lunes, enero 15, 2007

CONCEPCIÓN BERTONE

A esta altura de mi vida mis ritos en torno a la escritura ya no están determinados por las prioridades familiares. Lo bueno y también lo malo del tiempo es que es absolutorio y te restituye la independencia cuando esa palabra ya no se refiere a la libertad sino a la soledad. Pero yo amo la soledad, me llevo muy bien conmigo misma, y en esa relación amorosa con mi interioridad está fundado mi lugar escritural. Desde muy niña escribí de noche, a la luz de una vela, escondida en la penumbra de esa luz. Manuscribí hasta que tuve mi primera máquina de escribir. Perdí mi bella caligrafía entre las teclas de mi vieja Olivetti. Después rompí varias máquinas electrónicas, y llegué muy tarde al ordenador. No podría vivir sin una computadora, aunque la que tengo es muy vieja y no me permite muchas libertades. Necesito ver en la página de la pantalla la forma del poema. La métrica. La métrica no es la música, es el compás encraneado de la música. No cuento sílabas, simplemente las dejo afinar y encontrar su armonía dentro de mi cabeza. Escribo a cualquier hora del día, y si estoy tranquila, si sé que nadie me necesita puedo olvidarme de comer y de dormir. No puedo escribir poesía en otro espacio que no sea mi escritorio, rodeada de mis libros y mis cosas, con el café cerca y a sabiendas que no me faltarán cigarrillos o un mate, el ritual de prepararlo y despegarme un poco de lo que estoy escribiendo. Antes, el vuelo de una mosca me perturbaba hasta sacarme de quicio, ahora nada me quita la calma, pero prefiero el silencio, y una vela encendida, siempre. Para mí, en la escritura poética nada surge de la nada y cualquier plan es un fin utópico. Salvo que la intención sea escribir un poema que entrañe un tema histórico o filosófico muy puntual. Yo sólo investigo y muy profundamente cuando escribo un ensayo o tengo que hacer la crítica de un libro muy codificado. Cuando me siento a escribir un poema es porque algo que ya se ha materializado dentro de mí, va soltando su cuerpo, su forma. No puedo inventar nada, pero la realidad y la imaginación siempre amasan la idea. Cuando esa idea y mi postura ética y estética confluyen, cuando logran confluir hacia lo que intento decir, el poema me sorprende. El poema siempre me sorprende. El maneja los hilos, no yo. Y las lecturas son la levadura de este pan. Sin los hongos que crecen en los sedimentos de la lectura no hay posibilidad de escritura, al menos para mí. Siempre dejo descansar los textos, siempre hay algo que el descanso del texto te dice que no va, que sobra, o que falta. Cuando uno ve una película extraordinaria, lo que está viendo es un trabajo extraordinario de montaje. La naturaleza es un trabajo extraordinario de montaje. Un paisaje no te muestra todo, pero todo se intuye, se huele, se oye de alguna manera ese todo. Nada está allí por casualidad o estático, ni siquiera en una pintura de ese paisaje. El poema es un tejido vivo, que respira y muta su sentido, naturalmente. Un atajo, un haya en un calvero, un río subterráneo que va hacia el río que no sabemos hacia dónde va... Al retomar el texto, puede ser al día siguiente, al mes siguiente o al año, el texto te dice cuán infiel has sido o cuan fiel al poema y a vos misma, y muchas cosas más que hacen que sigas trabajando en él, o lo tires al cesto de papeles. La corrección, para mí, es ajustar algo que quedó suelto y baila, pulir una rebaba que lastima. Mi vínculo con la poesía es carnal, no sólo porque es un modo del Eros, como dice Barthes, sino también porque se corresponde visceralmente con mi forma de ver y de sentir el mundo. No soy un ser analítico por naturaleza y la poesía no es un género analítico por naturaleza, todo deriva en ella de asociar y enlazar imágenes, música, variaciones de un tema y sus combinaciones, eslabón con eslabón, "una cadena que flota". Con todo lo que traemos desde antes de nacer y acarreamos antes de morir, con toda la dicha y el dolor necesitamos hacer algo infinito. Necesitamos arrancarle a un lenguaje gastado una expresión nueva, diferente, porque un poeta es su voz, su originalidad. Eso trato. He escrito poemas describiendo simplemente lo que veía a través de la ventana, en mi jardín o en la calle. Pero mi poesía nace de mis obsesiones, de mis reticencias que me permiten no dejar escapar el sentido de lo que digo para que luego se abra en direcciones inesperadas. Mi poesía nace del deseo no sólo de decir sino de sentir cómo su expansión lírica me insufla su modo de respirar, que es mi modo de respirar. Hay una poeta asturiana, Olvido García Valdés, que descubrí hace muy poco y que me dejó muda con su poesía y porque piensa exactamente igual que yo sobre esto que vengo diciendo, pero me gusta más como lo dice ella: "El ritmo viene. El ritmo viene con la imagen, fluye, pero se entrecorta o vira en la sintaxis. O lo que es lo mismo: el ritmo no es la medida, sino los latidos y la respiración, de la aspereza y del titubeo, de la levedad y la fatiga. El ritmo viene en el poema, con viento en contra y corriente a favor. El poema va siguiéndolo, ganándoselo". El ritmo que sigue y se gana el poema, es para mí ese jadeo asmático de la vida vivida con viento en contra y corriente a favor o viceversa. Y no importa cuánto cueste, es el precio que hay que pagar por la esperanza puesta no en ser comprendidos o acogidos, sino en el tratar de hallar esa palabra segunda a las palabras preexistentes de este mundo tan lleno y tan falto de lenguaje.

CONCEPCIÓN BERTONE


POEMAS DEL LIBRO "ARIA DA CAPO"


Selección de poemas 1983-2003

PESSOA Y YOa

Pedro Bollea
Como hierba crecida entre adoquines
de calles alejadas, calles quietas
donde la piedra ahoga la gramilla
con agua del fregado. De extramuros
del alma sofrenada con mil bridas.
Dura ayer como hoy. Toda mi vida
se exultó como hierba
en una grieta.


CABALLOS

a mi padre Francisco Antonio Aversa,
en memoria

Yo sólo veía del caballo oscuro
el lucero de blanco pelo
que le dividía la frente, la crin
tusada por la parcial visión, por el hecho
de no tener más ojos
que para ver esa estrella. El
veía la majestuosa genealogía del pedigree,
el pelaje enjoyado por el "masaje", el
cuidado amoroso, antes y después
de la carrera, el paso airoso,
la apuesta de la corazonada, la gesta, y
lo que yo puedo ver ahora
en el remedo, la copia-ex profeso inexacta-
que queda en la memoria: el juego
por el juego, por la lúdica
vida, la vana gloria, la herida
siempre enconada del recuerdo. Mi padre.
Un pura sangre, un quemante resuello
de hazañas y rodadas,
un destello de hielo
en los claros ojos. Siempre será
ese modo lejano de amar. La luna,
en un eclipse total, esta noche
que la tierra no la deja mirarse
en los ojos del sol, es fija
de ese amor que me entenebra.



AÑOS DE SOLEDAD
Piazzolla-Mulligan

Me lee una carta, una muerte
que habla de otra muerte, una
suerte de poder decir ese amor
del autor de la carta que él me lee. La lija
-áspera de la pez - frota
la palabra que nada en la derrota
que glorifica
la palabra derrota. La lija
en su papel de lija, pule el metal. Lo brilla.
Lo atalaja. No lo ablanda
su ardor sino ese amor otro
que dice el autor
de la carta que él me lee. Y
se llueven las lágrimas, se atormentan
los ojos, las mejillas de los dos
en la noche que aún mora en mí. (Amor
mío, de vos todo viene y se va
cuando aclara
y la música cesa.) En la ventana
el sol cruza la reja, atraviesa el cristal
como la hija que muere en la carta
mientras su padre la vive en
la carta que escribió. La vida dada
de los dos, la victoria ganada en
la pérdida. La medida de la vida
cuando no hay vara que la mida. Cuando
el miedo a la palabra muerte, fenece.
Y la palabra miedo se muere
en la carta que él me lee.


para Bonzo




CAMPANA Y YO


"Por amor del poeta, puerta
abierta de la muerte" la noche,
tu cerrada voz. La entrada
a tu alma, morada mía
a esa hora sin sueño ni sueños.
¿Quién apaga el amor
así en nosotros? ¿Quién
es quién? Preguntabas
a la Madonnina del puente, o a la gente
muda, mudándose en la desnuda luz
de semblante. ¡Abajo los espías!
¡Que mueran los rufianes! Gritabas.
En vano como una aldaba llamo
a una puerta que da a ninguna parte
y como un arte secreto, sobrevivo
a otra noche. Filo de hacha
o hilo de seda...
¡Abajo los espías! ¡Que mueran
los rufianes! La pelea
hasta quemar la sangre, frita
la gota errante por las venas
"Que desgarrante sube: el río se pierde
En la arena dorada (…)
Y ya las cosas no son más".
¿Qué son las cosas ahora que
las cosas lo son todo
para los que nada son sin las cosas?
¿Dónde la "encorvada sombra
del humano trabajo"? ¿Quién
apagó el amor así en nosotros?
Y la luz del puente
de la Madonnina doliente
también. Y gritas todavía
¡Abajo los espías! ¡Que mueran
los rufianes! Pobre,
casi desnudo, Divino Dino,
junto a la arcada de via Strozzi,
antes y después de la cárcel, los muros
de la locura, de la mente mudándose
hacia las fuentes que saben
que no hay dulzura semejante
a la de la muerte. Mas no para mí. Otra
suerte por azar o destino quiero, y sentir
que me muero si me muero. Que me vivo
como un arte secreto. Y con mi estilo
sobrevivo a otra noche.



