sábado, enero 06, 2007

RICARDO DANIEL PIÑA



Hace aproximadamente siete años que escribo por las mañanas, desde las 9 de la mañana hasta las 11 o 12. Luego de ir a correr y hacer algunos ejercicios físicos. Llego a mi casa, escribo, luego me baño. Voy tomando unos mates y me rajo a la casa de la señora Eloísa, la cartonera, a hacer libros. Y atender gente que quiere comprar literatura latinoamericana o argentina. Que trae sus textos para publicar y quieren conversar y quieren opiniones. Esto lo hago todos los días, salvo que alguna lesión no me deje.
No me gusta escribir sobre un papel cualquiera, ni de noche, ni tomando vino, ni estimulándome de alguna forma, sentado en un bar, ni llorando por algún drama o porque me dejó mi novia o porque me engañó o mi amigo me estafó. No quiero ser Tom Waits en los ochenta con Blue Valentine o Foreing Affairs. Trato de no vincular, en lo posible, el sufrimiento "físico" a la poesía. Para eso está el psicoanálisis. Es cambiar los discursos y los destinatarios de esos discursos. No quiero hacerlo. Me resulta más placentero escribir de mañana, en mi casa, con luz y con las endorfinas a mil por el cuerpo. No me gusta el poeta que sufre y que "usa" la poesía como bandera.
Hay otras formas de hacer banderas.
No ignoro que haya sufrimiento y miseria en el mundo, no soy un bobito que vive en un tubo de papel higiénico, pero es imperioso organizarse para manifestar. Y cortarla con el lamento individual. Atendamos a que estamos frente a tácticas discursivas diferentes. Unas son para el "encuadre" psicoanalítico (insisto), otras son para salir a la calle organizados en gremios, partidos políticos, sindicatos, ciudadanos comunes bajo una consigna, etc. Y otra "forma" es la poesía. No debemos confundir a la gente. En este siglo XXI las formas discursivas pueden convivir, deben convivir. Y de hecho lo hacen en la poesía contemporánea. Pero no podemos "empastar" en la idiotez a la gente con sentimientos confusos. La poesía debe ser denuncia, no lamento. La poesía no debe servir para sostener formas ya perimidas, cuestionadas, obsoletas. No a los poetas oficiales. Esos que no cuestionan al sistema perverso. Poesía es una forma de resistencia. Empecé un oficio cuando comencé a sentarme frente a la pc y a provocarme con lecturas o con música de Bill Frisell, David Fuczinsky, Cocteau Twins, King Crimson, Spinetta, bla, bla. Bla. Hice experimentos con programas radiales de política y actualidad (a esa hora de la mañana). Suelo investigar en autores no poetas. En manuales de filosofía, de historia, de economía, de geografía, de botánica, de geología, de paleontología, etc. Uso muchísimo el diccionario. Me siento obligado a saber los distintos significados de las cosas. Prefiero el silencio en el acto de escritura. Y es fundamental la evocación. Confío en mi inconsciente. Trabajo todo el tiempo con él y sé por qué hago lo que hago. Abordo un tema para el texto, pero muchas veces, con otra idea dándome vueltas por la cabeza. La conservo dentro de mí hasta que sale y se "cae" adentro del poema y se va acomodando. No dejo de asombrarme cómo mi inconsciente actúa todo el tiempo de tamiz. (Retiene lo que no sirve al poema y deja pasar por entre sus rejas los elementos de algún tema análogo que va a resolverse en el transcurso del poema o en el final.) Escribo en mi cabeza. Veo algo que me dice algo, y construyo con palabras "eso" que se manifiesta frente a mí. No me hace falta el papel y el lápiz. Luego evoco ese momento y vienen a mi monitor samsung (recontra súper viejo – casi un fósil tecnológico...) las mismas palabras. Aquellas que fui tallando en la tabla rasa de mi memoria. Y que se deshacen con las imágenes de ese día...y se mezclan. Adorablemente. Volver a vivir todo eso.La corrección es fundamental.
El poema tiene un veinte por ciento de creación y un ochenta por ciento de correcciones y trabajo. Lo que llamo, la puesta a punto. Es como un auto que está por salir a competencia. Es muy cómodo corregir en el Word. Uno puede subir y bajar todo el tiempo, cortar y pegar... Hasta se pueden elegir sinónimos. Y todo eso, gracias a la tecnología... Es importante saber cuando termina la corrección. De ahí en más, el poema no se toca más y se asienta. Se deja sedimentar. Las impurezas van al fondo. Y rápidamente se lo mira, a vuelo de pájaro, para algunos toquecitos simples... comas, puntos, saltos de versos, cosas como sinónimos o antónimos. Ahí llega lo que yo llamo: cuarentena. Nada de publicarlo en ningún lado, ni cosa parecida. Como darlo a conocer a algún amigo, a una amada. Nada. No lo dejo para luego corregirlo. Le doy masa hasta el final. Hasta que no termina no paro. Si sangra, pues que se lo banque, coño! No lo dejo para después. No puedo. Y si a veces lo hago, es un poema condenado al olvido. Al poema lo obligo porque sé que puedo y porque depende de mí. A otras cosas no las puedo obligar, porque la mayoría de las veces no dependen de mí... (Sic.) El poema no es una frase linda o inteligente. Ni muchas frases lindas o inteligentes. Veo que de muchos poetas, uno puede tomar versos reveladores, bellos, increíbles. No puedo hacer eso. En mi poesía, cada verso cumple su función, por mínima que parezca. Es la parte viva, necesaria e indivisible. Es un brazo o un hígado que forma parte de ese cuerpo animal, que es el poema. Yo apunto a que casi todo lo que hago en poesía, se comporte como un caleidoscopio o un organismo vivo, una idea. Que todas esas partes sueltas se unan en el final o no, para dar una idea o una imagen. Un instante. Ah!, introduzcamos en este planteo, por fin, la idea de trabajo en el poema. Ya es hora. Observación: Todas estas precisiones las doy como si fuese un semiólogo o algo así como un lingüista, pero nunca las tengo antes de escribir. Mi vinculación con la poesía me resulta dificultosa de explicar. No tengo ganas de amasijarme la cabeza. No tengo ganas de hacer el esfuerzo. Todo lo que pude brindar, a lo largo de este "cuestionario", fueron pequeños lineamientos que cuentan algo. Tengo muchísimas cosas en mi cabeza, que no tengo ni idea cómo decirlas. (En la bienal de S. Pablo, me descubrí pintando y componiendo artesanías...! Lenguajes totalmente nuevos.) No estoy hecho para decir cómo construyo algo que forma parte de mis funciones vitales. La sangre me circula por el cuerpo pero no estoy pensando qué pasa con eso... Pasa y punto. A lo mejor, investigo luego... Pero sí, me siento preparado para guiar (clínicamente) al poeta. Guiarlo con mi experiencia, sin educar (...formar es reprimir...), por el camino de su propio ritmo de imágenes. Siempre que esté la experiencia con el poema. (Todas las personas pueden crear mediante una disciplina. La pintura, la actuación, la escultura, el diseño, etc. Pero no todos conocen el camino de la poesía. Yo lo muestro con mi trabajo.)
Celebro esta palabra: Trabajo.


Poemas



Banderita de mi patria,
blanca y celeste en los mástiles del colegio.
Celeste y blanca en los mástiles del mar.


Señora Subdirectora de la Escuela nro. 69
" Capitán Crisólogo Hermenegildo Comesaña".
El sesenta y nueve es la mayor deliciosa coincidencia cósmica,
entre los seres de sexos análogos. Que buscan completarse.
Y no es casualidad que el ser humano haya imaginado;
en su afán de recrear el intercambio simultáneo de los sabores y las texturas,
las dimensiones, las temperaturas y las intensidades de los actos previos;
la disciplina que va superando la mayor satisfación del goce
a medida que evoluciona la perfección del frenesí en el otro.
Me dirijo a usted, señora subdirectora,
amparado en la más adecuada ceremonia que me sea posible
para decirle que al fin,
dentro de esta noche porteña arrabalera. Húmeda y cálida como un pez de metal,
el objeto de todo es hacerle saber que nuestra forma de amor
no es sólo
estar para
durar como embalsamados en el sarcófago del país
acompañándonos en el pesar y en el tiempo
que intercalamos
con hijos y con poesía,
caprichosamente,
deliberadamente como maniátcos.
Llevamos el brillo vertiginoso del silencio y el deseo como un submarino amarillo.
Y al ver los números pensé y me vi obligado a reflexionar en las formas.
Y me dije, que mientras que las patitas del seis están para arriba,
la cabecita está para abajo.
Y el nueve es al revés. Y se perciben de frente.
La cabeza hacia lo alto y las piernas de caricatura como palitos extendidos
hacia el otro extremo.
Cavidades y extensiones en el seis y el nueve.
Qué almacena el número en su circunferencia, su óvalo, su redondel...?
Un alma salvaje saliente atrapada por una línea que la abraza?
La sed y la desdicha de los números recalentados por el sentido?
Erotismo.
Quién te disparará el sentido en los segmentos de esos mismos números...?
Este instituto privado incorporado a la enseñanza oficial
por el que usted es empleada del estado
y por el cual descuentan el once por ciento para su jubilación mensual,
el sindicato de trabajadores de la educación
y la obra social (OSDE) de enseñanza primaria y secundaria,
depende de la zona erógena del Ministerio de Educación
de la Provincia de Buenos Aires.
Y en su defecto, depende de la fricción de los cuerpos del Señor gobernador
de la Provincia Sigfrido Hermenegildo Francisco Solá.
(Con algún otro cuerpo o consigo mismo o con algo o con alguna cosa.
Una idea. Una forma...Algo...).
Ahora, en éste preciso momento
el tiempo como una cerrada y desordenada bruma marina...
Apestosa como la harina de pescado que hacen en el puerto,
nos está corroyendo con la distancia de acercarnos en caricias
para despertarnos algunas mañanas con recuerdos de ambos
desatándonos de las piernas y de los brazos.
El sol, hoy agujerea la mañana.
Los barcos pesqueros del puerto. Los marineros en el puerto.
Cientos de trabajadores del pescado, en las ramblas del puerto. Agujerean la mañana.
Los guardapolvos de los fileteros. Los impermeables de los fileteros.
Los guardapolvos de los niños en el colegio. Todos agujerean la mañana.
La bandera blanca y celeste en el patio de la escuela.
La bandera celeste y blanca en los barcos pesqueros.
El saludo patrio de todas las mañanas.
Agujerean, por algún sentido, cada mañana.
Algo aparece y se deja ver en esos pedazos sin nada...
Su piel, señora, que es como un mar que se desmorona blanco rompiendo
como crema de afeitar Palmolive en cada ola.
Caricias que la devuelven a un horizonte.
Caricias
que la expulsan
hasta el horizonte.
Señora,
usted merece la tranquilidad que reina en su próximo jardín con higueras y nísperos
y flores de azhar en el frente de su casa de avenida Juan B. Justo.
Sus canes marrones y azules como dóciles bebés desdentados chupatetas,
jugando en el parque del fondo a esconderse y salir corriendo.
Ellos también merecen paz.
Esa que aparece sólo por intervalos.
Usted merece refugiarse y estremecerse en las columnas de luz.
altas como escaleras, o como rampas.
El sol que agujerea la mañana. Sigue.
El mar que agujerea la bandera de ceremonias. Sigue.
Cada mañana los hijos. Siguen.
Todo sigue. Con cada mañana
los perros. Siguen. Cada mañana pienso y me acuerdo
y repito que sigo pensando cómo
es el mar azul y frío cada mañana.
Cómo paro de agujerear mi soledad.
O mi corazón.

