martes, octubre 31, 2006

JORGE AULICINO

Escribo de noche. Siempre, desde hace años. Solo y sin música. Hubo una época en que escribía en los bares, atento al fenómeno de la musas imprevistas. En rigor no escribía. Eran apenas unos apuntes. Me convencí para siempre que la noche era mi hora. Y el silencio. Cuando no había PCs, escribía con una caligrafía cada vez más incomprensible, más provisoria. Trataba, cuando pasaba a máquina los manuscritos, no pensar en qué estaba escribiendo. Mantener el estado de levitación del lenguaje, y tachaba luego el sobrante. La PC fue una bendición para mí. Cuando empecé a usarla, entendí que esa sería siempre mi herramienta. Esas oraciones en estado virtual, que pueden borrarse y volverse a escribir. Letras que se deshacen y recomponen. Una maravilla. No tomo apuntes. Me siento a escribir. Si la letra levanta vuelo, sigo. Me cuesta mantenerla en vilo. Pero no quiero dejar que pase el momento y escribo todo cuanto puedo en cada sentada. Después borro. Casi siempre sobra. Es poco lo que reemplazo. Se trata más bien de borrar. La poesía es lo que falta. Paradojalmente, se borra para obtenerlo. No creo que sentarse de noche a escribir frente a un dispositivo electrónico sea un rito. Si escribo de noche, y en la computadora, y en silencio, es porque en esas condiciones y con esas herramientas siento que las palabras se ponen en un estado de libertad especial. Son condiciones requeridas, nada cabalístico. Es lo necesario para desencadenar un fenómeno. El fenómeno sí, tal vez sea mágico. Siempre hay libros que me acompañan. Auden, por ejemplo. En este momento, escribo con la compañía de un bestiario medieval. Escribo lo que "va surgiendo", pero tengo un plan. Creo que lo que escribo es fragmentario, pero responde a un plan general. Fijo tres o cuatro mojones. El libro tendrá tres partes, digo por ejemplo: un andante, un allegro, un adagio. Si tengo el título, tengo el punto de referencia central. Eso incluye el tema. El último libro que publiqué, Hostias: bueno, tuve el título desde el principio. Se trataba de la comunión. Tuve luego los títulos de cada una de las partes: los tomé del Requiem de Mozart.

Luego me olvidé de todo y empecé a escribir. En los últimos cinco años, los libros que escribí tenían un plan, una idea central, que debía ser perceptible, que se haría perceptible, sin forzarme a eso.


Entendí que todos los libros anteriores, escritos sin plan aparente, habían respondido a un plan. Los fragmentos encontraban un principio y un fin. Algo me decía que el libro se había terminado. Digamos que ahora soy más consciente de las ideas previas. Para demostrarme que escribo con un plan, escribí el librito Las Vegas. Descubrí en Clásica y Moderna unos libros pequeños de arquitectura. Uno de ellos era sobre la arquitectura de Las Vegas. Me produjo de inmediato una especie de arrobamiento. Cada dos páginas, estaba dedicado a un edificio de Las Vegas con una foto. Me propuse escribir una docena de poemas, cada uno de ellos referido a uno de los edificios presentados en el librito, y cuyo título fuera el nombre del edificio en cuestión. Digo: referidos. Con una muy libre y suelta referencia. La artificialidad del conjunto fue lo que me sirvió de guía principal. Esa ciudad pura electricidad, en base a electricidad, muerta de día, presentada técnicamente, fijada en breves iluminaciones en un libro mínimo; esa idea.


Siempre dejo descansar los textos, aunque no mucho. La corrección significa lograr la mayor distancia, para aliviar de adjetivos, subjuntivos, etc, y luego, en otra pasada, para eliminar la hojarasca, las limaduras, la viruta, el resto. La poesía se va haciendo.


No escribiría si supiera cuál es su finalidad o su origen. Sólo busco el esfuerzo y el placer de escribir. Mantener el estado de levitación el mayor tiempo posible. Cuando sostener el poema no me cause ese leve retorcijón, esa pregunta: ¿sigo? ¿puedo seguir o me voy a la cama?, entonces creo que habré logrado el nirvana. Mi vínculo con la poesía es un vínculo con la historia cruzada de religión. Desde la historia social del arte hasta las películas épicas, fantásticas y de acción, pasando por la crónica y la divulgación científica, la geografía y la arquitectura, hay una amplia gama de asuntos que son el sustrato de la poesía para mí. La falta y la presencia de Dios. Pero si no logro que eso adquiera "estado de poesía", pues es un fracaso. Borrar a veces significa eliminar completamente. Lo que no se sostiene, no se sostiene, es inútil maquillarlo, operarlo, peinarlo. Pareciera que para mí la poesía estuviese mediada por la escritura (la ciencia, el arte, la historia, la religión, el cine, los juegos de PC) pero juro que he visto muchas de las cosas que escribí, en la llamada vida real. Y en todo caso, Atila, Saladino, son personajes que conozco en carne y hueso.


JORGE AULICINO



POEMAS




DEL LIBRO HOSTIAS




2 - Hostias

Cetrería


¿Qué saben hoy de tu propósito la hez de los atrios,
el violador, el impune, el manco, el sudoroso idiota,
el que corta el teléfono con furia, el que llora ?
¿Y qué sabe el que sabe, el que derramó vísceras,
las unió con electrodos, las puso a freír,
gritó de placer al descubrir la fórmula,
al ver las natas del hipotálamo,
la explicación de la tos o del estornudo?
¿Qué saben de tus voces encapsuladas en nuestro corazón
los que duermen en un banco, los que fueron muy lejos,
los que se mueren en el subte, los que muerden el freno,
y aquellos que trepan a las torres de alta tensión porque es su trabajo?
¿Dónde está el fulgor? ¿Quién lo buscaría en la historia conocida,
en el homicidio reprimido, en la basura del mercado?
Y sin embargo, cualquier sonido en la floja madrugada
podría llevarnos a tu abismo certero.
Un pensamiento cualquiera, liberado de su noria,
en el aire del búho que alejó el sufrimiento.


3 - Communio

1

Deberíamos saberlo; pero,
¿en qué desvío se extravío la copia,
el pergamino en que escribiste,
el que vimos cuando se elevaba
el sol rojo de las hecatombes?
Porque alguien leyó, todos leyeron, todos supieron
--César caminando por el campamento en horas vacías
y oyendo la tos de uno, la plegaria de otro,
mientras su mente se alzaba hacia Apolo;
o Lucas, recorriendo al tacto el anverso de las palabras;
o el que de pronto estuvo rodeado
por las paredes de hielo de un pensamiento;
dados o tormentas;
el que vio llegar el barco oscuro o el alado mensajero--;
todos supieron,
y todos volvieron
al viento y a su incipiente mensaje.
Deberíamos saberlo
en la contemplación fría de un espigón,
en el empeño de los que descargan
el camión tras el mercado.
Ya el pez no tiene olor después de muerto.
Pero deberíamos saberlo. Aunque no haya cifra.
O porque está la cifra congelada.
O porque es triste la muerte del lunático.
O porque no querríamos la muerte para nada.

4

"... amigos, habláis de rimas..."
Juan L. Ortiz


Vienen ríos, como los cachalotes, a morir en las playas
rodeados de moscas y chicaneados por zánganos.
Pero cuando nacen allá, en el occidente,
cargados de barros o de aguas de nevadas;
y cuando crecen, entre toscas o totoras;
o cuando se hinchan bajo el parlotear de cotorras;
allá, en el color de mate de esos crepúsculos.
Pampas, esas pampas, esos largos pajonales,
esas gordas, ásperas gotas; esas bandadas en círculos.
Ya viste el chajá en el agua desconfiada, hasta las rodillas;
y la yegua tordilla, el pelo de los ijares goteando barro;
viste la res abierta y la bosta fragante y el rocío afilado.
Quédate aquí a morir, como llegando a todo.
Quédate aquí a morir, como el agua que gotea de las chapas.
Y va al mínimo torrente, anda entre los pastos y se pierde.


5


Incensar la tarde con lo que apronta el corazón.
El corazón, como el muelle donde andan, dormidos,
raros marsupiales. O el tipo aquel, de la bufanda.
Y el corazón, donde un rostro de mujer se estira,
hecho de humo en alborada, allá, contra un cielo
poroso aún, esponjado; espalda de desierta mañana.
El corazón con el crujido de un mueble o de un libro.
El corazón, la gastada palabra, la lavada palabra.
El corazón, abierto a las rutinas industriales,
al costillar de los hechos; el corazón que cuenta las costillas.
Incensar la tarde, limpiar el rincón, tender la cama.


9

Padre que nos diste la precisión y el cálculo.
Padre que chorrea por las paredes cuando llueve.
Padre que se quema en los basurales
o cae como una bolsa de cemento.
Padre, nos diste el amor que ya agrietó los huesos.
Alteramos en el escenario unos cuantos enseres.
Y tu perdón se desliza por los techos.

11

Dardo al fin extraviado más allá del límite del aire,
la conciencia se parte ante los ángeles
y el pensamiento cesa en la lejana aduana.
Construiremos todavía unas casas fenicias.
Andaremos todavía con un báculo apagado.
Ya no te ríes. Ya no quemas nuestro pan.
En la iglesia vacía se respira un angelus.
Esta humedad huraña en los estucos,
estas baldosas gastadas, el hombre que allá se inclina,
la furia que se eleva como el humo de un sacrificio,
el vitral blanco y azul en el que se quiebra el recuerdo,
la mujer que llevo en el cuerpo:
no soy menos feliz con esto
que con la búsqueda del arca.
Libéranos para siempre de la guerra, del horror, del sacrificio.
Hay, bajo estas piedras, rosas de bronce seco y armas enterradas.
¿Cuántos pueblos los ríos arrojaron en los barrancos?
Y cuántos buscan algo útil en la resaca.
Esta humanidad que come, y la que come los restos,
sostienen las iglesias vacías y averiadas.



JORGE AULICINO


POEMAS DEL LIBRO "LAS VEGAS"


Boardwalk Casino



Las fantasías y los recuerdos
son, dice, la misma cosa.
¿Dirías que son materia?
¿Son materia los efectos eléctricos?
¿Es materia la luz tamizada
de un día sin sol en un departamento?
Si se pudiera sostener por varios segundos
ante la vista la estructura de la mente,
si con ella se pudiera hacer una foto
como de una montaña rusa iluminada,
sostenida a su vez por marquesinas
como guardas de resplandor amarillo,
qué cierto y rústico sería el desierto,
qué verdad la conquista de un proyecto,
qué real vos y los que pasan y hablan.


Flamingo Hilton



Elevadas las rosas, secas las paredes.
Los pasos apurados por las habitaciones.
El celofán guardado en los placares.
Ahora, como si patearas masas de cables viejos en la calle,
exigirías respuestas a los problemas manufacturados
con que te engañaste a lo largo de muchos años.
Banalidad en la historia íntima de cada casa actual
Y de todas las casas ya desaparecidas: los regalos,
Las enfermedades, las cenas, los patios, las cortinas.
Las rosas son elevadas, las paredes son secas
--mueren después, duran años con sus manchas,
Pero no tienen el color de la rosa y su enervante delicadeza.
Rosas o flamencos en las grandes mañanas
señalan un itinerario en el que nadie se confunde.
Esto es rojo, aquello es rosa, la materia es tenue.




MGM Grand Hotel, Casino and Theme Park


Tiranía del deseo, aún sin objeto:
el mero desierto, y sobre él
materia indescriptible de sueños rudos:
un hombre con cara de rueda de bicicleta,
el pánico de mil arañas en fuga,
la autorreproducción de máquinas
con copetes de helechos o podridas
plantas acuáticas,
la inenarrable acumulación de lo que drenan los sueños,
canaletas tapadas por trapos y fetos de ardillas,
fuegos artificiales y puros impulsos nerviosos;
la rígida opción entre el búnker monacal y el palacio,
un león de grifería en la entrada.



Caesars Palace

Redoble de platillos y un metrónomo en el paisaje.
No hay vida natural tras las ventanas.
Como si todo hubiese sido levantado
por gitanos del espacio que no conocieran el fuego;
cuyas manos hubiesen estado entrenadas por siglos
en el manejo de rayos, en la fabricación industrial de cosmos.




Ferguson´s Downtown Motel



Fumando un cigarrillo en la terraza,
el rápido enfriamiento de la tierra alrededor;
una situación abstracta, sin cadencias,
la vida como caños vacíos
en los que resuena de vez en cuando un golpe,
gorgoteos, un crujido.
Civilización nocturna, respiración artificial,
venas de neón a la intemperie;
la obra un desatino interminable,
el mundo un misterio corrompido.


Pop architecture



Desde lejos se ven como paredes de crema batida,
de cerca se aprecian los pedazos de loza
agregados a la mezcla.
Desde un avión a baja altura sólo serían cajas blancas.
Se puede imaginar un borracho tardío entre botellas
completando la escena a las diez de la mañana.
Esa es la hora en que la vida real retuerce las tripas,
recuerda la necesidad, limita la libertad,
invoca paisajes más netos de bidet e inodoro
en los que se restablece un orden insuficiente.



