viernes, enero 18, 2008

CAROLINA BÉJAR





A veces, ir a plaza San Martín, sentarme en uno de sus bancos, mirar hacia lo que creo el río, la cercanía presentida del agua inmensa me remite a un estado extraño, de viajes, historias, estado costero.

También en el colectivo, en la plaza, en el tren al escuchar una frase, escuchar parte de una conversación cercana, en la cual, de pronto, aparece una frase que me abre un campo, entonces escribo a mano sobre el papel que sea y dejo reposar la escritura en forma manuscrita hasta que algún motivo externo me incita a pasar el texto a la computadora (algunos poemas siempre serán manuscritos). En alguna ocasión, voy a un local de fast food y me quedo horas mirando pasar la “cajita feliz” y escribiendo.
Cuando ya estoy sobre un tema, me siento en estado de extrema atención sobre aquello que me interesa, es decir, puedo estar mirando discovery channel o leyendo un artículo del diario o mirando por la ventana en un bar, pero hay algo de eso que se liga al tema en el cual estoy trabajando, es como si todo el tiempo, por más que mire o lea sobre temas totalmente diferentes, aparece algún señuelo, que voy siguiendo a través del espacio. Es bastante extraño y abarca períodos cortos de tiempo. En ese momento puedo dejar de leer o de mirar y ponerme a escribir o si no, tratar de retener de alguna manera ese hilo de pensamiento o esa imagen que se cruzó en un instante para trabajar luego sobre eso. Hay 2 momentos, en una primera escritura en la que surge determinada voz o cauce y entonces aparecen saltos y recorridos que avanzan sobre el texto y otros que quedan truncos, tácitos, eludidos y se produce el borrón o tachadura. Cuando escribo, como dije, lo hago por lo general en forma manuscrita y luego, tiempo después suelo pasarlo a la computadora, y ese es el segundo momento en que corrijo, relectura mediante, o adivinación de letras dispersas en papel, entonces más bien, reescribo. Yo diría que entonces corrección es reescritura, volver a encontrar la voz, y darle quizás otro giro, un pequeño cambio en la entonación.

Con respecto a las imágenes, suele pasar que vea un juego de luces, un reflejo, un brillo de agua, y pareciera como si algo se develara en ese momento, justo una mirada en cruce con cierta disposición de objetos iluminados; allí veo algo que creo único, y por lo general me lleva a escribir al respecto.

Si veo algo de los osos y sus berrinches, por ahí me quedo pensando en sus movimientos, en oso bailando, en celo de oso, en ojo de oso, en cómo se miran, y quizás me dan ganas de escribirlo.

Otra: los nombres, ya no por su significado sino por su sonido, son como sonajeros, sólo hay que hacerlos sonar.

Poesía es más bien música para mí, entrar al sonido de las palabras a través de la imagen que proyectan sobre mí y mis objetos.

Hablando de infancia, de chica escribía pero más que nada, leía, leía muchísimo.


Carolina Béjar


SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO "ARIZONA/PLUS BELLE"



Blanca, la viña


Se ofrecen mordazas locales,

dos noches antes de morir.

Presas del silencio desafiante de los muros.

Ovidio

los puntos sobre las íes

y a otra cosa.

Los muérdagos celebran la unión con las bacantes.

Propio de lo ajeno,

su misterio, enmudeció a los oyentes.

Sembrada de tragos-vidas,

la bella donna

estira su cuello inexorablemente

Largo

de aquí

murmuró Ofelia.


Fresco


Un vaso de Ginebra -liviano-

en Wisconsin,

y la mirada tirana

de los altavistas del aire

que nos elevan por encima

de nuestras postrimerías cotidianas.

Lady Ann y Elisabetta

cuestionan los poderes

que su vestidos conquistaron

sabiamente

a la hora en que se encauzan los huevos

rotos

sobre la mesa.

Simplezas del relevo de invernadas veraniegas.

rutas cortadas.


3ER. TIPO


Sólo tirantes

y Dreyfus solapeándose sobre la mesa~ paño verde

que se corta y corta

en infinitas bolas.

La barba redobla

en fanfarria

las tristes edades de su encierro.

Bon vivant

El tiro, lamentable tiro que apenas se detuvo ante la estrella

Inexpugnable,

el espacio de lunetas

que redobla

sus edades

al compás de la bahía.

Lunetas,

que cuando le han visto

se han quedado mudas.

Remigio~cárcel,

elefanteasis marina

que ataca verbalmente

por sorpresa

a todos los

rumiantes

que celebran su existencia.

Brillo exacto de la tierra

que regresa

entre las mantas

que le inculcara su abuela.

Remigio~Dreyfuss~Remigio

Silencio aguerrido de la fauna

que resiste los vientos, la gresca.

Borrasca,

límite impreciso

que separa

los cuerpos.

Identidad

que otorga

el saberse separado

por la vana protesta de los muertos.


Verdín


El silencio acabado de los bosques

se metió en su cuerpo,

se comió su infancia

recordando a los testigos su final inalterado.

