sábado, enero 18, 2020

MARIE GOUIRIC




¿Qué es la poesía? En la escuela, un momento de silencio en los pasillos, lo es. Pero Maite, de 2do A, lo es más todavía. El nombre de mi novia, es poesía. Cuando mi mamá lo nombra para preguntar por ella, es poesía. Los morrones que ella sacó de su patio, son poesía. El pan de carne en el que usé dos de ellos, uno verde y uno amarillo, son poesía. Esos colores, poesía. Palabras unidas entre sí, como eslabones de una cadenita de plata, cortados en verso, que escribió Amanda un lunes y me mostró, son poesía. Los kilómetros que me separan del lugar donde nací, poesía. Y los que atravesé, en el auto de un extraño con mi perra en la falda, para sentarme en la mesa de mi padre, contarle traje mi propia yerba, poesía. Mi amiga Acheli, poesía. La poesía es la existencia en su estado de invención más vital y más genuino. Es una pregunta y cada poema escrito será su posible respuesta. Si el que elabora la respuesta es de corazón grande, esta será una que genere nuevas preguntas. Nunca se cerrará ni te dejará sola. Hay tantas poesías como textos escritos puestos bajo ese manto maravilloso que es la palabra como llave, como espada, como tubo de ensayo, tenaza, cuerda, lápiz negro. En este mundo hay tantas poesías hacederas como amantes, amigas, madres, mujeres, hombres, hijes. Definirla sería injusto, la subestimaría. Acaso alguien pregunta ¿Qué es el agua? ¿Qué es el pan? ¿Qué es el vino? No hay mayor acto de supervivencia que el dominio de escribirse.

De un egoísmo salvador, mi plan es escribirme. Para hablar de mí la mejor manera es hablar de los otros. De ahí que escribo cuando no duermo, cuando la tristeza, cuando viajo en colectivo, cuando la cerveza, cuando es recreo en la escuela -soy una maestra-, cuando extraño, cuando perdí ante el tiempo, cuando la escritura es la única justicia que tengo para amar el mundo, mi amante más fiel y más violento. Escribo bajo la sorpresa de la lengua y de la maldad.

Sirve leer para entrar en calor, tener pensamientos al ritmo del habla. Dejar que la música de la poesía te ocupe así como el Espíritu Santo hacia a los apóstoles hablar en lenguas extrañas y desconocidas. Pero más que nada escuchar videos de pastores evangelistas, documentales, paisajes, el sonido del motor de un tren. Cocinar y andar en  bicicleta. Correr, levantar peso, exigirle al cuerpo hasta cansarlo. Cuidar plantas y reproducirlas. Miro fotos o las recuerdo. Escucho en la escuela a les niñes para aprender de su lengua que todavía no ha sido domada por la corrección, y anda bajo la verdad del error. Les robo y les copio. Amanezco de madrugada si es que directamente no duermo. Las horas de la tarde están muertas, quién logre aprovecharlas me diga cómo. Será que el habla de la literatura solo gusta de salir por la noche. El vino y estar enamorada también ayudan. Lo último me ha mejorado como poeta pero sobre todo como persona.

Dejo descansar. El texto es un material vivo como la masa con levadura que hace en el tiempo de soledad su milagro  de elevarse.  O como la arcilla que se deja sobre la mesa y se vuelve al otro día sobre ella, para comprobar que secó y quebró donde precisaba hacerlo. Después en vez de corregir, intento respetar esos quiebres y esas secaduras. Más que respetar, mi esfuerzo es la escucha, que es lo más difícil de esta época. De ahí trabajo con eso que es lo que tengo, que yo hice para decir algo pero ahora viene a decir por si mismo y conviene escucharlo. Y remiendo, ajusto, masillo, aprieto, barnizo, presiono, desvasto, uno, martillo, arranco, pego, reparo o lo que sienta necesario. Les pido ayuda y compañía. Bien por los textos dejados a descansar. ¿Quién no descansa con ellos? Las paredes de la casa donde vivíamos con mi familia se partían y mi padre me enseñaba que era el material sobre los cimientos que todavía seguía trabajando. Nada corrijo, la palabra corrección  le ha quitado ternura a todo lo que está sobre este mundo y prefiero no usarla sobre nada. ¿Quién es merecedor de corregir algo?

No me recuerdo de mi procedimiento. Tuve uno pero siempre cambia y si digo que tengo uno, miento. No tengo nada. Invento ahora, que capaz mi procedimiento se volvió en creer, por experiencia y comprobación, que la escritura ha mejorado todo lo que toqué con ella. Pero además en ver que ella tocó más cosas por mí que nunca hubiera imaginado y me trajo el desayuno a la cama y me abrazo cuando no podía dormirme. Me ha defendido todas las veces que lo precisé y torció el destino esperado. A veces pienso un día van a descubrirme y se va a terminar mi suerte, y tengo miedo. Después me abrazo con estas palabras: esto es solo el principio, estaremos juntas para siempre.

Poemas


Mis preferidas

Que vivan las zorras, las negras, las putas,
las rubias teñidas.
Las que invitaron con su desobediencia
a que la violencia les rompa la jeta
y aprendieron a sanar sin dejar de retobarse.
Las que no aguantaron
las que duermen con pastillas.
Las atorrantas, las que no cocinan,
las que se dejaron caer al piso
las que trabajan cama adentro
las que tienen verga
esas, por favor, que vivan.
Las que cuando casi se la estas poniendo
se te ríen, te dicen “no, no quiero”.
A las que putanean tranquilas
vida larga, pero muy larga
qué digo, larguísima
a las que se arrancan los fetos
con pinzas.
Para esas que tuvieron miedo
y se fueron lejos,
a pedirle permiso a la distancia
y a las ciudades grandes
de ser así
tortas, marimachos, camioneras,
bocas sucias, de cloaca,
mal habladas, mal vestidas, mal peinadas,
las que no sirven
aunque hagan.
Esas que vivan,
futboleras que se hermosean bajo el naranja
con que las baña el sol
en un atardecer de campo.
Dulces con el viento suave
entre los yuyos
son espigas.
Para estas
que se besan entre ellas, vida
que se fabricaron una concha, vida
y que desafían “nunca voy a parir”
nono
desafían “siempre voy a ser madre”,
vida.
Las más turras de todas, que vivan.
Las que conocen el peso de un puño de varón
porque usaron el cuerpo de balanza.
Las que se pusieron unas lindas siliconas
que tal vez algún día
salvarán a sus corazones de las balas.
Las que se cuidan entre ellas,
las que lloran la esclavitud de sus madres
saliendo a bailar,
acostándose o de paradas,
las que cobran, las que se regalan
que vivan
las que se contagiaron
las que se masturban
las que envejecen humedecidas.

