martes, octubre 31, 2006

SELVA DIPASQUALE (selección de textos: Osvaldo Aguirre)


Escribo en el caos y el desorden. Varios libros a la vez. Tengo muchos papeles y libros arriba del escritorio y de la mesa de luz. Creo que eso ya es parte de mi vida y de mi forma de ser. También leo varios libros a la vez, en general, de poesía, filosofía o ensayos. Me inspira mucho leer el diccionario de lengua española, el diccionario de símbolos o el etimológico. Subrayo mis libros. Escribo anotaciones al margen. Las ideas me asaltan y convocan, y aunque siento que concreto muy pocas de esas ideas, necesito un entorno de "muchas" para poder concretar "algunas". La dispersión me convoca. Tomo notas. Y cuando me siento a escribir, necesito de una concentración y una energía especiales y en general muy grandes para pasar esas notas en limpio y convertirlas en literatura. Esto suele ocurrir fundamentalmente en días de luna llena. En días de luna llena aumentan mi productividad e inspiración, siempre fue así, desde que recuerdo que escribo. Esos días suelo estar eufórica o con un ánimo exaltado y me siento más parte del universo que nunca. Cuando logro esa concentración especial, vivo la poesía como una forma de contemplación y meditación. Suelo leer en voz alta lo que voy escribiendo, necesito escuchar la música del poema, me tiene que convencer, trato de encontrar esa música. A veces no es fácil, lleva tiempo terminar de escuchar el poema acabado. Muchas veces siento que escribo con todo el cuerpo. Me atrae la escritura como juego y descomponer las palabras, jugar con su sonoridad y asociar libremente, hacerlas decir otra cosa diferente, sin que se pierda algo de lo esencial. Reescribir el mundo, algo así como hacer la enciclopedia propia. Imagino la escritura como un universo paralelo. Y nuestros cuerpos de escritores como cuerpos de palabras. La poesía me permite la creación de una nueva realidad. Entiendo a la poesía como una forma de explosión. Con la poesía se puede hacer explotar a las palabras. Algunos poemas nacen de una vez, otros me llevan mucho tiempo. Tengo archivos en la computadora de los que llamo "poemas sueltos" o "poemas sin proyecto" y otros archivos en los que me propongo una investigación sobre temas que me apasionan: como el mundo vegetal, por ejemplo. Escribo a mano, en la computadora, con la máquina de escribir, otras veces grabo. Hago un poco de cada cosa, o empiezo a escribir a mano y luego sigo en la computadora, otras al revés. Escribo las primeras ideas en la computadora, lo imprimo y necesito escribir a mano. Eso depende más del poema, de lo que el poema me exija que de mí. Los poemas me imponen cosas, me reclaman que esté de una manera o de otra, son como personas o seres que se plantan frente a mí y requieren rápidamente autonomía. Si estoy muy concentrada o inspirada, puede que sienta que "alguien" me dicta lo que escribo. Creo en "las fuerzas del universo" y Dios para mí es literatura. En cuanto a la corrección, sí dejo descansar los textos, en general, algunos unos meses otros un año. Para la corrección me ha servido mucho mi experiencia de talleres literarios. A los 25 años, más o menos, empecé a sentir que quería mostrar lo que escribía. Me empezaron a gustar algunos de mis poemas, y así fue como participé del taller, que en aquel momento daban Jorge Aulicino y Daniel Freidemberg. Me acuerdo que llamé a la casa de Aulicino por un aviso que salió en Página/12, yo en aquel momento no tenía mucha idea sobre la existencia del Diario de Poesía, tampoco conocía a otros poetas de mi generación. Un día, creo que después de dos o tres clases, Freidemberg me dijo "vos tendrías que hacer taller con Arturo Carrera", y después de algún tiempo eso fue lo que hice. Mi curiosidad pudo más, y no sé si Freidemberg se acordará de aquello que me dijo (!). Así conocí a Arturo Carrera y Daniel G. Helder, que daban taller juntos, y estuve 3 años estudiando con ellos. En ese taller, conocí a Roxana Páez, Rita Kratsman, Silvana Franzetti, Alicia Hernández, Mariana Bustelo, Alejandro Rubio y muchos otros poetas que pasaron durante ese tiempo por el taller, pero a los que nombro sigo sintiendo compañeros de ruta de la poesía o con varios de ellos mantengo un vínculo de amistad. Las lecturas de mis compañeros de taller y de mis maestros, claro que tuvieron influencia sobre mi escritura, me permitieron entender lo que significaba corregir y fueron un incentivo, sin duda, para seguir escribiendo. Todos los maestros de poesía que conocí hicieron su aporte a mi escritura, pero el que sin duda tiene y sigue teniendo influencia sobre mi escritura es Daniel G. Helder, a quien considero como una especie de escultor de las palabras. Desde fines del año pasado (2005) y hasta mitad de este año, volví al taller de D.G. Helder, para corregir algunos textos, y así fue como tuve la suerte de conocer a otras poetas, con quienes nos seguimos viendo, y con quienes es y fue un placer hablar y reflexionar en torno a la escritura poética, entre ellas: Laura Lobov, Florencia Fragasso, Julia Sarachu y Vanina Colagiovanni. Estoy convencida de que se puede partir de cualquier lugar para escribir: un olor, un sabor, una música, otro poema, un sueño, un color, un aviso del diario bizarro o sin importancia alguna. Aunque también hay temas recurrentes en mi poesía, que tienen que ver con la experiencia de la vida o lo familiar. Todo puede convertirse o ser poesía. Y eso me parece mágico, deseable y maravilloso.