Miércoles 11 de octubre de 2006

Buenosayres miserable

A Vivien Kogut (Río de Janeiro, 1969.) Durante la noche. Ed. Siesta 2006.
...

Es un día insólito.
Aunque siga siendo común,
vulgar
y radiante.


Mosca,
hoy tu gloria
descansa
almacenando las infecciones
en otra pared
despintada
de graffitis.
Sucia y meada por los perros.
Los sufrimientos existen y también se acaban.
Y vuelven a circular.
Y vuelven a terminarse en la oscuridad de las palabras
que use
para explicarle a ella
que aunque soy un poco obsesivo e insoportable
quiero que se quede cerca.


Y no enterarme a los cinco meses de perderle el rastro
que estuvo enferma de cáncer.
Que la operaron y le sacaron los ovarios.


Bastaba
juntarnos a comer
papas fritas y a tomar coca cola
sentados en el piso
y apoyados en el paredón con mis amigos,
para que los alimentos
se convirtieran en ofrendas
y una vez apoyados en el calor fulminante
que nos clavaba a la pared sucia,
éramos como la mismísima deuda alimentaria
suspendida.
Todos nosotros
parecemos
seres humanos.
Quisiéramos morirnos de aburrimiento.
Pero nos consumimos en consideraciones
acerca de la muerte,
el hambre,
la miseria,
el magnetismo de los polos, etc.
&

&
Ella
ya no tiene
el tiempo que tenía antes
para pasar por nuestra vereda.
Está haciendo quimioterapia en el hospital del barrio.
Me dijo que está gorda.
Le miro el cuerpo, como lo hice antes, miles de veces.
Tiene la cabeza rapada
como Ornella Mutti en "La ragazza di Trieste",
el culo hermoso
con la forma suave y protectora
de la redondez.
Tetas grandes
que me llenarían de nutrientes a mí,
a mis hijos
y a los hijos de mis hijos.
Y está más bella y solitaria que nunca.



Me quedo en silencio.
Y la miro
desde adentro
del movimiento suave,
exquisito y natural
de la gravedad.


Lunes 30 de enero de 2006.
Buenosayres Miserable.

A Mónica.
Constitución - Mar del Plata.
Mar del Plata - Miramar.



Finales de marzo
en la provincia de Buenos Aires.
El sol es anaranjado y rojo.
Las cinco de la tarde.
En el frío.
En el viento helado.
Esta ventanilla de tren, me deja unos cuantos verdes diferentes que se retuercen en el vidrio, y que nunca existieron antes. Hasta hoy.
Verdes dibujados.
Pintados con témpera, con oleo o con látex.
Ocres de pastos secos,
y otra vez más verdes,
verdes y amarillos, otros verdes, más verdes aceitunados,
pastos secos,
hacienda marrón con algo de blanco (hereford),
hacienda negra,
toda negra (aberdeen angus).
Algunos árboles alrededor de una casa.
Algún casco de estancia, allá lejos.
Toda la escena se repite una y otra vez a lo largo de horas.
Buenos Aires es un desierto verde.
En ésta tierra baldía debe vivir alguien...
La magnitud de la distancia me rebela la insignificancia del ser humano.
El gaucho, era esto.
Martín Fierro era esto. Alsina, el Fausto de Estanislao del Campo, Echeverría y Sarmiento, Don Julio Argentino y las campañas al desierto, eran esto.
El guarda al marcar mi boleto me dice:
"Este pasaje es para el día de mañana, 25 de marzo.... pero no importa, ahora cuando abra el vagón comedor, espere ahí que en Chascomús hay gente que baja y se puede sentar en algún lugar. No pasa nada. No se preocupe..."
Una señora que estaba escuchando, se disculpa y se dirige a mí:
"Yo, bajo en Chascomús. Recuerde que acá tiene un lugar."
Y hacienda marrón,
hacienda negra,
hacienda negra,
hacienda marrón,
hacienda negra,
hacienda marrón.
Hacienda marrón. Caballos bien matungos. Algunas ovejas. Perros como lombrices.
Después de un par de horas paramos en un pueblo.
Chascomús.
Después paramos en otro, ya estaba oscuro y hacía mucho frío.
Después otro.
Buenos Aires es una llanura insoportable.
Plana, lisa,
insulsa,
aburrida,
monótona.
Grandes extensiones de agua estancada.


Chajáes.
Teros.
Patos.
Verdes y ocres de pasto seco, y más verdes, verdes y amarillos, y otros verdes,
y más verdes, pasto seco y una hilera de postes que transportan cables de teléfono
o luz eléctrica.
Entiendo todo, ahora. O casi todo...
Por qué somos tan obsesivos y paranoicos.
Aburridos.
Insufribles.
Ahora entiendo el por qué...
Al gran pueblo bonaerense de las planicies: p s i c o t e r a p i a s , ya!
El tren sigue la línea de los cables.
Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde.
El tren se va apartando de las líneas de los cables.
Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde.
Nubes.
Esto es nuestro paisaje. Esto es el alfabeto del bonaerense.
Nada de todo eso es silencio.
Es movimiento. Nada más que arrullo de tren.
Arrullo del cielo.
Es una cuna gigante.
Con golpes metálicos que repercuten en el cuerpo.
No alcanzan para dejarte sordo pero son potentes. Todo se mueve.
No es suficiente para ser una metralla, pero son golpes constantes.
En el vagón comedor me fumo un cigarrillo. Dos. Tres.
Miro por la ventana.
Tomo té.
(Voy con poca plata y quiero hacerla durar. El té es barato y tengo que vivir
cuando llegue a Mardel.)
El café es peor que el ácido sulfúrico, recalentado por vigésimo cuarta vez.
(Como los jugos de Alien, "el octavo pasajero". Es fluído que desintegra lo que toca...).
Ese café, va a traspasarme el esófago, el estómago, los intestinos,
seguirá con la silla de madera (antes va a derretirme los cachetes del culo)
el piso de metal del tren, la tierra de la Provincia de Buenos Aires.
llegará a China luego de dos días y algunas horas...
y la fuerza de gravedad lo va a mandar de vuelta hasta Buenos Aires.
Y así, ida y vuelta, hasta que los científicos de la NASA descubran cómo neutralizarlo.
Va quedar un conducto como los que se ven en esos recipientes de vidrio
donde estudian a las lombrices de tierra y sus inteligencias naturales...
El sol es rojo por el costado derecho del vagón.
Unos pibes, que no deben tener más de quince años,
toman cervezas, fuman, hablan a los gritos y juegan con una moneda sobre la mesa
que tiene un borde de metal (para que los ojbetos hagan tope y no se caigan).
Son cuatro.
Un señor solo, fuma y escribe. En algo así como una agenda, cosas que deben ser
de trabajo. Esa es una tarea muy habitual en los viajantes de comercio.
De vez en cuando pasa algún pasajero bamboleándose de un lado a otro.
Los mozos siempre mantienen el equilibrio.
Y transportan cosas en la bandeja... Y cargan platos con pocillos.

Comidas no veo.
Tal vez sea por la hora o por la proximidad con el punto de llegada.
Estamos cerca. A minutos, solamente.
Gustavo va estar esperándome en la estación con Estela y Florencia.
Vamos a comprar empanadas de roquefort y apio, de carne cortada a cuchillo,
ananá y jamón, dulce de leche y queso, ricota y nueces.
Acompañado por un Colón tinto.
Luego tomaremos helado. Y mientras, vamos a ver una película de ciencia ficción
en el cable. Estela y yo, después de comer y tomar café, vamos a fumar.
Y todos vamos a estar muy silenciosos y respetuosos de los silencios del otro.
Los Delfante tienen códigos en el trato entre ellos que me sorprenden siempre.
Bueno, cada vez que estoy con ellos. (Dos o tres veces por año. Cada vez es más frecuente.)
Flor se va a ir dormir. Mañana es sábado. No va al colegio y descanza hasta tarde.
Estela me va mostrar lo que está pintando.
En ningún momento, nadie va a hablar de Jimena.
Igualmente, me va a parecer que ya ni hablan de Jime.
(Ya se les hizo un cayo en el alma. Ya la lloraron lo suficiente.) Va a estar tan presente que voy a sentir que salteamos algo. Todo el tiempo.
La casa me va a parecer bellésima, como siempre. Vaya en verano o en invierno.
Estela decora todo y tiene un gusto muy cálido y suave.
Ella restaura muebles de estilo.
Mañana me levanto temprano, voy a ir con Gustavo al local y luego me lleva hasta el centro. A la librería "Alejandría". Me encuentro con Laurita en el café. Llevo libros para vender. Voy a cerrar el tema de la feria del libro. Pasajes y estadías para mí y mis compañeros. Al día siguiente me voy a ir a Miramar, en micro.
Quedan 47 km.
Salimos de la ciudad hasta la ruta que bordea toda la costa.
Acantilados y el mar en invierno.
La belleza es única...
Aplasta los sentidos... Con los ocres. Y los Verdes.
Aceitunados. Amarillos. Marrones.
Otros verdes de los matorrales achaparrados,
el paisaje de kilómetros
y kilómetros de acantilados.
Hay una espuma blanca.
Desde el mar vuela, dibuja formas familiares en su caída
a la ruta.

Domingo 27 y lunes 28 de agosto de 2006
Buenosayres Miserable.

...