Sin forma y hermosas,
que vivan
expulsadas de las mesas familiares
mandadas a tapar.

Estas que son las peores,
que vivan aunque las haya atrapado la muerte.

Que vivan con sus manos hermosas
venosas y gruesas como pijas.

Las del resentimiento y la bronca,
las que no tranzaron con el perdón,
esas por favor,
que vivan
por  vagas, por gordas, por yeguas, por chorras,
por chantas, por burras atrevidas.

Preciosas
nunca falten,
nunca cedan ante las promesas de la mansedumbre
ni se acobarden ante el cansancio y el costo
de todo esto que son.

Vivan ustedes, por todas las otras
que todavía no se enteraron,
o no les sale
o no se animan.
Y si mueren,
que una procesión de todas nosotras las abrace,
las llene de flores
y las llore y las nombre
tan fuerte y tan alto
hasta resucitarlas.


Por dónde saltar 

Los días eran tamariscos en las vías,
mariposas dejadas en libertad al caer la tarde
porque éramos enseñados buenos.
Probar el girasol que caía de los cargueros
que los noventa dejaron
librados a su suerte insalvable
de volverse galpones abandonados,
pueblos grises con un montón de
pedazos de óxidos viejos.

Una mujer la dicen hermosa
cuando luminosa
en su casa sabe cortar telas,
mandar a los hijos a bañar.
Ahorrar dinero.
Hacer cosas de bruja blanca:
curar el dolor de panza
con un algodón mojado en alcohol
sobre la parte doliente.

Pero qué se dice si un día confiesa:
no cocino, ni quiero lavar,
ni sonreír, ni endulzarle el oído a nadie.
Prefiero tirarme al piso.
Cuando me digan: –pará que estoy hablando-
voy a insistir: yo también quiero hablar.
No quiero esperar el turno que otro me da.

Alcira del chalet de a la vuelta,
tan buenita y calladita
nadie se explicaba
que un día de la nada,
se apoyara sobre el pecho
el fierro del marido para cazar.
Abrió esa mañana clara
con el metal forjado
un agujerito en su pecho por donde sangrar
o al menos por donde le entre un poco de aire.
Un pequeño agujero por donde saltar
que se escuchó en toda la manzana,
desparramó los loros de los cables.

Perdón, pero
qué locura hermosa.

Del marido se decía
pobre hombre,
ahora hace todo él solo.
Peina a las hijas
y aunque trata de ser moderno
ellas lloran la vergüenza del peinado.
Él también se desespera, pide:
-cuidemos la limpieza,
que nos va a comer la mugre.


Ojalá siempre seas mi amiga

El trabajo a veces nos quema la cabeza.
Así que llamé a Silvita
y le conté que me sentía mal.
Ella me consoló algo así como que
la culpa no sirve para nada.
Que las cosas tienen que
sumar o sumar.
Que el que mucho abarca poco aprieta.
Pero que hay dos momentos diferentes:
Momentos para abarcar.
Momentos para apretar.

Ahora destapé una y calenté las lentejas.
Y quiero decirle a mis alumnos que me perdonen
por las veces
que en vez de pedirles que me escuchen
les digo que se callen.
Por los porque sí, los porque no.
Mandonearlos. No conocerlos bien.
Tratarlos de usted. Señalarles la vergüenza.
Enojarme con el desgano.
Calentarme con el desamor que tienen por las cosas
que a mí se me viene a ocurrir
que están buenas.

Por ese afán absurdo,
al que obedezco por obrera,
de ordenar las filas –rotas–
parándolos encerrados en baldosas,
separados uno detrás del otro:
—¡La mirada al frente!
¡Está prohibido darse vuelta!
(Casi siempre me doblo y les sonrío bajito
o les acaricio el hombro
cuando le cantamos a la bandera).

No puedo adoptarlos
ni llevarlos a todos de la mano.
En este tiempo se supone que comprendí
que no voy a cambiar la escuela:
sólo soy una maestra.
Hacemos lo que podemos, la piloteamos.
Nunca les voy a regresar al Tata y a Mayra
su madre muerta.
Ni le sacaré las ojeras a Valentín.
Ni volveré a saber nada de Yésica.

Sentir que no se puede cambiar nada
es la que más raspa de las violencias.


No sé cómo explicar algunas cosas
para que se entiendan.
Por eso a veces reparto papel glasé de a montones,
fotocopias con sopas de letras
y lleno los pizarrones de dibujos.
¿Cómo amamantar la hambruna
de los cachorros de otras fieras?

Ojalá pudiera calentarles el agua.
Despiojarlos. Empacharlos.
Llenarles de crema la piel seca.
Invitarlos a pasear.
Tener un regalo para cada cumpleaños
y no esos tontos tirones de orejas.

Una vez hice algo por uno:
le mostré cómo atarse los cordones
con una imagen simple:
un cordón doblado es una orejita de conejo.
El otro cordón doblado,
es como una orejita también.
Después una acción un poco menos sencilla:
apoyás una orejita sobre la otra como una cruz.
Pasás la oreja de arriba por debajo de la otra
y tirás.
Así se fabrica un moño.

Espero que algún día, cuando necesite trabajo,
él pueda decir:
—Sé atarme los cordones.
Y su futuro patrón lo abrace con alegría.

Y que cuando los chicos del barrio le pasen la
bolsa él diga:
—Sé atarme los cordones.
Y los chicos le respondan:
—Perdonanos, ni sabíamos.
Y que cuando su novia dé a luz él diga:
—Sé atarme los cordones.
Y todas sus cosas sean hechas nuevas para siempre.

También sería muy bueno
que cuando su hijo lo haga enojar
él, arrodillándose,
le agarre los cordones y le muestre:
—Primero una orejita de conejo, después la otra.
Las cruzás en cruz. Hacés la parte difícil que es
pasar una oreja por debajo de la otra y tirás.

Ahora nada sabemos,
ni tenemos maneras de saber.
Nadie sabe el poder de un nudo bien hecho
(un moño es un nudo, sólo que hecho con belleza).

Lo que ahora sé
es que con suerte pagaré las cuentas,
ahorraré un poco para el verano

y me tomaré esta cerveza
que, con un poco más de suerte,
me ayudará a dormir.


