lunes, noviembre 20, 2006

PAULA JIMENEZ



  • "Siempre me esforcé por tener linda letra y considero que la caligrafía es un aspecto importante de la escritura. Ya sé, esto último es una consideración muy personal, pero, por lo que tengo entendido, también para los chinos un buen pintor es un buen poeta".
  • "En mi último libro no soy la misma que la del anterior; construyo una poética en cada proceso, con sus tiempos, sus recursos".
  • "Yo creo que cada uno escribe sobre lo que tiene que escribir, ese "sobre", ese objeto seleccionado es, a mi modo de ver, el lenguaje mismo".
  • "Mi plan, o mi deseo más específicamente, al escribir "La mala vida", era hacer un libro más o menos largo, o al menos no tan corto, creía que tenía mucho por contar, y sin embargo no pude superar los veinte poemas. Y esta idea de que "tenía mucho por contar", es falsa, es una idea acumulativa que en nada tiene que ver con la poesía. Así que todo lo que hice después fue producirme una estimulación que no dio ningún fruto, recurrí a la literatura, a anécdotas de otros, a películas, pero no, "La mala vida" ya había llegado a su fin mucho tiempo atrás".
  • "...cuando corrijo, sola o ante otro, no pienso nada, me olvido de cualquier concepto en abstracto. Trabajar sobre un poema es lo único concreto del mundo, y es, a la vez, un acto de humildad. Y no sé si se aprende a escribir, pero, seguro, se aprende a corregir".
  • "En poesía la imagen puede ser cualquiera, puede ser una escoba y esa escoba transformarse en mi excusa perfecta, en mi inspiración incondicional".

Yo prefiero las tardes para escribir, en realidad, cuando empieza a atardecer. Tal vez es la hora en que hay menos ruidos, o en que algo del ambiente general y de mí misma empieza a apaciguarse, a concentrarse. Y por eso también me resultan más propicios los inviernos. Aunque una vez, y esto es para demostrar que en la vida nada es de una sola manera, escribí un poema una mañana de primavera en Parque Centenario. El poema se llama "Espacios naturales" y fue el puntapié inicial de mi último libro. En ese caso escribí a mano, pero la mayor parte de las veces lo hago directamente en computadora. De todos modos siempre me esforcé por tener linda letra y considero que la caligrafía es un aspecto importante de la escritura. Ya sé, esto último es una consideración muy personal, pero, por lo que tengo entendido, también para los chinos un buen pintor es un buen poeta. El plan es algo que me sucede en forma natural. No lo busco o quizás sí, inconcientemente. Me conecto con un tono, una voz y por lo general esto va ligado a la elección de un tema, pero creo que como consecuencia y no como origen. O a veces resulta misterioso, porque tono y tema se hacen juntos, vienen aparejados. En mi último libro no soy la misma que la del anterior; construyo una poética en cada proceso, con sus tiempos, sus recursos. Yo creo que cada uno escribe sobre lo que tiene que escribir, ese "sobre", ese objeto seleccionado es, a mi modo de ver, el lenguaje mismo. Y el lenguaje propio, como toda característica personal, es mutable también. Me puedo proponer un plan, sí, pero no como una obra de la voluntad, resulta difícil explicarlo: para su confección y concreción intervienen muchos factores que escapan a lo que puedo comprender. A veces creo estar en la mitad de la escritura de un libro y de golpe me sobreviene la seguridad de que se terminó. Mi plan, o mi deseo más específicamente, al escribir "La mala vida", era hacer un libro más o menos largo, o al menos no tan corto, creía que tenía mucho por contar, y sin embargo no pude superar los veinte poemas. Y esta idea de que "tenía mucho por contar", es falsa, es una idea acumulativa que en nada tiene que ver con la poesía. Así que todo lo que hice después fue producirme una estimulación que no dio ningún fruto, recurrí a la literatura, a anécdotas de otros, a películas, pero no, "La mala vida" ya había llegado a su fin mucho tiempo atrás. Nunca experimenté tan claramente este "cierre" natural. Sí, corrijo siempre, para mí la corrección es parte de la escritura misma. Yo funciono así, será por mi formación, hice muchos talleres y en los talleres se trabaja revisando permanentemente. En esos casos son otros quienes leen tu texto, en este, al hacerlo sola, me encuentro con que cada vez tengo una visión distinta, es decir, transito por nuevas variaciones sobre un eje estético que yo misma voy creando. Teniendo claro eso, el lugar aproximado desde donde escribo, me resulta muy enriquecedor recurrir a mis amigos, reunirme con ellos para escuchar qué opinan y permitirme opinar sobre sus poemas también. En esta actividad, la de opinar sobre otros, también se va gestando algo que influye sobre lo propio, porque al mirar lo ajeno se produce una afirmación íntima, casi fugaz, en un punto que es estable sólo en ese momento, una concepción poética personal, válida provisoriamente. Quiero decir, el propio criterio de corrección es un patrón que a veces se mantiene igual, otras se contradice, porque depende de cada poema. Yo digo todo esto, pero cuando corrijo, sola o ante otro, no pienso nada, me olvido de cualquier concepto en abstracto. Trabajar sobre un poema es lo único concreto del mundo, y es, a la vez, un acto de humildad. Y no sé si se aprende a escribir, pero, seguro, se aprende a corregir. Cuando estoy encaminada en algo voy fluyendo por una especie de corriente que me lleva, una energía compositiva. Yo ubico algo del orden de lo visual porque me digo: es una manera de mirar las cosas, de focalizar, no digo es una manera de escucharlas o de decirlas. Antes era más frecuente darle paso a una música y después aparecía aquello con lo cual la llenaba. Pero ya no es así, para nada. Ahora me importan las impresiones que las cosas me dan, pero tampoco confío tanto en ellas, porque ellas llegarán al papel después de pasar por el filtro del lenguaje. O quizás se mire con el lenguaje y en la mira poética algo se cercene a través del enunciado para que la subjetividad se expanda, libere su tercer ojo. Aunque a veces miro normalmente y ese blanco que en su momento pasó desapercibido vuelve un tiempo después aportándome un objeto para escribir. En poesía la imagen puede ser cualquiera, puede ser una escoba y esa escoba transformarse en mi excusa perfecta, en mi inspiración incondicional. Por eso la imagen es algo particular, es la ausencia de algo que busca presentificarse a través de la palabra. Y en mi caso la palabra a veces se acomoda a una estructura musical, pero esta estructura, este sostén, no está a priori, sino que aparece simultáneamente a las otras patas sobre las que se para el poema.

PAULA JIMENEZ


POEMAS DEL LIBRO ESPACIOS NATURALES (inédito)

"Estábamos hablando del amor. Una hoja, un puñado de simiente… empieza con eso, aprende un poco lo que es el amor. Primero una hoja, la caída de la lluvia, después alguien que pueda recibir lo que la hoja te enseñó, lo que maduró la lluvia. No es un proceso fácil, compréndelo: puede exigir toda una vida, como me ocurrió a mí, y aún no he logrado dominarlo, ni creo que lo haga nunca… Sólo sé esta verdad tan grande: que el amor es una cadena de amor, del mismo modo que la naturaleza es una cadena de vida."
Truman Capote

Lucas

III

voy a gritar cuanto sea necesario voy a pararme
en tu mesa de luz sobre tus libros voy a bailar
pisando tus papeles y a estirar mis brazos
como si estuviera en el mar pero hacia arriba
señalando la lámpara el ventilador de techo
la terraza el campanario de la iglesia las palomas
y más arriba, más, donde nos miran
los muertos convertidos en estrellas

V

yo quiero ir al mar y al espacio sideral
donde es de noche siempre
y el traje se infla y se desinfla
la cabeza escondida en su burbuja
mientras salto sobre un colchón de aire,
en plena elevación un astronauta
le da la mano a otro con blandura,
sin esta pesadez de unos ladrillos
tan firmes que podrían derrumbarse

VIII

arriba es todo igual pero me gusta,
si tengo sueño apago el velador
entra la luna en la cabina oscura
y clarea los contornos del volante
los botones del tablero las pantallas,
afuera los planetas siguen de largo
y se ven por la ventana

IX

toda la tierra es chica a comparar
con esta noche larga del espacio,
olas gigantes entran por los ojos
y el empujón voltea
en la parte profunda o en la orilla
si toco el suelo, el suelo
es siempre arena

X

infinita es la arena, no se gasta
aunque la usemos para hacer castillos
o el tiempo la convierta en piedra,
pedacito de estrella que se apaga
y mil años después cae a la tierra

Marcos Paz

A Fernando, Pepa, Lola, Vero,
Fernando Diego, Andresito, Antonio, Guata, Feliciana,
Angeles, Mafalda, Ida, Chola, Andrés y Nelly Cruz

II

Por el camino de lajas se entra al parque
y el paso mismo pide
andar en línea recta, más lejano
el trazado de un círculo atraviesa
el gomero, el tilo, los ciruelos.
Todos los árboles superan nuestra vida.
Longevos y abundantes no se cansan
de dar ni de seguir, tan generosos
creciendo hasta la muerte.

III

Hay un aljibe seco en el medio de todo,
de donde mire una
ve esa arcada
de piedra con su gancho, allí
juegan los niños a esconderse,
atrás la ligustrina que separa
la propiedad privada
de la calle.
Pero se abre una puerta porque el viento
empuja todo encierro.
¿Impedimentos?, no hay
aunque más tarde llueva y el aljibe
se inunde de esa agua polvorienta,
tan buena para el pelo y gire
el gallo de los puntos cardinales,
la vaca entra sin miedo y pace
el pasto de la vida
que es su pasto.

IV

Subite, cosa
dulce, al tobogán
mirá esta tarde desde el centro de un reloj:
las manecillas del tiempo son tus árboles
los pinos que compiten por la altura,
débiles, dóciles, pero no se quiebran.
Nada los quebrará, ni los vecinos
talando el pueblo
y matando cada sombra,
no llegará el incendio ni se sepultará
tu perro al pie del limonero.
Subite, cosa
dulce, sos el ojo
del huracán que observa y guarda
en su pupila, entero
un corazón.

IX

Un estanque abandonado,
alrededor los renacuajos nos pellizcan
con sus boquitas sucias y seguimos
molestando por las ganas
de nadar esta mañana en agua cálida.
El estanque no es nuestro, es de los sapos,
las ranas, cada vaca que circunda
y bebe su quietud. Lluvia
que pasa por su esófago y salpica
un niño con brazada de perrito
o densa nube de quinta inhabitada
que en los veranos evapora el sol.
Este es mi mundo:
todas las cosas que puedan poseerse,
tarde o temprano, torcerán su rumbo.

Desencanto

1.

Donde quiera que vaya
tomo agua,
porque hay cosas
que son inalterables, más largas
que vos y yo
que nuestro tiempo.
A veces miro
un horizonte y me pregunto
cuántos atardeceres más veremos.
Otras sigo de largo, continúa
el agua circulando al lado mío
un hecho cotidiano o la creencia
de que igual al caudal
para mí
correrá la vida.
Nunca sé
más de lo que veo, soy
del mundo la experiencia sensitiva
la que no puede
imaginar lo disipado
lo disuelto,
la que peca
de no haber sido como el árbol
carente de voluntad.
Nada sucederá mañana, pienso
y siento
responsabilidad sobre mi muerte,
como si hubiésemos perdido en estos años
la oportunidad de dios.

3.

La seguridad para decir las cosas
titubea en tu boca,
primera sílaba repetida hasta encontrar
un tono o una idea perdida entre las voces.
Sin embargo,
yo sé que estás más cerca del silencio
que de nuestras palabras. ¿Qué será?,
me pregunto ¿qué atormenta
a este chico? ¿la entrada a una carrera
de la que sólo bajan los que sienten
que hay algo, al menos algo
sobre lo cuál no se vacila?
En el camino
dormís entre mis brazos,
las manos relajadas
y confiado a este mundo
que tanto te esperó y en el cuál
no querrías dejar de creer.

7.

Llegamos a los bordes de un río
y lo vimos desplegar
sus venas desde el muelle,
imaginamos
destinos diferentes para el barco.
Después, arrodillados
encorvamos las palmas y con ellas
fabricamos un cuenco de piel
y hueso que llevamos a la boca,
sobre las líneas de la mano las piedritas
brillaban refractando el sol.
Cuando el agua discurría
el brillo se apagaba:
no había oro allí sino reflejos,
un efecto o defecto de nuestra percepción.
Y entonces esa nimia
arena endurecida ya no tenía valor,
era arrojada
por nosotros mismos o ni siquiera eso,
la dejábamos caer con displicencia,
las manos relajadas, sin vigor
no retenían
nada entre los dedos.

9.