Punto 1 - Crespo, Cruz, Tevez.
Messi, Aimar, Riquelme, Palacio.
Esta es una aplanadora ofensiva de exquisitez y alegría.
Qué selección tiene un ataque tan poderoso...?
No nos van a dejar llegar a tiempo
para colocarnos en la felicidad del debut
frente a Costa de Marfil del 9 de junio.
El periodismo nos previene de las virtudes de este grupo de futbolistas del continente africano. Y nos aconsejan ahorrar el éxtasis y el lujo, para después.
Las mentes previsoras del periodismo deportivo argentino esparcen el miedo
por entre el pueblo futbolero.
Yo me pregunto, todo el tiempo que los escucho tan soberbios,
tan pelotuditos...
¿Acaso nos creen una manga de imbéciles?
¿O somos una banda de anos contranatura y jubilaciones mínimas,
que no sabe si es merecedora de un lotecito en un cementerio privado de pilar o en una fosa común en el cementerio de Junín?
Son los fóbicos a la celebración y la disfrazan de paternalismo? De qué nos cuidan?
Es el tic emocional del periodismo en general,
que les quedó de haber tenido que soportar a un país
emerger del proceso más sangriento de la historia (con la dictadura militar del 1976-83),
sin haber hecho lo suficiente, o nada.
La cohesión intelectual, o simplemente gremial... Habría sido una forma, una alternativa?
Demasiado tiempo ha pasado...
Fueron pocos los que se jugaron y fueron desaparecidos o asesinados, por decir lo que pasaba. (Escritores, poetas y periodistas como Walsh, Conti, Santoro, Oesterheld...)
La gran mayoría de mis compatriotas se están haciendo infinitos de lujuria
en un mar celeste y blanco.
Y debo prevenir una vez más, a jugadores y a hinchas
que las áreas rivales están superpobladas de "los protectores del cero del arco propio".
Hay en la mayoría de las escuadras, un sttoper (un central del lado izquierdo que sale a buscar sl nueve o al que recibe la pelota...) y un líbero (otro central del lado derecho
y más retrasado y es el último hombre en el campo).
Un lateral izquierdo que tiene oficio de central,
y un lateral derecho que tiene oficio de líbero.
En el caso de Argentina, estos cuatro defensores pueden alternar posiciones,
ir y venir, hacer relevos, ir a buscar a algún rival muy creativo para no dejarlo recibir
o pensar. Podrán recibir, pero siempre de espaldas al arco. Te la afanan o te hacen foul. Nunca van a poder darse vuelta para mirar el arco.
Esa es la eficiencia de Heinze, o Burdisso, Milito, Cufré, Coloccini, Sorín, Scaloni...
El mismo Mascherano o Cambiasso, aunque son volantes, tienen oficio para defender
en el mediocampo.
Y Ayala, en soledad, en el fondo se encarga de aplicar cirugía mayor al que pase con la pelota. Todos tienen más o menos las mismas funciones en sus equipos europeos.
&
&
Y la gran mayoría de ellos han sido campeones juveniles Sub-20
con José Pekerman en la dirección técnica.
De los 23 jugadores elegidos, trece fueron campeones con José
en los torneos juveniles de Qatar ´95, Malasia´97 y Argentina´01.
¡Hermosa combinación de talentos formados por el mismísimo Pekerman
durante quince años!
¡Maravillosa elección de líderes y hombres con pólvora en la sangre!
¡Que van y vuelven por el campo que defienden y barren cualquier
impertinencia futbolística, cualquier malformación en el área propia!
Van a buscar el gol de cabeza con pelotas detenidas o tiros de esquina.
Se hacen presentes con ellos,
el Manchester United de Inglaterra con Heinze,
Atletico Madrid con Leo Franco, Coloccini y Maxi Rodriguez.
El Zaragoza con Milito,
West Ham de Inglaterra con Scaloni,
Valencia con Ayala.
Villareal de España con Sorín.
El Inter con Burdisso y la Roma de Italia con Cufré.
Doble cinco con Mascherano del Corintians de Brasil
y Cambiasso del Internacionale de Italia, que roban y se desprenden enseguida
y se quedan, salvo que haya un relevo para acompañar el contraataque.
Por las dudas un volante derecho, que es una suerte de cinco mentiroso
(volante de contención). Maxi Rodriguez, Lucho González o Scaloni.
Que muerde, recupera y avanza con o sin la pelota para llegar a posición de gol.
Y un volante izquierdo que se despega del medio,
que tiene la obligación de crear en ofensiva y mover el balón con los puntas
y llegar al gol, pero vuelve siempre marcando o dado vuelta mirando al ataque rival.
Hay varias alternativas según jueguen Riquelme,
Aimar,
o Palacio...
La demás selecciones en su mayoría intentarán, antes que jugar y gustar, conservar el cero
en el arco propio.
Van a usar al 10 (...al tradicionalmente volante creativo...)
En la función: Caperucita Roja.
Llevar de paseo sus ilusiones de gol y juego bonito.
Ir de visita al arco rival, inofensivamente. Ballack en Alemania, Totti en Italia o Ronaldinho en Brasil o Berckam en Holanda.
Pero Caperucita, están en la obligación
de volver a casita marcando
y sin detenerse en el camino
y observando
al lobo feroz que quiere abusarse de ella.
&
&
El cuero tiene un plastificado especial.
Es una serie de procesos que aplica tecnología del primer mundo al más alto nivel.
El contacto con el botín de fútbol logra darle adherencia al golpe,
precisión en el toque.
No puede existir ninguna falla.
Todas las ideas se irradian, como transmiciones eléctricas hasta las piernas.

Punto 2 - Postal en secuencias,
con letra cursiva y de imprenta,
de un gol de Aimar,
visto detrás del arco rival.
Le llega la pelota en profundidad,
en diagonal de derecha a izquierda.
Aimar,
se desliza por el lado izquierdo. No corre, se desliza. Es una obra de arte.
Lo corre al lado, un rival.
(En la posición privilegiada, para ver el gol en vivo.)
La pelota le llega de frente y rodando...
La trayectoria tiene que cruzarse en su carrera. Ahí nomás. Delante de él.
...Es decir,
si el pie se dispone para pegar con efecto,
la pelota estará dispuesta a absorver esa entrega de energía.
Solamente si está rodando
y no deslizándose o patinando por encima del pasto.
Aimar corre por la izquierda.
Y en momentos va a tomar contacto con la pelota de frente.
(Toda la jugada viene haciéndose en la derecha.)
Le va a pegar como viene...
La pelota le llega y él impacta con su pie derecho.
Con todo el interior del pie.
Lee el movimiento. Y actúa.
Aimar es un gran lector de las fuerzas
que interactúan en un campo de fútbol.
Hay,
en principio dos formas
de tomar contacto con un pase del balón:
la primera, es


&
&
recibir el pase con la pelota rodando
atravezando el campo hacia adelante,
(entrando en contacto toda su superficie con la superficie del campo de juego.)
Se produce un primer intercambio de energía
del campo con el cuero del esférico.
La otra es cuando el balón llega deslizándose.
Aquí podemos ver la importancia que tiene la humedad del campo de juego,
más que en el caso que mencioné anteriormente: el rodamiento.
La humedad del terreno es fundamental en este punto. El agua neutraliza los efectos. Y la pelota termina haciendo "patito"...
(Esta característica es para definir en otra entrega deportiva...)
Estos balones de confecciones tan perfectas
siempre van a responder a los perfiles.
No hay margen para ninguna falla.
Aimar
tiene una formación de años
como receptor de todas estas impresiones.
Es un chico de los más inteligentes de esta escuadra.
Un chico distinto.
Todo paladar futbolístico que se precie de tal,
tiene plena seguridad y confianza que eso es así.
Entonces, siguiendo con la descripción del gol...
La pelota, siempre, indefectiblemente,
va a ir hacia el palo,
que el arquero viene dejando de cubrir.
Es un reflejo,
el arquero continúa el movimiento
de izquierda a derecha que lleva la pelota.
Y Aimar "le cambia el palo",
se dice así en la jerga futbolera.
La pelota entra haciendo un surco en el pasto. Lo peina con raya al medio.
Girando sobre sí mismo, "mordiendo la verde gramilla" y haciendo efectivo el efecto, finalmente.
Desde afuera hacia adentro, trazando un semicírculo desde el área grande, hacia el lado derecho del arco y pasando por el área chica, el interior del arco y la red. Gol... Gol... Gol.
Vacío.
Lleno.
Celestes y blancos, detrás, en la tribuna.

Del lunes 29 de mayo al jueves primero de junio de 2006
En buenosayres miserable

A José Pekerman
A Pablo Aimar

Ricardo Daniel Piña


Ricardo Daniel Piña es poeta y escritor. Es trabajador del libro en Eloísa Cartonera. Tiene editado allí su único libro, llamado Sentimiento Bielsa. (Poesía).Integró la antología de poesía joven argentina Poesía En La Fisura de Ediciones del Dock. (1995). Seleccionada y antologada por Daniel Freidemberg. Nació el 22 de agosto de 1962. Vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Publica en varias revistas y sitios de internet en muchos lugares del globo terráqueo. Dicta clínicas de poesía. Intenta... rdpina@yahoo.com


DANIEL MUXICA


Hablar sobre el modo de escribir ya es un ejercicio de escritura. Los ritos que me rodean no son muchos y por demás simples: un café, un cigarro, un poco de música y sobre todo sentir que el rincón del escritorio me está esperando. Es una geografía bastante desmañada, de contornos, de límites imprecisos que cambian acorde a la cantidad de libros de consulta que se encuentran sobre él. Una geografía animista que el cuerpo trocará en intuiciones ligadas como diría Pascal a la "desproporción del hombre" (parece un verso de repercusión vallejiana) y la cabeza en razonamientos exiguos, amanerados o felices con los infaltables diccionarios siempre a mano y uno o varios libros que no necesariamente son de poesía. De no haber libros sobre el escritorio (el desierto) saco uno de la biblioteca (al azar si no se trata de una investigación) y siendo las palabras causadas y causantes, mediatas e inmediatas, busco un lazo natural e insensible que ligue las más alejadas de las más diferentes en un juego de "asociaciones ilícitas" para cotejar la frase o la idea convocada sobre el texto en cuestión, buscando un armónico reacomodamiento para el caos en que uno se encuentra aprisionado cuando se trata de lo incognoscible. Comprender, definir. No siempre el procedimiento es el mismo. También están en juego los movimientos azarosos de la existencia.

Una breve historia: Comencé escribiendo a mano prolijos cuadernos rayados o cuadriculados, creyendo que la belleza caligráfica daría aquello que faltaba a mis textos. Un extraño acercamiento a la poesía visual. De meticulosidad obsesiva, no tachaba o hacía apuntes sobre la hoja, sino que copiaba nuevamente el texto como si se tratara de construir un original. ¡Justamente yo que drescreo de la originalidad! Luego el golpeteo sobre la Olivetti de carcaza de acero, sacaba músculos en las falanges. Finalmente la computadora. Antes de conseguir mi escritorio propio trabajé muchos años en una oficina. Un particular poder de concentración llevó a mis compañeros de trabajo a no interrumpirme jamás en mi espacio virtual. Siempre se trató de necesidad, poder y ganas. Ahora es el escritorio en mi casa o el de mi oficina, pero las condiciones particulares en las que trabajé por años mi escritura no me produjo preocupación o miramiento alguno por la liturgia que rodea el acto de escribir.