Un libro muy bonito


Ahí mismo en la librería
no conseguí comprarlo
estaba agotado y reservado
pero si pude leerlo
hasta la mitad.
Estos días descanso
y aprovecho
para hablar así nomás
contarte este pedacito
del libro
que escribe una trava
que se llama Marlene Wayar
¿La conocés?
Marlene
sabe que cuando una levanta
un cacharro de barro
y se rompe
después una lo repara.
Pero que el material tiene memoria
avisa
y que por eso cuando el cacharro
reciba un golpe de frío o de calor
una fricción
va a volver a quebrarse
en ese mismo lugar
donde alguna vez lo reparaste.
Y lo mismo pasa con una
que acumula el daño
aunque este reparadita
a simple vista.
Hasta que un día te dicen
una malapalabra,
tenés un mal momento,
ves una película,
un dibujito animado
y te pega todo ese daño junto
y no podés parar de llorar
y te dicen “Estás loca”.
Marlene dice que es esa memoria
que se vuelve a quebrar
en cada uno de esos rasgones.
Quería contarte esto
que explica ella,
porque lo hace muy bien
mucho mejor
de lo que yo hubiera
podido hacerlo
porque entonces
capaz entiendas algo
y no tengas susto de mí.
A mí me dio claridad, igual
seré más cuidadosa.


Marie Gouiric

Marie Gouiric nació en Bahía Blanca, en 1985. Es Profesora de Artes Visuales de vocación y profesión. Publicó los poemarios Tramontina, (Ed. Vox, 2012); Botafogo (Eloísa Cartonera, 2014); Un método del mundo, (Blatt&Ríos, 2016); y la novela De dónde viene la costumbre, (Literatura Random House, 2019). Además publicó las plaquetas Decime qué se siente, se siente hermoso, (Belleza y felicidad, 2014) y Pensaba que había un paisaje, pero, (Belleza y Felicidad, 2014). Participó de la antología 30.30, (Editorial Municipal de Rosario, 2013) y ha colaborado en diferentes revistas virtuales e impresas.
Actualmente vive en Buenos Aires y trabaja como docente en talleres literarios y en distintas escuelas públicas de la ciudad.


CARLOS NUSS




La poesía es mi vehículo para transitar el mundo que habito, es mi manera de entenderme a mi mismo. Mi manera de razonar en la que la razón no lo es todo.
Por lo general el poema me asalta, me secuestra, puede andar por mi cabeza un tiempo pero cuando se manifiesta no puedo no escribirlo. No tengo “un” método, me dejo guiar por la intuición.  Y no paro hasta terminar. Ahí es cuando empieza la parte más metódica: por lo normal lo dejo y lo retomo al tiempo y ese tiempo no es el mismo siempre: a veces son semanas o meses y a veces tan sólo horas. Por lo general no soy de corregir mucho, la mayoría de las veces lo primero que escribí siempre queda. Por lo general, al corregir me da la sensación de una especie de autopsia , y me gusta que el poema ande vivito y coleando. Aún así, he descartado poemas completos. La parte que más me cuesta es el título, por esa idea de globalidad que tienen, los elijo casi siempre de una sola palabra. Siempre está el cigarrillo presente en el momento de escribir, a veces el mate. El lugar es cualquier lado donde pueda abstraerme de lo que me rodea lo suficiente para tenerlo presente pero sin invadirme, aunque no me evado del mundo. Trato de hallar palabras que causen sensaciones en el cuerpo y en la mente. La relación con la palabra en mi es sensorial, la poesía que emana de ellas me viene en forma de imágenes, que tomo en forma simbólica. 



Urbana

La calle es una prosa dura
sin ningún esmero estético
siga derecho y se llega a la felicidad
con una bolsa de supermercado;
pierda cuidado,
la policía custodia el patio recién barrido
y las caderas de los automóviles,
si el huésped no pierde la calma
en los semáforos.

La libertad es una ama de casa
con derecho a la palabra
y al resentimiento del sábado a la noche.
La clase dirigente digiere gente
con el entusiasmo de un empleado municipal,
con el amor de las fauces de las urnas.
La mañana toca bocina en los corazones
mientras la tarde prueba su traje de muerte,
ajustando el dobladillo de las costureras
para hacer las paces a la luz de las velas.
Los hombres tropiezan
con sus callos y sus sombras
limpiándose la esperanza de la cara
para ensuciarse religiosamente
al día siguiente,
en la eucaristía de las esquinas.

De, Contrapunto pat-AGÓNico



Canción de cuna para despertar

Alguien te dará de palabras
algo moverá tu lengua de lugar.
¿Harás de lo normal una excepción?
¿Será la belleza tan terrible?
La voz será un perfume que guía
al ciego entre baldosas rotas.
Canciones de cuna para despertar,
la grafía descalza quema al pisar,
al hablar sin amuletos.
Siempre se dice para otro
aún cuando ese otro
sea uno mismo.

De, La quinta pata



Primera sesión

Unos ojos azules son mi primer recuerdo. Los primeros ojos que vi. Unos ojos mirándome con aquello que sólo el amor puede explicar. Unos ojos que decían mucho más que lo que escuchaba de la boca, que hacia rostro con los míos, que se entornaban con cada pregunta que les hacían. Unos ojos que iban desde el sachet de leche hasta la taza y de allí al recipiente del azúcar, buscando el origen del universo al revolver la chocolatada. Unos ojos que se miraban en mis ojos, que no supe de qué color eran hasta mucho después. Unos ojos que yo buscaba para mostrarle lo que iba descubriendo cada día. Unos ojos que no habían visto más mundo que aquel que su amor podía abarcar. Unos ojos como los de un día despejado. Unos ojos que nunca habían mirado más allá del horizonte de esa cocina, ese comedor y esas tazas. Unos ojos que se reían con los míos ante mi más mínima ocurrencia.
Unos ojos que descuidaron por un momento la taza, que rodó por la mesada y después se fueron junto a ella, hasta que se rompió contra el piso. Unos ojos que también destrozaron su mirada contra el piso. Unos ojos que temblaban con cada latido de presión sanguínea, unos ojos que hablaban el horror que la boca abierta enmudecida no podía. Unos ojos que de pronto se volvían grises como la tormenta que llegaba, y veían los que mis oídos tapados no alcanzaban a oír desde abajo de la mesa. Unos ojos brillando de sal agria, de lágrimas rodando hasta el rojo del labio roto. Unos ojos de rodillas en el piso juntando los pedazos de la taza esparcidos sobre las baldosas, que una mano intentaba reunir mientras la otra se cubría las partes del rostro sin golpear aún. Todo eso es lo que primero recuerdo. Eso y el sabor de la leche con restos de porcelana, lamida del piso del comedor a la tardecita.

De,Tons



Día 

Rodeado por el aire de la mañana
donde se cocina un apocalipsis
en diarios, noticieros y animaciones de internet
el desayuno es un meme cruel, viral y sin gracia.
Aún queda transcurrir todo el día:
el amor renacerá con cada guerra,
y después la paz de la cama,
el centro estático, las orillas revueltas,
las sábanas mudas y sordas.
Como si hubiera más de un modo
de cobijarse con la mentira.

