacke.

AGUSTÍN CALVO GALÁN

















Necesito música, siempre he necesitado música, no soporto el silencio de la casa. Nunca pude leer o estudiar con tranquilidad en las bibliotecas, en medio del silencio del pasar de las hojas, de los pasos perdidos, de las conversaciones en voz baja. Necesito música también para escribir. No tengo un momento del día preferido para escribir, a excepción de la noche, no puedo escribir antes de irme a dormir o no dormiría.

Puedo escribir en cualquier lugar, directamente en el ordenador o sobre el papel, viajando o tranquilamente en casa.

Ciertamente a menudo necesito saber de antemano sobre lo que voy a escribir, tan sólo como un plan nada determinista, pero sí una tendencia, un significado, un camino por el que voy transitando y voy modificando a medida que lo escribo.

Una vez escrito el poema, me gusta que descanse un tiempo, en el reposo y la sedimentación surge la verdadera poesía. Después, más que corregir, en numerosas ocasiones recorto, añado o incluso reescribo. De todas maneras no me gusta estar corrigiendo constantemente. Cuando doy por finalizado un poema se queda así para siempre, necesito ir acabando cosas para poder comenzar otras nuevas. Cada vez soy más consciente de la limitación de mis palabras escritas y por ello voy ampliando mi campo de acción gracias a la grafía creativa, la poesía visual o el poema objeto. Ahora las imágenes van y vuelven, hay un camino hacia la ampliación del campo de la escritura con la inclusión de técnicas, digamos, artísticas, y también un camino que vuelve a las palabras escritas para expresar el significado de una manera clara; y cada vez mis poemas son más concretos, más sintéticos, necesito palabras de una exactitud imposible, que signifiquen por encima de todo ¡que signifiquen!
Asimismo, intento, en la medida de lo posible desligar vivencia de poesía, casi de una manera programática. No entiendo la poesía como experiencia vital, la entiendo en sí misma. Es por ello que trabajo por una poesía que signifique, no que emocione o que reviva nada, simplemente.

Agustín Calvo Galán


POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "ALTER EGO"

ESPEJO

Me arriesgo, nada me refleja tan
infielmente
como este abecedario
desordenado.

AUTOR

La generosidad
no tiene precio, sólo imaginación.

LETRAS

No haber resuelto nunca
definitivamente
ningún autodefinido,
para mayor gloria de los cuadrados
en blanco.


AUTORIDAD

Construyo obstáculos deseados
y con amor los destruyo.

ÁLGEBRA

La suma de significados
no altera la insignificancia

INTRASCENDENCIA

Mientras transcurre la poesía
se desdibuja lo que voy escribiendo.

FIN

La incertidumbre
es desconocer
la siguiente palabra.

POEMA DEL LIBRO "LETRAS TRANSFORMISTAS"

XV

Prescindir de lo propio
no por propio o por impropio,
sino por enteramente ajeno.

Agustín Calvo Galán


Agustín Calvo Galán nació en Barcelona el 1 de agosto de 1968. Ha publicado los libros de poemas: Vendimia de versos, un viaje poético a través de las tierras del Duero portugués (2003), y Letras transformistas, una selección de sus poemas conceptuales y visuales (2005). Su obra como poeta ha sido recogida en diferentes ediciones especializadas, tanto en su versión literaria como visual (Poesía Experimental Española, 1963-2004, de Félix Morales Prado, Ed. Mare Nostrum). Colabora habitualmente con el Taller del Sol (Tarragona) en convocatorias de mail-art y es coordinador de la web: http://www.boek861.com/ especializada en poesía visual y mail-art.
gmunter@hotmail.com blog: http://visualpoetry.blog.com.es