Tragamonedas

Usuarios de tarjetas de crédito y cheques de viajero
intentando la antigua transmutación de los metales,
la suerte entregada a la estadística que llaman azar.
Al amparo de las moscas de los pensamientos,
a cubierto de la humedad corrosiva de los ácidos
del tiempo que camina por delante de las ventanas
y que vuela por encima de las grandes ciudades;
en una noche de terciopelos eternos y luces reguladas,
buscan el sorprendente flanco de las cosas,
el núcleo latente del mundo, hecho de esmeralda
y pórfido, de níquel y de rosas de oro líquido.

JORGE AULICINO


Nací en Buenos Aires, en 1949. Viví mi infancia y parte de la adolescencia en Ciudadela, provincia de Buenos Aires. Soy nieto de inmigrantes italianos y españoles. Mis viejos eran comunistas. La poesía empezó para mí con la colección Robin Hood, cuyos libros me iba regalando cada año, desde los seis años, la hija de un carpintero. Mis dioses son los árboles y el genio de la literatura, que sopla donde quiere, y en los más diversos oficios y escrituras: ciencia, política, religión, periodismo, ensayo, filosofía. Publiqué los libros de poesía "Vuelo bajo", "Poeta antiguo", "La caída de los cuerpos", "Paisaje con autor", "Hombres en un restaurante". "Almas en movimiento", "La línea del coyote", "Las Vegas", "La luz checoslovaca", "La nada", "Hostias". Soy periodista.

SELVA DIPASQUALE (selección de textos: Osvaldo Aguirre)

Escribo en el caos y el desorden. Varios libros a la vez. Tengo muchos papeles y libros arriba del escritorio y de la mesa de luz. Creo que eso ya es parte de mi vida y de mi forma de ser. También leo varios libros a la vez, en general, de poesía, filosofía o ensayos. Me inspira mucho leer el diccionario de lengua española, el diccionario de símbolos o el etimológico. Subrayo mis libros. Escribo anotaciones al margen. Las ideas me asaltan y convocan, y aunque siento que concreto muy pocas de esas ideas, necesito un entorno de "muchas" para poder concretar "algunas". La dispersión me convoca. Tomo notas. Y cuando me siento a escribir, necesito de una concentración y una energía especiales y en general muy grandes para pasar esas notas en limpio y convertirlas en literatura. Esto suele ocurrir fundamentalmente en días de luna llena. En días de luna llena aumentan mi productividad e inspiración, siempre fue así, desde que recuerdo que escribo. Esos días suelo estar eufórica o con un ánimo exaltado y me siento más parte del universo que nunca. Cuando logro esa concentración especial, vivo la poesía como una forma de contemplación y meditación. Suelo leer en voz alta lo que voy escribiendo, necesito escuchar la música del poema, me tiene que convencer, trato de encontrar esa música. A veces no es fácil, lleva tiempo terminar de escuchar el poema acabado. Muchas veces siento que escribo con todo el cuerpo. Me atrae la escritura como juego y descomponer las palabras, jugar con su sonoridad y asociar libremente, hacerlas decir otra cosa diferente, sin que se pierda algo de lo esencial. Reescribir el mundo, algo así como hacer la enciclopedia propia. Imagino la escritura como un universo paralelo. Y nuestros cuerpos de escritores como cuerpos de palabras. La poesía me permite la creación de una nueva realidad. Entiendo a la poesía como una forma de explosión. Con la poesía se puede hacer explotar a las palabras. Algunos poemas nacen de una vez, otros me llevan mucho tiempo. Tengo archivos en la computadora de los que llamo "poemas sueltos" o "poemas sin proyecto" y otros archivos en los que me propongo una investigación sobre temas que me apasionan: como el mundo vegetal, por ejemplo. Escribo a mano, en la computadora, con la máquina de escribir, otras veces grabo. Hago un poco de cada cosa, o empiezo a escribir a mano y luego sigo en la computadora, otras al revés. Escribo las primeras ideas en la computadora, lo imprimo y necesito escribir a mano. Eso depende más del poema, de lo que el poema me exija que de mí. Los poemas me imponen cosas, me reclaman que esté de una manera o de otra, son como personas o seres que se plantan frente a mí y requieren rápidamente autonomía. Si estoy muy concentrada o inspirada, puede que sienta que "alguien" me dicta lo que escribo. Creo en "las fuerzas del universo" y Dios para mí es literatura. En cuanto a la corrección, sí dejo descansar los textos, en general, algunos unos meses otros un año. Para la corrección me ha servido mucho mi experiencia de talleres literarios. A los 25 años, más o menos, empecé a sentir que quería mostrar lo que escribía. Me empezaron a gustar algunos de mis poemas, y así fue como participé del taller, que en aquel momento daban Jorge Aulicino y Daniel Freidemberg. Me acuerdo que llamé a la casa de Aulicino por un aviso que salió en Página/12, yo en aquel momento no tenía mucha idea sobre la existencia del Diario de Poesía, tampoco conocía a otros poetas de mi generación. Un día, creo que después de dos o tres clases, Freidemberg me dijo "vos tendrías que hacer taller con Arturo Carrera", y después de algún tiempo eso fue lo que hice. Mi curiosidad pudo más, y no sé si Freidemberg se acordará de aquello que me dijo (!). Así conocí a Arturo Carrera y Daniel G. Helder, que daban taller juntos, y estuve 3 años estudiando con ellos. En ese taller, conocí a Roxana Páez, Rita Kratsman, Silvana Franzetti, Alicia Hernández, Mariana Bustelo, Alejandro Rubio y muchos otros poetas que pasaron durante ese tiempo por el taller, pero a los que nombro sigo sintiendo compañeros de ruta de la poesía o con varios de ellos mantengo un vínculo de amistad. Las lecturas de mis compañeros de taller y de mis maestros, claro que tuvieron influencia sobre mi escritura, me permitieron entender lo que significaba corregir y fueron un incentivo, sin duda, para seguir escribiendo. Todos los maestros de poesía que conocí hicieron su aporte a mi escritura, pero el que sin duda tiene y sigue teniendo influencia sobre mi escritura es Daniel G. Helder, a quien considero como una especie de escultor de las palabras. Desde fines del año pasado (2005) y hasta mitad de este año, volví al taller de D.G. Helder, para corregir algunos textos, y así fue como tuve la suerte de conocer a otras poetas, con quienes nos seguimos viendo, y con quienes es y fue un placer hablar y reflexionar en torno a la escritura poética, entre ellas: Laura Lobov, Florencia Fragasso, Julia Sarachu y Vanina Colagiovanni. Estoy convencida de que se puede partir de cualquier lugar para escribir: un olor, un sabor, una música, otro poema, un sueño, un color, un aviso del diario bizarro o sin importancia alguna. Aunque también hay temas recurrentes en mi poesía, que tienen que ver con la experiencia de la vida o lo familiar. Todo puede convertirse o ser poesía. Y eso me parece mágico, deseable y maravilloso.

Escribo en cualquier lugar. En general, no me acuerdo dónde escribí lo que escribí. Muchas veces la escritura se da en tránsito. Después de mucho tiempo encuentro papelitos en cajones, libros, carteras, en los que anoté comienzos de poemas, una frase, una idea y si tengo la energía suficiente, en ese momento, escribo a partir de ahí. A veces de esa primera frase o idea no queda nada. Puede ser que funcione como disparador.


Me atraen las imágenes, creo que mi poesía es fundamentalmente una poesía de imágenes, siempre hablo de "lo que veo", sea en la realidad, en un sueño o ensoñación. Y me preocupo por ser sincera o auténtica con "eso que estoy viendo". A veces me obsesiono demasiado con la sinceridad. Me gusta mucho escribir en tiempo presente. Valoro la ironía y el humor, también la manifestación de lo siniestro. Trato de disfrutar del proceso de escritura y de mis textos en sí, aunque no siempre es posible. Puedo sentir odio o amor por lo que escribo, alternativamente. A veces me canso de mí y de mis obsesiones. Disfruto mucho de leer a mis contemporáneos y de encontrar la poesía que hay en los otros como quien descubre un tesoro, creo que por eso armé este proyecto que espero siga creciendo.


Soy curiosa y sufro de ansiedad.


La poesía es de todos, está en todas partes y puede ser escrita por todos.



SELVA DIPASQUALE



de MEDITACIONES EN EL BOSQUE


Además, para que la voz se deje oír y grite en tu corazón, construye en tu corazón el desierto donde grita. Conviértete en desierto. Escucha el desierto del sonido.
Eckhart Meister

El bosque da vueltas a mi alrededor.
El alma es amarilla
Y sube
Sube
Los animales están agazapados.
Rodando van a venir
como cuando la miel rebasa del vaso.

...


Estirada hacia atrás observo los pinos al revés y pienso que cada uno es una capilla.
Voy a salir de mi casa para hablar con ellos.
Ahora mismo.
Ahí voy.




CAPILLA DEL MAR OSCURO

Tres pinos juntos. Arriba se confunde el ramaje. –Entrá, toca una rama con la mano izquierda. Apretá fuerte y mirá para arriba. Te duele. Cuando empezás a ver borroso empieza nuestra oración. Salí. Volvé a entrar. Quebrá un pedacito de savia. Olé. Hacé una marca en el tronco del medio. Tocá la tierra y escucha: "Protección para los hombres que se transforman en arañas cuando salen del mar. Lentamente. Protección para las arañas gigantes que no van a volver". Apretá de nuevo. Siempre con la mano izquierda. Te duele. Podés salir. Si te das vuelta y mirás de lejos nos vas a ver cubiertos de arañas negras, muertas de risa, balanceándose.




CAPILLA DE LAS ALMAS

Cuatro pinos en círculo. Voy al centro. Cuatro almas sobrevuelan la cúpula. Nubes. –No mirés. Miro y me mareo. Un pino está seco. Parece una vena. Paso la mano por un tronco viejo. Intento de nuevo mirar para arriba. Las venas se entrecruzan. –Pensá en las nubes pero no mirés. Hay pequeños brotes suspendidos como campanitas. Las ardillas chillan. Estos pinos son cuatro amigos que a la noche bailan y cambian de lugar. –Con una rama seca golpeá otras ramas. –¿A quién llamamos? Hojas amarillas, corteza, ramitas, caen. Me voy. –No, quedáte. Vuelvo. –Tocame. De lejos me mira un tronco dinosaúrico. Nubes en la cúpula. Llueven bolitas azules. –Chau. Me quedaría para que me crezcan raíces. Vuela una ardilla. Grita y me voy.


CAPILLA DE LOS INSECTOS DURMIENTES

Me acuesto debajo de unas ramas que rozan el pasto. Esta es la capilla para dormir, donde los insectos sueñan amontonados, a punto de morir. Me da sueño. Veo llorar a una mujer rubia. Me mira un ojo azul protoplasmático. Algo me protege. Es de noche y la capilla se encapsula. Viajamos a la luna.


CAPILLA PARA CREER EN EL CICLO DEL AMOR


Un pino muerto de amor abraza a otro pino. Ramas secas y bocas abiertas en los troncos. Brotes de pinitos alrededor del muerto. Hay una alfombra verde para entrar. Abajo está la ciudad pero acá se pueden dejar todas las penas de amor.
Esta capilla parece parte de una iglesia abandonada.
El vivo y el muerto se besan en la cúpula. Lágrimas azules. En la entrada dos hijos se miran. El mas chiquito está muerto.





de PARASELENE



GEOMETRÍA

Siluetas negras
hombres
que caminan
a nuestro alrededor
mientras el color detenido
de estas luces
en el vagón del subte
cíclicas despiden
el mismo olor
del huevo que olvidamos
en la bolsa de basura
podrido ahora
derramado
leo
estos poemas.








EL CLORO TURQUESA NOS ULCERA LOS OJOS



Quien mira desde lejos ve unas siluetas negras que saltan y rebotan acompasadamente.
Tenemos 10 años y nos estamos besando abajo del agua. Y hablamos y cuando subimos a la superficie jugamos a ver quién adivina las palabras escondidas en el burbujeo.
Los grandes nos reclaman con su aleteo permanente. No importa nada. Ni este viento que nos trae más frío y pega en nuestra piel ni las hojas voladoras de los eucaliptus.
Empujamos hacia abajo para resistir la fuerza del agua, con la dolorosa ilusión de escondernos
para siempre.
Su cara se deforma, el pelo parece
compacto y grueso,
la sonrisa
brillante y fea. Los dientes
cada vez más afilados. Abajo del agua
muerden más.





GEOMETRÍA

En el principio
tu lengua
en tu lengua
los sonidos
en los sonidos
el principio
de tus palabras.