Algunas veces, pensar en el final
no nos condujo a nada
pero otras
fue bueno vislumbrar las consecuencias,
saber que estábamos
en pleno movimiento y éramos
pura órbita, un campo o una esfera,
en fin, la superficie
donde se desarrollaban,
en apariencia, ciertos hechos,
la sede
que un albur eligió para expresar
los detalles de una trama innecesaria.
Después

III

En el frío invernal
venía del corazón una pequeña llama
que se avivaba cada vez
y abierta la ventana dejábamos entrar
para amainarla un viento calmo
o una tempestad a la que el fuego
resistía heroico.
Sabiendo que nada se repite, nada es
dos veces, quisimos alargar
el sueño compartido,
volver hondo el agujero del amor
como si en nada fuera un agujero
sino la esfera de la risa,
el alimento, un hilo plateado
que ataba nuestras horas a la fisura eterna,
pequeñas grietas donde corrían los besos
por la cascada del sueño detenido

IV

Agotamiento era
que las gotas sonaran en la losa hasta acabar el agua
así los pensamientos y los músculos
llegaron hasta el fin,
flores marchitas que siempre sorprendían
porque algo más
había y algo más
en la cadena infinita donde el sueño
no bajaba los párpados, vigilia
del corazón empecinado
con el galope de una explosión solar o un viento liso
despeinando la arena de la playa,
era la fuerza al límite
y no como huracán sino el agotamiento
de la vista diluida en la luz o la palabra
que disolvió la voz.

V

Tengo memoria
de aquél sol, quizá el más bello
que haya visto, de las piedras
molestas salpicando
los pasos de mi hija en el camino
y la neblina previa,
de cómo amaneció y de mi certeza:
ya no vería la noche ni la luna
en la fosforescencia de los pálidos
objetos de la casa
que al apagar las luces recortaban
la oscuridad como fantasmas

VII

Tan tremendas las tardes
cayendo sobre el tilo y el gomero, grisáceo
el peso de una sombra que volvía
opacos nuestros corazones
de chicos que sabían del ocaso por el rostro
rasgado de la abuela o por la pérdida
de brillo en los duraznos
al despuntar la noche
lentamente
infatigables piernas de criaturas
tropezaban en las lajas del camino
tomando cicatrices de una vida reciente,
era a la hora en que la tarde
empezaba a despeñarse
y todo lo quedo, lo varado
bramaba su callada resistencia a declinar
sin haber conocido
más libertad y plenitud, su fusión
con el sueño,
en esas parcas tardes las hojas del gomero
o el tilo estáticas se iban diluyendo,
liquidando la luz
que provenía de la tierra
donde nacían constantemente hormigas, orugas y raíces
a condición de que murieran siempre

VIII

La tarde se veía
morir desde la altura del gomero
frondoso, la carne de esas hojas
atadas a las ramas que se erguían
en delgado zigzag,
los fósiles de piñas ya resecas
desparramados en la tierra húmeda,
el césped que empezaba a cobrar fuerza
lejos de las raíces y crecía
bordeando los caminos,
y todos los detalles
que hacían a la vida y con la nuestra
a la vida de un mundo que no conoceríamos,
prolífico y remoto el devenir
como si fuera un dios de arcilla colorada
creaba paso a paso las más casuales formas,
sus grandes manos gozaban moldeando
otra apariencia de las mismas cosas


La mesura

II

Costean las vías los árboles de julio,
la curva de Díaz Vélez
es un río de hojarasca que se afina
hasta hacerse invisible entre los autos.
En la tarde brumosa el vapor sube,
un mismo vaho mezcla
perfume y pestilencia.
Toda mi vida
esperando esta ciudad que ahora
aplasta una nube densa
pero hermosa,
como el alivio de repetirme y olvidar
una acción personal y doméstica
más vasta que un país.

………………..

coda

El viento va hacia el agua y el día a la noche,
así todas las cosas que se miden, se siguen
mutuamente
sin encontrarse nunca.
Hacia el viento

A Serena


Aire irrepetible que llama al movimiento,
como pisar dos veces las arenas de un río.
Algo pende de la rama aquella, algo
idéntico al recuerdo
que barre la lluvia nuevamente.
En remolinos las hojas, la pinocha
las ramas que una acción desconocida ha vuelto trizas.
¿No existen responsables en el bosque?
quizá nosotras
por regresar a la frescura de los pinos, haber estado
en la humedad de la tierra,
volver, ¿quién sabe? Se oyen los pájaros,
se cuela como siempre entre los nidos
el mar sonoro.
Cerca, atravesando las casillas
la ruta gris nos arde en los pies, los pasos
que no haremos dos veces.
Con el atardecer, en bicicleta
por la ladera que rechaza la ascensión,
la gravedad repele nuestro esfuerzo
modesto de trepar
al llano oscuro. Veremos otra vez morir el día,
disolverse las horas, transformada
una cosa en su aparente opuesto.
Pero de este enfrentamiento nace el mundo
que multiplica y divide su camino.
Como los dos sentidos de la ruta,
así también nosotras
estamos avanzando hacia la noche,
extrañas que parecen
confiar más en la luna que en sí mismas.
Y cuando todo baja,
estrellas en las manos que resisten al sueño
buscando comprobar la realidad.
Andar a tientas,
pisando las raíces que se elevan
y se vuelven tramperas sobre el monte,
el ramerío seco
guardando en el arrullo de su empuje
el canto de las aves, el eco vibrante
de los grillos. En este bosque
la maldición separa a las personas
como un abrir de pétalos.
Un pimpollo abandona
su gesto ensimismado, el excesivo
cuidado de la luz y del oxígeno. El centro
estalla donde el bosque estalla
y es el amor humano
el resplandor
que los ojos refractan y convierten
en su punto de mayor oscuridad.
En la fuga del camino el sol nos ciega,
la tarde es plena, indeclinable
un recorrido
infinito nos atrapa, cierto oasis
de futuro continuo. Sucede así en la ruta,
porque al mirar hacia delante nada
parece tener fin,
si acaso fuese el mar que va y que viene
todo sería distinto.
La caída del sol sobre la playa
alarga las sombras de las cosas
que permanecen en el mismo sitio.
En cambio en el camino
nadie en el mundo,
ni vos ni yo, ni las casas están quietas
y en conjunto avanzamos
hacia el fondo variable.
Pero de pronto algo
cae compacto, parejo, sin errores,
no queda un resto fuera de este frío.
¿A dónde estás? Parece
que se pierde mi voz entre los árboles,
más gritan los pichones metidos en sus casas
o el mar que siempre vuelve. No,
el mar suena en la gente
como un clamor constante, en cambio
en esta voz que te pregunta
se escucha intermitencia, altisonancia,
la variación más débil. Las palabras ignoran
el curso inapelable, progresivo,
que si la lluvia cae, aún si gira
un huracán dentro del bosque,
su fuerza individual, devastadora
es condición también de una rutina
furtiva entre las rocas.
No es más que eso la vida.
¿A dónde estás? Pateo
las ramas desprolijas, el desparramo es obra
de los años y de la tenue brisa transformada.
La pelea de otros
decide el territorio y no aprendemos,
imposible parece rendirnos ante el bosque,
el viento, o lo que sea que nos lleva.






La inquietud

V

Dice
cuando rebalsa el corazón
también estallan
palabras en la boca.
Un corazón inquieto
busca siempre
allá donde no encuentra.
Que las pasiones
enturbian la razón y el corazón
se pierde en pensamientos.
Es uno
y no intentes amaestrarlo,
conformar su apariencia.
Afuera es como adentro.
Que no lo calmes, dice
ni lo ensucies
creyendo que es de otro.

Los pájaros

II

Vinimos
para remar a favor de la corriente,
sin embargo hay una agitación
en lo pasible de los días y las noches,
el variar de los climas, las estrellas
que titilan o se esconden.
No es todo igual,
ninguna noche se parece a la siguiente
y en todas siempre el sueño y el insomnio.
Como si hubiera paz en lo que se repite,
un movimiento sísmico, una pausa
y la vuelta del temblor.
Ya sé, no me lo digas
no puede mi intención
cambiar el devenir, lo sucedido.
Amenaza el azar, y la esperanza
repone la ilusión de un orden personal.
La casa es sacudida
por algo imperceptible y cuando extraño
tu voz, miro los árboles
quietos en su sitio.
Si vivo acá es por eso,
no tengo más razón que el verde idéntico,
los pájaros, el paso de los hombres
que van a trabajar y los que vuelven,
el ruido de los autos, los partidos de fútbol.
Toda la impermanencia se compensa
con esta especie de ritual, mirar
por la ventana y ver lo mismo.
Que sean, dice, las noches
y los días.
Y es esto el regocijo, descansar
donde mi corazón no lo imagina.

III

Si yo fuera el gorrión
que una noche calurosa de diciembre
se sentó en una rama junto a otro
y se puso a cantar.
Y yo quisiera serlo,
silbar el tiempo que dure la canción,
cosquilla en la garganta o nerviosismo
por el ritmo inevitable.
No cantar más que eso, ni volar
si el aire está tan quieto que no ayuda.
Quedarme junto a otro repitiendo
la intimidad, la forma del amor,
vivir con calma las pausas solitarias.
Quiero decir, si yo
tuviera esa sapiencia que indicara
una razón real para quedarme
o salir a buscar.
O si supiera dónde y cuándo
los momentos elevan su señal,
si mirara el azar con ojos plenos
sin estos torpes
fragmentos de memoria,
no quedaría nada en el camino
ni sentiría vergüenza del error
o del deseo
que a veces son lo mismo.

Paula Jiménez



Paula Jiménez es psicóloga y escritora. En poesía publicó "Ser feliz en Baltimore" (Nusud 2001), "Formas", libro y cd junto a la cantante Valeria Cini (Terraza 2002), y "la casa en la avenida" (Terraza 2004), con el que obtuvo en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes. Sus libros "Espacios naturales" (poemas) y "Pollera pantalón" (narrativa) permanecen inéditos. Su cuento "Aventuras de Eva en el planeta" fue editado en Barcelona, España (Urdiales 2005). "La mala vida" (libro de poemas) está próximo a editarse por Bajo la luna. Textos suyos integran diversas antologías argentinas e hispanoamericanas. Es colaboradora de la revista "Hablar de poesía". Coordina talleres desde 2001.

SANTIAGO SYLVESTER

  • "Tal vez funcione la lógica conectiva, en la que una cosa trae la otra, y así aparecen las orejas de los poemas: después hay que sacarlos".
  • "...sucede que, una vez que ha aparecido el asunto central, todo lo que leo, aún lo más lejano, se orienta en la misma dirección".
  • "Los poemas aparecen en y con palabras. Ahí es donde los encuentro, aunque el tema sea la vida real, la calle o un café".

Esa pregunta me hace dar cuenta de que soy muy poco ritualista. Tal vez esta falta de rituales termine configurando algún ritual, como por ejemplo anotar frases, ideas, en pedazos de papeles sueltos que siempre tengo a mano, y después pulir al pasar en limpio lo anotado. Las notas puedo hacerlas en cualquier lugar o situación, aunque predomine mi propia casa, sobre todo cuando estoy leyendo. Tal vez funcione la lógica conectiva, en la que una cosa trae la otra, y así aparecen las orejas de los poemas: después hay que sacarlos. He escrito con y sin plan, aunque en algún momento los poemas se terminan ordenando alrededor de algo: tengo varios libros con tema unitario, y eso responde necesariamente a un proyecto. Toda mi vida ha circulado alrededor de la lectura, pero no hago investigaciones ni lecturas especiales; más bien sucede que, una vez que ha aparecido el asunto central, todo lo que leo, aún lo más lejano, se orienta en la misma dirección. En cuanto a la corrección, no suelo dejarlos descansar porque soy obsesivo con la escritura, y ella conmigo: una vez que entramos en contacto, no nos dejamos en paz. Mi método de trabajo podría resumirse en la fórmula: escribo rápido y corrijo despacio. Con la corrección soy bastante maniático, y tiene un aspecto que francamente me da placer. Los poemas aparecen en y con palabras. Ahí es donde los encuentro, aunque el tema sea la vida real, la calle o un café.



SANTIAGO SYLVESTER



POEMAS DEL LIBRO "CALLES"


(Calle oblicua)



MIRO hacia el fondo de esta calle oblicua, sigo
mi mirada para ver qué hay al final: y al final
estoy yo hace diez años
preguntando por mí, por
cómo seré con la suma parcial: es decir
ahora.
Al final
de esta calle, yo, haciendo cuentas de lo que vendrá,
cuál será mi opinión, declive
o recompensa.
Y aquí estoy,
el inactual: un sentido que toma un autobús, una angustia
que va de compras, lee una carta y saca fotos,
una inestabilidad metódica que mira hacia adelante: hacia
dentro de diez años
para ver qué seré, cuál es la dirección para llegar allá.
Y al final de esta mirada también estoy yo,
si es que soy yo
ese que mira para ver qué hago por él en este instante en que cruzo la calle
con la doble pregunta que se ahoga
sobre un solo eje.