De, Personas, lugares y otros mundos de barro y piedra



Balido

Siempre que me pierdo
trato de volver al punto de partida.
Por supuesto que no es Dios
ni el "Qué hacer?" de Lenin,
mucho menos la perorata de
Claudio María de los milagros.
Un ternero se echa al suelo
cuando extravía la ubre madre,
da balidos hasta que el mugido
de la vaca lo encuentra.
Yo lanzo un grito al mundo
en un puñado de palabras.
A veces
            la poesía me responde.

Inédito


Carlos Nuss


Carlos Nuss (1979, Concordia, Entre Ríos) reside en Comodoro Rivadavia, Chubut. Estudió Profesorado de Historia. Ha publicado los libros de poesía Contrapunto pat-AGÓNico; Vela al viento, 2016, en coautoría con Ezequiel Murphy; La quinta pata, Espacio Hudson, 2017; y la plaqueta Personas, lugares y otros mundos de piedra y barro y piedra; La cebolla de vidrio, 2019. También escribió la nouvelle “Tons”, Cooperativa de comunicación y cultura “El Miércoles”, 2018). Es redactor en la página literaria del podcast La Ninfa Eco.

viernes, noviembre 22, 2019

CARINA SEDEVICH



Creo que a una pregunta tal como “qué es la poesía” es prudente responder desde la experiencia personal. En la poesía -que primero escuché, después leí y un día pude empezar a escribir- encontré la forma de sobrevivir y mantenerme relativamente cuerda en este mundo. Así que la poesía para mí es muchas cosas: agua, oxígeno, alimento, refugio, abrigo, consuelo.  

Con respecto a cómo y cuándo escribo, tengo siempre un cuadernito en el cual voy tomando notas. Si no estoy en mi casa lo llevo conmigo. Como prefiero estar en mi casa, sola, es ahí donde más escribo. Pueden pasar días sin que haga ninguna anotación, pero lo que va al papel es importante: son pistas de lo que he ido viviendo y cómo. Pocas pistas, las esenciales. Así que abro el cuadernito y lo reviso cuando me siento frente a la computadora a escribir. Si me detengo a pensar, me doy cuenta de que aproximadamente una vez por semana siento la necesidad de ponerme a escribir. Puede pasar más seguido, pero también menos. Las sesiones de escritura, sobre todo de la primera versión de un poema, son intensas y breves. 

Cada poema tiene su historia personal de corrección. Todos son corregidos. La mayoría, muchas veces. Creo un archivo donde voy escribiendo un poema debajo de otro. Me gusta tener presente en qué voy. Todos los poemas tienen relación entre sí. Los trato a cada uno en particular y a la vez voy viendo cómo se leen uno junto a otro. Cada uno influye en la corrección del otro. Los leo por separado y en conjunto muchísimas veces. Así voy encontrando el sentido de lo que estoy escribiendo. Cuando ya tengo una treintena de poemas, sé que es el momento de armar un librito. Esa es una tarea que disfruto mucho. Incluso decidir cuáles poemas no van al libro es gratificante. Cada libro tiene su historia particular de gestación. Son todos significativos para mí porque en ellos, como ya dije, de alguna manera está mi vida. 

No me detengo a pensar en cómo se arma el poema. No puedo responder a la pregunta de si viene primero la música, la sensación, la palabra. Ocurre que se desata un entrevero de procesos sensitivos e intelectuales. Es una instancia misteriosa que no me interesa desentrañar. Lo que sale de ese momento nunca es el producto final, pero sí la materia prima para el poema. Tiene el germen del poema y el olor del poema. Ese entrevero es la parte quizás más extraordinaria del proceso de escritura. Pero todas las instancias son preciosas e imprescindibles: desde el momento en que anoto la primera palabra hasta el instante en que termino de definir si la coma al final de un verso va o no va. 


Poemas


The whispering star 

En la última escena 
la mujer androide guarda en una caja de recuerdos 
la lata que encontró en un planeta de humanos 
y que apretó con el pie sobre la piedra, muchas veces, 
para escucharla crujir. Conjura el infinito ruido blanco 
con una potencial evocación.

De, Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder, inédito


Grandes metales oscilantes crujen 

Un hombre viejo fuma marihuana  
bajo la sombra de los edificios. 
En el jardín vecino, dos tomates
se aprietan como jóvenes testículos
a una pálida estaca solitaria.

Fragmento del libro del mismo nombre | Editorial de l’aire, 2019


Sólo el viento incontable sobre el puente 

Bajo la luna pintan la calesita. 
La espina terrestre de un caballo
como un dorado contrabajo, brilla.
Y los grilletes de los hipocampos
se elevan como densas mariposas.


Fragmento, de Flor cineraria | Detodoslosmares Editorial, 2019


Loicas, calandrias, benteveos, río 

Atrás quedó nuestro tiempo 
y no recuerdo
casi nada con exactitud.
Sin embargo, 
cada vez que escucho música,
imagino que bailamos.

Fragmento, de Lejanas bengalas estallan | Ediciones del Dock, 2018.


Algo tienen que ver las campanas con dios 

Un niño de tres años
ciego
se frota los ojos
para ver las estrellas.


Fragmento, de Lavar a la madre | Buena Vista Editorial, 2017.


After life 

En una película oriental
los muertos eligen un recuerdo 
para vivir en él como un insecto 
inmóvil en un ápice de ámbar.

Buscan momentos sin exaltaciones
en los que no pudieron vislumbrar
resabios de pasado o porvenir.

Al fin,
prefieren recordarse solos.

De Un cardo ruso | Alción Editora, 2016

Carina Sedevich




Carina Sedevich nació en Santa Fe de la Vera Cruz en 1972 y vive en Villa María, Córdoba, Argentina. Es autora de los libros La violencia de los nombres (1998), Nosotros No (2000), Cosas dentro de otra cosa (2000), Como segando un cariño oscuro (Argentina|España, 2012), Incombustible (Argentina|España, 2013),  Escribió Dickinson (2014), Klimt (España|Argentina, 2015), Gibraltar (2015), Un cardo ruso (Argentina, 2016|Brasil, 2019), Cuadernos de Lolog (2017), Lavar a la madre (2017), Los budas y otros poemas (2017), Lejanas bengalas estallan (2018), Flor cineraria (2019), Grandes metales oscilantes crujen (2019) y Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder (inédito). Su obra ha sido editada en diversos países de Europa y Latinoamérica y traducida al italiano, al portugués y al mallorquín. Ha participado en festivales nacionales e internacionales de poesía. Es licenciada en comunicación, especialista en semiótica, maestra en ceremonial, profesora de yoga y meditación. Dirige Revista Ardea | arte, ciencia y cultura, publicación de la Universidad Nacional de Villa María. 

