lunes, septiembre 24, 2007

BÁRBARA GALLOTTA



Escribo a la tarde cuando llego de trabajar o a la noche aunque preferiría escribir por la mañana, con luz natural, “fresca”. No escribo de madrugada ni me quito horas de sueño para escribir. Por lo general escribo con la tele (bajita) y música (no la radio que es demasiado invasiva). El silencio, que en otros momentos valoro mucho y me sienta muy bien, no me ayuda para escribir. Puedo escribir y hacer zaping al mismo tiempo. Necesito no estar tan concentrada para escribir, un poco de ruido alrededor me permite mantener cierta distancia, no regodearme en el texto-ombligo-del-mundo. En este estado de atención flotante estoy permeable, mi escritura se enriquece si levanto la vista, cambio el foco, luego retomo.
Me gusta la computadora, la siento una aliada. Me permite hacer cosas que el papel y el lápiz no; su prolijidad, su linda letra son un buen contrapunto a lo que puede estar pasando por mi cabeza. A veces, si le doy vueltas y vueltas a un poema y “no sale”, intento con lápiz y papel como si tratara de sacarle palabras a la mano un poco por la fuerza. A veces funciona y a veces no.
El momento en el que aparece el germen de un poema por primera vez, sigue siendo bastante misterioso para mí, y fascinante. Cada vez que sucede me parece irrepetible, irrecuperable, imposible. Pero esta sensación dura sólo un instante. Inmediatamente me tranquiliza comprobar que hubo una vez anterior, y otra anterior, y otra anterior en la que la poesía surgió. Aún así, este sentimiento me hace reverenciar de cierto modo y agradecer la escritura. Así como reverencio y agradezco la lectura de algo que me toca o me inspira. Cuando se produce la sorpresa frente al propio texto, es de lo más grato. No tengo un plan previo. El plan se va armando cuando empiezo a encontrar temáticas comunes o posibles diálogos entre varios poemas. En esa instancia sí realizo lecturas (en general leer me provoca ganas de escribir) y busco en otras artes buenas compañías y fuentes de colaboración. Me gusta revolver entre los libros de pintura y encontrar algún cuadro o un pintor que me acompañen en el proceso y me ayuden a dar un tono, un trazo a lo que estoy escribiendo. Lo mismo con la música.
Corregir es la posibilidad de leerme. Es un proceso, por lo general, pausado, lento y que aprendí a disfrutar. Es cuando comienzo a descubrir de qué va el poema. A darle forma. Ahí es cuando aparecen núcleos temáticos, ritmos, una musicalidad y la posibilidad de comunicar, vislumbrar un lector que complete el poema. Por lo menos en este momento, corregir para mi es dar a leer el poema. La lectura en voz alta y sobre todo escucharlo en la voz de los otros, es fundamental. Me nutro de las apreciaciones de otros poetas.
No hay una única manera en la que aparece la poesía. A veces presiento el costado poético de una anécdota o una situación y trato de buscar el ritmo para remarcarlo. Otras surge en forma de imágenes. Y otras no surge y sentarme a escribir es ir a buscarla a través de las palabras. Más que nada siento que día a día redescubro mis propios rituales y procedimientos y que mi vínculo con la poesía es diverso y aleatorio, en todo caso es un punto de vista, una mirada, unas ganas de que sea poesía.


Poemas


la malasia queda
tan cerca de casa
porque malasia es
atrás del alambrado

que da miedo
mirar de noche
y quedar ciega
de tan negro
de tanto miedo

**

me olvido
un zapato
en la noche

mientras duermo
ahí adentro
se junta todo
el rocío
del campo

**

sobre la panza
del caballo
tendido
en el pasto
apoyo
la oreja

adentro

sopla

el viento

del campo

**

el portón de madera
cede relinchando
al permiso
de una nena
y su muñeca

juntas en el umbral
damos la espalda a la casa
abrimos bien los oídos
así nos ofrecemos
a los pájaros y al viento

gajo tras gajo
intentamos encontrar
nuestra mitad

**

bajo la ventanilla
y entra

onivia
olorife
de vaca dulce

nos miramos
ojo con ojo
para saber
qué está pensando

y caemos

adentro

del sueño

profundo

de vaca

**

un caballo pasa
es marrón o es negro
y corre

corren los hombres detrás
con látigos y monturas
y bombachas de gaucho
dicen ooooo al caballo
que muestra sus patas
arriba en el aire
asustando a niños y gauchos

arde troya
en la casa
delfindelmundo
esta vez
es muy lejos
dice mamá
el nombre inventado
de papá
que cruza los ojos
para juntar todo
lo de antes
y lo de ahora

**

amanece
papá
lejos
en el campo

lo llaman
tierra adentro
los caballos
los pájaros
el viento

**

milingítara calandra
en el asiento trasero

milingítara calandra
milingítara calandra

milingi
tara
cala

milingi
tara
cala

mi
lin
gi
ta
ta
ta
no sale
y vuelta
a empezar

papá amenaza
comernos vivos
y nos hace cosquillas
con la mano
que no sostiene
el volante

**

escondida
en el umbral dormido
la cuenta regresiva
espero

piedra libre
para correr
zambullida
en olor a pasto
estrujado de pies
de chicos

¡no me van
a encontrar!
¡no
me
van
a
encontrar!

pero los gritos
de la leche hirviendo
nos descubren

los escondites
en la niebla
desaparecen

**

un rodete
dos rodetes
una trenza
una cola de caballo

cada noche
se sueltan
los peinados
del domarrulos

telaraña
empolla rodetes
llevame
al
in
fi
ni
to

**

hamacando la espera
a papá que llega humeante
montando su coche
veeerde
rooooojo
amariiillo
A N A R A N J A A A D O

a los pies de la cama
envuelto en su neblina parisienne
papá cuenta el cuento
del tutú misterioooso

había una vez un tutú
muuuy pero muuuy misterioso
estaba pintado
de tooodos colores

rooojo...

veeerde

amariiillo

A N A R A N J A A A D O

pinta papá
de colores
la oscuridad

**

me saco
el rocío
de adentro
para ir
a dormir

mamá
lo guarda
para regar
las flores
a la mañana

**

de blanco
pintados
los abuelos
enceguecen
a las fieras

aullan
perdidas
atrás
del alambrado

y los chicos
tranquilos
nos deslizamos
por la pampa
domesticada

**

olor a jabón
y a cigarrillo
por debajo
de la puerta

en puntas de pie
vamos a espiar
la mala vida
que llevan
las vecinas

recién al día
asomadas
se destiñen
bajo el agua
de los baños

hace espuma
el jabón
en la pileta
y allí descansan
las bombachas
esperando
la refriega

del otro lado
de la cerradura
descubren su piel
las panteras negras

**

enfermedades espantosas
nos enseñan en la escuela
mortales
ronchosas
picantes
contagiadas por insectos
como elefantes:
mosquitos sangrientos,
vinchucas
cucarachas
y hasta las hormigas
son mortales
en este costado
del mundo cuadrado