COMO RUTH


Como Ruth espigando
-sierva de los siervos- detrás
del último, cuando
el Amo de los amos la miraba segar
y era en la era la primera
a sus ojos. Porque
se olvidará con el tiempo
nuestro nombre
y nadie se acordará
de nuestras obras. Como ella
querría ser, de sol a sol:
grano de cebada en la mano
de la que cree
que como rastro de nubes pasará
nuestra vida. Y recoge
por eso las espigas, guarda
parte de su comida
para otro y sumisa agradece
porque
como oro en el crisol
purga el dolor y como
un holocausto
ella lo acepta. Como
la que vio y comprendió, supo
lo que abarcaba. Aunque grano
en la palma de la Letra Sagrada
aunque paja en la paja. Ave
que no escribe en el cielo
el misterio del vuelo. Y se eleva
más ligera que el humo
por encima de lo que se ahoga
bajo las olas de la indolencia
mientras ella, pequeña, se vuelve
dueña y regente de su corazón.


Hospital Español, 1995.
(junto a la cama de mi madre)


GUARDERIA DE VIEJAS


Helas ahí, desandando sus años
hasta la remota niña hallada
en la razón perdida. Miguitas
tiernas o endurecidas, arrojadas
a los pájaros del error. En la locura,
envueltas en un vaho alcanforado, vago
olor a bálsamo del dolor apagado como
el fuego con fuego. En otro cuerpo
que fue bello
entre los brazos del amor. Alzado
para que los pies no pisaran el umbral
de la puerta de la alcoba nupcial (el rito
antiguo del buen augurio). Mi madre
entró doncella y caminando aunque
"blanca patérnica, roja amapola,
radiante esposa": a su mal. Su estrella
buena se escondió esa noche tras
un biombo de nubes. Ahora
está sentada entre las viejas. Intima,
en el pathos de la luz y la sombra,
habla sola, se pierde en sus palabras,
en su memoria prófuga, deserta. Huye.
Se exilia en el olvido y me abandona
en esta delgada línea.

Yo volvería atrás para encontrarla
entre dos vocales, entre dos o tres sílabas
de la ternura materna. Al comienzo
del viaje de la carne
para albergarme nimia entre sus vísceras



COBARDIA MODERNA


Llueve con sol. A rachas hilos ambarinos
y un paraguas que me recuerda a Matisse
achacoso en la cama,
recortando papeles. El paso
del pincel explosivo a la gracia
que contrasta con la rebelión
de la paz del collage. Eso pasa en la calle,
también en mi depresión privada que observa:
la hierba mojada, la nube baja, la fraterna
relación del cordón inmóvil
con la mujer del paraguas, que corre
hacia la esquina donde su niño juega
como un hado tremendo juega
con el mundo y nosotros.


PUNTO HERETICO SIN LETRA

(Coplas de ciego)
"No hay herejía que no se apoye en la Escritura"
Proverbio holandés
Hay un elogio de la usura
en la parábola de los talentos.
Moralejas de Dios
siempre enterradas
en la tierra
que engorda
el que la ara
para quien lo contempla
arar. El dueño:
amo y señor del trigo
y del arel.
Hay un encomio impío
letra infiel
pero fiel a la letra
de la mano que vuelve a Dios
palpable. A Dios papel
escrito
para el vulgo. Y alabanzas
que alaban su despojo
y su pobreza,
su sobra obrando lujos
del patrón.
Hay Más Allá y dulzuras
del perdón
en parte de su alma
hipotecada
por la letra
que sangra
consagrada
en la cruz de los hombres,
en la codicia
del hombre que lo clava
en esa cruz. Hay noche y día y Luz donde
no hay Luz. Como
hay santo
erigiendo
la herejía.


ARS POETICA


a Graciela Cariello y Roberto Retamoso



Escribo de cigarrillo en cigarrillo.
Toda mi vida pasa
por el retardo en vilo de esa brasa
ínfima. Mortal,
dulce, pequeño vicio
que acaricia los humos
del recuerdo ( el mundo indivisible
al que me aferro): mi padre, mis abuelos, mis tíos,
envueltos en el velo del humo, vivos,
más vivos que los vivos
en los gestos familiares del habito,
como la veta en la madera,
lo que queda grabado en ella.
Las huellas del placer o del tajo.
El amor, el dolor,
el trabajo de las muertes y nacimientos más
el humo del cigarrillo. Mi yo
descentrado más el humo del cigarrillo. Humo
sumado a toda emoción. No en presente. En pasado.
Los vahos ascienden
hacia el techo de este cuarto
donde fumo y escribo ( entramo
las palabras y el humo). Aguzo
el delicado filo, la hoja
de tabaco molido, blanca arma letal
envainada en el humo. Afuera
la violencia es ligera,
menos sutil. Tersa, bien cuidada
la piel
de los asesinos.


EMAIL


a Claudia Caisso

Hay alguna verdad que asoma apenas
pequeño brote, mientras
la helada quema su reciente verdor, su osadía
y me deja
sin pensamientos. Si hoy sólo soy
en el papel virtual: un Asunto. Nada
que no pueda esperar por un tiempo
el vacío de un siglo. Algún
sentimiento real
cuando llega…
No queda nada humano, salvo el oprobio,
alguna vieja crueldad
heredada de Herodes, la baba
hialina del caracol
dibujando en la laja
la runa
de la vida perdida en la duda.
La informe soledad. Llama
la amiga.
su vera voz me toca
y vuelvo
a sentir el cuerpo. Lo que dice
el amor aun por la boca





TRILCE

A Carlos Berrini, en memoria



El olor de los libros en la trastienda
desordenada como la añoranza, el caos
de recuerdos que tantean
lo arrumbado en nosotros, polvoriento
como el pueblo de un western, la amistad
que nos reúne en ella casualmente
sobreentendiendo el día, cierta hora.
Próximos como el río
y las esloras con las rodas enjutas
del silencio
ese lugar humano del pasaje
es un muelle fortuito. Amarras. Bitas.
Y el casco entresoñado de ese barco
que navega a la cirga de la niebla
son certezas del viaje postergado,
la esperanza del mar que
fue el pasado
y el minuto presente donde escora
y se hunde este día
lentamente.


LA NOCHE


I

En esta holgura de no tener más - nadie nada-
que la bondad de amar y el abandono
casi feliz del cuerpo igual que el plomo
mezclado con arsénico en la bala. Velo
por lo que velo en tanto siento
cuánto abriga el arilo, el tegumento
de la noche a esta edad. Y mi belleza.
Una arruga en la seda. En la cabeza
la cana endiademando pensamientos
lúcidos de la holgura. Y nadie, nada
más que este amor en mí. Sentir
que siento.




II

Mas, la muerte debe ser
una suerte de cuna, de cama
de lama, de mina
que hace estallar el campo
angustioso de la noche
_Y a otra cosa
falenita de làmpara-.

HUMANA MAS QUE HUMANA
( de Nietzsche para mí)


a mis hijos Santiago y Mariano, y
a las mujeres que ellos aman,
Verónica y Jimena.

Yo que trepé hasta la breva.
Que abrevé en el almíbar la gota de ámbar
de su dulzura. Y no dudé
a sabiendas que me equivocaba, no dudé
que me ataba a lo que más firmemente ata. Yo
que supe qué cuerda arrebata y me arrebaté
el movimiento del ser que era
bajo la higuera recogida en un salmo: El Señor
es mi pastor, nada me puede faltar. En lugares
de delicados pastos me hará... Y no me hizo
o sí. "Y este "aquí" –este "en casa"-" es todo
lo que hasta entonces había amado. El lugar
donde amaba y oraba. Pero me desasí
en un impromptu
del deber debido y pagado
en el sentido que le quieran dar. E improvisé
mi propia música, no
para hacerme libre sino
para liberarlos de mí. Porque
es verdad: lo que se apresa
debe expiar la peligrosa
excitación de su orgullo, destruye
lo que atrae. Trata de no herir
pero hiere ese vidrio
exiliado en el trozo, en el
quebrado extrañamiento del filo
aguzado por el afán de ya no ser
una integridad grata
en la cosa que era. Un vaso de Cristal,
un espejo que reflejaba todo.
"La soledad
esa temible diosa mater saeva
cupidinum, que rodea y envuelve"... Pero
¿Quién sabe hoy qué es la soledad?


Aria Da Capo
(del Aria de Scwartz,
del Carnaval del Kilroy)



Aunque campana sin badajo muda
y echada a vuelo en vano la silente
de magno bronce cóncava candencia
yo doblaré mis ascuas
dondequier
defenestrado seas excluido
negado y humillado doquier vayas
me hallarás repicando por ti eco
que no te desampara te guarece.

Aunque campana herida suene a sed

como un cántaro seco y arrumbado
yo doblaré por ti donde maduras fruto
donde rama quebrada pero verde
sostienes tu sazón
aun doblegado:

"Hasta,
que tengas la mirada serena.
Hasta que nunca más seas avergonzado."

1983





CONCEPCIÓN BERTONE



Nací en Rosario el 23 de abril de 1947. Mi abuelo italiano y mi padre eran obreros de la construcción. Mi nombre verdadero es Concepción del Carmen Aversa, pero cuando comencé a publicar lo hice con mi apellido de casada, quizá porque era muy joven. No me arrepiento ya que es el apellido de mis dos hijos varones y de mis tres nietos, también varones. Hice estudios de Perito Mercantil en el colegio General Urquiza, pero antes de recibirme comencé a trabajar, porque lo necesitaba. Luego reanudé mis estudios y me recibí de Bachiller Nacional. Entré a Humanidades y Artes en 1978, y me fui de la Universidad porque no soporté estudiar con un fusil en la espalda. Entré a La Alianza Francesa de Rosario, y estudié allí algunos años, sin recibirme. Publiqué cuatro libros de poemas, De la piel hacia adentro, Ediciones del autor, 1973; El vuelo inmóvil, Ediciones La Cachimba, 1983; Citas, Ediciones bajo la luna, 1993; Aria Da Capo, Ediciones del Dock y Revista La Guacha, 2006. Realicé Las Cuarenta, antología que reúne a tres generaciones de poetas mujeres vivas, de la provincia de Santa fe, que pronto será publicada. Mi poesía está antologada en el país y en el exterior, y traducida a varios idiomas.
E-mail:
concepcionbertone@hotmail.com

BEATRIZ VIGNOLI

*Foto de la infancia tomada por Rodolfo E. Vignoli ( padre de la poeta) y en primer plano, el pintor Gustavo Cochet.

