domingo, noviembre 19, 2006

GABRIEL RECHES


Los ritos en torno a la escritura son móviles, pero siempre hay adherencia a alguno, o más bien, a la ilusión de un rito que nunca llega a ser como debería, y que de serlo, abriría paso a un poema que, finalmente, tampoco llega a ser como debería. De ese modo, en ocasiones resulta bello y hasta cómodo confundirse y modificar ritos en vez de modificar textos.

Ay, ay, escribís en un bar. Llega un momento de la vida en que ningún texto puede superar la perfección intrínseca y compleja de un licuado de durazno y un tostado mixto servidos por un mozo de blanco en la mesa de madera. En ese momento, el ritual reemplaza al acto de escritura. La poesía queda únicamente como experiencia íntima. Algo que se saborea en el paladar sin que otra lengua logre entrar ni salir. Lo mismo puede suceder con la noche, con las mañanas, con el cuaderno artesanal, las hojas cuadriculadas, el lápiz cuyo trazo nunca es definitivo, el roller y su apariencia de accidente, el viaje en tren, la notebook en la hamaca paraguaya o el reverso del boletín de un hijo. Al fin, el metatexto del rito es la huida meandrosa hacia el ego, la ilusión de una ceremonia de sentido que nos tendría como protagonistas. Después de miles de años de historia, ningún poema fue tan necesario como la rueda.

Desde que tengo hijos escribo con un plan previo. El plan puede incluir investigación, y seguro incluye diseño, estructuración, una especie de escritura por autoencargo. Claro, los planes fracasan. Los textos los dejo y los retomo, horas, días y años más tarde.

Pero rara vez siento que descansan. Siempre corrijo. Corrijo, luego escribo. Forma parte indispensable de mi procedimiento de escritura. La corrección es el momento más creativo de la generación. Es cuando detrás de una hojarasca de histeria, lugares comunes y concesiones de época, emerge la presunción de una voz; incluso, de una voz ajena al autor –a lo que el autor cree o pretende de sí mismo- que es la voz del poema. A ver a ver: la poesía aparece en forma de conceptos, a veces de imágenes. El ritmo viene incorporado como un elemento, o es una tarea posterior de embellecimiento y en ocasiones hasta de oficio cosmético. Sobre mi vínculo: la poesía es un acto cobarde de claudicación; es no soportar la perfección del silencio y el blanco. Lo único que interesa expresar es lo inexpresable. La poesía es, de los distintos géneros de la palabra escrita, el que emprende ese desafío en el que siempre pierde. El poeta se ve una y otra vez derrotado por las limitaciones del lenguaje. Por eso mi vínculo con la poesía es casi como el de un tipo que lleva a cuestas una enfermedad crónica que no lo llevará a la muerte, pero lo acompañará hacia ella, sin elusión posible. La poesía es un mal que hay que aprender a llevar.



POEMAS DEL LIBRO INÉDITO “LARGA DURACIÓN”
larga duración
lado a
- El pacto social (125 v)
un sistema operativo el gobierno
de cada hombre y mujer fuera
factible espacios
recuperar, en otra piel
reiniciarse
segunda oportunidad o millones
cuando las cosas funcionan mal
y binarismo

***

ah, de la memoria arrojar
aciertos de los que vale arrepentirse
nada bajo estilo
aniquilación higiénica
un problema peor
pañales descartables para adultos
pañales para incontinencia con bozal y horca
presentación en bolsa de 10 unidades
(también en packs de 20 unidades)

***

pensando en la comodidad de
nuestros consumidores hemos diseñado
amplia línea de absorbentes
desechables para obreros
desechables con patrones
absorbentes
una opción por cada
necesidad
orden en las ciruelas o negritas con autoestima:
incontinencia moderada; ergonomía para todos

***

el peso de todo lo que no se levanta
por medios propios y del oro se distingue
carga la columna vertebral del asalariado
un ratón sometido a tareas de equilibrio
entre las que hoy destacamos
lucha por el bien común
laucha por el bien común
una rata que no infecta
entrenada en laboratorios
responde a su nombre
o a tres instrucciones simultáneas

*** .

Confederación General del Orto Abierto
sobre pañalines, como fiscalía
condena lo que mientras duermen
sucede. Ni tapado por la mierda
un lugar de trabajo debe abandonarse
cumplir de manera eficiente la atención
al público aún envueltas en el accidente
que genera la obediencia
durante siglos oculto por el cono
de los artefactos
encerrar aquello que el cuerpo tiende
a expulsar en un ambiente de perfume
no son tema para cierre de campaña
de quien se precie candidato a presidente

***

quiénes creen aún
en estados ideales donde el caballo
implanta despotismo benévolo
sobre obreros mientras lee
o navega, Yahoo

***

oh, gel protector
que gelatinizas líquidos
reteniendo en el núcleo
sufrimiento intrínseco de lo que escapa
lejos la humedad
de la colita del bebé
un núcleo absorbente
que impide el desborde
ay, Charles Fourier, 1772-1830
imaginaste a Marc Bolan
como una forma literaria
capaz de violarse a dos menores
así la comunidad fundada en la armonía
tiranía o libertad
de las pasiones
hay quienes al sentir pasión
tienen más poder
para ejercerla que vos y yo

***

y se cuelga
la remera que evoca a superhéroe
arrugada en el piso junto al montículo de chombas
en casa el desocupado que espera
la comida de su esposa que aún no vuelve
a nadie es capaz de cortar las uñas
dos cintas replegables que pueden ser pegadas
cuantas veces sea necesario sin dañar
un mejor ajuste, un ajuste mejor para todos
los otros
de la calle sospechas
una pila gastada en la boca del bebé
es el destino de este paisaje
si tal estado primitivo
no podía seguir subsistiendo
y pronto viene la señora huracán
todo lo malo fuera de aquí
dentro suyo
las cláusulas que prorrogan
esta réplica doméstica del pacto social
mientras algo pasa con el sol
lo que siempre pasa con el sol

***

En un período de 10 minutos, una laucha hace pasar 12 packs y 27 botellas. Estos desplazamientos provocan dolores de columna y pueden desembocar en accidentes de trabajo o eclipses parciales de sol tras la góndola de artículos eléctricos. Los modos operatorios varían de una laucha a otra y aun en la misma laucha, según comience o termine la jornada.
Las más inteligentes adoptan estrategias para reducir la fatiga física y los desastres meteorológicos mientras llevan adelante actividades revolucionarias de las que nadie se entera, como leer el tarot o escribir con rouge robado una afirmación en el plástico beige de la caja: no soy una rata, soy solo una laucha. Tipear con las patas los 13 números del código de barras antes que manipular el producto

***

En el primer día el hombre poderoso inventó la necesidad
en el segundo día unió la ley, el whisky y la mirada
lasciva sobre las hijas turgentes de los empleados del mes
en el tercer día el castigo y los consejeros espirituales
tela exterior impermeable de máxima seguridad
en el cuarto la fuerza pública o el acoso
quinto cárcel, postres refinados y rapé
propaganda gubernamental y familia
el sexto y en el séptimo la tv o el templo casino

***

que las cláusulas de este contrato
nunca hayan sido formalmente enunciadas
no significa que el patrón
sea otra cosa que voluntad general
la dirección suprema que organiza
dormir y despertar del resto
a un pulso que debe ser regular
sin parecerlo
discreta protección a ligeros
escapes de orina
una chica loca postergando curaciones
para saciar el deseo caníbal de una familia
desequilibrios no admisibles y el ser
así establecido que huye
hacia la natural libertad
como rebelión
o malos pensamientos:
el desierto donde va a ser ejecutado el delincuente
para existencia y salud de la sociedad civil
es decir en el restoran del año
comiendo tranquila mi madre rodeada
por sus animales domésticos
una burguesía depredadora
fuente de legitimidad de
cualquier cosa que pueda llamarse orden
cubierta suave con vitamina e y aloe

***

la justicia un pacto
entre egoístas racionales
periodistas comen
cuatro pulpos bolivianos
de una ecología nadie se atreve
a sospechar
barreras antifiltraciòn evitan
escurrimientos por la entrepierna
fraternidad termina en el fuego
por su propia fuerza pasional anulada
un precio razonable en el libre
juego de oferta y demanda
por una escalinata de becas caracol
se deshace la anarquía y éxtasis
acaso sea eso:
prometía libro
de revolución y tengo
un amigo vanguardista
que teme pasar de moda.

***

- Señor Córdoba (136 v)
Foto dos. Luz de asiento.

Hasta pueden contarse estrellas
por la ventana cerrada
el papel de caramelo, su
demasiado ruido y envoltorio.
Hombre que rescata a
su amada de los narcos
en la Película Micro, resulta
que no. No su amada,
solo una chica y qué,
Sr Córdoba en todo esto
algo habrá que provoque
pensamientos universales.
Tal vez el recurso noble de la mirada.
Dónde va toda esta gente que pregunta
dónde va toda esta gente.

Foto tres. Parada.

Gente que va de un lugar preciso a otro preciso.
La experiencia única
Señor Córdoba en el baúl
de un país hacinado de anécdotas
y sin embargo así se puebla el campo.

Foto cinco. La familia en el chorrito.

Aventura señor Córdoba
cómo entre
las piedras se va
quisiera agua
ser incluso
logra fugarse mas
no sabe qué perseguir.

Foto seis. Mirador.

El click de un tercero
capturas, un favor
la escena parecida a
la escena en que querría
reflejado verse.
Nunca frente a la luz ni
exponer las cosas demasiado.

Foto ocho. Casa del árbol en casa de te..

Como primates chicos
se cuelgan justo que árbol
ser no pensaba.
Manchados por la sabia
la edad en los anillos.
Un brazo logra partirse
de cuajo como rama de espinas.

Foto nueve. Cama con flash.

Funda el universo en canciones de cuna
mientras adormece ideas
-que considera propias-
de la muerte.
La paranoia es un examen de belleza
que en la academia llaman poesía.
El silencio que penetra y huye
de orificios nasales más pequeños.
Señor Córdoba y miles de ovejas
ojos al plato mientras familia concilia
todo aquello que en el sueño puede conciliarse .

- El efecto del viento (204 v)

¿Cuántas veces la tentación
de subirse al vagón de un ramal
preciso para bajar
exactamente en cualquier estación
y allí conocer la verdad
de las cosas, fundar una vida
sin sostenes ha quedado
inconclusa?
planos superpuestos
de movimiento en el tren terminan de expulsar
al pasajero por puertas o ventanas
llegar a casa
llegar a trabajo
nunca a destino
vuelve al destino
un nunca llegar

***

si no estaban incluidos como archivo
en el proyecto ni el recuerdo de alguien
si padre e hijo eran gotas parecidas
de las que globos no forman en el charco
si apenas se calcula la vejez
por anillos de corteza o la tortuga
oculta cabeza y extremidad
el paso regresivo de las cosas
superficie que por terror se vuelve piedra

***

día de campo en Florencio Varela
en la estancia del dueño
de un laboratorio nacional
a punto de quebrarse
hierros clavados en el suelo
el fuego que miran familias del salario
carne y los chicos corren
en círculo por ahí
el padre conoce de su afección
cardíaca hace dos días
viento distribuye el perfume
de choripanes y flores
causa de muerte años después
incrustado el cuerpo contra un camión de basura
excluida de la escena
resiste el corazón
el efecto del viento
la estructura que rodea es débil

***

al tomar agua y azúcar
en ocho vasos uno al lado del otro
sobre la mesada llenos al ras,
que el organismo genere
el reflejo que necesita
así deberían volver
al mundo que pertenece a todos
de la intimidad del tubo digestivo
cuatro peras grisáceas
sumergidas en almíbar
que despertó sospechas
qué ocasión para medir
el pulso en que transcurre la infancia
un corazón late
no con miedo a morirse
intoxicado por efecto del botulismo
un corazón late ahogado en la desdicha
sometimiento
a la orden del amo y después
no correr ni un poco en la clase de gimnasia

***

papa qué es yuyo, contesta lo que llega
sin remedio, con la fuerza de una premonición
lo que no debe regarse
paulatino se embute al deseo
tipo de un césped cortado
yuyo lo que de facto se desplanta
enseguida vuelve a echar raíz
yuyo es lo que mirás hijo,
por la ventana, lo que baila
en las vías al costado
porque ha crecido en demasía,
sufrido, el yuyo siempre viene grande
y el efecto

- Diente (350 v)

Un perno y corona perdidas equivalen a
-cuatrocientos kilos de pan
-noventa raciones de comida
-gasto anual de escuela de frontera
-cuatro barbies fairytropias
-dos bicicletas
-mesa ratona
-pacto con el fondo
***
Querido diente:
Nada de esto que voy a escribirte sobre un papel que luego introduciré hecho un rollo en una botella de gaseosa light, para arrojarla al estuario del que te fuiste escurriéndote de las reacciones tardías de mi boca por retenerte; opaca el dolor y la vergüenza cotidiana que experimento por culpa de tu ausencia y también, cabe decirlo, por otras cosas que no diré.
No sos un diente. Sos apenas si todavía estás y quién sabe cómo y dónde, la materialización imperfecta de la idea de un diente que estuvo y del cual ya no se conocen rastros salvo la forma escultórica que la falta imprime junto a los esfuerzos de un técnico odontológico y sus elementos baratos pero nobles.
De ese ahínco de doble orden por reponer y a la vez denunciar, de ese intercambio comercial que supone el desembolso de dinero para recuperar cierta capacidad funcional junto a un objeto que debe parecer un bien, naciste.
Eso no te hace menos querido, al contrario. Uno no valora a los hijos hasta que los mata y entonces para el pesebre solo quedan fotos, que en adelante serán amadas más que los propios hijos cuando el tiempo de amar era el que corría.
No estoy seguro de que puedas regresar por tus medios. Desconozco si el perno se permite, después de dos meses de inmersión, funcionar como aleta o pata de cangrejo que a los saltos alcanza alguna orilla, una piedra de la orilla en la que el sol pueda secarlo.
No voy a reemplazarte por otro. Así dicta el humanismo. Un original se reemplaza con una copia, pero la copia no se reemplaza con nada.

