jueves, enero 24, 2008

LAURA PETRECCA



Escribo por la mañana temprano o a la tarde. Nunca pongo música; me gustan los ruidos propios de la casa en momentos tranquilos y sentarme a una mesa grande donde pueda poner muchas cosas.
La mayoría de las veces encuentro el tema a medida que avanzo. El recorrido por una imagen es lo que me permite poder ampliarla, fragmentarla, conectarla con otras e intentar llegar a una imagen final que puede ser un poema o un conjunto de poemas. Escribo en muchos cuadernos al mismo tiempo y en el momento de pasar a la computadora vuelvo sobre todos para armar el texto original. Me ayudan notas que separo o variaciones sobre lo mismo para ir encontrando cierta estructura así como también lo que dejo de lado al momento de transcribir. Cuando la encuentro, puede ser después de un tiempo, escribo nuevamente a partir de ahí pero ya con una idea mas clara de por donde voy.
A veces trabajo a partir de imágenes concretas: pinturas, fotografías, postales y eso es como tener un plan o un punto de partida aunque luego me aleje de lo que había empezado en primer lugar y escriba otras cosas. Trato de no dejar mucho tiempo un material porque luego me cuesta retomarlo, como si no lo sintiera tan maleable; releo, corrijo y trato de cerrarlo pero cuando es mucho lo que hay que corregir prefiero borrar y escribir de nuevo.


Poemas


Sentada en el rectángulo perfecto que formaba el mediodía,
desarmando con los ojos las cutículas,
interviniendo las líneas para formar finalmente los animales soñados.

*

Detrás del perfume de la madera quemada
corre entre los dientes el humo,
el vapor espeso de un desconocimiento.
Hay ranuras en los dedos
que vibran diamantinamente
como una porción de cielo

*

Las casas nocturnas vibraban formando una serpiente luminosa que se arrastraba despacio junto a la orilla.

*

Indiecitos solares suben al monte y se recuerdan ahora en la inconciencia.

*

Un nervioso recuerdo
como un cofre violáceo que guarda la noche.
De entre los brotes
lamentos volcánicos, vigilias
Lo que uno sentía en el momento
en el que todo parecía vivo, fértil
como una pulpa sagrada en lo impredecible y lo bueno
De aquello que acerca a Dios en una alucinación fantástica
como si de los tobillos crecieran nuevas capas de piel
más luminosas, más fuertes
y se alejara entonces
toda decepción posible.

*

Un puño pesado
sobre el pecho de una muchacha
Resplandeciente, atento
recuerda con labios gangrenosos
-Si parece real es que es real- y
confiere a las costillas una dicha
que se convierte en llanto;
esas costillas también recuerdan
labios dorados
La música es buena y el gato es providencial
abre las persianas,
y atraviesa el árbol
la mirada que llega desde lejos, que da un paseo por el mundo

*

Nada podíamos hacer para sentir esa insatisfacción.
Por más que quisiéramos dejarla entre los vapores cansados de la habitación, inmóvil,
tiesa y más lisa que nadie,
- con los perfumes de lavanda y suero -
que nos hacían llorar porque nos recordaban algo impreciso, grande.
Deberíamos haberla dejado ahí,
es que a veces corría por debajo de su voz
un ronroneo metálico que era insoportable
como el calentamiento de una turbina cerca del río.

*

Las casas existían con faroles intermitentes y así, los habitantes formaban una serpiente luminosa que se arrastraba despacio junto a la orilla.

*

Se apoyó contra el marco y creyó hundirlo en un momento.
Ya no podía oír a los de la habitación de al lado,
seguramente se habían dormido.
Del otro lado de la reja, se veía perfecta la meseta,
verde inglés fluorescente y un cielo nervioso.
Si la pantera era el animal totémico de su hermano,
él no sabía cuál era el suyo.
Pensó por un momento y luego dejó,
ninguna sería una respuesta verdadera.

*

Una espalda brillante hecha de barro
es lo que distingue a todos
los que caminan en silencio.
Sobre la tierra un poco húmeda
hay círculos de hilo
pero antes, un río.
Los más chicos se ríen
y forman un haz de colmillos de agua.
Se hunden en la tierra sin miedo,
como si pudiesen abandonarlo todo
en los saltos, en el instante previo a la purgación.

*

Los gritos de los chicos
despegaban
con una fuerza elástica
el magenta de los vidrios
y cualquier rastro de polvo en los paredones de la costa.
Pensó que ya lo sabía
y no parecieron extrañas las figuras cósmicas
que jugaban brillantes en los ojos de los conejos
cerca de la ruta.