¡una hormiga
un elefante!

no son nada para un tigre
acostumbrado a cazar
hombres en la malasia

**

a la tarde
cuando volvemos
del colegio
su mano
me ayuda
a cruzar
la medianera

la oreja
a la pared
pegada
escucha dientes
de la malasia
afilando
para la merienda

si nos sobra

les damos

un secreto

de comer

**

enciende
las velitas
mamá

en fila india
los chicos
sortean su porción

soplo y entra
invierno
por debajo
de la puerta

ta
te
ti
suerte pa
ra mí

**
viajando
papá es ateo
y escucha profecías

a su alrededor
hay más
de lo que sus ojos
pueden mirar
y llegar a ver
y llegar



lo que siempre fue
lo mismo será
lo que siempre hicieron
re pe ti rán
re pe
pe pe
ti pi
ran pa


pa


De, Albadecunde 



Bárbara Gallotta



Nací en Buenos Aires el 15 de julio de 1974. Soy Licenciada en Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y trabajo en la industria del cine.

lunes, septiembre 03, 2007

LA INFANCIA DEL PROCEDIMIENTO


La Infancia del Procedimiento es un espacio de poesía contemporánea, abierto a diferentes estéticas y en el que cada escritor reflexiona y cuenta su procedimiento de escritura acercando fotos de la infancia, dibujos, manuscritos y textos. El sitio propone una experiencia por medio de un diálogo entre poetas argentinos y extranjeros de lengua española o traducidos y la difusión de poesía.

domingo, septiembre 02, 2007

SILVIA TOCCO



No tengo ritos a la hora de escribir. Algo que sucede por azar, algo impensado me trae un primer verso o, las más de las veces, apenas un balbuceo. Lo escribo en el papel más a mano. 

Luego, eso que aún no tiene forma llega al espacio de la escritura en la computadora. Y ahí puede quedar largo tiempo hasta que la extrañeza al volver a leerlo, me anima a seguir.

Otras veces, mientras camino, me digo versos. Me pregunto, me respondo, cuento sílabas, advierto la desarmonía y cuando siento haber encontrado algo, lo repito hasta el cansancio, como las rimas de la infancia, para no olvidar.

Pero sin duda, el tiempo propicio para la “escritura” sin que me lo proponga, es en la duermevela, casi siempre al amanecer. Ese tiempo de tránsito cuya belleza nos reveló María Zambrano. El  reino de la aurora, antes de toda existencia.

Puede ocurrir que me hubiera acostado con alguna idea rondándome y de pronto, aparecen palabras que intento retener. Digo que las recordaré cuando ponga los pies fuera de la cama.

Pero ya despierta, sé lo inevitable. Las perdí. El consuelo es que en algún lugar, todavía inalcanzable, están a salvo,  esperándome.

Los poemas no salen de corrido. Sólo algunos fueron escritos casi bajo un estado de exorcismo, como si hubiesen estado ahí desde siempre.

Los otros resultan, cuando resultan, de un trabajo de galeote que rema a contracorriente, mar adentro, a oscuras.

Cuando escribo, me rodeo de libros de poesía, como si esas voces me protegieran de la realidad. Voces que no me dejan sola. Vallejo, Pessoa, Ungaretti, la Ajmátova.

Desde que empecé a escribir en computadora, no he podido prescindir de ella. Tal vez se trate de la posibilidad de construir y modificar el espacio. Cuando llega el momento de corregir, disfruto de borrar todo un verso o una palabra o tan sólo una coma y ver cómo, al instante, se libera un lugar, se crea un vacío que la estructura del poema pide a gritos.

El oficio como psicoanalista de niños me hizo descubrir la relación entre el juego y la poesía.

Hace unos años solía emprender desafíos con pacientes que tenían serias dificultades para hablar y jugar. Les pedía que me contaran un cuento y yo, como una escriba en la antigüedad, dejaba escritas sus frases entrecortadas pero también sus silencios en una hoja a la que seguía otra y luego otra, hasta que el cuento llegaba a su fin.

La voz de ese niño, casi inaudible, en lucha contra un gigante, ganaba su lugar en el papel y la letra iba dejando huellas. Un nombre, una ausencia o una historia que no puede decirse con la voz: el origen de una escritura. Cuentan que los chinos atribuyeron su invención a un alto funcionario que vio las huellas de un pájaro impresas en la orilla de un río.

 ¿Qué es respirar?, le preguntaron a un niño asmático en el hospital.

Atrapar el viento, contestó.

Otro,  a quien nadie entendía,  me pidió que escribiera:

Hoy es un día de lluvia. Está fresco. Ahora va a venir el sol.

Es de noche. Y hace la luna.

Hacer la luna.

La resonancia poética de esta frase me trae la voz de Freud en El poeta y los sueños diurnos: ¿No habremos de buscar ya en el niño las primeras huellas de la actividad poética? (...) todo niño que juega se conduce como un poeta, creándose un mundo propio, o, más exactamente, situando las cosas de su mundo en un orden nuevo, grato para él.

No muy lejos de Viena,  en el Castillo del Duino, Rilke nombraba a la niñez de un modo parecido bajo la forma de su Cuarta  Elegía:

 

Ciertamente,  crecíamos, y nos urgía a veces

ser pronto mayores, en parte por ellos,

que no tenían más que el ser mayores.

(...) en nuestro andar solos,

nos complacíamos con lo duradero y estábamos allí

en el intervalo entre el mundo y el juguete,

en un lugar fundado

desde el origen para un puro acontecer.

 

Más allá de las composiciones escolares o de los torpes poemas de amor en la adolescencia, guardados celosamente en el fondo de un cajón, por pudor de ser encontrados, la primera vez que escribí fue después de la muerte de un amigo. La pérdida apresuró el poema, largo en su versión primitiva. Luego, como el escultor que quita lo que sobra de la piedra hasta encontrar la forma que ella guardaba, le fui sacando palabras hasta dejar un puñado de  versos.

 

¿Dónde vivir,

amigos ?

en el humo

en la copa vacía

en cada ardiente amanecer.

Vivir en el fondo de su voz.

