jueves, enero 24, 2008

DELFINA MUSCHIETTI


No tengo ritos en relación con la escritura, cuando llega hay que hacerle tiempo y espacio en donde se esté. Por eso hay que tener siempre papel y lapicera en el bolso de mano, en la cartera. La palabra, el verso, el impulso pueden llegar en el tren, el colectivo, caminando por el barrio, o después de una conversación, o cuando leo un libro de teoría o filosofía, sentada en la computadora, o apenas despierta tratando de recuperar algún fragmento de sueño revelador. Escribo a mano o en la máquina según la circunstancia de arribo del “dictado” como diría Derrida. Me gusta el silencio, pero también la música puede ser disparadora o algún ruido como ese del motor que lleva agua a la cisterna que oí caminando por Olivos una mañana de verano y fue el inicio del poema Coda de enero. No hay ritos ni reglas para mí, al contrario, me dejo a merced de lo que me llega. Puede parecer romántico o pasado de moda hablar de este modo de lo que puede sonar a la vieja “inspiración”, pero es eso lo que me ocurre: me pongo a disposición de lo que llega no sé de dónde pero que arriba como un fluido, un soplo que hay que alojar y al que hay que dar curso en la letra. Muchas veces me ha sucedido que luego de escribir, leo y no me reconozco; o mejor, surge esa extrañeza frente a lo escrito por uno mismo que describían muy bien Artaud, y Pasolini.


Es muy raro cómo se va hilvanando un libro, porque si bien escribo lo que aparece como dictándose, una vez que tengo un plan de libro, que a veces se presenta sólo como un título que imanta todo el trabajo, sucede que los poemas que surgen van alineándose dentro de ese plan casi inconscientemente guiados por esa vía de constelación. Me gusta investigar a veces porque amo el lenguaje que siempre me parece un tesoro escondido que hay que desenterrar una y otra vez. Amo los diccionarios como los amaba Ponge, y la investigación como aventura al modo de mi admirada Emily Dickinson. Y especialmente, como ella y como Juanele, trato de leer en la naturaleza, que abarca no sólo jazmines, bouganville, glicinas, y tardes, agua, cielos de verano sino también la selva de la letra escrita.

Con el tiempo fui aprendiendo a corregir, y ahora es casi una fiebre. Me cuesta cerrar un libro, especialmente los de poesía en prosa como el último e inédito aún Amnesia, en donde no está la apoyatura del corte de verso y componer la melodía del ritmo y sus pausas resulta más difícil. Pero se trata de un desafío que me atrapa. Es un libro que me ha llevado casi seis años y recién ahora parece haber llegado a su fin.


Tampoco aquí hay reglas. El poema puede aparecer al inicio como un verso suelto en forma de imagen, de sensación palpable del espíritu, o como un cartel luminoso, como en el caso de algunos poemas de Olivos surgidos a partir del sueño. Luego que despunta ese inicio, en cualquier lugar y en cualquier momento, me dejo llevar por el impulso, como describí antes hacia donde me lleve el azar de la investigación o la via inconciente de lo arcaico de la memoria. Me gusta pensar la poesía como ese puente luminoso que comunica experiencia individual con experiencia cultural, de modo que la investigación sobre sí en que se resuelve todo poema, se abra al espacio ético de una memoria colectiva.

Delfina Muschietti

SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO “ENERO”


Pálidos


El silencio

sobre el cielo escribe

su pálido fuego

si vibra la luz

suena cae

sin reservas

sobre el rumor de los tilos


Desenlaces


La tarde muerta

es un comienzo de nube

cuando los ojos ya no pueden

atravesar la película

la superficie fosforescente

hacia el acuario

hacia el sueño.

Parpadeo

en la ventana que se abre:

una voz repite

el sabor del desenlace

rubio y liso

en el acorde técnico

de la FM clásica.

Porque quizás está roto

el disparador de los árboles:

tanto verde detenido

como una foto vieja

en el álbum familiar.


Velados


Estar muerta

se parece a la gasa

del pañuelo rosa té

velado sobre los apuntes

de mi cara,

una mariposa apagada

mi voz

en la ausencia de roce

mientras toco la luz que cae

y el amarillo se disuelve

opacamente

en el fondo verde oscuro

del cuarto,

en otro lugar.


Violentos


Inclina el perfil

hacia la noche dispersa

se va:

sabor irremediable

el look de lo intocado

“no haber hablado

nada con nadie”

se posa

en el marco de la puerta

y permanece

luz indiscriminada

mata sin saber

impune

la violencia de lo bello


Interiores


(Sólo consigo

se cierra para sí

para ella)

Extendida

sobre el cuerpo del sueño,

de los labios hacia adentro:

una superficie desierta

viene del mar

y se abre como estela

en el cielo,

se disuelve

en el gusto de los párpados dormidos.