GESTIÓN


Me voy al campo con mi papá y queda la bebé con mi mamá, pero no estoy segura de haber dejado leche. A las siete de la mañana del día siguiente quiero volver. Estoy preocupada.
Regresamos.
La boca de Selene está llena de pegotes de algodón y sus ojos se volvieron tan transparentes que se puede ver su interior.
Mi mamá dice que le dio leche galvanizada y que me hizo otra gestión: me averiguó y tengo que llevarla al oculista.
Le miro de nuevo el ojo izquierdo. Se ve la sombra de un arbolito.




EL OTRO OJO


Mi leche es muy grasosa y tiene
la consistencia de un chicle
Selene hace globos
tiro del globo y siento
su paso por el esófago
adentro del ojo de un loro desmayado
viaja el sacaleches
lejos, el papá
discute con alguien
por unas maderas.
Selene llora.



PASEO


Selene y yo
avanzamos
hacia la plaza
en el Carrito azul
ella mira
sin mirar
y piensa
cruzando la calle
una nena la abraza
-no le jales sus piececitos
Selene me mira
y mira a la mamá de la nena
tatatá
y sonríe
y la nena se sube
al carrito
y Selene se asusta
un poco
retrocede
la rechaza
tatatá
y le vuelve a sonreír
y me mira
y mira a la mamá de la nena
viento
y nos tenemos que ir
a la plaza
que se va el sol
viento
y la mamá de la nena
y yo
nos miramos
viento
-no le jales sus piececitos
y nunca sé
cómo y cuándo
termina
un momento como éste.


VELOCIDAD





Un féretro dibujado
en el techo
la luz del sol
pega sobre la madera
del lado izquierdo unos cuchillitos
el féretro está triste
nadie lo ocupa
me pestañea
y yo
a él
se pone de perfil
y habla con los cuchillitos
de cada mango
hasta su boca
alguien ata
hilos rojos
él los quiere absorber
los absorbe
el féretro
se empieza a consumir
la madera
se pudre
deja paso
a la luz
es todo
luz.

Selva Dipasquale

sábado, octubre 28, 2006

LAURA WITTNER

Cuando aparece el puntito inicial, o parece que aparece, me viene un apuro tremendo por pasarlo a escritura. No importa el lugar ni la hora; solamente tener un momento a solas (aunque puedo estar rodeada de desconocidos, por ejemplo en un bar), una lapicera (o lápiz) y un papel. Ese puntito inicial suele consistir en no más que una frase – a veces, si tengo suerte, rodeada de un "halo" bastante impreciso que sugiere hacia dónde o cómo podría llegar a ser ampliada la idea. Aunque casi nunca viene en forma de idea. Concretamente suele tratarse de una imagen (visual en la mayoría de los casos) que ha nacido con música propia y capacidad de sugerir – de sugerirme de qué estoy por hablar en realidad. Bueno. Entonces viene el momento de pasarlo a tinta. Casi siempre tengo conmigo mi cuaderno y mi lapicera. Pero si no, la prueba primera puede hacerse incluso en una servilletita de papel o un volante que me hayan dado por la calle. A veces la prueba primera falla; leo lo que acabo de escribir y me digo: "y esta mierda, ¿qué es?". Listo. Quién sabe si volveré a escribir alguna vez (a esta altura, de todas formas, ya no entro en pánico). Otras veces, cierro el cuaderno con la sensación de que la línea que acabo de anotar podrá ser expandida y convertida en "algo" más adelante, tal vez cuando llegue a casa y me siente en la computadora, tal vez en meses o años. Y otras veces, las mejores, así como se hace tinta la línea inicial dispara continuaciones; y entonces voy y vengo, tacho, releo, levanto la vista, miro por la ventana, me siento realmente encapsulada y escindida de lo que me rodea, aunque al mismo tiempo más integrada al mundo que nunca. Mirá lo que acabo de declarar. Pero un poco es así; es una sensación que descubrí de niña cuando empecé a entender que "escribía". (Y en esa época era capaz de "escribir" una página entera mentalmente, corrigiendo incluso, mientras caminaba o viajaba en colectivo, para después llegar y descargarla en la Olivetti como si tal cosa).La segunda instancia es pasar lo escrito a la computadora. Ahí a veces ya reescribo en el momento, corrijo, me sorprendo de mi torpeza inicial. Otras veces pasa todo bastante parecido a como surgió. El momento de trasladar el dibujito de mi letra en tinta al blanco y negro aparentemente serio del Word siempre me produce una sensación de ritual. Algo de exaltación, pero también de miedo: mirá si ahora se desvanece todo. Si no le veo sentido. En fin, el miedo básico. A veces algo en el poema que estoy escribiendo me lleva a elegir un formato o tamaño de letra en particular. Suelo tener el impulso de redondear el poema en la primera pasada a la compu, salvo que vea que puede llegar a tratarse de algo más largo, en fragmentos. En ese caso me dispongo a esperar que los meses me vayan dando una idea de lo que estoy haciendo. Guardo el documento hasta el día siguiente: otra ocasión para no reconocer qué quise hacer y olvidar el asunto. Si supero esta tercera posibilidad de anulación, casi siempre corrijo. Corregir, para mí, consiste mayormente en cortar. En ocasiones no puedo creer cómo me he desbocado, cuánto hay demás en un texto... y además... ¿esa rima indeseada? ¿cómo no la había visto? ¿o la deseo? ¿y si la intensifico? Ensayos que pueden prosperar o volver a dejar todo como estaba.

Escribir escuchando música no puedo. Sería como escuchar dos músicas al mismo tiempo. Lo que he logrado últimamente, aunque no sé si me va a favor o en contra, es corregir o reconsiderar un texto mientras mi hijo se transforma en power ranger y lucha contra el mal (¡Power Ranger dame el poder!).

No tengo nada parecido al orden – como un plan inicial, investigación ni horario fijo para escribir. El poema viene cuando viene, y ahí lo escribo. Estoy bastante cerca de admitir que creo en "la inspiración". Puedo reconocer factores que con seguridad ayudan a activar o desactivar el mecanismo: si estoy leyendo cosas que me gustan, probablemente escriba o piense en escribir. Si estoy muy angustiada o preocupada, no habrá forma. Si tengo la lapicera que quiero sobre el papel que quiero, si logro un lindo deslizamiento, es posible que me anime y juguetee, y de ese jugueteo tal vez salga una idea que de otro modo quién sabe. Pero nunca me fuerzo (por no decir "nunca me esfuerzo"), porque ya comprobé que eso conmigo no funciona. A veces no escribo durante meses. Una vez fueron años. Sin embargo, cada vez que termino un poema disfruto de esa tremenda sensación fugaz, una especie de déjà vu existencial que podría resumirse en algo así como: "Ah, claro. Esto es lo que yo hago".

Aun sin plan, algunos poemas se van reuniendo entre ellos. A veces al cuarto o quinto me doy cuenta de que parece haber un sentido en común, que esos poemas van juntos. Hace poco escribí un grupo que se llama Lluvias; es la primera vez que armo algo un poco más organizado, con textos que remiten a lo mismo, al menos en un nivel. Cuando terminé me di cuenta de que todas esas imágenes, ideas, músicas, venían dando vueltas en mi cabeza desde hacía años, o décadas. Pero en realidad es así con casi todo: creo que lo mío son tres o cuatro temas que me acompañan desde siempre. Se enriquecen, se ponen en segundo plano, adquieren nuevas dimensiones... pero siguen siendo siempre los mismos tres o cuatro.

LAURA WITTNER


POEMAS DEL LIBRO "LA TOMADORA DE CAFÉ"


Dentro de casa

17.

Están volviendo
todas las historias infantiles;
todo está siendo sometido a juicio,
ya nada es pintoresco, material para poesía.
Los padres son los imputados
y parecen culpables;
nosotros ya empezamos
a parecer culpables.

18.

Se me dirá: doméstico es cualquiera.
Yo no lo niego, pero no puedo
dejar de advertir algunas cosas.
Grito entonces si la silla con rueditas
pasa por sobre el gancho imantado del morral
y observo cómo la cafetera
empieza a aparecer por todas partes
ostentando sus dibujos de vapor interno,
su cáustico fondo fangoso.

22.

Pensar en parques, en sonidos,
y añorar. Cuidar la fiebre,
querer con todo el corazón,
y envolver con todo el cuerpo.

23.

Yo me pierdo en las connotaciones,
dudo de la existencia
de las palabras; lo mismo
con la veracidad de ciertas caras.
Del otro lado de la puerta
mi hijo aprende todo
y se me hierve el agua del café.

24.

La coca chisporrotea
en un vaso
en la oscuridad.

40.

Fui y me creí todo,
y eso me hizo feliz. Vi
dos mariposas prendidas en el sweater
de la chica sufriente, que se había quedado trabajando
en la penumbra, y fue perfecto, me dije, porque
el entero sentido de esa escena
podía condensarse en, y deducirse de,
las dos mariposas en el pecho, en diagonal.

Cambios de luz

Las nubes deciden lo que nos hace esta penumbra, parece
que toda una familia de nubes migra
en una sola noche y por eso se apuran
una tras otra en esa línea de vapor mutante
que por fortuna atraviesa la luna
y es el apuro lo que las hace ir cayéndose, desprenderse
de cualquier forma en un instante, metiéndonos ideas
en la cabeza a vos y a mí que musitamos la palabra
de lo que vemos y en la segunda sílaba callamos
porque no es eso, está siendo otra cosa y así
no hay diccionario que resista.


La tomadora de café


...

2


Ilustración de la teoría del esfuerzo.
La necesidad del merodeo y la confinación,
de la queja, mirar la tele y aceptar que llueva
durante días. El aroma, la escalera que lleva al ventanal en L
y a la mesa con mantel azul serán una elección y no un refugio.
A esto lo llamaremos "proceso de mejoramiento":
con pocos trazos se compone una imagen
por la que hasta es posible caminar.
Una curva en la costa, tejados rojos,
un potrillito cómico que apura el tranco
para no perder de vista a su mamá. A la noche
veremos una estrella fugaz en el momento esperado.
Durante tres segundos se caerá del cielo,
y nos dejará en penumbras, en ascuas
bajo el resto de la vía láctea.
....

4

Otra vez sólida y eterna
en la oscuridad del microcine.
Cuántas películas sirven para que una mujer
vaya volviéndose linda: si tiene tacos, si no,
si tiene la nariz medio ganchuda pero esa
esa sonrisa a medio armar
y esos miedos poéticos que un buen director
sabe enmarañar con uno o dos
mechones sueltos cuando se trata de su actriz
o de su espectadora, a quien sin conocer
ilumina y maquilla,
dejando que se entregue
a voluntad
al deleite, en la oscuridad.
...

7

Se despertó el mundo. Se despertó la percepción.
Hicieron facturas en la panadería
antes del amanecer, y al kinoto le salieron cosas blancas.
Todo emana un perfume repleto y activo:
no se le puede dar más tratamiento
(un tratamiento mejor) que percibirlo.

....


Un poco verde, verde, muy verde


Agosto

Tras las lluvias, palomas empapadas aterrizan en la baranda del balcón.
Hay dos que intentan cortejarse, se cortejan.
El resto las repudia: ¿Cómo puede ser...?
Pero enseguida sus miradas fulminantes, sin elasticidad,
cambian de dirección. Con ellas van también
los negros – funestos – pensamientos.

Septiembre

Cayeron los primeros kinotos. Hubiera querido
tener un rincón donde quemarlos, mirarlos, esperar
que esta misma quietud traspasada de ácido y naranja
ardiera en el carbón, íntima pero invasiva.
En cambio hay dos frutos redondos
en silencio posados en la tierra.

....


Luna de miel


¿Qué croaba esas noches? ¿Ranas en semejante ciudad?
Volvíamos entre jardines, pero entrábamos a grandes edificios
para subir altísimo, fumar en los ventosos balcones,
dormir sin sueños, hasta la hora de desayunar.



Equilibrio

En los aviones y en los trenes, uno
se siente sólido y eterno.
Juan José Saer
(Dylan Thomas in America)

1

Llegamos al lugar donde acamparemos durante veinte días. "Éste es el terreno." Hay que alisarlo, desmalezar un poco. Ponemos manos a la obra. Todo se hace en silencio. El sol está bajando, y nos llenamos de un sentimiento desolador. ¿Por qué aquí, por qué no veinte metros más allá? ¿De qué manera este perímetro arbitrario nos puede contener? ¿Qué significado retiene ese alerce de tronco ancho, esta loma de pasto quemado? Se alzan las tiendas en semicírculo y la vida recomienza. Después de todo nos tenemos a nosotros mismos: ¿o acaso no hemos ido, no estamos allí, condensados en una especie de equipaje de mano que pronto se despliega con docilidad, aceptando las nuevas marcas?
El día de la partida volvemos a callar. Diligentes, retiramos todo lo que es nuestro. Pero el territorio no se despoja de sentido, y abandonarlo se nos vuelve absurdo. La mancha de cenizas es donde cocinábamos. Por esta hondonada caminamos hacia el lago, cada noche, conversando y riendo en voz baja. El sendero que se pierde entre las lengas nos lleva hasta el río, y por allí hemos vuelto varias veces al día cargando el agua en una olla. En estas ramas se tiende la ropa a secar. No es fortuita la disposición de aquellas rocas: delimitan nuestra sala de lectura.
¿Es necesario irse? También aquí podríamos vivir.

