viernes, febrero 09, 2007

SERGIO UZAL





Pienso en la escritura misma como un rito. Claro que la "escritura misma" es ella mezclada a todo lo que se le prende, incesantemente. Pero como "escritura misma" no es nada, es decir no hay nada separado así, pienso en la vida ritualizada, y me apenan las distracciones que dispersan la atención necesaria a ese estado de entendimiento. Que la escritura se de así o asá son como las circunstancias de ese proceso ritual, de lo ritualizado. En ese sentido recomiendo la charla entre rey Jimenez y Nákar Elliff en un número de la Tsé-Tsé (número que lamentablemente no recuerdo, será el 15? o el 16?). Esta charla, los procedimientos a los que nákar alude, son interesantes porque nos sacan de perspectiva, nos sueltan a una variedad muy poco oída.
En mi caso las cosas son bastante comunes, se me ocurre: bic negra y papel, cuadernos o papeles sueltos, cualquier papel, en cualquier hora o lugar -aunque últimamente bastante diurna, de vista al jardín. y como me voy despojando, como cada vez me quedan menos cosas, tiendo al ascetismo, una mesa una silla y poco o nada de elementos que distraigan- excepto los que pida el rito, los fetiches diría del momento. En general, poca ingesta. Tabaco, a veces alcohol, en ciertas dosis (luego, al alcohol poco le importa la escritura).

De las drogas, por así decir, en la marihuana encuentro una afinidad, una amistad por qué no, un amigo que gusta del juego -o de la juerga- el juego de la escritura, el de la música, el del trazo o los colores aplicados en el papel o en cualquier superficie que nos seduzca. Y, ya que hablaba de música, a veces está y a veces nada. A veces, a la escritura no le gusta para nada, de pronto se ha vuelto muy huraña y se pone a chistar, que no la molesten. Pero en otras ocasiones -¡y en cuántas otras ocasiones!- es una bendición. Muchas veces nos da, nos inunda del sabor del viaje que nos viene pidiendo, ese viaje enigmático que nos llama, llamaradas de Shankar o de alguna música de Indonesia o de Java o una espléndida garganta persa.

Lo que va surgiendo o plan? mmm, los planes que incesantemente van surgiendo, planes que llevan a otros planes, y a otros, planes que se van haciendo pelota, planes idiotas, demenciales (y la justicia de la pereza que delicadamente los va dejando). Podría ser el plan de la imposibilidad de plan. Lo que va surgiendo. Los planes que surgen y surgen, que se atropellan, que se devoran. Los planes que aparecen por domar o por filtrar eso que surge ¿Qué surge?

Me interesan los planes. Me gustan los planos. Surgen los planes, golpean, como géisers. La fascinación de los planes el embrollo de los planes, lo irrisorio de los planes, de "tener planes". Para mí, el plan no conduce a nada. Que planifiquemos algo y que este algo se realice o no son cosas que no dependen una de la otra. No me gusta proponerme una cosa u otra. Esto o aquello. Y, toda vez me propongo -se me propone- esto o aquello, a la vez, sin que esto o aquello se imponga finalmente. Finalmente, no hay fin ni comienzo ¿Cuál es el origen? ¿el original? no hay original. Hay versiones. Nada surge de uno. Toda lectura, toda escritura, no tienen origen, localidad. Aunque se trate de experiencias "nuestras", que nosotros nos atribuimos, y por ende la escritura de esas experiencias. Todo lo que llamamos escritura podríamos decir que fluye, que corre en el astral. Escritura estelar. De allí lo tomamos, o nos toma. O de allí nos lo dictan -para quienes gustan de la idea o el sabor de dictado (¿dictador?).

Escritura como una manifestación que viene a realizarse en nosotros. Un misterio que siempre viene a manifestarse, que siempre está viniendo. Pero no se trata simplemente de mediums. Robaría la idea del operador, un operador que trabaja su antena (es decir que trabaja en sí mismo), que la alimenta con el hambre de ese fuego o es robado por el hambre... mmm, versionar. Corregir me trae la idea de padecimiento, de haber padecido esa idea de escritura durante eternidades. Me doy cuenta de que, cuando acepto lo que viene, sin juzgar, sin correccional, hay como una salud. Es que nos vamos liberando de la enfermedad de determinar todo, de que todo tenga que tener un sentido. No.




Poemas





(recopilación 2002-2005)



Ahora, el camino,
no hay camino
no conozco a la figura que asciende
y viene tocando
viene con haces de la planicie
o vuelve a la nieve, no sé
hay que extender la mano
a través del vidrio, volverse
la mano que se tiende
y desatiende su museo de figuras
que constantemente exigen
el camino
mi cinta nevada de liebres

*

borra la palma
pero brota el jalón
que no se ríe
el pico lo desgarra
hasta la rama
pero brota el temblor
hasta la flor evanescente
con una inclinación al otro lado
la sombra lo dice
al rozar con su beso la alfombra
lo dice al quemarla
con el beso de la planta
y se hace nube
es que saberse espira lentamente
saberse voluta
caudalosamente se pira
algún saber, se dice:
todo te corresponde
todo brote te responde
y reconoce la voluta o la baba
como la que deja mi planta
con una inclinación
donde no existe

*

algo habla las flores
algo no se extingue
las flores hablan una
estrella sin nombre
un lucero
se encuentra en la
sombra
el habla se confunde
en la atención soy
indistinguible de las
flores
y de los nombres
y de las estrellas que
arden como puertas
como flores

*

mi barba tiene mil hojas
mi globo ocular muchas ramas
un quásar en la punta de una
y un braille para la mancha
la gota adumbra en un recodo
duerme para sembrar el alma
con su calma de atolón de bikini
mi barba se hamaca

