miércoles, agosto 22, 2007

JORGE BREGA


No tengo rituales de escritura. Ni lugares propicios. Cuando una imagen me asalta, tomo apuntes rápidos sobre lo que tenga a mano. Después los retomo (antes, a máquina, ahora en la PC). Parto de imágenes, más que de palabras. Pueden surgir de hechos recientes o de la memoria más antigua que las revela de pronto sin motivo aparente. El motivo puede relacionarse –casi siempre de modo extraño–, con preocupaciones del momento. O puede vincularse al “plan” que me da vueltas en la cabeza. Sí, suelo tener un plan (muy general), temático y estético. Busco también imágenes “externas”: veo mucha fotografía; familiar y de fotógrafos que admiro. Y pintura. Me interesa el registro objetivo, el poema visual; sintetizar en palabras la imagen que condensa una historia, un drama. Si necesito mayor claridad sobre un hecho o concepto presente en el poema, recurro a bibliografía específica. ¿Música? No necesariamente, pero recuerdo que mientras escribía “Poemas de ausencia” (la mayoría de los cuales evocan a desaparecidos), solía procurar cierto aislamiento, cierta concentración, sumergiéndome en la extraordinaria potencia sinfónica de Mikis Theodorakis, en particular las obras inspiradas en su paso por las cárceles de la ocupación nazi y de la dictadura de los Coroneles. Paso períodos sin escribir y después vuelvo sobre lo escrito. Corrijo mucho, procuro la máxima condensación del sentido. Y que éste, más que en la explícita superficie del texto, resida en lo que no está dicho. Íntimamente, pretendo que mi poesía aúne la pulsión por comprender el mundo con la pasión por transformarlo.
Jorge Brega



SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO “LUZ MALA”

LA TOMA

Unas gotas al aire
y el trampolín vibrando.
Un bullicio fuera de cuadro
acosa
a la quietud furtiva del encuadre.
El follaje de los sauces
en el margen izquierdo contrarresta
la excitación de la madera que se agita.
Sólo el cuerpo
entrando al río en el ángulo
inferior derecho anuncia
que la zambullida va a abandonar
su instante decisivo.

Mas el fotógrafo no dispara.
Contempla a través del visor.
Luego, silba.


[La toma: Balneario de Cosquín, Córdoba.]



CUSTOM DELUXE

Una banda blanca.

Una circunferencia
límpida
sobre la cara
exterior
de los neumáticos.

Las tazas cromadas.

Chevrolet.
Sedán.
Modelo 38.
Estribos a los lados.

Negro.

En shorts
mi primo muerto lo lustra
con una gamuza
amarilla.


EMBALSE

La casa en la colina mira al lago.
La recuerda difusa y blanca
en la sombra de los árboles frondosos.

Hay un arcón en la galería.
De pie sobre él esgrime
una vara de sauce. Tiembla.
(Quiso ahuyentar a Firpo que ladraba
y debió replegarse en desorden.)

Desde allí ve
la estela que deja el bote,
la ristra de gotas que los remos echan al aire,
el tenedor atado al extremo del palo
con que su abuelo saca tunas de la planta
interponiéndose
entre el remero y él.

RUMIPAL
Un pequeño velero.
Tomados del mástil ambos sonríen.

¿Tomé yo la foto?

Mi madre luce una malla con volados.
Mi hermanito unos cachetes encendidos.

¿Subieron sin ayuda a la cubierta?

¿Se habrá inclinado el casco hacia la orilla
al montar ella una pierna sobre la borda?

Un sauce llorón por el margen derecho.
Las dos figuras al centro del encuadre.
Como fondo una isla arbolada.

Ahora caigo: yo
me zambullo fuera de cuadro.
Mi padre,
apremiado por un presente imperioso,
acciona el obturador.