***

Si el agua separa o une
puede resolverse en cartas
familiares o
discursos de fin
de ciclo, inauguran
sociedad binacional de
fomento a la anestesia
parece inclinada
hacia otros verbos el
agua chupar tragar
escupir devolver
invadir retirar
escapar, bañar, romper
sin voluntad
jamás unir, sí aproximar
fragmentos de dos
cosas que difieren
hasta la igualdad se lima
es el concepto sano de erosión

***

Hay algo que gravita
sobre un centro propio
que en las tardes más apacibles
también se ubica en el fondo
el universo entero puede verse a la vez
atraído hacia el mismo punto
con las demoras que en cada caso
el agua plantea y así
sobre la frontera que parte
la noche al medio
surge la duda aquí
donde todo fue partido en dos mitades
el paisaje o la cancha de tejo

***

Dibujá en la arena con un palo o tus dedos
sobre o bajo relieve, con o sin agua
grandes o pequeñas figuras
bélicas, amigables, a varias manos, de un trazo
como los perros cavan
el agua se las lleva y reproduce
en otra orilla
junto a envoltorios de comida y
anillos de mujeres que extravían
el trabajo
una noche dura y tribu sabia
intercambia mensajes a distancia
sacando provecho del fenómeno
mentiras del padre para cargar al mundo
de un efecto al que supone poético
y que pulverizó la ambición
de toda una manada de directores de cine

***

el deseo de los hijos que hablan es una tele
14 22 am
cielo despejado
temperatura veintidos grados
a los quince de longitud oeste y cuarenta de latitud sur,
medio cuerpo del padre
medio de la madre
sumergidos en agua por presencia
de microorganismos turbia
pero de lecho parejo,
él tensiona los maxilares
se enrojece y después un no
de final prolongado, se pronuncia
a lo jasídico, en intervalos
que algún dibujo describirían
sobre el pergamino ortodoxo
de sus raíces familiares, molares
el temblor de un maxilar
se entrega al hijo como a una bolsa
repleta de frascos vacíos
la mejor versión de ella es alguien dominado
por el desconcierto
en cuestión de segundos generalizado
lejos nadie en el balneario
explica qué pudo perturbar
la inquietante armonía de la escena
-familia tipo inundada hasta la pantorrilla—
y cada quien a su modo
se rinde ante la evidencia:
movimientos groseros del padre
que gatea con dificultad
acaricia el fondo
retiene algo que se escurre justo
cuando el llanto
del hijo y con las olas
la hija conciben
un nuevo modo de hacer música

***

Bajo toda acción aceptada
se desarrolla con distintos grados de pericia
otra acción que no puede publicarse
el que simula hojear el diario para ver libre
culos de chicas menores o mujeres embarazadas
el que se entrega al vaivén del transporte
para apoyar su miembro contra cualquier macizo
el que guarda la ginebra en una bolsa naturista o
trafica estupefacientes refugiado en
asociaciones benéficas, el que escribe
las memorias de un moribundo para quedarse
con parte de la posteridad
el que junta caracoles en la playa mientras espera
que el agua le devuelva un diente

***

La vida y la armonía universal
—que las cosas funcionen como hasta ahora—
obedecen a grandes leyes físicas
y a pequeñas
casualidades coordenadas.
Del lugar que ocupa una llave partida
enterrada en el jardín por accidente
pende el equilibrio de todos los
objetos apilados en la casa.
Así la desaparición de la prótesis
en el umbral del padre que no ve
más allá de sus ojos ni logra
perforar la oscuridad del
agua que baña a sus hijos
derriba una estantería auxiliar en
la biblioteca de la universidad pública
y alteraciones diversas
provoca en la conducta de los miembros
de una secta con guías inválidos
y sede en tres capitales de Latinoamérica

***

Qué pudo hacerse de él.
Está en Africa.
Ya fue encontrado
por un manco.
Yace enterrado diez
centímetros bajo los hijos que juegan.
Lo tragó un pez
luego atrapado por red de poca monta.
O entre rocas el agua
lo lima en silbidos
mientras vuelve irreconocible

***

Por sostener a la cría
el padre obtuvo un nuevo agujero.
Exploraciones ergonómicas
ocultan de la sonrisa
el complejo de ventanas que hubieran
de llevar la vista al fondo
indefinido pero negro del paladar.
El lecho a ciegas
puede examinarse horas sin éxito
para buscar un pequeño cuerpo igual
a millares en peso y proporción.
Así la mano levanta piedras
del tamaño de uñas o granos de arroz.
La simulación de un juego, la vuelta al nivel cero
el grito de cosas horribles como iupi
y un pedido del padre
a un hijo que no encuentra razones
para festejar mientras la mente
se encomienda al azar
estadística de buena fortuna.
El cuerpo se ha desmembrado y
cada escisión antes unida
a un concepto por fuerza del diente -que sin ser tal
reponía una digna noción del ser,
ahora perdida en el cosmos-
aún sujeta a ligaduras físicas
toma un camino diferente.
Inconmensurable Río de la Plata
el humano prótesis
parece un poste en medio de la ruta.

***

larga duración
lado b

- boludos de blanco (125 v)
el Chico Alérgico
un sentido y un nombre
la infancia dos ramas, dos virtudes
de un poroto que al fermentar germina.
Ahora amigos en la fiesta
agua de pava en macetas vacías,
mirá la escena en diez años
whisky en vez de marihuana
un hijo que haga de gato
algo más que sólo puede
nombrarse entre íntimos

***

un árbol crece en la ventana
que no miro
pero un árbol crece
cerca siempre
de un mundo ajeno
fijo el destino a las ramas que pierde
las que caen para dar
calor ceniza
a una familia de rehenes

***

algo incomprensible da comienzo a la fiesta
los que están y comen carne
grasa de las manos en el pelo
del animal que mendiga
de nuevo el error de una bandera
clavada en el planeta del destino
mirá como bailas con Sandro y
creés ser feliz mientras el culo se te cae
la terraza el aire que corre
de comida los restos
desciendo en guerra
con la escalera caracol
despedida y detención total
qué pieza mover hacia donde

***

puesta por el viento
todo a devenir
de qué cara caigo como hoja liviana
una muere oculta
la otra aplastada
más domingos secos
más cantantes latinos
más zambullir el alma
en un postre caliente
río de boludos de blanco
de eso que era,
qué sobrevivió
prendo la luz
del living
propia y tenue.

- matricida (150v)

Si estuviese seguro
de olvidarlo
ya hubiera asesinado
a mi madre
pero el remordimiento
torturaría más
que sus llamadas.
Espero que sepa
morir a tiempo
o un rato antes
mi madre
todos los días
cava fosas
en la cabeza
para sus hijos
quedan vacías
o habitan moscas.
La última vez
que fui a comer
parecía verdosa
y pensé
Cuando el infierno la devore
diré mundo al fin solos.
Dios mío no la devuelvas
encima de todo un poco
más viciada.
Teléfono.
Es la noticia
de la muerte
de mi madre.
No. Es mi madre

***

La anémona de la familia
creía ser
mi madre
tanto que los vecinos
difundían de nosotros un nombre:
«La Familia de la Anémona».
Claro. Mi madre anémona
nunca fue y nosotros
tampoco familia.
Sí para la anémona,
un delfín sin ojos
dándose cabezas
contra la orilla rocosa
del silencio

***

Qué flaco estás
se te nota
calmo
qué bien te hizo
ahora que volvés
vas a enfermarte
aquí todo fue
bien
dentro de todo
vas a venir?
ya no llegás
saco a Daisy
entonces a la calle
si no llegas

****

En un paseo de compras
excitada por las vidrieras
busca a mi padre
en un paseo de compras
se le escapan los hijos
corren sin dirección
chocan con la gente
mis madres
en el paseo de compras

***.

Si al menos fuese
la planta artificial que
cuelga de su cuarto
no podría marcar
cada vez que marchita

***

Oraciones para mí o mi vuelta.
El teléfono torre de babel
y un timbre aparición
que no se da.
Parece mentira, una vida consagrada
y no viene a visitarme.

***

- la panza de mi chica (235 v)

La batería que huye de los
auriculares en frecuencias
como espuma que los poros
absorbían a veces es
para todos un sonido imperceptible
oculta en el concierto de las formas
rocas que soportan al mar
romper durante siglos en lo mismo.
El viento, el bote a motor
de pescadores
no voy a averiguar cómo funcionan
las cosas que no funcionan

***

He pasado los días
pensando en cosas precisas
para mi.
¿No es increíble que exista el walkman?
Voy a decirlo de otro modo
en un sentido cabal:
Ella sentada mira el mar
yo contra la piedra
defino mejor posición:
o abandonar las ideas que tengo

***

La vista siempre se levanta de manera definitiva.
No está más el mar
una rebanada de centeno
petrificada a la intemperie.
Así es como los días,
la repetición de los días
muta o parece:
noto que su panza creció pero no sé
si creció o si lo noto

***

Hoy desperté y dolía
algo que no es un órgano
y no era dolor sino vértigo
al impulso de un ventanal
romper con toda la fuerza
concentrado en la silla que viaja
de un lado al otro por el aire.
¿No es increíble que exista el walkman?
La pregunta es a ella
que está en el agua.
Algo tiene en el agua
nada adentro

***

en la pantalla negra
titila el punto
ojos fuera del destino
se baten a duelo
en duelo con el tejido
estriado
la pancita bombé.
En el diccionario
nombres de imperio.
recaudos para que ella no se caiga.
La panza de mi chica una bola
de cristal, la acaricio
para saber qué sucede.

- y la perra (173 v)

La gente frecuenta pequeñas salas
art nouveau o paseos
peatonales
así la tele
supone a Lisboa
un extraño en la vereda
gruñimos y no vamos a ver
hacía mucho no pasábamos
toda la vida en la cama

***

Estrellándose
contra la pared
el teléfono
solo obedece
cambio de ambientes
por la casa
no lo nota
la perra
hasta la perra
sigue sin vida
revuelta en los pelos
que despide

***

No me habla
no porque
no sabe
no me habla
no porque
no le gusta
cuando estoy
ausente
me dedica
jeroglíficos en la basura

***

Sobre la ropa con insectos
restos la arrullan
se adormece y en guardia
sobre el colchón que resiste
intento recordar
por dónde me escapé

***

Ojos sobre
la intensidad de la inercia
en una puerta al cerrarse
mendiga el hocico
exterior
hoy estaré lejos
correrá a la puerta
ante el sonido de un auto
y no más
sabe que volveré
o que me fui para siempre

***

Bajo la mesa de luz
el saqueo de un tesoro
delito es lucha
política en la casa
la dejamos sola y ella
no quiere fiestas
para pocos
los bombones son
de quien los trabaja

***

Escribo en la cama pero
una tensión, interferencia
viene del piso, allí la cachorra
observa desde que nació
esta imagen cuelga
de la cabeza de un presocrático
descubro ante cosas que hay
bajo las cosas que hay
la fe en que hay
cosas
***

- lo que me hace feliz (450 v)

Dodge 1500
La tendencia irreversible
es mi auto oxidándose.
Acumulo objetos útiles
para verlos morir en los asientos.
A través de las ventanas de mi auto veo el mundo.

Susy
No tuve nunca sistema
para leer salvo cuando no
leía nada sino revistas
Susy. Besos de lengua
dentro del agua
no había palabras
más exactas que slurft
o strelcht.
En ese tiempo me poseía
un terror doble infundido por madre:
concentraciones de líquido
y los labios de los otros,
suponía que algún
científico como animales
los describía sobre universos
llenos de leyes.
Ninguna de estas ideas
logré comprobar en las
revistas de las hijas
de los amigos de mis padres.
Las ponía delante para que
cubrieran mis ojos
y nadie supiera como veía.
Más tarde entrené para la guerra.
Intentaba besar
a los fantasmas de la casa
el vapor labial
en el metal de las cortinas.
Mi primer acto de valentía fue
enamorarme de las tazas de otro
de una chica que en algún lugar
supongo, vivía.
No pude llegar a sumergirme.
Invadía mi mente la imagen del agua.
Atiné a pronunciar slurft
algo se activó por azar.
Como todo estratega:
reconocí el lugar, me cercioré
de que su cama no fuera de agua
concentración para mantener a flote todo.
Penetré en un labio con precauciones.
Esta escena se repitió varias chicas.
Les gustaban mis zapatillas
Tenés los ojos tristes
es porque están hundidos
y me iba a otra parte
donde soñaba con pasar
las horas mejor.
Comencé la escuela de buceo.
Pronto fui un idiota.
Aprendía los secretos de la doma
pensaba como nuevo
chico domesticado.
Hay una maldad que solo encierra la ternura.
Hoy las hijas de los amigos de mis padres
tienen teléfonos celulares o familias.
Yo leo cosas nuevas para entender qué sucede.
Leo mucho, todo lo que puedo.
Cuando estoy triste quemo un libro y salgo al parque
a comprar viejos números de Susy.
Los labios anidan donde siempre
y mi casa fue comprada por un rico.