*
nube de mi lado
mi sed de hojas
salas de vigilia
sillas en el potro de la huella
mi suela despegada
me pego a las sombras
el sol es una claraboya
el silencio es rubí
tapicerías, sirenas
a mi lado la niebla
hunde su cuchillo en la hierba
come el pasto de los soles
come los trigales de fosforescencia
es la pira del que mira
es la espira del que muerde
y miro sin huella
y me peino con hojas
como iguanas que saltan
la oquedad se queda

*
algunas manzanas brillan como flechas
una somnolencia nos acaricia los cabellos
nos llena la boca de manzanas tibias
la cabeza es un sol
el arco es como la voz nocturna
el casco plateado duerme en el pasto
en nuestras bocas hablan unas frutas
rarísimas

*
media luna
en la punta del jardín
su cuerno de estrellas
es salvaje la semilla
sopla el jardín del corazón
allí sólo hay un anciano
que barre las hojas
barre las monedas inaudibles
y en ese cascabel apenas
asciende en un tirabuzón
a lo negro de estrellas
lo negro palpitante de la carne
de un gallo de riña que mira
el anciano va acurrucándose en su ojo
lo blanco es una cama de pájaros y carne
como el blanco donde se acuesta la niña
nos pide que rodeemos su arrecife
de todos los colores el coral
es el suyo, un cuerno oscuro
solar, arrastra remolinos de hojas
y por allí sube y baja la cola
su misterio de coral

*
agua de viento
agua de luz
vida de puja invisible oruga
luz que come el viento
viento en su campo-caracola
prueba el color del agua
prueba el ardor del agua
la sombra una pulpa acaracolada
vista con su labio temblorosa
como la capa tras el niño en su sueño
gotea la luna en su mula hojaldrada
rompe la vara para penetrar en la borrasca
la luna montada en su capa de fuego

*

salir a tocar el árbol
como salir a oler el cielo
una bruma
piel sobre piel raspa el pergamino
cuerpo tañido de imán
barquillo de manzana atrapado por la reja
cuando ansiaba su punta hacia el limón henchido
la carne espera el pico que la consuma
vive la manzana cuando va quedando en hilos
hija repentina del pájaro
esa carne de agua
curiosa ante los chorros de limón
ofrece su pezón a poblaciones misteriosas

*

silencio radio de sol, oro-péndola
en las paredes que ondulan
ladra el viento o labra oreja
o cuelga el cuero y bronceado chisporrotea
y se abre la ventana no dejándose ver
o dejándose ser se acerca al eros
y los pastos en chanfle pican en la nube de
insectos por venir
partiendo
y no preguntan desde cuándo o dónde

*

escolta vibra en el alambre
pino-pájaros de pétalos como flamas
gas contra corriente de pecas solarizadas
y camperas vuelos a los tibios charolados
zapatillas los cruceros donde un perro largo
aclara los agujeros, escuchando en el alambre
algo de hueso de niño
algo de huevo de enano

*

brilla un pequeño esqueleto
el viento quema la espalda
el cuerpo pide caminar hasta que
el cuerpo ya no se reconozca
nubes con pasos de hojas y
cabelleras de pájaros
todos sensitivos al brote

*

pared de soga
pared de flor arrancada
pared de nacimientos quemados
pared de chisguetes, de pudriciones
pared de micetos
aire bisel
bífida pared
pared herbal
pared venosa
árbol cerebral
y gran planta de raíz
y grandes plantas bicéfalas
pulpo gris
cruz de pared
y raíz de oquedad
ruta del himen
pared criminal
otra estirpe chupada
por el viento cierzo
escoromujo la conciencia
y manos de musgo
y colinas colibríes
y saltos en el pecho

*

reclama tu verde
mueve el árbol, agita
impresiones
hacia cada punta
de cabello granado
llevando a tu fuego
las esferas
los frutos que tensan
la superficie del grabado
son tus aros
de viento
que atraen cada punta
de suelta
de viento que agita
que vuela el árbol
de tus impresiones

*

esta gran holgura

cerebelo nuestro
el extra de los cielos
y los pretéritos dormidos
a la sombra de abetos

*

quédate
trae una nueva eternidad de esa trama
de todos esos entramados que aún no
pude ver
porque soy un niño
ardiendo con mi muelle en el agua

*

sombras café alcanfor
cardo vidriado
lo que era sugerente
en tu raspado rugido
aquellas flechas inmóviles
son la evidencia de algo
el alma como de cuarzo
pero la cámara es esmeralda
pero la cápsula es venérea
vuela entre los flavos
ascendentes
vuela entre la diosa
morados

*
un foco para el verde
y el tanque incendiado arriba
en otra esquina
bajan los caños, los escapes, las mancuernas
el calor está en la tiza concentrada
y en las capas más cercanas a la tierra
se ralenta la brisa, se detiene a escucharnos
toser en la pasta de oro verde

*
hunde la cabeza en la luz
habla con la frente verde
baby boom
sangre espesa
cabeza seca
sangre tras la luz desierta
baby blue
pasea
habla con la flecha
la fruta es una luz
en la cabeza
la fruta en el silencio
de la cabeza
con su orificio de luz roja
pasea
la flecha de baby blue

*
el pasado es olivo
fuente sin fuente
caldo de hechizo
es tu frente
la fuente
es tu frente
la fuente
martes de manera clara
aguja de la claridad
de la hospitalidad reciente
de la fuerza sin profundidad
sin ariete
no hay nada
no hay un día
no hay una manera
clara
la aguja
baila en la frente
es tu fuente
no hay fuente
no hay soldados en el frente
sino muñecos, muñecos
de la claridad
cabezas totonacas u olmecas
estepa
hojas aliviadas
frutos olvidados
rayo
entre el sol de mediatarde

*

el sol pudo ser un sueño
que se bebió el costado
de a ratos montado en las nubes
me doy
fruto de una estación abandonada
en el espacio
fruto de un cordón
sin dientes

*
ves las astillas blancas?
ves las naranjas en su panza?
y los cantitos ingenuos?
y las rumias de desprecio?
ves lo que flota más arriba
y te mira?
ves el lodo?
y las telas ondeadas, las ondulaciones
que trepan?
ves todo?
ves todo todo?