"In my dark or sullen art"
Hay un ritual riguroso. Me levanto, pongo agua al fuego, enciendo la computadora, le doy de comer al gato, tomo unos mates y pienso en cosas que leí o viví o siento. Si entonces se me ocurre un primer verso, voy a la computadora, abro un archivo de texto y escribo la primera versión del poema hasta el final. Nada de ruido; mucha luz natural. Nadie me interrumpe porque he logrado volverme lo suficientemente prescindible en esta vida, situación muy práctica porque además de dejarme tiempo libre me aporta una angustia existencial tal que escribo poesía para tener algo que hacer. Mis otras fuentes de inspiración son la alegría y el asombro. También hay poemas crepusculares, surgidos del cansancio (no es que no labure) y escritos a mano en tinta gel, en cuadernos. (Antes escribía en bares, de noche, en birome bic, pedida al mozo, en servilletas. Fueron tiempos juveniles y nómades en que mi inspiración dependía del efecto de la cerveza.) Investigo después, cuando ya estoy armando el libro, para ordenarlo en una especie de relato. Me ayudan mucho las buenas conversaciones, las que son como iluminaciones graduales a dúo. Hay poemas que han surgido de esas infrecuentes conversaciones. Me gusta bajar y leer páginas de psicoanálisis. No tiene precio esa lucha honesta de los psicoanalistas por rodear lo innombrable, sin dejar de acecharlo ni de contemplarlo. El suyo es un arte que de algún modo le da sentido al mío. Hay una ética similar en algunas composiciones musicales de Jimi Hendrix. Él también llega a veces a esos lugares, al corazón de las tinieblas o de la luz donde los nombres se terminan.
La segunda versión del poema no suele diferenciarse mucho de la primera. Lo que hubo en el medio no es tanto una corrección, técnicamente hablando, como una edición o poda, una supresión de redundancias. A veces elimino también los nexos lógicos más obvios, para evitar que el texto del poema sea un discurso unívoco. Busco un cierto grado de hermetismo o de ambigüedad. La reescritura sirve para crear una distancia, despegarme de la sensación de "mi" verdad respecto del sentido, convertir el poema en un laberinto textual abierto al que los lectores puedan entrar desde otros lados.
La poesía aparece como una música, más bien rítmica, ligada a una cierta emoción indefinible y a la vaga intuición de un sentido. Es como si ese sentido que a la vez es un sinsentido, esa constelación de significados diversos y hasta contradictorios, necesitara ir siguiendo el curso de esa música para hallar sus demás significantes. Las palabras acuden y van enhebrándose en la música. Las primeras en venir son las que pertenecen ya a mi repertorio. Las cazo al vuelo y ellas se van conectando entre sí de un modo particular; ellas ya saben cómo hacerlo, ya se conocen de poemas anteriores. Si por entropía reiteran demasiado sus viejas combinaciones, busco abrirles nuevas conexiones o presentarles palabras nuevas. Controlo un poco el proceso y un poco no. La clave de que "salga" el poema es un equilibrio delicadísimo entre control consciente y automatismo, que le permita al inconsciente expresarse de un modo inteligible, extraño pero inteligible para un tercero. Este equilibrio depende, en cada poema, de toda mi escritura poética anterior. Quizás sea eso lo que los maestros llaman el oficio.


BEATRIZ VIGNOLI
POEMAS DEL LIBRO "VIERNES"

LA CAÍDA
Si te dicen que caí
es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.
Soy, del ángulo recto
solamente los lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión ornamental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctima
y su propio tormento sobrevuela
no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengas
a enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que no crees que haya sido un accidente.
En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.

LA GUERRA DE LOS TONTOS

Dinamitamos antes de cruzarlo
el puente, el bello puente
que habíamos construido.

El puente sobre el río del olvido era.

Ahora, moriremos olvidados.
Muramos ya, y de esto.



FUNCIÓN DE LA LÍRICA

Mi padre agonizaba
en un sanatorio con TV por cable.
Puse el canal de ópera
para amortiguar sus alaridos constantes.
Justo cuando Rigoletto abraza el cadáver
de su hija, debí tenerlo al viejo
para que no se cayera de la cama:
la doble simetría de la escena
me la volvió soportable.



PLAZA HOUSSAY


La vieja estaba quieta entre dos cajas.
El sol doraba su vestido rosa.
Indiferente al vuelo de una mosca
ella no parecía ni siquiera dormir.

El policía, inmóvil, a unos metros
esperaba otra cosa. Acostumbrado,
no se extrañaba ya
de tanto silencio.


PLAZA GARDEL

a Silvana Sayago

Los pinos de la plaza Gardel
tenían formas necesarias como tigres.

Ahí el futuro estaba; refulge todavía.
Atmósfera seríamos, una conciencia suave,
apenas la mirada del ser sobre las cosas.

Eso, volvernos indios.
El amor no alcanzó.


EL PINCEL

a Pat Roldán

Cada cara nueva que me encuentro
viene escrita en un idioma extranjero
que no sé si aprender.
Los rostros que no soy. Millones
de nombres donde no he sido: la otredad
es ausencia de mí. Y no hay más amor
humano que mirarlos
pasar, mientras aguardo
que el tiempo se termine.


EL PEZ

De nuevo aquí este extraño.
El antebrazo tiende a parecerse
a la arena; y así de insensible.
Camuflado como un róbalo, el cuerpo
envejece. Cuesta, bajo este sol, sostener
la falacia monista: ¿yo he nadado?
¿He sido yo quien fluía,
el maderamen vivo en flotación
y el huésped del cerebro en su cripta?
Mi osamenta se mueve por el agua, leva anclas
el nervio, sale bogando la cosa.
Mis materiales quisieran
desasírseme del pensamiento.
Tanto he batido el parche del tiempo
con palabras; ¿me es, todavía,
este esqueleto? ¿Diré, de él,
"yo"?


EL PINO

Apagué los motores
y anduve a la deriva
¿cuántos años anduve
a la deriva, el motor apagado, ni
impulso ni gobierno, sin dirección?

Me recuerdo leyendo neones
a la vera de avenidas
desiertas. ¿Cómo pudo
nevarme encima todo este cansancio?
¿Cómo pudo acumularse, quedar ahí toda la vida?

Sacudo la cabeza como un pino. La nieve
no se va.




SEÑORA ROBINSON

Escribo,
escribo a máquina:
cada letra es un disparo en la noche.




LENORE

Tras la cresta del mundo, como la aurora, yaces:
todo tu nombre junto con la noche se ha acostado a dormir.


NO ESTÁ TU CUERPO

No está tu cuerpo
teníamos la misma estatura

ya no
que el suelo olvide tus pies.

Hinchada de tu ausencia como un globo
se halla la noche.


TRAKLAND
a D. G. Helder

Lo que vemos no es cierto. ¿Deberíamos
una vez más, ver apagarse el día,
sentir nuestras cenizas aplastarse
contra el vasto rumor? ¿Nos pertenece
algo de todo esto? ¿No es el mundo
un celuloide viejo al que asesina la luz?

Tomarse vacaciones, ver huir el paisaje.
Salir a buscar fuego, y no volver jamás.
Tu rostro, ese accidente al que vela una distancia.
¿Debo abrir la ventana? ¿Hay que mirar al cielo?
Qué bellos son los ojos de la muerte
bajo el mundo: este párpado.


CANCIÓN NEGRA DE SANGRE


—Aquí no se llora.
Aquí, donde estamos.
—Siempre estamos
donde estamos.
¿Entonces nunca
se llora?

En el sueño componíamos una canción.
Se ponía difícil, yo me impacientaba,
sacaba mi revólver y lo ponía
entre las dos, sobre la mesa.

—¿En el cielo, se llora?
¿Vamos a poder llorar
cuando estemos muertas?

En el sueño, yo recién llegaba a tu ciudad.
Vos me dabas trabajo: convertir un mapa
en un árbol.
Se ponía difícil, no me salía,
el árbol no me salía ni pegándole
hojas de verdad.

—Las muertas, ¿son felices?
¿Me diste el nombre de la felicidad
porque querés que muera?

No soporto tu letra; me enfurece
recordar la forma de tus trazos.
Odio tu forma de curvar las efes
como patas chuecas que se sienten simpáticas.
Odio tu be larga, muy especialmente.
Odio la esperanza, la esperanza,
odio, odio la estúpida esperanza
que anima tu escritura.

Si no querés que muera,
¿por qué decís entonces que me vas a matar?
—Creés demasiado en las palabras.

Hace falta un metal más espeso que el odio
para contar, para cantar esto.
Hace falta un metal, un metal más que asesino,
un metal resucitante.

—Sí, creo
en las palabras.
¿Acaso poseemos otra cosa?

Si nos dejaran llorar
poseeríamos lágrimas,
gotas de mercurio
en nuestras bellas caras
rodando dulcemente, dulcemente.
Me gustaría tener esperanzas
pero no en el pasado:
maldigo tu lealtad.
Odio tu modo de tocar el timbre,
tus piernas flacas vistas a lo lejos
y yo avanzaba sin reconocerte
y vos pensando que me alegraría
de verte; digo,
por tu sonrisa.

—Te traje estos papeles.
"El trabajo libera".
—¿De qué?

En el sueño, no éramos de metal.
En el sueño, no había
porqué mostrarnos fuertes.
En el sueño, no me pateaban en el piso.
En el sueño, yo no era para siempre
alguien a quien habían pateado en el piso.

Odio tus piernas, odio
que puedas caminar.

—¿Y la canción?

He guardado los papeles que trajiste.
No los puedo leer; me los trajiste
a tiempo para el trabajo, pero tarde:
ya no podría soportar leer
los papeles que trajiste. Y en el sueño
la canción
se cantaba.
La canción era una voluntad de inocencia
que conseguía atravesar la noche
de esto que he dado en llamar traición
y no es más que cansancio,
indiferencia,
olvido,
desaparición.


