lunes, noviembre 05, 2007

EDUARDO REZZANO





En el runrún de voces que no siempre tengo la entereza, la voluntad o el espíritu caprichoso para hacer mías, que en el mejor de los casos fluyen como aguas subterráneas, se recortan palabras descatalogadas o alguna cancioncilla que viene a producir, no a restaurar, un momento de infancia entre tanto desasosiego.
Unas veces, la forma del poema se impone con su música, y no me queda más que improvisar una danza a la que me entrego gozoso. Otras, me espera un trabajo arduo de artesano, un trabajo que, sin dudas, prefiero a cualquier otro.
La hoja en blanco no me llama a escribir sino a dibujar garabatos, coches y elefantes; eso sigue siendo así, no ha cambiado demasiado. Cuando me siento a escribir es porque ya tengo las palabras o, al menos, algunas de ellas se han organizado de manera tal que se han vuelto capaces de ofrecer un sentido inesperado a mis cavilaciones.
El proceso de la escritura lo vivo como un instante de luz, aun cuando pueda prolongarse por horas, que me transforma plenamente y luego del cual me cuesta horrores volver a mis obligaciones de ciudadano. La poesía es libertad pura. Lo impensable y lo indecible gozan en ella de absoluta libertad para escoger la forma en que manifestarse, pero no para convertirse en el contenido de un discurso que podrá ser comunicado -la poesía no tiene nada que ver con la comunicación- sino para permanecer impensable e indecible. Lo no dicho no es ausencia o agujero negro, se vuelve presencia, deseo puro y transformador.
El poema puede estar listo en cuestión de minutos o puedo volver a corregirlo infinidad de veces durante años. También, ocurre a veces que no soporta tanta corrección y prefiere el olvido a tanta recurrencia estéril.

Eduardo Rezzano



Poemas de El ciempiés (inédito)





Paternidad



Sus nueve hijos
respondían al nombre
de Carlos Sosa

y él no respondía
a ninguno o a
todos

Ellos pretendían encarnar
la imagen unificada
del padre

y él contestaba con
ternura
que tal idea de
unidad era un
error

que no fueran
crédulos



Banderín solferino


El banderín solferino
ondeaba sobre el
solferinato

Las monjas corrían
presurosas al deber
sobre sus poderosas
patas de gallo
-antes de pollo

Las niñas cantaban
los pájaros decían ¡muuuh!
y don Hilario ordeñaba
la vaca

Por lo demás
el diablo se manifestaba
harto desconocido

los dioses de Grecia
adoptaban la ciudadanía
italiana

y el hada Melusina
se balanceaba
a una altura variable
entre el cielo y la tierra



Instalación


Voy a colgar mis pinturas
hasta que mueran por asfixia
hasta que pierdan el color
y se transformen en
algo muy distinto

Voy a suspender una silla
con una soga desde una
viga de hierro que
atraviese el cielorraso

y en otra silla -pero amurada
y sobre el piso-
descansaré un muñeco
que observe inconmovible

En el centro
un entrecruzamiento de miradas
y una leve deformación
del espacio

-el tiempo sujeto desde
una foto tomada en verano
en pleno atardecer
la palabra jamás dicha
y siempre por decirse-

la tierra otra vez prometida
y nunca dada
y el pacto secreto con lo imposible
violado de antemano




Poemas de Gato barcino (Editorial Lumen, Barcelona, 2006)



Gravitación


Al castillo de sus abuelos
-de los abuelos de Ferran-
llegaron los portadores del
ojo de buey

El ojo de buey
era obsequioso de sabiduría
pero sus portadores -sin
embargo y a pesar de-
se mostraban nulos
en el arte de la diplomacia

Los abuelos de Ferran
respondieron a la sangre
con sangre y fuego
más por costumbre o
convicciones
que por estrategas

Sus padres -los
padres de Ferran- hijos
del incesto
timoratos y huidizos
se refugiaron en la
literatura y en el bosque

jugaron a Adán y Eva
y encontraron su fin
en las arenas movedizas
del tiempo

Él -Ferran-
no nació nunca
no fue concebido

ni por obra ni
por gracia


Padre

Una mariposa en
mi balcón
pone sus huevos
y se va

Pronto mi casa
se llenará de gusanos
a quienes alimentaré y
cambiaré los pañales

Seré un padre ejemplar
y a su debido tiempo
les enseñaré a volar
arrojándome por la
ventana