*

aquí me pongo un collar
de actos-sin-caso
aquí me pongo a calar
el son intransmisible
y vamos a seguir
seguir indescriptibles!

*
qué rocío
deleitado
montaña como ella
miel de la arena
el sabor de los niños
flambeados de jugar
a la inocencia
-arenaaa…
-arena aquí van…
-aquí llaman…
llamas a mí
pulpos a mi estera
de duna sabrosa
y agradecimientos a la luna
por toda ciencia incierta


De, La Grand Green Pass (inédito)







Sergio Uzal


¿Biografía? ese es un verdadero problema. Aparezco el 8 de junio del 68, es decir que soy geminiano y mono de tierra en el horóscopo chino. Escribir es una de las cosas a las que más me he dedicado, sin duda por suerte no tengo títulos ni tierras, nada editado tuve la suerte de colaborar en un par de números de la maravillosa Tsé-Tsé. A veces también participo de las inasibles operaciones del frente dionisíaco.

miércoles, febrero 07, 2007

NOELIA RIVERO






Creo que el ritual que he buscado toda mi vida es tiempo y silencio de ocupaciones alienantes. Escribí poesía en una oficina mientras mi jefe no miraba, usando rápidamente el juego de teclas alt+tab. Mientras viajaba medio en pedo medio fumada en la antigua línea A después de leer poemas de Lezama Lima y sentirme atravesada por esa brujería que es la poesía. En el aire, en mi cabeza entre trámite y trámite por la calle Florida (una compañera de trabajo de esa época me dijo que me había visto hablando sola: repetía palabras y probaba ritmos, era después de todo, mi momento solitario en la muchedumbre). Aproveché las noches de intranquilidad, los márgenes del bebé dormido o de la después hija jugando a los jueguitos o en la casa de su padre. Ampliar esa marginalidad que deja el sintiempo del capital es el único ritual del cual todavía no me pude desembarazar. Es como espantar a un demonio para restituir algo de humanidad.


Reconozco que casi siempre comienzo a escribir a mano, y que en los últimos años adopté la prolijidad y la continuidad de los cuadernos (comencé esta costumbre con uno que me regaló Tamara Domenech). Y que eso me ha ayudado a que se me escapen menos como el viento las palabras. Nunca parto del vacío sino de haber visto algo, oído, experimentado, leído. El detalle de ver a mi perrito tratar de hacer caca sobre la flor de un cardo, por ejemplo. Tres calabazas frente al sol de la tarde, mi sobrina contándome sobre un pez que vive en el fondo de su laguito artificial... Sin embargo, carezco de planes iniciales. Me voy encontrando con posibilidades y las anoto. Luego veo que hay textos que se congregan por su pulso hacia una idea o fuerza y entonces sí quizás vaya sintonizando, explorando un trazo de conjunto. Esos conjuntos se nutren con nuevas lecturas. De algún modo escribir es leer y estudiar. Y leer y estudiar -como impulso de la curiosidad y del conmoverse- me llevan a escribir.


Corregir empieza con releer. Es otro gran momento perceptivo, musical y exploratorio. Me acerco a lo hecho y busco. A veces los poemas quedan tal cual, otras veces las tachaduras son infinitas, se vuelven escrituras completamente nuevas. Con el tiempo corregir se me vuelve tan deseable como iniciar los poemas que salen de golpe. Sentarme a corregir lo comparo con abrazar eso que deseo -la literatura- cuidarla, darle un buen hogar.


No sé cómo comenzó mi vínculo con la poesía. Tengo varias sospechas. Creo que le antecede mi amor por lo viviente, los animales, las plantas, el curso de las nubes, el movimiento del mar. Hojear el diccionario enciclopédico cerca del ruido de la cocina donde estaba mi mamá. Que a mi mamá le gustara leer, aunque después no lo haya continuado. Que me comprara libros. Las historias que me contaban antes de dormir. El gigante dormido. El príncipe feliz. El ruiseñor. Dailan Kifki. Animal Planet y Carl Sagan. Jugar a las escondidas y chupar la miel de las falsas madreselvas. Andar en bicicleta sola. La tristeza adolescente. Las canciones rabiosas. Amigos que leían. César Vallejo. Un haiku de Borges. Salinger. Los videoclips. En un momento me encontré haciendo poemas, conociendo a otras escritoras o escritores, realizando talleres, estudiando Letras. Es un vínculo con mi vida, no lo puedo discernir. Diría que siempre estuvo ahí y punto y que me hace mal estar alejada tanto de la lectura como de la escritura. Hoy trato de que mis estudiantes de secundario encuentren su vínculo con la poesía. Me gusta la poesía. Es brujería, encantamiento. Otro modo de andar pensando, oliendo, husmeando, queriendo.



Poemas


Trovadora


Jugar a medir cuán desiguales somos.

Orejas, manos, pies,

noche y día

los trabajos del amor:


una fritanga deliciosa

mientras la gata murmura 

la canción de los cazadores.


Melodía curiosa, 

que la paloma detenida otea.


(Tres nubes peregrinas, Peces de ciudad, 2022)



*

Debajo de los pinos,

las amantes chocan sus cabezas

y despiden sus pensamientos.


*

Caminan. Dos niños

corren e interrumpen

la vida antigua con vida pequeña.

(¿Cuánto durará la casa de los gatos?, Editorial Maravilla, 2021)




*


Mi alma

la he visto

quiero decirle alma

a todo lo que he visto.


Mi alma quiere helado de limón.

Mi alma se estrellaría contra esos tanques.

Mi alma resucitaría del fuego.


Soy pobre, pobrísima:

hago dibujos en las paredes

frutas, pájaros, árboles torcidos;


palabras no 


solo todo lo que he visto.