*

Anuncian las diagonales en los párpados
que parecen almidonadas, buenas
el resultado, luego del calor
y la ausencia, por fin, de cualquier piedad.
Las manos se cruzan plásticas
se acomodan eternamente en el puño de la madre
una extravagancia vieja de pájaros perlados
una gestación amarga.

*

Como una porción de divinidad en los días, son a veces, las cuatro de la tarde.
De abstracción inevitable, dan ganas de untarse a las paredes y permanecer callado.
Qué bueno que es no hablar

*

Supo que era redonda y tiesa
la granada que él mismo sostenía
cuando empezaron a acariciarlo cada vez más fuerte
y sintió cercano a los ojos el fondo del río, el barro.


*

Fue todo bastante claro para él cuando vio que los pies de los otros iban a permanecer ahí y que se multiplicaban en el fondo del río, algunos más impacientes. Ese conjunto de peces muertos lo tenían sujetado convirtiéndolo en una parte más de aquellos escombros plásticos.

*

Ya no importaba si la responsabilidad era grande por entrar desde los jardines a la casa, la importancia de ser tan pequeño era tal vez la de pasar desapercibido y poder observar tranquilo la habitación perfectamente ordenada con las cajas con los frascos y los tapones exactos; esa densidad de nieve que adquiere el lugar de un muerto. El fue el primero en apoyarse en la cama, abismarse hacia el piso y acariciar los almohadones perforados. Se hubiese llevado todo si lo hubiesen dejado, pero a cada intento de caminar, de avanzar con fuerza por aquel espacio, las miradas de los amigos lo detenían con ojos de padres.

*

La cabeza de un toro, con la solidez caliente y los ojos estirados. La fuerza del rasgo trabajador; así era la cabeza de su amado. Una especie de trofeo circular, móvil; la cuerda estirada en un campo de batalla.
Algo enloqueció en las entradas de los silos que ya no funcionan; aquello que se escucha como un tintineo preciso que recorre subterráneo la música de fiesta; lo que viene de otro lado pesa, lo que recuerdo en el metal es un brazo recobrado.

*

En cuanto detuvo la mirada y fue ausentándose de a poco de las conversaciones y también del abrazo del cuerpo que se hacia en el pequeño salón, la mayor parte de su rostro se convirtió a verde inglés.

*

Como por fantasía creo en el carácter holográmico de la cordillera cuando las personas descienden por el valle y parecen querer acurrucarse en la figura rosa como si fuese de allí de donde verdaderamente proviniesen. Como si hubiese un campo igual al hacinamiento de los ojos, al color acaramelado del cuerpo.

*

Las escaleras se humedecen por el paso mismo de quienes las habitan. Ahí donde parece estar muerto aquello que creemos conocido como la antesala de la fiesta se percibe la alegría en algunas luces utilizadas y cierto sudor de jabón que se evapora rápidamente.

*

Se prepara adolescente cierto rechazo
como una máquina rota
que se acomoda bajo la adopción marginal.
Es aquello que se enjuaga
tibio
como un cúmulo de resultados,
de avances huidizos hacia esta realidad
y de repente
No hay más nada
- que limpiar un auto en San Pedro-
Inexacto como un gallo viejo
se cocina en la tierra del pueblo
aceitándose las manos únicamente con lo justo.
- con la porción necesaria de pensamientos-
Para articular los movimientos y finalizar el día .
Para borrar ese aire de tragedia que le damos a aquello que desconocemos.

*

Se preparan salvajes pequeñas jirafas
para batallar cantando el amor por la noche.
Lo que parece miedo en su espesor tibio
en cierto parpadeo incandescente
no es otra cosa que una imagen
- un palpitar ligero que conforma el resto en acidez marina-
Nubla la vista esa caída repentina
desemboco , inexistente yo, en todas las pequeñas furias.
La tierra que cubre un espacio indeciso
fue antes un río y devino en tierra.

*

Fueron a ocupar la tierra que se liberó luego del quebrantamiento de las vías pequeñas libélulas transparentes que eran su cabeza y también las tardes anteriores

*

Levantó la mano por sobre la espalda de su hermano y el movimiento duró entero por sobre las pequeñas costras rosadas que empezaron a soltarse como despegando en olas y ambos pudieron recordar algo de aquello que habían sido o al menos presenciado.