Suficiente guía de piedra,

de remedio feliz de los aromos

que acarician su pelo

Claro, atravesando los sueños

que su asombro le vedaba conocer.

Reconocido entre tantos

su estridencia dejó atónitos a todos

“Rebelde”, le aplicaron

y también

Veritas, polvo de estrellas

para sacudirse a pleno

entre un torbellino de picas y redondeces al tono

y más

Zumo, versión denostada

de arena y naranja.

Cierto, al fin

las heridas recuperan su brillo.


Cretinina en gotas


Envés

La mirada se ha vuelto ociosa

y me gusta.

La ceniza se esparce con ganas

y me irrita.

El toldo cae

adormecido y lento

sobre la babosa

incandescente de tu boca.

Es tu amante quien resuelve

y me incita.


Rictus


El rostro no dobla

Sr, la esquina es angosta.

Rostro, a mí me parece…

Sí, puede ser

Efectivamente

Pase por aquí

siga de largo

no se detenga

ni para vomitar

Camine,

no retroceda.

Rostro demora

Respuesta fatal.


ESTELA


Buque de carga,

retorna remanente

Los cuerpos de Nadie

rezuman al viento.

Se toman cadetes

que sepan colgar

los dedos del mástil,

cocinen y roten,

no salpiquen.

La salsa se incendia en la Tienda de Mbär,

el humo delata su fuerza desnuda.

Soberbio el retoque, sabor tropical,

triángulo de dientes.

Arriba las uñas, despacio es mejor,

suspiren y exhalen,

las yemas en punta,

Relajen.


TRACCIÓN


La miel del polvo del café de ayer

se derrama atrás, en la luneta.

Acidulante en líquido,

repetición de tono, de presión,

de sonido de caldero.

Atrás, la sangre

de los caballos reunidos en la intención recóndita,

sin más.

La tesis fue amarrada a la orilla,

la surcaron con pasos y cascos lejanos,

la ciñeron a bordo, en tropel,

la rociaron con cirios.



CRUZANDO EL MAR A PIE


Repartido,

despatarrado,

reñido, el problema,

cercano.

Azul y blanco,

el mantel, y los hongos y las limas y el dorado

soutien que se acomoda.

El solaz,

el tamaño de las plantas donde crecen las sirenas

entre el vello y las mazmorras y las líneas del destino.

Los atlantes,

seres inmunes que se esconden tras sus mapas

recogidos por la arena y los bañeros.


CRESTA


Riendo hasta el mediodía,

con los codos abiertos hasta Margarita,

comiéndose los dedos de las manos untadas

en porciones exactas,

dividendos.

Ríe tú, riamos nosotros,

rían ellos.

El vino se esparce

entre los ciempiés que merodean.

La riña, todos mirando

y Sigan las apuestas.

Los pulsos recorren la zona,

acelerándose.

El último

no viene, no aparece,

ni siquiera se esconde,

la espera propone una siesta.

Afuera los gallos

siguen cobrando.


POEMAS DE LA SERIE "PIANO"


Piano


Intro


Salecita de mis amores

Yugo físico de mi fuego

Aycito estuvo el tiempo

Y se apagó sin esmero.

Salecita y fue masa

Arrugó la cara y se comió un pomelo

Rosado, tierno, entrometido

Futilmente desgraciado.


Épica


Gumersindo echó a correr

la liebre tras la reja,

la solera abierta sin recelo

en la tarde errática de Enero.

Silbando bajito, arrimó la oreja, arrastró su ala y se cercenó en un grito.

Pileta y largo y medio

cencerro y pica ciega

Atila se estremece, junta piedritas y torres viejas.


Caza ZZ


La Mosca alemana atravesó el silencio,

se puso a la cabeza de docenas de otras moscas

esculpió su silueta

por los marcos ilustres

se escondió tras la sed de algún pequeño hombre


Aéreo


“Loquecita” le decía su madre a la pajarrara esa

que a veces se asomaba por el mostrador.

“Atañe”, le insistieron

y luego ya nadie quiso escuchar sus lamentos.

“Cipreces”, parecen aquellos, los del luto enjuto.

“Barajas”, como quien se siente a gusto

bajo sus pies.

Picotes, los que te dio esa noche de tortura infinita

y el rimmel, arrancado y de suaves laderas

y el cuenco, erizado, eléctrico,

por fín, plano.

Como si te viera siempre

desde allá arriba

como si no pudieras relevar

su estatura.

Tortícolis


Suez


Suluna, le indicaron,

suruta, la siguieron,

suespada, la rompieron

RepitaUd., señor,

noentendieron un pito,

ladejaron.


Post


rufián se ha hecho a un costado,

se mira las uñas, se tilda las mechas,

se calza las piñas.

Amputa se guiña a sí mismo,

se saca los brazos y dice que es magia.

Recita y atrás de la plaza no quedan recados,

ni sombras, ni bocas, ni la revista People


directo de aduana


rusas, penélopes, aguas

sonrisas espúreas de tangos

leones tras minas ilustres

lobitos en sal de montaña

jengibre y alhambra,

se vendió con todo.

rallis y trufas para el bienestar


para su baño


Laski, la perra en la luna

llora

Chuski, el bigote torcido

encima.