(Yelmo, El ojo del mármol, 2016)



III


Este es el desierto donde el viento embiste y nos gusta esta caricia, ¿no es así?, nos gusta como suena esta caricia en el pelo que se extiende como bandera. Somos mujeres como podríamos ser palmeras en Miami o robles en un bosque oscuro y oscuramente la savia penetra nuestros pesados huesos hasta nuestras livianas manos y nuestra callada voz.


Es lento el tiempo que nos permite ir hacia el cielo y hasta el invisible sitio desde donde comemos. Tendremos monos, tendremos moscas y avispas y pájaros que cantarán la venida del que esperamos siempre y frutas que caerán al suelo cerca y olvidaremos.


¿Qué recuerdo en esta fuerza?

Repito un nombre a todos.


(Fiesta en un patio de Temperley, Zorra/Poesía, 2009)


*


Entre la manzana

y mi sangre


hemos guardado un secreto


su rojo

su rojo

era una invitación.


(Qué día radiante)

(Qué hacer

con un día radiante)


(Más claro todo, Zorra/Poesía, 2007)



Noelia Rivero






Noelia Rivero (CABA, 1979) poeta, profesora de Letras (UBA), colabora con medios gráficos y editoriales. Publicó Más claro todo (Zorra/Poesía, 2007); Fiesta en un patio de Temperley (Zorra/Poesía, 2009); Yelmo (El ojo del mármol, 2016); ¿Cuánto durará la casa de los gatos? (Editorial Maravilla, 2021) y de próxima aparición Tres nubes peregrinas (Peces de ciudad, 2022). Sus poemas fueron compilados en varias antologías, entre ellas: Alcoholes (2021); Martes verde. Poetas por el aborto legal (2018); Color Pastel (2017); Poetas Argentinas 1961-1980 (2008). El Fondo Nacional de las Artes le otorgó la Beca Creación 2021 por su libro inédito Espesa.