(Santo Domingo de Silos)


ARRIBA, las estrellas con su gran muerte luminosa, en
la paradoja de una manera brillante de morir: apagadas
hace años: y
quién lo diría con ese coro que derraman sobre quien las ve,
este asombro de no saber qué vemos.
Como nosotros, que somos también
rastro de una manada que dejó su sonido: tanto
conocimiento que pasó, tanta convicción golpeando
con su martillo abstracto: las palabras
que nunca entenderemos, los restos
de una acumulación gratuita.
Como
nosotros que miramos hacia arriba para ver las estrellas,
y ellas nos adiestran en
la fascinación de lo que ya no está.
Como
nosotros, cuando ya no estemos.

(Hinter Der Grieb)



TODAS las palabras de esta calle son extranjeras:
en esta calle
no están las palabras de este poema.
Hay
zapatos traídos de otra lluvia,
una bolsa con forma de vientre: forma
de recibir lo que no está
ni entra en el poema,
la baranda de una casa cerrada en la que me apoyo
como quien ejerce una traición: la de incluirla en este poema: total, la traición no rompe el orden porque
está prevista en él.
Aquí,
el Peñón de Gibraltar que conocí en primavera
y era una asfixia con vista al mar; la rue
de la Lanterne, que ha desaparecido, pero
aún se menciona la soga en la casa del ahorcado;
el siglo XII de esta era, que tiene una composición de
caballero en su armadura
y otra de fraile crepuscular;
el
hombre que pasa hablando para sí; mi madre que
habla para sí cuando reza por sus muertos
y los enumera con el índice en la palma de la mano;
la fábula sin moraleja, donde es más visible la estructura
accidental del idioma;
el idioma accidental de esta calle: palabras extranjeras,
zapatos traídos de otra lluvia
y bolsas marsupiales que
suponiendo lo contrario
entran en este poema con palabras que tampoco estaban por aquí.

(Avenida de Mayo)


NO dejen de existir: no
dejen de volver la cabeza para ver qué pasa: de reclamar compostura.
No importa si esta tarde se expande en un sentido erróneo
o si alguien sigue empeñado en la
cuestión griega de la totalidad.
Lo que cuenta
es la mujer sin rumbo que inicia una charla, los espejos del café, los colegiales que juegan en la vereda ajenos a la demolición: lo que cuenta
es la demolición, las ventanas atónitas, que muestran nubes
donde había recogimiento, las vigas al aire y
la violenta determinación del derrumbe
que contradice los propósitos porque
toda casa se levanta para siempre.
Lo que cuenta es
la decisión de existir: futuro interceptado en
su larga marcha hacia el futuro,
más la abundancia del pasado que se reproduce
y que debemos juntar.
NO viven solas las historias: se tocan,
se comunican con otras,
giran
sobre sí
hasta ahogarse en la memoria o enredarse en la rápida
marejada que unas veces se llama porvenir,
otras pasado.
Lo importante de la lluvia no es sólo la lluvia sino lo
sacramental: el aire fino en las narices, su repique en
un techo de zinc,
el bosque que se iba abriendo hacia Jujuy cuando batía el
agua en La Cornisa
y la pala
removiendo material orgánico en
continua relación con lo que vendrá.
Todo en relación
hasta unir lo incompatible: que vayan juntos
el Teatro de Moscú y la desaparición de Esteco: el Popol Vuh,
donde las grandes palabras y los grandes hechos hablan de lo mismo,
y el resultado es este planeta del que nadie sabe más
hasta que canta el gallo o alguien
nos tira el cable suelto de la celebración de los contrarios.

(Reconquista y Córdoba)


EN esta esquina se habla solo: solo
y a gritos como
si hablar fuera otra cosa: y lo es.
Lo difícil
es darle sentido a todo esto: aquí
no se habla de otra cosa.
Un chico
todavía pulcro, con acento del norte, me pregunta si el barrio
está cerca: simplemente el barrio, sin saber a dónde va
con su helado en la mano: recién llegado
a esta esquina en la que se habla solo: y
es fácil adivinarle el futuro: el futuro no existe, pero
lo va exhibiendo su cara indefensa, su pregunta abstracta.
No existe
pero es fácil: lo difícil
es saber dónde está el barrio
y que tenga sentido hablar en esta esquina.

(Königsberg)


LLEGABA hasta el borde de la ciudad, donde cedían las
últimas casas: nunca
pudo Kant cruzar esa frontera: nada de excesos en torno al asunto de los límites;
así dijo las raíces del exilio son interiores: las raíces
también retrocedían, se replegaban temerosas
de cruzar esa zona del corazón
con los cuidados de la angustia.
Königsberg
fue su invernadero: su ideal
no era comer en restoranes y vivir en hoteles, sino la
precisión:
un cerebro volando en línea recta como un desafío
y un privilegio: el de construir
el paisaje, su escenario fiel
y mimarlo por ochenta años: un triunfo de la elaboración
para quien sabe que darse cuenta es aislar, que yo
es representar una idea: amueblar el mundo, y
en cuanto a la vida
vivirla como
una cuestión intensa que no llega a suceder.

(Costanera)


¿CÓMO es que habiendo sido sembrados al voleo
estamos siempre buscando precisiones?
Unos viajan, otros
pasan la vida mirando mapas;
unos
están atentos al sonido, otros a la etimología;
unos saben la norma
otros la excepción; pero todos
buscamos ideas recurrentes: a ver si se explica todo esto.
El sol se pierde antes de salir: el hombre mira por la ventana
y hace planes para la pesca: carnada, anzuelos, un termo de café. Los álamos son otra idea recurrente y el sol no
atina sobre el río bueno para la pesca.
Lo que no está claro es el conjunto: pescador o viajero
son sólo resultado;
y si hay un sentido,
consiste en aventar el fuego
y olvidar lo inestable de la quemazón.

(Avenida Santa Fe)


TODA esta gente, aún sin saberlo,
tiene opinión sobre nosotros: nos da la razón, discute, habla
en contra o a favor:
y todos, aunque
no lo sepan,
necesitan dos oportunidades: la primera, para la impostura; la
segunda (y
siempre que haya suerte), para mostrarse como son.
Ese hombre angustiado
se despierta a medianoche para saber cómo está,
aquella mujer no termina de cuajar en estilo; lo peor
del exhibicionista
no es lo que muestra sino lo que oculta;
¿y qué haremos con ese hombre pomposo que, cuando habla,
no se apoya en su opinión sino en su cuenta bancaria?
Sólo la variedad
justifica esta abundancia: ver
es verse, pero el riesgo consiste en lo contrario:
no advertir que, al mirar,
nos estamos mirando: salir
a no mirar,
y que esta calle no exista para uno.
¿QUIÉN ha dicho que la vida no tiene sentido
sino forma? Alguien lo dijo
y ha de tener razón, considerando el exceso de certezas,
el malentendido que golpea la puerta:
ha de tener razón,
como el reflejo luminoso del cartel que hace equilibrio sobre
el agua negra.
Abro la ventana;
entra con la neblina el día completo: algo de alegría y algo
del vuelo dormido de los grandes pájaros,
la muchacha que flamea feliz en sus sandalias, el cognac cercado por la fábula del invierno:
una especie de generosidad que nos induce al futuro.
Forma o sentido,
la respuesta queda fuera.

(Gran Vía)



NO hay cómo aburrirse con el azar y menos
si colabora la memoria.
Uno
cree, por ejemplo, que el Teuco está ahí con su coñac
pero es la memoria la que lo ha puesto a conversar con uno: y
él habla con el alivio del que no necesita hablar:
la facilidad con que se llena una silla vacía.
O al revés: el azar
lo ha puesto ahí, y él está diciendo que no está, siempre con
su obsesión de estar en otra parte: aquí
cuando no es cierto: de viaje
si está sentado aquí tomando su coñac.

De modo que
no hay cómo aburrirse: vamos al ir
diciendo lo contrario: sólo si se está en una ciudad
se puede estar en otra y al fin estar en ambas
contando con esta situación para seguir el diálogo.
Y así
seguimos los dos desatando el mismo ovillo
que por lo que se ve
no acaba.

SANTIAGO SYLVESTER

Santiago Sylvester nació en Salta, en 1942; vivió casi veinte años en Madrid y hoy vive en Buenos Aires.Ha recibido los premios Sixto Pondal Ríos, Fondo Nacional de las Artes, Nacional de Poesía y Gran Premio Internacional Jorge Luis Borges. En España, recibió el premio Ignacio Aldecoa, de cuentos, y el Jaime Gil de Biedma, de poesía. Ha publicado doce libros de poesía. Entre ellos, Escenarios, Ed. Verbum, Madrid 1993; Café Bretaña, Visor, Madrid 1994; Antología poética, en la colección Poetas Argentinos Contemporáneos, del Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires 1996; El punto más lejano, Ave del Paraíso, Madrid 1999; y Calles, Ediciones del Dock, Buenos Aires 2004.En 1986 publicó un libro de relatos, La prima carnal; Anagrama, Barcelona; y en 2003 un libro de ensayos, Oficio de lector, Alción, Córdoba. En 1998 realizó una edición crítica de La tierra natal y Lo íntimo, de Juana Manuela Gorriti; en 2000 publicó El gozante, antología de Manuel J. Castilla; y, en 2003, la antología Poesía del Noroeste Argentino. Siglo XX, publicada por el Fondo Nacional de las Artes. Dirige la colección de poesía Pez Náufrago, de Ediciones del Dock.

RICARDO ROJAS AYRALA

  • "Simplemente acostumbro instalarme frente a la computadora portátil contagiado de una fe, tan ciega como inexplicable, e insisto en la lidia con esa obra literaria tan intermitentemente trascendente en la que, todos los atormentables tozudos que despuntamos este viejo oficio artesanal, malgastamos la sangre, la exigua salud y el buen nombre".
  • "Hay una ensayadísima espontaneidad al escribir mis cosas".
  • "Un plan que de tan meticuloso es una parodia pantagruélica y paratextual, si se me permite, mis amigos".
  • "Hay tal procedimiento y pretende ser una sucesión de acciones, sencillas, metódicas, políticas. Tan candorosas cómo: sólo se escribe solo. Solamente. Solo. En cualquier sitio. Todo el tiempo, o nunca. Según. Se escribe contra todo. Apoltronado en la silla que se ponga a tiro. Contra el amor, contra el odio, contra el dolor, contra la muerte, contra la vida, contra la poesía, contra tanto asesino suelto. Con lo que se logre tener a mano".
  • "Por las ideas, son las que vienen de cualquier sitio. De la calle, de una conversación casual, de otras lecturas dudosas. Pura ideología. Andan sueltas por ahí como si tal o cual cosa las conmoviera tanto. Por el trabajo, en el descanso, en el andén equivocado, en las marchas, en los velorios, en los carnavales o en las cuaresmas más sentidos. Viajan, en la psicología de una despreocupación perpetuamente polisémica. Pero al hallar el tono, se tiene la piedra de toque".
  • "Escribir siempre es un pequeño acto político de afirmación. También, vos dirás y es cierto, un gran acto religioso de febril negación. Religare. Ésta es la cuestión. Un cómo iterante. El quid del meollo del embrollo. De juegos así, aún, se puede enfermar y no es otra malograda metáfora. Las puntas que se conectan entre sí como un trastorno orgánico, en el sentido de esas mismas palabras. De un modo infinito o categórico. El laberinto tan famoso por lo absurdo. Al elegir estos pensamientos. Al seleccionar. Al tratar con las ideas y los sonidos propios de una lengua personal".