Reiki, la pila de la risa

sobra

y el sonido de marras

se echa en el balde

retumba en la tierra

se vuelve cadenas

y en el límite mismo del contorno,

La tina.


para su estómago


Rezónico abusa de nosotros,

plumeta en mano

y casi sin asco.

Retábilo se encuentra a solas, riendo por lo bajo y que siga, que haga fuerza,

que nosotros lo apoyaremos

y las picas que se adoren

y los sueños que se rieguen

salúdalos de mi parte y diles que sigan.


p.d.


Lajárraga, el mundo es nuestro,

el budín de ostras que se lo den a otros,

Disfrútelo, no le haga puchero, si Ud. supiera

cuánto me ha costado.

Libérese, hombre, no se mienta

si Ud. quiere,

permítase un bocadillo,

por las noches, al menos.


rsvp


Al fin solos entre tantos rostros

y el lagarto aquel que parecía acecharnos.

El plato entero se sacudió luego, y nos lo comimos sacándole el cuero,

las carteras, lindas, pero no importan, nuestros cuerpos, esperan

las cuadras de piel, si te quedara chica, atraparíamos otros

Nunca hay lugar para pararse a mirar.


fine


Luquitas marlene se vistió de ganas

parecía otro sensible piropero

pero entonces, impostor en mano,

pegóse a sí mismo como un vil ratero.

Ratita Lascia mecía su cabeza

y hasta fue sincera en la hora más terrible,

pero entonces, no reunió a la gracia

sino al humor belicoso,

se saltó unos párrafos,

y lo dedicó a su abuelo.

“Ramón Lastra”

se escuchó de fondo,

un amigo fiel, como el overo.


SELECCIÓN DE POEMAS INÉDITOS




Tu única iluminación fue la nostalgia


En tus ojos, el campo grande

y en el medio una niña azul

y a su lado un minúsculo gimnasta

dándole vueltas carnero,

las manos con tiza

Tenías, yo ví, un sector de huertas, con tomates alargados, y risas

no sé cómo no se te salían

y entonces los miré bien,

frente al muro eléctrico

el rincón dormido del mundo

siempre verdes tus ojos.


antes


La esquina sin sol brillaba sola

nadie allá la creía mansita

pero no le habían puesto aún los puntos del martirio

La dejaron suelta, huracanada

se adueño

se miró las manos atigradas

y en la falda una cumbia de chicos

y en la frente un millar de luciérnagas

y en la panza el sonido de un tren de trocha angosta

Pasaba y tocaba bocina, todos los días, a ciertas horas.


Laqua


Lagunas son tus ojos

grandes como culebras

La herían con tinta fresca

y carteles que yo no ví

Hasta allá la tumbaron

con corchitos la atacaron

no oponía resistencia

La dejaron quieta unos minutos

La miraban

otra vez la tumbaron y se lo hicieron

de rodillas con tinajas

y en ángulos dispersos

luces de anguilas le dejaban

estela y vapor

se lamían entre ellos

se reían roedores

pero ciegos ya sus dientes

peces fueron

no nadaron



Ojitos tenían a un lado y a otro

sonidos, ritmos claros

mechones de azúcar en la punta de los dedos

Venían por el puente

traían la tierra sobre los hombros

sembraron sobre ríos

ventanas al cielo

que dieron a su vez una música de estrellas.

Bebé tambo le decían

correo de la selva

luz de torno de acero

clavija de burro atado

de endivias sueltas

de rosas cisternas

Bebé tambó

miraba y nadaba

como si el líquido de sus ojos fuera el mundo a sus pies

Bebé tam

la fijeza nada pudo

le pusieron la taza y apenas la vio

aplicó nariz y estornudo


Después


De la nariz

le sale un chorro de leche

pequeño

que se pierde como un hilo

entre los charcos de piel

parece que se rehusa a usarlos

pero podrían ser chalecos

o mangas de camisa

o sombreritos de caza

Afuera, el patio de vacas

todo pintado de azul

con puntos blancos

y ante todo

el cielo, un conjunto de hierbas

es pasto mojado, siempre

Estaba con un pie en el agua

parte de libélula y de codorniz

no va con mucho el vestido

tan sólo los patos

competían con ella

de vez en cuando revoleaba su cresta,

aflojaba raíces y pulgas varias,

oreja afuera en prevención de catástrofes

la raíz del junco vibraba entonces

y el hombro, la ponzoña abierta

en la noche amarilla

al fín, el lóbulo

un grito en la cerca.


Carolina Béjar

Nació en Buenos Aires en 1972, estudió Psicología en la UBA y actualmente estudia canto. Publicó “Arizona/Plus belle” (2001) y actualmente prepara la edición de un próximo libro. Participó en el “Festival Internacional de Videopoesía” con textos de la serie “Piano”. Coordinó talleres de escritura para niños. Escribe poesía, narrativa y teatro, también cuentos para chicos. caroliland@yahoo.com.ar


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