Revisionismo histórico

Gasté menos en libros y alimentos
que en cospeles de la casa
de videogames New York.
En la aspiración social
de quien fue una vida
casi entera aspirado
por el ocio
no aporta la derrota
imágenes al mundo.
Qué más puede perderse sino tiempo
en este laberinto
resistir y algo más.
Mientras la bola dure
me aflige nada
y ya ni aflige eso.
Ay, quitarse New York
un ilustrado sin saber qué significa.

Cumpleaños de una amiga
Gracias al aporte de cera caliente
gym, cosmética y terapia grupal
conocidos huyen cuando ofrece
el resultado de su empresa.
Que mi hogar no sea convento de clausura.
Velas se apagan y al quedar a solas
velas prendidas.
Baby siter a los cuarenta, cómo iba a funcionar.
Ella usaba polainas y los años
la volvieron otra cosa. Una igual
a una ya compacta
catálogo de pliegues
y expansión de profecía
en el oráculo de la incipiente
gangrena temporal. No hay qué alcance.
Silencio en la sala.
Y yo que diría
algo terrible sobre Bowie
-no vendrá a la reunión de toldo movil-,
Estallar al mundo es posible
con sólo dar vuelta la cara
decir no, pero quién querría hacerlo
si no controla el perfil desde el que es mirado.
Simplemente, no voy a beber
más nada en esta fiesta.
¿Alguien, de la calle
necesita cosas que ahora no tiene?
De los míos partir
al encuentro de buenos precios
algo que no haya vencido.
En la mano mi lanza
mis ojos excesivos
perdida la pelea por el tiempo
en las am pm.
Volveré con manos llenas
de cositas baratas
para todos.

Acepto mi destino
Pusilánimes, leves, comprometidos, progres,
correctos, reformistas, psicoanalíticos, expresivos,
interesantes, refinados, a b c unos, sí, sí,
el destino no existe, somos nosotros
y entonces por qué siempre con los codos
sobre la cinta que transporta
productos a la cajera
que hoy inicia su vínculo con
empresa multinacional
-aportará pañales a su indumentaria-
y aún desconoce los atajos ante la falta de cambio
no es tenida en cuenta por la supervisión
cuando una máquina detiene el fluir
de esta gran máquina que funciona
sólo para satisfacernos.
En los supermercados la gente importante
usa patines. Las chicas de patines se persignan.
y afuera a ver el sol
el dios sol, van
los que componen el resto
de las familias del mundo.
Gente que ya sale mientras ok,
espero a que aprendas.
porque lo haré siempre
como burgués y heredero
de la conciencia social reducida.
¿Cuál es tu destino? Yo soy el
Santo Patrono de las Cajeras.

Lo que me hace feliz
De todos mis objetivos
alcanzo mejor los pequeños:
hacerme el dormido para que atienda otro
parecer bueno parecer malo o
salir de los parquímetros
sin mirar hacia atrás por el espejo
desprecio por el futuro
colectivo, ese que parece
una fosa común y amenaza
con la embestida
si el conductor se impacienta le juego un idiota
la luz encandila y va a tragarme dirían, con razón
porque obstruyo su camino
y el de tantos con él
comprobar el carácter centrípeto del odio
es un oficio que puede disfrutarse, sí,
amo lo que rompe contra mi
al ralentar la marcha,
de atrás grita todo el que quiere llegar.
Cuando estoy por perder el permiso
del semáforo acelero. Atrás
un cúmulo de caminos obstruidos por mi vocación.
A veces la muerte piensa
en mi como objetivo pequeño
sus contactos telepáticos no dejan dormitar
corro por la casa
me pego fuerte, encandilado
sujeto a lo que haya cerca
espero al día
dejar atrás colectivos.
Eso, creo, es lo que me hace feliz.

La idea definitiva
Tuve que juntar los brazos como si rezara
sucede cuando duerme lo que hay cerca
y pienso unas cosas sobre no verme al desaparecer
ideas definitivas que en las reuniones callo
se llama cavar por amor
predilección por una imagen precisa:
un tipo callado a las tres de la mañana.
pegando patadas a la puerta
y el aparato de cd que no lee Sonic Youth.

El color del cadáver
Cuánto demora en perder
el cadáver el color
vos que del tema sabés
como un especialista
cuánto demora, decime
si lo tocaste
frases sueltas
para que pregunten
si lo mío es ingenio
el recuerdo en Sarandí
hace dos meses la ambulancia
de la morgue, el cuerpo
junto al cordón
espasmos de camilla
y comprar, cronistas,
una cajita feliz para pasar la guardia
o en la guardia algo
en la redacción nadie habla.
la gente se vuelve música de fondo
cada uno a solas con lo que falta.

Hortal
Todos los pensamientos
sueltos, sin dirección
no saben a que familia
atarse
fui un mago
fui un gladiador
fui un alquimista
fui un filósofo antiguo
un espíritu revolucionario
ahora soy mi cabeza
mi cabeza un hormiguero
pisado por un pie y las hormigas
que corren no son
los pensamientos
sueltos
son solo hormigas
que también tuve dentro de mí

POEMAS DEL LIBRO "STRIP"
OBSERVACIÓN
FRENTADO AL SEGA


Esta última semana
es difícil creo
que iré, sí
me hará bien
explicarle cosas
a La Reina del Talk Show
Paso las tardes
enfrentado al Sega y
de noche al techo
evoco las tardes
que perdí
La mañana es
la mejor época
Exprimo dos naranjas
en la mesada pulpa
desparramo sucia ya
María Laura y decirlo
me avergüenza
Espero oh no
Callaré
Compré un jueguito
de autos el mejor
elijo y lo estrello
el equipo me despide
en él
mi impuesto municipal
se fue
El mundo me necesita
quién dice
Abandonarme
sin que rentas lo note
logro y disfruto
de esta vida familiar
a las amebas
Fundo por última vez
un sistema sin centro
de la basura algo
se integra siempre
y amor así
tiene que ser
no gané el
derecho a decir
Igual no escucho sus
pedidos católicos
sobre la higiene
Cómo voy a limpiar
si esto me nombra
y tengo que jugar
y la novela empieza
y destroza a su hijo
la vecina
Quiero escucharla.
MIRADA DOS:
GLACIACION
Avanza
el hielo
en la heladera
sin descongelar
Deglute el frasco
agridulce
Ayer
la jarra de vino
no opuso resistencia
Ningún habitante
demostró gravedad
y viene lo que Cipe
Lincovsky
decía de Bertolt
a mi memoria
El hielo un día
se tragó la panceta
pero no me importó
yo no era panceta
Entorno la heladera
dos nuevos rehenes
ganó
el hielo
inmóviles ahí
Terminará
por destrozar
el motor del aparato
Sobre la casa
provocará una
glaciación
Hará de mí
al avanzar
un muñeco de nieve
Y todos seremos
un mismo bloque
Siberia
la era socialista
amalgamados
en la parálisis por frío
Los hombres
Los animales
Los vegetales
Los objetos
Es trágico
ese destino del hogar
o es comunión
con su naturaleza?
Podría
cortar la luz
tirar del enchufe
delicado
en movimiento
y si bien no hay riesgos
algo en mí
se niega.
MIRADA TRES:
MI NAVIDAD LABORAL
Al comer
en la servilleta
dibujo un
no dibujo un
garabato y pregunto
si se puede
compartir el cadáver
pienso en el cadáver
incompleto de un bebé
una vaca bebé
La gaseosa la
trago quiero
digerir como permitan
lo que permitan
frente a las muecas
de esa chica blancuzca
Después de comulgarse
estudió hijos tuvo
hasta venir a realizarse
aquí donde duermo entre sobres
de edulcorante
abiertos
sin usar.




MIRADA CINCO:
FLACCIDEZ MILITANTE


Sobre la madera
en el club armenio
de Vicente López
espero
Llegan los otros
vestidos de hombre rana
o futbolistas
Contener el hígado
no podré
las cosas revueltas
en el hígado
cuando fluya el sudor
y contamine los cuerpos
de los desconocidos
el aire que no logro
inhalar
Pero esta vez correré
correr hace bien
correr hace muy bien
En el parquet habría una luz
Los veo de lejos
ingresan estudiantes
de matemáticas con medias
tubo delante mío
desfilan me tratan
con reparos
no entienden
mi flaccidez es militante
Nadie observa sus hazañas
Gaseosas en una hora
sin gas
Volverán con las remeras mojadas
Saldrán a comer con sus padres
Yo en cambio la herida
un premio a la sanidad
dicen que habrá que volver
en siete días y antes
crear al mundo
Salgo es una alegría
todavía en el sitio
exacto de las calles
están las calles
Cumpliré mi deseo:
volver a casa
comprar para comer
huesitos nuevos
podremos hablar después
de temas parecidos
En el camino
con el jadeo
compongo un ritmo
que no bailo.
MIRADA NUEVE:
BOLERO
Vuelvo con ganas
de paralizarte
después lo prometo
Dejame
Dejame paralizarte
después
café caliente de mañana
y un perro cepillado
lamiendo lo prometo
el piso de las migas
Mi bata
mi sonrisa
el satinol rosado
pero ahora
mutilarte un poquito
dejame untarte en las tostadas
del desayuno
¿Estoy excedido?
Ya se
Ya está
Ya se
me pasa
Ves? Ya se
pasó.
INTERMEDIO
TI

Salto salto salto salto
esperás en la cama
que me tranquilice
salto salto en la cama
yo también sal
to
yo
tu
yo
yo
soy
un
ti
tan soy un
titán soy un titán
titán de ring titán de ring
Karadagian o Poseidón don Eurnekian
o Krishna mur ti ti ti ti
te digo
que ti
Hablo con la voz
del Lewis más torpe
o de María brotando
del cogote
Trabajo en la montaña
de papeles retirado
y un día me presento con muecas
para que me ames
descendiente
te amo
decís
y yo: son muecas para que me perdones
Debo dejarte Dejarlos a todos Irme para siempre.
Encerrado en el claustrito
pienso solo sin voz
y vos bajo la escalera
sin revoque
mirás videos
de escultoras
Quién inventó la palabra
vacuidad
vacuidad
vacuidad
Mañana voy a escribir un poema
con vacuidad y camello
con cavidad y comelles
O deseamos ver al cuis que baila
con un dado en la cabeza
sin razones desafía el principio
de sustentación
RESPUESTA: El tiempo se precipita sobre mi parálisis de muñeco
EL UNIVERSO ES VULGAR
CONCLUSION: Pienso en el frío que hay fuera. Eso da frío.
No estoy enfermo. Juego a que enfermo. Sos un enfermo.
Enfermo.

FIESTAS
LA CANILLA QUE GOTEA


Al final mirá. Los viejos son los que más resisten.
Vos no bailás, no? Por qué no bailás? Nunca bailás?
Las cloacas. Lo que dudo de la obra son las cloacas.
Dice Pit que vayas rápido con la máquina.
La abuela baila. Dale que la abuela baila.
Antes trepó la mesa. Lleva antenitas.
Ensaya un strip tease.
Cómo se llamaba. Tenés que ir, verla.
Crees que no sucede nada.
Pero las cosas cambian todo el tiempo.
Son variaciones mínimas.
Tarkovsky iraní.
Vos no bailás. No? Tu mujer sí. Hay que dejarla.
Es lindo dejar a la gente que baile.
Aceptá que intercedan.
Por qué todos se corrompen al escalar.
Ahora sólo falta el baño.
Tengo una canilla que gotea.
Sólo pienso en la canilla que gotea.
Lo que dudo de la obra son las cloacas.
Sólo pienso en la canilla que gotea.


LA FOTO

Ocho viejos con gorrito. Agitan las maracas.
No hay sonido. La serpentina cae
con la jactancia de la piedra.
Me piden que encuadre una foto.
La última. Que aparezcan todos los hermanos.
Casi mil años, somos, bromean.
Junio del 999. La gente sentía
que terminaba pronto.
LA ENSALADERA SE ROMPIO
Comida agridulce. La amargura
es mamá tonta que pasea,
la ensaladera se rompió.
No nos sentimos obligados
no sentimos ganas de ayudar.
Otras cosas con suerte
también se rompen. Ella.
se mueve delante del espejo
revuelve ropas interiores alguien
que no salió de su pieza.
Prendió cuatrocientos cincuenta fósforos.
ya, el deseo era juntar las
cabecitas negras, siameses amándose,
deshace la estática. La relación entre
ustedes debe ser más independiente.
Pronto llega la hora de
sonrisas, deseos buenos.
Gastamos en el presente menos dinero que en la cena.