sábado, febrero 03, 2007

SERGIO DE MATTEO

Ante todo debería reconocer y traer a un presente que se desvanece en el aire algunos datos de la pasada infancia, aquellos nudos fuertes que, sin predemitación consciente, nos amarran a un lugar para poder comenzar a desandar camino. Entonces, acercando una que otra confesión, uno se ha ido acercando a los libros porque alguien sembró la semilla y despertó el interés por deshojar historias. Teniendo en cuenta esta observación tengo que decir que las que me pusieron en la senda de la lectura fueron mis abuelas que, luego, fermentaría en la misma escritura, y ese acercamiento ha sido a través del obsequio de la colección "Billiken" y "Robin Hood", también hay que agregar las extensas visitas a la Biblioteca en la que trabaja mi madre. Ahí, quizá estén los indicios que más tarde, en algún momento del tiempo, desbarrancaron en el papel en blanco, en la misma mirada sobre la vida, esa cosmovisión estética que se tiene sobre el mundo; de otro modo, considero que sería imposible elaborar un poema, una obra, sin esa perspectiva de asombro y descubrimiento del universo. De alguna u otra manera es interesante reflexionar sobre el proceso de escritura, articularlo también con las otras voces que ponen en evidencia su modo de laborar un texto, en fin, la propia construcción de una poética. La escritura es algo que uno no puede contener, es decir, cuando tiene que emerger ella misma exige el momento y el lugar en donde hacerlo; uno solo está con el oído atento para intentar retener y plasmar lo poco que los sentidos pueden captar; por eso se insiste, se reitera el proceso, se vuelve a esperar, a buscar ese instante en que pareciera que se van a develar los misterios del mundo, de la vida misma, donde, quizá, se habrá de desarrollar la batalla final con el fantasma que nos habita. Por eso no existe el lugar perfecto, porque la misma poesía es la intemperie sin fin ha dicho sabiamente Juanele Ortiz, entonces, sus hacedores inscribirán sus dictados en cualquier sitio y de cualquier modo. Ante todo el proceso, la vivencia, el estado de éxtasis, luego, quedan las anotaciones liminares, una nutrida hojarasca es lo que justifica la experiencia de trance de lo mucho que pudo haber llegado a decirse y sentirse. Entonces, acorde a lo expresado, escribo todavía sobre papel, con lapiceras comunes, tacho y corrijo en la misma hoja para luego encarar el filtrado en la computadora, ahí también hay otra depuración, otro reacomodamiento de lo que se quiere hacer decir al texto. Pero el poema, el buen poema, el que es necesario que sea escrito –Rilke dixit- habla por sí solo, encuentra a su hacedor y habla; si uno lo cala muy hondo termina perdiéndolo, se malogra y hay que tirarlo al cesto de papeles. La última instancia de prueba, en mi caso, es cuando se lo somete a la oralidad, incluso ante el público, donde la carga semántica y sintáctica devuelve algo de lo pretendido en el momento supuesto de la "inspiración". Porque territorio de palabras es el poema, yuxtaposición de imágenes, proceso aleatorio de signos, creación y recreación de símbolos, un vínculo que busca trascender la misma operación de escritura y, entonces, parte, abandona su lugar pasivo, y se derrama ante la lectura del otro: busca siempre una correspondencia esencial entre los hombres, el religar. Porque los signos y símbolos utilizados por el escriba son una de las pruebas auténticas de que el lenguaje es un medio de tratar con lo indecible y lo arcano. La palabra operaría, por lo tanto, como una prolongación del cuerpo y del alma del poeta, es un entrañamiento desde el fondo de uno mismo que incorpora y se funde con su semejante. Esa es la tarea primordial: reconciliar al hombre consigo mismo; ampliar sus límites, bucear en lo desconocido, haciéndose vidente, si fuera posible, como propusiera en su famosa carta Arthur Rimbaud. La palabra con la que trabaja el poeta es la construcción de un camino: el de la propia poesía, única e inefable, y que, además, constituye una de las tantas oportunidades de conocimiento, de tantear de nuevo el sortilegio primitivo que conlleva el verbo; sería, pues, la fundación de la casa del ser —según Heidegger—, la belleza-verdad —conforme a John Keats—, la intemperie sin fin —agregará Juanele Ortiz—, y el pampeano Bustriazo Ortiz, transmutado en la voz que sabe de embrujos e inspiraciones, diría soy el ghenpín: ordenósle hacer la magia. Y todos nosotros, sus seguidores —incipientes creadores— confabulamos y continuamos la misma dirección...En cuanto al horario, mi preferencia es a la noche, es la zona en la que fluye con la densidad de las sombras aquello que uno quiere manifestar, poética nocturna, maldita; algo así, cargada de mito; pero también determinada por la rutina, por el trabajo y las relaciones sociales. Uno dispone pero la poesía decide. También a la mañana temprano, cuando recién despunta el alba, podemos señalar ahí una poética solar, quizá, porque no unir ambos extremos, y que en el choque produzcan esa chispa que manifiesta el malestar en la cultura, en fin, opuestos complementarios que pretenden hablar del hombre, de la vida, del universo. El poeta no responde a un horario, es decir, al horario de producción del capitalismo, el poeta-filósofo argentino Roberto Juarroz refiere: Y hasta el tiempo es distinto. La duración auténtica es la del instante creador o poético. O como diría Bachelard: El tiempo no dura sino mientras uno inventa; en consecuencia las palabras que conforman el cuerpo de una literatura se ajustan mucho menos a tal convención, porque son azarosas, esquivas, contraproducentes, molestas, revolucionarias, anárquicas. Por lo tanto el horario, el lugar, la circunstancia, quedan solapados ante la importancia real, ante la pasión real del instante de poetización. La literatura es un signo de la cultura que manifiesta directa o tangencialmente los temas medulares de la humanidad. Por eso toda obra literaria ofrece determinada cosmovisión del mundo a través de cierto código estilístico; cada producción simbólica se compone de un discurso. Dentro de las prácticas discursivas que constituyen el correlato de una comunidad —con sus entrecruzamientos y resignificaciones sociales se encuentra una que es de especial interés para los productores e investigadores culturales, debido a que ha logrado erigir dentro del campo intelectual ciertas instituciones que la legitiman en su categoría de generadora de sentidos. En la representación de lo que es la esfera cultural —estructura multiforme e itinerante—, opera la construcción simbólica referida de manera tal, que, a pesar de nutrir y nutrirse con los demás campos del conocimiento, se diferencia de las otras bellas artes tajantemente. Es bajo tales circunstancias individualizadoras que en algunos casos especiales y por determinados rasgos característicos se la considera como "literatura". Es una entidad autónoma engendrante de ideologemas que se insertan en la red social del discurso inventando ficciones, reclamando verosimilitud, pero, a su vez, existen elementos verbales friccionándose en la interrelación cotidiana que se introducen en su cuerpo —oral y escrito— para dar un reflejo del sentimiento y del pensamiento de una determinada época, de una mensurada región, de una incipiente ebullición espiritual.
Y si focalizamos en la escritura en sí, tengo procesos, continuidades y también períodos de incontinencia para la misma; no me obligo, espero, cuando surge algo voy a lo profundo del meollo, leo mucho, investigo, contamino, hago funcionar todo el caudal que tenemos para que eso sea literatura, aunque tenga su parte mágica, misteriosa y velada la poesía, no podemos desconocer la huella que dejaron Pound, Elliot, Vallejos, Borges, Pizarnik, entre otros; construir y deconstruir el texto, es decir, todo cae bajo su imperio, todo sirve para balbucear, entonar, llegar a la traducción de lo interior-exterior, palear nuestra perplejidad; por eso hablamos de una manifestación artística, estética, artificial, aunque a veces, a muchos poetas se les ha ido la vida en la experiencia. En síntesis, me tomo mucho tiempo para elaborar, mucho más para corregir, para probar palabras, matices, colores. Tal vez, esa densidad se deba a la carga metafísica que conlleva mi escritura; entonces los tonos, las melodías son filosas, barrocas, quizá, pesadas; entonces cada palabra pertenece a una familia que si no le es acorde desentona; en esa disputa con el lenguaje emerge como quería Baudelaire el éxtasis de la vida y el horror de la vida. Y la música es indispensable para mí, es como una prolongación de la vivencia, así como también el silencio es un anclaje desde donde reflexionar cuando uno siente que tiene entre manos una canción. Silvio Rodríguez dice el que tenga una canción tendrá tormenta, y es así, la poesía, la literatura, la experiencia estética exige sacrificios y paga con malos salarios (los salarios del ímpio dirá Gelman). Pero es el derrotero que hemos elegido para estar y decir algo en el mundo y es el sayo que hay que soportar para ser parte del teatro de la crueldad.


Poemas


Diacronía y Sincronía

Diacronía y sincronía en los sucesos tramados en la construcción de la historia de la región, junto a algunas desavenencias en cuanto a la distribución de la riqueza y la sentencia asestada por la hegemonía sobre a quienes se considera excluidos a la vez que son los mismos vencidos de siempre.



¿quién es el que
como el tigre
cabalga en el viento
con su cuerpo de fantasma?


Fragmento de poesía araucana

I

repiquetean los cascos repiquetean y no es una pesadilla
persiguen a los espectros no encuentran a los espectros
y no habrá paz ni conciliación posible hasta que se acallen los huesos
cuando se sepulte al último jinete de la estirpe

huella y ritmo de trombas en los médanos
charcos de agua turbia fragmentos de historias sin contar
chillan chillan una canción con chaquiras
de piedras que se golpean contra los cueros y dejan sólo polvo
gastado polvo de las piedras rotas

cruza la voz destrozada entre el viento
sin espuelas cabalgando a pelo sin cencerro que la detenga
cruza entre los colgajos sombríos y espinosos del monte
un fantasma omnívoro que se le acrecienta la sed
arrastra a su paso los brotes las leves respiraciones
descubre en la huida su espalda cortada por los alambres de la conquista

huella otra vez la rastrillada y el golpeteo del kultrún con su dinastía de piedras y zorros
a ritmo de trombas a percusión incesante
grito sin espanto grito pelado y sin fronteras en la noche del desierto
en el centro de las nuevas fundaciones urbanas en el medio de las reyertas históricas
boleadas sin perdón de ningún dios

es de humo es de humo la congoja que pende de la rama del tiempo
una espada izada desde la cima de los cielos
plena de luz plena de sombras fatal preciosa
que se va anudando como una serpiente en cada una de las vértebras
de las criaturas condenadas

has nacido para morir has nacido para morir
quedarte en algún punto del camino con tu quilla partida
náufrago del cuerpo de la voz de la palabra
de la espiral que te lleva y te trae entre-colores mezclados
confundidos a fuerza de pinceladas densas que sólo puede trazar la mano de Van Gogh
del propio infierno la patria de las miradas enfermas