Rescate


Enviaré siete caballos
a buscarte y los proveeré
de olfato poderoso

Vestirán capa negra
como los perros de
la noche y te encontrarán

Te traerán
aun si estuvieras muerta
o por morir

recibirán veinte azotes
como premio-castigo
y ración doble de
pescado

descansarán enterrados
bajo un jardín de cerezos
en flor


Despertar


Soñé que era Heidegger
y que Hannah me odiaba

Dormíamos en el mismo cuarto
en camas separadas
y yo sabía por mi biografía
que ella me mataría con
sus propias manos y
me arrancaría los ojos

Yo colaboraba -estábamos
a fines de los ‘60-
con los movimientos
sudamericanos de izquierda
pero ella no me creía
o no se enteraba

El miedo que me impedía
dormir desapareció cuando
descubrí que mi muerte
sería por causas naturales

y fue entonces cuando
dejé de ser Heidegger
para ser yo mismo

Me interesé nuevamente
en los proyectos de mi amada
y recobré
su confianza y simpatía

ella volvió a hablarme
en esa mezcla rara de alemán
y español que tanto me
alegraba y desperté

Era Barcelona siglo XXI
un invierno que no me recordaba
especialmente a ningún otro
y la mañana había empezado
sin mí

poc a poc
pero irremediablemente




Poemas de Caligrafía (inédito)



Línea

Una pata de caballo
en mi cama
-no una cabeza

Sería capaz de ponerse
a caminar o de dejar
su huella sobre mi cráneo

pero nunca lo sabré
porque me alejo

porque nunca
estuve o
no era yo

aquella noche
de invierno

en que la ciudad
desaparecía



El campo


Recuerdos de provincia
el patio y el almacén
los teros y el chajá amarillo
de cogote colorado
el capataz y el mayordomo
tomados de la mano
a la hora de la siesta
y la sonrisa del tata
como al descuido
al ver que no éramos
tan niñas



Caducidad


Una botella es echada al mar
con un mensaje de muerte

Cincuenta años después
es recogida por manos jóvenes
más dadas al desenfreno
que a las cosas quietas

pero es tarde
la muerte ha muerto de escorbuto
y la letra es letra muerta



n cuerpos

El dedo acusador espera
olvidado-amputado
en el marco de la puerta
sujeto por la puerta cerrada

En la intimidad del cuarto
la acción transcurre
con la intensidad habitual
los cuerpos se mezclan
y dejan huellas

un camino de baba
por paredes y techo

cristales en el piso
sangre
y una silla incrustada
a la altura del tórax



Sueños equívocos

Octubre o noviembre
quizá marzo
no sé qué meses
o qué días

Quizá febrero
septiembre u octubre
sobre el filo de la tarde

Sólo que hablabas
que tus palabras caían
como agua de lluvia
que riega los primeros
brotes de la noche

Sólo que nos quedábamos
dormidos sobre la alfombra
de yute manchada con café


Eduardo Rezzano

Nací en La Plata en 1968. En 1987 publiqué el libro de poesía Targo, ciudad y después (edición del autor). En 1990 obtuve el 1er Premio de Teatro en el Concurso Producción Artística Universidad Nacional de La Plata. En 1993 obtuve el 3er Premio para menores de 25 años en el Concurso Nacional de Poesía organizado por la Municipalidad de Tandil. En 1999 publiqué el libro de poesía Ningún Lugar (Ediciones del Canto Rodado, Mendoza). En 2005 fui incluido en la antología poética Nacer. Poemas para una vida que empieza (Editorial Lumen, Barcelona). En 2006 publiqué el libro de poesía Gato barcino (Editorial Lumen, Barcelona).

2 comentarios:

clubsilencio dijo...

me encantaron estos poemas.

Eduardo Rezzano dijo...

Gracias, buen amigo.