Otra historia no tan breve: Nunca padecí el terror de la página en blanco, el miedo escénico. Algún escrito desechable acompaña mi velada. Espero una prodigalidad que la mayor parte de las veces me es esquiva. A veces miro a Tadeo, mi perro, recostado al pie del escritorio en la esperanza que me diga como seguir o una foto personal en un camposanto (fuerte Santa Teresa, Uruguay) donde estoy recostado sobre una tumba con las manos sobre el pecho a modo de "muertito" y con la cruz sobre mi cabeza que me recuerda que debo continuar, que todo se acerca inexorablemente, que siempre estoy en el prólogo y que es bueno (¿ambición trascendente?) trabajar en lo que más he deseado: hacer literatura.

Hay un plan si estoy escribiendo narrativa, pero siempre es precario. Con la escritura poética es más precario aún. Siempre escapo de alguna manera (sobre todo en la previa) de aquello que se acerca a lo definitivo. Coincido con Ricardo Rojas Ayrala que preocuparse por "un plan meticuloso se vuelve una parodia paratextual". Si bien acepto lo que va surgiendo, descreo de la espontaneidad. Me entrego al azar con la misma fuerza que detesto la improvisación. Lo espontáneo no tiene salida de emergencia pese a ser extensa la órbita que describe. Me gusta la investigación y la contemplación no sólo paisajista, sino de las ideas. Si algo se presenta ante mi vista o en una pulsión del cerebro, trato de que la imaginación dé un paso adelante. Dije imaginación porque descreo del realismo en todas sus formas, hasta en las más moderadas.

El plan: Muchas veces me he preguntado si se trata de una imposibilidad propia, pero lo cierto es que no me aflige su contaminación. Algo me dice que debo continuar con mi arbitrariedad, entre el razonamiento y ella se produce la tensión necesaria para una esfera que su centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. La arbitrariedad es el disparo hecho sobre lo visible, puede resultar una grandeza o una culpa sin reposo, pero por algo elegí este hacer, este modo de estar en el "entre" de la inmensidad que supera todas mis capacidades en todos los sentidos. Eso que digo, eso que escribo es una posesión vitalicia a la que voy a acceder, hasta perderme de ella separado por infinitos obstáculos. Los textos que están bajo la lámpara de mi escritorio son la esquina extraviada de la naturaleza. Su carnalidad, su corporalidad y su bagaje de conceptos (si los hubiere) me llevan a escribir pensando en la música, la historia, la ideología, la pintura, la política, el cine, la escultura, la mística y muchos otros tópicos de interés pues aprendí que la literatura no dialoga únicamente con la literatura.

Si uno es un anónimo y mísero artesano, como nos describiría Beckett, la corrección es todo, es la artesanía por excelencia; el momento de mayor complicidad y a la vez que mejor más disipa la relación amorosa entre el texto y yo. No me perdería por nada el oficio artesanal. Comparo la corrección con una relación amorosa. Siempre concedí un cuerpo a los escritos como si se tratara de una persona con la que salgo por primera vez sin decir nada o sin decir demasiado. En la incandescencia, en lo catártico del primer encuentro, no se estoy en condiciones de reconocer las virtudes o los defectos de esa persona o los propios y entonces, como diría Barthes, trato de afrontar en la relación amorosa el "embrollo del lenguaje".

La verdadera relación, la relación de amor, comienza en verdad con la primera corrección, es decir, después de la primera cita, después de la primera "encamada". Recién allí comienza el verdadero juego de las complicidades, recién allí estoy en condiciones de reconocer ese cuerpo, ver si es bello en su incompletud.

Allí nace o muere la relación textual. Recién allí puedo ver los guiños que utilicé para seducirla/me, y estoico desplazo el espejo de Narciso hasta conseguir la mayor prescindencia, la mejor fluidez. Sólo así la corrección amorosa hace posible el decir en su máximo sentido expresivo de verdad. Las sucesivas correcciones del texto marcarán las técnicas de acercamiento o alejamiento, similares en casi todas las disciplinas artísticas, permitiendo el crecimiento de una relación que, como el amor, produce versiones infinitas y susceptibles de fecundarse durante toda una vida.

El procedimiento que quizás se reconoce en mis trabajos es la sucesión de conceptualizaciones producto de las distintas disciplinas de las que ya nombre algunas, que despiertan acciones ligadas a la descripción. Prefiero el pensamiento y el decir sensitivo en la descripción de una acción, que el juego metafórico del "como si". Por la corporeidad y carnalidad de la mayoría de mis textos y mi forma de estructurar los pensamientos en ellos me declaro provocativo, más proclive (no en todos los casos) a cierta violencia metonímica: un empujón al abismo y en la caída comprobar que ese cuerpo, que ya no era perceptible para el universo, que era imperceptible en el seno de todo, se convierte en un todo (al menos en un mundo) frente a la nada a la que no se puede llegar.

Las ideas vienen de ningún sitio, van a ningún sitio y el más mínimo significado acaba con los misterios. Quizás tenía razón Osvaldo Lamborghini cuando decía que la poesía se escribe (¿se escribe?) desde ningún lugar, una especie de Khora. Trato de hacer algo más directo y más simple (no hablo de la hermenéutica de la imagen), escribir para volver confiables las cosas que casi siempre son las mismas, dos o tres obsesiones que me acompañan desde los comienzos. Quizás haya en esto más miseria que grandeza; pero de todas maneras el modo ficticio, el artificio, acolcha (la palabra como vestido) y nos da la red del trapecio aunque debajo, agazapada, está la versión final que nunca conoceremos.






Poemas


La conversación


/órbita de la percepción
no todo será desafectado y transparente
para usted [adoquines en el fondo del agua]

guardará fotografías de los desayunos familiares,
el hambre impecable de la mañana
dentro del tazón de leche

el niño se aburre y percibe a otro
frente a él

buscará así un regalo
en ese fondo vacío,
una dedicatoria

un acto que lo tenga en cuenta

(…)


/
será un rinoceronte quieto
mimetizándose en el tronco de un árbol
la copa lo protege de la lluvia

¿se protege del cazador?

[La imagen, por esencia
sólo podrá proporcionar al pensamiento
una colaboración dudosa]

todo aparentará protección
sin embargo la tranquilidad será relativa


//
la caza es una actividad concreta
se dirá usted

a través de esa visión particular
la caza será una especie de regla
que dirige la elección

en todo esto habrá un sentido fiscalizador
que solo frente a la imagen del rinoceronte
muestra su dificultad


(…)


/ 
será un rinoceronte quieto
mimetizándose en el tronco de un árbol
la copa lo protege de la lluvia

¿se protege del cazador?

[La imagen, por esencia
sólo podrá proporcionar al pensamiento
una colaboración dudosa]

todo aparentará protección
sin embargo la tranquilidad será relativa



//la caza es una actividad concreta
se dirá usted

a través de esa visión particular
la caza será una especie de regla
que dirige la elección

en todo esto habrá un sentido fiscalizador
que solo frente a la imagen del rinoceronte
muestra su dificultad

De, La Conversación. 


Daniel Muxica


Daniel Muxica nació en Buenos Aires en 1950. Escritor. Publicó Hermanecer, Ed. Schapire, 1976; El poder de la Música, Ed. Stephane y Bloom Asociados, 1983; El perro del alquimista, Ed. Stephane y Bloom Asociados, 1987, Ex Libris, o el elogio de la dispersión, Ed. Xul, 1987; Contra dicción, Ed. De la Pluma, 1988; Siete textos premortales, Editorial El Caldero, 1991; El libro de las traducciones, Ed. El Caldero, 1993; Pentesilea, la vírgula y algunos otros poemas, Ed. El Caldero, 1996; Nihil Obstat (libro y CD), Ed. El Caldero, 1997; Bailarina Privada (libro y CD), Ed. La Bohemia 2001; Poemas Perversos (Antología), Ed. Común Presencia, Bogotá Colombia, 2003; Nihil Obstat, múxica en méxico, Ed. Tintanueva, DF, Méjico, 2005, La conversación, Ed. La Bohemia 2005, 2ª Ed. La Bohemia 2006) y El vientre convexo, (novela) Ed. Sudamericana 2005;
Como antólogo publicó La erótica argentina 1600-1990, Coedición. Ed. Catálogos /Ed. El Caldero 1996; Poesía Erótica Argentina 1600-2000, corregida y aumentada, Ed. Manantial, 2002; La huella en la arena, compilación y selección antológica con un estudio sobre la obra del poeta y narrador cubano Antón Arrufat Ed. La Bohemia, 1999; Esto se cae, compilación y selección antológica sobre la obra del poeta y narrador argentino Edmundo E. Eichelbaum, Ed. La Bohemia, 1999. El arcano / el arca no, (poesía Argentina de fin de siglo, 200 pág.) Coedición de Ed. de la Azotea y el Instituto del Libro Cubano, La Habana, Cuba, 2005, El arcano / el arca no, 2ª edición Ed. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2007. Es director fundador de la revista objeto literaria Los rollos del mal muerto una revista incómoda, Buenos Aires, 2000