SOLOCALM

Al fin la luz del sol
se ha librado de ti
y da en una pared
y eso es el mundo.

Al fin el tiempo acá
se ha venido a vivir
y no hay gloria en los días
sólo calma

donde las cosas ya no sueñan con ser arte
donde las cubeteras no aguardan una cámara
y el tango del champagne
fluye de cumpleaños sencillito
y no hay infinitos libros, solamente este
y libre de vanidad la ceniza de los años
ya flota sin odiarte;

ya nadie calca nada del televisor,
para qué.




VIERNES SANTO

Ha muerto la
Gracia. No hay de qué.
El sol brilla sin dioses.

No tenemos esperanza;
tenemos, sí, la esperanza de la esperanza,
esperamos que la esperanza
suceda.
Hemos tenido fe
y voluntad; hemos luchado,
con una fe sin esperanza hemos luchado.
Para perder mejor hemos luchado,
para que no nos ganen así como así,
para que les cueste
aplastarnos, para eso
hemos luchado sin esperanza,
sólo con voluntad hemos luchado.
Ha muerto la
Gracia. ¿Resucitará? (¿Estás
llorando?) ¿Resucitará?
Hemos amado sin esperanza,
con deseo hemos amado,
sin esperanza hemos amado.
Con una piedad sin esperanza hemos amado,
con una piedad funeraria.

El sol brilla sin dioses.
En tu cara.
Estoy forjando el día
como si fuera de hierro el vivir.
Estoy sosteniendo el tiempo.
Estoy mirando cómo el cielo lentamente cae,
una vez más
cae.
Sin esperanza alguna recuerdo tu belleza,
con una piedad funeraria.
Pero estoy tallando la espera
como si fuera de mármol el día de mañana.
En el declive de lo que cae derrotado,
en el de lo que cae derrotado para siempre
sostengo la nada,
sostengo la nada,
como si de dioses se tratara.
En retirada, enarbolo todavía
con una mano herida, la forma del cielo.

No te vayas. Yo sé los nombres del mundo.
Sé pronunciarlos. No te vayas.
Podrías, todavía, hacer algo
con la distancia entre tu amor y mi muerte.
Podría, esa distancia,
no ser del todo una cosa desesperada.
Podría yo no perderte así como así.
Pero la Gracia ha muerto,
el sol brilla sin dioses,
la tierra es dura.
Ha muerto la
Gracia. No hay de qué.
No hay dónde fundar
ningún futuro: las casas son pequeñas
o ajenas, y sus estantes están atestados
de ciervitos de vidrio fumé,
sus estantes atestados,
melancólicos, ebriamente lluviosos bajo este sol.
Este es el país donde nadie fundó nada.
Pero yo (no te vayas)
sé pronunciar el nombre de tu carne.
Podrías ayudarme, por ejemplo
a limpiar.
En cambio estás ahí, tan art decó
en tu quietud de cadáver en pie,
tan neoplatónica tu pose que
no pueden con eso los plumeros comunes;
es terrible, con tu belleza no puede nadie,
es más terrible que la misma piedad
funeraria.
Escuchame, yo sé,
yo sé pronunciar los nombres del mundo.
No te vayas.

AUTO

(Herida: cada libro cae en su noche, en su muerte sin nube por este acto que sólo retendrá la conciencia, y cada mordisco de fuego restaura la planicie del espléndido cielo)

SI EN LO QUE RESTA

¿Si en lo que resta
no somos quienes seríamos;
si en lo que resta
no me anudo al cuello un pañuelo italiano
ni señalo, con un gesto, el espacio
que contemplar, si en lo que resta no me tomo un barco,
no me siento al sol, no salgo
al encuentro de tu cuerpo sin que me moleste
que las palabras no coincidan,
si en lo que resta no llego a saber
qué gusto tenía tu boca, si en lo que resta no te digo
nada que te haga sentir
que estás en una de aquellas películas, y es cierta;
si en lo que resta no amo una gran ciudad,
no me llevo a mí, a aquella, la que era linda,
a los nuevos barrios del tiempo, si en lo que resta no me canto una canción
ni lloro, ni te veo mirarme como diciendo:
"Ya sé, tu canción sigue siendo demasiado bella
para soportarla", y hay tiempo, o hay al menos la misma
sensación de que hay tiempo, y además
la sensación de que lo hubo, un alta mar
de tiempo donde ninguna orilla se divisa;
si en lo que resta no canto como cantaría, no dejo que mi voz
gorjee e inunda la noche
hasta convertirla en otra cosa, en algo parecido a un pastel
de oro y dulces, un pastel para mirar,
si en lo que resta no te vuelves absoluto,
no te vuelves absoluto sólo por un instante
en que toda la belleza del Hombre se concentra en tu imagen
y esa tu imagen puede ser tocada, tenida, mía
y entonces nada falta,
si en lo que resta
no flotamos durmiéndonos hasta nuestro fondo,
si, dulces moribundos, no borramos
el borde entre esta soledad
y el mundo, si en lo que resta no somos
ni nos acordamos de que aquí somos,
ni nos anoticiamos de que se nos es,
si en lo que resta no somos espléndidos,
si en lo que resta no somos quienes seríamos,
no damos con nuestro recuerdo del futuro,
no honramos aquella nostalgia del mañana;
si en lo que resta no nadamos hacia nosotros,
hacia aquellos que amábamos, hacia aquello en lo que devendríamos,
si en lo que resta no, entonces cuándo,
si no nosotros, entonces quién
nos consolará de estar tirados acá?
Buenos Aires - Rosario, marzo de 2001



Beatriz Vignoli

Beatriz Vignoli (Rosario, 1965) publicó Proesía (Rosario, 1979), Almagro (EMR; Rosario, 2000), Viernes (2001), Itaca (Rosario, 2004) y Antología Personal. Coordina talleres. Colabora desde 1980 en diversas revistas de poesía. Contienen poemas suyos varias antologías, entre ellas Señales de la nueva poesía argentina (Llibros del Pexe, Gijón, 2004) y Los poetas interiores (Amargord, Madrid, 2006).

GRACIANA MENDEZ

No tengo rito alguno. Lo más parecido sería un cuadernito al lado de la cama para anotar sueños. A veces sueño mucho, a veces menos, son épocas. Lo mismo me pasa con la escritura. Empecé a mano hace mucho y hace ya bastante uso la computadora, pero también puedo llegar a anotar algo en el colectivo aunque me da pudor. Lo único que publiqué se me apareció de manera muy clara: dos chicas rusas, la alta y la baja, una iglesia de ladrillo rojo, un libro de la vida de una santa, ir a las procesiones, anotar los cantos, postres puente de los suspiros, sacar fotos y filmar parte de una procesión. Fue un impulso natural, poco mental. Tengo la sensación de que si dejo algo es para siempre, tal vez porque soy muy pesimista. Pero tengo algunos poemas que duermen en mi computadora y que no termino de soltar, como sueños recurrentes. Me pasa algo visual y auditivo, las cosas más increíbles las escuché en la calle, un colectivo y en el baño de Mc Donalds de Alto Palermo. Siempre estoy espiando las conversaciones ajenas. Eso también me da pudor, pero es irrefrenable. El oído nunca se apaga.
Pero si hablamos de imágenes la tele es una fuente importante, especialmente el zapping, del cual no soy muy adepta. Pero a veces me gusta ejercer ese dominio y hago pastiche. Google se ha vuelto crucial. Lo suelo usar como un disparador, uso copy-paste y después podo, ornamento, amputo para dejar salir.
Aunque la escritura se tome vacaciones, la lectura está siempre trabajando. Mucha novela, no de esas larguísimas, sino de 200, 300 páginas y cuentos. Leo mucho en inglés y lo que tengo a mano, que por suerte es mucho. No estoy para nada al tanto de nuevas corrientes, tradiciones y revelaciones. Soy bastante demodé pero sin leer a los clásicos. Los subrayados son una especie de copy -paste para nacer criaturas. Mis lecturas decantan cosas, me sirven para los momentos de aparente inactividad. Son un consuelo.
El poema aparece muchas veces a partir de una frase/palabra-anzuelo que abre cajones. Se me aparece primero la supuesta respuesta a una adivinanza, pero siempre confirmo que no sólo no era la respuesta apropiada sino que lo difícil está en formular la pregunta.
GRACIANA MENDEZ


POEMAS

(en construcción)


Graciana Méndez cocina, trabaja, ashtanga, enseña, duerme, camina, escribe, come y lee en Buenos Aires. Participó en la antología Taquigrafía para principiantes (Paradiso, 2002) y publicó La Tormenta de Santa Rosa (EDULP, 2004).