Tres versiones

Cheever vuelve de Manhattan y se acuesta

Camino y camino.
En calle Cincuenta y tres elevo una plegaria,
después almuerzo y veo el partido.
Vuelvo a casa en el tren,
tomo un poco de gin
y estudio italiano.
Me despierto a las tres de la mañana
paralizado por el pensamiento de lo que no hice
– mis dientes, por ejemplo. Y de pronto
creo ver con claridad
el pasadizo (en las relaciones humanas)
donde la línea entre creatividad y luz y oscuridad
y desastre
es fina
como un pelo.Y pienso
que es una carga heredada,
que mi madre ya cargaba con ella,
y que, como en todo, la luz
triunfará. Me parece ver el rostro seductor
de la sabiduría, la articulación, la poesía.
Algo que se puede cultivar, hacer que florezca
como una perversa tentación:
una cadena de falsas y suaves promesas,
una tierra artificial de leche y miel.
Digo entonces: que hay un gusano en la rosa
pero que no es fatal. Preferiría, sin embargo,
no tener esta visión de desastre.
Rezo por eso,
o por una comprensión más completa y relajada
de que la fuerza vital casi siempre está en disputa.


Irving intenta emocionar hablando del invierno


Delante de los focos, la nieve parpadea
como si esas dos que pasan arrojaran diamantes.
El llanto perpetuo de un bebé, la voz inquisitiva de un chico,
el frío agreste que se aleja
con su olor a manzanos sin plantar,
y su necesidad
de meter la pala en la tierra
para ver cuán profundo se retiró la helada.
Esperar, a ver qué pasa.
Esperar y ver qué pasa.

Mansfield y el tema de "pararse a mirar"

Después paseamos calle abajo.
Del brazo. Hacía calor.
Vos te apantallabas con el catálogo
y repetías: "mirá, mirá",
y nos parábamos 100 años a mirar,
para después seguir nuestro camino.

LAURA WITTNER





Nací en Buenos Aires en 1967. Desde los 13 hasta los 18 estudié literatura y escritura con Juan Carlos Martini Real. A los 17 publiqué un libro de cuentos. Me recibí de Licenciada en Letras en la UBA. Trabajé siete años en la sección de Espectáculos del diario Buenos Aires Herald. Ahora trabajo traduciendo del inglés, y traduzco también por placer (poesía, más que nada). Mis propios poemas los publiqué en los libros El pasillo del tren (Trompa de Falopo, 1996), Los cosacos (Del diego, 1998), Las últimas mudanzas (Vox, 2001) y La tomadora de café (Vox, 2005). También en varias antologías, revistas y páginas web. En Francia acaba de publicarse mi primer libro para chicos, Cahier du temps, ilustrado por Gwen Le Gac (Actes Sud, 2006)

viernes, octubre 27, 2006

LAURA LOBOV

Tomo notas en bares y colectivos en alguna libreta o papel que tenga a mano, generalmente son ideas, esbozos de cosas que a veces quedan en eso y otras crecen para convertirse en algo más. Para escribir, prefiero la computadora. Me encanta sentarme ahí, al lado de la ventana, mirar el cielo, las ventanas de enfrente, la gente que camina por la calle. El rito es bastante sencillo, prendo la pc y, mientras se inicia, me preparo un mate. A veces escribo con música, otras, prefiero el silencio. Aunque el silencio en mi casa no existe, por la ventana, escucho pasar al 60, a los chinos del depósito que gritan, las voces de los mecánicos del taller. Eso también es una banda de sonido. Me gusta leer en voz alta lo que voy haciendo. Escribo cuando puedo, cuando vuelvo de trabajar, antes de irme a dormir, en el trabajo (shhhh). Lo que más me gusta son los sábados de sol, abrir todo, que la luz entre y se refleje en las paredes naranjas, saber que tengo todo el día por delante para hacer las cosas que quiero. En general empiezo a escribir y el plan se va armando solo. Solo o de manera inconsciente, no sé o es lo mismo. Después, cuando lo descubro, puede ser que lea cosas que se relacionan con lo que estoy escribiendo o pregunte sobre eso a la gente que conozco, pero en realidad lo que más me pasa es que empiezo a ver el tema por todos lados, como una pequeña obsesión. Necesito corregir en papel. Las primeras correcciones las hago en pantalla pero son parte del proceso inicial de escritura, después imprimo todo muchas veces, lo leo, lo corrijo, lo dejo por un tiempo...Que descanse, repose, leve. Y después lo retomo. Primero aparecen las imágenes. Creo que la música surge en el momento en que las imágenes van tocando el papel (o la pantalla en este caso), como si lo que veo fuera encontrando su propio espacio. Su espacio en la página y su espacio en la canción del poema. Por eso me gusta leer en voz alta. Para poder ajustar lo que se ve con lo que se escucha para escuchar más fuerte un sonido que viene de lejos y que llega hasta acá.


LAURA LOBOV



POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "LA CASA DE LA ABEJA"




era un cuadrado la casa,
blancas las paredes y el pilar
alto de la entrada. se veía todo el cielo.
el cosmos, decían.
cuando en la capital
se ven con suerte
algunas luces. la materia
desordenada y en polvo
se transforma. sin ir más lejos,
en frente, un primer piso
iluminado en la madrugada esconde
pequeños tesoros, un trofeo de karate, una heladera
y restos de algo. habría que ir al campo, salir
a la terraza, escapar
en la sábana oscura que se alza
sobre los otros. él trajo
una revista desplegable, estiró el índice,
apenas con la punta así,
cuando eras chica preguntaste
qué es el cosmos, te muestro, acá
estamos nosotros.


***



pienso cómo entra
no mi casa que es chica, la torre,
el parque, la pileta, tu habitación. todos
en este punto luminoso que su dedo tapa
y la distancia, el trayecto que recorre el dedo
de un planeta al otro.
hace calor y prendemos
estrellitas y bengalas en la calle.
cuando tu mamá era chica
no existía la tele en colores ni tampoco
el pilarcito. y en el piso de enfrente
apagaron la luz, si el mundo
no va a estallar debería
buscar algo que encender, cigarrillos
papeles. fuego. la tierra
está corrida del eje
si todos saltamos a la vez
volvería a su centro. escucho
un despertador en cada casa. ahora
el desayuno, ahora,
caerían las cosas, los vidrios
se astillarían.
y más tarde
caminar por la calle
entre los restos con la idea
del deber cumplido.

***

ahora que todo estalla
bombas, planetas, naves qué pasaría
si mi casa empieza a arder y
la otra y la otra y la otra y así
se enciende este punto.


***

en el piso de enfrente
apagaron la luz, si el mundo
no va a estallar debería
buscar algo que encender, cigarrillos
papeles. fuego. la tierra
está corrida del eje
si todos saltamos a la vez
volvería a su centro. escucho
un despertador en cada casa. ahora
el desayuno, ahora,
caerían las cosas, los vidrios
se astillarían.
y más tarde
caminar por la calle
entre los restos con la idea
del deber cumplido.


***

una polilla volaba,
bajo la mesa
yo con ese miedo siempre
a lo que viniera del aire. la agarraste
con los dedos,
no hace nada, ¿ves?
no muerde, no respira. para mí
tiene pelos
o un polvillo gris
que cae al matarla. lo que queda
es lo que la hace volar. igual
no quiero ver
la órbita de tus dedos
al tomarla, cortar el vuelo en seco,
como si juntaras con la espada
varias cosas que arrojaste
primero al aire. así
estábamos seguros
mientras los ladrones fueran
seres alados que en silencio
se iban llevando las cosas.

***

hojas y un escarabajo
flotan en la superficie, a su alrededor
algunos hilos oscuros como rastros
de su movimiento.
me quedo en la escalera,
mido cada centímetro,
el borde del frío. ya es hora
y en el abrigo
de la casa se oye
una charla suspendida por el ruido
de la tele. llega la noche
la luz alta se refleja y deforma
en la ondulación del agua. todo se imprime,
hasta la piel. ahora tus dedos, la yema
cada parte del cuerpo
es una ola.

***

nadie lo dice pero existe
un elemento que reúne
a todo el resto, así
se cierra la cadena.
no lo enseñan en ningún lado,
está y algunos saben
de su forma.
pero apenas conocés un par de datos:
los moles y ese brillo intenso que llega
desde lo alto. hoy
todo se confunde, esa luz, ella dijo
es dios, se cuela desde allá
y te mira. tenés que creer
y no mentir, todo
él lo ve mientras querés agarrar con las manos
esos puntos que bailan en la luz.

***

entonces te acordás de una vez que tu abuela casi mata una abeja.

preocupada, colgó un paraguas de la soga
para que le diera sombra, le puso
agua y miel y la dejó ahí, en el patio.

mientras servía la comida, espiaba
por la ventana para saber
si de una vez levanta vuelo.

***

un paraguas negro balanceándose cabeza abajo
solo en la cuerda
una abeja, sobre el piso rojo
caminando, lenta, hacia el agua.

***

te colgabas de las ramas,
los caños de la plaza, una cuerda
o cualquier cosa para ser escalada.
lo que todos llamaban tobogán era
una pendiente. y ahí, en la noche
sacudir el pelo, dejar
que la sangre subiera a la cabeza para ver
luces de colores con los ojos cerrados
y otras blancas al abrirlos despacio
mientras el contorno del parque se dibuja
con el brillo intermitente de las luciérnagas.

***

sólo una lamparita
en el insomnio, la veía
rezar como un blanco amarillo
en la oscuridad. arriba
el cielo
seguía su curso y era
el campo de batalla en el que dios
se disputa la luz
con las estrellas.


LAURA LOBOV





Laura Lobov nació en Buenos Aires el 28 de febrero de 1978. Publicó Balneario, dentro de la colección Arte de Tapas de la Casa de la Poesía (2003) y Las cosas a descansar por Gog y Magog Ediciones (2004), editorial que codirige junto a Julia Sarachu y Miguel Angel Petrecca. Durante los años 2002 y 2003, realizó la producción y coordinación del ciclo mensual Salones Poéticos, música de salón y lecturas poéticas, en la Casa de la Poesía del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Además, sus poemas fueron publicados en El decir y el vértigo. Panorama reciente de la poesía hispanomaericana (1965-1979), México, 2005, Post menem-Antología de poetas argentinos, Chile, 2006, 18 Poetas-Antología de poesía latinoamericana Perú, 2006 y Taquigrafia para principiantes, Buenos Aires, 2002.


miércoles, octubre 25, 2006

CARLOS MARTÍN EGUÍA

No tengo ritos fijos, en una época escribí en movimiento real, quiero decir, componía mis poemas arriba del tren o del colectivo y creo que tenía que ser así, escribir con el murmullo de la realidad de las horas pico en la oreja, no tenía tiempo libre, ahora tampoco lo tengo pero escribo por lo general sentado en una silla, mi silla, y esta sólo se mueve muy lentamente, al compás de la rotación y la traslación terrestre, me muevo con ella por los días y las estaciones. Recuerdo haber escrito dos libros completos en cuadernos artesanales, me cayeron en las manos y tenía que escribir ahí. Período de superstición, período en el que andaba bastante perdido. Tengo planes que son alterados por lo fortuito, lo que va surgiendo es también una parte fundamental, ahí vuelve de vuelta el movimiento, lo que renueva las relaciones planeadas de antemano. Corrijo cada vez que me siento frente al trabajo, siempre encuentro algo que mejorar, esta manía se termina cuando publico. Lo demencial del artista que nunca logra lo que busca se termina con la publicación. Ahí sí ya está. El procedimiento del contrapuntismo entre imbricación y tala. Imbricar imágenes, conceptos, tonos, en fin, materia sónica, y talar lo mismo, imágenes, tonos, etc, que no funcionan. De vez en cuando imagino lo que sería dar con un método que pudiera resumir todos los sistemas de composición para llenar un espacio en blanco. Pero ese método lo controlaría todo y la cuestión perdería incentivo, sería la exhibición de un puro virtuosismo que detesto. Sigo tratando de comprender lo que me rodea y a mi mismo escribiendo, el procedimiento no puede ser un molde preciso y definido, sino actuaría como forma fija o peso muerto y toda esa materia se opondría al vuelo que necesito para conservar el deseo de escribir y la perspicacia necesaria para establecer buenas combinaciones entre las múltiples posibilidades.


CARLOS MARTÍN EGUÍA




POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "LA VACA ROJA"



LA VACA ROJA


Reverberaciones de Freud y Marx
en los laberintos mentales
de las dos lindas trabajadoras sociales
rompiéndose la cabeza frente al niño
que pintó la vaca roja.
Está pidiendo un mejor trato, corean,
seguras de concertar en la raíz
para vertebrar una lumbre.
Al fin el chico
a punto de abrumar la mirada
en una porción de baldosa
dice
yo la vi así
atada al atardecer,
sola y con el poquito de agua
que le llevé en un tacho.