martes, diciembre 26, 2006

JORGE FONDEBRIDER




Escribo donde puedo y cuando puedo. Vale decir, cuando las ganas de escribir se presentan, casi siempre bajo la forma de una urgencia. Digamos que no parto de un proyecto deliberado, sino de algo que se produce y que desencadena en una idea, o una imagen que debe ser traducida a palabras, o un ritmo que debe ser vertido para así poder deshacerme de él. Los desencadenantes dependen de lo que pasa a mi alrededor, por lo que tanto la música como el silencio pueden funcionar como detonantes. Lo previo es un estado que yo llamaría propicio. No sé a ciencia cierta cómo se alcanza, aunque a veces intuyo que haciendo tal o cual cosa puedo alcanzarlo. Recuerdo que durante mucho tiempo la pura eufonía de ciertas palabras, algunas manifestaciones del clima o incluso determinadas maneras de la luz me ponían automáticamente en situación de escribir. Como desde hace muchos años vivo cerca del Jardín Botánico, una de mis actividades favoritas era ir a leer allá y siempre la luz, filtrándose por entre los árboles y formando conos, me ponía en buena disposición para escribir.
Por otra parte, prefiero escribir directamente en computadora, pero como las cosas pueden pasar en cualquier lado, estoy equipado de una libreta y de la correspondiente lapicera.
No tengo plan, pero tampoco me limito a "lo que va surgiendo". Digamos que surge algo y ése algo me revela alguna dirección. Las lecturas no son posteriores, sino que a veces son una de las maneras de alcanzar ese estado propicio del que hablaba más arriba. Cuando escribí mi libro Standards, en el que trataba de reescribir las letras de determinadas canciones de jazz que conocía muy bien, me servía considerar ciertas versiones en particular. Si se me permite la enormidad, hacía mentalmente como hace Keith Jarrett cuando agrega al lado del standard que va a tocar el nombre de algún músico que lo haya tocado antes, como para indicar la versión.
Siempre dejo descansar los textos. A veces, incluso, por años. Por lo general, corrijo todo y muchas veces. Desconfío de los versos que salen automáticamente y, como quería Pound, también de los que más me gustan. Allí, en líneas generales, no está el poema y sí una de las formas más triviales de la vanidad. A veces ideas, a veces imágenes –que no deben ser automáticamente asimiladas a la categoría visual, ya que una imagen es algo mucho más complejo–, a veces música. Diría que las más de las veces música e imágenes. No podría decir más de mis propios poemas porque, aunque los lea después de escritos, ya no representan para mí lo mismo que significó escribirlos. Ahí anduvo la cosa y después, ya no es asunto mío.
Los poemas serán buenos o malos, comparativamente mejores o peores que los que escribí antes o que los que escribieron otros. No me importa: nadie me quita la satisfacción de haberlos escrito y nadie comprende esa satisfacción en los mismos términos en que yo la experimenté. Esa es una de las dos formas de felicidad que me permite la poesía. La otra tiene que ver con la lectura de los versos de otros. Reconocer lo que haya en ellos de poesía –algo que no siempre se logra– es la otra forma de la felicidad. Y cuando consigo llegar a ese punto, me siento de veras orgulloso.


Poemas



Creo que siempre fui una persona bastante optimista, bastante feliz, razonablemente satisfecha. Así que si escribo una canción triste, no lo hago porque necesariamente esté triste... pero es la vida, uno no se puede escapar. La vida es terrible, hay problemas de dinero, problemas con las mujeres, todo tipo de problemas. La vida tiene mil y una maneras de quebrarnos, y con el tiempo lo consigue. Terminamos en un cajoncito, como merienda de los gusanos.

Richard Thompson



ALFABETOS



El ronco mecanismo de un motor hace que el vidrio vibre.
La noche es gutural, es consonante
y apenas pasan las horas subrayadas
por el ruido sordo de la estufa,
del ascensor que baja,
de una sirena salida de las sombras.
La lengua del insomne se apoya en cavidades
y el aire transcurre por los huecos
que le deja el entresueño a la vigilia.
Los días, sin embargo, son vocales
delante de un espejo, la radio, el desayuno,
cerrar con doble llave y ver el mundo
golpeando contra el yunque de la luz.
Y así, resultan sílabas porfiadas,
que, unidas, confirman las palabras
de la mañana misma, cuando empieza
la propia oscuridad.


PRESIÓN DEL INSTANTE

Ahora, exactamente, un submarino cruza el mar.
Adentro alguien golpea
sigue el ritmo de la música con la cuchara de la sopa en la pared
de acero.
La cinta es vieja y lleva escrito "grandes éxitos".
Pero desciende el submarino y aumenta la presión
hasta llegar al punto en que las cosas
empiezan a hacer crac.

Arriba, alguien que lee sobre la arena de una playa,
se distrae siguiendo con la vista
a un pájaro que pasa, surcando las nubes desflecadas.
Un instante preciso en el que el sol y el cielo rojos,
la curva trazada por el pájaro que la mirada sigue
la espuma dura y blanca de las olas
ocultan la explosión.

Después, el horizonte como siempre,
la cresta de una idea sumada a la resaca,
una medusa seca,
los pólipos, la toalla,
el viento de la tarde que agita las páginas del libro,
un brazo o una pierna que llegan a la costa,
acaso una gaviota.


CALAMAR


Molusco cefalópodo me dice el diccionario,
pero yo veo una bestia blanda, inerte sobre un plato
que pongo debajo de agua fría mientras busco
hasta palpar la espina, cuidando que la tinta no se pierda
porque guarda tal vez secretos abisales
O lo que Conrad dijo y vio en el sueño:
otra vida, otro destino,
ajeno a la cebolla que se dora,
los granos de pimienta,
El caldo sobre el fuego.


TARA

Es un día claro, de cielo azul sin vértigo,
pero por un momento la nuve mancha el verd,
opaca los cercos y senderos, los túmulos, la turba,
y el paisaje de Irlanda no es Irlanda, sino yo
poniéndose unos sueños a la tarde
tan vanos y aleatorios como siempre,
que al fin y al cabo no le corresponden.


UNA RAZÓN


Busqué una imagen que no entra en el presente austero y obligado
de estos días.
Los pensamientos que ahora, apenas hilvanados,
dependen de la agenda,
remiten a un pasado que ya no reconozco como propio.
Por eso canto el mar, que me es ajeno.


VERANO



Llegamos en camión y había alguaciles,
y entre las pocas nubes,
un sol redondo y amarillo flotando en un extremos de la calle.
Un comité de recepción exacto, a la medida
de algún modesto sueño de verano.


LOS POETAS


Como Platón, echarlos,
sacarlos a patadas en el culo.
Peor los narradores que no leen poesía.
Analfabetos.


ESPÍRITU DE CUERPO



El periodismo, las letras, el arte en general
está lleno de tipos infatuados
que el periodismo, las letras y el arte en general
vuelven leyenda o historia fabulosa,
papel de redacción, materia de homenajes.
Y hay un público dispuesto a que le digan,
un público de fechas y parroquia,
tal vez poco exigente,
dispuesto a consumir lo que le den
el periodismo, las letras, el arte en general.



A POUND


Cómo te entiendo.
Y no viviste para ver el mundo lleno
de licenciados en casi cualquier cosa.


TRABAJO EDITORIAL


Conserva las maneras de la que fue su clase:
una elegancia austera que elige colorado en vez de rojo,
huesos largos, pronunciación perfecta, algo cansada
muy poco maquillaje.
En su trabajo lidia con las bestias
que engendran las ficciones que corrige
y acaso que mejora por oficio, porque sabe,
incluso aunque no escriba,
que no es así, no de ese modo,
pero no puede
ponerlo por escrito con su voz
porque no tiene manera de contarlo.



OPINIONES


Fue una lectura opaca.
Antes de que poetas y amistades,
según su afinidad, se dispersaran conforme a la costumbre,
lo más notable fue la cucaracha,
que así, sin estridencias,
marchaba sobre el saco de un tipo con hombreras
que no dejaba oír, que criticaba
lo que llamaba "errores del realismo socialista"
mientras tomaba un vaso de agua mineral.



JOSE LUIS MANGIERI


"Hay cosas que un hombre no puede hacer ni para salvar
a una nación". Decía frases así, ignorando el valor de su
pasión, y las olvidaba un momento después.

William Butler Yeats



No cambió, sigue pensando como antes,
pero está atento a los detalles que encuentra a cada paso
en el presente,
como esas ramas sueltas que insiste en recoger para el asado
con el que llena la vida de los otros el sábado a la noche.
Él no cambió, pero la gente sí.
La gente no es la misma. Los jóvenes, tampoco.
Y ese otoño se llega hasta la marca a las cansadas,
sin esperanza, apenas por decencia.
"Mi amigo –dice ausente- ahora es una foto sobre un palo".
Y sabe que los muertos en los diarios no huelen casi a nada.
Lo que queda de su amigo es esa frase cierta, pero vana,
imagen del desastre que cede a quien la escriba.



POLÍTICA


Hubo asado, como siempre,
y hablaron de lo mismo debajo de la parra.
Una mosca, sin embargo, sabía lo que hacer frente a los restos.
Los hombres estaban discutiendo.
La mosca exhibía su pasión.



LAMENTO


La vida de mi padre ha transcurrido
entre gobiernos militares, radicales, peronistas.
También mi vida ha transcurrido
entre gobiernos militares, radicales, peronistas.
Sin duda, los nuestros son destinos muy modestos,
porque da vértigo pensar que el tiempo es infinito,
pero que a uno le tocan cincuenta, sesenta años,
quizás setenta y pico y nada más,
y furia saber que el marco es tan mezquino,
siempre injusto,
estúpido también.



LA EXTRAÑA TRAYECTORIA DE LA LUZ


Siempre fue llegar cuando era tarde
y preparar el bolso con perfume y espuma de afeitar.
Y siempre fue la espera, los pasos en la sala, al fin el timbre,
el médico y el aire de la noche,
seguir a la ambulancia con un taxi,
reclamar una admisión, firmar papeles,
cambiar información sentados en sillones,
sentados en un bar,
con los nervios crispados pero atentos,
dispuestos a aferrarnos de los signos,
la cáscara de algo.
Y nuevamente esperas. Recuerdo las esperas,
las sombras que crecían con las horas.
Y cada movimiento era una excusa
para cruzar miradas,
para perder el hilo de las cosas,
medir, por hacer algo, la extraña trayectoria de la luz,
la inmensa oscuridad del signo que buscamos y no llega.



EL SUERO


Cuando le buscaban la vena a mi papá para ponerle suero,
mi hermano, al ver las muecas de dolor, me dijo
¿te imaginás los torturados? ¿te imaginás cómo sufrieron?
Por un segundo pensé en Nora, y entonces pasó un tipo.
cara díficil –dije. Los dos nos sonreímos.
Así, frente a esos hechos, se abrió un mundo
de oscuridad y de hienas mientras yace
torcido en la camilla mi papá.
con mi hermano imaginamos cosas esa vez para pasar el tiempo.
lo único concreto era el invierno y esa guardia de hospital,
Los dos cagándonos de frío.


HOSPITAL


En esa habitación de paredes desconchadas
lo único claro y neto,
las manos de mi padre.


200 BERKELEY PLACE, PARK SLOPE, BROOKYN


La tarde es muy oscura y hay una mancha azul e inexplicable
debajo de la nieve.
Encima de la nieve los perros hacen pis.
Despejo la escalera y dejo que la pala golpee el pavimento
que suena destemplado como un tambor de piedra.
Los vecinos responden con sus palas y echan sal
parados en las sombras.
No hay diálogo posible
No para de nevar.