miércoles, octubre 17, 2018

AGOSTINA PARADISO




La poesía es una forma de estar en el mundo, de percibirlo y transformarlo en expresión. Como decía Lorca está en la calle, y acompaña las revoluciones y luchas de los pueblos.
Escribo poesía desde los diez años, y empecé a hacerlo como una forma de expresión de lo que sentía y percibía del mundo que me rodeaba. También disfrutaba de leer ávidamente libros de poemas como buscando respuestas a las muchas preguntas que brotaban en mi cabeza.
La persona más poética que conocí, Mirta Colángelo, sin embargo, no escribía en el sentido de publicar libros de poesía, pero era una maga que tenía una mirada poética del mundo. Eso es para mí lo esencial, la mirada poética del mundo, el resto es un artilugio, un juego de arte y lenguaje.
Corrijo algunos textos, otro no,  quedan así como vinieron al mundo. Me gusta leerlos una y otra vez y hacer varias versiones.
Cuando me pongo a corregir lo hago de forma frenética, arbórea, para realizar el ejercicio es algo que me da pereza y satisfacción a veces prefiero dejar la huella como vino al mundo, otras darle algunas vueltas de tuerca, y dejarlos madurar y retomarlos luego de unas semanas o meses.
Es un procedimiento azaroso y lúdico. Me gusta jugar con el lenguaje, experimentar con él, entrar en su laboratorio. Pienso el lenguaje como un elástico que se expande, y me gusta la diversidad de voces, temas, intertextualidades. 
No tengo caminos marcados, pero cuando voy a probar algún procedimiento, a veces algo que leí de otres autores me inspira a responder o entrar en ese juego y viene de ahí, de la intertextualidad. Otras son ideas, historias que surgen y van tomando forma poética. Algunas veces sigo la musicalidad de la palabras, otras veces son imágenes de la naturaleza, o la ciudad. Y claro, cosas de mi propia historia y la de mis amigues y el país, la patria grande.
                                 


Poemas


Arte poética

neruda escribió los versos más tristes -dice
gelman que ni con miles de ellos hará la revolución
anaclara dice que los encontró
en el hueco de la base del cuello
es como un fogón -dice
ahí se acerca la causa cuando tiene frío
y se convierte en grito caliente
que humea en la boca
dice que fue simple
estaban todos acurrucados
parecían palomas
para avivarlos los corrió
les convidó migas,
los tapó de arena
se volvieron locos con tanto barullo
y volaron para todos lados


Pedido

A usted vengo: Ghenpín
deseo conjugar palabras
que sean semillas en la salita en el jardín del suburbio
Cuento con una escoba de trigo
que limpia todo aquello que se aglutina y soberbia
dicen que me protege
a veces barre mi aula
“chimichurri-mate-caleidoscopio
papel glaseé-Currinca-aguafuerte”
estupefactas quedaron acá
dice mi abuela
que algún día seré una vieja clueca
pasaré largas tardes cociendo heridas
con lo que no se nombra

Decile un piropo Ghenpín


Cuento /74

la ciudad está desierta,
la avenida oscura
el motor de un auto aúlla
él mira a los ojos de ella
tranca el auto
parecen oscuros de noche
El de atrás dice : -¿qué esperan?”

él abre la puerta rápido
ella toma la mochila (la tiene entre las piernas)
baja

el auto, la vereda gris,
un paredón blanco,
risas,
el auto, la vereda sola, un paredón

el auto cabalga,
el motor aúlla de vuelta
él sonríe y ella fuma
el de atrás silba tango
un milico desvelado lee el diario
llegan, bajan, se acuestan, y duermen

el milico lee clasificados insomne en el baño
un perro viejo ronca
el milico se ata los cordones
y toma una pastilla
abre la puerta de calle,
ve, no puede evitar lee,
no puede evitar,
lee: Evita
cierra la puerta
la leída no evita llegar al hígado
el hígado pide otra pasti ya
ya viaja la pasta rápido después
devuelve no puede evitar


Papá

Los hijos de la noche han tomado el sol
con un solo tiro bastó
y allí marchan los recuerdos
cuando apenas nacidos
Como tortugas van
hacia esa esfera naranja victoria

recuerdo a mi papá cuando
una voz le susurraba: “Parirás mil hijos por el corazón”
y se llenaban sus ojos azules
y cerraba sus manos sobre el hierro
y se abría su pecho salino
y volaba su gaviota primera

ahora es de noche en el centro
del péndulo que llevo por corazón
y también en las playas
que me acontecen sucesivamente

espejito, espejito
De qué color es el infinito:
 -Serás creada a la luz mora
De una humilde pasión.

en cuanto nombro
tañen las lunas
enmudecen las sombras
se abren los números
cómo caracoles trepan las venas
esos sueños tempranos que sembró en mis poros


Caleuche

mapu estepa
que a sí misma empieza a gestarse
sobre el vértice vientre rojo
de mi lengua látigo láctea 
aspira arena ferrosa hacia
donde se modela tu puerto nativo
al atardecer en el arco óseo del puerto
el látigo acomete
pero el único cáliz que tiene es aire
y el aire es como una ola
que rompe cruje y muere en la bóveda
dónde se besan el mar y el sol
que embeben tú vientre

la marea alta, el mar
la marea baja, la playa del sol
al atardecer en el puerto se confunde
el sol con las estipas
lo salado del mar con lo salado del cielo
el combate desgarra el cántaro
todo perece en la costa:
el atardecer, la ola,
quedan prismas ferrosos en todos mis pelos
queda tú boca llena de estipas 