Escribo en cualquier lugar. En general, no me acuerdo dónde escribí lo que escribí. Muchas veces la escritura se da en tránsito. Después de mucho tiempo encuentro papelitos en cajones, libros, carteras, en los que anoté comienzos de poemas, una frase, una idea y si tengo la energía suficiente, en ese momento, escribo a partir de ahí. A veces de esa primera frase o idea no queda nada. Puede ser que funcione como disparador.

Me atraen las imágenes, creo que mi poesía es fundamentalmente una poesía de imágenes, siempre hablo de "lo que veo", sea en la realidad, en un sueño o ensoñación. Y me preocupo por ser sincera o auténtica con "eso que estoy viendo". A veces me obsesiono demasiado con la sinceridad. Me gusta mucho escribir en tiempo presente. Valoro la ironía y el humor, también la manifestación de lo siniestro. Trato de disfrutar del proceso de escritura y de mis textos en sí, aunque no siempre es posible. Puedo sentir odio o amor por lo que escribo, alternativamente. A veces me canso de mí y de mis obsesiones. Disfruto mucho de leer a mis contemporáneos y de encontrar la poesía que hay en los otros como quien descubre un tesoro, creo que por eso armé este proyecto que espero siga creciendo.

Soy curiosa y sufro de ansiedad.

La poesía es de todos, está en todas partes y puede ser escrita por todos.


SELVA DIPASQUALE


de MEDITACIONES EN EL BOSQUE

Además, para que la voz se deje oír y grite en tu corazón, construye en tu corazón el desierto donde grita. Conviértete en desierto. Escucha el desierto del sonido.
Eckhart Meister

El bosque da vueltas a mi alrededor.
El alma es amarilla
Y sube
Sube
Los animales están agazapados.
Rodando van a venir
como cuando la miel rebasa del vaso.

...


Estirada hacia atrás observo los pinos al revés y pienso que cada uno es una capilla.
Voy a salir de mi casa para hablar con ellos.
Ahora mismo.
Ahí voy.




CAPILLA DEL MAR OSCURO

Tres pinos juntos. Arriba se confunde el ramaje. –Entrá, toca una rama con la mano izquierda. Apretá fuerte y mirá para arriba. Te duele. Cuando empezás a ver borroso empieza nuestra oración. Salí. Volvé a entrar. Quebrá un pedacito de savia. Olé. Hacé una marca en el tronco del medio. Tocá la tierra y escucha: "Protección para los hombres que se transforman en arañas cuando salen del mar. Lentamente. Protección para las arañas gigantes que no van a volver". Apretá de nuevo. Siempre con la mano izquierda. Te duele. Podés salir. Si te das vuelta y mirás de lejos nos vas a ver cubiertos de arañas negras, muertas de risa, balanceándose.




CAPILLA DE LAS ALMAS

Cuatro pinos en círculo. Voy al centro. Cuatro almas sobrevuelan la cúpula. Nubes. –No mirés. Miro y me mareo. Un pino está seco. Parece una vena. Paso la mano por un tronco viejo. Intento de nuevo mirar para arriba. Las venas se entrecruzan. –Pensá en las nubes pero no mirés. Hay pequeños brotes suspendidos como campanitas. Las ardillas chillan. Estos pinos son cuatro amigos que a la noche bailan y cambian de lugar. –Con una rama seca golpeá otras ramas. –¿A quién llamamos? Hojas amarillas, corteza, ramitas, caen. Me voy. –No, quedáte. Vuelvo. –Tocame. De lejos me mira un tronco dinosaúrico. Nubes en la cúpula. Llueven bolitas azules. –Chau. Me quedaría para que me crezcan raíces. Vuela una ardilla. Grita y me voy.


CAPILLA DE LOS INSECTOS DURMIENTES

Me acuesto debajo de unas ramas que rozan el pasto. Esta es la capilla para dormir, donde los insectos sueñan amontonados, a punto de morir. Me da sueño. Veo llorar a una mujer rubia. Me mira un ojo azul protoplasmático. Algo me protege. Es de noche y la capilla se encapsula. Viajamos a la luna.