 

Quien escribe, prevé su ausencia. Escribe la muerte y, al mismo tiempo, la demora. Se comporta como una Sherezade que en cada historia que cuenta al sultán que había decretado su muerte, enlaza una  y otra  y así quedan escritas para siempre las mil y una noches, las mil y una lunas.

Mayra, otra de las niñas con las que trabajé en el taller, me dictaba: nadie no quiere   yo tampoco quiero morir.... porque es feo morirse. Si te vas al cielo,  si te come el león,  vos vas a llorar porque no te vas a poder curar,  porque Diosito no tiene remedios y me vas a extrañar y después,   ¿con quién yo voy a leer el cuento?

Mis pacientes insistían en que dejara escrito lo que ellos contaban. ¿Estás escribiendo, Silvia?

Ahora podría responderles: sí, estoy escribiendo. Como puedo. Con tiempo, sin tiempo, en silencio o en medio del barullo cotidiano, despierta o dormida, sintiendo que cuando se escribe, se hace la luna. Se escribe la luna propia. La de cada uno. Distinta pero cercana a la luna de los otros.

Y que cuando la escribimos, volvemos a inventarla.


 

Poemas

 


Réquiem para una niña

 

Hoy

una tarde de noviembre

una tarde de sol

                           en tierra extraña

te mueres

es amarga la pócima de ortiga

pero certera como flecha,

no lloro

de las dos una debía ser.

Hoy

una tarde de sol

                      en tierra extraña

caes a mi lado

                                    muerta

te visto de redes

porque vamos al mar

                             y te dejo flotando

 

 

En  tránsito

 

la sangre corre

sin saber dónde encontrar la herida,

toca a ciegas el abismo de otra sangre,

interrumpe el cansancio de la anémona,

viaja

es un viaje de ningún lado hacia ninguna parte.

 

Sin embargo, insiste.

Como algunas vidas

 

Supermercado

 

yo, para no ir más lejos,

hablo de bueyes perdidos

con el muchacho de gorro azul

que pesa las verduras,

él me da una bolsita de alcauciles

y demora la entrega

algo más de la cuenta

yo me dejo rozar la punta de los dedos

por sus manos de tierra

 invento que el tiempo está muy loco,

que se hacen largas las horas en la tarde,

que los niños,

que las papas,

que mañana quién sabe saldrá el sol...

 

 De,  Después de la tormenta (2000)

 

Sicilia, 1996

 

había jazmín

en la isla

la canzonetta

entraba

por las hendijas

de la ventana

 

había

un padre

 

dejaba de ser

un soldado ciego

en la primera línea de fuego

 

 

Instrucciones para el momento de llorar

 

el juego es así:

inclinada

la cabeza

hacia mis manos

una

a

una

caen

en el hueco,

esperamos

la última

(siempre hay una última)

y corremos a la orilla

las dejamos ahí

libres

crías salvajes

 

el mar acuna

lo que el cuerpo perdió

 

 

De,  La cercanía del mar (2009)

 

La madre de Camus

 

A crin húmeda olía

el colchón

donde alumbró 

una vida de silencio,

guardó

a su hombre muerto

en campo de batalla,

esquirlas de obús,

postales enviadas

desde el frente.

No conocía de historia,

Francia había sido

una palabra

al otro lado del mar.

 

Era de la raza de las inocentes,

las que lavan la ropa sucia de los otros

las que limpian los suelos de rodillas

las que planchan el único pantalón del hijo

y encuentran en el bolsillo agujereado

la moneda para el fútbol

del día siguiente,

no piden promesas de amor

ni salvan el mundo.

 

Callada hilandera

teje por la noche

la mañana.

 

 

Visita al zoo

 

quisiste ver el crimen

ver de cerca

cómo en un salto

el mono tragó

un pájaro preso

en su jaula

 

tan fácil es matar lo pequeño

lo que tiene alas

y no sabe aún

el secreto del vuelo

basta un leve golpe de viento

para cortar el hilo

que sujeta de una nube

la vida mínima

 

¿era inocencia

andar hurgando las lombrices

bajo la húmeda piedra

de laja mientras la verdad

salvaje

afilaba sus zarpas

en el cuarto de los niños?

 

quisiste ver el crimen

por primera vez

era a otro

a quien mataban

 

 

Manual de supervivencia 

 

 

tu madre era de mármol

la mía de arena

las dos se desintegraron

frente a nuestros ojos

aquella noche

en el desierto

cuando hicimos fuego

y contamos las últimas reservas

a saber:

el poema de la lagartija

oculta entre los médanos

cinco piedras

unas gotas de lluvia

en el hueco de tu mano

sin olvidar el único refugio

la belleza de perder

 

De,  Detrás de los ojos (2016)

 

 

Equipaje

 

 

Este mar, mío,

este aire húmedo, mío

y mi nombre

-incluso si fallo al pronunciarlo

sobre el ataúd-

es mío.

 

Mahmud Darwish

 

 

 

Los lituanos trajeron la foto de Stalin

(decían que los había salvado),

los polacos, la de sus abuelos,

los armenios se hicieron de un cacharro

con un pedazo de pan y queso,

la nieta del que embarcó en puerto griego,

un osito marrón y su almohada,

toda

el hambre, 

la viuda que vino del país en guerra, 

los pasos de la jota, la gallega

y un cuchillo que hundiera

en su pecho, el olor del mar.

 

Los niños de Aleppo

no traen nada.

Gritan agua agua

hasta que a fuerza de repetir,

corren desnudos

bajo un diluvio.

 


De, Mujeres en movimiento (2020)

 

Restitución

 

El cuervo pica la cabeza del cordero de tres días,

le saca los ojos,

el pastor lo devuelve al rebaño,

dice que así, restituye la armonía de la vida.

Antes de morir, las células emiten una luz

cientos de veces mayor a lo normal,

como esas estrellas que irradian

un enorme resplandor en su caída. 

El anciano arranca una flor en el parque

y le dice a su nieta: “Tome m’ hijita,

llévesela a su abuela.”

Y la niña hace como que se va

pero cuando no la miran,

devuelve la flor al lugar en que estaba.

Cuando lo abrieron,

su corazón soltó luciérnagas.

El cuerpo de mi madre era una lumbre.

El mío volvió a cumplir el rito. 

Fue cordero recién nacido para un cuervo.

Así entró su muerte.

También entró la luz.


Inédito

 

Silvia Tocco


Silvia Tocco es argentina.

Es médica, especialista en psicoanálisis de niños y adultos. Realiza acompañamiento desde la espiritualidad y el arte a pacientes de cuidados paliativos, enfermos crónicos y personas en duelo.    