Agostina Paradiso







Soy Agostina Paradiso. Nací en Int. Alvear, La Pampa. Cuando era pequeña mi familia se trasladó a la ciudad de Tres Arroyos donde viví hasta los diecisiete años, actualmente vivo en Capital Federal, soy Profesora de Nivel Inicial y trabajo con niñxs pequeños en el barrio de Barracas, continúo mi formación, actualmente estoy por recibirme de Tecnicatura Superior en Tiempo Libre y Recreación en ISTLYR,  y realicé  la Diplomatura en Derechos Humanos y Educación en INFOD. También he tomado cursos de Aguahara, y Acroyoga.
Publiqué el libro de poemas La hija del árbol en Ediciones Capuchas en el 2013. Se puede descargar de forma gratuita en en el siguiente link  o copiando y pegando: https://es.scribd.com/doc/241855159/la-hija-del-arbol-web-pdf
Desde hace cuatro años participo del colectivo artístico F.U.R.I.A, con este grupo de artistas realicé recitales de poesía y música y exposiciones de arte visual en diferentes lugares de la Ciudad y el conurbano. Durante el 2015, sacamos el COMPILADO F.U.R.I.A vol.1 2015 (se puede escuchar en el siguiente link o copiando y pegando https://www.youtube.com/watch?v=JSMW8QKGU9Y) el tema 4 y 16 son dos poemas recitados por mí con acompañamiento musical de otrxs integrantes del grupo. Ahora preparando el volumen 2.
Actualmente, estoy grabando algunos poemas musicalizados con el acompañamiento de un pianista, Sebastián Heudtlass y trabajando en mi próximo libro que saldrá por el sello editorial Maravilla
Desde muy chica escribo poesía, y me especialicé en el trabajo con este género. Realicé taller para niños y adultos,  en diversos espacios: Feria del Libro Infantil de CABA , F.L.I.A, en PreCabildo de Juego y Cultura, y para el programa Aulas Rodantes del Ministerio de Educación, entre otros.
A propósito de mi vocación poética pienso: Creo que hay que mantener encendida la luz, echarle leña de juego, leña de arte para que no se apague esa llamita que es la poesía, la confianza en otras formas curiosas de conocer el mundo, el universo que no es "uni" sino "multi” verso.








martes, junio 19, 2018

ANA MARÍA GRANDOSO






Nosotros también llamamos 
al paisaje de nuestro corazón:
río entre enredaderas,
diálogo sólo del cielo
con los verdes.

Juan.L.Ortiz



Dice Sergio Delgado: En realidad no hay paisaje que no sea del corazón. El concepto mismo de paisaje implica la palabra, sea relato o poesía, con que el lenguaje ejercita la imposibilidad de abarcar una totalidad. Es una medida, una relación que se establece entre el objeto (montaña, bosque, río) y el ojo que contempla y desespera.
En el intento de escribir poesía me acerco lo más posible al objeto que me convoca, lo nombro (tal vez lo describo) luego viene el extrañamiento de ese objeto y lo que subjetivamente pasa. No es nada fácil, por eso me gusta.
Escribo según surge, sin plan.
Dejo descansar, cada vez más. Siempre corrijo y lo disfruto. 
El procedimiento comienza con una imagen y/o frase que me deja como en pausa. Luego tomo el lápiz (nunca teclado) y trato de tirar de ese ovillo para descubrir si puedo desenrollarlo en más versos hasta llegar a un poema. La musicalidad aparece al leer en voz alta.



POEMAS


Está bien, así
como una momia.

Las sombras avanzan
no hay luna.
Sólo nubes negras.

Momia doméstica 
en caída libre
cuerpo entre las sábanas
ya en el sueño

en un trayecto de poco tiempo.

***

No sé de dónde viene
esta contentura diminuta
tan privada.
Un envión y al sentarme
me sorprendo, otra vez
mirando mi pie descalzo.
No sé por qué
justo cuando sale entre las sábanas
a punto de apoyarse
en el suelo tibio
de madera.

***

Cuando paso por una "situación" emocional del entorno familiar 
aunque solo yo la viva: dibujo florcitas, dibujo florcitas. 
Todos queremos tocar el cielo- dice una canción-.


La contradicción alimentada en la belleza de los jardines,
el estallido de las flores
sus estambres y pistilos.
Paso por los jardines
quiero mirar, correr las cortinas.
Se mueve un reptil
entre hojas agitadas
en la vida de sus habitantes.
¿Más bello es el jardín
más desdicha humana?
¿Qué hay en las piscinas del nadador-John Cheever-
de aguas siempre "color zafiro"?
Verde, verde
oloroso el césped
amenaza de la belleza.

Corto todas las flores hoy,
una a una
las tiro al río.

***

Mis ojos se van
detrás de la primera mariposa
en el incesante derrame de la luz.

El corazón puede decir basta
en el tiempo
que la menta ignora.
¿Y la menta?
La menta, la tan mentada
brota otra vez
como si nada.

Ella
perfuma, 
avanza
entre el bicherío oculto y tan vivo

Verde.

Incesante
el derrame de la luz.      

***

¿Qué o quién me dice
cómo vivir el instante?
¿Qué Tao, Buda, Zen
me lo aconseja?

Entro al vacío de la contemplación
son milagros de la naturaleza de las horas.

Un momento entre dos interrupciones
un momento estanco.

Vuela el alguacil celeste
rebota contra la ventana

y se abre.


De La naturaleza de las horas, Vela al viento, Ediciones patagónicas, 2018.


Ana María Grandoso



Ana María Grandoso nació en Carmen de Patagones, provincia de Buenos Aires en 1946. Fue y vino. Actualmente vive en su pueblo natal.
Entre los años 2007 y 2011 publicó una agenda cultural semanal de la comarca Viedma-Patagones, De la barda al llano, distribuida en 50 lugares y en la web.
Realizó junto a poetas mujeres un micro de lectura de poemas difundido en la radio comunitaria Encuentro y en otras radios de la provincia de Río Negro en los años 2017, 2018 y 2020.
Publicaciones:
Cinco Poetas. Carmen de Patagones. Ediciones El Camarote .2009
Vamos al baile y verás. Novela. Ediciones Ruinas Circulares. 2014.
La naturaleza de las horas. Poesía. Vela al Viento. 2018.
Movimiento de superficie. Poesía. Ediciones En Danza. 2020.
Antologías:
Transversal. Poesía contemporánea de Río Negro. Compiladora Graciela Cros. Fondo Editorial Rionegrino. 2019.
Camellia. Mujeres que toman té. Antología de poetas latinoamericanas. Selección Marisa Negri. tanta ceniza editora. 2021.