MASCARDI

Es difícil describir
el trabajo de los hombres que cortaron
los troncos, tendieron unos cables
y hundieron un arroyo de agua fría
donde lavé tomates,
cercado por las copas de los árboles
pegadas contra el cielo
como papel glacé.


CERTEZAS I


Después de varios días,
al tomate le sale una corona de inmundicia.
Las ballenas emigran hacia el norte.
Espera el cocodrilo hundido entre las cañas.
Los cactos del desierto florecen cuando llueve.
El berro siempre crece al lado de las zanjas. Cede el lodo
y arrastra a la montaña, con piedras y con palos, cuesta abajo
Los restos del naufragio yacen muertos
perdidos en el fondo de mares solitarios. La madera
se pudre. Y en la nieve
hay un conejo blanco al que persigue un puma
Ambos corren en silencio. Saben
qué hace cada uno en ese drama:
seguir, acelerar, cambiar de dirección,
quién estira la zarpa,
a quién se le quiebra el espinazo.
Todo sabe qué hay que hacer.
Yo, no.



COMIDA

Recorre el vidrio con el dedo.
Del otro lado, apenas sumergido, hay un pichón de yacaré.
Ella sigue tercamente el recorrido que él le traza.
No duda y me sonríe. Pero veo
que de la boca de otro bicho, en un rincón oscuro del acuario,
asoma una cola de ratón.
Allá estaba mi hija, que no sabe.
Tal vez no haya remedio.



LUNA URBANA


Los hechos relevantes de este día son muy pocos:
estuve con Giannuzzi,
conecté cuatro parlantes al amplificador
y ahora la música se escucha mucho más, mucho mejor.
Para probarlo puse un disco.
Bailamos con mi hija.
Después, los tres miramos a la luna.
de nadie más era esa luna que miramos
y nadie más puede mirarla como nosotros vimos.
¿En esto consiste ser feliz?
Nadie se hace esa pregunta y nadie puede contestarla.



ANA


De madrugada, parada entre las sombras,
me despierta y pide que me corra porque dice
que tuvo pesadillas.
Le hago un lugar a nuestro lado.
La tomo de la mano
y, sin mediar palabra, nos dormimos.
Después, a la mañana, le pregunto.
"Eso fue ayer, papá
la noche fue de ayer,
con luz no tengo miedo a los seis años."



GOLPES


Había un mundo de volcanes y el cielo sobre el mar
y a eso de las siete abro los ojos
como quien busca en vano una saliente,
llegar hasta la esfinge.
Parado enfrente del espejo
quiero saber cuál es mi cara de este día.
El resplandor del solo se cuela en las persianas.
Luz. La Luz, los colectivos
y ruidos del martillo un piso más arriba.
Pero ahora la niña me reclama
para que ponga el agua a calentar y le preparé el té
sin margen para mares o volcanes
esfinges o preguntas.


De, Los últimos tres años

Jorge Fondebrider



Jorge Fondebrider nació en Buenos Aires en 1956. Poeta, ensayista, traductor y periodista cultural, colaboró con los principales diarios y revistas de Argentina. Entre 1986 y 1992 fue secretario de redacción de Diario de Poesía, cuyo consejo de dirección integró durante los primeros diez años de existencia de la revista. Desde el 2002 a 2006 se desempeñó como coordinador de eventos y publicaciones del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires. A la fecha, sus libros de poesía son Elegías (sin mención editorial, 1983), Imperio de la luna (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1987), Standards (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1993) y Los últimos tres años (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 2006). Asimismo, publicó el volumen Conversaciones con la poesía argentina (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1995), que reúne entrevistas con 29 poetas nacidos entre 1919 y 1940; seleccionó y prologó sendas antologías poéticas de Joaquín O. Giannuzzi (Buenos Aires, C.E.A.L., 1988) y Juan Gelman (Buenos Aires, Espasa Calpe, 1994), editó y prologó la Obra poética de César Fernández Moreno (2 volúmenes, Buenos Aires, Perfil 1999), compiló La Buenos Aires ajena Testimonios de extranjeros de 1536 a hoy (Buenos Aires, Emecé, 2001), Versiones de la Patagonia (Buenos Aires, Emecé 2003), Licantropía. Historias de hombres lobo de Occidente (Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2004) y Tres décadas de poesía argentina (Buenos Aires, Libros del Rojas, 2006). Con Pablo Chacón publicó el ensayo La paja en el ojo ajeno. El periodismo cultural en Argentina 1983-1998 (Buenos Aires, Colihue, 1998). Como traductor del inglés y del francés, sus principales trabajos son Tentativa de agotar un lugar parisino de Georges Perec (Rosario, Beatriz Viterbo, 1992), Poemas de Henri Deluy (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1995), En la soledad de los campos de algodón de Bernard-Marie Koltès (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1996), Poesía francesa contemporánea 1940-1997 (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1997), antología bilingüe que reúne la obra de cuarenta poetas franceses de las últimas décadas, El mundo de Gershwin de Edward Jablonski (Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2000), Mi hermano James Joyce (revisión y notas, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2000), Antología poética de Yves Di Manno (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 2000), George Sand. Una vida de mujer en primer plano de Belinda Jack (Buenos Aires, Vergara, 2001). Junto con Gerardo Gambolini, publicó la antología bilingüe Poesía irlandesa contemporánea (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme,1999), que incluye a cincuenta y cinco poetas de las generaciones posteriores a Yeats y, en sendos volúmenes, el ciclo del Ulster (Buenos Aires, Vergara, 2000), una antología de baladas angloescocesas (Buenos Aires, Vergara, 2000) y otra de cuentos folklóricos irlandeses (Buenos Aires, Vergara, 2000).

miércoles, diciembre 06, 2006

SUSANA CELLA



Aunque no carezco de conductas rituales, típicas de los obsesivos, curiosamente para escribir no tengo ritos, el rito en todo caso es la escritura misma. Y en lugar de momentos especiales, horas del día, lugares, o cosas por el estilo, lo que me parece que sería algún tipo de mitificación que no me gusta, no tengo horarios, días especiales ni épocas del año, sino que más bien se trata de una combinación de continuidad e irrupciones, que no sé por qué había pensado denominarlas interrupciones, quizá nomás por la repentina aparición a la manera de un hito que se alza en un camino. Porque hay un estado permanente de disponibilidad a la palabra, como si se dijera una atención flotante, en algunos casos, y en otros la presencia fulgurante de las voces poéticas que no dejan de estar presentes, como alimento, compañía, aire que se respira, ahí los maestros. Los maestros amados que no son una angustia de influencias sino dulces y serias presencias componiendo en sus peculiares modos de estar, una atmósfera. En todo caso, si hablara de un ámbito, sería primordialmente ese aire, de pausados o no pausados giros, mucho más que un lugar físico.

Me gusta mucho escribir con tinta, quiero decir con lapicera, no con birome, más bien la detesto, siento que me afea la letra, y me gusta delinear letras con curvas y rectas, en el intento ilusorio de que coincidan el trazo y todo lo demás que compone una palabra, su mayúscula elegida u obligada, el enganche entre letra y letra, el espacio que define la separación provisoria de una palabra, en definitiva, me gusta tentar la casi utópica convergencia de una belleza simultánea vista y oída. Por eso tengo varios cuadernos y libretas, donde se amontonan apuntes diversos registrados donde esté yo con alguno de esos anotadores. Sin embargo no podría dejar de reconocer que el sitio donde suelen afincarse las cosas, o sea, donde quedan pasadas en imprenta es en Trilce (el nombre de mi computadora).

Así como me resulta muy placentero escribir a mano, me sucede lo mismo con el teclado, escribo al tacto, con todos los dedos y se me ocurre muchas veces compararlo con el teclado de mi piano, hace rato ausente.

Cuando estoy escribiendo, el texto que sea, los variados que uno escribe y que exceden lo que suele denominarse literatura o poesía, y que a veces me sirven como una especie de precalentamiento (al estilo de los deportistas antes de meterme en un poema o narración) suelo hacerlo en silencio, lo que no quiere decir estrictamente eso, ya que no tengo, como el Super Agente 86 un cono que me aísle, por tanto están los ruidos del entorno, los cuales algunas veces no son precisamente leves, pero por suerte alcanzo un grado de concentración en lo que estoy haciendo que los asordina. Tal vez falle menos que el cono de Maxwell Smart. Rara vez escucho música al mismo tiempo que escribo, aunque algunas veces sí, la que yo elijo, pero no la radio, que me perturba mucho, lo mismo que las melodías estridentes, las cuales, si están sonando contra mi voluntad y sin que lo pueda impedir, me exigen un esfuerzo mayor para alejarlas. Sería imposible no escribir lo que va surgiendo, lo que no significa que esté esperando a alguna musa, por mistonga que sea, ni que entre en trances inspirados, ni mucho menos que practique una escritura más o menos automática. Lo que surge, si por tal cosa se entiende lo que se hace letra, viene del impulso íntimamente conectado con el cuerpo, y es, ese componente fundamental de la escritura que hace a un estilo (ya lo dijo Barthes, poeta él sin haber escrito versos). Creo que hago planes muchas veces, y aun en algunas ocasiones anoté algo así como esquemas o esbozos de posibles diseños, lo que no ha tenido un destino único, a veces sirvió como referencia y otras para nada. Creo que los planes los tengo más en cuenta en la narración, aun así, no puedo evitar la deriva, siempre ahí, cuando hablo, cuando escribo. Ahí veo la ventaja del plan, y hasta a veces su necesidad. En otros casos, sucedió lo inverso, los mismos textos demandaron algún tipo de organización a posteriori, y no es infrecuente que se mezclen, para nombrarlos de algún modo, el azar y el orden.

Lo que podríamos convenir en llamar investigación, muy lejos está de un estudio sistemático, tal vez por el tipo de textos a los que me refiero, más bien hablaría de un ahondamiento en ciertas lecturas que por motivos diversos, y no sólo temáticos, se relacionan con lo que estoy escribiendo. A veces, es alguna expresión que ha surgido, precisamente, la que empieza a resonar y en los ecos me lleva a un texto o autor determinado.

Me gustaría aclarar, por las dudas, que no se trata de una cosa espontaneísta, ni de una especie de ignorancia de lo que aquí justamente se está considerando, quiero decir, del procedimiento o de los procedimientos. Para decirlo de un modo menos técnico, de la tradición literaria, porque si hablamos de procedimientos, creo que hay que empezar con Homero y seguir hasta acá.

Los procedimientos de escritura estuvieron y están, y la ingenuidad está muy lejos de mí, por otra parte, la desprecio, sobre todo cuando se la esgrime como coartada creadora y no es sino un disfraz de la mera ignorancia. Pero esa conciencia, necesaria e implacable muchas veces, no se identifica con la puesta en práctica, para escribir, de herramientas o recetas, lo que es todavía peor.

