jueves, enero 24, 2008

MÓNICA TRACEY


Aunque me ha pasado estar frente a la computadora en el momento en que surgió un poema o el germen de un poema y lo escribí directamente allí, lo habitual es que escriba en pequeños cuadernitos o bloc de hojas lisas, alguno de los cuales siempre llevo conmigo. Cuando no lo hago, escribo donde sea, y generalmente a mano. En cualquier caso, creo que la poesía es rara, urgente, y tiene su propia necesidad. Es cierto que gusta de algunos rituales, pero aparece cuando quiere. Cuando el alma está desbordada, el cuerpo, agotado, o en una enérgica mañana cuando el cuenco fue llenado por los sueños. Por esa urgencia y por esa necesidad, escribo en cualquier parte, a cualquier hora, en cualquier época del año. Aunque hay ciertos lugares y cierta disposición, alejada de los reclamos cotidianos, que han significado momentos más fructíferos. Lo que no quiere decir que no haya escrito muchos de mis poemas en situaciones absolutamente inapropiadas, impensables y hasta ridículas. ¿Tal vez el viejo tema de la inspiración? No lo sé. Sé que hay algo que necesita decirse y yo lo escribo. Y montones de veces he tirado lo escrito a la basura.

Nunca tengo un plan pero sí he leído a partir de cosas que iban surgiendo y que se hacían evidentes como una necesidad. Esas lecturas podían o no ampliar el campo de la mirada, pero no fueron en vano. Algo se solidificaba. Investigar, leer, buscar de distintas maneras es llevar agua al mismo molino, a ese pozo desde donde uno percibe el mundo. Porque uno escribe desde esa percepción, genuina, distinta a otras. Una individualidad absoluta que de vez en vez toca a otras individualidades. Por algún magma común, vaya a saber porqué.

Corrijo en el momento, tacho y sigo, corrijo después. Hay cosas que me confunden, ni sé qué dicen, a veces las dejo, otras, no. Es raro que agregue o cambie, mi método habitual es de limpieza. Desmalezo.

Pueden aparecer imágenes o música o sentimientos, pero me parece que en el momento de volcarlo hay algo que se traduce como conceptual, aunque muchas veces quede como imágenes. De todas maneras, y sin que el pensamiento resigne su lugar, el cuerpo suele ser la vía. Un cuerpo confundido con el alma. Un alma de una vitalidad sensorial. Así es mi vínculo con la poesía, pura experiencia. Una experiencia que antecede y excede todo concepto. Si hay una idea acerca de la poesía no es a priori. Cuando escribo voy a tientas, sin saber hacia adónde ni por dónde. No tengo disciplina pero soy muy seria en cuanto a tratar de escuchar atentamente lo más genuino de mí. Tal vez como ni siquiera lo hago con mi vida.

Me pasó con un libro, “Hablar de lo que se ama”, que sentía que estaba escribiendo dos series de poemas muy distintos y pensé ¿qué voy a hacer con esto, serán dos libros? En el momento de armarlo me di cuenta que una parte espejaba a la otra, más desnuda, sin narración. En una se contaba una historia; la otra, vacía de anécdota, ahondaba en el gesto, la quietud, el movimiento. Pero yo no lo sabía. Lo vi en el momento de armar el libro. Sólo escribí lo que tenía que escribir. Y esto por supuesto fuera de toda valoración. No digo que el libro está bien así, digo que había una estructura, y yo no la percibía.

En cuanto a la valoración, aunque soy muy insegura y me pesa la mirada del otro, la poesía es un lugar, tal vez el único, en que en verdad la dejo afuera y no dejo que me distraiga.

Mónica Tracey


SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO “HABLO EN LENGUAS”


Historia de la lengua


Una letra se aspira

otra se abre

cambia de lugar

una espera

de longitud a acentuación

de brevedad a olvido

cae

desaparece

transforma

un orden que no es

para ser

otra cosa

otra palabra

lo mismo

como un guante

cubre la piel

como unguento

vestido

disfraz

cambia

según la lengua

el paladar

los labios

un esto por lo otro

lo mismo

lo mismo

lo mismo

según la forma

la respiración


Los amores


Tal para cual

el agua y el aceite

el punto de contacto

hace una cosa o la otra

dice una cosa o la otra

o lo que es lo mismo

hay un momento

una fisura

una llaga

lo que es tal para cual


Morir de amor


El vino de resina

la miel fuerte de las sierras

el lugar de las

abejas que liban

néctar del algarrobo

del atamisqui

según la época

según la floración

sabores ásperos

caminos de cornisa

ninguna muerte

en ningún amor.