sábado, enero 06, 2007

RICARDO DANIEL PIÑA


Hace aproximadamente siete años que escribo por las mañanas, desde las 9 de la mañana hasta las 11 o 12. Luego de ir a correr y hacer algunos ejercicios físicos. Llego a mi casa, escribo, luego me baño. Voy tomando unos mates y me rajo a la casa de la señora Eloísa, la cartonera, a hacer libros. Y atender gente que quiere comprar literatura latinoamericana o argentina. Que trae sus textos para publicar y quieren conversar y quieren opiniones. Esto lo hago todos los días, salvo que alguna lesión no me deje.
No me gusta escribir sobre un papel cualquiera, ni de noche, ni tomando vino, ni estimulándome de alguna forma, sentado en un bar, ni llorando por algún drama o porque me dejó mi novia o porque me engañó o mi amigo me estafó. No quiero ser Tom Waits en los ochenta con Blue Valentine o Foreing Affairs. Trato de no vincular, en lo posible, el sufrimiento "físico" a la poesía. Para eso está el psicoanálisis. Es cambiar los discursos y los destinatarios de esos discursos. No quiero hacerlo. Me resulta más placentero escribir de mañana, en mi casa, con luz y con las endorfinas a mil por el cuerpo. No me gusta el poeta que sufre y que "usa" la poesía como bandera.
Hay otras formas de hacer banderas.
No ignoro que haya sufrimiento y miseria en el mundo, no soy un bobito que vive en un tubo de papel higiénico, pero es imperioso organizarse para manifestar. Y cortarla con el lamento individual. Atendamos a que estamos frente a tácticas discursivas diferentes. Unas son para el "encuadre" psicoanalítico (insisto), otras son para salir a la calle organizados en gremios, partidos políticos, sindicatos, ciudadanos comunes bajo una consigna, etc. Y otra "forma" es la poesía. No debemos confundir a la gente. En este siglo XXI las formas discursivas pueden convivir, deben convivir. Y de hecho lo hacen en la poesía contemporánea. Pero no podemos "empastar" en la idiotez a la gente con sentimientos confusos. La poesía debe ser denuncia, no lamento. La poesía no debe servir para sostener formas ya perimidas, cuestionadas, obsoletas. No a los poetas oficiales. Esos que no cuestionan al sistema perverso. Poesía es una forma de resistencia. Empecé un oficio cuando comencé a sentarme frente a la pc y a provocarme con lecturas o con música de Bill Frisell, David Fuczinsky, Cocteau Twins, King Crimson, Spinetta, bla, bla. Bla. Hice experimentos con programas radiales de política y actualidad (a esa hora de la mañana). Suelo investigar en autores no poetas. En manuales de filosofía, de historia, de economía, de geografía, de botánica, de geología, de paleontología, etc. Uso muchísimo el diccionario. Me siento obligado a saber los distintos significados de las cosas. Prefiero el silencio en el acto de escritura. Y es fundamental la evocación. Confío en mi inconsciente. Trabajo todo el tiempo con él y sé por qué hago lo que hago. Abordo un tema para el texto, pero muchas veces, con otra idea dándome vueltas por la cabeza. La conservo dentro de mí hasta que sale y se "cae" adentro del poema y se va acomodando. No dejo de asombrarme cómo mi inconsciente actúa todo el tiempo de tamiz. (Retiene lo que no sirve al poema y deja pasar por entre sus rejas los elementos de algún tema análogo que va a resolverse en el transcurso del poema o en el final.) Escribo en mi cabeza. Veo algo que me dice algo, y construyo con palabras "eso" que se manifiesta frente a mí. No me hace falta el papel y el lápiz. Luego evoco ese momento y vienen a mi monitor samsung (recontra súper viejo – casi un fósil tecnológico...) las mismas palabras. Aquellas que fui tallando en la tabla rasa de mi memoria. Y que se deshacen con las imágenes de ese día...y se mezclan. Adorablemente. Volver a vivir todo eso.La corrección es fundamental.
El poema tiene un veinte por ciento de creación y un ochenta por ciento de correcciones y trabajo. Lo que llamo, la puesta a punto. Es como un auto que está por salir a competencia. Es muy cómodo corregir en el Word. Uno puede subir y bajar todo el tiempo, cortar y pegar... Hasta se pueden elegir sinónimos. Y todo eso, gracias a la tecnología... Es importante saber cuando termina la corrección. De ahí en más, el poema no se toca más y se asienta. Se deja sedimentar. Las impurezas van al fondo. Y rápidamente se lo mira, a vuelo de pájaro, para algunos toquecitos simples... comas, puntos, saltos de versos, cosas como sinónimos o antónimos. Ahí llega lo que yo llamo: cuarentena. Nada de publicarlo en ningún lado, ni cosa parecida. Como darlo a conocer a algún amigo, a una amada. Nada. No lo dejo para luego corregirlo. Le doy masa hasta el final. Hasta que no termina no paro. Si sangra, pues que se lo banque, coño! No lo dejo para después. No puedo. Y si a veces lo hago, es un poema condenado al olvido. Al poema lo obligo porque sé que puedo y porque depende de mí. A otras cosas no las puedo obligar, porque la mayoría de las veces no dependen de mí... (Sic.) El poema no es una frase linda o inteligente. Ni muchas frases lindas o inteligentes. Veo que de muchos poetas, uno puede tomar versos reveladores, bellos, increíbles. No puedo hacer eso. En mi poesía, cada verso cumple su función, por mínima que parezca. Es la parte viva, necesaria e indivisible. Es un brazo o un hígado que forma parte de ese cuerpo animal, que es el poema. Yo apunto a que casi todo lo que hago en poesía, se comporte como un caleidoscopio o un organismo vivo, una idea. Que todas esas partes sueltas se unan en el final o no, para dar una idea o una imagen. Un instante. Ah!, introduzcamos en este planteo, por fin, la idea de trabajo en el poema. Ya es hora. Observación: Todas estas precisiones las doy como si fuese un semiólogo o algo así como un lingüista, pero nunca las tengo antes de escribir. Mi vinculación con la poesía me resulta dificultosa de explicar. No tengo ganas de amasijarme la cabeza. No tengo ganas de hacer el esfuerzo. Todo lo que pude brindar, a lo largo de este "cuestionario", fueron pequeños lineamientos que cuentan algo. Tengo muchísimas cosas en mi cabeza, que no tengo ni idea cómo decirlas. (En la bienal de S. Pablo, me descubrí pintando y componiendo artesanías...! Lenguajes totalmente nuevos.) No estoy hecho para decir cómo construyo algo que forma parte de mis funciones vitales. La sangre me circula por el cuerpo pero no estoy pensando qué pasa con eso... Pasa y punto. A lo mejor, investigo luego... Pero sí, me siento preparado para guiar (clínicamente) al poeta. Guiarlo con mi experiencia, sin educar (...formar es reprimir...), por el camino de su propio ritmo de imágenes. Siempre que esté la experiencia con el poema. (Todas las personas pueden crear mediante una disciplina. La pintura, la actuación, la escultura, el diseño, etc. Pero no todos conocen el camino de la poesía. Yo lo muestro con mi trabajo.)
Celebro esta palabra: Trabajo.
RICARDO DANIEL PIÑA

POEMAS


Banderita de mi patria,
blanca y celeste en los mástiles del colegio.
Celeste y blanca en los mástiles del mar.


Señora Subdirectora de la Escuela nro. 69
" Capitán Crisólogo Hermenegildo Comesaña".
El sesenta y nueve es la mayor deliciosa coincidencia cósmica,
entre los seres de sexos análogos. Que buscan completarse.
Y no es casualidad que el ser humano haya imaginado;
en su afán de recrear el intercambio simultáneo de los sabores y las texturas,
las dimensiones, las temperaturas y las intensidades de los actos previos;
la disciplina que va superando la mayor satisfación del goce
a medida que evoluciona la perfección del frenesí en el otro.
Me dirijo a usted, señora subdirectora,
amparado en la más adecuada ceremonia que me sea posible
para decirle que al fin,
dentro de ésta noche porteña arrabalera. Húmeda y cálida como un pez de metal,
el objeto de todo es hacerle saber que nuestra forma de amor
no es sólo
estar para
durar como embalsamados en el sarcófago del país
acompañándonos en el pesar y en el tiempo
que intercalamos
con hijos y con poesía,
caprichosamente,
deliberadamente como maniátcos.
Llevamos el brillo vertiginoso del silencio y el deseo como un submarino amarillo.
Y al ver los números pensé y me vi obligado a reflexionar en las formas.
Y me dije, que mientras que las patitas del seis están para arriba,
la cabecita está para abajo.
Y el nueve es al revés. Y se perciben de frente.
La cabeza hacia lo alto y las piernas de caricatura como palitos extendidos
hacia el otro extremo.
Cavidades y extensiones en el seis y el nueve.
Qué almacena el número en su circunferencia, su óvalo, su redondel...?
Un alma salvaje saliente atrapada por una línea que la abraza?
La sed y la desdicha de los números recalentados por el sentido?
Erotismo.
Quién te disparará el sentido en los segmentos de esos mismos números...?
Este instituto privado incorporado a la enseñanza oficial
por el que usted es empleada del estado
y por el cual descuentan el once por ciento para su jubilación mensual,
el sindicato de trabajadores de la educación
y la obra social (OSDE) de enseñanza primaria y secundaria,
depende de la zona erógena del Ministerio de Educación
de la Provincia de Buenos Aires.
Y en su defecto, depende de la fricción de los cuerpos del Señor gobernador
de la Provincia Sigfrido Hermenegildo Francisco Solá.
(Con algún otro cuerpo o consigo mismo o con algo o con alguna cosa.
Una idea. Una forma...Algo...).
Ahora, en éste preciso momento
el tiempo como una cerrada y desordenada bruma marina...
Apestosa como la harina de pescado que hacen en el puerto,
nos está corroyendo con la distancia de acercarnos en caricias
para despertarnos algunas mañanas con recuerdos de ambos
desatándonos de las piernas y de los brazos.
El sol, hoy agujerea la mañana.
Los barcos pesqueros del puerto. Los marineros en el puerto.
Cientos de trabajadores del pescado, en las ramblas del puerto. Agujerean la mañana.
Los guardapolvos de los fileteros. Los impermeables de los fileteros.
Los guardapolvos de los niños en el colegio. Todos agujerean la mañana.
La bandera blanca y celeste en el patio de la escuela.
La bandera celeste y blanca en los barcos pesqueros.
El saludo patrio de todas las mañanas.
Agujerean, por algún sentido, cada mañana.
Algo aparece y se deja ver en esos pedazos sin nada...
Su piel, señora, que es como un mar que se desmorona blanco rompiendo
como crema de afeitar Palmolive en cada ola.
Caricias que la devuelven a un horizonte.
Caricias
que la expulsan
hasta el horizonte.
Señora,
usted merece la tranquilidad que reina en su próximo jardín con higueras y nísperos
y flores de azhar en el frente de su casa de avenida Juan B. Justo.
Sus canes marrones y azules como dóciles bebés desdentados chupatetas,
jugando en el parque del fondo a esconderse y salir corriendo.
Ellos también merecen paz.
Esa que aparece sólo por intervalos.
Usted merece refugiarse y estremecerse en las columnas de luz.
altas como escaleras, o como rampas.
El sol que agujerea la mañana. Sigue.
El mar que agujerea la bandera de ceremonias. Sigue.
Cada mañana los hijos. Siguen.
Todo sigue. Con cada mañana
los perros. Siguen. Cada mañana pienso y me acuerdo
y repito que sigo pensando cómo
es el mar azul y frío cada mañana.
Cómo paro de agujerear mi soledad.
O mi corazón.