II

estelas al alba estelas de colores entre las pinturas rupestres
y los pájaros anclados desde temprano en el cielo
señalando la alta mañana el postrer alimento

distancias mucho más que distancias extensiones

y acá la hora es otra el instante comete su degüello

mientras tejen las mujeres las canastas

las canastas son tejidas por las mujeres
con hilos ásperos secos hediondos

las flechas de piedras son afiladas por los hombres los arcos tensados
para otra batalla fuera del territorio lejos de la vista del ojo

el fuego se menea en el pozo derrotando generosos maderos


III

causa tristeza profetizar

dos veces oscurecerá el sol esta mañana esta jornada
y después nacerá y se impondrá el maltrato
indefensos gastados por el tiempo los viajes las correrías
permanecerán como árboles arraigados en el suelo
y como pájaros llevados por el viento
así serán uno con la tierra con la tierra serán uno
presas de la tierra y del aire
ahí donde duele tiembla el corazón


IV


se unen las estaciones en la junción de una horqueta
se imbrican sufrimientos y la sangre es una savia de sangres salvajes y remotas
machacadas a la intemperie con machetes rústicos
bárbaros

entonces

chúmbale los perros
chúmbale los perros ahora que ladran
chúmbaselos a esa ánima maldita que se quiere asentar
en la casa vieja entre todas las memorias reunidas
con todo el peso de los muertos desdeñados

no hay mucha distancia entre la vida y la muerte
el camino el puente que hay entre el mundo de abajo
y el cielo azul
es más corto que el camino de aquí hasta abajo
así es entre la vida y la muerte

cruje la voz crujen los instrumentos las herramientas
el horizonte es una vela de fuego que se apaga lentamente
sin sustento bajo la culpa de los conversos
y la algarabía de los creyentes


V

GOLPEAN y no es de frente, GOLPEAN a las espaldas, como lacras traidoras, subterráneas,
GOLPEAN y no es por placer, por puro placer, GOLPEAN y duele tanto como el hartazgo del silencio,
del vocablo inmóvil, de la tertulia de brujas iniciadas en la salamanca...

Suena a golpes de puños; serán puñetazos?

Suena a golpes de piedras; serán piedrazos?

Suena a golpes de látigos; serán latigazos?

Suena a vocinglería de lenguas; serán...?

Estruendos, cohetes que estremecen el cielo tranquilo de la pampa,
territorio moderno y sumiso; otrora patria de las criaturas que no poseían alma,
amplia llanura, plena de caballadas, tan virgen de libertad,
monte de los humos, de los oscuros caldenes...

Todo lo real es verdadero, porque todo lo verdadero es real. La civilización es dueña de la palabra
y no se equivoca, no tiene punto de inflexión, sólo golpea y hunde su violencia en los cuerpos enemigos.
Con el tiempo han construido los firmes pilares que sostiene la jerarquía de los amos.

El desierto aun permanece inhóspito; el desierto por venir que se levanta del pasado
con su chispa de rencores. Flechas silenciosas surcan el territorio, fantasmas rabiosos
sobre tropillas hambrientas invaden la noche, todo es lujuria y lucha en la América de la exuberancia
y la opulencia. Cada uno de sus hijos lleva sangre en las manos.

La machi que golpea de forma constante contra el cuero del cacharro de barro y suena,
resuena como si no hubiera ni existiera un posible fondo, en el trasfondo de la nada
y del espacio y de los tantos laberintos hechos de palabras exaltadas...

Eco del agua... Eco del agua... Lento eco del agua...

Sólo el repiqueteo de los signos. La historia contada por los vencedores;
porque toda conquista, hecha a cualquier precio, es más terrible que la sombra de Facundo...


a Raúl e Ignacio Artola



LA ESTACIÓN DE PECES DIÁFANOS

Más oscuro en lo oscuro, más desnudo estoy.
Paul Celan


I

la yema del dedo va deteniéndose
durante difusos instantes sobre el filo de la piedra
entretanto la mirada se extravía en la distancia
en esa línea que inventa el horizonte
donde jamás se detendrá el fundamento del sol
donde siempre navega la barca de la añoranza
pero insiste la mano con su sinuoso recorrido
yendo y viniendo por la arista monocorde del mineral
yendo y viniendo
como buscando algo perdido
como buscando algo
como buscando


II

la memoria
se sostiene bajo la lumbre de una candela
se sostiene oscilante aunque no se la distinga
junto a otras luces artificiales
pero la memoria
permanece persuasiva y vital
en la noche donde los corazones puros todavía no suelen ser vencidos


III

tanto hemos conversado de lenguajes ultrajados
tanto que los preciosos vocablos gotean sus tenues filamentos de oro
aunque en las almenas fueron escandidos por imperios de hierro
todavía fulgura en la condenada ausencia su impronta vegetal

oh diáfanos peces oh plumajes multicolores de aves solares


lejos de la rapiña humean tribulaciones de tigres subterráneos
telares que siguen tejiendo el canto de los pájaros de cristal
[de miguel ángel bustos
aún hoy en el fondo de aquellas arcaicas canteras trasudan los poetas
por eso el escriba quita los pernos de las puertas que custodian
[el silencio
camina a tientas hacia toda perdida hacia todo encuentro