*

Se desplegaron los globos en pequeñas cabalgatas que se hinchaban y retorcían en distintos tipos de un fucsia frío.

*

Se disuelve espeso
un brazo sobre la pared
se vuelve ahí siempre
a esa noche
a ese deseo
apoyar la cara contra la losa
y enfriar los labios
en una pequeña desesperación, una muy pequeña

*

Todo se despega en sonido y debajo de las paredes de la fiesta no parece haber más que imágenes, hipocampos que tornasolan dulce cualquier creencia. Esa pequeña magia se parece a la decepción que consigue un instante brutal de encantamiento; ahí se reconoce el cuerpo solo como un pasado y casi como una idea.


De, Animales (inédito)

Laura Petrecca


Nací en Buenos Aires en 1985, estudié cine. Leo y escribo poesía.

MIGUEL SPIVACOW



Algo de alguna manera me afecta y empieza a tirarme para adentro, hacia pensamientos, dudas, preguntas, recuerdos, discusiones conmigo o con otros. Si la cuestión toma un ritmo o una forma estética, puede terminar siendo una poesía.
Corrijo mucho: un texto puede gustarme cuando recién lo escribo, pero no necesariamente unos días después. Por otra parte, no separo el momento de corregir del momento de la primera versión: me parecen ambos parte de un único proceso uno de cuyos aspectos es saber mejor qué pienso y qué quiero escribir. Tiendo a pensar la corrección como amasar el pan: se trata de mejorarlo, hacerlo más sabroso y forma parte de la cocción misma.
La poesía me resulta un modo de pensar la vida que, aunque está sesgado por una búsqueda estética, es en lo esencial un modo de pensar algunas cuestiones. Con cada uno de mis poetas preferidos dialogo sobre su modo de entender la vida y como lo plasmaron en sus poemas. Me interesa poder apresar algo personal, lo que hizo que una experiencia llevara a una poesía.


Poemas





1

Tarde de cumpleaños


Es tarde

y voy

y vuelvo

del espejo al reloj

y no me encuentro

no estoy

no veo caras conocidas

en la casa de siempre.

Tal vez se fueron

como yo

sin saberlo

llevados, empujados

hacia donde pudieron

si pudieron.

Momentos de familia

Viejos regalos

charlas

miradas y llamados

van y vuelven

vagabundean por las piezas

pasan

quedan

mientras

en las ventanas

voces extrañas cuchichean.



2



Heredad



La casa nuestra es ésta:

en las habitaciones detenidas

en los pasillos

perduramos

nombres y sobrenombres

aires

de días sin historia ni sustancia,

días

en que estábamos juntos

en que éramos

un vaivén de murmullos familiares

migas

de sobremesas en la siesta calma.

Aquí estábamos todos, aquí éramos

los que se fueron y nosotros

un ramillete de presencias,

un entretiempo en el destiempo

donde estuvimos

donde estamos.


3



Márgenes



¿Dónde estará mi vida, la que no fue....?

J.L. Borges



Mi vida tuvo márgenes extrañas,

un malestar en la garganta,

una opresión vacía

al límite de juegos en el barrio.

Borrosos,

mis padres habitaban otros mundos.

Yo los veía muy poco.

De vez en cuando,

como un rescoldo errante,

una rendija repentina

se entreabría en los brazos de mi madre.

Aquellos personajes ­ –creo–

estamos todos muertos.

Creo.

Tal vez.

A veces, sin embargo

como un ladrón en sombras, a hurtadillas,

me encuentro preguntando a mis amigos

sobre su infancia, sus familias,

qué hacían en las tardes de domingo,

si festejaban los cumpleaños,

si iban a un club, a los partidos.

Y es una escena fea, vergonzosa,

como si no debiera.



4



Me quedo



Considerando en frío, imparcialmente,

que el hombre es triste, tose y sin embargo...

César Vallejo

Limítrofe y sin paz,

considerando

que Argentina es mi patria

y que me duele,

mi desatino es el de tantos:

el destino

de resistir y resistir

y acaso

de vez en cuando estar feliz

acaso.

Y recordando fría, imparcialmente,

que Vallejo, tan nuestro y verdadero,

muere en París un jueves aguacero

de reuma y soledad,

tan extranjero.

Considerando entonces todo esto

voy a tragar saliva y como sea

llamar a algún amigo,

leer un libro. Puedo.

Esta es mi tierra, pese a todo

y quiero.

Aquí quiero vivir.

Aquí me quedo.