Se teme

no haber hablado nada

con nadie

jamás

en el interior de la boca

el silencio se hunde

como un animal submarino

lengua

parte las aguas

una aleta que brilla

ciega

en el coral del aire.


Lisos


Nado

en la expansión suspendida

la flor del paraíso

brazadas en el cielo

sin orillas de noviembre


Derivas


Voy

erguida mirando el agua

deslizarse

y la espuma contra la madera

arma y desarma

escenas de microscópico encaje

a la deriva

alta la cabeza y los ojos prendidos

al rumor infantil de los insectos

en la costa

al sueño de luz que enciende el cielo

cuando la boca del estuario se abre

hacia la promesa del mar

la verde y húmeda

limpia extensión de su mirada.


Agosto en el Paraná


I


Dejo el ruido de los motores

atrás en la rambla

e ingreso en el silencio entero

del río misterio

las islas

inmóviles


II


cómo pensar el movimiento

en el río que fluye

detenido en su superficie

centelleante

lo cruza terso

un bote solo y deslizado

en el otro margen uno más

a reunirse en un punto imaginario

del cielo más allá de las islas

desflecadas

en la copa de sus árboles


III


como en un thriller vi

mi cara reflejada

bajo sospecha

en la ventanilla de la lancha:

los lentes oscuros surcados

por el reverbero del sol

cayendo como una cometa

sobre el agua

en el murmullo adormecedor

el narcótico sucederse

del río

y a mis espaldas

su cabeza recostada

en la orilla de un sueño infinito


IV


"Zona de peligro" dice el cartel

cuando los más chicos pescan

suavemente en la orilla

y las ramas de los sauces

apenas se agitan


V


el aire se suspende

vibra en luminosa

transparencia calca

la pluma del polen

que respiro

el liviano amarillo del aromo

cuando estalla:

inminencia de verde nuevo

en la todavía tímida

aparición de la tarde.


VI


ahora es un paisaje lunar

el imprevisto diseño amarronado

de las barrancas

cuando anochece

bajo el arco de las voces

de los pájaros

el río se vuelve lámina

acerada

la silueta negra

de los árboles

el vapor del atardecer

que enrarece

el verde a la distancia


VII


sobre el horizonte

deja el cielo

su luminosidad de a poco

entre rosas y oros

de seda

se despliega una

mansa cavada

oscuridad

otra vez el silencio

del paisaje llamándome


VIII


cuando se extingue el cielo

en el centro de la silueta ya oscura

de la isla el cartel blanco

con letras doradas BIECKERT

abre una pantalla ilusoria

como una cita de Viel

al pie de los aromos

un espejismo que desmienten

la trama del monte

la presencia imperturbable del río

quieto cuando lentamente una

barcaza alcanza

la orilla de la costa

en el extremo y desaparece

como un pequeño juguete

tras la isla que duerme

sobre el silencio del agua.


Impactos


Una iluminación desértica

la terraza : escribe

al viento una tela blanca

en la cabeza

Ici à Aden il n’ y a rien

sin árboles

pas même une seule feuille

golpea

sólo cielo sol

seco el calor

en el impacto

desasido rien de rien:

vibra insostenida

si me extiendo

atenta al rumor del aire

en estos muertos

de noviembre.


Alucinadas


La siesta se diluye

el rumor sordo del lavarropas

sobre la mariposa

que sobrevive en el smog

más acá el arcaico

bisbiseo del ventilador

propaga el aliento cálido

el sabor del verano

en la penumbra de los cuartos

(bocanadas de flit al atardecer)

y antes a las tres de la tarde

en la vereda

aplastados por el deslumbrante calor

blanco de cal refleja

incrustada tesela árabe

brilla contra la calle de tierra

mientras leemos en el hallcito

en la pequeña hendija

de los vidrios de colores

se despliega el sol

la ondulación de los verdes

y el espeso aroma que cuelga

de las flores

una forma abierta

blanco de laurel

rojo de rosa china

desde los canteros del patio

en el silencio

estriado

del room infantil.


Moriscos


Un caballo

dobla su huella

sobre el liso desierto

moro

y la yema de la boca

suave ahora sobre la curva esfumada

en las lomas del sueño.


Contraluz


El encuentro de dos ramas

inmóviles

cuando anochece

dos ramas dispares en el tronco

reunidas

en el aire de gasa

los focos de luz como en un set

recortan los verdes

(el pálido, el intenso)

cuando todo empieza

a rodar

en la suave oscuridad

de enero

aquí en Sudamérica

o en la noche de África

nada respira en el recorte

el paisaje suspendido

contraluz del aliento

del desierto:

seco en el infinito oro

negro de las arenas.



SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO “OLIVOS”


***


de saberlo

sin necesidad de pensar

su cuerpo

exhala el calor del invierno

una onda expansiva

recubre cada objeto

una silueta de luz velada

lumínica en la oscuridad

como esa virgencita que fosforescía

entre verde limón y amarillo

en el centro de la gruta

de noche cuando estábamos

por dormir

aferrada sobre la mesita

al lado de la cama

calmaba el latido

acelerado del pecho

curaba

pensar una cualidad tan femenina

saliendo de sus hombros anchos

tan maternal su protección

de padre

llegar a la punta del doblez

en movimiento de azúcar

la voz asegura el puerto

viril el pelo de mono

duplicándose sobre el pasto

de cara al cielo de marzo

al borde de las hojas de esos árboles

tan argentinos


***


en bicicleta

por la vía nueva

del Tren de la Costa

nos llega espuma

en el aire

el azul fuerte del cielo

se recuesta

sobre el paredón alto

de enredadera

donde brotan esas flores

casi transparentes

las campanitas

frágiles tenues lilas

su corazón abierto

en el fragor del verde

mientras pasábamos

la tarde veloz

mirábamos casas

sueño de luz

que entra limpia

por los anaqueles de vidrio

alrededor de la galería

con piso de mosaicos

como ese de San Antonio

que vimos repentinamente

al doblar aquella esquina


***


a la lectura de Françoise Dolto

resuena sin ser todavía

en el borde del exceso

el hijo

repliegue suelto de placer

para los dos desasidos

en el extremo

fuera del sí mismo

en ese amor

como si ya fuera:

el tercero que nada en nada

redoblado

el tres invisible

carne en el aire

antes de ser

al silencio de estar

con voluntad de uno

solo en sí

el deseo de quedar


***


a pedido escribió

el back stage

rememorando:

será como una tormenta

de verano a punto de estallar

el tiempo tensándose

adentro atrapados

en el sabor desconocido

se supone:

una curva una sombra

apenas al sesgo

prometen ese olor

de la flor del paraíso

al llegar octubre

otra vez el ardor

de las calles florecidas

dejándose ir

en la sensación

el modo agitado de no estar seguros:

no existe

hasta que estalla

leía en el libro

de Susana Villalba

si será así cuando sea

tendrá el sabor de su boca

ese peso denso trópico

una fruta exótica doméstica

manera de ser animal

esa encendida tensión

fresca al morder será

su brazo lo que insinúa

moreno al descender

desde el hombro hasta la fibra

de la nuca

ese lugar apetecido:

seré yo lo que desea al ver

ese pliegue al respirar

un suave detalle

qué mira si me muevo qué

espera desencadenar cuando toque

una forma de morir al nacer

mira lo que busca

huele un rastro una imagen:

el tiempo sigue tensando

el placer nervioso de esperar

imaginar con los labios:

nada pierde now

sólo es inminencia

tesoro posible

de florecer en la sombra de la lluvia

cuando hace calor

en la moviente luz de las velas

llega lo que parece

ya empieza a suceder


***


al padre novio

el niño (10 años)

dijo de la mujer

ante la mujer:

"dejá de torturarla"

a su padre

puntilloso con agujas

en la obsesión de poner

orden la orden

de dejar de torturar

a ella

en un desvío de la voz

casi al sesgo protector

el niño

para la mujer

cómplice

perdida ante la ley

arcaica irracional

que ella no sabía

cumplir

seguía el verano otra vez

en Entre Ríos

bajo los árboles


***


para ellas

¿te fijaste en su mirada?

se expande a los costados

en el centro el fondo

de una olla negra

piedra

por donde una se resbala

sin saber qué hay más allá

baja la cabeza reina

del doblez en los ojos

pequeños una aureola mayor

acuosa resistente niega

¿hay hombres ahí?

pregunta la más chica

en el centro un punto

un insecto de acero

¿qué les dice?