DESPUES DE MEDIANOCHE EN LA GUERRA


Atravieso un campo de guerra en auto
llevo a mi madre a salvo, a la frontera
ríe el mismo chico entre las explosiones
la mía no es tarea para remiseros.
La azotea es una embajada y van a hacer una fiesta.
Llegarán de todas partes con trajes típicos.
Volveré a tiempo.
Daré el discurso de bienvenida.
Queridos amigos:
Juro que no moriremos en la Plaza Serrano.
Juro que no moriremos en la Plaza de Toros.
Juro que no vomitarán si amanece.
Y me tiraré por la ventana para demostrarles que vuelo.
Y me tiraré por la escalera por ensayar otra caída.
Y les enseñaré a hablar el alemán.
En la tele de todos nuestros abuelos
el papa revela el misterio de los números.
La casa de mi abuelo nadie la roba.
La gente cree que es la casa del Papa.
Todos los que vinieron se mueven
entre todos los que vinieron
los que se quieren ir o los que llegan
los que visten más raro que yo
los que visten menos raro que yo
los que saben quién es el Gallego González
los que dicen que saben quién es Kurt Weill
los que dicen creer que saben quién soy
los que no hablan, los que no saben,
los que no creen, los que no son.
La casa ha reunido un basural de murmullitos.
Alimentos. Lo que deseaba me provoca náuseas.
Todos odiarán su espalda
cuando aclare.


LAS LISAS
Dejate guiar por el brillo de los ojos.
Obedecí. Compramos ocho lisas.
Encendí el fuego ya en la casa.
Con una nota sobre la sequía
y una silla que acabó por romperse
después de crepitar una era
contó Nuria, la autoridad
en el hogar del fin
de semana largo.
La misión era alimentar a dieciséis chicos drogados
el primero de enero, el último año
del siglo. Mis amigos.
Yo era el preceptor del reformatorio
me rodeaba la certeza fétida de mis peces.
Fui un prestidigitador para las verduras.
Mientras ahogados ellos en la oscuridad
soñaban con records en videogame
pedí cosas distintas para todos
El calor hacía sufrir.
Sobre mí quise que no se llevaran más
libros, que no me nombraran más ruso
que al morir mi perro no sufriera.
¿Cuándo se cumplen los deseos simples?
La parrilla secó las escamas
y ellos deglutían leche fría
poco atuendo para aparecer
tarde o volver a irse y volver
con nuevas medias viejas.
Esa mañana me habían observado tres mujeres
como si tuviera problemas con algún botón
o toda la ropa me la pusiera al revés
en la calle.
Ni las recordaba. Las emociones me habían atado.
La discusión se planteó por fin.
Unos necesitaban a Mister Bungle para sobrevivir.
Eso molestaba a los adoradores de A. Lane.
Apareció la última. Persona.
Había revertido la tendencia
de dormir para siempre.
Se tiró en la silla y evocó
el deseo de postrarse.
Eramos todos nosotros. Comimos bien.
Rompimos los vasos a las seis de la tarde
con esqueletos en la fosa común de la fuente.
Los tiré. Escuchaba risas
con la basura en la cabeza
como una mitra de las sombras.
Después de un día claro llovía y
pensé en lisas nadando
intenté algo con mis ojos.
A cien metros se podía presentir el mar.





GABRIEL RECHES


Gabriel Reches: nació en 1968. Publicó Gómez (araucaria 1997), el resto (Siesta 1999), Strip (bajo la luna 2000) y la evolución (Siesta 2004) y Hamster en la Rueda (ediciones obsoletas 2002).

martes, noviembre 07, 2006

LILA ZEMBORAIN








*Dibujo realizado por Lila Zemborain e incluido en el libro Guardianes del Secreto
**Foto: Lila, Maria y Claudia Zemborain de izquierda a derecha

Me gusta escribir cuando hay mucho silencio porque mi cabeza está generalmente demasiado llena para que entren otras cosas. Escribo cuando ya no doy más. Hay algo que se va generando adentro mío, algo que me va perturbando de a poco, sé que tengo que escribirlo, pero no puedo, no encuentro ni el espacio, ni el lugar, es un estado de absoluta incomodidad, y no tengo idea de qué se trata hasta que no lo escribo. Entonces espero como agazapada que se produzca ese momento de silencio y me siento a escribir. Ahora estoy escribiendo en cuadernos Laprida lisos forrados con papel araña azul. Es muy importante este cuaderno. Me encanta el papel araña. Me gusta tocar esa textura, la idea de la tela que se hace infinita, la referencia al colegio y sobre todo a Buenos Aires. Me gusta que el cuaderno sea simple. Cada libro lo escribo con un tipo de cuaderno diferente. Parece que es importante el tipo de cuaderno. Tiene que ver con el estilo de escritura. Es decir, dependiendo del ancho de la hoja, los versos se harán de uno u otro tamaño. Hace poco estaba escribiendo sobre el nazismo y las libretas (siempre de papel liso) eran de tapa negra. Como un cajón, como queriendo enterrar algo, o desenterrarlo.
El libro de las glándulas lo escribí en unos blocs rectangulares que usaba en forma transversal, para que entraran más palabras. Era como un flujo que no debía ser contenido por el tamaño del papel. En esa época tenía el fetichismo de la lapicera tinta negra, punta gruesa. Pero ahora escribo con cualquier birome negra.
Cuando escribo entro después de un rato en un determinado ritmo, que me lleva a un cierto tono. El tono es fundamental, porque cuando tono y ritmo se complementan, es el momento en que llego a algún lado. Acto que siempre me sorprende porque nunca sé qué va a pasar, o si no va a pasar nada. Porque muchas veces no pasa nada. Es más la intención que el resultado.
Otras veces después de escribir hago dibujos abstractos, líneas que van y vienen sin una intención estética, sino más bien como una forma de liberar todavía cierta energía suplementaria que queda por allí, en algún lado, y que no necesita de una significación expresa. Una sola vez incorporé estos dibujos a uno de mis libros.
Hay como conglomerados de tensiones que me llevan a la escritura, y cada conglomerado resulta en un libro. Por eso casi nunca tengo poemas individuales. Cuando empieza ese conglomerado (me gusta verlo como una mórula) empiezo a escribir indiscriminadamente, sin plan, sin estrategia, es más bien una búsqueda, que encuentra su resolución después de un tiempo bastante largo. Y cuando llego a ese punto, busco todos los cuadernos en los que escribí sobre ese tema específico, y también en cuadernos anteriores, para establecer una suerte de continuidad entre lo anterior y lo actual. Es decir, hago una clasificación cronológica de los cuadernos y leo todo lo que he escrito hasta ese momento.
A veces, hay un par de poemas que me gustan y los corrijo mientras estoy en el proceso. Esos poemas generalmente me dan una cierta clave formal. El ritmo y el tono los voy desarrollando a medida que voy escribiendo, pero la forma es algo que se manifiesta definitivamente al final, ya que siempre escribo de corrido.
Una vez que leo todo lo que he escrito y encuentro su coherencia, empiezo a seleccionar lo que me parece que sirve y a pasarlo en la computadora. Pasarlo a la computadora es un gran desprendimiento. El cuaderno es como una extensión de mi cuerpo, con sus olores, su atmósfera de recién despertada. Al pasarlo se limpia, es de alguna manera como bañarse. Hay algo de sucio en la escritura del cuaderno, una densidad que me agota. La lectura y el traspaso de un medio al otro es también penoso. Es revivir todo el proceso y pasar por todos los estados. Por eso, también cada libro mío muestra un proceso muy oculto, que trato de que sea un secreto, algo que ni yo misma me había animado a decirme. Cuando imprimo todos estos materiales, les doy una primera leída en limpio y lo dejo descansar por un tiempo, hasta que me animo a volver a leerlos. Más tarde, los reclasifico, de acuerdo a otros criterios (que no son necesariamente cronológicos, aunque si pueden serlo). Este es el momento del caos, y de la desmembración. Cortar pedazos de poemas, eliminar poemas enteros de plano, seleccionar los que con mayor precisión muestran y ocultan ese secreto. Me cuesta mucho encontrar esa estructura, que generalmente se define en partes numeradas o con títulos tentativos. Ahí, armo una especie de versión del libro a dos columnas con el papel vertical para visualizarlo como una fotocopia de libro y ver si hay continuidad entre los poemas. Los títulos definitivos me salen a último momento. Y el título general del libro sale cuando el libro está casi listo, momento en el que vuelvo a corregir los poemas para dar unidad, de acuerdo al título y que todo tenga su coherencia. Todo este proceso de selección y corrección me lleva como mínimo un año. Pero desde que empiezo a escribir hasta que lo publico, pueden llegar a pasar hasta diez años, como me pasó con el libro de los ojos.
Cuando estoy escribiendo sobre un determinado conglomerado leo indiscriminadamente lo que encuentro sobre el tema. Voy sacando un poco de aquí y allá, literatura, artes visuales, cine, noticias de la televisión, artículos científicos mal entendidos, filosofía, libros de autoayuda, psicología, música, lo que me venga a la mano o lo que amigos o conocidos me sugieran. En todo esto voy buscando un vocabulario y un repertorio de imágenes, ciertas resoluciones. Adoro el diccionario. Busco las palabras claves que determinan el conglomerado y anoto en mi cuaderno sus definiciones en español y en inglés, con todos los sinónimos y antónimos. Con esto se expande el significado del secreto, y me sirve además para evitar las repeticiones. Además, si hay fragmentos que me conmueven los copio literalmente en mi cuaderno. Después los uso a veces como epígrafes para el libro terminado. Pero eso también lo descubro al final. Cuando tengo una versión pasable, se lo doy a leer a algunas amigas, para que me hagan la famosa "crítica constructiva". Esas opiniones son para mí tan valiosas que he empezado a incluir los nombres en los agradecimientos en mis dos últimos libros, ya sea que siga sus consejos o no.

LILA ZEMBORAIN
POEMAS DEL LIBRO GUARDIANES DEL SECRETO

III
As when an oar in the water
appears to be broken
San Agustín

De repente al ver estrellas en las luces, querer desenfocar lo inevitable.

La luna se multiplica proporcionalmente al resplandor del cielo en un juego de esferas concéntricas enlazadas. Dos, tres, cuatro, seis lunas envueltas en un círculo de luz.

Con la mirada de Venus, enfocar el universo.

Lograr que lo ajeno sea algo propio, con el mismo sentido de quebrarse por dentro.

Ya no veré más la luna sino una luna doble en el cielo estrellado. Veré también el doble de estrellas en el firmamento oscuro de la noche.

Sólo la penumbra y no la luz.

Con los dedos tentando el aire por el miedo a la grieta, al obstáculo que se ha de interponer entre el destino y la mano.

La verdadera emoción en el lenguaje se produce cuando una sucesión de palabras resuena en una fibra interna, y se desata una cadena de asociaciones que culmina con el resultado físico correspondiente.

La persona parcialmente ciega percibe a través del tacto fragmentos de realidad hasta que puede formarse una idea general de lo que ve.

Hay como un desgajamiento en una zona en el medio del pecho que me dice que no tengo que separar el por del qué en la pregunta. Como si se abriera una oscuridad que debe mantenerse densa, opaca, olorosa a moho, como el interior del caño que atraviesa los caminos para desagotar el agua. Esa consistencia palpable del túnel oliendo a barro, hojas secas en descomposición, el frío del invierno cubriendo los árboles, la humedad gris que se concentra en la tierra después de dos días de lluvia. Una mezcla de placenta comida y movimiento lento y oleaginoso, adiposidad, donde lo vegetal, lo animal y lo humano se encuentran.

¿Qué es hablar de la naturaleza sino de la presencia indeclinable de los detalles y de la diversidad? Contemplar una flor y desarrollar por analogía una serie de disquisiciones que llevan al yo o al otro.
¿Es el arte un gran, enorme hiper desarrollado narcisismo?

Aparta la tristeza de tu corazón, dice el Eclesiastés, pero ahora estoy en un limbo irremediable. Como seguir sabiendo, pero sin saber cuándo.

Si no veo, no me importa que me vean, por ende no me importa hablar, aunque aquí estoy, escuchando las conversaciones de los vecinos que no me interesan en absoluto.

Lo que pasa con los ojos se logra con diferentes tipos de lentes: haze, star, efecto de duplicación.

La mirada que paraliza o mata de la medusa, hoy es un ojo que se fija en una pantalla que se mueve.

Dice Schopenauer que la percepción a través de los sentidos puede conducir a la ilusión, como ver doble un objeto. Pero el entendimiento nos hace saber que el objeto es uno solo; la reflexión nos hace decir: ésta es una ilusión falsa.

¿Arrancarme los ojos como Edipo ante el incesto? Pero ésto no es incesto sino más bien una traición.

Decir VEO, VEO, como en las películas argentinas de los cuarenta.

Ver, por ejemplo, los cuerpos cercenados en las piernas, como la foto que ha sido cortada en forma transversal y al unirse desprolijamente transforma la figura en un cuadro cubista.

El conocimiento del cuerpo del otro se hace una experiencia cercana. Tocar para comprender las intenciones, una relación que desarrolla un cierto afecto de las glándulas del amor. Aunque a la vez una desaforada intermitencia de la autocompasión, de la vergüenza de no registrar a la distancia a los chicos corriendo por la playa y llamarlo por su nombre en un arranque de miedo a perderlo en la inmensidad.

La foeba centralis es el punto donde se produce la mayor agudeza visual.