Ha publicado los libros de poesía  Después de la tormenta, Editorial Libros de Alejandría. Argentina, 2000; La cercanía del mar (edición bilingüe español-francés),  Ediciones El Mono Armado. Argentina, 2009; Detrás de los ojos, Ediciones El Mono Armado. Argentina, 2016, y Mujeres en movimiento, editado en Sevilla en 2020.

Sus poemas han sido traducidos al francés, al portugués y al rumano.

Ha recibido el 2° Premio en el Concurso Nacional de Poesía José Pedroni. Argentina, 1999,  la Mención de honor en el IX° Bienal Internacional de Poesía Breve. Valparaíso, Chile, 1999, la Mención Especial en el Premio internacional de poesía Nosside, Italia, 2009 y el primer premio de poesía en español en el Premio Convivio, Sicilia, 2014.

Es representante en Argentina y América Latina del Premio internacional de Poesía Nosside que rescata las lenguas en riesgo de extinción.

Ha formado parte del proyecto Mujer migrante In-Off en Montevideo junto a artistas españoles y uruguayos. El proyecto rescata las historias de las mujeres migrantes en Uruguay. Los poemas escritos formaron parte de espectáculos estrenados en Montevideo en octubre de 2019.

Imparte talleres de escritura y canto junto a Germana Giannini en Sevilla.

viernes, agosto 31, 2007

ALBERTO MUÑOZ



Me resulta imprescindible escribir con un vaso o una copa cerca en cuyo contenido puede haber fernet, vino o champán. Esto durante la noche. Diurnamente la copa o el vaso son reemplazados por el mate o el café. Cerca de la copa o el mate hay un cenicero. Fumar y beber forman parte de la actividad de escribir. Alcohol y humo. Más humo que alcohol. Escribo en mi estudio muy temprano por la mañana o entrada la noche. Nunca de tarde. Durante mucho tiempo escribía también en los bares, pero a partir de la prohibición de fumar dejé de concurrir a ellos. El papel y la lapicera de tinta (Lamy, de pluma gruesa) continúan siendo los elementos más amables. No tiene que haber necesariamente silencio, los ruidos de la cotidianidad me dan una compañía que agradezco. No escucho música mientras escribo, tengo una pésima relación con la “música de fondo”. Si hay música estoy obligado a escucharla, no tengo un entrenamiento adecuado para escuchar los sonidos intrínsecos de las palabras a la vez que el de los instrumentos.

Escribo generalmente respondiendo a un plan. Un plan de obra. Mi poesía es temática. Busco un tema de mi interés, investigo sobre ello (generalmente uno o dos años) y recién ahí empiezan los primeros esbozos. Los poemas en un principio son planteados, nunca corregidos en el momento. El trabajo finalizado duerme un largo tiempo y luego se emprende la corrección que generalmente lleva mucho más tiempo que el armado de las piezas.
Corregir es tan importante como escribir. La corrección significa establecer lo que el poema requiere para ser una entidad indisoluble. Devolver el poema a su estado de fuente. Corregir es quitar lo que sobra, la “opinión” que el ojo inmiscuye durante el armado de la pieza. Me gusta pensar la corrección como una ciencia poética.
Las consignas únicas a las que soy fiel son: claridad y economía. La imagen o el sonido son los carriles por donde transcurre lo que la pieza quiere decir. Ese decir es el que debe permanecer claro y económico. A partir de cierto momento, producto del trabajo, la investigación, la edad, la poesía sostiene unívocamente todo aquello que en el mundo aparece como suelto y en permanente desvío.


Poemas


Baja una anciana de las lanchas

Baja una anciana de las lanchas.
Los hombres ayudan a su paso sin tocarla porque suyo es el reino de los hongos.
Celebran una boda las manzanas.
Un joven resigna su corazón oliendo su vestido: ha sido santa en su juventud y no ha mostrado su desnudez sino a las lámparas. Entrado el siglo la luz de kerosene era el perfume de las mantas.
Trajo al mundo a un ciervo parecido a un hombre, encontró en el monte un ángel con la cabeza partida y lo amamantó: pezón y leche de las cabras.
Le incendiaron la casa.
Está bajando una anciana de las lanchas.
Los niños le huyen porque suyo ha sido el reino de los hongos.
Viene a las islas para dejarse. “Quiero morir de pie, no voy a entrar a las casas para echarme sobre los trapos. Morir parada como los palos de luz, y que los hombres comenten en los rancheríos: Hay un diablo entre los mimbres, habría que quemarlo”.



Umbral


Sin luz primitiva no puede existir la sombra derivada
Tratado de pintura. Libro tercero. Leonardo Da Vinci

Una mujer abandona el estado de las gasas por una línea mejor iluminada: su primer hervor en los ojos. No es Dios lo que desea tocar con el vinagre de la purísima lentitud; desea la fulminación, un rayo que la parta, dejándose caer sobre la cama y sus hedores, separada de los hombres por un nombre.
Han dicho aquellos que no son testigos de la amorosa filatelia divina: Una santa es una mujer menor, un cuerpo que no adhiere a las causas de la gravedad , una piedra que lleva rostro porque le ha sido dada la gracia de vestirse.
Esas prisioneras que levantan los ojos, como si hubiera en la altura un marido atando un perro a un palo de la luna, esas que no beben agua porque son líquidas y movedizas y arrastran el río de sus cuerpos de orilla a orilla.
Ya nadie extraña a las santas, se han rendido a una construcción del polen o a los dibujos de las jarras que las abuelas, opíparas de pan, ocultaban en las vitrinas de vidrio para unir la transparencia de los cristales con el ojo de las muchachas poseídas por Dios.
Para un niño, una santa es un escapulario, o un ramo de intrigas devorado por las matemáticas, lo curioso es que son ellos los únicos capaces de entrar en su jerarquía de tanino indivisible, ellos las capturan cuando perdonan la vida del aire o maltratan las patas del insecto que se echa para morir.
Los niños son la crueldad que las santas toman como rigor de la unión.
No es verdad que los animales que se han visto envueltos en plumas, canten para los muertos y los santos. Los pájaros no saben que cantan. Los santos no saben que son santos. Los muertos no saben que están muertos, pero bailan en su polvo; los animales bailan el sonido que emiten - salvo la mariposa que baila y no emite sonido- los muertos bailan porque están inmóviles y los santos bailan porque persiguen lo que persigue la mariposa.
Las santas son mujeres, con los problemas propios de las femeninas; adoptan posturas para lavar el vacío de las copas, posturas para pensar: ¿Que es menos real, un limón con detalles en la cáscara o el beso de un hombre que regresa del trabajo?. Posturas para fumar a escondidas, porque las santas son grandes fumadoras, usan el declive del humo para estar junto al deseo o para llenarse la boca de medidas fulgurantes, besan el humo porque imaginan que así serían los hombres desnudos en el Paraíso.