Miércoles 11 de octubre de 2006
Buenosayres miserable
A Vivien Kogut (Río de Janeiro, 1969.) Durante la noche. Ed. Siesta 2006.

...

Es un día insólito.
Aunque siga siendo común,
vulgar
y radiante.



Mosca,
hoy tu gloria
descansa
almacenando las infecciones
en otra pared
despintada
de graffitis.
Sucia y meada por los perros.
Los sufrimientos existen y también se acaban.
Y vuelven a circular.
Y vuelven a terminarse en la oscuridad de las palabras
que use
para explicarle a ella
que aunque soy un poco obsesivo e insoportable
quiero que se quede cerca.


Y no enterarme a los cinco meses de perderle el rastro
que estuvo enferma de cáncer.
Que la operaron y le sacaron los ovarios.


Bastaba
juntarnos a comer
papas fritas y a tomar coca cola
sentados en el piso
y apoyados en el paredón con mis amigos,
para que los alimentos
se convirtieran en ofrendas
y una vez apoyados en el calor fulminante
que nos clavaba a la pared sucia,
éramos como la mismísima deuda alimentaria
suspendida.
Todos nosotros
parecemos
seres humanos.
Quisiéramos morirnos de aburrimiento.
Pero nos consumimos en consideraciones
acerca de la muerte,
el hambre,
la miseria,
el magnetismo de los polos, etc.
&

&
Ella
ya no tiene
el tiempo que tenía antes
para pasar por nuestra vereda.
Está haciendo quimioterapia en el hospital del barrio.
Me dijo que está gorda.
Le miro el cuerpo, como lo hice antes, miles de veces.
Tiene la cabeza rapada
como Ornella Mutti en "La ragazza di Trieste",
el culo hermoso
con la forma suave y protectora
de la redondez.
Tetas grandes
que me llenarían de nutrientes a mí,
a mis hijos
y a los hijos de mis hijos.
Y está más bella y solitaria que nunca.



Me quedo en silencio.
Y la miro
desde adentro
del movimiento suave,
exquisito y natural
de la gravedad.


Lunes 30 de enero de 2006.
Buenosayres Miserable.
A Mónica.

Constitución - Mar del Plata.
Mar del Plata - Miramar.



Finales de marzo
en la provincia de Buenos Aires.
El sol es anaranjado y rojo.
Las cinco de la tarde.
En el frío.
En el viento helado.
Esta ventanilla de tren, me deja unos cuantos verdes diferentes que se retuercen en el vidrio, y que nunca existieron antes. Hasta hoy.
Verdes dibujados.
Pintados con témpera, con oleo o con látex.
Ocres de pastos secos,
y otra vez más verdes,
verdes y amarillos, otros verdes, más verdes aceitunados,
pastos secos,
hacienda marrón con algo de blanco (hereford),
hacienda negra,
toda negra (aberdeen angus).
Algunos árboles alrededor de una casa.
Algún casco de estancia, allá lejos.
Toda la escena se repite una y otra vez a lo largo de horas.
Buenos Aires es un desierto verde.
En ésta tierra baldía debe vivir alguien...
La magnitud de la distancia me rebela la insignificancia del ser humano.
El gaucho, era esto.
Martín Fierro era esto. Alsina, el Fausto de Estanislao del Campo, Echeverría y Sarmiento, Don Julio Argentino y las campañas al desierto, eran esto.
El guarda al marcar mi boleto me dice:
"Este pasaje es para el día de mañana, 25 de marzo.... pero no importa, ahora cuando abra el vagón comedor, espere ahí que en Chascomús hay gente que baja y se puede sentar en algún lugar. No pasa nada. No se preocupe..."
Una señora que estaba escuchando, se disculpa y se dirige a mí:
"Yo, bajo en Chascomús. Recuerde que acá tiene un lugar."
Y hacienda marrón,
hacienda negra,
hacienda negra,
hacienda marrón,
hacienda negra,
hacienda marrón.
Hacienda marrón. Caballos bien matungos. Algunas ovejas. Perros como lombrices.
Después de un par de horas paramos en un pueblo.
Chascomús.
Después paramos en otro, ya estaba oscuro y hacía mucho frío.
Después otro.
Buenos Aires es una llanura insoportable.
Plana, lisa,
insulsa,
aburrida,
monótona.
Grandes extensiones de agua estancada.


Chajáes.
Teros.
Patos.
Verdes y ocres de pasto seco, y más verdes, verdes y amarillos, y otros verdes,
y más verdes, pasto seco y una hilera de postes que transportan cables de teléfono
o luz eléctrica.
Entiendo todo, ahora. O casi todo...
Por qué somos tan obsesivos y paranoicos.
Aburridos.
Insufribles.
Ahora entiendo el por qué...
Al gran pueblo bonaerense de las planicies: p s i c o t e r a p i a s , ya!
El tren sigue la línea de los cables.
Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde.
El tren se va apartando de las líneas de los cables.
Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde. Celeste y verde.
Nubes.
Esto es nuestro paisaje. Esto es el alfabeto del bonaerense.
Nada de todo eso es silencio.
Es movimiento. Nada más que arrullo de tren.
Arrullo del cielo.
Es una cuna gigante.
Con golpes metálicos que repercuten en el cuerpo.
No alcanzan para dejarte sordo pero son potentes. Todo se mueve.
No es suficiente para ser una metralla, pero son golpes constantes.
En el vagón comedor me fumo un cigarrillo. Dos. Tres.
Miro por la ventana.
Tomo té.
(Voy con poca plata y quiero hacerla durar. El té es barato y tengo que vivir
cuando llegue a Mardel.)
El café es peor que el ácido sulfúrico, recalentado por vigésimo cuarta vez.
(Como los jugos de Alien, "el octavo pasajero". Es fluído que desintegra lo que toca...).
Ese café, va a traspasarme el esófago, el estómago, los intestinos,
seguirá con la silla de madera (antes va a derretirme los cachetes del culo)
el piso de metal del tren, la tierra de la Provincia de Buenos Aires.
llegará a China luego de dos días y algunas horas...
y la fuerza de gravedad lo va a mandar de vuelta hasta Buenos Aires.
Y así, ida y vuelta, hasta que los científicos de la NASA descubran cómo neutralizarlo.
Va quedar un conducto como los que se ven en esos recipientes de vidrio
donde estudian a las lombrices de tierra y sus inteligencias naturales...
El sol es rojo por el costado derecho del vagón.
Unos pibes, que no deben tener más de quince años,
toman cervezas, fuman, hablan a los gritos y juegan con una moneda sobre la mesa
que tiene un borde de metal (para que los ojbetos hagan tope y no se caigan).
Son cuatro.
Un señor solo, fuma y escribe. En algo así como una agenda, cosas que deben ser
de trabajo. Esa es una tarea muy habitual en los viajantes de comercio.
De vez en cuando pasa algún pasajero bamboleándose de un lado a otro.
Los mozos siempre mantienen el equilibrio.
Y transportan cosas en la bandeja... Y cargan platos con pocillos.

Comidas no veo.
Tal vez sea por la hora o por la proximidad con el punto de llegada.
Estamos cerca. A minutos, solamente.
Gustavo va estar esperándome en la estación con Estela y Florencia.
Vamos a comprar empanadas de roquefort y apio, de carne cortada a cuchillo,
ananá y jamón, dulce de leche y queso, ricota y nueces.
Acompañado por un Colón tinto.
Luego tomaremos helado. Y mientras, vamos a ver una película de ciencia ficción
en el cable. Estela y yo, después de comer y tomar café, vamos a fumar.
Y todos vamos a estar muy silenciosos y respetuosos de los silencios del otro.
Los Delfante tienen códigos en el trato entre ellos que me sorprenden siempre.
Bueno, cada vez que estoy con ellos. (Dos o tres veces por año. Cada vez es más frecuente.)
Flor se va a ir dormir. Mañana es sábado. No va al colegio y descanza hasta tarde.
Estela me va mostrar lo que está pintando.
En ningún momento, nadie va a hablar de Jimena.
Igualmente, me va a parecer que ya ni hablan de Jime.
(Ya se les hizo un cayo en el alma. Ya la lloraron lo suficiente.) Va a estar tan presente que voy a sentir que salteamos algo. Todo el tiempo.
La casa me va a parecer bellésima, como siempre. Vaya en verano o en invierno.
Estela decora todo y tiene un gusto muy cálido y suave.
Ella restaura muebles de estilo.
Mañana me levanto temprano, voy a ir con Gustavo al local y luego me lleva hasta el centro. A la librería "Alejandría". Me encuentro con Laurita en el café. Llevo libros para vender. Voy a cerrar el tema de la feria del libro. Pasajes y estadías para mí y mis compañeros. Al día siguiente me voy a ir a Miramar, en micro.
Quedan 47 km.
Salimos de la ciudad hasta la ruta que bordea toda la costa.
Acantilados y el mar en invierno.
La belleza es única...
Aplasta los sentidos... Con los ocres. Y los Verdes.
Aceitunados. Amarillos. Marrones.
Otros verdes de los matorrales achaparrados,
el paisaje de kilómetros
y kilómetros de acantilados.
Hay una espuma blanca.
Desde el mar vuela, dibuja formas familiares en su caída
a la ruta.

Domingo 27 y lunes 28 de agosto de 2006
Buenosayres Miserable.

...


Punto 1 - Crespo, Cruz, Tevez.
Messi, Aimar, Riquelme, Palacio.
Esta es una aplanadora ofensiva de exquisitez y alegría.
Qué selección tiene un ataque tan poderoso...?