VOLVIENDO DE LA ESCUELITA
RECORDANDO A MANSILLA


Bajo las ondulaciones del aire
en el cielo extendido
en torno al aliento de los perros
en las zanjas
donde se mueven anguilas y se despliega
el estilo rana de las ranas
en el agua podrida por el ciclo
vida muerte
muerta vida
hacia los pajonales
bajo la vibración del vacío
el embate del yaguar
del crepúsculo hacia la noche
en su fantasma bayo oscuro
amarillo Nápoles
en el fondo donde devienen manchas
con pintitas negras
terror de los carpinchos
del animal doméstico
entre el ataque y la quiebra
uno se acostumbra a todo
anda con lobos y es lobo.


LA NOTICIA COMO HAIKU
EN EL RESUMEN INFORMATIVO
DE LAS DOCE



Una nevada prematura
inicia la temporada en Tierra del Fuego.




OBSERVACIÓN IV


Ella hizo un boquete en el sentido
que construía la convivencia
así se escapó de él.



A IMAGEN Y SEMEJANZA

La humedad traspasó primero la pared
después los caños
tomando los cables y comiéndole la luz
a ese sector de la casa
un espacio a oscuras en el nirvana del mineral
donde se levantó moho.
La causa está a la vista y no hay nada que suponer
me dice ella que siempre supo que vivir es actuar
y que está de nuevo
en lo que una vez pensamos como hogar.
Con cara de desconcertado inquilino que vuelve
de trasnochar a la deriva
me pregunto que rincón de mi cerebro
se arruinará primero
a imagen y semejanza.




INFANCIA


La luz del día ya es decrépita
un cuarto de sol varado en el horizonte.
En un rincón de la cocina
mi abuela lee un salmo.
Estoy en el patio mirando hacia el oeste
quizá esperando que los murciélagos salgan a revolotear.
Un perro negro contra la somnolencia anaranjada
pasa por la calle.
Agarro la bicicleta y me lanzo tras él
diciendo
vuelvo dentro de un rato abuela.



LA EFICACIA DE LO LENTO


Salgo de las cuatro paredes
como huyendo de un país de bárbaros asesinos
para disfrutar la mañana
tomando mate en el jardín.
Ni una nube en el cielo.
El aire de una nitidez memorable
exorciza la resaca.
Las cosas se ponen solas
en un movimiento hospitalario.
Mi sombra es tirada de los pelos
por la baba de dos casitas
que se arrastran con suavidad.
Son los caracoles que volvieron
a desplegar sus atentas antenas
contra cualquier clase de celada.



CARLOS MARTÍN EGUÍA











Nací el 22 de agosto de 1964 en Castelli, Prov. Bs. As. Estudié biología pero abandoné casi al final, por los mismos años cursé materias de psicología y de filosofía. Comencé a publicar poemas en el año 91 con Anotaciones y otros poemas en la editorial Libros de Tierra Firme, siguieron Repertorio (1998) Libros de Tierra Firme, Phylum vulgata (1999), El sacatrapos (2002) y Oso no hay nieve acá (2004), estos últimos en editorial Siesta. En narrativa publiqué Errantia (2000) en edición de autor, unos 180 ejemplares de los cuales no me queda ninguno, El retama (2004) en Eloísa cartonera y La plancha de altibajos (2006) en la editorial Paradiso. Tengo inédito un relato que posiblemente lo edite Paradiso y unos poemas bajo el nombre La vaca roja. Estoy empezando a escribir una novela que llevará tiempo. Gané algunos premios. Hace ocho años que enseño ciencias naturales en escuelas secundarias, antes fui fotógrafo, vendedor de pan, de alhajas, de ropa artesanal y por poco de buzones. Siempre hay que comer aun cuando te entregás de lleno a las musas. Tengo una hija que este año cumple 15.

martes, octubre 24, 2006

EMMANUEL TAUB



Los ritos siempre existen mientras uno escribe, lo interesane es que a lo largo de los años los fui deformando, hasta estos días en los que el rito de escribir se volvió mi poesía misma. Ahora que me pongo a pensar en estos ritos, descubrí algo que no supe ver: el proceso de creación poética no ocurre en mi casa. Es la verdad. Solamente llego a escribir en mi casa en el momento que decido pasar lo escrito en los cuadernos a la computadora. Algunas formas:
Sólo escribo en cuadernos Rivadavia, tapa amarilla y lisos. No renglones, no cuadriculado. Corrompen, de alguna manera, mi proceso de escritura: necesito ver la palabra surgiendo en la hoja blanca. Solamente las palabras. Sobre los cuadernos escribo, pruebo, tacho y corrijo. Creo que mi escritura funciona como una pared a la que hay que darle diferentes capas de pintura para terminarla. El cuaderno es la pared. Las capas de pintura son cada lectura, cada corrección sobre los mismo textos. Es muy difícil que escriba directamente en la computadora sin antes experimentar sobre la hoja en blanco. Ahora si, una vez que decido que lo voy a pasar a la computadora, no vuelvo a tocar al texto del cuaderno y termino su preparación en la pantalla.Me gusta escribir en cafés. Me obliga a concentrarme en lo que estoy escribiendo y además, en el tumulto me enfoco. Me abstraigo del ruido. Pero no es el único lugar, escribo en colectivos, micros, autos, viajando. Depende del momento en el que siento que tengo algo que escribir. Sólo escribo con lapiceras negras (preferentemente –a excepción que no exista en el lugar– bic negra). No puedo escribir con otro color, ni con otra lapicera (excepto que esté obligado). El cuaderno Rivadavia y la bic están insertas en la creación de mis textos. Igualmente, he sabido adaptarme a la ausencia. La poesía se me escapa como un vómito. Es una expulsión, mi purgamiento. Después lo dejo madurar un tiempo, ni siquiera lo miro y vuelvo al poema más tarde. Muchas veces esa expulsión es solamente un verso, una palabra, una idea o algunas líneas. Por eso las escribo. Las miro. Después trabajo el poema desde ahí: desde una palabra que me gusta construyo el poema, otras veces lo trabajo como una partitura musical. Sin embargo, textos o versos que quedan en el papel desde la vorágine en varias ocasiones ni siquiera terminan en el poema. En otros momentos, quizá tengo una idea dando vuelta en la cabeza, un tema o una imagen que quiero trabajar. Cuando aparecen estos poemas, son versos que ya voy construyendo en la cabeza y después los vuelco en el cuaderno. La corrección, pienso, es fundamental para el poeta. Por él y por la poesía. Uno necesita revisar, tachar, cortar, agregar. Leer y leer los textos hasta que se decida a publicarlos. Es ese el momento en donde la corrección se rompe, porque una vez que el poema no nos pertenece (es del otro, el lector) queda sellado en sí mismo. Otra herramienta importante para mí, es la mirada del ojo ajeno. Siempre ayuda sacar el poema a una exposición amena (entre conocidos) antes de sacarlo al ruedo. Grupos de poesía, amigos poetas, me fui construyendo con el tiempo un grupo de personas que pueden interrogar un poema desde su perspectiva. Los escucho, los pienso y luego tomo de las correcciones lo que siento que necesita el poema. Como ya conté en la respuesta anterior, me gusta escribir, dejar invernar lo escrito y retomarlo. Hago siempre lo mismo luego de cada corrección. Hay un sentido poético por sobre todas las cosas. Es cuestión de entenderlo. Un cuerpo. Un camino. Una sonrisa. Una tormenta ennegreciendo el cielo. Una rama quebrándose. Una noche muriendo en un amanecer. Hay que saber colocar el ojo en el espacio, para modificar el sentido del cuerpo y que las veinticuatro horas, dejen de serlo por un instante. Como los grandes cambios. Quizá, la poesía sea solamente eso. El momento en que ingresamos la mirada en el espacio para hacernos de un instante de tiempo.

EMMANUEL TAUB


POEMAS DEL LIBRO "VEINTICUATRO"


V. El último hombre

La ciudad está invadida
por famélicos
insectos
que depredan las paredes de mi cama.
Putrefactas
mis manos esperan caer.
Ya no soy uno
ni dos
ni tres:
somos imágenes
del cuerpo que anidé
ese
que alguna vez te alimentó.
Grito de la noche
soy
noche
agonía de la noche
soy
el hombre
envejeciendo
que descansa adentro mío.


VI. Suelo

dejaste caer los hombros
tus ojos
atrás de ellos
reís
bajas la cabeza
enterrás la nariz contra la madera y sostenés el aire

para hacerse invisible hay que pensar como hombre invisible

ahora no te ven
ves a todos
"¡todos!" –gritás. nadie levanta la cabeza de su plato.
nadie se asombra

para poder gritar hay que juntar el aire como un lobo

mirás de reojo
¿qué harías si todos estuvieran muertos?
serías un sobreviviente
o un fantasma

¿para ser fantasma hay que ser invisible?
para ser un sobreviviente hay que volver

pero
nadie deja de respirar
todos
están ahí
cómo
¿es posible que todo fuera un sueño?
te golpeó el rostro, algo
quién querría batirse contigo
siempre
fuiste un perdedor. por qué pelear ahora
volver mejor a meter la cabeza en el plato
"¡denme una tregua!" –gritás. tampoco te escuchan esta vez.

¿es verdad que por cada pensamiento hay una palabra que se escribe en un papel?

volver o no. qué importa
¿es necesario entender?
Nada. Absolutamente Nada.
todo funciona igual sin el maquinista
es mentira que hay alguien
sosteniendo al mundo
para que no se caiga:
los elefantes son animales no columnas
–repetís–
los elefantes son animales no columnas
–como un conjuro que te vuelve invisible–
los elefantes son animales no columnas
los elefantes no son columnas
los elefantes no sostienen al mundo
y detrás del horizonte
hay otro horizonte y así...
Te hubiese gustado despertar en otro tiempo
Pero no.

para despertar en otro tiempo hay que creer. o ser un fantasma

a veces la muerte tiene extrañas formas de manifestarse
y se viene de golpe
y golpea por partes
como el sonido que deja el cabalgar de un caballo

para romper a un hombre hay que atacarlo por todos los frentes
los cuerpos son difíciles de quebrar

cuando alguien lee
otro mira
cuando alguien muere
otro mira
cómo enfrentarse sino a un cuerpo que se quiebra
Somos ojos expectantes
tan sólo
frente al final

una vez que la palabra marca el papel, la tinta no se borra. solamente se rompe


III.


Km.1200
regreso años más tarde
al castillo de tierra
que acompañó mi niñez
la montaña monstruo
bañada en blanca baba
todo es más pequeño
todo
es tan lejano
y
ya no cargo conmigo
juguetes de madera
pelotas
armas de cartón
cargo libros en libros
pero mis papeles
son iguales
infinitos los mil garabatos
¿me reduje a una página?
¿me reduje a un recuerdo?
¿a una Bitácora?
qué será
del tiempo y de nosotros
inventores del tiempo
quién escribirá mañana
estas palabras
quién regresará a su infancia
para ver si todo fue real
tal vez el pasado
solamente un sueño
en nuestra mente
tal vez
aquél niño en el Bosque
corriendo
en medio de las ramas
de pinos como flechas
con las manos llenas de tierra
y la cara
cubierta de sangre
–raspaduras/caídas–
tal vez aquél niño
el más oculto
ese espejo en el lago


APOSTILLA


Últimas visiones sobre el paraíso

I.


me hubiese gustado mirarte una vez más
deshacer tus huesos
y regalarte
una muerte no tan parecida a la muerte

pero el tiempo en vida es así
termina
y uno se queda
con palabras
y detalles


II.


quise pensarte imaginando cómo se espera la muerte
de qué manera
recibirla
oír hablar de ella


cuesta ser en otro

el dolor
es un cuarto de muñecas
incendiándose

uno se tiene
a uno y a su muerte
para pensarla
o dejarla ser

III.


quiero ser yo quien entierre a mis padres
y no que ellos entierren un cuerpo
que dieron nacer
prefiero
imaginar su partida
que dejarles la muerte
porque una vez que entra en la casa
no hay quien la pueda quitar


las sábanas vacías
pesan años
que le roban el aire
a los recuerdos.