domingo, mayo 27, 2018

IRMA VEROLÍN




Para que comience a escribir primero tiene que surgir alguna manifestación de incomodidad entre mi persona y el mundo o esa vastedad de cosas y circunstancias que llamamos mundo. Luego es necesario que se produzca cierto toque en alguna zona íntima, la palabra viene a convertirse en un puente pero si no existe la tensión la palabra se alisa, se achata, se vuelve blanda finalmente. La tensión interna debe ser contenida para que el lenguaje vacile lo suficiente, vibre, se crispe un poco. Ese momento inicial es definitorio, marca el tono, el ritmo,  el enfoque. Hay que saber guardarlo, cobijarlo, sostenerlo y a la vez tener la capacidad de atravesarlo: la tensión está allí. 
En mi adolescencia estudié guitarra clásica, afinar las cuerdas para que los sonidos respondieran a una grafía musical me resulta una buena metáfora para el acto de escribir. El sonido  de la música y el color de una palabra no difieren demasiado entre sí. Se trata de encontrar una sintonía entre dos sistemas diferentes: el lenguaje con su monumentalidad y lo volátil de la vida. A veces voy llevando a cuestas una palabra que está sola, como arrancada del corpus,  poco a poco esa palabra se transforma en un germen que da pie al texto, sea poema o relato. Es la coloración de la palabra lo que me cautivó o lo que  ella me evoca sin que lo sepa completamente. Otras veces es una breve frase. Vienen solas estas palabras sin que las llame, sin que sea consciente de qué fue lo que las trajo hasta mí. Sin embargo están allí y me acompañan  transitoriamente para que después sean el inicio de un texto. En realidad yo vivo con las palabras, cohabito con ellas en cierto estado de exasperación porque siempre las estoy cazando, cultivando o acaparando, son mi material y mi obsesión.  Claro que  finalizada esta ardua iniciación llega la etapa del tachado, de la sustitución, del movimiento de las palabras en el espacio. Es un juego inquietante, ya sea que se trate de podar o de expandir, el acto de canjear es siempre un quehacer desparejo. El desafío reside en creer que es posible un canje justo. La clave está en el momento del origen que engarzó dos instancias aparentemente irresolubles: lo intangible de la vida con la densidad del lenguaje. 
Llevo la libretita conmigo y la infaltable lapicera. En mi casa hay papeles en unos cuantos lugares y están bien repartidos para que cuando ocurra ese cruce  fenomenal entre mi persona y el llamado mundo, las palabras no se retraigan. La blancura de los papeles es una buena invitación, también un reaseguro para este yo que persigue su lugar, su forma, su autoreconocimiento  y que descubrió en la escritura su vía de escape y de encuentro a la vez.  A veces me sorprende que mi poesía gire en torno a la definición siempre inacabada de un yo que se fractura, que se fuga, que se vuelve inasible. La duplicidad no puede resolverse pero merodearla o estar frente a ella en situación de asalto y  de constante indagación, sutura lo que se desintegra creando un orden que sólo la voz poética alcanza a rozar. Entre ese yo que habla y el mundo parece no haber contacto  aunque jueguen a los espejos hasta el cansancio. El mundo es una instancia de controversia sin la cual el yo no podría hablar. Ese dichoso mundo, lejos de ser un referente, se comporta como un adversario. El mundo me marca el pulso mientras mi interioridad se esfuerza por evitar que la escritura  sea un  simple eco. Es un diálogo sordo pero atrapante. Insisto: mi poesía intenta construir un orden reafirmando el  constante desvanecimiento que la vida le impone a cualquier clase de orden. La tensión se instala siempre entre ese yo quebrado y un mundo que no da cabida, que desdice, que desintegra la voz que busca alcanzar alguna forma. No casualmente el tiempo con  su cualidad cambiante, volátil, inapresable  se presenta como algo lleno de sustancia, como un objeto en sí mismo. La vida no hace más que deshacerse y el yo, gracias a la voz, encarna la fuerza que intenta capturar una fugacidad completamente incapturable.
Desde muy pequeña fue  para mí la voz humana, la voz teatral, la voz de las canciones, la de las conversaciones íntimas dentro de la casa, la de los intérpretes del tango la que me acercó a la literatura. Supongo que el tono confesional de mi poesía viene de allí. Que esas voces pudiesen amarrarse en la escritura fue un deslumbramiento infantil sin medida, y creo que aún conservo parte de ese asombro. Escribir entonces sería también captar los matices de una voz en sus mínimas inflexiones.  Me interesan los matices, las leves fluctuaciones, los detalles. Me gusta detenerme en lo casi insignificante para hacer de eso un acontecimiento de la mirada y de la voz poética, como si el mundo encerrara secretos que pasamos por alto y hubiera que ponerlos en primer plano para rescatarlos de alguna manera de su posible aniquilación. Allí está otra vez la lucha entre lo cambiante y lo que puede hacer perdurar algún sistema más o menos ordenado. De todos modos me sigue sorprendiendo en cada poema que escribo la necesidad angustiosa de ese yo por definirse. Es un merodeo continuo que  pretende abarcarlo desde cada uno de sus ángulos. De eso se trata, de  volver sobre lo mismo para ahondar en las posibilidades de comprensión. La variación no está en abrir nuevas ventanas sino en profundizar la mirada sobre un único paisaje. Allí ha quedado encerrado el misterio. En la segunda mirada se cuenta con la ventaja de un ojo entrenado ante esa vastedad que llamamos mundo y que, como ya sabemos, está repleta de suspicacias.





Poemas


         BOTAS NEGRAS

Me ponía las botas
-unas botas negras de goma-
para ir a descolgar la ropa de la  soga.
Yo le tenía más miedo a las víboras 
que a la sombra de nuestros corazones.
Vivíamos en la orilla del monte
y él me miraba con esos ojos azules
desde la cocina
cuando yo me estiraba hacia la soga
con mis botas puestas. Sabía
-lo sabía muy bien-
que  él me estaba mirando
cuando me estiraba largamente
hacia el calor de  nuestras sábanas.
El paisaje me abrasaba
la tarde
el trópico
la caída del día
la luz atravesaba la claridad de las sábanas
y se estrellaba
hasta desaparecer
en la punta de mis botas negras
mientras él
desde la cocina
me seguía mirando: sus ojos azules
ahogados
en el cuadradito amarillo de la ventana.


         (De Al borde de la música, inédito).


       
        DÍAS DE INTEMPERIE

Cáscara rugosa con su interior comestible:
el tiempo es una nuez.
Tendida en esta cama
a lo largo del ancho verano
pongo en remojo mis pensamientos de ayer,
un día cualquiera: cielo de nubarrones y
veredas pegoteadas por la humedad
con olor a orines de perros y gatos.
Dejo  que las cosas sigan como están
-demasiada intervención perjudica
el orden de la vida-
mientras pretendo que la almohada
me cuchichee alguna certeza;
la siesta se ha vuelto una prolongación
de la noche
así
sin contrastes
la vida ha perdido su fisonomía.
Algunos diluvios quedaron en mi memoria
desde ayer
cuando puse a remojar mis pensamientos,
todo se ha vuelto
extremadamente amplio,
los días, una eternidad:
no se encienden luces
no se propagan  las sombras
nada entra en la cáscara de nuez.
Días de intemperie
días para cerrar los ojos frente a la luz.


            (De Los días, Fundación Victoria Ocampo-Bs. As. 2015).



           LA SUSTANCIA DEL COMPARATIVO

               
Como esos lobos salvajes que
con la ayuda de las tempestades
y el amontonamiento de los siglos supieron
en los tiempos antiguos
aproximarse a los caseríos
para encontrar calorcito y comida,
esos que se convirtieron en perros
de pelaje suave y ojos mansos,
yo acerco mi cabeza a tu mano.
¿Me alimentarás?