Creo que los procedimientos son las herramientas, como las que puede usar un carpintero, un pintor o quien sea, para fabricar algo, y que es preciso en el conjunto que puebla la caja que las alberga, encontrar las adecuadas, por no decir las mejores. Pero sin la mano que las maneja y que las guía haciendo de ellas medios y no fines, no sale más que un producto fabricado en serie. Y lo que hace a una obra de arte, de la que sea, es su carácter de cosa única e irrepetible. De otro modo entran a jugar factores como los efectos calculados, lo que poco o nada tiene que ver con la escritura sino más bien con la mercancía, simbólica en este caso. Y por otra parte, el destino de una obra es incierto y nunca apriorístico.

La palabra corrección no me gusta, me hace acordar a corrección política (eso que se ha llamado políticamente correcto), la hipocresía tan difundida que elude creo que muy intencionadamente la idea de lo políticamente justo y otras similares. Por eso prefiero decir que reviso, releo, cambio, modelo, corto, expando pero también que mantengo aquello que reconozco para mí como estrictamente necesario, imposible de modificar.

Siempre hay borradores, o podría decir, todo texto para mí es un borrador o un garabato en el sentido en que llamamos garabatos a los dibujos que hacen los chicos, y eso, en algún momento deja de serlo, de otro modo, se volvería algo inconcluso siempre, interminable. Entonces hay un tope, el punto en que el escrito halla el momento de su fijeza.

Si descansan o no, depende de múltiples circunstancias, no hay vacaciones prefijadas, los textos en todo caso están en situación de espera, que puede ser más corta o más larga, a veces mucho de cualquiera de las dos.

Lo que quisiera decir sobre mi vínculo con la poesía no sé qué alcance podría tener, sería algo parecido a contar un sueño, lo que puedo decir es que el dicho vínculo, para llamarlo de algún modo se me pierde en mi propio tiempo, me lleva a recuerdos muy antiguos, a las épocas remotas en que en la escuela primaria me aprendía por mi propia voluntad los poemas que andaban por los libros que iban llegando a mis manos. Hablaría de la identificación con la protagonista de una novela que leí a los diez años, del poema que incluía en el libro, absolutamente emocionante allá lejos. Incluiría un gusto épico que por entonces tenía las formas neoclásicas del Himno Nacional, por ejemplo, cuya versión completa memoricé a los once años, ese aire de gesta y gloria me sonaba magnífico y como casi nada sabía de nuestra triste historia, creía que en verdad la bandera celeste y blanca jamás había sido atada al carro triunfal de ningún vencedor. La infancia a veces depara esas efímeras felicidades. Y fueron sucediéndose o mejor, llegando simultáneamente, en un revuelto de tiempos, estilos, poéticas e idioma el Nido de cóndores, las rimas de Bécquer, las coplas de Jorge Manrique, los sonetos barrocos, el Amanecer del Fausto, junto con Lord Byron, Longfellow y el monólogo de Porcia de El Mercader de Venecia, estos tres últimos muy practicados para recitarlos en los exámenes de inglés.

No me parece de menor importancia nombrar todas las letras de magníficos tangos que aprendí solo por oírlas reiteradamente, gracias a mi mamá cuyo fanatismo por Julio Sosa la llevaba a escucharlo de manera continua, junto con unos cuantos boleros, todo lo que sumado a las novelas y películas alimentaba mi entonces ínsito romanticismo, hoy, un dulce recuerdo como los que se tienen de algo una vez muy fuerte y evaporado lentamente. Porque llegaban otras voces como Lorca, El Elogio de las Sombras, Antonio Machado (aun antes de Serrat, debo aclararlo), San Juan de la Cruz, Pablo Neruda, cuando estaba cerca de terminar la secundaria. De ahí para adelante siguió la cosa, como se fuera dando, por lecturas compartidas (a veces junto con amores), por las mesas de las librerías, por alguien que recomendaba, por las vueltas de la vida.

Y en uno de esos recodos apareció Trilce que vendría a ser el amor interminable, el hallazgo de mi poeta, hasta hoy. No excluyente desde luego, porque también están José Lezama Lima, Juan Gelman, Francisco Urondo (otro amor intenso y terrible), los poemas tardíamente recuperados de Juan José Saer, como me sucedió con los Versos libres de José Martí, la indescriptible fascinación por René Char, la Música de Cámara de Joyce, los poemas de William Faulkner (aunque tal vez toda su obra no sea sino poesía), la Muerte sin fin de José Gorostiza, La tierra baldía, Eva Perón en la hoguera,y no sigo, aunque es más lo que quisiera decir conscientemente, y podría.

El vínculo con la poesía por tanto fue y es constante, con las variaciones que los accidentes del camino siempre deparan. Pero parece que solo hablo de lecturas y no de escritura, o sea, de la mía propia.

Vuelvo entonces a los tiempos lejanos y recuerdo mis apasionadas composiciones, llenas de reflexiones espirituales, fantasías líricas, ensueños amorosos y palabras que eran, para mí, las más sensibles, conmovedoras y bellas que podían existir.

El crudo tiempo, la muerte acechante, la vida pisoteada, el desarraigo y el dolor fueron perdiendo su cualidad literaria y así las palabras, sin abandonar, creo, la tendencia irremisible a la belleza, se cargaron del horror de un mundo muy diferente del que me había forjado con lo que tuve en los queridos libros iniciales. Y el amor inspirador se facetó o mejor, quedó residiendo en los vidrios rotos acerca de los cuales, una vez, contemplando una ventana, había escrito, sin saber entonces, qué peso cobraría muy poco después ese "pedacito de vidrio" faltante. Hablé al comienzo de una continuidad y de irrupciones, y lo repito porque creo viene completamente al caso.

Las irrupciones tienen que ver con lo que llega en cualquier momento y ante algo que surge como una imagen, por una palabra escuchada, por algo percibido en algún lugar, por lo que devuelve a veces la memoria. En la especie de lugar así configurado aparece una frase o muchas, o una especie de acumulación de palabras tan enganchadas y vertiginosas que si no fuera porque me resulta un lugar común, cosa que detesto en general, llamaría torrente. Las frases breves, chiquitas, alguna cita fugaz o acortada se anotan como un recordatorio, suele suceder que están ahí para ser desplegadas, y que cuando se despliegan muchas veces no siguen el camino que había previsto originalmente, las imágenes y las sensaciones también se transforman, y creo que no otra cosa podría suceder, ya que son las palabras mismas las que van armando sus afinidades, sus contraposiciones y sus lógicas. O sea, una vez más, la demostración clara de que la poesía es palabra, no ideas previas ni temas a priori o algo así.



Poemas


Por tu sublime amor recordado


Por tu sublime amor recordado
tal cansancio sobreviene
que me contenta en este ahora perdurable
haber fugado de las perpendiculares señas
que no me diste a conocer
y tallar mi marca conveniente
cuando la noche impar y generosa
despunta en volubles entretelas de canciones
sobriamente apiladas al azar
y según a su Estrella le parece.


De Amor (dientes paredes arrugadas)


X.


Niebla sobre la luna esmaltada


Cómo un cuerpo yerto diera
alguna precaria sombra de alivio
por lejanamente oportuno retornar
cada uno de los días en que cerca sigue
con la indiferencia de no estar
para sí en el ángulo carnal
donde escondía su esplendor de vida
deseosa del mismo lado de la orilla
donde corre marrón oscuro el río,
se deshacen los arbustos
y las ramas pesan cuanto pueden
sobre el agua alumbrada ahora ciegamente
por la chata luna vagarosa
que deshace su propia lucidez
por dolorida de lo que escapa
a los poceados brillos y la fija
en el cielo sin sentido de la ausencia,
y la nubla sajando el aire frío,
si más todavía, la palpitante herida
por la que anhelamos esa sombra,
la señal oscura de sentido,
el agua vibrante de los mediodías,
el encuentro casual, otra vez más y siempre,
entre la completa oscuridad y las estrellas.


De Eclipse

A nous la liberté



I. Ella


Espléndidos quisimos devolverla
a la luz que le debe sus resplandores más finos
cuando en la noche de velar por glorioso amanecer
con sus tres letras de nombre asentamos fuego vivo
y el mismo fuego nos alumbró esa luz de mediodía


II. El alimento de las bestias


Mientras los zorros taimados
en los bosques cortajeaban
las atónitas partidas
y por su mando chirriaban
escalas y melodías,
buscando abrazar nosotros
aquella luz prometida,
alimentamos su hambre
de fresca carne encendida.



De, Entrevero


Susana Cella

Susana Cella, nació como Vallejo, a mitad de marzo y un día en que Dios estaba enfermo, pero en Buenos Aires y muchos años después. Publicó los poemarios Tirante, Río de la Plata (ahora está trabajando en la continuación, titulada Entrevero); Eclipse y de inminente aparición, De amor (dientes, paredes arrugadas); la novela En inglés, el ensayo El saber poético, reseñas, antologías y artículos varios en Argentina y el exterior. Sigue traduciendo, da clases en la Facultad y dirige el Espacio Literario Juan L. Ortiz.

ENRIQUE SOLINAS


Es posible que la poesía sea el lugar de las apariciones donde recreo gestos de ausentes, voces y caras en extrema conjunción; puede ser el espacio en donde expreso aquello que no puedo; el tiempo detenido en el instante de la revelación; la sombra de una respuesta; el hilo que conduce hacia las zonas más lejanas del mundo; la imposibilidad de ordenar el caos; la capacidad y necesidad por describir lo imposible. La noche es mi país, las voces de los muertos habitan las palabras y los sueños, y corporizan su imagen hasta el silencio. "¿Hasta cuándo –me pregunto–, hasta cuándo?". Y sin hallar respuestas, continúo escribiendo sobre esta condición. En un principio, la escritura fue como un exorcismo. Pensaba que si escribía sobre aquello que me inquietaba, dejaría de sentir el horror, la angustia, el miedo. Luego comprobé que eso convive y evoluciona con uno, pero que no desaparece. También aprendí que es bueno tener miedo por algo, alguna vez, de vez en cuando. Nunca me sobrepongo a la muerte y sus diversas formas. Cuando sucede, me vuelvo niño, quedo en estado de congelación, no comprendo, desaparezco, me transformo en ausente. Entonces escucho el silencio. Quizá por eso escribo, para entender la realidad del silencio en el silencio, para encontrar un sentido al sinsentido. Profunda conmoción, grito de papeles. Una aproximación hacia lo inevitable. Es necesario el verso encantatorio, en equilibrio con la precisión del decir. El poema aparece, pero se inscribe en un proyecto. Así escribo. Aparece una idea general que da unidad al conjunto de poemas y desarrollo diversas aristas de esa temática. Leo, investigo, consulto. Así escribo: con distracción e intención. La poesía me traduce. La poesía es una pregunta. A veces aparece, en algún momento del día, una frase o imagen que considero poética. Yo llamo a ese momento "instante de lucidez". Por lo general, aparece cuando estoy cansado y, en realidad, se expresa mi inconsciente. La recuerdo, la anoto en una libreta, la repito varias veces para que quede grabada en la memoria. Luego, a partir de esa frase o imagen, el poema comienza su construcción. La idea y la música deben estar en equilibrio. Si no logro una forma apropiada, pero el decir es importante para mí, sacrifico la música, me permito esa imperfección. Anterior a la escritura, está el acontecimiento. Luego, el proceso de asimilación, la interpretación del suceso. Después, la escritura de la poesía, la acción concreta que cierra un proceso, que inaugura una nueva situación. Yo soy el poema y así me escribo. Me escribo para deshacerme de mí y que los receptores del poema se apropien de él, hasta mi desaparición.