EMMANUEL TAUB



Emmanuel Taub nació en Buenos Aires. Licenciado en Ciencia Política, ha cursado la Maestría en Diversidad Cultural y la Especialización en Estudios árabes, americano-árabes e islámicos en la UNTREF. Es doctorando en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Investigador en Ciencias Sociales por la Universidad de Belgrano y la Universidad Nacional de Tres de Febrero, trabaja en el área de Historia de las Ideas y Teoría Política.
Es uno de los encargados de la sección Altovuelo del Diario Cultural FIN

EDUARDO MILEO


No reconozco ritos en torno a mi escritura. Pero si se trata de historizar un poco, recuerdo la caja de "utensilios": birome, portaminas, goma de borrar, un cuaderno; en otro momento la máquina de escribir eléctrica; luego la computadora. Antes, un vaso de vino; ahora no. Y, en realidad, una comprobación, quizás un poco sorprendente: la escritura se acomoda a la técnica utilizada para escribir. Cuando empecé a escribir con la máquina, me costaba acomodar los pensamientos a esos nuevos movimientos de la mano, torpes al principio, más fluidos luego.
La escritura sufrió el mismo proceso: se fue volviendo asequible, logró sincronizarse con el pensamiento. Una situación análoga sucedió en el pasaje de la máquina de escribir a la computadora. Evidentemente, hay una memoria de la mano, que se vuelve "pensamiento" autónomo, que necesita independizarse para, a la manera de un pianista, "disociarse" de algún modo de la inteligencia cerebral, cobrar inteligencia propia, para entrar en comunión: ser otro para ser el mismo. Una memoria que es aprendizaje de procedimientos y que procede inconscientemente. Que al momento de escribir potencia las posibilidades de encuentro. La luz es importante. En general, prefiero escribir con buena luz. Pero cada luz tiene su escritura, porque cada luz tiene sus biografemas en la memoria del espectro. Casi siempre escribo en el mismo lugar, porque escribo en la computadora. Pero a veces escribo en cuadernos, al aire libre o en bares. Creo que lo mejor es mantener en estado todas las memorias de la mano.
El silencio, para mí, es el estado ideal para escribir: el silencio, pero poblado de sonidos.
No suelo tener un plan, lo que no quiere decir que no tenga un tema. Pero sea lo que sea –a veces hay tema y a veces no–, espero la llegada de un tono. Se manifiesta cuando llega, hace sonar su campanita, y hacia ella voy. Mis lecturas son eclécticas, y tampoco responden a un plan: soy muy digresivo cuando leo, y aunque varias veces me propuse alguna investigación, solo pude realizarla conscientemente cuando investigué sobre temas ajenos a la literatura –estudié varios años anatomía humana, y di clases de esa materia en la Facultad de Medicina–. Una vez que termino un poema, lo leo una vez y corrijo lo más superficial. Después lo dejo descansar. De vez en cuando vuelvo a tomarlo y limo asperezas estilísticas o musicales. En ese proceso, voy escribiendo otros poemas, que seguirán el mismo camino, y que generan muchas veces un tono, y pautas para corregir los poemas que han sido puestos a macerar. Cuando decido publicarlo, lo corrijo nuevamente. Esta corrección incluye un propósito de edición en un organismo –el próximo libro–, lo que implica, además de una corrección del texto, la elección de un orden en el rompecabezas del texto general. También la lectura en voz alta, sobre todo en recitales, es decir, con público lector-escucha, es una muy buena instancia de corrección. La respiración, el ritmo, todos los elementos musicales del poema se ponen en juego y permiten la confrontación de la idea con la realidad. No obstante algunos poemas en los que trabajé durante mucho tiempo, corrijo poco, y creo más bien que un poema se corrige con otro poema. Escribir no es impune: todo poema, aun los descartados, dejan su huella en la escritura. Casi siempre aparece primero una imagen, que se traduce en palabras. Luego se establece un diálogo entre las palabras y la imagen, lo que provoca que la imagen se mueva. Creo que la poesía es una especie de cine individual. Pero a medida que avanza la escritura, comienza la música a invadir el poema. La unión de música y palabras ha sido, desde tiempos inmemoriales, uno de los sentidos más auténticos y evocadores que supimos darle a nuestra comunicación con el mundo. Un mundo poblado de dioses —naturaleza sublimada— engendraba emociones que los tambores, las cuerdas y las flautas transformaban en danzas que hacían girar los cuerpos alrededor del fuego: lo sagrado. La palabra llevaba las danzas al éxtasis necesario para entablar el diálogo con los dioses. Interioridad exteriorizada, las deidades devolvían esas expresiones en forma de sol, lluvia, noche, luna y abundancia. Los dioses han sido, desde nuestra más tierna infancia como especie, el espejo donde miramos nuestra belleza, nuestra bondad. Lo que por un lado es vacío –lo que escribo se aleja en ese momento de mí–, por el otro es plenitud: nombrando al mundo me completo. Lo que es oscuro y me pierde, laberinto de mí, se vuelve luminoso y claro, espacio abierto. Generación de la mudanza, lucidez del instante, secreción visceral de la conciencia, grito ensimismado, apocalíptica visión del paraíso, cactus, desierto, inundación, potencia, fracaso de la inercia, tormenta en reposo, sexo de los dioses, pájaro del deseo. La poesía es concentración, y en ella las cosas se manifiestan como extractos, se expresan como agujeros negros de sentido. La melodía verbal se ajusta en ritmos que combinan frases y silencios y que, en algunos casos, producen la armonía de versos simultáneos. De todos modos, los armónicos de ciertas palabras resuenan en la cámara natural del silencio poético, pueblan los coros del vacío. La belleza que ofrece la poesía es una belleza íntima, porque la poesía nos hace bellos y, en ese trance, nos vuelve dioses de nosotros mismos. Pero en esa operación en la que participamos todos, como poetas o como lectores, la poesía nos hace universales, nos convierte en universo. Es por eso que, entre todas las cosas, la poesía une mis fragmentos, me establece en la categoría de lo humano, de lo que es capaz de amar. Ante la poesía quedo perplejo: me obliga a mirarla de frente, me impide mentir; soy los que soy sin ambages. Me une y, por tanto, me libera: me pone dentro de mí. Al volverme humano, me desaliena, me corta la retirada, me ubica en la tierra, me da realidad. Por eso también me eleva en un único cuerpo con los que luchan, me solidariza con los trabajadores, porque soy uno de ellos, me da el coraje de sentir que soy muchos, y de combatir con todos ellos por otro mundo que –no tengo dudas– está en este. La poesía es revolucionaria porque violenta el lenguaje, lo mueve, lo deshace, y luego salta hacia el abismo entre los escombros. Íntima religión, la poesía es cosmos revelado; anatomía del instinto, es una ética que se hace al andar. Con la poesía desaliento el olvido, diluyo el silencio, habito el universo, invento el amor.



EDUARDO MILEO


POEMAS INÉDITOS


XXIX

El que está sin amor
o el que está sin trabajo
ahuyenta –sin amor
pero no sin trabajo–
una mosca tenaz.
El insecto es religioso en su fastidio.
Como si orara,
como si el orbe levantara entre las alas,
se esfuerza en el zumbido
por imitar a la abeja.
Pero nadie esperaría de ese vientre negro
–a pesar del ojo verde o bordó–
la dorada descendencia de la miel.
El sin amor o el sin trabajo la mira
describir una órbita aleatoria
tomando su cabeza como sol.
Bebe
de a sorbos
todo el vuelo.
"Amor y trabajo
–piensa entre tragos–,
no alcohol y tabaco."



XXXII

El sin trabajo se quedó sin luz:
se lo tragó la verdad.
Ni acomodarse pudo: vacío
como silueta forense.
¿Por qué esperar del mundo una respuesta?
¿Qué sabe de uno la noche?
No hay fuera de las manos una acción.
Sólo lo inmóvil persevera:
lo demás es del viento.



XXXIV



El que está sin trabajo
cuelga de un perchero.
Su cotidiano deshacerse,
su ser nadie más que ropa
expuestos como un cuadro.
"Esto no es un perchero",
habría dicho Magritte
si no fuera una momia,
una nada hecha de polvo y misterio.
Pero qué puede decir el sin trabajo
si desaparece de su ropa,
si no es nadie en el amor del mundo.
Con la punta de los dedos
aferra el puño de la camisa holgada.
Siente en la yema los hilos
de la tela raída.
Y vuelve a colgar de su perchero
como la momia de Magritte.



XXXIX

Es un día de fuego.
Estalla en los ojos
el sol de la cúpula
y es un incendio de odio la campana.
Cantan los fieles una fe que se apaga.
San Cayetano tiene la espiga marchita.
Pero bailan como alambres
las filas de fidedignos,
las columnas encendidas de la grey.
Es un día de fuego
porque hay fuego en los ojos
porque es de fuego el rostro que confía.
Es de fuego y tiene hambre.
La sombra no se come.
Ya no se bendice el agua.
Dios no tiene perdón.
El que está sin amor
o el que está sin trabajo
abandona la fila de creyentes
y camina junto a las paredes
escritas por los herejes.



XXXV

El sin trabajo huele a quemado.
Su aspecto de sí mismo
lo descubre ante el mundo.
Ha pateado la calle
y en la calle latas,
tapitas sin botella,
cartas
que algún despechado hizo bolitas.
Como el amor se come con champán,
el sin trabajo no piensa enamorarse.
Pero vivaces
sus ojos se despiertan
cuando huele en el aire.
El sin trabajo cree en el humo
de las gomas encendidas.

EDUARDO MILEO









Eduardo Mileo nació en Buenos Aires el 4 de julio de 1953. Editó los libros Quítame estas cruces (Ediciones del Escuerzo, 1982), Tiendas de campaña (Trocadero, 1985), Dos épicas (junto a Alberto Muñoz, Filofalsía, 1987), Puerto depuesto (Último Reino, 1987), Mujeres (Último Reino, 1990; 2ª edición: Ediciones en Danza, 2005), Misa negra (Último Reino, 1992), Poema del amor triste (Ediciones en Danza, 2001), Poemas sin libro (Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes, Ediciones en Danza, 2002) y Muro con lagartos (Ediciones en Danza, 2004), y el casete Mujeres (Circe/Último Reino, 1989), donde recita poemas del libro homónimo y otros. Junto a Alberto Muñoz, es autor de la obra de teatro Misa negra. Junto al compositor Raúl Mileo, editó el CD A boca de jarro y prepara Irala, sueño de amor y de conquista. Fue miembro del Consejo Editorial de la revista de poesía La Danza del Ratón hasta su último número, en 2001. Junto a Javier Cófreces y Alberto Muñoz, dirige el sello de poesía Ediciones en Danza. Integra la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA)

jueves, octubre 19, 2006

VANINA COLAGIOVANNI

Una cámara rápida que se desplaza por paisajes cotidianos y extraños con música animada. Así es la poesía que más me gusta. Lo que escribo surge de la observación y la percepción que después busco "traducir" al lenguaje escrito y, como en toda traducción, algo se pierde. Son imágenes, al principio aisladas, que empiezan a repetirse obsesivamente y a interconectarse. Lo que me impulsa a escribir es siempre una percepción extrañada de lo cotidiano, que tiene algo de siniestro. Hacia eso se acerca una descripción lateral, sesgada, oblicua, que nunca llega verdaderamente a nombrarlo. Lo rodea, pero no lo toca. No tengo muchos rituales, me concentro mucho en bares ruidosos, pero puede ser también en un colectivo o en mi casa. Suelo escribir la primera versión a mano, al pasarlo a la computadora hago una reescritura y voy corrigiendo sobre cada nueva impresión; dependiendo del poema, las impresiones pueden ser muchas. Hay épocas en las que estoy totalmente vinculada a la escritura y todo lo que observo, escucho, hablo, leo, las películas, las publicidades de la calle o la televisión, todo forma parte de un gran texto que dialoga con el texto que estoy escribiendo en ese momento, y que llevo incorporado; de manera que ese texto interior es muy permeable y lo que miro y escucho tiene una conexión misteriosa con lo que estoy escribiendo. Siempre tengo un interlocutor en mente cuando escribo, no puedo pensar un poema sin ese "lector fantasma", a él o ella van dirigidos muchas alusiones y guiños. Ese interlocutor no es el mismo, va cambiando. Pero lo que lo caracteriza es que siempre es alguien de total confianza. Los libros son para mí cartas, más o menos largas, dedicadas a los amigos. Escribo un diario en el que aparecen mis obsesiones, crisis, intentos de poemas, ideas para libros que quiero escribir, ideas para libros que abandono casi en el mismo momento de contarlas, cartas que nunca voy a mandar, canciones, diálogos reales, fotos, catálogos de muestras, inventario de sueños. Muchas –muchísimas- veces eso que escribo va a parar a los poemas. Me interesa mucho la mezcla de géneros. Uno de mis libros preferidos es El affaire Skeffington de María Moreno en el que ella inventa la vida y obra de una poeta que vive en París en los años 20, hace un cuadro de la época de entreguerras, en plena efervescencia de las vanguardias artísticas y políticas, incluye una biografía de la autora y hasta sus poemas y los comentarios a esos poemas. La pretensión documental, la inclusión de distintas voces, la relación entre diferentes niveles del texto, para mí es la marca de un libro excelente. En mi diario, cuento un sueño: estoy con mis amigos, mirando una película en la casa donde viví hace tres años, voy a mirarme en el espejo y me pinto los labios con brillo, de reojo miro la tele, al volver a ver mi reflejo tengo la cara de una de las que estaba en el sillón. Lo que más me intriga es el gran volumen de los labios nuevos. Los miro al hablar. Cada vez que los abro pienso decir algo pero salen palabras que no se parecen en nada a lo que quiero decir, como si hablara en otro idioma. Tienen cierta coherencia, pero no dada por mí sino por esos labios y esa lengua, que no son propios pero que trato de usar para hablar. Algo parecido creo que pasa cuando escribo.