No soy muy afecto a los rituales, o, dicho con un modo más feliz, no soy capaz de discernir los ritos mínimos a los que soy tan afecto y, en consecuencia, carezco de la aptitud adecuada para viviseccionarlos en estas sencillas apostillas. Sí noto, en este preciso instante por ejemplo, que para escribir alguna cosa, en un acotado e inestable remanso de tranquilidad, deben subsumarse un mar de libros sobre mi mesa de trabajo, dos destartalados diccionarios a mano, un Moliner y uno de sinónimos, y un caos cientológico de papeles en blanco donde anotar una sarta interminable de cosas, frases sueltas, palabras en desuso, retruécanos pasajeros, alguna paragoge irónica e hipnótica, que luego utilizaré en vaya dios a saber que otros venideros o inexistentes textos, que serán pomposos ad-láteres de la pueril pretensión de cambiar mi forma de ver el mundo para siempre. Tampoco llego a ser un exitoso cabulero, bien de bien, ni nada por el estilo, del arquetipo ese, tan entrañable y rioplatense, del inolvidable escriba que necesita apurar tres sentimentales vasitos de ajenjo o pernoud en la tumba de Pizarnik, en el escenario bastante deprimente de un olvidado cementerio de Avellaneda. Pero, ¡atenti al ladri!, nunca suelto zancadas, desaprensivamente, por debajo de una escalera con amenazantes pintores latinos encima, asaz afectos a la risa fácil; ni suelo pisar, con mis coturnos viejos, imprecisas baldosas flojas después de la aniñada tormenta que vos ya sabés.

Además, sí suelo tratar de acariciar, en toda circunstancia, los animales callejeros del mundo dueños del más variopinto pelaje, diseñado por los zurdos y fantaseosos naturalistas de siempre, que se me acercan de un modo algo más sistemático e indiferente que halagüeño.

Simplemente acostumbro instalarme frente a la computadora portátil contagiado de una fe, tan ciega como inexplicable, e insisto en la lidia con esa obra literaria tan intermitentemente trascendente en la que, todos los atormentables tozudos que despuntamos este viejo oficio artesanal, malgastamos la sangre, la exigua salud y el buen nombre. Generalmente estos estados, falazmente lisérgicos, me asaltan en las horas tempranas de la mañana, o en las postreras, que han sido abandonadas por el vilo de la noche, ya entrada su debacle. Jamás dejo de estar acompañado por mi sanchopancesco mate amargo, pletórico de yuyos cualunques, cooperativista y fiel en estas precarias empresas de la letra. Y siempre se me ocurren cosas, tanto en el tiempo libre para, como en el tiempo libre de. Pero estos horarios, harto antojadizos, confabulan con los que presto al derramar mi fuerza laboral en otra actividad, absolutamente extra-literaria, que me paga una escurridiza y necesaria prodigalidad.

Todo ello, luego, da a decantar en la pequeña posibilidad de poder escribir, un poco-bastante en paz, no tan ajeno como quisiera de las tontas urgencias y esquizoides tráficos de este capitalismo de pacotilla. Como dice, otro gran escritor, "he abandonado esos bares" (Muxica, dixit). Pues he dejado de prestarle alguna atención, al escenario donde me asaltan estos ínfimos y continuos raptos de escriba. Quizás porque me resulta tan agradable, en su demasía, la luz de esas ondas usuales, y secretamente corpusculares, que irradian los 100 wats, en el rescoldo despejado de mi sencillo estudio, y he podido abandonar esos bares. Sea.

Nunca accedo a la geometría unívoca y plana del papel de 80 gramos hasta no entender terminado, por vez primera, el texto en cuestión, tan sospechosamente empedernido en definitivas maneras. En tanto, la letra manuscrita, me ha abandonado en estos movimientos pretendidamente tan originales y, su lápiz, germina en el perenne olvido de los sutiles esquemas y los jarrones muertos. Un no puédase establecerse exactamente cuándo, corroe un tanto y a mí quítame esas pajas.

Tal vez el ordenador, de una practicidad brutal, se convierta en algo más que ese fundamento egoísta y buen burgués en sus permanentes ojaláes, y en sus infelices aquí, tanto mejor, yo colijo cualquier otra cosa.

La presumida animalada tecnológica tan actual en su palurda domesticidad. La quimera del no confort es apenas otro grado de la comodidad, lo sé. Pues, así también, al escribir, se me antoja la monocorde preferencia por el peor silencio al mejor Chopin. Hay una ensayadísima espontaneidad al escribir mis cosas.

Un plan que de tan meticuloso es una parodia pantagruélica y paratextual, si se me permite, mis amigos. Por ende no puedo comulgar sólo con lo que va saliendo, no conozco, ni domino, esa tal salida de emergencias que nos abandona a la frescura y a la lozanía de lo que se adolece, en la primavera de los textos. Esto, claro, no es más que una irrecusable imposibilidad propia. Qué, igual, hispanoparlantes uníos, "todo es literatura" resultó no ser una jactancia y a otra cosa. Bastaría continuar siguiendo la línea de la perífrasis a un tal Muñoz, poeta: diga que la poesía es grande y entramos todos. Los textos que me suceden, a mí, son del tenor de los fingimientos mayores, un trotecito campechano tras el disparate del conjunto organizado de las cosas y los pobrecitos hombres que hacen, lo que pueden, mientras se dejan explotar como si no tuvieran otros problemas mayores. La investigación se torna entonces inevitable, tan caótica como meticulosa, igual a la tabla del ocho cuando cualquier cristiano alienta la idea de algún infinito enérgico o confiable.

Los libros relacionados, los libros que no tienen nada que ver y se oponen, los estudios comparados por chamanes, los discursos políticos, los textos fronterizos, los latinos, los mamotretos obligatorios en la casa de altos estudios, la bibliografía menor, las ponencias oceánicas, los manuales universales, los líbelos y los brulotes.

Como siempre, al repetirnos, lo aleatorio se amanceba al calor de otros textos, como algún avivado Menardo le dijo a Píndaro, hace rato, los libros vienen de los libros, viejo.
Y esta perogrullada, tan ingenua, encierra tantas toneladas de verdad como un lirio cárdeno.

La correción es un droga, nerviosa y adictiva, tan poderosa e imprescindible como la gloria sin par o el loor indiscriminado. Una vez que se tiene la desgracia de habituarse no se la puede abandonar jamás, ni con una andanada de ademanes de cuáquero barbado que añora. Contra tal situación, qué se puede esperar de un simple y ordinario escritor: se corrige y se corrige y se corrige.

He dejado descansar, como varios de mis coetáneos de más probidad, muchos textos para que leven en su talento. Éstos, por cierto tipo de complicidad inextricable, han condescendido a soltar su propio moho y eso me ha servido, casi siempre, para anular y reescribir, en el ordenador, como un loco sin correas. El nuevo problema, aquí, suele ser la infinitud de las versiones. Desde una de tal fecha, digamos: verano, que depara un pasado tan remoto como inspirado en su vellocino dorado. Hasta otra, anclada en el futuro, primavera, que parece ser tan lejana como impagable en su promesa. Cuando siempre hay, hasta la náusea, otras y otras versiones posteriores que mejoran, un ápice, el asunto. O hasta que uno dice punto, mi viejo, punto, y sanseacabó.

Publicar, será entonces, lo que permite rematar un texto corregido, de una buena vez y en beneficio de todos los morochos de buen corazón.

Hay tal procedimiento y pretende ser una sucesión de acciones, sencillas, metódicas, políticas. Tan candorosas cómo: sólo se escribe solo. Solamente. Solo. En cualquier sitio. Todo el tiempo, o nunca. Según. Se escribe contra todo. Apoltronado en la silla que se ponga a tiro. Contra el amor, contra el odio, contra el dolor, contra la muerte, contra la vida, contra la poesía, contra tanto asesino suelto. Con lo que se logre tener a mano. En la habilidad fugaz con la que muñe el obscuro ingenio que se aprende a dominar, con mayor o menor suerte.

Acá y ahora, porque existe un antes, y escribir siempre es tomar partido. Así ha de establecerse un trato imprudente con la literatura, en la médula de la ignorancia de una cuál famosa angustia ante la hoja en blanco y el funámbulo de resultas.

En lo literario, la inspiración no tiene el más mínimo significado. Cuán sencillo trabajo con la letra, dónde, al no haber tales misterios, hay dudosas musas y otras obscuras substituciones.

Toda la caterva de los peores textos, que pululan por suplementos literarios y esos tan becables sesudos dossier de autor, y que, además, fundamentan tres movimientos extemporáneos, afectados y nulos, son apenas un exceso de inspiración.

Siempre se lidia con esas mismas dos o tres cosas. Sobre las que se intenta escribir algo tan amorosamente trascendente. En medio de una ideología de la razón un tanto más abrumadora que cándida, que logre vislumbrar algo más que un perpetuo tornar, de un desamparo a otro, en rimas de arte mayor o parrafadas interminables. Lejos de la perplejidad cómplice ante el estado perentorio y crudelísimo de las cosas. Desde hace, supón estimada amiga, unos dos mil quinientos años. No hay tamaña grandeza en eso. No hay, tampoco, ni tal capciosa rabia ni tal tremebunda furia. Hay, de haber algo que haber, quizás, tal pequeño y artesanal oficio.

Lo veramente admirable de ese tópico reside en la perpetua sucesión y en sus revoluciones. La hebra de incierta humanidad que no cesa en asentar juicio en la tosudez y apaña un presente engañosamente implosivo. Aún, de modo ficticio, cuando se decide participar o no en la Historia. En la mayúscula, se puede beber esa cicuta. Vos podés llegar a decir: nada más que una simulación, nada más que una piedra que cae o nada más que un teatro mudo.

Tras la delicada obviedad de la poesía, claro, que hierve en todos lados: en ese árbol que cae sólo en el bosque y nadie lo ve, en la delicadas estampas de Hirosigué, en la eneava y predecible puesta de sol, en la cabeza marrón del perro que nada frente al tsunami, en la negativa de Mohammed Alí, etc. Entonces, el hermoso y sentido arte de hacer primorosos versitos es otra cosa, bastante menos ambiciosa y bastante menos efectiva. La ceremonia de escribir funciona en el como sí, al armarse un sistema. Una torre de Babel tan propia y personal como desmesurada en su capricho. El sistema, en cuestión, siempre es la subversión misma. El atentado literal. Podría ser, en tal caso, la sumatoria final de esa meticulosa y desorbitada diagramación previa. Una exageración al investigar, en general, exhaustiva incluso en su imposible. Sobre un tosco asá que apenas se delimita, pero se piensa hasta el hartazgo como una nueva rueda. Una intensa fiebre del entendimiento y su voraz ejercicio en consecuencia. O aquél ordinario dispositivo poético que establece, sin hesitar, lo que se puede abarcar sin semejante error. Ahorcajar. Apropiar. Planearse una obra propia. Un recorrido tan peculiar como privado. El arbitrio de limitar porque sí permite hacer un recorte firme, vecino. Una raya tan indeleble, aunque fosforescible, de salida. Partir. Ergo, todo ello es lo que aún provisorio "no me te se permite una obra". Marcar con un cruz, ahí, justo ahí. Ahí empieza la frase. Cualquiera. La incorrecta asa de la escudilla santa en la reforma perpetua. Sin dejarse arrastrar ni por la adoración del presentimiento ni por la inquisición santificable. Arrancar. Para acullá. Empezar por elegir. Mejor, establecer un probable y seductor teatro de operaciones. Qué otra altisonante y salvaje pretensión más que la de girar sobre una idea. O dos, o tres. Tormentar. Esas ideas, en un primer momento, que creen abarcarlo todo. Un texto, el libro. La posibilidad de la enciclopedia. Que simulan tragarlo todo. Que desean taparlo todo. Que sueñan con cambiarlo todo. Y se presentan, antes ilusas que cívicas, como inconmensurables. Mejor dicho, se muestran bastante peor que inmediatas.

Pero luego, al manipularlas, al trabajarlas... ¡Por favor! Pánfilos pulimentos. Tamizadas en un resultar que convalida la aparición de otras versiones plagadas de palabras. Rebosantes de palabras. Pletóricas de un vocabulario que sirve de eficaz carta de marear. Solitas, cansadas, válidas, revolucionarias, embrutecedoras y maravillosas. ¡Ja! Impías e insignificantes plurisignificantes pero que, de puro locas, aciertan un tono. Al fin: un tono. Le encuentran el sonido correcto a eso y por ahí ya vamos navegando para algún lado.

Y una versión que está abajo, agazapada. "La" otra. Como un tropo leprosario. Esperando el menor descuido para presentarse, alegremente. Esa versión que es capaz de tomar el poder del discurso y subvertirlo todo.

El texto, en consecuencia, va para otro lado distraído y se aprovecha. Recién. Pero hete aquí que ya tenemos agarrado el tono de la cola de caballo. No se extravía, en verdad, sino que desiste del rumbo previo, tan correcto, tan solidario con su tradición. La senda anterior del texto no es, ya, ni recuerdo, pero queda la música, una cierta fraseología que anima ese argumento.