¿qué les hace?

señala en su cuerpo

los rasgos que la distinguen

especial

narciso amanerado ama

su desnudez:

no escucha ni se detiene

nada: sólo el rumor crecido

de su voz para sí

un mínimo taladro

un aguijón

cómo sobreponerse

cómo espantarla

cuando se opaca la luz

llegan esas cartas

sin envío:

escritas con cada

hilo de carne

dictada dictadora

máscara:

minucias del desamor

se quema

¿te fijaste?

arde

cenizas del desamor

mariposa ciega

y vieja aletea

no se reconoce

¿ te fijaste?

no reconoce el infierno

de su voz:

desvía divide elude

alude envía dobla doblega

ahoga

desarma el murmullo de las hojas

frágil boca de la penumbra

sin sol de la siesta

atormentada en el mármol

gris oscuro del piso

el escaloncito

del zaguán:

mientras el agua

fluye sobre el verde comido

llueve limpiamente

se lustra la luz

afuera


***


soñé que no sabía cuál era mi casa

insistente se repite en la noche

algo antiguo no es con vos

entonces sus ojos se humedecen

perdidos

soñé que Esteban se desprendía de mi mano en el agua

soñé que me sentía solo

soñé que mi padre se moría otra vez


***


vimos por la pantalla

abierta del parabrisas

cómo esa chica

controlaba

por el movicom

quién era él

su nombre

número de chapa:

sábado a las 12 p.m

esperaba en la esquina

con esos pantalones de los 70

que vuelven a usarse hoy:

cuando llegó el auto

verificaba ella los datos

con sumo cuidado

urgencia y cierto temblor

porque el semáforo

ya cambiaba la luz

de rojo a verde

ella debía asegurarse

de que era ese el hombre

enviado

él bajaba la ventanilla

ella exigía:

¿cómo te llamás?

¿cuál es tu teléfono?

rodeando el auto

como una mujer policía

leía el código de la chapa

atenta al movicom

verificaba

delgada morocha

letras número identidades

con prisa minuciosa

mientras arrancábamos

pasábamos a su lado

sin conocer el final

la imagen como un rito

volvía a repetirse

en la húmeda noche

de mayo


***


por otros verdes

se espera hasta exhaustos

ver que termina agosto

para volver a sentir el pecho

expandirse

en el puente sobre las vías del tren

la enredadera

cuando se camina por Olivos

empiece otra vez

a subir alta

vuelva a florecer


***


miniaturas


IV


en la playa el hijo de 13 observa atentamente al bebé de 2 que

juega en la carpa vecina y sonríe plácido a la madre y sus no sin

berrinches y mientras la mañana transcurre suave entre el

rumor del mar y la gente el hijo piensa en el perro labrador

con el que jugaba pacíficamente en el jardín de Andrés, un

amigo de su padre y dice: "Habría que tener bebés así: bebéslabradores,

siempre"


IX


son transparencias de luz que se cruzan en el cielo del parque

de Olivos y aquel brillante de enero en la Plaza de Montevideo

tras los pájaros y el rumor del agua en la fuente cuando se

perdió el verano en la niebla blanca que cubría su cabeza y se ve

nítida en la foto, sentado en el banco con leve irritación crecida

en los ojos


X


***


cómo es posible la naturaleza

se preguntaba Kant: este

fuerte aroma a flores en rama

que entra por la ventanilla

del bus semiabierta

mientras corre la calle

Las Heras

noviembre

en este cruce de diagonales

noche antes del verano

extremo del recuerdo

que se toca yéndose

olor mojado

pasto mojado

verde molido

al calor

del silencio lunar

el cielo

se espesa en la fibra

del viento

abrisado

caligráfico sobre la cara

que corta el negro

amarillo camino al Norte


Delfina Muschietti


Poeta, crítica, traductora y profesora de Letras en la Universidad de Buenos Aires. Dirige en la UBA el Proyecto “Poesía y Traducción”. Ha obtenido la Beca Antorchas y la Beca Guggenheim de New York, la Beca Alban de la Unión Europea. Curadora de las Obras Completas de Alfonsina Storni (tomo I y II de Losada), autora de numerosos artículos críticos sobre poesía moderna comparada, y sobre la traducción poética. Ha publicado Los pasos de Zoe (1993), El rojo Uccello (1996), Enero (1999), Olivos (2002), Amnesia (en prensa). Ha traducido y compilado La mejor juventud de Pier Paolo Pasolini (1996), Poemas de Atilio Bertolucci (2003), Impromptu de Amelia Rosselli (2004), Después todo también tú de Alda Merini (2007). Aparecerá en el 2008 Poesía y traducción: una nueva Filología, en la Editorial Eudeba de Buenos Aires.

Durante once años fue coordinadora del ciclo de poesía “La Voz del Erizo” en el Centro Cultural Ricardo Rojas y el Instituto Goethe de Buenos Aires. Fue directora de la colección de poesía Biblioteca del Erizo en la Editorial La Marca.

Sitios web. www.lavozdelerizo.com.ar; y www.poesiaytraduccion.com.ar

1 comentario:

Marie Augustine. dijo...

Adoro a Delfina, es una profesora excelente! Me encanta conversar con ella. Ahroa estoy leyendo su poesía, ayer le preguntamos si tenia libros publciados, espero conseguirlos.