                   (De “Los días” Fundación Victoria Ocampo, Bs. As. 2015).



              SÁBADO

Apuro el primer bocado 
de la mañana, el mundo es inaudito
para alguien como yo
que se extasía
frente al círculo oscuro
de la taza de café.
Por suerte 
hoy sábado
el mundo comienza a adormecerse
y tengo el día entero
para mí:
una mercancía cara
que se consume rápido,
pura extensión hacia delante
parecida a la llanura
donde tenderé mis sábanas
y lustraré mis zapatos.
Estoy respirando 
y es casi un milagro
percibir este aire
que entra y sale
de la casa de mis huesos.
Mañana 
cuando el mundo
esté  completamente adormecido
bailaré
bailaré hasta cansarme.
                     

/ de “Calendario”- inédito



          DETRÁS DE MIS OJOS
                 

Detrás de mis ojos cerrados 
estoy yo
con los ojos abiertos
mirándome:
soy tan pequeña
que casi desaparezco.
Soy pura  uñas crecidas
y pelo largo
deformados los dedos de los pies
los codos tristes.
Mi pequeñez navega
en un universo lleno de aire,
nada más que aire.
El aire y yo nos pertenecemos
el uno a la otra
en este sitio blanco
donde mi cuerpo se deja estar
completamente abandonado
lejos de las palabras
ahora que mis ojos se abren
y se cierran
una vez más.


De Árbol de mis ancestros, Ed. Palabrava, 2018


           OTRO DOMINGO

Es extraño: hay una mujer
que camina por la casa
y esa mujer soy yo.
Las caderas se abultaron,
los pies fueron perdiendo su firmeza.
El día no comenzó temprano 
hubo sol. El silencio le dio a mis pensamientos
su mejor lugar.
Supe recordarme 
enlacé algunas palabras
con esta letra  despatarrada
que ejercito tan mal,
murmuré
para que nadie me escuchara,
bebí mi té de hierbas.
Esa mujer 
ama el silencio
más que a ninguna otra cosa
en este mundo desgarbado
como esa letra
con la que ella suele escribir en el reverso
de papeles impresos.
Papeles gastados 
pies enclenques, la mujer
camina por la casa vacía
mientras  la luz que se va mezquinando
en los ángulos
harapienta
convertida en hilachas
se retira despacio.
Todos los domingos se parecen, pienso
y sospecho que ella
como yo
piensa lo mismo.
                                 

De Calendario, inédito
     

      NACIMIENTO


Mi madre entregó
mi cuerpo recién nacido al mundo,
se lo dio a la luz
que se asomaba despavorida
entre las cosas
y  enseguida se fue
apuradísima
lejos de este mundo.
Quedamos solas la luz y yo
y nos entreveramos
de mala gana.  Aprendimos
a nombrarnos y desdecirnos
en medio de este desvalido escenario.
Tengo preguntas para hacer
que mi madre no contesta:
¿De qué está hecho mi cuerpo?, pregunto.
De lo que quedó
del cuerpo de tu madre, me respondo.
¿De qué está hecha la luz?
De palabras, me responde la luz.
           

De Árbol de mis ancestros,  Ed. Palabrava 2018.



 Foto Nº 11:

Qué será de la niña  
cuando el tiempo desate las costuras
de lo que apenas está unido del revés
quién cuidará de sus ojos
desmantelados
grandes. Sobre el horizonte de los sucesos
la niña hará equilibrio
con sus piernitas flacas
se amamantará a sí misma
aprenderá el lenguaje elemental de las sombras 
todo ha sido previsto
y ella espera
allí
recostada en el borde de la fotografía
con inmensa naturalidad.
                                 
De Serie de fotos

(inédito)


PLEGARIA DEL REGRESO

Volvió desde su muerte
mi madre     
joven
perfecta
como era  entonces. Ocurrió ayer.
Yo estaba sentada
con los codos apoyados
sobre mi rústica mesa
la mirada perdida 
mientras mi dedos deshacían 
miguitas de pan. Laxa la miga
se  ablandó entre mis dedos
hasta que por fin 
dejé despanzurrado y pura costra
el básico alimento de Dios. Entonces 
apareció ella.
Al verla 
amé  más que nunca
su cuerpo de madre  
generoso
hecho de luz y torbellinos.
Si nos hubiésemos parado frente a un espejo
ella bien  podría haber sido mi hija
o yo misma
treinta años atrás. El amor
entre nosotras 
 se ha mantenido 
intacto
como intacta es su carne
para siempre
desde que tengo recuerdos.
Abastéceme madre  
con tu mirada
dame de comer
de beber
haceme dormir en la suavidad de tus palabras.
Buscame mil veces porque sigo perdida
arrópame 
amamántame, madre, con el relato de un cuento
brillante en su final feliz.
Mi hambre ha crecido hasta lo indecible  
y en su desmesura
se ha tragado mi vida entera,
esta, 
la única vida que tengo
la que me diste
el mejor regalo que alguien puede recibir
y ha sido desperdiciada en el tiempo de esperarte.
Aun así   
estoy en el centro de los acontecimientos,  madre, 
respiro en la esfera hueca de mi vida
con la dificultad de los recién nacidos
ahora   
que regresaste.
La distancia inventada   
por ese lugar al que te fuiste
fomentó mi hambre
con su maravillosa crueldad.
Te miro y no puedo creerlo
mis ojos mienten
dice la memoria de mis ojos
y se repite en un rezo interminable
que se pliega en mis células
para llegar hasta el principio
donde muy juntas
quedamos atrapadas 
las dos
en el embrión de tu muerte.
El aire permanece alborotado  
después de tu visita
cuesta respirarlo:
ya no deseo más que adormecerme
en el eco de tu nombre.  
                                      

De Lenguaje de la noche

(inédito)



Irma Verolín

          
Irma Verolín nació en Buenos Aires en 1953.  Publicó en poesía: De madrugada, Los días, (Primer Premio Fundación Victoria Ocampo) y  Árbol de mis ancestros.  En cuento: Hay una nena que gira, La escalera del patio gris, Una luz que encandila, Una foto de Einstein tocando el violín y Fervorosas historias de mujeres y hombres. Novelas: El puño del tiempo, El camino de los viajeros y La mujer invisible. Y  algunos títulos en literatura infantil. Obtuvo diversas distinciones entre  ellas  Premio Emecé, Primer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires, Primer Premio Internacional de Puerto Rico, Primer Premio Internacional de Novela Mercosur. Algunos de sus  textos fueron traducidos al inglés,  alemán, italiano, ruso y portugués.