El antígonum leptotus que verdece o se convierte en abalorio. Al encontrarse con algo que parece ser el propio oeste. Algo, de tan nuevo, viejísimo. Lo siguiente. Bastante más impredecible que individual. Ir para donde se infiere un qué, una pregunta. Ahora. Se atina a seguir, a seguirlas, a pie juntillas. O a los saltos de cuál gran charco infausto. Nunca se puede ignorarlas, ni siquiera. Nunca se amolda un lograrlo. Pero decíamos ayer: se corrige, claro, y se corrige, y se corrige. Casi casi, se hace lo que se puede con todo ello. El resultado es asaz incierto pero perdurable en el tiempo. Así funciona, y pasa un año, martillando con esos textos, o dos años o qué sé yo. Cuándo.

Por las ideas, son las que vienen de cualquier sitio. De la calle, de una conversación casual, de otras lecturas dudosas. Pura ideología. Andan sueltas por ahí como si tal o cual cosa las conmoviera tanto. Por el trabajo, en el descanso, en el andén equivocado, en las marchas, en los velorios, en los carnavales o en las cuaresmas más sentidos. Viajan, en la psicología de una despreocupación perpetuamente polisémica. Pero al hallar el tono, se tiene la piedra de toque.

Escribir siempre es un pequeño acto político de afirmación. También, vos dirás y es cierto, un gran acto religioso de febril negación. Religare. Ésta es la cuestión. Un cómo iterante. El quid del meollo del embrollo. De juegos así, aún, se puede enfermar y no es otra malograda metáfora. Las puntas que se conectan entre sí como un trastorno orgánico, en el sentido de esas mismas palabras. De un modo infinito o categórico. El laberinto tan famoso por lo absurdo. Al elegir estos pensamientos. Al seleccionar. Al tratar con las ideas y los sonidos propios de una lengua personal.

Los textos son la especie del escamado y escandaloso Uroboros. Empiezan donde quedaron. Macerados en su propio acervo. En el atascamiento mas pueril y vanidoso. Un codo más acá del abandono. Allá. En ese febril letargo.

Más, de repente, en el texto, aparecen otras cosas. Interferencias nuevas, con su propia música. Se cruzan. Sin miramientos. No increíbles. Brotan, como el manantial bíblico. Mientras pensar, pensar, es cualquier nonsense. Y ahí ocurre, la catástrofe del ritmo. Ése es el momento del hecho en lo literario. La episteme epistolar de la letra. La peste al razonar, en conjunto, todo el procedimiento o todo el resultado por cuatro míseras frases. Una especie de tontera del texto. Un tic. Una ínfima desatención de lo arravesadamente académico. Una pobre manía de salvación por los verbos o por las rimas cadenciosas, y seguimos.

Las palabras que somos tan capaces de utilizar ya vienen con sus ideas propias sobre todo. Encima. Es y no es posible emplearlas vaciadas de contenido. Con un grado de impunidad, tan acorde a esos afanes. Cierta calamidad de la héjira de la literatura. Hay palabras que sólo funcionan en relación a otras. Se disponen cabalísticamente en un compás. O subordinadas a una férrea sintaxis del pensamiento dominante, a un lógica de la opresión. Las palabras saben de esos sencillos trucos. Las palabras que se desbandan, siempre juntas, logran un estilo, al final. Forman un estilo que tanto hiede como vanagloria. El estilo del dueño que vendría siendo, apenas, un obediente amarenamiento, de vez en cuando bello. Idéntico al no estilo de autor. A la no voz del amo. Que es diametralmente distinto a un silencio. Acorde a un signo, que vale, siempre, un nonada, pero cuenta más que cero en el sistema de valor. Aún los de la misma pobrecita calaña. La plusvalía de esa norma es el desasosiego del cannon. Un canon que no es otro estrépito que el fotograma de la mafia. Un ranking, tan famoso, del fracaso de la escritura propia. Un fogonazo tirado hacia la nada de lo que ya está mórbido. Petrificado en su gloria. Ni hay tal centro, ni hay tal periferia.

El que se parece, siempre, es el que perece, inmortalizado en el desacierto idiota de claudicar escribiendo un "cómo" cómplice, escribiendo un "para" acomodaticio, que más que pena asegura otras náuseas y otras componendas más bajas. La causa de la ruina en el mismo registro ruin y en la misma intensidad ruinosa.

Cuando, en lo literario, tanto en la prosa como en la poesía, alarde verdadero o simple acción es todo el resto que, mirá vos qué casualidad, jamás se mensura, tan insondable y tan fértil.

Pues, si del algo más sirve, en mí, al escribir unos sonetos irregulares, un profuso texto cualquiera, una novela introspectiva, un respondido cuestionario o un apólogo fallido, a esta misma altura de los acontecimientos, así semeja ser siendo lo análogo a la infancia del proceso, o su mímesis.

Y, por ahora, no puedo dar con ningún otro prefijo que se asuma como pertinente.


RICARDO ROJAS AYRALA

POEMAS DEL LIBRO "LA LENGUA DE CALIBÁN"


"Las pasiones ocultas se alimentan de la vida de las personas, se esconden dentro de ellas, como los tifones se esconden tras las ciénagas, los montes y los bosques. Todo tipo de pasiones. Por eso en Inglaterra son sospechosos todos los que regresan del trópico."
"El último encuentro"
Sándor Márai








Deseo


Ahora, Clodia mía,
celebremos juntos
la llegada de las fresias,
que antes del alba
nos coronen las estrellas furiosas,
ésta primavera y ésta felicidad
son el camino más largo.

















Horror vacui


Gagarin sabe que la tierra
no es más que una quimera de los hombres,
confinados a este mundo, tan confiados.
Hay algo allá afuera que da pavura,
¿eso será lo que realmente nos mide?
Tan diminutos
los magníficos emprendimientos humanos,
aún los mil seiscientos kilómetros
de la gran muralla china resultan,
en la altura,
un insignificante verme...
Gagarin sabe pero no cuenta,
nada dice,
nada,
apenas sopla su té
que sorbe con estudiada parsimonia.








Tibias porfías


El viento y Plinio:
en el medio de tal porfía castillos, médano,
cuentos y espejismos sospechosos de toda laya,
pájaros que no pueden ser imitados, sirenas, moros,
moscas, ruda soldadesca, molinos,
animales de fuego, toda la china inexplicable,
otros animales que son del mandarín,
un mentiroso llamado Marco Polo
y un espía conocido como Mr. Burton,
el adelantado Don Pedro de Mendoza,
el alba y la aurora, rezos incomprensibles,
infinitos negros con tambores y grilletes,
una montaña de té, las tres gracias,
la peste bubónica, dos monos caí, (...)
Ho Chi Minh, y la nada espesa.
Tantos años después:
piedra sobre piedra en el pellejo del hombre.
¿Con cuál argumento exacto,
más drogados, emperifollados y soberbios,
alguien pretende detener lo que sopla?




La gloria entre las nieves


Bajo cero llegaremos a ningún lado.
La enfermedad es no tener sueños.
El trineo surca el blanco,
raja la inmaculada impavidez de la nieve sólida,
los pasitos de los perros y sus jadeos
son la única canción que conmueve.
Sueña Amundsen llegando al polo sur:
la gloria es la moneda de mi rey .


RICARDO ROJAS AYRALA


Nació en Buenos Aires en 1963. Es escritor. Es Jefe de redacción de la Revista de literatura "Los rollos del mal muerto". Publicó los siguientes libros: Sin conchabo corazón, poesía, Ed. El Caldero, 1993. Fabulosas alimañas de la pampa, narrativa, Ed. El Caldero, 1996. Hazañas y desventuras de Amulius y Numitor, narrativa, Ed. La Bohemia, 1999. Caligramas, poesía, Ed. La Bohemia, 2000. Miniaturas Quilmes, narrativa, Ed. La Bohemia, 2001.

domingo, noviembre 19, 2006

GABRIEL RECHES

Los ritos en torno a la escritura son móviles, pero siempre hay adherencia a alguno, o más bien, a la ilusión de un rito que nunca llega a ser como debería, y que de serlo, abriría paso a un poema que, finalmente, tampoco llega a ser como debería. De ese modo, en ocasiones resulta bello y hasta cómodo confundirse y modificar ritos en vez de modificar textos.
Ay, ay, escribís en un bar. Llega un momento de la vida en que ningún texto puede superar la perfección intrínseca y compleja de un licuado de durazno y un tostado mixto servidos por un mozo de blanco en la mesa de madera. En ese momento, el ritual reemplaza al acto de escritura. La poesía queda únicamente como experiencia íntima. Algo que se saborea en el paladar sin que otra lengua logre entrar ni salir. Lo mismo puede suceder con la noche, con las mañanas, con el cuaderno artesanal, las hojas cuadriculadas, el lápiz cuyo trazo nunca es definitivo, el roller y su apariencia de accidente, el viaje en tren, la notebook en la hamaca paraguaya o el reverso del boletín de un hijo. Al fin, el metatexto del rito es la huida meandrosa hacia el ego, la ilusión de una ceremonia de sentido que nos tendría como protagonistas. Después de miles de años de historia, ningún poema fue tan necesario como la rueda.
Desde que tengo hijos escribo con un plan previo. El plan puede incluir investigación, y seguro incluye diseño, estructuración, una especie de escritura por autoencargo. Claro, los planes fracasan. Los textos los dejo y los retomo, horas, días y años más tarde.
Pero rara vez siento que descansan. Siempre corrijo. Corrijo, luego escribo. Forma parte indispensable de mi procedimiento de escritura. La corrección es el momento más creativo de la generación. Es cuando detrás de una hojarasca de histeria, lugares comunes y concesiones de época, emerge la presunción de una voz; incluso, de una voz ajena al autor –a lo que el autor cree o pretende de sí mismo- que es la voz del poema. A ver a ver: la poesía aparece en forma de conceptos, a veces de imágenes. El ritmo viene incorporado como un elemento, o es una tarea posterior de embellecimiento y en ocasiones hasta de oficio cosmético. Sobre mi vínculo:
la poesía es un acto cobarde de claudicación; es no soportar la perfección del silencio y el blanco. Lo único que interesa expresar es lo inexpresable. La poesía es, de los distintos géneros de la palabra escrita, el que emprende ese desafío en el que siempre pierde. El poeta se ve una y otra vez derrotado por las limitaciones del lenguaje. Por eso mi vínculo con la poesía es casi como el de un tipo que lleva a cuestas una enfermedad crónica que no lo llevará a la muerte, pero lo acompañará hacia ella, sin elusión posible. La poesía es un mal que hay que aprender a llevar.

GABRIEL RECHES


POEMAS DEL LIBRO INÉDITO “LARGA DURACIÓN”

larga duración

lado a

- El pacto social (125 v)

un sistema operativo el gobierno

de cada hombre y mujer fuera

factible espacios

recuperar, en otra piel

reiniciarse

segunda oportunidad o millones

cuando las cosas funcionan mal

y binarismo


***


ah, de la memoria arrojar

aciertos de los que vale arrepentirse

nada bajo estilo

aniquilación higiénica

un problema peor

pañales descartables para adultos

pañales para incontinencia con bozal y horca

presentación en bolsa de 10 unidades

(también en packs de 20 unidades)


***


pensando en la comodidad de

nuestros consumidores hemos diseñado

amplia línea de absorbentes

desechables para obreros

desechables con patrones

absorbentes

una opción por cada

necesidad

orden en las ciruelas o negritas con autoestima:

incontinencia moderada; ergonomía para todos


***


el peso de todo lo que no se levanta

por medios propios y del oro se distingue

carga la columna vertebral del asalariado

un ratón sometido a tareas de equilibrio

entre las que hoy destacamos

lucha por el bien común

laucha por el bien común

una rata que no infecta

entrenada en laboratorios

responde a su nombre

o a tres instrucciones simultáneas


*** .


Confederación General del Orto Abierto

sobre pañalines, como fiscalía

condena lo que mientras duermen

sucede. Ni tapado por la mierda

un lugar de trabajo debe abandonarse

cumplir de manera eficiente la atención

al público aún envueltas en el accidente

que genera la obediencia

durante siglos oculto por el cono

de los artefactos

encerrar aquello que el cuerpo tiende

a expulsar en un ambiente de perfume

no son tema para cierre de campaña

de quien se precie candidato a presidente


***


quiénes creen aún

en estados ideales donde el caballo

implanta despotismo benévolo

sobre obreros mientras lee

o navega, Yahoo


***


oh, gel protector

que gelatinizas líquidos

reteniendo en el núcleo

sufrimiento intrínseco de lo que escapa

lejos la humedad

de la colita del bebé

un núcleo absorbente

que impide el desborde

ay, Charles Fourier, 1772-1830

imaginaste a Marc Bolan

como una forma literaria

capaz de violarse a dos menores

así la comunidad fundada en la armonía

tiranía o libertad

de las pasiones

hay quienes al sentir pasión

tienen más poder

para ejercerla que vos y yo


***


y se cuelga

la remera que evoca a superhéroe

arrugada en el piso junto al montículo de chombas

en casa el desocupado que espera

la comida de su esposa que aún no vuelve

a nadie es capaz de cortar las uñas

dos cintas replegables que pueden ser pegadas

cuantas veces sea necesario sin dañar

un mejor ajuste, un ajuste mejor para todos

los otros

de la calle sospechas

una pila gastada en la boca del bebé

es el destino de este paisaje

si tal estado primitivo

no podía seguir subsistiendo

y pronto viene la señora huracán

todo lo malo fuera de aquí

dentro suyo

las cláusulas que prorrogan

esta réplica doméstica del pacto social

mientras algo pasa con el sol

lo que siempre pasa con el sol


***


En un período de 10 minutos, una laucha hace pasar 12 packs y 27 botellas. Estos desplazamientos provocan dolores de columna y pueden desembocar en accidentes de trabajo o eclipses parciales de sol tras la góndola de artículos eléctricos. Los modos operatorios varían de una laucha a otra y aun en la misma laucha, según comience o termine la jornada.