Con la visión distante se pierde la facultad de sumergirse en el maremagnum de detalles que ofrece un dedo, una uña, un pedazo de pasto, las inconsistencias de los pies, la cara del otro cuando se acerca más de lo estipulado.

Dice Aldous Huxley que no vemos las formas con un sentido específico sino como colores amorfos, que con el despertar de la conciencia y la memoria van adquiriendo forma. Sería una especie de visión sin entendimiento, la visión como pura sensación.

Entrar por el camino de la mácula, por el agujero negro en donde la imagen se produce en forma periférica. Pero el centro de la comprensión, el centro de la discriminación es un cuadro de Bacon. Ver el desaliño de las facciones, cuando la cara no es sino una mancha marrón clara, una superficie compacta que desenvuelve un fluido de imágenes. Una visión espantada que llega a los límites de lo que me animo a hacer. En ese caso no mirar, porque todo es relativo o lo que se quiere ver en esa sustancia sin definición, en ese vacío que descolla y desequilibra.
LILA ZEMBORAIN

MALVAS ORQUÍDEAS DEL MAR ( LIBRO COMPLETO)



poemas escritos en enero-agosto 2001

La medusa me repugnaba; pero si sabía mirarla como Michelet, desde el punto de vista de la historia natural y de la estética, veía un delicioso candelabro de cobalto. ¿No son acaso, con el terciopelo transparente de sus pétalos, como las malvas orquídeas del mar?
Marcel Proust



la orquídea y el moscardón


That over-mind seems like a cap, like water, fluid, yet with definite body, contained
in a definite space. It is like a closed sea-plant, jelly fish or anemone.
H.D.



de noche no se puede evitar el acercamiento de los cuerpos acomodados en la pulsación y el ritmo de las glándulas amorosas; compulsivamente las manos desenvuelven su labor reconocedora generando innumerables resonancias de energía en cuerpos que se amaron sin saber lo que era la pasión, conocida ahora con la certeza del que sabe el movimiento que habrá de realizarse; amor que sobrevive en el pacto de las células, sello que borra los años de entropía controlada; glandularmente extensos en su lisura, se rozan sin necesidad de desnudarse en el anhelo perfecto de un amor que sobrevive la aspereza del olvido voluntario ¿será que algo importaba más que un amor inenarrable? el desprecio a lo adquirido es lo que cuenta en las zonas de una mente que desea con Narciso caer en la laguna
hay ciertas glándulas amorosas que son como su nombre lo indica blandas, cálidas, suaves al tacto, perfectamente rojas o blancas, como pequeñas almohadas que se alojan en distintas partes del cuerpo y destilan un líquido vaporoso cuyo efecto es una sensación de autocontención amorosa por demás; como si se estuvieran besando las células unas a otras, toda una cadena corporal de besos que llena de alegría; no es en sí un amor narcisista, o de autocomplacencia, sino que se expande desde las células hacia el resto del cuerpo, y por allí se desborda al mundo que nos rodea; una revolución de besos celulares que amasa el cuerpo de distintas sustancias; y ya no serían las glándulas del amor almohadas, sino más bien bollos que al cocinarse en el propio cuerpo emiten un olor a pan horneado, como la carnosidad tibia y fresca del bebé recién nacido, no contaminada por los gases de la vida cotidiana; los bollos glandulares producen una renovación de los tejidos y desde allí determinan el proceso de percepción en el sentido de la emoción con que se recibe el estímulo; si el cuerpo está dispuesto por las glándulas del amor a tamizar los estímulos con olor a pan, entonces la percepción será más bien plácida, y las respuestas destilarán también las emanaciones de tibieza que se expanden entre las personas cuando huelen el pan horneándose; pero a la vez se desencadenará un proceso similar en los cuerpos de los que reciben el aromático estímulo

las glándulas del amor no sólo destilan amor pasional; es un tipo de energía que tiene más que ver con la autocomplacencia del sueño profundo en estado de dicha; las glándulas del amor tienen la consistencia del tejido cavernoso de las esponjas cuando están en el agua; las esporas permiten que el agua las traspase; de la misma manera, una energía cálida atraviesa las glándulas del amor, como miles de ojos que estuvieran parpadeando de placer; la corriente no es pringosa ni pegajosa como la miel o el néctar de las flores, tampoco como el polen que se pulveriza en los estambres; es un tejido de terciopelo que se extiende atravesado por millones de bocas que se besan a sí mismas, no beso en sí, o el acto de besar, sino la sensación de recibir y de dar el beso simultáneamente en escala infinitesimal; en la imposibilidad de la reversión del besarse a sí mismo hay suavidad, tersura, delicadeza de harina finamente molida, el algodón y la seda serían materias ásperas en comparación


si los órganos parecen flores, por qué no pensar en las glándulas del amor como gladiolos, caléndulas, orquídeas, caliolos, campánulas, una flor desconocida que necesita de la sangre humana para nutrirse; crece en la oscuridad más absoluta y una vez que ha alcanzado completo desarrollo se estabiliza para siempre; a veces, cuando cae uno de sus pétalos, el viento lleva su perfume y por un complejo intercambio de fluídos que se realiza en niveles que la glándula no puede comprender, ya sea por azar o por milagro, en la superficie cavernosa en la que crece, aparece una pequeñísima glándula que llegado el momento propicio se desprenderá del campo de influencia; de esta manera, las glándulas se perpetúan; aunque nadie nunca ha visto un ramo de glándulas, su perfume ha llegado a enloquecer a quienes intuyen su existencia; como aquellos seres de formas oníricas que se mueven pesadamente en las gélidas profundidades del mar y de repente son iluminados por un laboratorio submarino, así las glándulas se sorprenderán ante la llegada del aparato sub-humano que busque encontrarlas; glándula tras glándula tras glándula, formarán con la especie ignota de las medusas, un nuevo tipo de flora y de fauna que no se percibe a través de los sentidos sino por la azarosa coincidencia entre lo que fue y lo que será
las emanaciones de las glándulas del amor superan el sentido del olfato porque el cuerpo ya no es sólo una masa de órganos y tejidos organizados según el esqueleto, sino más bien un núcleo emisor de sustancias perfumadas que se extiende en un radio mucho mayor de lo que se ha concebido como el aura; es ahora que los cuerpos son vistos como masas indeterminadas de una sustancia etérea cuyos bordes son movibles, como los límites imprecisos de una bandada de pájaros o las nubes de mosquitos que en eterno movimiento mantienen una forma cambiante; así, lo que vemos como el cuerpo y hemos representado de acuerdo a los miembros que lo componen sería en realidad el soporte de una sustancia invisible que transforma al ser humano en una medusa unicelular cuyo centro es ínfimo en relación a la sustancia que lo envuelve; de esta manera, las relaciones se establecen por las afinidades o rechazos que realizan los bordes, como si en los bordes de la sustancia etérea hubieran millares de órganos de percepción que condensaran en sí mismos y potenciadas las capacidades perceptivas que conocemos con el intelecto; a pesar de que los cuerpos se mantienen a una distancia considerable cuando los bordes se rozan, o bien se atraen y se funden en una sola sustancia etérea estableciendo una sonata de besitos, o bien se rechazan y se retraen como las aguas vivas cuando deciden cambiar de rumbo; no hablo del instinto como sustancia etérea, sino más bien de la percepción del cuerpo como esos dibujos de las células en donde aparece un núcleo, después algo así como la albúmina, y luego un borde irregular que tiene la capacidad de ser flexible, de modo que puede establecer relaciones osmóticas con otras células; si percibiéramos nuestros cuerpos de esta manera los veríamos tal vez como cuando flota el jabón sobre el agua caliente y mantiene esa consistencia movible formada por células de distintos tamaños, una tela tan sutil que embriaga con la reverberancia de sus colores traslúcidos; así, los cuerpos se conectan, con la diferencia de que no se destruye la tela que se ha formado con la presencia de algún obstáculo; por el contrario, la tela transparente de sustancia etérea que forman las relaciones entre los bordes se reconstituye permanentemente, creando un caleidoscopio no geométrico de relaciones, como una colonia de esponjas en el fondo del mar; si la constitución mayor de la parte dura del cuerpo es de agua, la sustancia etérea que lo rodea está formada por un porcentaje de humedad y por otro de sustancias secas; la combinación de ambas produce un aroma, que sólo puede percibirse a través del sistema glandular; no es como se piensa corrientemente que el cerebro controla las glándulas, sino que por el contrario, las glándulas controlan el cerebro y el sistema vegetativo; cuando una persona tiene lesiones en el cerebro y está inconsciente, las glándulas siguen emitiendo sus sustancias, y la única forma de conexión se produce a través de la sustancia etérea; el orgasmo, un fenómeno todavía no explicado por la ciencia, es una condensación de la sustancia etérea en el propio cuerpo; durante el acto sexual se funden los límites osmóticos entre dos seres; esta fusión que no implica necesariamente la presencia de otro cuerpo, desencadena un proceso de intercambio de sustancias etéreas más profundo y más extenso al punto en que llega el momento de la vorágine donde se genera una reacción en cadena que retrae la sustancia hacia el cuerpo; de allí la sensación de estallido celular que produce el reconocimiento de que ésa es la sustancia constitutiva del organismo, el reconocimiento gozoso de nuestra verdadera naturaleza; el orgasmo es la prueba de que la sustancia etérea nos constituye y nos desborda



como la orquídea que espera paciente la llegada del moscardón que habrá de fecundarla, un viento inesperado hace abrir la flor de los aromas y las glándulas comienzan a segregar sus efluvios para que a distancias siderales el moscardón perciba en los perfumes de la noche la sustancia que ha de intoxicarlo; con la llamada del instinto vuela sin conocer el rumbo de su azarosa travesía hasta que llega al lugar de la cita; ahí, más allá de las esencias y de las circunstancias, envueltos en la esfera perfumada, copulan sin saberlo, porque no son sus cuerpos que se estrechan y se tocan, sino la sustancia etérea que los desborda y los contiene; como dos autómatas guiados quién sabe por qué designio desconocido, los cuerpos se juntan nuevamente, para disolver las partículas que los separaron en primera instancia, de manera que el perfume invisible que alguna vez los había unido, ahora se sella en el abrazo invocado por las glándulas del amor; hay vientos que expanden los olores, densidades atmosféricas particulares, niveles de humedad que se maceran en el punto de ebullición justa; sólo el azar determina que las condiciones sean las precisas, el azar y el grado de maduración adecuado



Los pétalos furiosos


The guide is the fountain of life, Bahu,
arrayed in my every cell
Sultán Bahu



baja, baja la marea en la indeclinable calidez de un cuerpo que se escapa a los efluvios del idioma para derramar en sus miradas la lenta sujeción a una torpeza; con los ojos extraviados, con la misma pusilánime alegría de los jóvenes que avientan el placer en sus espaldas arqueadas, así sonríe la que no describe ya en sus senos el dulzor de otros tiempos; cuando el cuerpo transfigura su codiciada geografía, ignotas zonas se recubren de sustancias que habrán de confundirlo; un recóndito paraje de la mente diseña estas figuras, un gesto elemental como el cuchillo; como si el tiempo no hubiera transcurrido, el paisaje superpone sus figuras a la sórdida lectura de los hechos; crudamente, el deseo se revierte en otros gestos, otra es la instancia que se presta a que el vacío se cubra de horizontes, el lado oscuro no proyecta su luz ensordecida; en cambio, los jugos de la carne se agotan en deseados desatinos y es el habla que cubre de sentidos los besos que jamás serán rendidos; no destruyas el abrazo en las pestañas ni las caricias que con voces sugerías; ahora bien, mientras las flores silvestres ofrecen su hermosura al horizonte, una flor se atreve en el campo desechado; nada impedirá que en su corola se extinga el resplandor de su belleza; mas la sombra de la noche agregará matices a su encanto y la pálida superficie de la luna tenderá en sus pétalos furiosos el encanto vegetal de abrazos y suspiros; no respondas, hembra poderosa, al azaroso fragor de tu extravío; abre las miradas al ocaso, como si en la vida todo fuera ocaso y no registro imperfecto de los días; si la sangre no mana de tu cuerpo glorioso y los ardores de otros tiempos se subsumen en favores perdidos, no sientas que la fiebre que te embarga será hondo cadáver en tu cuerpo trasnochado




la sustancia de una vida en la indiscriminación, en el borronamiento, en un sudado que puede tener una solución inestable, pero nunca perenne; y la muerte señalada, quién sabe en qué lugar de las células en constante movimiento, o en la tierra que descompone los órganos para que crezcan las flores en los bordes de las tumbas; estas margaritas son el residuo químico de tus humores, en esta hoja de pensamiento hay una partícula de tus ojos, o de tu voz perdida ahora con la tarde. ¿de dónde viene la pregunta? ¿de qué manera se alinea la simultaneidad enfática de las atracciones somáticas con los ideales desenfrenados, o con la rutina superpuesta
a la ambición? mentirse o saber son las opciones y una serie de capas intermedias en donde el empeño es una empresa insobornable: quebrar la resistencia de las tumbas que ordenadas en
filas militares cubren los campos santos de esculturas funerarias