IV

pero los alfabetos exceden para tantas posibles historias
en cambio las prontas manos se desgastan tal cual las vidas
tal cual todas las vidas que fueron contadas
como alucinaciones en la noche tan extensa como el ulular del viento


V

en la mortecina penumbra has construido tu morada
una buhardilla de la que se despliegan letras de agua
[a modo de salvoconducto
los relojes se detienen dando alarmas ante la contingencia
de que descubras el misterio de su perfecto y equilibrado centro

la verdadera caída es hacia arriba ha escrito un poeta del sur del país

entonces todo viaje sirve para desamarrar lo desconocido
extraviarse en la selva para ser más dúctiles en la fragilidad de lo real

de las macetas aéreas penden los almácigos plantados al partir

el tiempo cava y entierra a los muertos en el olvido
aunque las palabras sostienen sus temporarias aventuras
no son sólo semblantes en el mármol de las fachadas
son rostros sobre rostros unidos al rescoldo de la voz que los nombra

y bajo la incandescente mayólica de la ciudad de los laberintos
se agazapa el ungido signo del desvelo
tu aleph que se incrustará hasta dejarte mudo
sin vocablos para nadie ni para nada

porque otro deberá robar el fuego de los dioses para labrar
[tu memoria
porque de toda oscuridad fluye transparencia
en todo abandono existe vacío
esa anhelada lividez que sólo otorga el alma desnuda


a Paulina Vinderman



Inéditos


Sergio de Matteo


Sergio De Matteo, nace en Santa Rosa (La Pampa) en 1969. Durante 1992 conduce con Jorge Ferrari y Rubén Ferradás el ciclo radial de divulgación literaria En busca del tiempo perdido. En 1996 anima junto a Marcelo Aromando el programa de difusión cultural Música de cañerías. Ha publicado las plaquetas Soles violentos (1995); Absurdo / Absoluto (1996); y los libros Ozono (1997); Criatura de mediación (2005); El prójimo: pieza maestra de mi universo (FEP, 2006). Miembro fundador del colectivo artístico Patria de arena y del Grupo de la neurona poseída para realizar trabajos de intervención cultural. Es editor de la revista: Che, Artes y Culturas en Abya Yala, rebautizada Museo Salvaje (2001). Organiza en 1999 y 2000 el 1° y 2° Encuentro Interregional de Productores Culturales. Dirige la editorial Museo Salvaje Ediciones. Colabora con investigaciones, antologías y revistas y sitios web del país y extranjeras. Libros inéditos: Barqueros (poesía, 1997-2002); Canto errante (poesía, 2003); Estar fuera de casa (poesía; —fotografías de Paz Garrido—, 2004); Morder el polvo (poesía, 2005); La luz de las águilas (poesía, 2006); Estatua de sal (poesía, 2006); Los tigres de la ira (cuentos, 1997-2004); La acusación de la incertidumbre (nouvelle, 1999-2006). Investigaciones en proceso: Jorge Luis Borges en La Pampa; Ensayo sobre poesía patagónica; Ensayo sobre literatura pampeana; Muestra de poesía «patagónica-argentina», junto al editor Andrés Kurfirst; Antología poética argentina, junto al profesor Jorge Warley; Publicaciones en torno a la poesía de J. C. Bustriazo Ortiz.

jueves, febrero 01, 2007

MARIANA TERRÓN




Si empiezo a escribir es porque leyendo o caminando o conversando encuentro una fórmula para expresar alguna idea o sensación. Si esa fórmula es atractiva, la anoto. A la anotación le suele seguir un volumen de texto en verso, con ritmo. Esto no es deliberado, me sale así. Me resulta amiga la forma con verso, rima y ritmo. En medio de ese volumen de texto en verso trato, más tarde, de encontrar un poema. Entonces, un poema de una página casi nunca nació como un poema de una página. 

Últimamente me interesa mucho plantear en los poemas situaciones de encuentro con otrxs, vengo usando mucho la primera del plural, incluso en textos más ficcionales. Usar el nosotrxs hace que los verbos sean más largos, trae a veces algunas complicaciones, y tiene el riesgo de volver densos los versos, pero estoy muy apegada al nosotrxs, no quiero renunciar. El nosotrxs se plantea como tema y como forma, de alguna manera. 

Me encanta escribir, literalmente, con otrxs. Tengo una gran amiga poeta con la que me junto a escribir. Este año vamos a publicar un libro a cuatro manos. Otra vez, cerrar un texto con otrx en la misma posición, la de productrx, tiene sus complicaciones, pero es un encuentro que siempre me convoca. Me encanta escribir con alguien más, es lo más cerca que me sentí de la libertad en el momento de escribir. 

Desde que soy chica, siempre escribí para que lo leyera alguien más, una persona en particular, y me sigue pasando lo mismo con los textos que escribo sola. 

Cuando escribo con otrxs, busco que al final ni sepamos quién anotó cada cosa. Muchas veces también descubrimos que creíamos estar escribiendo lo mismo y no, para el otrx siempre se trataba de otra cosa. Eso me encanta y me motiva. 



Poemas


Elegía del futuro


En la fiesta, en la terraza

podríamos haber tenido frío. 

Queremos apurar la primavera

que sigue llegando demorada... 


     Apenas entramos, una amiga

nos dio, a cada uno, 

un vaso de agua que tenía

nuestros nombres con marcador 

indeleble, grueso, negro:

“Siempre llegan tarde

así que se los guardé”.

Y subimos.



Arriba

bailamos trap y reggaetón:

en serio, y al mismo tiempo

con ironía – claro, pero, esa ironía

que no es desdeñar algo sino

que nadie tenga ningún miedo

más bien, acá, le hacemos un chiste a alguien más

capaz para que se ría alguien que antes

estaba serio-



Yo en tu capucha

Vos en la mía: 

me decías cualquiera.