Las más inteligentes adoptan estrategias para reducir la fatiga física y los desastres meteorológicos mientras llevan adelante actividades revolucionarias de las que nadie se entera, como leer el tarot o escribir con rouge robado una afirmación en el plástico beige de la caja: no soy una rata, soy solo una laucha. Tipear con las patas los 13 números del código de barras antes que manipular el producto


***


En el primer día el hombre poderoso inventó la necesidad

en el segundo día unió la ley, el whisky y la mirada

lasciva sobre las hijas turgentes de los empleados del mes

en el tercer día el castigo y los consejeros espirituales

tela exterior impermeable de máxima seguridad

en el cuarto la fuerza pública o el acoso

quinto cárcel, postres refinados y rapé

propaganda gubernamental y familia

el sexto y en el séptimo la tv o el templo casino


***


que las cláusulas de este contrato

nunca hayan sido formalmente enunciadas

no significa que el patrón

sea otra cosa que voluntad general

la dirección suprema que organiza

dormir y despertar del resto

a un pulso que debe ser regular

sin parecerlo

discreta protección a ligeros

escapes de orina

una chica loca postergando curaciones

para saciar el deseo caníbal de una familia

desequilibrios no admisibles y el ser

así establecido que huye

hacia la natural libertad

como rebelión

o malos pensamientos:

el desierto donde va a ser ejecutado el delincuente

para existencia y salud de la sociedad civil

es decir en el restoran del año

comiendo tranquila mi madre rodeada

por sus animales domésticos

una burguesía depredadora

fuente de legitimidad de

cualquier cosa que pueda llamarse orden

cubierta suave con vitamina e y aloe


***


la justicia un pacto

entre egoístas racionales

periodistas comen

cuatro pulpos bolivianos

de una ecología nadie se atreve

a sospechar

barreras antifiltraciòn evitan

escurrimientos por la entrepierna

fraternidad termina en el fuego

por su propia fuerza pasional anulada

un precio razonable en el libre

juego de oferta y demanda

por una escalinata de becas caracol

se deshace la anarquía y éxtasis

acaso sea eso:

prometía libro

de revolución y tengo

un amigo vanguardista

que teme pasar de moda.


***


- Señor Córdoba (136 v)

Foto dos. Luz de asiento.


Hasta pueden contarse estrellas

por la ventana cerrada

el papel de caramelo, su

demasiado ruido y envoltorio.

Hombre que rescata a

su amada de los narcos

en la Película Micro, resulta

que no. No su amada,

solo una chica y qué,

Sr Córdoba en todo esto

algo habrá que provoque

pensamientos universales.

Tal vez el recurso noble de la mirada.

Dónde va toda esta gente que pregunta

dónde va toda esta gente.


Foto tres. Parada.


Gente que va de un lugar preciso a otro preciso.

La experiencia única

Señor Córdoba en el baúl

de un país hacinado de anécdotas

y sin embargo así se puebla el campo.


Foto cinco. La familia en el chorrito.


Aventura señor Córdoba

cómo entre

las piedras se va

quisiera agua

ser incluso

logra fugarse mas

no sabe qué perseguir.


Foto seis. Mirador.


El click de un tercero

capturas, un favor

la escena parecida a

la escena en que querría

reflejado verse.

Nunca frente a la luz ni

exponer las cosas demasiado.


Foto ocho. Casa del árbol en casa de te..


Como primates chicos

se cuelgan justo que árbol

ser no pensaba.

Manchados por la sabia

la edad en los anillos.

Un brazo logra partirse

de cuajo como rama de espinas.


Foto nueve. Cama con flash.


Funda el universo en canciones de cuna

mientras adormece ideas

-que considera propias-

de la muerte.

La paranoia es un examen de belleza

que en la academia llaman poesía.

El silencio que penetra y huye

de orificios nasales más pequeños.

Señor Córdoba y miles de ovejas

ojos al plato mientras familia concilia

todo aquello que en el sueño puede conciliarse .


- El efecto del viento (204 v)


¿Cuántas veces la tentación

de subirse al vagón de un ramal

preciso para bajar

exactamente en cualquier estación

y allí conocer la verdad

de las cosas, fundar una vida

sin sostenes ha quedado

inconclusa?

planos superpuestos

de movimiento en el tren terminan de expulsar

al pasajero por puertas o ventanas

llegar a casa

llegar a trabajo

nunca a destino

vuelve al destino

un nunca llegar


***


si no estaban incluidos como archivo

en el proyecto ni el recuerdo de alguien

si padre e hijo eran gotas parecidas

de las que globos no forman en el charco

si apenas se calcula la vejez

por anillos de corteza o la tortuga

oculta cabeza y extremidad

el paso regresivo de las cosas

superficie que por terror se vuelve piedra


***


día de campo en Florencio Varela

en la estancia del dueño

de un laboratorio nacional

a punto de quebrarse

hierros clavados en el suelo

el fuego que miran familias del salario

carne y los chicos corren

en círculo por ahí

el padre conoce de su afección

cardíaca hace dos días

viento distribuye el perfume

de choripanes y flores

causa de muerte años después

incrustado el cuerpo contra un camión de basura

excluida de la escena

resiste el corazón

el efecto del viento

la estructura que rodea es débil


***


al tomar agua y azúcar

en ocho vasos uno al lado del otro

sobre la mesada llenos al ras,

que el organismo genere

el reflejo que necesita

así deberían volver

al mundo que pertenece a todos

de la intimidad del tubo digestivo

cuatro peras grisáceas

sumergidas en almíbar

que despertó sospechas

qué ocasión para medir

el pulso en que transcurre la infancia

un corazón late

no con miedo a morirse

intoxicado por efecto del botulismo

un corazón late ahogado en la desdicha

sometimiento

a la orden del amo y después

no correr ni un poco en la clase de gimnasia


***


papa qué es yuyo, contesta lo que llega

sin remedio, con la fuerza de una premonición

lo que no debe regarse

paulatino se embute al deseo

tipo de un césped cortado

yuyo lo que de facto se desplanta

enseguida vuelve a echar raíz

yuyo es lo que mirás hijo,

por la ventana, lo que baila

en las vías al costado

porque ha crecido en demasía,

sufrido, el yuyo siempre viene grande

y el efecto


- Diente (350 v)


Un perno y corona perdidas equivalen a

-cuatrocientos kilos de pan

-noventa raciones de comida

-gasto anual de escuela de frontera

-cuatro barbies fairytropias

-dos bicicletas

-mesa ratona

-pacto con el fondo

***

Querido diente:

Nada de esto que voy a escribirte sobre un papel que luego introduciré hecho un rollo en una botella de gaseosa light, para arrojarla al estuario del que te fuiste escurriéndote de las reacciones tardías de mi boca por retenerte; opaca el dolor y la vergüenza cotidiana que experimento por culpa de tu ausencia y también, cabe decirlo, por otras cosas que no diré.

No sos un diente. Sos apenas si todavía estás y quién sabe cómo y dónde, la materialización imperfecta de la idea de un diente que estuvo y del cual ya no se conocen rastros salvo la forma escultórica que la falta imprime junto a los esfuerzos de un técnico odontológico y sus elementos baratos pero nobles.

De ese ahínco de doble orden por reponer y a la vez denunciar, de ese intercambio comercial que supone el desembolso de dinero para recuperar cierta capacidad funcional junto a un objeto que debe parecer un bien, naciste.

Eso no te hace menos querido, al contrario. Uno no valora a los hijos hasta que los mata y entonces para el pesebre solo quedan fotos, que en adelante serán amadas más que los propios hijos cuando el tiempo de amar era el que corría.

No estoy seguro de que puedas regresar por tus medios. Desconozco si el perno se permite, después de dos meses de inmersión, funcionar como aleta o pata de cangrejo que a los saltos alcanza alguna orilla, una piedra de la orilla en la que el sol pueda secarlo.

No voy a reemplazarte por otro. Así dicta el humanismo. Un original se reemplaza con una copia, pero la copia no se reemplaza con nada.


***


Si el agua separa o une

puede resolverse en cartas

familiares o

discursos de fin

de ciclo, inauguran

sociedad binacional de

fomento a la anestesia

parece inclinada

hacia otros verbos el

agua chupar tragar

escupir devolver

invadir retirar

escapar, bañar, romper

sin voluntad

jamás unir, sí aproximar

fragmentos de dos

cosas que difieren

hasta la igualdad se lima

es el concepto sano de erosión


***


Hay algo que gravita

sobre un centro propio

que en las tardes más apacibles

también se ubica en el fondo

el universo entero puede verse a la vez

atraído hacia el mismo punto

con las demoras que en cada caso

el agua plantea y así

sobre la frontera que parte

la noche al medio

surge la duda aquí

donde todo fue partido en dos mitades

el paisaje o la cancha de tejo


***


Dibujá en la arena con un palo o tus dedos

sobre o bajo relieve, con o sin agua

grandes o pequeñas figuras

bélicas, amigables, a varias manos, de un trazo

como los perros cavan

el agua se las lleva y reproduce

en otra orilla

junto a envoltorios de comida y

anillos de mujeres que extravían

el trabajo

una noche dura y tribu sabia

intercambia mensajes a distancia

sacando provecho del fenómeno

mentiras del padre para cargar al mundo

de un efecto al que supone poético

y que pulverizó la ambición

de toda una manada de directores de cine


***


el deseo de los hijos que hablan es una tele

14 22 am

cielo despejado

temperatura veintidos grados

a los quince de longitud oeste y cuarenta de latitud sur,

medio cuerpo del padre

medio de la madre

sumergidos en agua por presencia

de microorganismos turbia

pero de lecho parejo,

él tensiona los maxilares

se enrojece y después un no

de final prolongado, se pronuncia

a lo jasídico, en intervalos

que algún dibujo describirían

sobre el pergamino ortodoxo

de sus raíces familiares, molares

el temblor de un maxilar

se entrega al hijo como a una bolsa

repleta de frascos vacíos

la mejor versión de ella es alguien dominado

por el desconcierto

en cuestión de segundos generalizado

lejos nadie en el balneario

explica qué pudo perturbar

la inquietante armonía de la escena

-familia tipo inundada hasta la pantorrilla—

y cada quien a su modo

se rinde ante la evidencia:

movimientos groseros del padre

que gatea con dificultad

acaricia el fondo

retiene algo que se escurre justo

cuando el llanto

del hijo y con las olas

la hija conciben

un nuevo modo de hacer música


***


Bajo toda acción aceptada

se desarrolla con distintos grados de pericia

otra acción que no puede publicarse

el que simula hojear el diario para ver libre

culos de chicas menores o mujeres embarazadas

el que se entrega al vaivén del transporte

para apoyar su miembro contra cualquier macizo

el que guarda la ginebra en una bolsa naturista o

trafica estupefacientes refugiado en

asociaciones benéficas, el que escribe

las memorias de un moribundo para quedarse

con parte de la posteridad

el que junta caracoles en la playa mientras espera

que el agua le devuelva un diente


***


La vida y la armonía universal

—que las cosas funcionen como hasta ahora—

obedecen a grandes leyes físicas

y a pequeñas

casualidades coordenadas.

Del lugar que ocupa una llave partida

enterrada en el jardín por accidente

pende el equilibrio de todos los

objetos apilados en la casa.

Así la desaparición de la prótesis

en el umbral del padre que no ve

más allá de sus ojos ni logra

perforar la oscuridad del

agua que baña a sus hijos

derriba una estantería auxiliar en

la biblioteca de la universidad pública

y alteraciones diversas

provoca en la conducta de los miembros

de una secta con guías inválidos

y sede en tres capitales de Latinoamérica


***


Qué pudo hacerse de él.