VANINA COLAGIOVANNI

POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "SALA DE ESPERA"



5


Volví a casa dolorida
por la extracción

no dejé de tener cierto respeto
por lo sagrado, prendí velas
puse el rosario bajo la almohada
-que cicatricen bien los puntos-
fui al supermercado

regalan una revista el mundo se ve amplio
y permanente

todos son corredores
nadadores en bicicleta maratonistas
a cierta distancia
las caras parecen frutas
las frutas hacen sombras de pájaros

la comunión se extiende
desde nosotros
hasta los vegetales

el carozo de ciruela en caída libre
hacia el patio de comidas

cortar una ciruela al medio
introducir la lengua en el orificio
-que no se abran los puntos-
cerrar los ojos hasta ver todo
duro como el carozo, la piel, blanda
-que suture, por favor-
para mi hambre
la pulpa.


8


Tomates en la pantalla violeta
luz radiante en los cartones de leche
flechas de plástico verde
hacia el pasillo

cierro los ojos
entre las verduras hay ángeles:

los corredores terminan
con montañas de conservas
túnicas celestes y espigas de oro
en los paquetes de galletitas

la suficiencia reservada de las naranjas
el rojo verde de las paltas en descomposición
limones agridulces

todo lo que llega desde su memoria precaria de voces
y raíces se filtra a través de mi mano

unión perfecta equilibrio de las cosas
las flechas verdes laten motorcito acelerado
el rumor de las heladeras dice algo más
a cada especie lo suyo

no, a cada una los restos carcomidos de otra
un lugar en la góndola

esperando que alguien las mire
y elija
de canastos ordenados no por letra,
sino por fecha de vencimiento

hombres comiendo tomates ven
ángeles clavados
en la pared
como mariposas
se exhiben en el pasillo
y al salir se llevan uno
envuelto en algodón.

21

enfermarme de algo grave, quedarme meses en cama
que me mantenga inmóvil, leyendo hasta cansarme agotar todas las escuelas de la filosofía, volverme sabia,

no pasó.




POEMAS DEL LIBRO "TRAVELLING"








El perfume literario


Sentados en un sillón verde
las miradas de los cuatro se cruzaban
focos de luz en la noche de Colonia.
El tiempo se iba con el vino
en la exploración de los temperamentos
y las conversaciones inesperadas.
Uno se levantó y comenzó a caminar
recitando versos incomprensibles.
La vida imita al arte _la cita obligada,
y otro pensó en las afinidades electivas
como la puesta en escena
de un lugar común.
Ahora la memoria oscila
y se desplaza como el deseo
modificando las figuras y los mapas.
La distancia es
el principio y el fin de las correspondencias.



Carta



El principio es una imagen intermitente
los cuatro en el umbral de la casa
observando la tormenta,
un relámpago y el bautismo
la luz que cambió nuestra mirada
desvelando las pupilas.
Los acontecimientos
comenzaron a correr con su propia velocidad.
Nuestra unión fue una carta sin abrir
que contenía las palabras justas.
Y dicen que los libros mismos
son cartas, más o menos largas,
dedicadas a los amigos.


El ajedrecista




Está sentado, la cabeza apoyada en una mano,
en la parte más ruidosa del café.
Envuelto en el ensueño temprano
fija la mirada en un punto impreciso entre los libros,
papeles apilados y una partida de ajedrez
sin terminar.
El reflejo le hace bajar los párpados
hasta la mitad de los ojos oscuros.
Sobre una hoja en blanco
decide hacer un mapa de su vida:
las ciudades en las que vivió
los desvíos, las mudanzas,
y el dibujo vacilante
que no representa para los demás
otra cosa que un garabato infantil,
con la forma vaga de un rostro,
para él es un laberinto,
una brusca revelación.


Huellas



El viento cálido agita las hojas
inclinando al ciprés hacia la casa
bajo un cielo que se oscurece.
Las paredes
descoloridas por la humedad,
resguardan los cuerpos dormidos
abandonados al calor de la mañana.
La arena cubre el suelo del cuarto
empañando los vasos
y el vidrio de la botella
que están junto al umbral.

El pasillo en silencio.
Las miradas, las risas,
los juegos y afinidades cruzadas
se apagaron junto con
las últimas sombras
de la noche.

Los párpados cerrados
hasta que llegue la tormenta.




Slovaquia




La chica repite “slovaquia”
tratando de decir algo más
que se detiene, resistiéndose a salir.

Cada vez que lo dice, la “s” emite
un leve zumbido que turba sus labios
la boca se recorta del rostro,
opacando sus ojos grises,
atrapándome en una inmovilidad obscena
en la pausa de la propia contemplación
del momento discontinuo,
hasta que sin aviso
vuelvo a la velocidad del mundo
al asiento del tren
extrañamente familiar.
Podría ir a Eslovaquia, pienso,
mientras recuerdo sus labios
y de nuevo vienen, un momento después, sus palabras
la palabra
slovaquia
y la lengua
da un golpecito mecánico en el paladar.



La decepción y otras estéticas




Como descreo de los efectos en cadena
enmascaro toda necesidad propia
cada impulso individual
para adscribir a las verdades más triviales
y montar, sin falla, la representación de mí misma.



Peces




Con peces en el cuerpo
naranjas como tu bolso preferido
o el pañuelo en el cuello,
con mirada de nena y sonrisa vegetal
no hiciste mejor cosa que decirme,
después de haber dormido juntos,

la quiero a ella más que a vos.

No tuviste mejor idea que llevarte,
a la mañana mientras yo dormía,
la torre blanca
como un talismán,
dejando mi juego interrumpido,
porque creías haber soñado que estabas presa
en la diminuta pieza de ajedrez
y siempre es mejor llevar la propia cárcel con uno,
antes que huir imprevistamente de la muerte
hacia una ciudad cercana
para encontrarla esa misma noche
en un barrio desconocido.



Instantánea

Vi a mi doble en un tren
de perfil,
llevaba un saco oscuro
pestañas largas, el pelo largo ondulado
que en siete u ocho años voy a tener
mucho maquillaje, una sonrisa estática.
La observé todo el viaje
parecía como si no me pudiera ver
y fuera sólo una película
proyectada para darme
un vistazo del futuro.


VANINA COLAGIOVANNI


Vanina Colagiovanni nació el 23 de diciembre de 1976 en Buenos Aires. Publicó Travelling, Gog y Magog ediciones, en el 2005. Escribe poesía y guiones, actualmente está trabajando en un fotodocumental sobre poesía argentina de los años sesenta.

JORGE NAPARSTEK



Mi ritual es irregular. A veces estoy más cómodo a la mañana,otras necesito el silencio de la noche, cuando casi todos duermen. En algunos momentos me parece encontrar alguna indicación o pista para establecer un sistema, pero al día siguiente se derrumba. Mis manos no están en buen estado así que ya casi no escribo en cuadernos, que es lo que más me gusta. Mi superstición es usar siempre el mismo lápiz o lapicera hasta que se acabe. A veces uso la máquina de escribir,cuando los ojos se quejan, pero en general es en la compu. Me gusta escribir con música, aunque en algunos momentos me distrae. Más que un plan es un clima,algo que viví, leí. Alguna frase, algo que me llama la atención, una nube o restos de un sueño. Me gusta leer algo sobre el tema que estoy trabajando, insectos, estrellas o lo que pasa a mi alrededor. Descansar,sí, pero unas horas nomás, una noche. Es raro que escriba algo y no lo corrija. A veces me parece que me gusta mas borrar que escribir.

Procedimientos de escritura no sé, pero muchas veces hay algo flotando en mí,como una burbuja que es mejor no mirar demasiado.

Yo también escribo como y cuando puedo. Nunca sé si lo que empiezo a escribir va a terminar en la carpeta o en el cesto. Tiene mucho de andar a tientas. Algunas veces es placentero. Pero siempre vuelvo .


JORGE NAPARSTEK



POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "ESA TIBIEZA COLGADA EN LA VENTANA"




una a una
las voy poniendo en el cuenco de la mano
para después dejarlas en la mesa
podrían ser pequeños cerebros
con deficiencias en la materia negra
acentuadas por cielo gris prolongado
pero son apenas semillas blancas
contraste aparente
por detrás de las segundas intenciones
el murmullo es monótono
no llega a eclipsar
el perfume de la mandarina.


...




quedarse dormido frente al monitor
las ideas se emborronan en la boca
tren subterráneo recorriendo dentaduras
cepillos y erosiones en silencio
mensaje cifrado en energía amarillenta
ellos
nosotros
mariposas de un día
evitando despedidas
hipotermia en el circuito
ola blanca reptando en los oídos
después vendrá otra vez el cuentagotas de la tarde
oscuridad diluida sin preludios
en un sueño sublingual.


...





POEMA DEL LIBRO INÉDITO EQUINOCCIOS



el viento cambió
la noche huele a humo
eso no ayuda para el sueño
por motivos desconocidos
una ambulancia estalló esta mañana
raro espectáculo para los planetas
mensajes perdidos
entre los primeros grillos.






Mi nombre es Jorge Naparstek, nací en capital el 3 de noviembre de 1953. Hace 22 años que vivo en Córdoba. Estudié composición con Oscar Bazán y Graciela Castillo,compuse música de cámara y electroacústica, toqué flautas ,clarinetes y saxo alto. Escribo desde chico,pero siempre fue algo colateral,estaba concentrado en la música. Hasta que hace más de un año comencé un taller a distancia con Romina Freschi. Participé en la antología laplanatersuradelcolgar, y en varias publicaciones virtuales.
jorgena_@hotmail.com

sábado, octubre 14, 2006

OSVALDO AGUIRRE

Escribo en mi casa, en papeles sueltos o en cuadernos, a mano. En principio tomo notas y luego a partir de esas notas, de algunas de esas notas, surge determinada escritura. Por lo común estas notas están relacionadas con conversaciones, o son registros de situaciones mínimas o de relatos. Luego, no importa si es de día o de noche, pero sí que haya un cierto silencio, el silencio necesario para que esas palabras que están apareciendo cobren fuerza y se hagan oír. Para mí escribir es vivir en otra lengua. Recuerdo una vez que hablé con Mario Levrero, el día siguiente al que él terminara de escribir una novela; Levrero me decía que se había ido a vivir a esa novela. Bueno, en determinado momento, llegado a lo que considero puede ser la versión final, paso el texto a la computadora. En cierto sentido yo pienso la escritura de poesía de modo análogo al trabajo agrario.
Aclaro que mi familia proviene del campo (y en parte ha vuelto, ahora, al campo) y al escribir poesía, en general, escribo sobre el campo. No obstante, yo no tengo tanto una experiencia directa del campo como de los relatos que he escuchado desde chico sobre el campo, sobre las cosechas, las tormentas, los animales domésticos y los animales salvajes, ciertos personajes fantásticos, etcétera. Pero volviendo a lo anterior: pienso que también yo hago mi "campaña" –como se dice en el campo-, que cada año, entre la primavera y el otoño estoy madurando determinada cosecha.

El plan aparece cuando esas notas van tomando cuerpo en un posible poema. No refiere a ninguna investigación ni lecturas en especial, es sólo definir cómo se va a estructurar el texto, cómo sería el cierre, qué tipo de voces se están tramando.Voy haciendo lecturas, pero no están referidas directamente a lo que escribo sino al hecho de escribir, "el oscuro desafío que me enciende", como diría Juan Manuel Inchauspe. Sí, los dejo descansar forzosamente, ya que publico de vez en cuando. En el 2000, por ejemplo, publiqué un libro, El General, que había escrito siete años antes. Y ahora estoy por publicar otro libro que empecé a escribir hace nueve años. En algunos casos –por ejemplo, en El General- prácticamente no hice corrección después del tiempo que dediqué a su escritura. Hay un modo, pienso, de dejar tranquilo a un texto, de advertir que ya no necesita de uno o que en todo caso es imposible corregirlo; y es cuando uno ya no puede entrar en ese texto. Cuando uno termina de escribir algo –y digo "termina" en el sentido literal- comienza a convertirse en un lector de ese texto, el texto se va volviendo extraño a uno, y uno mismo se aleja del texto. En ese sentido, aunque lo haya escrito, uno es como cualquier otro lector. Me pasa, con algunos poemas (y también con reseñas o artículos que hice), de sentirme absolutamente extraño, de desconocerme; no porque abjure de esos textos sino porque no sé, no comprendo qué me pasaba por la cabeza al momento de escribirlos. Es decir, lo he olvidado. Y agradezco el olvido, porque, como dice Barthes, es porque olvido que leo, y que escribo.

La corrección, cuando la hay, significa para mí ajustar el sentido de las palabras, el sonido de las palabras que uno asocia. Atenuar algún exceso. El sentido de la corrección también cambia con el transcurso del tiempo, uno no hace siempre el mismo tipo de correcciones, depende del trabajo que se proponga hacer con la lengua y con el poema. En algún momento me propuse trabajar sobre las posibilidades poéticas de determinados procedimientos narrativos. De la narración. Me propuse reinventar una lengua familiar, casera. Una lengua a la que sentía perdida, aunque a la vez sabía que nunca existió como yo la practicaba.