5


Aunque vos no lo sepas



Aunque vos no te enteres

aunque nadie te vea

ni vos misma lo sepas

aunque cambie tu nombre

según cambian mis sueños

estás en la calle

oculta entre gentes

tu mirada me sigue

me mide me observa

vos juzgás sin saberlo

decidís

como estoy cómo siento

qué valgo

qué día me espera

testigo secreto

llamado en las sombras

tus señales me ordenan

tu voz me aconseja

aunque vos no lo sepas

ni yo mismo lo entienda

aunque acaso no seas

ni existieras ni fueras

otra cosa que un viejo espejismo en la ruta

un señuelo

una nube

que se aleja se acerca

una deuda un anhelo

un deseo

una huella.



6.-



Divorcio



De aquellos meses guardo

la sensación confusa de un boquete

la vorágine

de horas enloquecidas

descosidas páginas

de un libro entre ciclones

ella en el descampado

era el grito

de Münch

frente al vacío

allá lejos

mi hijo

–un día

alegre bienvenido–

era un perro perdido.

Recién ahora

después de casi un siglo

puedo volver atrás y más tranquilo

por una vez

agradecerle al tiempo

que haya implacablemente

transcurrido.



7



Asamblea



Entonces, Gordo

¿Te acostaste con Nora o fue mentira,

otra fábula tuya, megalómano...?

Gordo

¡qué parla!

ese día en la cátedra

como una pluma al viento

levantaste el teórico y los prácticos

“Hoy no se dictan clases.

Fisiología repudia

la muerte de argentinos inocentes,

docentes y estudiantes

condenamos

a este gobierno de canallas.”

Gordo

estuviste bárbaro

profesores y alumnos

te escuchábamos

como a Evita en la plaza

hipnotizados

por tu emoción tu furia

Nora lloraba

los mecheros a tope

en el laboratorio inmenso

una mesada una trinchera

la facultad en armas.

Gordo

maestro

¡qué manera de hablar!

las asambleas son tu mejor retrato

una palabra un argumento

casi un profeta en el estrado

en un ciclón de imperativos

entre roscas, alianzas, retrocesos.

Decí la verdad Gordo

¿te acostaste con Nora

o fue un invento?



[ Para Hugo Strejilevich, in memoriam]



8



Luz y barro



“La vida es una broma cósmica”

Osho

Fue trabajoso pero abrí la puerta.

Llegué a mi casa, bien, vivo conmigo

y junto a mis hermanos. Soy testigo

del azul que en mí fluye. Estoy alerta:

jazmines, barro, luz, acepto todo

lo que el río me trae en su corriente.

Ya no espero ni busco. Estoy presente

y gozo de la vida, que es el modo

en que Dios a mis ojos se desnuda.

Mi Tao es el asombro, es el del Buda:

despertar cada día a la existencia

es mi única verdad, mi única ciencia.

Muero a cada momento, a cada hora

renazco, bailo y río, aquí y ahora.



9



Ahora estoy más tranquilo



Esta conversación nos hacía falta

en la mesa de siempre

en la cocina

con el olor de las tostadas

humeando en la mañana.

Tal vez la postergó tu muerte

o mi torpeza

de tomar seriamente tus palabras.

Estar juntos ahora

trae calma

como una carta de otros tiempos

llena de vida

nos repara y conforta:

vivimos cosas duras

y entre el desánimo

y tantas madrugadas sin respiro,

otras presencias tuyas se opacaron,

tan cercanas.

No sabemos hablar.

Nunca supimos.

Pero qué importa.

Dejémonos estar. Estemos

en silencio –alcanza–

lejos de las urgencias,

a orillas de los hechos.

Ya nada nos reclama.

[a mamá]



10



Despropuesta



Yo no quisiera conquistarte

ni siquiera entenderte

lo que quiero

es recorrerte

entreverarnos

en remansos torrentes

continuarme encallar

del asombro al suspiro

en tu piel en barrancos

en playones de niebla enrarecernos

entorpecernos en la mañana que no acaba

confundirnos en el aliento el huracán

que desde adentro nos arrastra

hacia el centro del mundo

exhaustos aprendices de la magia del cuerpo

sin opiniones ni ideales

solo dos cuerpos

luminosos

nuestros.


De,  Voces en las ventanas



Miguel Alejo Spivacow nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, República Argentina en 1950.  Publicó Voces en las ventanas, poesía, Alción editora, 2007). Trabaja como psiquiatra y psicoanalista en la ciudad de Buenos Aires y ha publicado otros libros referidos a su trabajo profesional.