Me gusta corregir. Disfruto mucho de ese proceso porque analizo distintas posibilidades sobre la cuestión a tratar. A veces me canso y guardo los textos durante meses. Luego, los vuelvo a leer y continúo. Escribo nuevos textos que se van acoplando al proyecto hasta que en un momento sé que el trabajo está terminado. Intuitivamente, sé cual es el punto final. A veces, la corrección implica que rescate un verso de lo escrito, un final, un comienzo. Muy pocas veces, un poema surgió de principio a final sin correcciones. No hay reglas ni recetas para esta cuestión. El oído y el sentir son los que mandan, los que señalan el acierto o el error. Golpes de claridad y sombra, lejos aquí hay alguien que reza. El poema, forma de oración, plegaria arrojada hacia el centro de la ausencia.


Poemas


I



En un sueño prohibido que todavía flota en el espacio,

universo de espejos en donde un globo rojo

resalta en la oscuridad,

y en un cielo de cuerpos donde una oveja

corre tras el rebaño que la persigue

y así,

en tiempo indefinido,

el rebaño no alcanzará a la oveja

ni la oveja alcanzará al rebaño;

ni el sueño

–como barco sin nombre–

encontrará algún puerto,

ni el globo rojo dejará de multiplicarse.

Y puede ser un hospital enfermo

donde me encargo de limpiar

lo imposible.

Y pueden ser

las calles sucias de un hospital,

las veredas contaminadas.

En un sueño confuso donde el amor y el odio celebran una fiesta y en un sueño muy nítido donde el amor y el odio ríen un funeral,

existe alguien,

alguien que dice

una palabra:

ángel partido en dos que aumenta la distancia entre el significado y el objeto. No hay unión. Hay un mostrar el Caos como forma de Orden, un despliegue de cartas que el destino marcó y unos dados que ruedan incesantes a la espera del número perfecto.

Una palabra,

alguien que dice:

aquí empieza el camino donde caminarás el lenguaje de la furia,

donde tu sed querrá beber de la rosa más alejada,

donde tu cuerpo conocerá otros cuerpos y no conocerá,

donde todo lo imposible es

la realidad del mundo

y se edifican paredes

para ir más allá

del pensamiento.



II



Esto tengo y esto soy,

digo

y es un intento del decir,

y me asomo por la ventana de este lugar

que sirve para curar la Historia.

Aspiro la brisa que entra cada mañana

y escribo una carta que dirijo hacia mí.

El aire se confunde

con el aroma de la gasa,

empapada anestesia.

Hay

una enfermera

y un simulacro de Doctor.

Charlan.

Cerca de un pino.

Y lejos estoy, a la espera de mi correspondencia cotidiana para pasar la tarde, como un intento de matar el reloj, como quien juega a la rayuela con los ojos en blanco.

Y lejos estoy,

demasiado lejos.

Desde la ventana del hospital el jardín es más que saludable aunque supongo una peste que acecha en las raíces de las plantas.

Cuando llegue mi turno le mostraré la carta al Doctor

y él tratará de curar mis frases,

las internará y les dará pastillas para aumentar el dolor,

para que lo Uno

sea siempre

lo Diverso.

Y todos los días de mi vida iré al hospital.

Y todas las noches de mi vida.



IX



Uno,



está despierto, callado, no sonríe,

mira sin mirar la destrucción del mundo,

la construcción del miedo.


El otro,


está en su cuerpo, gruñe,

lo desgarra por dentro y se sonríe;

clava las uñas en su corazón,

pero no lo mata,

la diversión radica en eso.



Ambos,


caminan esta historia del derecho y del revés,

se van a encontrar en algún punto,

se van a devorar entre ellos.


Uno,


No comprende que el idioma es una trampa

para cazar ratones como él.



El otro,



Se aprovecha de lo incomprensible



y gruñe.



XI


En un barrio preciso que nadie quiere descubrir

(el Aleph, por ejemplo, esa mancha, esa peca, esa pulga,

esa gota de tinta

que es atravesada por papeles de color perfecto)

el odio es un ser gentil.

Hace donaciones para niños muertos de odio;

levanta hospitales, saluda a la bandera,

sonríe

con su mejor sonrisa de odio.

Y sabe

que puede transformarse en lo que quiera

(en poetisa, en bebé, en electroshock,

en médico y en paciente,

en señora que tomará su té a la cinco de la tarde,

en gruñido de fiera).

Y sabe

que todo anda mal,

que la vida no es lo que parece.

Por eso ayuda a Dios

y aniquila el orden de este mundo.

Por eso tiene voluntad

y se convierte en cable para entrar en mí.


Una corriente de energía que pasa por el cerebro, si es que existe el cerebro; una mano de luz que trata de alcanzarme, si es que existe la luz; una madre entre sueños que se va, si es que existe una madre, si es que existen los sueños;

un disparo de gritos contra el alba,

un disparo de gritos contra el alba.



Con música de noche,

en la mañana de los pájaros muertos,

me partieron el lenguaje en dos,

me drogaron con fragmentos del mundo;

me violaron con lámparas sin focos para que entendiera

el significado de lo claro;

me alcoholizaron con miedo

y me dieron a comer piedras de idioma.

Pero una vez terminado el acto de electrificar,

y luego de morir para resucitar al día siguiente,

pude entender que la vida está hecha de fuegos

y de astillas que nunca volverán a su origen.

Pude entender

que ningún barco encuentra

su puerto tan deseado

y que mi nombre es sólo un número

perdido en cada guerra.

Qué buenas son estas señoras que me hicieron ver.

Ahora comprendo el mundo.

Todo es un gran dolor sin límites.

Me pusieron dos cables en la cabeza

porque la realidad no era lo que me parecía.

La realidad es todo lo que se desvanece.

La realidad es irreal."



XII



En un lugar muy blanco donde la muerte duerme

y habita cada instante,

universo disperso en donde un globo rojo

desaparece en la oscuridad,

y en un jardín maligno donde lo oscuro

corre tras mi nombre que se resiste

y así,

en tiempo rotativo,

mi nombre seguirá escapando;

y el jardín seguirá corriendo;

y el globo rojo,

–infancia mutilada–

aparecerá más tarde;

y una vez

que se haga visible

volverá a desaparecer.

Y puede ser un hospital enfermo

donde me encargo de limpiar

el lenguaje.

Y pueden ser

las calles sucias de un hospital,

el cuerpo contaminado.

El ángel no era un ángel,

dice una voz que bien podría ser la del médico;

ratas,

dice,

las ratas caminan de noche

y se pasean por los pasillos de este infierno.

¿Ratas con alas, afirma usted?

Estoy seguro

que durante la noche entró un murciélago.

- Diga treinta y tres.

- ¿La edad de Cristo?

¿Treinta y tres orientales?

- ¡NO!, ¡Diga treinta y tres!

- Treinta y tres.

- Muy bien,

usted está curado.

- Antes de irme,

quisiera despedirme de los tulipanes.

Son tan lindos, son tan sensibles.

uno se pone a mirarlos

y le dan ganas de quedarse así,

para siempre.



Jardín en Movimiento


Definición


A veces la vida es algo simple:

hay que cerrar los ojos

y que te dejen

lleno de palabras

en ese lugar

donde se piensa demasiado

en la luz.



El Pueblo


En un pueblo muy chico

donde todos nos conocemos los delitos

y la nieve se cae como pintura fresca,

y la nieve se cae como pintura fresca,

vivo.

Tengo una casa

con patio, perra y padre,

y un jardín,

y una hermana

que todo el día

se disfraza de noche.

Cuando llega la hora de descansar

nos disparamos con gritos,

pero todos somos malos apuntadores

(NADIE QUIERE MATAR A NADIE AQUÍ).

Triste es la canción que pasan por la radio

(golpean a la puerta).

Triste es la canción que viene del jardín.

Nadie atiende.

Golpean a la puerta.

Nos abrazamos

porque tenemos miedo.



La Noche en el Jardín



Una pequeña música nocturna

en forma de viento.

Los chicos cazan luciérnagas

y ponen las manos

como para rezar.

Como si Dios fuera una luciérnaga

y se dejara atrapar

para romper el silencio.

Como si el milagro fuera que Dios

sea una luciérnaga

para no sentirnos

tan solos.


De, Gruñidos


Enrique Solinas



Nací en Buenos Aires, el 11 de Julio de 1969. Descendiente de italianos, familia numerosa cuando nací, pero que fue achicándose vertiginosamente hasta quedar dos hermanas, mi papá y yo. Soy Profesor en Letras y Ciencias de la Comunicación y Licenciado en Letras, especializado en Letras Clásicas. Desde 1989 colaboro con publicaciones del país y del exterior. Publiqué en poesía Signos Oscuros (1995), El Gruñido (1997), El Lugar del Principio (1998), Jardín en Movimiento (2003). Muchos premios me alegraron e incentivaron, entre ellos, el 1er. Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura y Educación Bienio 1992/1993, Mención Premios Municipales de la Ciudad de Buenos Aires a la Producción 1994/1995, Subsidio Nacional de Creación de la Fundación Antorchas, Concurso 1997 de Becas y Subsidios para las Artes, 1er. Premio Estímulo a la Creación Literaria Año 2000 de la Secretaría de Cultura y Educación, 1er. Premio del "Concurso de Cuento Fantástico para Docentes de Buenos Aires 2004", organizado por la Fundación Ciudad de Arena y la Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en su Plan de Lectura, etc. Actualmente, además de la poesía, escribo narrativa, realizo notas (periodismo cultural) y comentarios de libros para revistas y suplementos del medio, dedicándome también a la investigación.