No nos van a dejar llegar a tiempo
para colocarnos en la felicidad del debut
frente a Costa de Marfil del 9 de junio.
El periodismo nos previene de las virtudes de este grupo de futbolistas del continente africano. Y nos aconsejan ahorrar el éxtasis y el lujo, para después.
Las mentes previsoras del periodismo deportivo argentino esparcen el miedo
por entre el pueblo futbolero.
Yo me pregunto, todo el tiempo que los escucho tan soberbios,
tan pelotuditos...
¿Acaso nos creen una manga de imbéciles?
¿O somos una banda de anos contranatura y jubilaciones mínimas,
que no sabe si es merecedora de un lotecito en un cementerio privado de pilar o en una fosa común en el cementerio de Junín?
Son los fóbicos a la celebración y la disfrazan de paternalismo? De qué nos cuidan?
Es el tic emocional del periodismo en general,
que les quedó de haber tenido que soportar a un país
emerger del proceso más sangriento de la historia (con la dictadura militar del 1976-83),
sin haber hecho lo suficiente, o nada.
La cohesión intelectual, o simplemente gremial... Habría sido una forma, una alternativa?
Demasiado tiempo ha pasado...
Fueron pocos los que se jugaron y fueron desaparecidos o asesinados, por decir lo que pasaba. (Escritores, poetas y periodistas como Walsh, Conti, Santoro, Oesterheld...)
La gran mayoría de mis compatriotas se están haciendo infinitos de lujuria
en un mar celeste y blanco.
Y debo prevenir una vez más, a jugadores y a hinchas
que las áreas rivales están superpobladas de "los protectores del cero del arco propio".
Hay en la mayoría de las escuadras, un sttoper (un central del lado izquierdo que sale a buscar sl nueve o al que recibe la pelota...) y un líbero (otro central del lado derecho
y más retrasado y es el último hombre en el campo).
Un lateral izquierdo que tiene oficio de central,
y un lateral derecho que tiene oficio de líbero.
En el caso de Argentina, estos cuatro defensores pueden alternar posiciones,
ir y venir, hacer relevos, ir a buscar a algún rival muy creativo para no dejarlo recibir
o pensar. Podrán recibir, pero siempre de espaldas al arco. Te la afanan o te hacen foul. Nunca van a poder darse vuelta para mirar el arco.
Esa es la eficiencia de Heinze, o Burdisso, Milito, Cufré, Coloccini, Sorín, Scaloni...
El mismo Mascherano o Cambiasso, aunque son volantes, tienen oficio para defender
en el mediocampo.
Y Ayala, en soledad, en el fondo se encarga de aplicar cirugía mayor al que pase con la pelota. Todos tienen más o menos las mismas funciones en sus equipos europeos.
&
&
Y la gran mayoría de ellos han sido campeones juveniles Sub-20
con José Pekerman en la dirección técnica.
De los 23 jugadores elegidos, trece fueron campeones con José
en los torneos juveniles de Qatar ´95, Malasia´97 y Argentina´01.
¡Hermosa combinación de talentos formados por el mismísimo Pekerman
durante quince años!
¡Maravillosa elección de líderes y hombres con pólvora en la sangre!
¡Que van y vuelven por el campo que defienden y barren cualquier
impertinencia futbolística, cualquier malformación en el área propia!
Van a buscar el gol de cabeza con pelotas detenidas o tiros de esquina.
Se hacen presentes con ellos,
el Manchester United de Inglaterra con Heinze,
Atletico Madrid con Leo Franco, Coloccini y Maxi Rodriguez.
El Zaragoza con Milito,
West Ham de Inglaterra con Scaloni,
Valencia con Ayala.
Villareal de España con Sorín.
El Inter con Burdisso y la Roma de Italia con Cufré.
Doble cinco con Mascherano del Corintians de Brasil
y Cambiasso del Internacionale de Italia, que roban y se desprenden enseguida
y se quedan, salvo que haya un relevo para acompañar el contraataque.
Por las dudas un volante derecho, que es una suerte de cinco mentiroso
(volante de contención). Maxi Rodriguez, Lucho González o Scaloni.
Que muerde, recupera y avanza con o sin la pelota para llegar a posición de gol.
Y un volante izquierdo que se despega del medio,
que tiene la obligación de crear en ofensiva y mover el balón con los puntas
y llegar al gol, pero vuelve siempre marcando o dado vuelta mirando al ataque rival.
Hay varias alternativas según jueguen Riquelme,
Aimar,
o Palacio...
La demás selecciones en su mayoría intentarán, antes que jugar y gustar, conservar el cero
en el arco propio.
Van a usar al 10 (...al tradicionalmente volante creativo...)
En la función: Caperucita Roja.
Llevar de paseo sus ilusiones de gol y juego bonito.
Ir de visita al arco rival, inofensivamente. Ballack en Alemania, Totti en Italia o Ronaldinho en Brasil o Berckam en Holanda.
Pero Caperucita, están en la obligación
de volver a casita marcando
y sin detenerse en el camino
y observando
al lobo feroz que quiere abusarse de ella.
&
&
El cuero tiene un plastificado especial.
Es una serie de procesos que aplica tecnología del primer mundo al más alto nivel.
El contacto con el botín de fútbol logra darle adherencia al golpe,
precisión en el toque.
No puede existir ninguna falla.
Todas las ideas se irradian, como transmiciones eléctricas hasta las piernas.

Punto 2 - Postal en secuencias,
con letra cursiva y de imprenta,
de un gol de Aimar,
visto detrás del arco rival.

Le llega la pelota en profundidad,
en diagonal de derecha a izquierda.
Aimar,
se desliza por el lado izquierdo. No corre, se desliza. Es una obra de arte.
Lo corre al lado, un rival.
(En la posición privilegiada, para ver el gol en vivo.)
La pelota le llega de frente y rodando...
La trayectoria tiene que cruzarse en su carrera. Ahí nomás. Delante de él.
...Es decir,
si el pie se dispone para pegar con efecto,
la pelota estará dispuesta a absorver esa entrega de energía.
Solamente si está rodando
y no deslizándose o patinando por encima del pasto.
Aimar corre por la izquierda.
Y en momentos va a tomar contacto con la pelota de frente.
(Toda la jugada viene haciéndose en la derecha.)
Le va a pegar como viene...
La pelota le llega y él impacta con su pie derecho.
Con todo el interior del pie.
Lee el movimiento. Y actúa.
Aimar es un gran lector de las fuerzas
que interactúan en un campo de fútbol.
Hay,
en principio dos formas
de tomar contacto con un pase del balón:
la primera, es


&
&
recibir el pase con la pelota rodando
atravezando el campo hacia adelante,
(entrando en contacto toda su superficie con la superficie del campo de juego.)
Se produce un primer intercambio de energía
del campo con el cuero del esférico.
La otra es cuando el balón llega deslizándose.
Aquí podemos ver la importancia que tiene la humedad del campo de juego,
más que en el caso que mencioné anteriormente: el rodamiento.
La humedad del terreno es fundamental en este punto. El agua neutraliza los efectos. Y la pelota termina haciendo "patito"...
(Esta característica es para definir en otra entrega deportiva...)
Estos balones de confecciones tan perfectas
siempre van a responder a los perfiles.
No hay margen para ninguna falla.
Aimar
tiene una formación de años
como receptor de todas estas impresiones.
Es un chico de los más inteligentes de esta escuadra.
Un chico distinto.
Todo paladar futbolístico que se precie de tal,
tiene plena seguridad y confianza que eso es así.
Entonces, siguiendo con la descripción del gol...
La pelota, siempre, indefectiblemente,
va a ir hacia el palo,
que el arquero viene dejando de cubrir.
Es un reflejo,
el arquero continúa el movimiento
de izquierda a derecha que lleva la pelota.
Y Aimar "le cambia el palo",
se dice así en la jerga futbolera.
La pelota entra haciendo un surco en el pasto. Lo peina con raya al medio.
Girando sobre sí mismo, "mordiendo la verde gramilla" y haciendo efectivo el efecto, finalmente.
Desde afuera hacia adentro, trazando un semicírculo desde el área grande, hacia el lado derecho del arco y pasando por el área chica, el interior del arco y la red. Gol... Gol... Gol.
Vacío.
Lleno.
Celestes y blancos, detrás, en la tribuna.


Del lunes 29 de mayo al jueves primero de junio de 2006
En buenosayres miserable
A José Pekerman
A Pablo Aimar
RICARDO DANIEL PIÑA
Ricardo Daniel Piña es poeta y escritor. Es trabajador del libro en Eloísa Cartonera.Tiene editado allí su único libro, llamado Sentimiento Bielsa. (Poesía).Integró la antología de poesía joven argentina Poesía En La Fisura de Ediciones del Dock. (1995). Seleccionada y antologada por Daniel Freidemberg.Nació el 22 de agosto de 1962. Vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.Publica en varias revistas y sitios de internet en muchos lugares del globo terráqueo. Dicta clínicas de poesía. Intenta... rdpina@yahoo.com


DANIEL MUXICA (selección de poemas a cargo de Florencia Castellano)