PUERTO MONTT

La alta casa de madera.
Una cocina de hierro y afuera el mar.
Maderos en el hornillo.
Chispas saltando sobre el linóleo
(el tapete de linóleo,
sobre el que ella cruza las piernas).
Las voces en las tabernas de mariscos:
piure, sopa de tortuga, locos mayo, erizo.
El oleaje batiendo los muelles.
Pero el olor,
el olor no lo puedo recordar.

Excúsenme.


ARENA EN EL VIENTO

I

Ella me habla del otro lado de la mesa.
La mesa es pequeña y podemos tocarnos las manos.

Detrás de su voz están los sonidos del bar
y de la lluvia que nos trajo.
Mientras conversamos
nuestras manos se entretienen en otros temas.

Yo observo el rubor de su rostro
sus ojos y labios y pienso
en cómo la tomé de la cintura bajo el paraguas.
Y quisiera que su risa al correr sonara para siempre.

II

En la escalinata del hotel viejo
escuchamos el oleaje del mar.

Por estas estrellas
ella añora el cielo de su infancia
y el pueblo lejano
al que ansía y teme volver.

Beso sus párpados húmedos
y con los míos busco sus labios.

Desde la playa llegan risas jóvenes.

Vamos hacia ellas de la mano
pero las perdemos en la oscuridad.

III

¿Por qué no recuerdo los días al sol
sino aquel cielo oscuro sobre el mar encrespado
y la arena en el viento hiriéndonos el rostro?

Caminamos hasta los últimos pescadores solitarios
deteniéndonos a ratos para estrecharnos y besarnos.

Al fin la borrasca nos arreó al incierto reparo de los médanos
en agitado regreso a nuestro cuarto de hotel
a acariciarnos el uno al otro
las partes tibias bajo la sábana.

IV

Quieto —ruega—,
quiero sentirte.
Me detengo.
Su cuerpo late bajo el mío.
Se abraza. Se adhiere.
Busca fundirse.
Algo me dice al oído.
Yo no estoy del todo quieto.
Continúo rozándola allí
con un movimiento ínfimo.
Procuro que le sea apenas perceptible.

Un instante después comprendo lo que dijo.
Lo tengo en mí. Lo abrigo.

V


Desde el pasillo la observo dormir.
En la penumbra de la siesta
la persiana le imprime unas franjas de luz.
Descansa de costado con las piernas flexionadas.
De espaldas a mí. Sin ropas
(salvo el camisolín perlado
que se le ha enrollado en la cintura).
Me demoro en el vano de la puerta
recostado contra el marco.
Si no hubiese dejado ya antaño el tabaco
fumaría despacio
ocupándome en escuchar cómo respira.


FIGURAS EN UN PAISAJE

Una mujer en un bote.
Se aparta del tejado con un toque de remo
contra la franja visible del muro.
No más que esto se distingue.
Salvo la copa del eucalipto
que emerge hacia el oeste de la casa.

El primer mandatario navega en aeroplano.
Pasa por allí en el instante
en que la mujer mueve los labios.

Desde el cielo de Argentina
su figura es despreciable.
Una mínima masa muscular
agitándose en un páramo de agua.

Binoculares mediante
el presidente divisa el movimiento
de otras figuras menores
bajo unas mantas
en el fondo de la embarcación.

Es entonces que dispone
atusarse pensativo el bigote.

Y algo abajo sucede al unísono:
La figura que rema ve flotar
en el cielo
a la máquina resplandeciente.

TOMA


Mientras tomaba esta fotografía
nocturna de la calle desierta
alguien en el país era arrastrado
fuera de nosotros.

Un cambio en la postura del trípode,
otro encuadre,
un nuevo accionar del obturador:
nada logró retener
al ausente en la esquina arbolada.

Sólo una sombra entre otras sombras.
Un movimiento dudoso
bajo el oleaje del revelador
dejando
este trazo esfumado
en la emulsión fotosensible.

Un aleteo fuera de foco
detrás del círculo iluminado
de la bocacalle como un lar anhelante.

ARDORES


Sentíamos fiebre.
Buscábamos un don, una destreza.
Ansias, furia. Ardíamos.
Buscábamos una palabra, un tono.
¿Cómo decir? ¿Cómo nombrar?