Está en Africa.

Ya fue encontrado

por un manco.

Yace enterrado diez

centímetros bajo los hijos que juegan.

Lo tragó un pez

luego atrapado por red de poca monta.

O entre rocas el agua

lo lima en silbidos

mientras vuelve irreconocible


***


Por sostener a la cría

el padre obtuvo un nuevo agujero.

Exploraciones ergonómicas

ocultan de la sonrisa

el complejo de ventanas que hubieran

de llevar la vista al fondo

indefinido pero negro del paladar.

El lecho a ciegas

puede examinarse horas sin éxito

para buscar un pequeño cuerpo igual

a millares en peso y proporción.

Así la mano levanta piedras

del tamaño de uñas o granos de arroz.

La simulación de un juego, la vuelta al nivel cero

el grito de cosas horribles como iupi

y un pedido del padre

a un hijo que no encuentra razones

para festejar mientras la mente

se encomienda al azar

estadística de buena fortuna.

El cuerpo se ha desmembrado y

cada escisión antes unida

a un concepto por fuerza del diente -que sin ser tal

reponía una digna noción del ser,

ahora perdida en el cosmos-

aún sujeta a ligaduras físicas

toma un camino diferente.

Inconmensurable Río de la Plata

el humano prótesis

parece un poste en medio de la ruta.


***


larga duración

lado b


- boludos de blanco (125 v)

el Chico Alérgico

un sentido y un nombre

la infancia dos ramas, dos virtudes

de un poroto que al fermentar germina.

Ahora amigos en la fiesta

agua de pava en macetas vacías,

mirá la escena en diez años

whisky en vez de marihuana

un hijo que haga de gato

algo más que sólo puede

nombrarse entre íntimos


***


un árbol crece en la ventana

que no miro

pero un árbol crece

cerca siempre

de un mundo ajeno

fijo el destino a las ramas que pierde

las que caen para dar

calor ceniza

a una familia de rehenes


***


algo incomprensible da comienzo a la fiesta

los que están y comen carne

grasa de las manos en el pelo

del animal que mendiga

de nuevo el error de una bandera

clavada en el planeta del destino

mirá como bailas con Sandro y

creés ser feliz mientras el culo se te cae

la terraza el aire que corre

de comida los restos

desciendo en guerra

con la escalera caracol

despedida y detención total

qué pieza mover hacia donde


***


puesta por el viento

todo a devenir

de qué cara caigo como hoja liviana

una muere oculta

la otra aplastada

más domingos secos

más cantantes latinos

más zambullir el alma

en un postre caliente

río de boludos de blanco

de eso que era,

qué sobrevivió

prendo la luz

del living

propia y tenue.


- matricida (150v)


Si estuviese seguro

de olvidarlo

ya hubiera asesinado

a mi madre

pero el remordimiento

torturaría más

que sus llamadas.

Espero que sepa

morir a tiempo

o un rato antes

mi madre

todos los días

cava fosas

en la cabeza

para sus hijos

quedan vacías

o habitan moscas.

La última vez

que fui a comer

parecía verdosa

y pensé

Cuando el infierno la devore

diré mundo al fin solos.

Dios mío no la devuelvas

encima de todo un poco

más viciada.

Teléfono.

Es la noticia

de la muerte

de mi madre.

No. Es mi madre


***


La anémona de la familia

creía ser

mi madre

tanto que los vecinos

difundían de nosotros un nombre:

«La Familia de la Anémona».

Claro. Mi madre anémona

nunca fue y nosotros

tampoco familia.

Sí para la anémona,

un delfín sin ojos

dándose cabezas

contra la orilla rocosa

del silencio


***


Qué flaco estás

se te nota

calmo

qué bien te hizo

ahora que volvés

vas a enfermarte

aquí todo fue

bien

dentro de todo

vas a venir?

ya no llegás

saco a Daisy

entonces a la calle

si no llegas


****


En un paseo de compras

excitada por las vidrieras

busca a mi padre

en un paseo de compras

se le escapan los hijos

corren sin dirección

chocan con la gente

mis madres

en el paseo de compras


***.


Si al menos fuese

la planta artificial que

cuelga de su cuarto

no podría marcar

cada vez que marchita


***


Oraciones para mí o mi vuelta.

El teléfono torre de babel

y un timbre aparición

que no se da.

Parece mentira, una vida consagrada

y no viene a visitarme.


***


- la panza de mi chica (235 v)


La batería que huye de los

auriculares en frecuencias

como espuma que los poros

absorbían a veces es

para todos un sonido imperceptible

oculta en el concierto de las formas

rocas que soportan al mar

romper durante siglos en lo mismo.

El viento, el bote a motor

de pescadores

no voy a averiguar cómo funcionan

las cosas que no funcionan


***


He pasado los días

pensando en cosas precisas

para mi.

¿No es increíble que exista el walkman?

Voy a decirlo de otro modo

en un sentido cabal:

Ella sentada mira el mar

yo contra la piedra

defino mejor posición:

o abandonar las ideas que tengo


***


La vista siempre se levanta de manera definitiva.

No está más el mar

una rebanada de centeno

petrificada a la intemperie.

Así es como los días,

la repetición de los días

muta o parece:

noto que su panza creció pero no sé

si creció o si lo noto


***


Hoy desperté y dolía

algo que no es un órgano

y no era dolor sino vértigo

al impulso de un ventanal

romper con toda la fuerza

concentrado en la silla que viaja

de un lado al otro por el aire.

¿No es increíble que exista el walkman?

La pregunta es a ella

que está en el agua.

Algo tiene en el agua

nada adentro


***


en la pantalla negra

titila el punto

ojos fuera del destino

se baten a duelo

en duelo con el tejido

estriado

la pancita bombé.

En el diccionario

nombres de imperio.

recaudos para que ella no se caiga.

La panza de mi chica una bola

de cristal, la acaricio

para saber qué sucede.


- y la perra (173 v)


La gente frecuenta pequeñas salas

art nouveau o paseos

peatonales

así la tele

supone a Lisboa

un extraño en la vereda

gruñimos y no vamos a ver

hacía mucho no pasábamos

toda la vida en la cama


***


Estrellándose

contra la pared

el teléfono

solo obedece

cambio de ambientes

por la casa

no lo nota

la perra

hasta la perra

sigue sin vida

revuelta en los pelos

que despide


***


No me habla

no porque

no sabe

no me habla

no porque

no le gusta

cuando estoy

ausente

me dedica

jeroglíficos en la basura


***


Sobre la ropa con insectos

restos la arrullan

se adormece y en guardia

sobre el colchón que resiste

intento recordar

por dónde me escapé


***


Ojos sobre

la intensidad de la inercia

en una puerta al cerrarse

mendiga el hocico

exterior

hoy estaré lejos

correrá a la puerta

ante el sonido de un auto

y no más

sabe que volveré

o que me fui para siempre


***


Bajo la mesa de luz

el saqueo de un tesoro

delito es lucha

política en la casa

la dejamos sola y ella

no quiere fiestas

para pocos

los bombones son

de quien los trabaja


***


Escribo en la cama pero

una tensión, interferencia

viene del piso, allí la cachorra

observa desde que nació

esta imagen cuelga

de la cabeza de un presocrático

descubro ante cosas que hay

bajo las cosas que hay

la fe en que hay

cosas

***


- lo que me hace feliz (450 v)


Dodge 1500

La tendencia irreversible

es mi auto oxidándose.

Acumulo objetos útiles

para verlos morir en los asientos.

A través de las ventanas de mi auto veo el mundo.


Susy

No tuve nunca sistema

para leer salvo cuando no

leía nada sino revistas

Susy. Besos de lengua

dentro del agua

no había palabras

más exactas que slurft

o strelcht.

En ese tiempo me poseía

un terror doble infundido por madre:

concentraciones de líquido

y los labios de los otros,

suponía que algún

científico como animales

los describía sobre universos

llenos de leyes.

Ninguna de estas ideas

logré comprobar en las

revistas de las hijas

de los amigos de mis padres.

Las ponía delante para que

cubrieran mis ojos

y nadie supiera como veía.

Más tarde entrené para la guerra.

Intentaba besar

a los fantasmas de la casa

el vapor labial

en el metal de las cortinas.

Mi primer acto de valentía fue

enamorarme de las tazas de otro

de una chica que en algún lugar

supongo, vivía.

No pude llegar a sumergirme.

Invadía mi mente la imagen del agua.

Atiné a pronunciar slurft

algo se activó por azar.

Como todo estratega:

reconocí el lugar, me cercioré

de que su cama no fuera de agua

concentración para mantener a flote todo.

Penetré en un labio con precauciones.

Esta escena se repitió varias chicas.

Les gustaban mis zapatillas

Tenés los ojos tristes

es porque están hundidos

y me iba a otra parte

donde soñaba con pasar

las horas mejor.

Comencé la escuela de buceo.

Pronto fui un idiota.

Aprendía los secretos de la doma

pensaba como nuevo

chico domesticado.

Hay una maldad que solo encierra la ternura.

Hoy las hijas de los amigos de mis padres

tienen teléfonos celulares o familias.

Yo leo cosas nuevas para entender qué sucede.

Leo mucho, todo lo que puedo.

Cuando estoy triste quemo un libro y salgo al parque

a comprar viejos números de Susy.

Los labios anidan donde siempre

y mi casa fue comprada por un rico.


Revisionismo histórico

Gasté menos en libros y alimentos

que en cospeles de la casa

de videogames New York.

En la aspiración social

de quien fue una vida

casi entera aspirado

por el ocio

no aporta la derrota

imágenes al mundo.

Qué más puede perderse sino tiempo

en este laberinto

resistir y algo más.

Mientras la bola dure

me aflige nada

y ya ni aflige eso.

Ay, quitarse New York

un ilustrado sin saber qué significa.


Cumpleaños de una amiga

Gracias al aporte de cera caliente

gym, cosmética y terapia grupal

conocidos huyen cuando ofrece

el resultado de su empresa.

Que mi hogar no sea convento de clausura.

Velas se apagan y al quedar a solas

velas prendidas.

Baby siter a los cuarenta, cómo iba a funcionar.

Ella usaba polainas y los años

la volvieron otra cosa. Una igual

a una ya compacta

catálogo de pliegues

y expansión de profecía

en el oráculo de la incipiente

gangrena temporal. No hay qué alcance.

Silencio en la sala.

Y yo que diría

algo terrible sobre Bowie

-no vendrá a la reunión de toldo movil-,

Estallar al mundo es posible

con sólo dar vuelta la cara

decir no, pero quién querría hacerlo

si no controla el perfil desde el que es mirado.

Simplemente, no voy a beber

más nada en esta fiesta.

¿Alguien, de la calle

necesita cosas que ahora no tiene?

De los míos partir

al encuentro de buenos precios

algo que no haya vencido.

En la mano mi lanza

mis ojos excesivos

perdida la pelea por el tiempo

en las am pm.

Volveré con manos llenas

de cositas baratas

para todos.


Acepto mi destino

Pusilánimes, leves, comprometidos, progres,

correctos, reformistas, psicoanalíticos, expresivos,

interesantes, refinados, a b c unos, sí, sí,

el destino no existe, somos nosotros

y entonces por qué siempre con los codos

sobre la cinta que transporta

productos a la cajera

que hoy inicia su vínculo con

empresa multinacional

-aportará pañales a su indumentaria-

y aún desconoce los atajos ante la falta de cambio

no es tenida en cuenta por la supervisión

cuando una máquina detiene el fluir

de esta gran máquina que funciona

sólo para satisfacernos.

En los supermercados la gente importante

usa patines. Las chicas de patines se persignan.

y afuera a ver el sol

el dios sol, van

los que componen el resto

de las familias del mundo.

Gente que ya sale mientras ok,

espero a que aprendas.

porque lo haré siempre

como burgués y heredero

de la conciencia social reducida.

¿Cuál es tu destino? Yo soy el

Santo Patrono de las Cajeras.


Lo que me hace feliz

De todos mis objetivos

alcanzo mejor los pequeños:

hacerme el dormido para que atienda otro

parecer bueno parecer malo o

salir de los parquímetros

sin mirar hacia atrás por el espejo

desprecio por el futuro

colectivo, ese que parece

una fosa común y amenaza

con la embestida

si el conductor se impacienta le juego un idiota

la luz encandila y va a tragarme dirían, con razón

porque obstruyo su camino

y el de tantos con él

comprobar el carácter centrípeto del odio

es un oficio que puede disfrutarse, sí,

amo lo que rompe contra mi

al ralentar la marcha,

de atrás grita todo el que quiere llegar.

Cuando estoy por perder el permiso

del semáforo acelero. Atrás

un cúmulo de caminos obstruidos por mi vocación.