Hablar sobre el modo de escribir ya es un ejercicio de escritura. Los ritos que me rodean no son muchos y por demás simples: un café, un cigarro, un poco de música y sobre todo sentir que el rincón del escritorio me está esperando. Es una geografía bastante desmañada, de contornos, de límites imprecisos que cambian acorde a la cantidad de libros de consulta que se encuentran sobre él. Una geografía animista que el cuerpo trocará en intuiciones ligadas como diría Pascal a la "desproporción del hombre" (parece un verso de repercusión vallejiana) y la cabeza en razonamientos exiguos, amanerados o felices con los infaltables diccionarios siempre a mano y uno o varios libros que no necesariamente son de poesía. De no haber libros sobre el escritorio (el desierto) saco uno de la biblioteca (al azar si no se trata de una investigación) y siendo las palabras causadas y causantes, mediatas e inmediatas, busco un lazo natural e insensible que ligue las más alejadas de las más diferentes en un juego de "asociaciones ilícitas" para cotejar la frase o la idea convocada sobre el texto en cuestión, buscando un armónico reacomodamiento para el caos en que uno se encuentra aprisionado cuando se trata de lo incognoscible. Comprender, definir. No siempre el procedimiento es el mismo. También están en juego los movimientos azarosos de la existencia.
  • Una breve historia: Comencé escribiendo a mano prolijos cuadernos rayados o cuadriculados, creyendo que la belleza caligráfica daría aquello que faltaba a mis textos. Un extraño acercamiento a la poesía visual. De meticulosidad obsesiva, no tachaba o hacía apuntes sobre la hoja, sino que copiaba nuevamente el texto como si se tratara de construir un original. ¡Justamente yo que drescreo de la originalidad! Luego el golpeteo sobre la Olivetti de carcaza de acero, sacaba músculos en las falanges. Finalmente la computadora. Antes de conseguir mi escritorio propio trabajé muchos años en una oficina. Un particular poder de concentración llevó a mis compañeros de trabajo a no interrumpirme jamás en mi espacio virtual. Siempre se trató de necesidad, poder y ganas. Ahora es el escritorio en mi casa o el de mi oficina, pero las condiciones particulares en las que trabajé por años mi escritura no me produjo preocupación o miramiento alguno por la liturgia que rodea el acto de escribir.
    Otra historia no tan breve: Nunca padecí el terror de la página en blanco, el miedo escénico. Algún escrito desechable acompaña mi velada. Espero una prodigalidad que la mayor parte de las veces me es esquiva. A veces miro a Tadeo, mi perro, recostado al pie del escritorio en la esperanza que me diga como seguir o una foto personal en un camposanto (fuerte Santa Teresa, Uruguay) donde estoy recostado sobre una tumba con las manos sobre el pecho a modo de "muertito" y con la cruz sobre mi cabeza que me recuerda que debo continuar, que todo se acerca inexorablemente, que siempre estoy en el prólogo y que es bueno (¿ambición trascendente?) trabajar en lo que más he deseado: hacer literatura.
    Hay un plan si estoy escribiendo narrativa, pero siempre es precario. Con la escritura poética es más precario aún. Siempre escapo de alguna manera (sobre todo en la previa) de aquello que se acerca a lo definitivo. Coincido con Ricardo Rojas Ayrala que preocuparse por "un plan meticuloso se vuelve una parodia paratextual". Si bien acepto lo que va surgiendo, descreo de la espontaneidad. Me entrego al azar con la misma fuerza que detesto la improvisación. Lo espontáneo no tiene salida de emergencia pese a ser extensa la órbita que describe. Me gusta la investigación y la contemplación no sólo paisajista, sino de las ideas. Si algo se presenta ante mi vista o en una pulsión del cerebro, trato de que la imaginación dé un paso adelante. Dije imaginación porque descreo del realismo en todas sus formas, hasta en las más moderadas.
    El plan: Muchas veces me he preguntado si se trata de una imposibilidad propia, pero lo cierto es que no me aflige su contaminación. Algo me dice que debo continuar con mi arbitrariedad, entre el razonamiento y ella se produce la tensión necesaria para una esfera que su centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. La arbitrariedad es el disparo hecho sobre lo visible, puede resultar una grandeza o una culpa sin reposo, pero por algo elegí este hacer, este modo de estar en el "entre" de la inmensidad que supera todas mis capacidades en todos los sentidos. Eso que digo, eso que escribo es una posesión vitalicia a la que voy a acceder, hasta perderme de ella separado por infinitos obstáculos. Los textos que están bajo la lámpara de mi escritorio son la esquina extraviada de la naturaleza. Su carnalidad, su corporalidad y su bagaje de conceptos (si los hubiere) me llevan a escribir pensando en la música, la historia, la ideología, la pintura, la política, el cine, la escultura, la mística y muchos otros tópicos de interés pues aprendí que la literatura no dialoga únicamente con la literatura.
    Si uno es un anónimo y mísero artesano, como nos describiría Beckett, la corrección es todo, es la artesanía por excelencia; el momento de mayor complicidad y a la vez que mejor más disipa la relación amorosa entre el texto y yo. No me perdería por nada el oficio artesanal. Comparo la corrección con una relación amorosa. Siempre concedí un cuerpo a los escritos como si se tratara de una persona con la que salgo por primera vez sin decir nada o sin decir demasiado. En la incandescencia, en lo catártico del primer encuentro, no se estoy en condiciones de reconocer las virtudes o los defectos de esa persona o los propios y entonces, como diría Barthes, trato de afrontar en la relación amorosa el "embrollo del lenguaje".
    La verdadera relación, la relación de amor, comienza en verdad con la primera corrección, es decir, después de la primera cita, después de la primera "encamada". Recién allí comienza el verdadero juego de las complicidades, recién allí estoy en condiciones de reconocer ese cuerpo, ver si es bello en su incompletud.
    Allí nace o muere la relación textual. Recién allí puedo ver los guiños que utilicé para seducirla/me, y estoico desplazo el espejo de Narciso hasta conseguir la mayor prescindencia, la mejor fluidez. Sólo así la corrección amorosa hace posible el decir en su máximo sentido expresivo de verdad. Las sucesivas correcciones del texto marcarán las técnicas de acercamiento o alejamiento, similares en casi todas las disciplinas artísticas, permitiendo el crecimiento de una relación que, como el amor, produce versiones infinitas y susceptibles de fecundarse durante toda una vida.
    El procedimiento que quizás se reconoce en mis trabajos es la sucesión de conceptualizaciones producto de las distintas disciplinas de las que ya nombre algunas, que despiertan acciones ligadas a la descripción. Prefiero el pensamiento y el decir sensitivo en la descripción de una acción, que el juego metafórico del "como si". Por la corporeidad y carnalidad de la mayoría de mis textos y mi forma de estructurar los pensamientos en ellos me declaro provocativo, más proclive (no en todos los casos) a cierta violencia metonímica: un empujón al abismo y en la caída comprobar que ese cuerpo, que ya no era perceptible para el universo, que era imperceptible en el seno de todo, se convierte en un todo (al menos en un mundo) frente a la nada a la que no se puede llegar.
    Las ideas vienen de ningún sitio, van a ningún sitio y el más mínimo significado acaba con los misterios. Quizás tenía razón Osvaldo Lamborghini cuando decía que la poesía se escribe (¿se escribe?) desde ningún lugar, una especie de Khora. Trato de hacer algo más directo y más simple (no hablo de la hermenéutica de la imagen), escribir para volver confiables las cosas que casi siempre son las mismas, dos o tres obsesiones que me acompañan desde los comienzos. Quizás haya en esto más miseria que grandeza; pero de todas maneras el modo ficticio, el artificio, acolcha (la palabra como vestido) y nos da la red del trapecio aunque debajo, agazapada, está la versión final que nunca conoceremos.
Daniel Muxica


POEMAS DEL LIBRO "LA CONVERSACIÓN" (selección de textos a cargo de Florencia Castellano)

La conversación
/

órbita de la percepción
no todo será desafectado y transparente
para usted [adoquines en el fondo del agua]

guardará fotografías de los desayunos familiares,
el hambre impecable de la mañana
dentro del tazón de leche

el niño se aburre y percibe a otro
frente a él

buscará así un regalo
en ese fondo vacío,
una dedicatoria

un acto que lo tenga en cuenta

(…)

/

será un rinoceronte quieto
mimetizándose en el tronco de un árbol
la copa lo protege de la lluvia

¿se protege del cazador?

[La imagen, por esencia
sólo podrá proporcionar al pensamiento
una colaboración dudosa]

todo aparentará protección
sin embargo la tranquilidad será relativa


//


la caza es una actividad concreta
se dirá usted

a través de esa visión particular
la caza será una especie de regla
que dirige la elección

en todo esto habrá un sentido fiscalizador
que solo frente a la imagen del rinoceronte
muestra su dificultad

(…)

/

será un rinoceronte quieto
mimetizándose en el tronco de un árbol
la copa lo protege de la lluvia

¿se protege del cazador?

[La imagen, por esencia
sólo podrá proporcionar al pensamiento
una colaboración dudosa]

todo aparentará protección
sin embargo la tranquilidad será relativa


//

la caza es una actividad concreta
se dirá usted

a través de esa visión particular
la caza será una especie de regla
que dirige la elección

en todo esto habrá un sentido fiscalizador
que solo frente a la imagen del rinoceronte
muestra su dificultad

DANIEL MUXICA

Daniel Muxica nació en Buenos Aires en 1950. Escritor. Publicó Hermanecer, Ed. Schapire, 1976; El poder de la Música, Ed. Stephane y Bloom Asociados, 1983; El perro del alquimista, Ed. Stephane y Bloom Asociados, 1987, Ex Libris, o el elogio de la dispersión, Ed. Xul, 1987; Contra dicción, Ed. De la Pluma, 1988; Siete textos premortales, Editorial El Caldero, 1991; El libro de las traducciones, Ed. El Caldero, 1993; Pentesilea, la vírgula y algunos otros poemas, Ed. El Caldero, 1996; Nihil Obstat (libro y CD), Ed. El Caldero, 1997; Bailarina Privada (libro y CD), Ed. La Bohemia 2001; Poemas Perversos (Antología), Ed. Común Presencia, Bogotá Colombia, 2003; Nihil Obstat, múxica en méxico, Ed. Tintanueva, DF, Méjico, 2005, La conversación, Ed. La Bohemia 2005, 2ª Ed. La Bohemia 2006) y El vientre convexo, (novela) Ed. Sudamericana 2005;
Como antólogo publicó La erótica argentina 1600-1990, Coedición. Ed. Catálogos /Ed. El Caldero 1996; Poesía Erótica Argentina 1600-2000, corregida y aumentada, Ed. Manantial, 2002; La huella en la arena, compilación y selección antológica con un estudio sobre la obra del poeta y narrador cubano Antón Arrufat Ed. La Bohemia, 1999; Esto se cae, compilación y selección antológica sobre la obra del poeta y narrador argentino Edmundo E. Eichelbaum, Ed. La Bohemia, 1999. El arcano / el arca no, (poesía Argentina de fin de siglo, 200 pág.) Coedición de Ed. de la Azotea y el Instituto del Libro Cubano, La Habana, Cuba, 2005, El arcano / el arca no, 2ª edición Ed. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2007. Es director fundador de la revista objeto literaria Los rollos del mal muerto una revista incómoda", Buenos Aires, 2000