Amelia


A mi madre, experta en belleza.

No haber nacido doctor como nacían en tu razón los hijos, haber preferido el río a tu debido campo de alazanes y mantas, oír mejor el crujido de los muelles que la madera hablada del violín.
Tu pequeño estado de la gracia ha derivado en las locas amadas, Oh madre!.
Ahora que estás en el frío reinado de las momias, necesito entrar por un vendaje a un filo de tu amada cabeza y pedir otra vez que digas a los carros que he nacido, que sepa la luna de los campos de Tres Lomas, que mido un metro sesenta y cuatro y que llevo las cejas de quien te amó.
Oh, madre!, te acuerdas de mí? Soy el de barba.




El señalero

¡María Auxiliadora!
-repetía el señalero-
estoy lleno de vino.
¿Ese punto
ese hocico negro
que viene hacia mi
es el expreso
o es mi padre
borracho como
una cuba
para incendiar
el rancho otra vez
llevándose de las
crenchas a la
puta de Ramira
dejándome a mí
muerto como una
gallina la cabeza
colgando al
costado de las plumas
chorreando vino
como ahora
María Auxiliadora
¿viene el tren
o es papá?


Código Morse

No fue culpa mía
haber tardado tanto en leer
tardado en escribir.
No es mi culpa que
bellota no vaya con v corta
como varrera
varita
vastón.
El abuelo sabía el código
Morse y nos escribía
a todos el nombre
en el aire.
Yo me llamaba: tac tac
tac tac tac.
Aprendí a leer con el oído
golpes en el aire
o gallinas
con las uñas sobre las
valdosas : tac tac tac tac
el nombre de mi hermano.
Las pelotitas de los árboles
sobre las chapas de zinc
haciéndole levantar
las orejas al perro.
Que culpa tengo yo
Que Banesa mi prometida
me corrija las iniciales
en la costra de los arboles
que va con v corta y yo la
pongo como Bictoria que
fue la anterior y que perdimos
un hijo que se iba a llamar
toc toc toc toc toc como
el abuelo que era un hombre
del ferrocarril del cual heredo
ese amor por el bicho carpintero
que escribe de corrido todo
lo que quiere
en vez de bolar.


Sordos y ciegos

Abuela te estás quedando sorda.
Estás mucho más sorda que el año
pasado. El año pasado te pude
decir que le cagaste la vida a mamá
pero vos llegaste a escuchar solamente
“la vida a mamá” y contestaste
“sí, me sacrifiqué”
Este año te volví a decir lo mismo
pero tu oído más deteriorado que el
del año pasado registró solamente
“a mamá” y contestaste desde tu paraíso de tapia
“... cuidarla, como yo cuidé a la tuya”
Ahora abuela te lo estoy gritando.
No está pasando un tren soy yo el que ruge
tu nieto de molicie tu maldito perro inacabable.
Tengo la boca abrochada a tu oreja
te grito como si cayera de un piso veinte
te estoy gritando frente a mamá
que no puede ver lo que hago.


Ciclo musical amatorio

Me gustan las mujeres musicales todas
aún las morochas de estuche.
Me atraen las trigueñas que tienen oído
y solfean como moscas.
Ah viajar en tren con las de permanente
o las de ruleros
alumnas de flauta o de quena
besarlas a cuenta del soplido
ir por el cultivo natural de sus bocas
al vacío.
No hay como las más bonitas de piernas
las mulatas peripatéticas y dulces
como el oboe negro.
Ébano es lo justo
para describir aquello que de no ser piel
sería una media de madera africana.
Las pelirrojas son ácidas si llevan alma
y las pérgolas son perfectas para desvariarlas
rojas como sioux o como el ojo del águila.
Nada como las delgadas nocturnas
pequeñas musulmanas veladas por el chador
de pechos que parecen ceniceros.
Ah las que comen pepinos escuchando a Brahms
y van del violín a la uva y de las cremas al vapor:
cuartetos para el fin de los tiempos.
Amo a aquellas que fuman y tocan el piano
humildes como pastelitos leyendo a Boris Vian
subiendo escaleras y abriendo
la parte rosa del piano.
¿Tocan algo las mujeres que nos priva
de instrumentos y silencio?
¿No estacionan bien sus autos
porque solfean demasiado en la noche del tímpano?
¿El tamaño de sus corpiños
habla de la diferencia entre Arjona y Pallestrina?
Divinas las que pitan imitando a los trenes.
Divinas las que venden su cuerpo para llevarse
un trombón.
Divinas las que llevan el violín a sus mentones
las que lloran como melódicas de plástico.
Prefiero a las muy jóvenes con pómulos
las que creen que Dios existe una hora antes.
Me agradan las japonesas aunque tailandesas
que no se les parecen. Llevarlas a la boca
como ciruelas rojas y tensas con el cabito oblicuo
de sus ojos.
Una vez llamé a una china por su nombre y vino.
Todos hemos venidos al mundo por una mentira similar.

Taxidermoia musical
A Ricardo Zeballos pintor

El taxidermista de aves Manuel Bertís fue profesor de teoría y solfeo y dio clases particulares de contrabajo durante 65 años. Los pájaros y la música le obsequiaron dones que supo recibir para sostener una vida sencilla y feliz. Ya jubilado y sin otra intención que divertirse realizó una clasificación de músicos y aves que conoció a lo largo de su vida.
Músicos que casi hacen música.
Pájaros que cantan para las ventanas.
Músicos que adoran la música pero no la comprenden.
Pájaros que no saben que alegran.
Músicos que acompañan a otros porque están muy solos.
Pájaros que vuelan cuando están quietos.
Músicos que tocan para pedir.
Pájaros que en el viento son instrumentos de la jaula.
Músicos que hacen todo por silencio.
Pájaros que son colores habitados.
Músicos que desviven por tocar.
Pájaros en alambre.
Músicos por donde se escucha la vida.
Pájaros que viven de su pico.
Músicos que como los niños deshacen todo lo que tocan.
Pájaros que anidan en el polvo.
Músicos para la hora del té.
Pájaros que amanecen.
Músicos que tocan por cobrar.
Pájaros que avisan a otros pájaros.
Músicos que parecen ensayos.
Pájaros a mitad de precio.
Músicos que son poetas pintando lo que esculpen.
Pájaros campana.
Músicos veloces que atrasan.
Pájaros que no vuelan del todo.
Músicos que saltan y no caen bien.
Pájaros cautivos.
Músicos que llegan tarde.
Pájaros en mitad de la noche.