Y en ese caos de mensajes 

que me dabas como cositas

que ibas encontrando

en un camino, ya con la primavera 

desplegando, se proyectaban

universos paradojales 

y sin embargo, todo risa:

yo en tu capucha

vos en la mía.

Cualquiera me decías, cuando vimos que tu amiga

espigada en medio de su buzo canguro

quería colgar la masa

de luces de boliche, audiorítmicas,

que le habías prestado:

“¿Arruinamos todo? Arruinemos todo

tengamos un hijo”

y te veo ahí en mi mente, corriendo a colgar las luces vos...

y yo me di vuelta, y conversaba

con unas chicas -un partido el domingo

una anécdota sobre un borracho al que

Intentaron llevar en bicicleta

besos, pasos, cigarrillos

no, creo que no quiero cerveza...



Nos perdíamos en la fiesta 

y nos volvíamos a encontrar 

como en la foto que al otro día 

te mandó tu amiga por WhatsApp. 


Dentro del recuadro de la foto, adentro del recuadro del celular

-ya de mañana, 

sentados en el borde de tu cama,

extendés la mano y

me mostrás- 

un cuadro rojo que es el cuartito del lavadero

en la terraza, que es

la terraza de tu amiga que hizo la fiesta

y que te mandó la foto de la fiesta

por whatsapp.



Parece que nos decimos: 

un secreto

una idea zarpada,

en la foto, adentro del cuartito rojo.

Vos seguís con la capucha puesta y yo

pómulos gibosos

sonrío, amarilla y colorada. 



Y también nos encontramos cuando

cada unx en la suya,

ya domingo tarde, 

dejamos la cama, me volvía a casa…

iba caminando y paré a sacar

una foto de una ventanita anaranjada 

en medio de un edificio que 

ocupa el ángulo más agudo

de una manzana triangular.


Metida en la fascinación geométrica 

recibo la foto de WhatsApp 

con epígrafe: “Mariana 

Gracias por darme tanto apoyo y tanto amor

Ojalá esté siempre a la altura de lo que te merecés. 

PD: 

Perdón por lo baboso

Es el MD”.



Te respondo con la foto 

de la segunda ventanita

la del edificio triangular 

que ayer volví a fotografiar 

para replicar en mi cabeza 

la captura de la foto con el epígrafe 

que es la foto que tu amiga te mandó

con una fila de corazoncitos

debajo, la del cuarto rojo de su lavadero

en la terraza, entrenando la primavera

que llegaba demorada



¿Sabías que 

hay algo llamado

algoritmo oracular 

que es a la vez

     una manera de generar caos 

y de ordenar el caos?

(No sé si entendí, igual...

supongo que, como un lujo,

la imaginación requiere 

desorden para que se pueda

encontrar algo distinto a lo siempre igual).


Sin embargo, en las computadoras 

ese desorden debe programarse: 

se programa 

directamente 

el desorden. 

De modo equilibrado se va 

gestionando el patrón y el caos 

y así me gustaría 

que nada tenga un plan

y al mismo tiempo

que en cualquier momento 

aparezca la foto del cuartito rojo del lavadero:

un oráculo de lo que siempre va a pasar.



¿Te imaginás 

todo lo que podría pasar 

si siempre volvemos a la foto

del cuartito rojo? ¿Te imaginás 

todo lo que podemos hacer 

con el algoritmo oracular? 


     La imaginación del futuro

La elegía de lo que va a pasar 

cada vez que la foto aparezca 

y nos volvamos a encontrar.



Fragmentos de Dorada

 

Qué monótono, qué plano.

La escena vale solo por tu cuerpo haciendo largos en el río.

Los brazos separando el agua que los vuelve a abrazar

un pedazo de cabeza como luna menguante, que se pone y que sale.

Yo te miro y meses más tarde, o semanas

encuentro en una clase de Lacan la anécdota 

que no termino de entender, sobre la lata

“vos la mirás pero ella no te puede ver”

le dice un jovencito a un jovencísimo Lacan.

Te la leo y no me decís nada.

Se la mando a un conocido por mail porque justo me escribió 

para ver cómo andaba

y no me dice nada

(“¿y qué hacés leyendo a Lacan?”).

Nadie la entiende, pero algo tiene:

está la lata desplazándose en la corriente

y brilla, en un ángulo se le forma una estrellita:

la mirás pero ella no te puede ver.

Es Improbable accionar el impulso de lanzarse y bracear, ¿no? 

Hasta la lata.

Nos quedamos en el muelle contemplando:

en el mejor de los casos hacemos silencio

en el peor, decimos algo,

nos cubrimos con la mano del reflejo del sol estrellado.


*** 


¡Pero si ya me pasó!

Estuve varios años comentando sobre una cita que había leído

en un fanzine prestado:

“Hoy mi hija cumpliría 3 años:

¿A quién le importa?”

porque me parecía que era 

un planteo sobre lo autorreferencial

y la relevancia, en el contexto de una escritura

experimental, donde el autor registraba diaria

y aleatoriamente, ciertas impresiones.

Y el “cumpliría” instalaba un espectro…

¡Qué frase! Triste, pero con la alegría del hallazgo.

Argumenté con esa cita, en algunas conversaciones

y con el transcurso del tiempo

cuando había vuelto a cruzarme, ya varias veces, con el chico

que escribió el fanzine del registro diario,

le pregunté si me pasaba el texto, le conté

sobre esa frase, y me regaló un ejemplar que le quedaba. 

Llegué a casa y lo leí, entero, tres veces.

Y no existe en el texto ese fragmento.

No tiene una hija y esa cita que me estimuló

Nadie nunca la escribió.

 

 


Mariana Terrón


Mariana Terrón nació en Buenos Aires en 1976. Estudió letras en la Universidad de Buenos Aires. Publicó Animé en la colección “Chicas de bolsillo” en la editorial de la Universidad de la Plata, y Los libros del año, en IAP, ambos en 2005. Gestiona la editorial artesanal La imaginación.