si el estadio de los días esconde la constancia de un amor perdido por la muerte, es la tristeza del olvido involuntario la que recuerda su extinción; si importa más la mentira que la muerte, es porque la vida se interpone para evitar que la muerte todo lo destruya con su sombra omnívora, y con una destreza que dilata el dolor que no ha querido revelarse, se abre de repente el torrente como una catarata que asocia muertes dispares y sonoras; restablecimiento absurdo que confunde el dolor con la tristeza; se pasará el día como todos sin que en la nada se simule que se vive; se vive así, como en vigilia, con los ojos aguzados por un sol muy fuerte, con la constancia asombrosa de que el agua sobre el río se desliza con mayor eficiencia que la vida que va de cuerpo a cuerpo; van cayendo los cuerpos en la inmanencia de un líquido pringoso; se acentúa en los rasgos el asombro de lo grave, recrudece en las manos un saber no pronunciado; cae como un durazno maduro el cálido perfume, mientras las abejas golosas se embriagan con los deshechos de la vida



cuando la flor se abre al pensamiento inquieto de las cosas un lenguaje celular sale de las porciones más recónditas en una concatenación de sonidos materializados en procesos químicos que no pertenecen en esencia al cerebro sino a la conexión entre las terminaciones y los tejidos; la emoción, como un cable que se encabrita en la noche de tormenta, emite chisporroteos peligrosos, por ser lo inanimado de repente anguila luminosa, dragón fosforescente en la noche azulada y látigo de luz; en ese proceso de sinapsis en donde el destello renueva las señales, los sonidos de lo inorgánico cumplen su función renovadora; agapantos, rabdomantes, planetario, molecular, reticulado, caversono; cadenas de sonidos que estampan el milagro de transformar una sustancia en otra



si la mano de la historia me lleva hacia los galpones del rumor, por qué buscar hechizos o encantamientos por amor a las palabras que habrán de sanar zonas aquejadas por la pasión o por la envidia o por la desolación del cuerpo que vive y late y empieza a comprender la inevitabilidad, como si la poderosa belleza de un sonido repetido hasta el desgaste desencadenara en los conductos liminares una resonancia más lejana que la voz, ecos que rondan donde ninguna luz se emite, salvo a veces, el resonar de las dendritas cuando esparcen su estática sonora, la noche inusitada debajo de la piel; humores que se desplazan por vías conocidas a veces salen, como si no tuvieran vida propia, como si no fueran sus esencias las que invocaran sus perfectos movimientos; ah! si conocieras la química sustancia, pero menos que eso, más acá, si conocieras la íntima sustancia que te habita, que mueve las células perceptibles y las que no se deben percibir, pero allí están, inocuas, bordeando la materia que moldea tu cuerpo subyugado; oh sí, la sustancia de las hojas, o de un agua que beberías para que la eternidad y no la suerte se implante en tus neuronas; alma que se retrae hacia la noche intelectual que te rodea; un vacío surge allí que te delata, mientras los músculos emergen desnudos confiando en la memoria de tus manos; nunca, pero nunca, extiendas tus brazos hacia el límite; la extensión de tu cuerpo se reduce a la distancia de tus brazos, a la altura de tu cuerpo; como si nada fueran los sentidos, no es tu mente, así, la que gobierna, es la alquimia de las aguas que das de beber a los perros


la vida en las ciudades, en el reino de los hombres es un conducto inoportuno para las veleidades salvajes que te inundan; quebrar en el ángulo perfecto del idioma y en las huellas de la sangre ese pacto que nunca las abejas comprendieron; oh hambre que construye innúmeros regocijos tenebrosos! allí se encuentra la espesura; cuando la indeclinable belleza del ansia te circunda, ábrese un torrente que circula por tus venas; allí la flor se nutre del estiércol para que en tu frente se suavice la grieta del deseo; ¿qué sabes acaso de la selva? ¿conoces sus entornos, la incipiente veta de los árboles, el eficaz chillido de los monos, el sibilante andar de los insectos? nada sabes, tú, de lo que llama; la selva es para ti un zumbido de verde parloteo, la veraz exactitud de las palabras y no el hedor que atrapan las orquídeas; revuelve en tus cimientos celulares, abre los ojos, mira las especies, toca la espesura, agranda en tus extremos el sentido del tacto; no es en el agua que el sonido se disuelve; es en las matas, donde crecen las serpientes





A Lucrecia Martel

la ciénaga imita la sustancia que te envuelve cuando la mano no alcanza a imaginar las consecuencias, como la rosa que se enfrenta a la jauría, mostrando los dientes, o como el árbol que en invierno extiende sus ramas cada vez más afiladas para alcanzar el aire que habrá de alimentarlo; han caído las hojas, el árbol entra en estado de latencia, sin embargo la forma se mantiene en perfecta circularidad, como queriendo abarcar más espacio; esa extensión se llama edad; pero hay oleadas ponderando otros circuitos, oleadas que recorren el cuerpo en su búsqueda de qué? estar allí, en ese lugar, y ahora la extensión de zonas sumergidas no responde al panorama; mirar para atrás en un despliegue temporal del sentido, mientras la superficie se resquebraja como un vidrio de gelatina, o como las salinas de absoluto resplandor; sal que viene del cuerpo en agua, erupción oceánica, sustancias que el cuerpo adora o rechaza en su mera fragancia puntillosa; y aunque no lo quieras es la hipófisis la madre de todas las glándulas, ciénaga que atrapa en las pulsiones y se somete a sus más lánguidos deseos incestuosos, al fulgor de los olfatos, a la gravidez de la guarida





malvas orquídeas del mar


Porque cada uno de esos mares no
estaba allí más que un día.
Marcel Proust



con palabras la lluvia extiende su parpadeo entre las flores; lento el cuerpo se arrastra hacia el estado que jamás debió dejar, liso como el agua que chorrea en la madera se adhiere a la lisura que lo acoge; allí, entre respiraciones y quebrantos se deja llevar hacia lo ignoto, no sabe si indómita locura, amor divino o exorcismo; abierta en su máxima extensión, como una mandrágora en la noche de los tiempos, palpa la compacta superficie que la envuelve; no hay materia que domine la dimensión del intercambio en que ya ni cuerpo se requiere; una masa que conforma no un color o una textura, sino más bien el aire inabordable que extiende el globo a su existencia; masa que en la secuencia se aminora y se condensa en bollos que hierven borboteando; abre los brazos para que nada de ella quede, nada quede de ese fulgor amarronado; limpia así de su propia sepultura, abraza la constancia de una incrédula energía que se acerca en el oxígeno; vuelve a palpar y ya nada entiende, su mente desconfía y sus manos la apresuran a una voz que la dirige ¿quién es? ¿de dónde viene? ¿qué le pide? pide lo que en azul cadencia se avecina, pide cuerpo abierto entre las aguas, entre el aire propulsor de maravillas, pide un abra en las distancias, el horizonte entre los árboles rendido, pide la raja en la llanura, el ansia en los estuarios, la lengua en la saliva, las hordas en los pelos, el vapor que se mece entre las piernas y el perfume desatado en las cornisas; es una superficie que refracta, la vida que se ha ido sin cadencia, sin forma ni atributos, sin camino, sin pies, sin manos, ni abierto corazón, ni aire blando; es la vida que se ha ido sin la vida, sin un beso en las mejillas, sin abrazo necesario, sin calor, sin presiones que lo formen o acomoden, sin presencia tutelar ni piel tejida, sin partículas de sombra y de textura, sin destello animal en sus heridas, un aire que no ha sido aprovechado, un alma que circunda entre las aguas; lamenta este vagar sin consistencia, fantasma que atestigua su tristeza, su dolor ante el empeño no vengado, su hambre de caricias enlazadas; es un líquido precioso la existencia, late un organismo asoma un ojo, parpadea, brotan sustancias de las redes ¿quién anuncia el resplandor vistoso de lo vivo? de su hedor se perfuman las palabras; nada hay en el universo que pueda repetir su asombro; se sosiega, se sosiega con el agua derramada; resulta que el sonido apacigua su semblante y ya nada queda del espacio que la aturde, nada que se atreve a enlodar su brazo en las palabras, asomo de barro en la picadura que arde entre los yuyos



si hay camino son las sombras evitadas como helechos creciendo entre los bosques; una vida que no ha sido se retrae a la humedad de las termitas; nadie habla ya de los efluvios sustraídos, se lamenta, se lamenta, se lamenta el cuerpo mientras lame la herida que no cierra; abre la boca, circula el aire y en ese pozo se instala la constancia de que las sombras no habitadas son a veces necesarias para disipar la vida; aunque ese cuerpo la acecha por las noches y se acomoda en su pecho en borboteos apretados, comprende que la luna se negó a ser coherente con su historia; bajó hasta los codos su amargura y allí se decantó su cobardía; pero este lenguaje de zozobra ya no la dictamina, como si el agua hubiera disuelto su premura; es ahora la instancia de los cuerpos exactos la que inscribe su templanza; limpia con la blanca pluma de una gaviota la arritmia del estruendo, blanca en su fina contextura de bambú; abre, piensa, expande en la caricia su escarmiento; no era necesario tanto asombro aduce ahora, que su pena
comienza a perdonarse



la línea del horizonte, en su impresionante limpieza desata con precisión el pensamiento de lo efímero, aunque así, en ese bamboleo que no cesa, un sentido de la enfermedad y la salud emerge de las olas para proyectar la comprensión evanescente, como si la salud y la enfermedad estuvieran allí en la disolución y en la forma, en el arabesco que se desenrolla en las profundidades de los genes, en el enredo repentino de las células o en el misterio que avanza solapadamente en el infinito embrollo que nos constituye; casi entender que hay una coherencia y ver con precisa claridad que pone aún más verdes los ojos, más transparente la inabarcable certeza de las olas en la orilla, donde cuerpos como el tuyo y el mío se desintegran en la sucesión de las horas para formar la dorada superficie de la arena; llegar a un punto o a un acuerdo, o a un pacto, o recién a un preguntarse hacia dónde o hacia qué, para qué o cuándo, o los deseos o la nada, y nuevamente los deseos y decir que sí a lo que emana y no al cubículo absurdo de lo propio cuando la comprensión es más insostenible, o cuando la aceptación aterroriza en su insondable transparencia; extenderse como el árbol al máximo derrotero de las ansias, un brazo se impulsa hacia los aires, los dedos estirados en su inconmovible extensión, tensado el cuerpo como un arco, en todas las direcciones, brazos y piernas se elongan en el agua, altitud y profundidad en la superficie, a flote en la rítmica inhalación y expiración del deseo, del número, de la distancia, de la cabeza sumergida entre el verde y el celeste, entre la multitud de burbujas y el sonido gutural, que sale no ya de la garganta sino de una zona que no logra definir; máquina, motor, paleta, remo, brazo que se estira, pierna que se hunde, cuerpo que se desliza en la sucesión de un líquido plateado, ojos semicirculares, el aire extenso que su cuerpo expulsa, como si una sincronía milagrosa de todos los términos diera lugar al movimiento: rasguño del agua, veta en la corriente, plácida ranura en la membrana líquida del cielo, potente animal sincopado, aturdimiento dócil, frecuencia sesgada




la lagartija apunta sus ojos dorados a las piedras que en años serán arena, y pasa el viento entre las aguas de la vida; un episodio la sorprende en el resplandor de las hortensias mientras enrolla la manguera como una víbora que se repliega después de incitar la tentación; así, en lo más brutal, se hacen sentir las vibraciones, aún en la edad en que los cuerpos se retractan de sus súbitos antojos; es un deseo tal vez incontrolable de atraer, de rechazar, más bien el sentido está en tender las redes, como el deslizarse en la superficie del agua rozando el resplandor cercano de las rocas, un cosquilleo remoto que no alcanza a dar el sentido del avance hacia la desembocadura en la que mar y correntada se dan su continuo abrazo de rechazo y atracción; dejarse llevar por el sentido hacia el reencuentro sin que el cielo sea garantía de destino, más bien dejarse llevar por el asombro de no saber la dirección exacta de las piernas, o de los puntos cardinales; el sol apunta con su espada una certeza, pero nada indica que ése sea el sentido de las olas, de las piedras, del cuerpo deslizado hacia el abismo
celeste de la luz


avanzan las olas en esta tarde nítida, serena la estatura de las alas, hablan las dendritas de un instante que es el único existente, aunque en la simultaneidad del todo se extinga sin dejar su rastro; escenas que no alteran el correr de la existencia, ni la pluma que se mece a la distancia y se guarda en la conciencia como blanca sutileza de los cielos; llora un chico, en la espesura de su mente reclama aquello que no tiene; tiene hambre o sueño o un mosquito le ha picado; la madre descifra el trazo de su grito; nada impide que el perro huela los zapatos, o que el sol se oculte en el cartel o caliente la cara con su sombra; adquiere luz la resistencia, zumban las pestañas, los pies de arena se arrodillan en la incertidumbre del momento, aire ya y mar y ondulaciones y un cielo de insistencia nacarada; ser en ese cielo no más que una partícula en el deletreo indiferente de la
tarde que se va


A Héctor Viel Temperley

cielo mar cielo en el horizonte líquido del aire que se inhala como precioso combustible de la vida, y luego profundidad terrosa de lo verde en la fugacidad de exhalar el horizonte opuesto en el hálito que queda, superficie en movimiento que lleva hacia la orilla, duna que se inclina hacia el cielo amarillento, verde en la distancia del fondo amarronado, piedras pulidísimas y el aire que se inhala nuevamente en el celeste, mientras brazos y piernas realizan la extensión que anima el chapaleo, a no ser por el continuo movimiento de las células que en su latitud elemental flotan sin quererlo en el mar de los asombros ¿quién se atreve en su ardiente derrotero a gatear sumido en los efluvios? es un arrastrarse lento y con enigmas, con sonidos infrahumanos en las sombras, sin oxígeno, virtual parpadeo del celeste y del marrón, cálido racimo, rasguño que se ofrece a la corriente, sangre que se arrastra por el cuerpo y por el mar en una superficie sin apoyo, sólo el movimiento admite el movimiento, sólo el movimiento admite la distancia que se intenta sin volver, se arrastra paralela a la bahía, y es de arriba que se atisba como línea, como insecto en la corriente que se agita, acompasado deslizarse es tan sencillo, un sutil abrirse de las aguas, rajarse la blandura glandular que la contiene y la incita hacia el destino que se opone inestable en la corriente, mientras el aire entra y sale por la boca y el celeste se interna en la mirada y el cuerpo es sólo superficie en este vana superficie que la envuelve, el lento gateo de las piernas despliega su textura simultánea, sincronía que gravita en la efímera silueta que se borra cuando expulsa el aire en la brazada


la trivialización más absoluta, ahí nomás, en ese punto de lo aceptable, donde la mente se desprende de lo que la asiste y flota en el golpeteo súbito de una bandera; tener un título o un sistema para estas abluciones, algo así como fragmentos derivando en la distancia, como si de un largo aliento fuera a desprenderse el torbellino que se expulsa en la memoria; largas frases que indican que hay miradas fugaces detenidas simplemente en el papel que ya se vuela, o en el hombre en bicicleta que es pasado, o en el rítmico fluir de las canoas apenas sugerido por los remos; ardiente la mirada que atina sólo a una periferia del sonido, un avión entre las nubes, el golpe sordo de una draga, la humanidad manifiesta en la mecánica monotonía de las ondas; nada hay que el aire no moldee, que el agua no haga sucumbir; siguiendo los preceptos de la sombra, la mera luz radiante de las doce atina a distraer los devenires; un sol, la distancia entre los astros, el universo rasqueteado en la corriente de un pensar ajeno a lo profundo; mirar el firmamento a plena luz, los planetas girando en armónica rutina, una nave que se atreve sólo hacia la cáscara de una entidad fabulosa, los tripulantes en pensados atuendos supervisan la maniobra de llegada a un puerto que reclama un sentido inalterable de lo opaco, la vibración del viento, el papel que nunca se somete; se estiran las mareas, el aire circula sin premura, nada altera en este instante la certeza de un fluir que no debe ser interrumpido, la constancia de la mente se destina hacia otros lares; ya no la seducción de ciertos brazos atentos al quejido, o a los labios impregnados de alabanzas, más bien la inalterable dirección hacia el presente de los sueños y el constante asentamiento de las aguas




el alga estampa en la mano un alfabeto marino que se extingue si las manos se internan en el verde como dos plantas simétricas, palmas que empujan el agua y filamentos vegetales; un verde compacto tamiza de dorado los colores mientras el cielo segrega celeste en el avance; sólo el azul expande su fijeza cuando gira y entrega sus espaldas a las olas; sin horizonte que limite la mirada, las nubes se avecinan a la estela y entonces el cuerpo es sólo superficie que se extiende hacia lo alto; con los brazos quisiera alcanzar el universo pero la rítmica flexión hacia la meta sumerge la mirada en un charco fugaz, y otra vez el cielo se avecina en la distancia, pero de tanto aire que se expira, se separa de la nada que es el fondo de los cielos
LILA ZEMBORAIN


Lila Zemborain nació en Buenos Aires en 1955 y vive en Nueva York desde 1985. Ha publicado los libros de poesía "Rasgado" (Buenos Aires: Tsé-Tsé, 2006), "Malvas orquídeas del mar" (Buenos Aires: Tsé-Tsé, 2004), "Guardianes del secreto" (Buenos Aires: Tsé-Tsé, 2002), "Usted" (Buenos Aires, Ediciones Ultimo Reino, 1998), "Abrete sésamo debajo del agua" (Ediciones Ultimo Reino, 1993) y las plaquettes "Ardores" (1989) y "Germinar" (1983). Ha sido incluída en las antologías "Mujeres mirando al Sur. Poetas sudamericanas en USA (Madrid: Editorial Torremozas, 2004), en "Actual triantología de poesía Argentina, Brasileña y Peruana" de la revista Humúnculus (Lima: 2004), y en Final de entrega. Antología de poet@s contra la violencia de género (Córdoba (España), 2006). Su trabajo traducido al inglés por Rosa Alcalá ha sido incluído en las antologías "The Light of City and Sea. An Anthology of Suffolk County Poetry 2006" (Sound Beach, NY: Street Press, 2006) y "Corresponding Voices" (Point of Contact Productions: Syracuse University, 2002), en la serie de plaquettes de Belladona con el poema "Pampa", y en las revistas "The Gathering of the Tribes", "Newsletter" del Poetry Project, Ecopoetics y Rattapallax. Su trabajo en español ha aparecido en publicaciones como el diario "El Universal" de Caracas, el diario ABC de España y en las revistas "Galerna" de Montclair State University, "Tsé-Tsé" y "Los rollos del mal muerto" de Buenos Aires, "Sibila" y "Barcelona 080", de España, "Girabel" y "Humunculus" de Perú, y en diversos sitios del internet. Es directora y editora de la serie de poesía Rebel Road. Dirige también la serie de poesía KJCC, en el King Juan Carlos I Center, de New York University.
Como especialista en literatura latinoamericana, ha publicado el libro "Gabriela Mistral. Una mujer sin rostro" (Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2002). Sus artículos sobre Gabriela Mistral han aparecido en publicaciones como la revista Iberoamericana (2000) y en el libro "Femenino Plural. La locura, la enfermedad, el cuerpo en las escritoras hispanoamericanas" (Alexandria: Los signos del tiempo, 2000) entre otras. Ha realizado lecturas de su obra poética y crítica en distintas universidades y centros culturales de Estados Unidos, Francia, España, Argentina y Chile. Entre 2001 y 2002 colaboró como corresponsal de arte en New York con el periódico "Arte al Día Internacional". Es profesora de escritura creativa y literatura en el Departamento de Español y Portugués de New York University. En el verano 2006 enseñó en el Summer Writing Program de Naropa University.

viernes, noviembre 03, 2006

CARLOS JUÁREZ ALDAZÁBAL





















Creo que siempre estuvo el rito de las agendas, que al comienzo era el de los cuadernos, porque me dedicaba a llenar cuadernos con jeroglíficos indescifrables para todos (a veces incluso para mí) en los que se ocultaban los poemas. Actualmente de ese rito me queda una agenda de 1993, con manchas de mate y de café. Nunca deja de sorprenderme el espacio que tiene: parece que las hojas en blanco se reprodujeran solas. Otra ritualidad es el murmullo: armar poemas caminando, trotando o durmiendo bajo el sol, en una plaza, demorándome en la musicalidad del idioma. Después transcribo esos sonidos, sea en mi agenda o en la computadora (la máquina de escribir fue una tecnología por la que transité muy brevemente). La poesía (murmurada o escrita) para mí no tiene un lugar específico: puede suceder en cualquier sitio. Siempre intento estar preparado, lo que no significa que a veces los poemas se me escapen. Pero cuando el poema viene sin aviso y uno está preparado no existe distracción ni ruido que puedan sujetarlo. Lo importante, en mi opinión, es que el silencio se produzca en la atmósfera mental: he llegado a escribir poemas en pizzerías llenas de comensales, transformados en un desdibujado telón de fondo para la escritura. Lo más común es escribir sobre lo que va surgiendo, pero también he pasado por la experiencia de un armado poético a partir de una investigación. Se trató de una búsqueda en la que tuve que recurrir a ciertos recursos etnográficos. Pero el plan también implicó, al menos en mi caso, la honestidad de escribir lo que la conmoción me dictaba. La poesía siempre dice lo que quiere. Las decisiones en el momento de la corrección son, en mi opinión, las que determinan el estilo de un escritor. Y si ese escritor es un poeta la afirmación se duplica. En mi caso, es algo que me preocupa obsesivamente, porque siempre estoy volviendo sobre los textos pensando en posibles mejoras (por ejemplo, cuando publiqué mi segundo libro incluí el primero para volver a corregirlo. Y si hoy hiciera otra edición de esos poemas volvería a retocarlos). La relectura de lo escrito puede darse con "descanso" o sin él. A veces, algunas afortunadas veces, los poemas salen de un tirón y con su forma definitiva: a pesar de que uno los relee (sea un día, una semana, un mes o una década después) con intenciones de cirujano nunca encuentra el lugar adecuado para la incisión. Pero esos poemas saludables son las excepciones. En general siempre se precisan vitaminas, y en algunos casos serias operaciones que no garantizan la salvación de un inevitable deceso. No sé si es por la tradición poética de Salta, donde la copla anónima y su equivalente musical, es decir la baguala, han alimentado la poesía de autor. Pero lo cierto es que en mi caso lo primero que aparece es el sonido. Sin embargo, a través de esa estructura musical muchas veces me es posible visualizar lo que estoy diciendo. Es que la poesía es ritmo, pero también imagen. Es invención verbal, pero también descripción del mundo. Podría agregar, para terminar, algo que se publicó en la revista pampeana Museo Salvaje: Debo confesarlo: desde que se me ocurrió garabatear un papel con la esperanza de encontrar un poema me he acercado bastante a la alegría. Esos primeros momentos de escritura, que significaron en la infancia encantar la realidad, fueron amplificándose, como ecos, en mis intentos literarios posteriores. Encantar la realidad nunca significó prescindir de ella: por el contrario. Siempre procuré recordar los horrores reales para que la palabra cumpliera su tarea salvadora. Aún no me he salvado. Sigo escribiendo, que es como decir "sigo viviendo", para que la realidad no me destroce. Siempre he pensado a mi poesía como una traductora de experiencias. Y es eso lo que aparece en estos poemas: la experiencia de la infancia en Salta, la experiencia del desamparo en Buenos Aires, la experiencia de la indignación frente al genocidio cometido contra los selk´nam. Pero por encima de lo anecdótico nada ha cambiado en mi escritura. Las elecciones temáticas son excusas para repetir obsesiones. Estos textos están hilados por el fino umbral de la muerte, la región que nos contiene, que nos contendrá a todos. La tarea de un poeta, me parece, consiste en formar una voz para domesticar a la muerte. Esa voz, que no es otra cosa que el estilo, se sobrepone a lo temático, sobrevive a lo retórico y, finalmente, es lo que permite repetir en cada ritual de escritura el garabato primero, la inexplicable pulsión que se traducía, entonces como ahora, en la alegría del poema.

CARLOS JUÁREZ ALDAZÁBAL


POEMAS DEL LIBRO "POR QUÉ QUEREMOS SER QUEVEDO"



Para ser del árbol
había que convertirlo en mecedora
columpiarse en sus hojas
acuchillarlo
estarse quieto
como chicharra fósil
aturdida
emparentada a la corteza
atada al tallo
para ir y venir en pertenencias
chupando de la savia
que suplicaba
la poda de la cuerda
para dar frutos.




Febrero
A mi hermana
le crecían nubes en las uñas
cuando el carnaval se acercaba
al tumulto de las siestas.
Ella conjuraba el agua
para que las ondinas expresaran
su contento desde el aire
que chicoteaba la ventana
para asustar a los duendes
arañadores de techos
y de tejas.
Yo me escapaba con los duendes
porque aborrecía
que las ondinas
me lamieran los huesos con sus lenguas de agua,
porque aborrecía el sudor de boca
que reverberaba en las sombras
escalofriándome el ánimo.
Al instante
mi hermana se enojaba
y un duende arrepentido
resbalaba en el llanto
y el rito se cumplía
por el carnaval atrapado en las lágrimas,
por las ondinas graciosas
transparentadas en sol
que acariciaban la nostalgia de la brisa.
A las siete de la tarde
ya estábamos adentro, merendando,
imaginando el destierro
del patio y de sus seres, del carnaval
y el momento amenazante del olvido
que se cernía sobre la ciudad
como la certeza de la noche.
A Adela


2-Concepción paterna.




...Y aunque la vida perdió,
nos dejó harto consuelo
su memoria.
Jorge Manrique


Cuando murió mi padre nació su olvido.
Miguel Ángel Bustos




I

Padre mío,
que estás en alguna parte
de mi sangre emplastada,
santifica mis glóbulos blancos,
ven a mis vísceras, mis úlceras,
haz que mi voluntad te olvide
y págame las deudas, los miedos, los pecados.
Con palabras
no me libres del mal
a menos que se pueda.



II

"Heredarás la tierra", me dijiste,
y me entregaste una pala
para cavar la tumba.
"Heredarás la tierra",
y me dejaste el aire
con un tatuaje negro
atravesando el almanaque,
atravesando el nacimiento de mi fémur,
el fétido principio de tu muerte.
"Olvidarás la tierra", decretaste entonces,
y me clavaste un poema suspendido
sobre el vértice achatado de mi espalda,
entrecortando las quimeras que crecían
y revocando la ausencia
de la tierra heredada.