Gorjear trepado al rinoceronte . Conversación entre dos ancianos

Pero lo que trato de acentuar con esto es mi alegría al poder gorjear trepado al rinoceronte.
De una entrevista a George Steiner realizada por Ronald Sharp.
- Hablemos del destino: honrarás a tus ojos o paparás moscas.
La voz que se pronuncia puede venir de cualquier lado. Todo es oracular en Plaza Irlanda.
Unos hombrecitos sentados en un banco persiguen con los ojos la bisectriz de un tablón armado sobre la falda de una adolescente. Miran con el ojo perplejo de la vejez. Sus míseras jubilaciones no alcanzan para oscurecer sus ralos cabellos diseminados por el cráneo.
¡Oh la vida era un acordeón desplegado!
Ven pasar a un joven atrevido que corre para entrenar su columna -¡hieden!- comentan los viejitos.
- La música de rock los ha vuelto locos. Ellos son simples productos de la abogacía.
- ¡Mira aquello Juan aquello que no se mueve ¿no deberíamos hacer algo por eso que esta ahí quieto? - Recuerdo que una vez tuve una princesa en las rodillas. Fue en San Luis...
- A mí me gustaría formar una pequeña logia no se bien para qué pero deberíamos enrolarnos. No tiene demasiado sentido estar en esta plaza. Tendríamos que armarnos de palos y enfrentarnos con cada cosa que pase por delante nuestro.
¡Oh la vida era un acordeón desplegado!
- Deberíamos tirar migas para que vengan a nuestros pies y partirles la cabeza con nuestros frascos de tintura.
- Yo conservo aún el honor en el apellido.
- ¿Te conté que tuve en San Luis unas rodillas donde senté a una princesa?
- ¿Tienes idea Juan de cuánto resiste una sábana sin lavarse?
- He decidido no teñirme más estas putas canas voy a tirar a la mierda el frasco de tintura caoba si es necesario que me confundan con un pedazo de nieve.
- O con un hueso caracú...
- Si. Si es necesario con un pedazo de la puta nieve.
¡Oh la vida era un acordeón desplegado!
- Hablemos del destino: honrarás tu cara o entrarás en la línea de sombra.
La voz que se pronuncia pareciera venir de una estatua o de un ave del paraíso. Todo es oracular en la Plaza Irlanda.
Ven caer la tarde como precipitada de una escalera mecánica.
- El Renault Gordini era mejor que cualquiera de estos catafalcos. Si tuviéramos que reírnos de algo lo haríamos de esos nuevos guardabarros de plástico.
- Ella era Miss San Luis. No cualquiera sentó a una reina hablándole de Gluck. Estaba en mis rodilla con la misma incomodidad con que estoy yo ahora en el banco de madera de la plaza.
- ¿No deberíamos hacer algo por eso que esta ahí tan quietito? Juan ¿no deberíamos empezar ahora a atender esas cosas?
- ¡Enrolarnos en un ejército de hombres que abandonan el teñido! ¡hacer estallar de una vez por todas los frascos contra la vereda pública!
- ¿Y si buscáramos un rinoceronte para montarlo como hacen esos pájaros amarillos que gorjean avisando del peligro?
- Si. Si es necesario... como un pedazo de la puta nieve.
¡Oh la vida era un acordeón desplegado!


Alberto Muñoz


Alberto Muñoz nació en Buenos Aires el 19 de febrero de 1951. Es poeta, músico, dramaturgo y guionista. En 1977 obtuvo el título de licenciado en Psicología. Editó los libros Floresta-poemas, 1979; La compañía mágica del circo, 1980; Almagrosa 1981, 2ª ed.:1990), Acordeón a piano (1984), Terra Balestra (1985) Dos épicas (con Eduardo Mileo) 1987; Tratado de verdugos, 1989; Misa negra con Eduardo Mileo, 1992; También los jabalíes enloquecen, 1998; El deseo en el Pavo Real, edición bilingüe italiano-castellano, con ilustraciones de Willy Castellanos, 2000; Venecia Negra con Javier Cófreces 2004. Trenes 2005. Canción de amor vegetal (con Javier Cófreces) (2006). Pianoforte (2006)
Formó parte de M.I.A (Músicos Independientes Asociados).Realizó trabajos de teatro musical y como guionista de TV y Cine. Escribió y condujo por Radio Nacional el programa radial La Panadería. Actualmente tiene un micro diario El nadador nocturno en Radio Provincia.

miércoles, agosto 22, 2007

JORGE BREGA


No tengo rituales de escritura. Ni lugares propicios. Cuando una imagen me asalta, tomo apuntes rápidos sobre lo que tenga a mano. Después los retomo (antes, a máquina, ahora en la PC). Parto de imágenes, más que de palabras. Pueden surgir de hechos recientes o de la memoria más antigua que las revela de pronto sin motivo aparente. El motivo puede relacionarse –casi siempre de modo extraño–, con preocupaciones del momento. O puede vincularse al “plan” que me da vueltas en la cabeza. Sí, suelo tener un plan (muy general), temático y estético. Busco también imágenes “externas”: veo mucha fotografía; familiar y de fotógrafos que admiro. Y pintura. Me interesa el registro objetivo, el poema visual; sintetizar en palabras la imagen que condensa una historia, un drama. Si necesito mayor claridad sobre un hecho o concepto presente en el poema, recurro a bibliografía específica. ¿Música? No necesariamente, pero recuerdo que mientras escribía “Poemas de ausencia” (la mayoría de los cuales evocan a desaparecidos), solía procurar cierto aislamiento, cierta concentración, sumergiéndome en la extraordinaria potencia sinfónica de Mikis Theodorakis, en particular las obras inspiradas en su paso por las cárceles de la ocupación nazi y de la dictadura de los Coroneles. Paso períodos sin escribir y después vuelvo sobre lo escrito. Corrijo mucho, procuro la máxima condensación del sentido. Y que éste, más que en la explícita superficie del texto, resida en lo que no está dicho. Íntimamente, pretendo que mi poesía aúne la pulsión por comprender el mundo con la pasión por transformarlo.



Poemas


LA TOMA

Unas gotas al aire
y el trampolín vibrando.
Un bullicio fuera de cuadro
acosa
a la quietud furtiva del encuadre.
El follaje de los sauces
en el margen izquierdo contrarresta
la excitación de la madera que se agita.
Sólo el cuerpo
entrando al río en el ángulo
inferior derecho anuncia
que la zambullida va a abandonar
su instante decisivo.