A veces la muerte piensa

en mi como objetivo pequeño

sus contactos telepáticos no dejan dormitar

corro por la casa

me pego fuerte, encandilado

sujeto a lo que haya cerca

espero al día

dejar atrás colectivos.

Eso, creo, es lo que me hace feliz.


La idea definitiva

Tuve que juntar los brazos como si rezara

sucede cuando duerme lo que hay cerca

y pienso unas cosas sobre no verme al desaparecer

ideas definitivas que en las reuniones callo

se llama cavar por amor

predilección por una imagen precisa:

un tipo callado a las tres de la mañana.

pegando patadas a la puerta

y el aparato de cd que no lee Sonic Youth.


El color del cadáver

Cuánto demora en perder

el cadáver el color

vos que del tema sabés

como un especialista

cuánto demora, decime

si lo tocaste

frases sueltas

para que pregunten

si lo mío es ingenio

el recuerdo en Sarandí

hace dos meses la ambulancia

de la morgue, el cuerpo

junto al cordón

espasmos de camilla

y comprar, cronistas,

una cajita feliz para pasar la guardia

o en la guardia algo

en la redacción nadie habla.

la gente se vuelve música de fondo

cada uno a solas con lo que falta.


Hortal

Todos los pensamientos

sueltos, sin dirección

no saben a que familia

atarse

fui un mago

fui un gladiador

fui un alquimista

fui un filósofo antiguo

un espíritu revolucionario

ahora soy mi cabeza

mi cabeza un hormiguero

pisado por un pie y las hormigas

que corren no son

los pensamientos

sueltos

son solo hormigas

que también tuve dentro de mí


POEMAS DEL LIBRO "STRIP"

OBSERVACIÓN

FRENTADO AL SEGA



Esta última semana

es difícil creo

que iré, sí

me hará bien

explicarle cosas

a La Reina del Talk Show

Paso las tardes

enfrentado al Sega y

de noche al techo

evoco las tardes

que perdí

La mañana es

la mejor época

Exprimo dos naranjas

en la mesada pulpa

desparramo sucia ya

María Laura y decirlo

me avergüenza

Espero oh no

Callaré

Compré un jueguito

de autos el mejor

elijo y lo estrello

el equipo me despide

en él

mi impuesto municipal

se fue

El mundo me necesita

quién dice

Abandonarme

sin que rentas lo note

logro y disfruto

de esta vida familiar

a las amebas

Fundo por última vez

un sistema sin centro

de la basura algo

se integra siempre

y amor así

tiene que ser

no gané el

derecho a decir

Igual no escucho sus

pedidos católicos

sobre la higiene

Cómo voy a limpiar

si esto me nombra

y tengo que jugar

y la novela empieza

y destroza a su hijo

la vecina

Quiero escucharla.

MIRADA DOS:

GLACIACION

Avanza

el hielo

en la heladera

sin descongelar

Deglute el frasco

agridulce

Ayer

la jarra de vino

no opuso resistencia

Ningún habitante

demostró gravedad

y viene lo que Cipe

Lincovsky

decía de Bertolt

a mi memoria

El hielo un día

se tragó la panceta

pero no me importó

yo no era panceta

Entorno la heladera

dos nuevos rehenes

ganó

el hielo

inmóviles ahí

Terminará

por destrozar

el motor del aparato

Sobre la casa

provocará una

glaciación

Hará de mí

al avanzar

un muñeco de nieve

Y todos seremos

un mismo bloque

Siberia

la era socialista

amalgamados

en la parálisis por frío

Los hombres

Los animales

Los vegetales

Los objetos

Es trágico

ese destino del hogar

o es comunión

con su naturaleza?

Podría

cortar la luz

tirar del enchufe

delicado

en movimiento

y si bien no hay riesgos

algo en mí

se niega.

MIRADA TRES:

MI NAVIDAD LABORAL

Al comer

en la servilleta

dibujo un

no dibujo un

garabato y pregunto

si se puede

compartir el cadáver

pienso en el cadáver

incompleto de un bebé

una vaca bebé

La gaseosa la

trago quiero

digerir como permitan

lo que permitan

frente a las muecas

de esa chica blancuzca

Después de comulgarse

estudió hijos tuvo

hasta venir a realizarse

aquí donde duermo entre sobres

de edulcorante

abiertos

sin usar.





MIRADA CINCO:

FLACCIDEZ MILITANTE



Sobre la madera

en el club armenio

de Vicente López

espero

Llegan los otros

vestidos de hombre rana

o futbolistas

Contener el hígado

no podré

las cosas revueltas

en el hígado

cuando fluya el sudor

y contamine los cuerpos

de los desconocidos

el aire que no logro

inhalar

Pero esta vez correré

correr hace bien

correr hace muy bien

En el parquet habría una luz

Los veo de lejos

ingresan estudiantes

de matemáticas con medias

tubo delante mío

desfilan me tratan

con reparos

no entienden

mi flaccidez es militante

Nadie observa sus hazañas

Gaseosas en una hora

sin gas

Volverán con las remeras mojadas

Saldrán a comer con sus padres

Yo en cambio la herida

un premio a la sanidad

dicen que habrá que volver

en siete días y antes

crear al mundo

Salgo es una alegría

todavía en el sitio

exacto de las calles

están las calles

Cumpliré mi deseo:

volver a casa

comprar para comer

huesitos nuevos

podremos hablar después

de temas parecidos

En el camino

con el jadeo

compongo un ritmo

que no bailo.

MIRADA NUEVE:

BOLERO

Vuelvo con ganas

de paralizarte

después lo prometo

Dejame

Dejame paralizarte

después

café caliente de mañana

y un perro cepillado

lamiendo lo prometo

el piso de las migas

Mi bata

mi sonrisa

el satinol rosado

pero ahora

mutilarte un poquito

dejame untarte en las tostadas

del desayuno

¿Estoy excedido?

Ya se

Ya está

Ya se

me pasa

Ves? Ya se

pasó.

INTERMEDIO

TI

Salto salto salto salto

esperás en la cama

que me tranquilice

salto salto en la cama

yo también sal

to

yo

tu

yo

yo

soy

un

ti

tan soy un

titán soy un titán

titán de ring titán de ring

Karadagian o Poseidón don Eurnekian

o Krishna mur ti ti ti ti

te digo

que ti

Hablo con la voz

del Lewis más torpe

o de María brotando

del cogote

Trabajo en la montaña

de papeles retirado

y un día me presento con muecas

para que me ames

descendiente

te amo

decís

y yo: son muecas para que me perdones

Debo dejarte Dejarlos a todos Irme para siempre.

Encerrado en el claustrito

pienso solo sin voz

y vos bajo la escalera

sin revoque

mirás videos

de escultoras

Quién inventó la palabra

vacuidad

vacuidad

vacuidad

Mañana voy a escribir un poema

con vacuidad y camello

con cavidad y comelles

O deseamos ver al cuis que baila

con un dado en la cabeza

sin razones desafía el principio

de sustentación

RESPUESTA: El tiempo se precipita sobre mi parálisis de muñeco

EL UNIVERSO ES VULGAR

CONCLUSION: Pienso en el frío que hay fuera. Eso da frío.

No estoy enfermo. Juego a que enfermo. Sos un enfermo.

Enfermo.


FIESTAS

LA CANILLA QUE GOTEA



Al final mirá. Los viejos son los que más resisten.

Vos no bailás, no? Por qué no bailás? Nunca bailás?

Las cloacas. Lo que dudo de la obra son las cloacas.

Dice Pit que vayas rápido con la máquina.

La abuela baila. Dale que la abuela baila.

Antes trepó la mesa. Lleva antenitas.

Ensaya un strip tease.

Cómo se llamaba. Tenés que ir, verla.

Crees que no sucede nada.

Pero las cosas cambian todo el tiempo.

Son variaciones mínimas.

Tarkovsky iraní.

Vos no bailás. No? Tu mujer sí. Hay que dejarla.

Es lindo dejar a la gente que baile.

Aceptá que intercedan.

Por qué todos se corrompen al escalar.

Ahora sólo falta el baño.

Tengo una canilla que gotea.

Sólo pienso en la canilla que gotea.

Lo que dudo de la obra son las cloacas.

Sólo pienso en la canilla que gotea.



LA FOTO


Ocho viejos con gorrito. Agitan las maracas.

No hay sonido. La serpentina cae

con la jactancia de la piedra.

Me piden que encuadre una foto.

La última. Que aparezcan todos los hermanos.

Casi mil años, somos, bromean.

Junio del 999. La gente sentía

que terminaba pronto.

LA ENSALADERA SE ROMPIO

Comida agridulce. La amargura

es mamá tonta que pasea,

la ensaladera se rompió.

No nos sentimos obligados

no sentimos ganas de ayudar.

Otras cosas con suerte

también se rompen. Ella.

se mueve delante del espejo

revuelve ropas interiores alguien

que no salió de su pieza.

Prendió cuatrocientos cincuenta fósforos.

ya, el deseo era juntar las

cabecitas negras, siameses amándose,

deshace la estática. La relación entre

ustedes debe ser más independiente.

Pronto llega la hora de

sonrisas, deseos buenos.

Gastamos en el presente menos dinero que en la cena.



DESPUES DE MEDIANOCHE EN LA GUERRA



Atravieso un campo de guerra en auto

llevo a mi madre a salvo, a la frontera

ríe el mismo chico entre las explosiones

la mía no es tarea para remiseros.

La azotea es una embajada y van a hacer una fiesta.

Llegarán de todas partes con trajes típicos.

Volveré a tiempo.

Daré el discurso de bienvenida.

Queridos amigos:

Juro que no moriremos en la Plaza Serrano.

Juro que no moriremos en la Plaza de Toros.

Juro que no vomitarán si amanece.

Y me tiraré por la ventana para demostrarles que vuelo.

Y me tiraré por la escalera por ensayar otra caída.

Y les enseñaré a hablar el alemán.

En la tele de todos nuestros abuelos

el papa revela el misterio de los números.

La casa de mi abuelo nadie la roba.

La gente cree que es la casa del Papa.

Todos los que vinieron se mueven

entre todos los que vinieron

los que se quieren ir o los que llegan

los que visten más raro que yo

los que visten menos raro que yo

los que saben quién es el Gallego González

los que dicen que saben quién es Kurt Weill

los que dicen creer que saben quién soy

los que no hablan, los que no saben,

los que no creen, los que no son.

La casa ha reunido un basural de murmullitos.

Alimentos. Lo que deseaba me provoca náuseas.

Todos odiarán su espalda

cuando aclare.



LAS LISAS

Dejate guiar por el brillo de los ojos.

Obedecí. Compramos ocho lisas.

Encendí el fuego ya en la casa.

Con una nota sobre la sequía

y una silla que acabó por romperse

después de crepitar una era

contó Nuria, la autoridad

en el hogar del fin

de semana largo.

La misión era alimentar a dieciséis chicos drogados

el primero de enero, el último año

del siglo. Mis amigos.

Yo era el preceptor del reformatorio

me rodeaba la certeza fétida de mis peces.

Fui un prestidigitador para las verduras.

Mientras ahogados ellos en la oscuridad

soñaban con records en videogame

pedí cosas distintas para todos

El calor hacía sufrir.

Sobre mí quise que no se llevaran más

libros, que no me nombraran más ruso

que al morir mi perro no sufriera.

¿Cuándo se cumplen los deseos simples?

La parrilla secó las escamas

y ellos deglutían leche fría

poco atuendo para aparecer

tarde o volver a irse y volver

con nuevas medias viejas.

Esa mañana me habían observado tres mujeres

como si tuviera problemas con algún botón

o toda la ropa me la pusiera al revés

en la calle.

Ni las recordaba. Las emociones me habían atado.

La discusión se planteó por fin.

Unos necesitaban a Mister Bungle para sobrevivir.

Eso molestaba a los adoradores de A. Lane.

Apareció la última. Persona.

Había revertido la tendencia

de dormir para siempre.

Se tiró en la silla y evocó

el deseo de postrarse.

Eramos todos nosotros. Comimos bien.

Rompimos los vasos a las seis de la tarde

con esqueletos en la fosa común de la fuente.

Los tiré. Escuchaba risas

con la basura en la cabeza

como una mitra de las sombras.

Después de un día claro llovía y

pensé en lisas nadando

intenté algo con mis ojos.

A cien metros se podía presentir el mar.






GABRIEL RECHES


Gabriel Reches: nació en 1968. Publicó Gómez (araucaria 1997), el resto (Siesta 1999), Strip (bajo la luna 2000) y la evolución (Siesta 2004) y Hamster en la Rueda (ediciones obsoletas 2002).