Nos sacudíamos el jinete.
Salíanos espuma.
(Habráse visto, cholito.)
¿Cómo anunciar? ¿Cómo bregar?

Buscábamos un saber, una luz,
un claro en el follaje.
Un arma.

Lanzábamos gestos, rayos.
Saltábamos. Moríamos.


ANUNCIO EN VÍA PÚBLICA

Esa foto.
Sus ojos en los míos.
Su brazo acunando al bebé.
Su calma.
Los pliegues de la falda.
La luz en su regazo.
Despego el cartel del muro.
Pesa.
Lo arrastro en la noche.
Lo extiendo bajo el andén.
Me arropo con él y sueño.


POÉTICA

I

Detrás de las cosas
(de la quietud o calma de las cosas.)
Bajo las superficies pulidas.
Detrás del sonido o música de las voces.
Tras el vidrio oscuro y las sombras que se agitan.
Bajo la marca de la escritura
(su levísimo velo):
Una pasión llameante.
Un acto o gesto
vertiginoso como un crimen.


II
Como Hopper
escrutar desde la noche un cafetín iluminado.
Un claro lunar desde el monte tupido.
No un destino ajeno
de parroquiano acodado al estaño.
Sino una hondura propia.
Un misterio íntimo que la conciencia ronda.



SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO “POEMAS DE AUSENCIA”

POSTAL(Nunca fue enviada)

Embalse de Río Tercero, 22 de marzo de 1976

Querida Laura:
el que está enfundado en todo ese perramus soy yo.
Era malo el tiempo, por eso
del Cerro de los Novios se ve sólo la bruma que lo cubre.
Haber traído tu pequeña foto resultó
remedio peor que la enfermedad, sin embargo
no siento tantos deseos de verte como de escucharte.
El que saca la lengua allá en el fondo es Miguelito;
habíamos ido en el jeep hasta el dique viejo
donde sabemos
ver a los changuitos zambullirse en busca de monedas
que los turistas arrojan desde el muro.
De noche escucharnos radio;
seguimos con ansiedad los acontecimientos.
El trabajo en la central es muy pesado
pero los domingos salimos a remar.
En las islas todo da ganas de vivir:
después de comer fumamos a la sombra
y soñamos nadar en el interior de la iglesia sumergida.
El cielo continúa tormentoso, mas
no debes preocuparte por ello,
¿acaso no triunfaremos al fin los justos?
La changa se acaba en abril,
entonces volveremos a abrazarnos.

Besa a los niños con el cariño de su padre.


FOTO

Un montón de zapatos bajo tanto cielo.
Detrás el alambrado temblando en el aire tenso.
En primer plano unos anteojos quebrados en el barro.
Al dorso una fecha manuscrita:
marzo 24,
el año es ilegible,
el país duele demasiado.


ELLOS

Los asesinos no viajan en subterráneo,
sólo algunos criminales menores lo hacen.
Los más perversos pasan fugazmente por la vía pública,
sus mayordomos asustan a la gente,
hacen muecas terribles con mínimo esfuerzo,
señas incomprensibles con los brazos.

A los asesinos mejores los caracteriza su calma calma,
en lo peor de los alaridos beben mate con cáscara de naranja.
Sólo si se les contradice pierden el aplomo,
se les tuerce la boca,
les hace guiños un ojo.

Los asesinos son buenos padres de familia,
cuidan el futuro de sus vástagos.
Se apropian de una que otra pradera,
montan tallercitos para construir buques mercantes,
ferrocarriles, etcétera.
(En esto de ser precavidos los asesinos superan a los pobres.)

Los asesinos más ilustres ejecutan por la espalda,
se enternecen con la prolijidad y adoran la buena mesa.
A pedido de amigos extranjeros organizan maestros cataclismos,
faraónicos complejos hidroeléctricos,
guerras con países vecinos.
Cuando no, secuestran presidentes en el air.