III

El bronce que te escupe
en la madera lustrada
me mira burlón desde la neurona,
desde el recuerdo inventado,
desde la televisión,
desde mi infancia inmolada
en el diamante,
carbonizada sobre el césped,
sobre el humus,
sobre
el bronce que te escupe
en la madera lustrada,
que me escupe,
burlón,
como si nada.




IV

Ese cactus
que compartimos
hace mucho
se parece a este obelisco
que lastima mis manos
con sus púas
y su espacio robado
al nuestro.




La soberbia del monje

Y es que para crear
hay que llevar un cuerpo donde asirse,
un par de piernas, largas como cintas,
un vientre de papel garabateado,
un ojo en el terror, bocas distintas,
y la belleza múltiple de un coro de tiranos,
torturadores leves de masas voluptuosas,
despellejadores del sueño en que vivimos.
Y es que para crear
hay que escupir un mundo.

Arte poética.

Contemplar el fresno,
atacar la hoja
y después morir
cuando el poema
nos tritura la aorta
con pirañas.


Cotidianidad.

Solemos charlar con mi sombra,
dar un paseo, comer manzanas,
sentarnos en un bar a transcurrir el día,
sobornar a mendigos para que nos delaten
al sacro tribunal de monjas moralistas
que suelen acecharnos.
Solemos caminar con mi pereza,
salimos a correr por valles encantados,
lugares venturosos repletos de figuras,
de pieles tersas,
imagen de animal que espera agazapado
a que la comunión se haga presente.
Después ellas se van
y yo, a las once,
acudo a la lectura
cuando la soledad ya se ha firmado
al pie de mi destino.
("El martes hay parcial",
repite la sentencia,
"para saber quién merece ser la víctima
de la doctrina inerte
de la nada.")


El canto.

La tierra está licuando las raíces
que en el silencio fueron nuestros cantos.
La tierra nos destroza.
Hay canarios sagaces
que aún persisten en trinos,
canarios congelados en el fuego,
canarios rencorosos.
Ellos beben el aire
y excretan el polvo con su canto,
el canto que se pierde en la saliva,
en la rabiosa imagen del futuro.
El silencio es el profeta del olvido,
por eso los canarios se meten en sus fauces
y hablan en su lengua.
La esperanza: un canario
devorando al silencio.

Informe meteorológico.

En zonas de clima húmedo la soledad se amontona en las articulaciones de los ancianos.
El fenómeno afecta también a individuos jóvenes provenientes de otros climas, con la diferencia de que en éstos el cuadro sintomático se agrava al incidir en sus músculos un diluvio de cisnes -ignorado por los ancianos- que trasmite la tristeza a sus órganos respiratorios.
Empeñados en detener los efectos nocivos de la humedad, los especialistas recomiendan a las personas mayores el uso de mascotas.
A los individuos jóvenes provenientes de otros climas les sugieren, además, las siguientes soluciones: una mujer dispuesta a temperatura ambiente, una postal del suelo que han dejado, un ventilador filoso con uñas de cuchillo para secar la soledad y las entrañas.



La soberbia del monje




Epílogo.



Escribí Por qué queremos ser Quevedo y La soberbia del monje entre 1993 y 1996. Ambos poemarios nacieron con la pretensión de ser los cimientos de una obra. El esbozo de una respuesta a la pregunta del por qué de este oficio, junto con un recetario personal de poéticas, fue la excusa para unificar vivencias inconfesables con lecturas olvidadas en el tejido de los versos.
En cierta época llegué a pensar que no se puede crear obras de arte sin padecer algún tipo de dolor existencial. Esta creencia radical hoy está más atemperada, aunque en principio sigue operando en mis intentos literarios. En verdad, tenía la sensación de que sólo se escribe desde las pérdidas, desde las carencias, completando con el lenguaje los vacíos que la realidad va remarcando. Una escritura traumática, irremediablemente pesimista. La necesidad de releer los poemas para preparar este libro me hizo reconsiderar mi "teoría del trauma" al advertir salpicones de optimismo que deshacían la hipótesis. Como complemento, la palabra "aura", utilizada alguna vez por Walter Benjamin para dar cuenta de esa "manifestación irrepetible de una lejanía" que develan algunas obras de arte, me sirvió para redondear mi reflexión.
Hoy estoy casi seguro de que el arte tiene esos dos elementos, lo traumático y lo aurático: escribir poemas para evocar la magia de ciertos personajes, momentos y sitios, hechizos irrepetibles que uno desearía habitar para siempre, y denunciar, al mismo tiempo, la terrible experiencia de la vida.
Es lo que traté de hacer en estos poemarios.




CARLOS JUÁREZ ALDAZÁBAL







Carlos Juárez Aldazábal nació en 1974. Es de Salta. Su primer poemario, La soberbia del monje, se publicó en 1996 gracias a un subsidio de la Fundación Antorchas. A ese libro le siguieron Por qué queremos ser Quevedo (1999) y Nadie enduela su voz como plegaria (2003). Entre otros, obtuvo el Primer Premio Regional de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación y el Primer Premio del Segundo Concurso "Identidad, de las huellas a la palabra", organizado por Abuelas de Plaza de Mayo. Colabora con suplementos literarios del país y del exterior. Es Becario del CONICET, docente universitario y periodista. Su blog es www.elpimentero.blogspot.com

DOLORES ETCHECOPAR





Para que el poema se escriba me hace falta una cierta calidad de tiempo, del que se han expulsado los apremios cotidianos, los horarios, las preocupaciones que llevan la mente a otra parte. Eso, ante todo: estar disponible, entera, abierta, atenta, aguzando el oído del alma. Cada momento del día tiene su influjo, su encantamiento y su despeñadero.
La mañana es más lúcida, al mediodía todo está preñado por el sol, por el deseo, la tarde es melancólica, la muerte y la memoria se abrazan en los sonidos del mundo, es más hondo el desasosiego, la soledad, pero es también más fácil entrar en ella a esa hora del día y descender por sus grutas y sus jardines que se deshacen en los ojos casi cerrados del horizonte.
La noche es el país de la poesía, la suspensión del tiempo del mundo, la voz de los muertos, el silencio que se materializa, lo infinito, lo insoportable.
Escribo menos en verano que en otras estaciones.
Escribo más en mi casa y con la mano que siente el cuerpo de las palabras.
Pero muchas veces ha sido el movimiento de un tren o de un auto (cuando no soy yo la que maneja), la velocidad de un paisaje detrás del vidrio, lo que precipita dentro de mí un despegue del lenguaje de sus cauces habituales y hace soñar a las palabras.
Escribo en cuadernos donde ya hay otras palabras escritas que aquietan el desierto, que soplan alrededor de la página en blanco propiciando a que algo crezca allí.
Hay músicas que me hacen salir de la prosa del mundo y desatan otras corrientes en el lenguaje y nos llevan –a mí y a las palabras- a los lugares del alma. Cuando encuentro esta música la escucho una y otra vez mientras escribo, obsesivamente.
También dejo sobre la mesa donde escribo algún libro de poesía que me guste muchísimo, porque basta con abrirlo y leer una palabra para que ella despierte otro recorrido dentro de mí.
No tengo un plan. A veces me asalta una frase, una imagen, el rostro de alguien, un gesto, algo de todos los días que despega súbitamente de su opacidad, puede ser cualquier cosa que dispare una luz que estremece algo profundo en mí, algo que antes no estaba.
Sí, dejo "descansar" los poemas y en ese tiempo casi siempre sufren transformaciones, a veces sólo queda una frase, muchas veces nada.
Corregir es sobretodo sacar lo que debilita una frase, lo que opaca o mata al silencio que tiene que mantenerse vivo dentro del poema para que éste no muera en un significado, en una intención.
Corregir es acercarse a ese borde que vuelve autónomo al poema, que le confiere un rostro con el que también puede interpelar al escritor/lector. Para que el poema deje de ser el reflejo de un "yo" y se convierta en una presencia misteriosa, irreductible.
A veces aparece una frase cargada por mundos que estallan dentro de ella, a veces esta frase desaparece como un cometa y sólo me queda de ella una sensación a partir de la cual otras palabras empiezan a circular con vida propia generando una atmósfera para esa nueva constelación que puede ser el poema .
Pero antes que nada hay un estado interior particular que antecede la escritura. Ese estado es como un descarrilamiento de la percepción habitual del mundo, a veces tiene algo de ebriedad, otras de peligro, o se presenta grave y melancólico como la música de un cello que proviene de otros tiempos, estratos más hondos de la conciencia; se rompe algo de la psicología individual y lo que emerge también es desconocido para mí.
Escribir donde decir es imposible.
La flor del desierto.
La poesía como un modo de orar ante lo que nos abisma.

DOLORES ETCHECOPAR



POEMAS DEL LIBRO “NOTAS SALVAJES”


madre

Mi madre es suave como un campo de maíz
pero a veces se oscurece
entonces me siento sobre una piedra
para que me trague el sol


epílogo


una niñita abría su polvera cuando estalló el edificio.
sus pies, al hundirse, alcanzaron la velocidad de la luz
y no fueron hallados
es decir que hubo árboles en ella
y alguien que envenenaba a las bestias que subían
por las rosas


el sacrificio


ella murió
pero pudieron salvar
al primer resplandor del océano
que se abría en el iris de sus ojos


la disculpa


yo quería que eso volviera a suceder
una boba y una vieja embalan a un santo
todo el cuerpo entra en la caja
menos los ojos poseídos por un sol
que nunca se verá de este lado
yo quería que eso volviera a suceder
una boba y una vieja esperan un tren
acomodan sus bultos
dos bocas grandes y una pequeña
pájaros torcidos en la ventana torcida
(cuando seas grande te va a gustar
ver pájaros torcidos por la ventana torcida
ahora cállate)
yo quería que eso volviera a suceder
una vieja y una boba
con dos bocas grandes y una pequeña
piden disculpas perdón perdón
eso no volverá a suceder


POEMAS DEL LIBRO “CANCIÓN DEL PRECIPICIO”


perforación de la extraña voz


nuestro lenguaje es muy simple
sólo hay que soplar un barquito
sobre los lagos de la muerte


vacilación de los árboles y los muertos


allí he dormido mientras caía
un árbol lleno de hombres
he dormido llena de fuego
en un jardín
junto a ellos
los patos
y el lodo
las moscas
como oscurísimos alfabetos
recorren el misal del asesino


pronto ejecutarán al caballo

amable boca
pronto caerá la que camina
sobre los tambores de mi lengua
amable amable despeñada aurora
amable fuego
amable tú amable él
amable útero conocimiento estertor estrella
amable violencia flores marinas
amable ciudad verdor exterminio
la luna brota de las piedras estoy sentada
amables teorías cacareos valles
(alguien llora en la sala de música)
amable amable ferocidad
amables ustedes olvidados en un parque
donde la luz habla y habla con la muerte


POEMAS INÉDITOS

la ventana

en mi casa algo grave le sucedía al silencio. nadie
se miraba y había hielo en un ojo y un jardín aterrado era el otro/
en la oscuridad nevaba y los pasos de mi padre eran rápidos llegaban/
en un día a todas mis edades y rompían una ventana hasta que/
entraba esa luz en mi oído esa luz que quieren los árboles para tocar /
el día más allá de sus ramas más allá de sus frutos heridos por el /
hielo yo quería tocar la mañana de esa ciudad que se iba en los trenes/



el cielo desbordado

a veces mi corazón
da un paso adelante de mi cuerpo
entonces hablo
y no se escucha más que una ola
que abre la noche
y deja el cristal de sus mareas
sobre tu lengua
amor mío
suelta el lazo de mis pies
atados a narraciones muy tristes
con un hilo de sangre
suéltame las rosas detenidas
en este inmenso lugar sin brazos
ya sabemos morir
ya nos sucedió morir
ya pasó mi corazón
una larga noche con su sombra
ahora las heridas tocan
el arpa del mundo
que se disuelve entre los pájaros
ahora pliego tu nombre como un ala
sobre mi pecho
hago una isla infinita y quieta para tu rostro
ahora te respiro como a un árbol de la infancia
que levanta mis palabras hasta el sol
dejo las rodillas sobre un lago
ojo del cielo
en la tierra que traen tus sueños
a mi raíz

vos y yo en una sala de cine

los faraones están sentados
uno al lado del otro
así sus almas pueden desplazarse
callada la oscuridad
apoya tus manos
y mis manos
es la postura que enciende
la quietud de las rodillas
no nos miramos
absortos por el ojo de los sueños
que surge del fondo
y nos guía
sobre la montaña no hay nada
sólo la proximidad
uno al lado del otro
sin destino
así nuestras almas fluyen
vos y yo
entregados así
uno al lado del otro
mientras dure
todo lo que abrazo
todo lo que toco



DOLORES ETCHECOPAR


Nació en Buenos Aires. Hija de padre diplomático, durante su infancia y adolescencia viajó por el mundo. Escribió cinco libros de poesía (su voz en la mía, la tañedora, el atavío, notas salvajes y canción del precipicio). Actualmente vive en Buenos Aires. Participó en la dirección de un grupo de acción poética llamado el pez que habla, que se propuso investir poéticamente al espacio que rodea y atraviesa la voz de los poetas durante la lectura de éstos o de sus textos. Actualmente comparte con la poeta María Mascheroni un espacio de investigación de la voz y la palabra poética llamado Santo Cielo.