CAPILLA PARA CREER EN EL CICLO DEL AMOR


Un pino muerto de amor abraza a otro pino. Ramas secas y bocas abiertas en los troncos. Brotes de pinitos alrededor del muerto. Hay una alfombra verde para entrar. Abajo está la ciudad pero acá se pueden dejar todas las penas de amor.
Esta capilla parece parte de una iglesia abandonada.
El vivo y el muerto se besan en la cúpula. Lágrimas azules. En la entrada dos hijos se miran. El mas chiquito está muerto.




de PARASELENE



GEOMETRÍA

Siluetas negras
hombres
que caminan
a nuestro alrededor
mientras el color detenido
de estas luces
en el vagón del subte
cíclicas despiden
el mismo olor
del huevo que olvidamos
en la bolsa de basura
podrido ahora
derramado
leo
estos poemas.







EL CLORO TURQUESA NOS ULCERA LOS OJOS



Quien mira desde lejos ve unas siluetas negras que saltan y rebotan acompasadamente.
Tenemos 10 años y nos estamos besando abajo del agua. Y hablamos y cuando subimos a la superficie jugamos a ver quién adivina las palabras escondidas en el burbujeo.
Los grandes nos reclaman con su aleteo permanente. No importa nada. Ni este viento que nos trae más frío y pega en nuestra piel ni las hojas voladoras de los eucaliptus.
Empujamos hacia abajo para resistir la fuerza del agua, con la dolorosa ilusión de escondernos
para siempre.
Su cara se deforma, el pelo parece
compacto y grueso,
la sonrisa
brillante y fea. Los dientes
cada vez más afilados. Abajo del agua
muerden más.




GEOMETRÍA

En el principio
tu lengua
en tu lengua
los sonidos
en los sonidos
el principio
de tus palabras.



GESTIÓN


Me voy al campo con mi papá y queda la bebé con mi mamá, pero no estoy segura de haber dejado leche. A las siete de la mañana del día siguiente quiero volver. Estoy preocupada.
Regresamos.
La boca de Selene está llena de pegotes de algodón y sus ojos se volvieron tan transparentes que se puede ver su interior.
Mi mamá dice que le dio leche galvanizada y que me hizo otra gestión: me averiguó y tengo que llevarla al oculista.
Le miro de nuevo el ojo izquierdo. Se ve la sombra de un arbolito.



EL OTRO OJO


Mi leche es muy grasosa y tiene
la consistencia de un chicle
Selene hace globos
tiro del globo y siento
su paso por el esófago
adentro del ojo de un loro desmayado
viaja el sacaleches
lejos, el papá
discute con alguien
por unas maderas.
Selene llora.



PASEO

Selene y yo
avanzamos
hacia la plaza
en el Carrito azul
ella mira
sin mirar
y piensa
cruzando la calle
una nena la abraza
-no le jales sus piececitos
Selene me mira
y mira a la mamá de la nena
tatatá
y sonríe
y la nena se sube
al carrito
y Selene se asusta
un poco
retrocede
la rechaza
tatatá
y le vuelve a sonreír
y me mira
y mira a la mamá de la nena
viento
y nos tenemos que ir
a la plaza
que se va el sol
viento
y la mamá de la nena
y yo
nos miramos
viento
-no le jales sus piececitos
y nunca sé
cómo y cuándo
termina
un momento como éste.


VELOCIDAD




Un féretro dibujado
en el techo
la luz del sol
pega sobre la madera
del lado izquierdo unos cuchillitos
el féretro está triste
nadie lo ocupa
me pestañea
y yo
a él
se pone de perfil
y habla con los cuchillitos
de cada mango
hasta su boca
alguien ata
hilos rojos
él los quiere absorber
los absorbe
el féretro
se empieza a consumir
la madera
se pudre
deja paso
a la luz
es todo
luz.

Selva Dipasquale

4 comentarios:

jorge dijo...

Gracias Selva,hacía demasiado tiempo que no paseaba por el bosque.
jorge

Cecilia Gauna dijo...

Selva
no me conocés, pero amo la poesía y busco siempre blogs donde alimentar ese amor.
Me sentí muy identificada con los comentarios sobre tu caos para escribir y leer.
Te felicito por tu blog y por tu bosque.
Un abrazo
Cecilia Gauna
www.ceciliagauna.com.ar

Graciela dijo...

Selva
Te conozco y me encantó encontrarte.
Soy Graciela Rodriguez, compañera tuya de la primaria...nosotros tuvimos la suerte que nos hayas regalados tus primeros relatos y poesias porque ya desde aquellas épocas dejabas escapar tus sensaciones y sentimientos a través de las palabras que tan bien utilizabas con apenas 8 añitos.
Graciela

selva dijo...

Hola Graciela! cómo estás? gracias por tu mensaje! Te dejo aquí mi mail por si querés escribirme: selvadelaluna@yahoo.com.ar

un beso
Selva