Ah los asesinos, gente distinguida.
Dominan las reglas de urbanidad:
cumplen órdenes de uno u otro amo con perfecto disimulo,
hacen desaparecer limpiamente a los aguafiestas,
asisten a encuentros deportivos.

[1978]


RUINA ARGENTINA

Toda la casa es una sola habitación.
Carece de cobertura en puertas y ventanas.
Las paredes tienen manchas de hongos
y aún conservan restos secos de sangre.
Los rayos de la linterna muestran una fotografía
rasgada bajo el polvo.
Es una pareja de novios a la puerta de un templo
saludando a alguien fuera de cuadro.
Sobre el suelo hay jirones de tela y trozos de loza.
También un cuaderno con garabatos infantiles.


[En base a Ruina española, de Blaise Cendrars.]



NOSTALGIAS

Allá todo era distinto.
Potros. Montes.
La claridad como un lago en cuyo fondo nos reuníamos.
Aquí el carcelero engorda y es feliz.
En el suplicio es hábil,
luego se muestra afable y da consejos.
Cuando el día llegue,
se verá desamparado como un huérfano.
Por ahora canta,
igual que nosotros allá bajo los sauces,
poniéndole nombre a las cosas y señalando:
¡Potro! ¡Monte!
Y riéndonos,
con el pecho desnudo.


VUELO


El hombre arrojado
del avión
al mar
piensa
aún en el aire que
no está muerto
quien pelea

pese
a la somnolencia de
la droga
atina
a mover los
brazos como un pájaro

entonces ve el país
la costa del país
una sombra
lejos

nada
más bello ahora
nada más
corazón

hincha el pecho y
tal vez esa
voltereta sea su
saludo

ah no poder
sostenerle
no dar con él
batalla en cielo abierto

alcémonos

que el hombre
dislocado en el impacto
con el agua oiga
nuestro canto
antes
de desaparecer.


Jorge Brega

(NOTA

Algunos de los poemas de este libro fueron musicalizados y
escenificados. “Ronda” lo fue por el Grupo Teatro Hoy en su
obra Y aunque lágrimas nos cueste (Buenos Aires, 1981),
también por el Grupo Cultural “Homero Manzi” de Rosario,
en su obra Tiempo del hombre (1982), que incluyó también
“Foto” y “Ellos”. Por su parte, “Vuelo” integró el espectáculo
Poesía en ropa de trabajo, de Derli Prada (2002).
Además, el comjunto completo de Poemas de ausencia fue
dramatizado en 1985 por el Grupo de Teatro Vocacional
Mercantil de Bahía Blanca, en la obra homónima adaptada
por el director Julio González Teves.
Los textos, dibujos y objetos reproducidos en el libro fueron
realizados entre 1976 y 1983. Algunos de ellos fueron dados
a conocer en ese mismo período por la revista Nudos en la
Cultura Argentina, dirigida por los autores. Manuel Amigo
(1946-1992) expuso la serie completa de estos trabajos en la
galería Christel K, de Buenos Aires, en 1981).


Nací en Buenos Aires en agosto de 1949. Publiqué “No ha lugar” (1975), “Poemas de ausencia” (1984) y “Luz mala” (2004). Integro la dirección de la revista cultural La Marea. La fotografía que adjunto muestra un sitio entrañable de mi infancia. La tomé en una época menos feliz y tiene para mí múltiples resonancias. La llamé “Lar” y la utilicé en la tapa de “Luz mala” (es la esquina de Zabala y Giribone, Buenos Aires, 1979).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Maravillado con tus poemas. No podía ser de otra manera: 1949.
Compartimos las señas generacionales y tu lenguaje se aproxima a mis deseos de una materia que deslumbre, próxima a lo verosímil.

Pedro Donangelo

patricia dijo...

No estamos en contacto por algo ajeno a nosotros o tal vez no tanto... pero me ecantarìa. Te admiro, siempre lo hice. Encuentro en tus penasamientos muchos de los mìos ¿correrà en la sangre como se dice? Patricia