Mas el fotógrafo no dispara.
Contempla a través del visor.
Luego, silba.


[La toma: Balneario de Cosquín, Córdoba.]



CUSTOM DELUXE

Una banda blanca.

Una circunferencia
límpida
sobre la cara
exterior
de los neumáticos.

Las tazas cromadas.

Chevrolet.
Sedán.
Modelo 38.
Estribos a los lados.

Negro.

En shorts
mi primo muerto lo lustra
con una gamuza
amarilla.


EMBALSE

La casa en la colina mira al lago.
La recuerda difusa y blanca
en la sombra de los árboles frondosos.

Hay un arcón en la galería.
De pie sobre él esgrime
una vara de sauce. Tiembla.
(Quiso ahuyentar a Firpo que ladraba
y debió replegarse en desorden.)

Desde allí ve
la estela que deja el bote,
la ristra de gotas que los remos echan al aire,
el tenedor atado al extremo del palo
con que su abuelo saca tunas de la planta
interponiéndose
entre el remero y él.



RUMIPAL

Un pequeño velero.
Tomados del mástil ambos sonríen.

¿Tomé yo la foto?

Mi madre luce una malla con volados.
Mi hermanito unos cachetes encendidos.

¿Subieron sin ayuda a la cubierta?

¿Se habrá inclinado el casco hacia la orilla
al montar ella una pierna sobre la borda?

Un sauce llorón por el margen derecho.
Las dos figuras al centro del encuadre.
Como fondo una isla arbolada.

Ahora caigo: yo
me zambullo fuera de cuadro.
Mi padre,
apremiado por un presente imperioso,
acciona el obturador.


PUERTO MONTT

La alta casa de madera.
Una cocina de hierro y afuera el mar.
Maderos en el hornillo.
Chispas saltando sobre el linóleo
(el tapete de linóleo,
sobre el que ella cruza las piernas).
Las voces en las tabernas de mariscos:
piure, sopa de tortuga, locos mayo, erizo.
El oleaje batiendo los muelles.
Pero el olor,
el olor no lo puedo recordar.

Excúsenme.


ARENA EN EL VIENTO


I

Ella me habla del otro lado de la mesa.
La mesa es pequeña y podemos tocarnos las manos.

Detrás de su voz están los sonidos del bar
y de la lluvia que nos trajo.
Mientras conversamos
nuestras manos se entretienen en otros temas.

Yo observo el rubor de su rostro
sus ojos y labios y pienso
en cómo la tomé de la cintura bajo el paraguas.
Y quisiera que su risa al correr sonara para siempre.


II

En la escalinata del hotel viejo
escuchamos el oleaje del mar.

Por estas estrellas
ella añora el cielo de su infancia
y el pueblo lejano
al que ansía y teme volver.

Beso sus párpados húmedos
y con los míos busco sus labios.

Desde la playa llegan risas jóvenes.

Vamos hacia ellas de la mano
pero las perdemos en la oscuridad.


III

¿Por qué no recuerdo los días al sol
sino aquel cielo oscuro sobre el mar encrespado
y la arena en el viento hiriéndonos el rostro?

Caminamos hasta los últimos pescadores solitarios
deteniéndonos a ratos para estrecharnos y besarnos.

Al fin la borrasca nos arreó al incierto reparo de los médanos
en agitado regreso a nuestro cuarto de hotel
a acariciarnos el uno al otro
las partes tibias bajo la sábana.


IV

Quieto —ruega—,
quiero sentirte.
Me detengo.
Su cuerpo late bajo el mío.
Se abraza. Se adhiere.
Busca fundirse.
Algo me dice al oído.
Yo no estoy del todo quieto.
Continúo rozándola allí
con un movimiento ínfimo.
Procuro que le sea apenas perceptible.

Un instante después comprendo lo que dijo.
Lo tengo en mí. Lo abrigo.


V

Desde el pasillo la observo dormir.
En la penumbra de la siesta
la persiana le imprime unas franjas de luz.
Descansa de costado con las piernas flexionadas.
De espaldas a mí. Sin ropas
(salvo el camisolín perlado
que se le ha enrollado en la cintura).
Me demoro en el vano de la puerta
recostado contra el marco.
Si no hubiese dejado ya antaño el tabaco
fumaría despacio
ocupándome en escuchar cómo respira.


FIGURAS EN UN PAISAJE

Una mujer en un bote.
Se aparta del tejado con un toque de remo
contra la franja visible del muro.
No más que esto se distingue.
Salvo la copa del eucalipto
que emerge hacia el oeste de la casa.

El primer mandatario navega en aeroplano.
Pasa por allí en el instante
en que la mujer mueve los labios.

Desde el cielo de Argentina
su figura es despreciable.
Una mínima masa muscular
agitándose en un páramo de agua.

Binoculares mediante
el presidente divisa el movimiento
de otras figuras menores
bajo unas mantas
en el fondo de la embarcación.

Es entonces que dispone
atusarse pensativo el bigote.

Y algo abajo sucede al unísono:
La figura que rema ve flotar
en el cielo
a la máquina resplandeciente.


TOMA

Mientras tomaba esta fotografía
nocturna de la calle desierta
alguien en el país era arrastrado
fuera de nosotros.

Un cambio en la postura del trípode,
otro encuadre,
un nuevo accionar del obturador:
nada logró retener
al ausente en la esquina arbolada.

Sólo una sombra entre otras sombras.
Un movimiento dudoso
bajo el oleaje del revelador
dejando
este trazo esfumado
en la emulsión fotosensible.

Un aleteo fuera de foco
detrás del círculo iluminado
de la bocacalle como un lar anhelante.


ARDORES

Sentíamos fiebre.
Buscábamos un don, una destreza.
Ansias, furia. Ardíamos.
Buscábamos una palabra, un tono.
¿Cómo decir? ¿Cómo nombrar?

Nos sacudíamos el jinete.
Salíanos espuma.
(Habráse visto, cholito.)
¿Cómo anunciar? ¿Cómo bregar?

Buscábamos un saber, una luz,
un claro en el follaje.
Un arma.

Lanzábamos gestos, rayos.
Saltábamos. Moríamos.


ANUNCIO EN VÍA PÚBLICA

Esa foto.
Sus ojos en los míos.
Su brazo acunando al bebé.
Su calma.
Los pliegues de la falda.
La luz en su regazo.
Despego el cartel del muro.
Pesa.
Lo arrastro en la noche.
Lo extiendo bajo el andén.
Me arropo con él y sueño.