Marea


Es el sitio

y anclamos una y

otra

vez

y el mar ha golpeado

una y otra vez la

madera

un muelle hermoso

una vez

sitio de anclas

ese lugar

lecho una y

otra

vez

sueños

cuerpos

fértil alga enredada

cabellos de algas

entonces no

ahora

la marea

puso todo allí

lo lleva

ahora

maderitas trozos de

todo

podrido


Hablo en lenguas


Hablo en lenguas

sin pelos

con las señas de un rostro que se oculta

detrás del rostro

que aparece entre las señas.

La misma noche

nada dice nada de nada

una culebra

dos

más

todas

en el mismo balde.

El centro de la caracola

dispara su espiral

la extingue.

El cuerpo

en mi rostro

aparece tu rostro

la piedra de toque

imposible la simetría

impensable de ser y no ser

la mano oprime su versión helada.

Eco de una lengua

en otra lengua

que se mueve

como culebra

en balde


En la estación seca


Era el ruido de la lluvia

y ya tan sólo sentía su presencia

en mi cuerpo

olvidada del aroma de su cocina

tenía sobre mí esas manos que lidiaban

con la sartén

dispuesta ya

al inicio del amor

bebía despaciosa el vino seco y

blanco que él llevaba de cuando

en cuando a su cocina.

El ruido de la lluvia

me llevó hacia la ventana.

En Caracas no cae una gota

en la estación seca.

Sonriendo volví a la mesa

dispuesta a mantener el equívoco

en secreto

y a esperar esos langostinos

que con ruido de lluvia

se cocían en su sartén


***



Hay una idea

en la repetición

tal vez por eso

Hay algo

una idea tal vez

en la repetición

por eso

En la repetición

hay tal vez

una idea

por eso

Un hombre cae

dos veces

en la misma tristeza

Por eso

hay tal vez

en la repetición

una idea.


Mónica Tracey


Nací en Junín, provincia de Buenos Aires, el 18 de mayo de 1953. Allí pasé la infancia, de allí es el baile, el piano, las primeras armonías que más tarde se harían palabras. También de allí son los colores de la primera mirada, la más íntima, y seguramente el tono de todo lo que vino.

La poesía empezó a tomar forma de palabras en la adolescencia y poco después encontró su lugar de despegue en un grupo que formamos con Susana Villalba, Víctor Redondo, Horacio Zabaljauregui y Guillermo Roig, entre otros, alrededor de quien fue nuestro maestro, Mario Morales. De ese grupo nacerían un tiempo después la revista y la editorial Ultimo Reino, de las que también formaron parte Jorge Zunino y María Julia de Ruschi Crespo, quienes desde antes que nosotros estaban junto a Morales.

Una beca del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos de Caracas, Venezuela, me permitió participar de sus Grupos de Creación Literaria (Poesía) 1979-1980. En Caracas también concurrí al taller de poesía de Antonia Palacios.

Participé en distintos ciclos de lecturas. Mis poemas fueron publicados en medios de la Argentina y del exterior y en varias antologías de poesía, las últimas de las cuales, editadas en 2006 son:

- Poetas Argentinas (1940-1960), selección y prólogo de Irene Gruss, Ediciones del Dock, Buenos Aires, Argentina.

- Voix d´Argentine, selección y traducción al francés de Chantal Enright, edición bilingüe francés-español de Cahiers Bleus, París, Francia.

Libros publicados: A Pesar de los dioses, 1981. Celebración Errante, 1987, Hablar de lo que se ama, 1990 (este libro ganó una beca de la Fundación Antorchas) y Hablo en Lenguas, 1999, todos en editorial Ultimo Reino, donde está próximo a aparecer Sobre la espalda del cielo, que ganó el tercer premio del Fondo de las Artes 2007.

Estudié Periodismo y Letras. Trabajo en distintos medios periodísticos.

mtracey@perfil.com.ar

No hay comentarios.: