martes, octubre 10, 2006

MARIA TERESA ANDRUETTO












Vivo lejos de la ciudad y por lo menos tres días a la semana trabajo en casa. Esos días trabajo casi todo el día, ya se trate de contestar mails, preparar un pequeño texto, leer material para una colección que dirijo o proyectos personales de escritura.

No me importan la hora, ni la luz, ni la época del año, ni los ruidos (he escrito con fondos muy ruidosos, aunque ahora vivo en el campo, en un lugar silencioso), aunque en general hago las primeras versiones de narrativa en verano y muy rara vez trabajo por la noche.

La narrativa va directamente en la computadora. En cuanto a la poesía, como dijera Montale, escribo sólo "cuando ella me visita" y eso no sucede a menudo. En el caso de los poemas, un primer borrador puede que vaya a mano, sobre todo si aparece –y es lo habitual- cuando estoy fuera de casa, cuando viajo en ómnibus (tengo largos trayectos en transporte público) o estoy en la ciudad, entonces entro a un café y anoto en una pequeña libreta o agenda o servilleta de papel algo que luego vuelco a la computadora. Nunca anoto propósitos ni objetivos, ni temas a trabajar, ni argumentos a seguir, y generalmente al comienzo de un proyecto de escritura no tengo mucho más que una imagen muy fuerte y el deseo de explorar qué (me) pasa en relación a esa imagen. Pero hay/sucede una suerte de plan, sí, aunque no se trata tanto de una planificación sino más bien de un cauce que a partir de cierto texto toma la imaginación.

Podría dar ejemplos: en algun momento surge un primer borrador de un primer poema (Arroz con alcachofas, de Palabras al rescoldo, o la primera versión del poema Pavese, del libro del mismo nombre, o Hamaca en Kodak) e inmediatamente (se me) aparece la idea de una serie: poemas sobre comidas/poemas como foto-escenas de la propia vida/poemas-relatos en torno al padre biológico y al que se quisiera padre literario...).

También me ha pasado eso con ciertos proyectos narrativos: El anillo encantado y Huellas en la arena, son una serie de cuentos que retoman el género maravilloso, La mujer vampiro, una serie de cuentos de miedo, Todo movimiento es cacería una serie de cuentos con mujeres. Escribo uno, después aparece otro, en algún momento pienso que podría hacer un conjunto de cuentos o de poemas de ese tipo y me vuelvo más receptiva a esos asuntos y a esas formas. Es decir, se me aparece pronto la idea de conjunto, de libro. e parece que así, bajo esa modalidad suelen trabajar los artistas plásticos. e trata de un camino de exploración (la serie puede tener que ver con lo formal o con lo temático o con ambos aspectos) que no se agota en un solo texto, que tiene su tiempo de existencia en mí y después se diluye como interés de escritura. Ha persistido además a lo largo del tiempo y de lo escrito el interés por el mundo de las mujeres.

Eso puede verse en la narrativa (Tama, los cuentos de Todo movimiento es cacería, La Mujer en Cuestión, en una novela inédita que se llama Lengua Madre) y también en Kodak y en Beatriz. Mujeres – la que soy, las que observo, las que quiero- de distinta generación y la relación entre ellas, las relaciones entre madres e hijas, la relación entre las mujeres y la palabra, las traiciones y fidelidades domésticas, la búsqueda del amor, los prejuicios, la incomprensión, la solidaridad o la maledicencia, y algo que siempre me atrae y desconcierta: las diversas miradas que se puede tener sobre un mismo asunto, la relatividad de todo, la imposibilidad de conocer nada de un modo absoluto. Todo eso forma parte de un mundo del que puedo extraer "material" cuantas veces quiera, porque es el mundo al que pertenezco y entonces mirar allí ha sido también un intento de comprender.

Tengo alta conciencia del oficio y mucho respeto por los oficios. Se trata de una pelea con las formas. De una materia cruda que va en busca de cocción estética.

En ocasiones el buceo en los distintos géneros se da porque no puedo resolver lo que busco por un camino y entonces me cruzo a otro, pero también puede suceder que un asunto, aun habiendo sido ya escrito, siga pretendiendo otros cauces. ¿Ejemplos? Muchos: un episodio de infancia convertido en un poema de Kodak, el poema de Kodak convertido en cuento ilustrado para los más chicos, el mismo episodio como base de reflexiones en torno a la escritura para leerlo en un encuentro de poetas, fragmentos de ese mismo texto ingresando como reflexiones de la protagonista de una novela inédita. Cosas así me suceden con frecuencia. Corrijo mucho, sí. Casi diría que en la corrección, en el lento trabajo artesanal, es donde encuentro el placer más intenso de escritura.

Abandono por años los proyectos y tengo la sensación de que dejándolos exudan lo que no les sirve, porque cuando los tomo –tanto tiempo después, a veces años- parecen señalarme qué es lo que sobra.

También conozco los riesgos de la hipercorrección capaz de matar "lo vivo" de un texto, y sé que a todo eso me expongo (nos exponemos al escribir) con mejores o peores resultados.

¿Qué significa la corrección para mí? Se trata de un ejercicio vital, creo, una suerte de depuración de uno mismo, de los excesos de uno mismo. Los trabajos/ la vida tienen un peso enorme. Todo lo que uno vive/hace es de una importancia crucial para la escritura, hace la escritura o mejor dicho, la escritura se hace con eso. Hay una corriente que va desde el mundo y los oficios, hacia la escritura, porque ésta no nace de la nada sino de esa relación con lo/los que nos rodea/n. Así las lecturas y la escritura de lo que no es poesía, el dolor con respecto a ciertas cuestiones, la relación intensa con muchas personas que nada tienen que ver con el ambiente, el asombro ante lo mucho o lo poco que vemos y el trato con alumnos que en mi caso siempre ha estado muy cargado de afectos, van dejando su marca en lo que escribo.

La voz narrativa, incluso si se trata de poesía, es uno de los aspectos de la escritura que más me interesa y, desde ya, el aspecto formal que, a mi juicio, exige mayor refinamiento: la posibilidad de ser otro, de ser desde otro, de un modo verosímil.

Ese travestismo de la mirada es algo que está íntimamente ligado a aquel núcleo de interés al que me refería antes: lo relativo de toda verdad, la imposibilidad de alcanzar una certeza que sea a la vez propia y del otro. Finalmente es central para mí la mirada –creo que escribir es un modo de mirar muy intenso- , eso (la mirada a un mundo interno/el ojo puesto en el mundo) es lo que está al comienzo de la escritura. La música, que no quiero altisonante (siempre busco un tono menor) me importa mucho, muchísimo. Pero se trata de una búsqueda que aparece sobre todo en el trabajo de corrección.

María Teresa Andruetto


POEMAS DEL LIBRO "KODAK"



Hamaca

Estoy en cama
(la enfermera
se llama Erminda)
Por la ventana que da al patio,
mi hermana pasa a bordo de una hamaca.
Pasan también las moras, el verano,
las chicharras. Ha de ser octubre,
como esta tarde, o tal vez noviembre,
y el calor agobia, porque mi padre
que llega del trabajo, se ha soltado,
cosa extraña, la corbata. Yo estoy
en cama. Y Ana que pasa alegre,
viva, a bordo de la hamaca.
Habrá sido de vidrio el aire,
como esta tarde.

Peras

Había una rosca cubierta
de azúcar, una mesa con el hule
verde y una frutera de vidrio
(por la loneta de las cortinas, el sol
sacaba tornasolados color de ajenjo),
y había peras. Recuerdo los cabos rotos
y el punto negro que, en una de ellas,
hace el gusano. Sé que las dos teníamos
el pelo corto y unos vestidos
almidonados.
Después algo (quizás el viento)
sonó allá afuera y mi madre dijo
que acababan de pasar
Los Reyes.

Marin´a *

Mi madre está dormida, con su solero
de flores sobre la colcha (tiene el pelo
tomado con invisibles, huele a agua
colonia). Mi abuela se acerca,
le dice algo al oído y lloran las dos.
La que ha muerto tenía las uñas
amarillas, un misal y un relicario
con pelos de Santa Cecilia.
Hay murmullo de rezos,
una cama vacía, una pañoleta
oscura, una taza de café
(pasa el vapor todavía),
el piso de ladrillos,
la mecedora, las glicinas...
Alguien nos alzó
hacia el tufo de la muerta
(se llamaba Elizabeta),
para que viéramos.


(*) Madrecita, en piamontés, es también la palabra con que llamaban a mi bisabuela.
Teoría sobre el cielo


(... tu mano, mi tapadito azul, el cortejo,
los caballos, un sacón que llevabas de
pied
de poule... )

¿Quién pasa?
Un niño.
¿A dónde va?
Al cielo.
¿Y por dónde sube?
Por una escalera larga /que está allá lejos, /al final del pueblo.
Paisaje

Le dijeron: verás el río
(ella llevaba un vestido con canesú),
verás pajaritos y sauces
(un vestido rosa hecho
por su madre).
En el camino
se largó un aguacero,
¡y ella estaba bajo un toldo
con su vestido nuevo!
(cuando la lluvia acabó
ya era tarde,
no encontró pajaritos ni sauces
y el agua corría por todas
partes).
Desnuda en la tienda
No era coqueta
Era fuerte.
June Jordan

Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba Tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.
Como no había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.
Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra.
Carta

En la feria, cuando elegía alcauciles
(estaban algo oscuros), un muchacho
que no tenía más de trece años (lo vi
correr, por La Cañada, hacia El Pocito),
me arrancó la cartera (quedaron
las tiras colgando).

¿Tenía dinero, señora?
Nadie preguntó por tu carta
(yo la llevaba conmigo,
tu última carta,
doblada en cuatro).
Era sólo un papel y ese muchacho
lo habrá tirado al agua.
Caballito

Eran una niña y su madre.
Esta piedra parece un caballo,
dijo la niña,
y se hincó junto al agua.
La madre abrió las manos
y el caballito galopó
hasta la página.

Visita

Hoy vino mi madre a visitarme
y caminamos las dos por estas calles.
Hablamos de mi hermano,
de los hijos, de las chicas del Sur,
de mi cuñado. Otra vez yo critiqué
al gobierno y ella dijo otra vez
"¡Es un país tan grande!". No quiere
que me queje: "¡Este país generoso
recibió a tu padre!" y rodamos las dos
hacia una zona de tristeza, en silencio,
hasta que se detiene y dice: "Ayer
hice dulce de duraznos" y yo digo
que hablaron de mi libro


María Teresa Andruetto


María Teresa Andruetto nació en Arroyo Cabral/ Córdoba/ en 1954. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Ha escrito narrativa, literatura juvenil, libros informativos y teatro. En poesía, publicó Palabras al rescoldo (1993), Pavese y otros poemas (1997) y Kodak (2001) , todos ellos en Ediciones Argos, quien tiene en prensa Beatriz. La editorial de la Universidad Nacional del Litoral prepara actualmente un libro con su poesía reunida.

1 comentario:

jorge dijo...

Me dio mucho placer leer tus comentarios, algunos en particular hasta un cierto alivio (ella también lo vive así…) Espero que algún día nos encontremos por Cabana

Jorge