POÉTICA

I

Detrás de las cosas
(de la quietud o calma de las cosas.)
Bajo las superficies pulidas.
Detrás del sonido o música de las voces.
Tras el vidrio oscuro y las sombras que se agitan.
Bajo la marca de la escritura
(su levísimo velo):
Una pasión llameante.
Un acto o gesto
vertiginoso como un crimen.


II

Como Hopper
escrutar desde la noche un cafetín iluminado.
Un claro lunar desde el monte tupido.
No un destino ajeno
de parroquiano acodado al estaño.
Sino una hondura propia.
Un misterio íntimo que la conciencia ronda.


De, Luz mala



POSTAL (Nunca fue enviada)

Embalse de Río Tercer o, 22 de marzo de 1976

Querida Laura:
el que está enfundado en todo ese perramus soy yo.
Era malo el tiempo, por eso
del Cerro de los Novios se ve sólo la bruma que lo cubre.
Haber traído tu pequeña foto resultó
remedio peor que la enfermedad, sin embargo
no siento tantos deseos de verte como de escucharte.
El que saca la lengua allá en el fondo es Miguelito;
habíamos ido en el jeep hasta el dique viejo
donde sabemos
ver a los changuitos zambullirse en busca de monedas
que los turistas arrojan desde el muro.
De noche escucharnos radio;
seguimos con ansiedad los acontecimientos.
El trabajo en la central es muy pesado
pero los domingos salimos a remar.
En las islas todo da ganas de vivir:
después de comer fumamos a la sombra
y soñamos nadar en el interior de la iglesia sumergida.
El cielo continúa tormentoso, mas
no debes preocuparte por ello,
¿acaso no triunfaremos al fin los justos?
La changa se acaba en abril,
entonces volveremos a abrazarnos.

Besa a los niños con el cariño de su padre.


FOTO

Un montón de zapatos bajo tanto cielo.
Detrás el alambrado temblando en el aire tenso.
En primer plano unos anteojos quebrados en el barro.
Al dorso una fecha manuscrita:
marzo 24,
el año es ilegible,
el país duele demasiado.


ELLOS

Los asesinos no viajan en subterráneo,
sólo algunos criminales menores lo hacen.
Los más perversos pasan fugazmente por la vía pública,
sus mayordomos asustan a la gente,
hacen muecas terribles con mínimo esfuerzo,
señas incomprensibles con los brazos.

A los asesinos mejores los caracteriza su calma calma,
en lo peor de los alaridos beben mate con cáscara de naranja.
Sólo si se les contradice pierden el aplomo,
se les tuerce la boca,
les hace guiños un ojo.

Los asesinos son buenos padres de familia,
cuidan el futuro de sus vástagos.
Se apropian de una que otra pradera,
montan tallercitos para construir buques mercantes,
ferrocarriles, etcétera.
(En esto de ser precavidos los asesinos superan a los pobres.)

Los asesinos más ilustres ejecutan por la espalda,
se enternecen con la prolijidad y adoran la buena mesa.
A pedido de amigos extranjeros organizan maestros cataclismos,
faraónicos complejos hidroeléctricos,
guerras con países vecinos.
Cuando no, secuestran presidentes en el air.

Ah los asesinos, gente distinguida.
Dominan las reglas de urbanidad:
cumplen órdenes de uno u otro amo con perfecto disimulo,
hacen desaparecer limpiamente a los aguafiestas,
asisten a encuentros deportivos.

[1978]


RUINA ARGENTINA

Toda la casa es una sola habitación.
Carece de cobertura en puertas y ventanas.
Las paredes tienen manchas de hongos
y aún conservan restos secos de sangre.
Los rayos de la linterna muestran una fotografía
rasgada bajo el polvo.
Es una pareja de novios a la puerta de un templo
saludando a alguien fuera de cuadro.
Sobre el suelo hay jirones de tela y trozos de loza.
También un cuaderno con garabatos infantiles.


[En base a Ruina española, de Blaise Cendrars.]



NOSTALGIAS

Allá todo era distinto.
Potros. Montes.
La claridad como un lago en cuyo fondo nos reuníamos.
Aquí el carcelero engorda y es feliz.
En el suplicio es hábil,
luego se muestra afable y da consejos.
Cuando el día llegue,
se verá desamparado como un huérfano.
Por ahora canta,
igual que nosotros allá bajo los sauces,
poniéndole nombre a las cosas y señalando:
¡Potro! ¡Monte!
Y riéndonos,
con el pecho desnudo.


VUELO

El hombre arrojado
del avión
al mar
piensa
aún en el aire que
no está muerto
quien pelea

pese
a la somnolencia de
la droga
atina
a mover los
brazos como un pájaro

entonces ve el país
la costa del país
una sombra
lejos

nada
más bello ahora
nada más
corazón

hincha el pecho y
tal vez esa
voltereta sea su
saludo

ah no poder
sostenerle
no dar con él
batalla en cielo abierto

alcémonos

que el hombre
dislocado en el impacto
con el agua oiga
nuestro canto
antes
de desaparecer.


De, Poemas de ausencia


Jorge Brega



NOTA

Algunos de los poemas de este libro fueron musicalizados y
escenificados."Ronda" lo fue por el Grupo Teatro Hoy en su
obra Y aunque lágrimas nos cueste (Buenos Aires, 1981),
también por el Grupo Cultural "Homero Manzi" de Rosario,
en su obra "Tiempo del hombre" (1982), que incluyó también
"Foto” y "Ellos". Por su parte, "Vuelo" integró el espectáculo
"Poesía en ropa de trabajo", de Derli Prada (2002).
Además, el conjunto completo de "Poemas de ausencia" fue
dramatizado en 1985 por el "Grupo de Teatro Vocacional
Mercantil de Bahía Blanca", en la obra homónima adaptada
por el director Julio González Teves.
Los textos, dibujos y objetos reproducidos en el libro fueron
realizados entre 1976 y 1983. Algunos de ellos fueron dados
a conocer en ese mismo período por la revista "Nudos" en la
Cultura Argentina, dirigida por los autores. Manuel Amigo
(1946-1992) expuso la serie completa de estos trabajos en la
galería Christel K, de Buenos Aires, en 1981.



Jorge Brega


Nací en Buenos Aires en agosto de 1949. Publiqué No ha lugar (1975), Poemas de ausencia (1984) y Luz mala (2004). Integro la dirección de la revista cultural La Marea. La fotografía que adjunto muestra un sitio entrañable de mi infancia. La tomé en una época menos feliz y tiene para mí múltiples resonancias. La llamé Lar y la utilicé en la tapa de Luz mala (es la esquina de Zabala y Giribone, Buenos Aires, 1979).