Sentí que tenía como un legado, y que ese legado se materializaba en dos libros, un libro de mi abuelo y un libro de mi padre. El libro de mi abuelo es un viejo libro de contabilidad que inició mi bisabuelo para registrar el movimiento del campo y que luego, abandonado y convertido en borrador, fue el lugar donde mi abuelo aprendió a escribir, donde ensayó su firma, donde transcribió canciones e hizo otros ejercicios de escritura.

El libro de mi padre es un herbario, que todavía conservo (como el libro de mi abuelo), con todas sus muestras (aunque ya secas, claro) y sus descripciones, los pequeños relatos sobre los ejemplares que había recolectado. Por eso he estado atento a las palabras y los modismos rurales que he escuchado, a las modulaciones de una lengua estereotipada y a la vez, no sé, sabrosa. Ahora, aun con esa misma lengua, quiero salir para otra parte.

La poesía se me aparece como un camino, un camino con vueltas, donde es raro cruzarse con alguien.

OSVALDO AGUIRRE

POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "CAMPO ALBORNOZ"


Nota

Campo Albornoz era el nombre de una estancia en el sur de Santa Fe. No sabría ubicarla en el mapa, porque fue fraccionada y desapareció. Sin embargo, sobrevivió en el habla de personas que siguen situándola como punto de referencia, aunque no exista. Es decir que se trata de un lugar del lenguaje, no de la geografía.
O. A.


Campo Albornoz

I


Con un silbido largo
llamaba al Lucero
para ir echando putas
hasta el pueblo.
Ya en la última hora,
antes de salir al patio
y entonar como dormido
las estrofas de Aurora,
sus ojos picaban
por la calle ancha.
Era la palma de su mano
y se animaba al primero.
Listos, en sus marcas,
a ver quién gana, a ver
quién llega a la estación
para saludar el paso
del lechero;
a ver quién en la plaza
y el último
cola de perro.
La señorita
se quejaba de la tierra
y decía que mañana.


II

Quién te corría, digo,
sino el campo florecido
en el mediodía de verano,
los cuises asomados al borde
de la cuneta, intrigados
por semejante apuro,
los teros, que alzaban vuelo
a los gritos, como si dijeran
"aquí no se puede estar
tranquilo", cruzaban la huella
y se posaban del otro lado
y al rato, con quejas y reclamos,
volvían al punto de partida:
"esta es la última vez", decían.


III


En Campo Albornoz,
departamento Constitución,
provincia de Santa Fe
-escribió el sumariante-,
la señorita de tal,
directora de la escuela
rural, declara.
Desde el pueblo siempre
por la calle de la estación
llegaba en sulky
-tenía una capota roja
para sol del verano,
heladas o temporales.
Paraba en chacras
o por el camino
a esperar alumnos,
apuraba a la yegua
y ocho menos cuarto
podía llamar a fila
ante la bandera y dar
los buenos días
donde ahora no se oye
voz humana ni corre
más que el viento,
o el simple abandono,
ni hay cosa que diga
de nuestra vida.
Todos los grados
a su cargo, de marzo
a noviembre, años
y años sin falta:
salvo esa mañana
en que hallaron
bajo el sauce
al viejo que cuidaba,
frito de una puñalada.


Diario íntimo

En su cuaderno anota
el día de siembra
y la verdad de la cosecha,
la fecha y el monto
de cada lluvia, aclara
si hubo piedra y otra:
qué daño quiso hacer.
No se hace líos
con tantos números
pero a fines de marzo
como maleta de loco
lleva ese cuaderno,
uno que guarda
de la escuela rural,
forrado con papel araña.
Mide el agua caída
en la quinta
y al final de la trilla
compara las cifras
de la campaña presente
y la campaña pasada,
y otra: saca cuentas
del rinde por cuadra.
Y tiene una letra
tan clara que parece
dibujar sobre las líneas
de la hoja, bien parejos,
los surcos de soja.


Vademécum

Se aplica un sapo
-la parte de la panza
fría- y el dolor
de muelas pasa.
Un caldo liviano
es santo remedio
para ir de cuerpo,
dar una vuelta
a la casa apenas
uno se levanta
de la mesa cura
la falta de sueño.
Con telarañas
las cascaritas
no arden ni sangran
y si se agrega
algo de barro fresco
se acabó el llanto:
nadie se rasca
las ronchas que dejan
hormigas, tábanos,
abejas. Y la tos
se va con tomas
de agua y miel
cada cuatro horas
en cucharita de té.

Bizcochos

Te voy a dar algo,
dice, que en la ciudad
imposible de conseguir.
Son los bizcochos
de dulce de leche y coco
que él mismo hace.
Ofrece una bandeja
con sonrisa bien ancha.
Antes, se jacta, por la zona
repartía bochas como ésa
-y qué galletitas, qué masas:
una delicia. Hasta decir
basta, hasta que se cansaba:
salía antes que las gallinas,
con la chata rebalsada
y en una de esas llegaba,
capaz, a San Nicolás.
Entonces algo fallaba
en él, ya la semilla
del desastre de su vejez.
El bulto del cuchillo
que calzaba y hacía ver
por gusto. O las gansadas
tremendas para disculpar
el susto y los diálogos
y entreversos que mantenía
consigo mismo:
"-¿Cómo?
¿Si vienen de lo profundo
del maíz?
-Me roban, ¿y?
-¡Y no sé qué más!
-¿Cómo?"
El negocio se conserva,
ese es su orgullo,
aunque algunas vitrinas
desnudas, y tiene espacio
de vicio. A la madrugada
da vueltas al lado del horno,
más que nada por costumbre,
y la mujer que le ayuda
se aburre de estar sentada.
Es cosa de locos, los pocos
clientes son viejos sin dientes,
y encima la competencia
bolacea que sus manos
tratan la harina más barata.
Pero quién aguanta ahora
las bromas de otra época,
las carcajadas a solas.
El pan se vuelve piedra,
ya nadie se extraña, y él
amasa lo justo, o menos,
de martes a viernes,
y en fiestas y fin de semana
agrega los bizcochos,
unas cuantas docenas.


Alemanes

Son dos gotas de agua,
mejor dicho de aceite
y grasa.
El trabajo y los años
los retocaron parejo:
gruesos, retacones,
la palidez de la cara
realzada por qué mugre
qué negros los mamelucos
y el pelo colorado, igual
que si un golpe de viento.
Los mismos callos
endurecieron sus manos
en el aprendizaje
de los misterios
que animan lo mecánico.
Hasta en la manera de ver
las cosas, como si un cable
invisible los uniera.
"Cómo anda -dice uno,
por la marcha de un Hanomag-:
Ése no nos da de comer".
Y el otro arranca apenas
un segundo después:
"no nos da de comer",
repite, los ojos deslumbrados
por la inteligencia del cascajo.
O antes: "Cómo anda",
y a lo mejor frena y deja
al otro seguir lo que él piensa.
Y los dos, al conversar,
inflan las mejillas
enrojecidas y tratan
de decir, con pausas,
las palabras completas,
como si tuvieran la boca
repleta de tuercas.
Conocen los tractores
y las trilladoras que les llevan
desde su salida de fábrica,
vida y obra de cada máquina:
cómo anduvo en campo
con humedad o qué fuerza
para desencajar un acoplado.
Sin necesidad de salir
de la fosa, por el motor,
el temblor del piso
o la tierra que levantan.
No les resulta ajeno
nada de lo mecánico.
Bien entrada la noche
se ve luz en el taller:
los dos siguen con trapos
embadurnados, y el aceite
y la grasa, como el tinte
más natural de la piel.


La despedida

Has sentido, en tu corazón,
el desprendimiento de una rama que cae.
Juan M. Inchauspe

En sus últimos días
se puso más flaca
y arisca que de costumbre.
Apática: la voluntad
le faltaba. Pero ni quejas
ni lágrimas alteraban
lo serio de su cara,
y no quiso que fueran
con ánimos o sonrisas.
Le preguntaban:
-Pero qué le pasa.
-Nada, nada –ella;
y eso si contestaba.
El reposo aconsejado
por el médico que no pidió
no calmaba su cansancio
y las plegarias de la extraña
puesta de compaña y vigilia
al Cristo crucificado
sobre su cabeza, lo mismo
que si escuchara llover.
Le costaba entender
los consuelos que le daban,
abrir los ojos y enfocar
algún objeto o silueta
en la pieza en sombras.
Más que acostarse
se hundía en la cama
como si ya estuviera
donde te dije.
La comadre afligida
por el agua, la ventilación
del cuarto y el olor
de las sábanas, y el médico
que, vaya novedad,
la veía desmejorada,
seguían la rutina del drama
y por eso se engañaban.



Ladrones

I

Era noche tan cerrada
que ni luciérnagas
siquiera y de pronto
los perros comenzaron
un escándalo.
Ladrones,
pensó.
Echaban chispas,
y hasta perder la voz,
como si un extraño
o los que van de chacra
en chacra con carne
envenenada o qué sé yo.
Se levantó de la cama
e intentó hacer luz
en las esterillas. Nada,
pero aquellos seguían.
A la mañana encontró
un pobre gato destripado
-quién sabe de dónde-
y en el patio, a la vista,
para que él supiera,
una comadreja, bah:
las patas y la cabeza.


II

Comenzaban el día
con mates en la cocina
y la radio para saber
los rindes de la lluvia.
Discutían si el agua
caída y el cielo, hacían
pronósticos por su cuenta:
lo normal después
de recibir la tormenta.
Hasta que ella, con luz
de alarma en los ojos,
helada de pies a cabeza,
pidió que bajara el volumen,
silencio, que no se moviera:
le parecía escuchar
algo raro en el camino.
Él le hizo caso
por darle el gusto nomás
pero enseguida vio:
no estaba loca, no,
eran voces, por lo menos
dos, que circulaban
a pocos pasos, oh.
Ladrones, dijo ella.
Y él, callado la boca,
dejó el mate y salió
con la escopeta a ver
un camión atravesado
entre huella y cuneta,
justo ante las casuarinas
de la puerta,
y dos vestidos de barro:
vecinos del pueblo
que tenían la ocurrencia
de salir al camino. Pero,
¿cómo, en qué cabeza?,
preguntaron, y todavía
esperan una respuesta.

OSVALDO AGUIRRE



Osvaldo Aguirre (Colón, Buenos Aires, 1964) vive en Rosario. Integró el Grupo de Arte Experimental Cucaño y estudió Letras en la Universidad Nacional de Rosario. Publicó los libros de poesía Las vueltas del camino (Tierra Firme, 1992), Al fuego (Tierra Firme, 1994) y El General (Melusina, 2000), las plaquetas Narraciones extraordinarias (Vox, 1999) y Ningún nombre (Dársena 3, 2005), las novelas La deriva (Beatriz Viterbo, 1996) y Estrella del Norte (Sudamericana, 1998), los libros de cuentos La noche del gato de angora (Fundación Ross, 2006) y Rocanrol (Beatriz Vierbo, 2006). Editó las obras poéticas de Arturo Fruttero y Felipe Aldana, publicadas por la Editorial Municipal de Rosario. Edita el suplemento Señales del diario La Capital, integra el consejo de redacción de Diario de Poesía y colabora (o ha colaborado) en Radar, Punto de Vista, Bazar Americano, Vox, La Pecera, El Jabalí, Hablar de poesía, La ballena blanca, Nadie olvida nada (San Salvador de Jujuy) y Ángel de lata (Rosario), entre otras publicaciones.


viernes, octubre 13, 2006

SANTIAGO ESPEL

El tiempo es tirano, y las obligaciones su brazo ejecutor; esto determina mis modalidades, mis hábitos de escritura, de manera unilateral. Por eso, hago todo lo que se detalla en la pregunta, y más, según la ocasión. Saber si esto es bueno o no, es materia de debate, o al menos de reflexión, considerando que yo no me "siento" a escribir poesía, sino que me "siento" cuando termino de escribir.

La poesía se escribe desde un alerta, desde una incomodidad, desde la adversidad.

El poeta no es un talabartero ni un programador de sistemas. Cuando llega el momento de corregir, ahí sí me siento, y trabajo, hago uso del oficio.

La poesía está inficionada de misterio; por eso sus procedimientos, sus modos de escritura están sujetos a ese mismo misterio.

Escribimos en los intersticios del día, de las obligaciones, de ahí la variedad de recursos, con y sin luz, con y sin ruido, en la computadora, en el papel, con frío o calor, con lluvia o melancolía, con viento o exaltación, con dolor o placer…escribimos como hacemos el amor.

Escribo, según se mire, poco…nunca más de 15 o 20 poemas al año…!!! Si se trata de un libro de poema único y extenso, es decir un libro articulado sobre una trama y encadenado, trabajo con un plan previo, incluso con la preexistencia del texto, es decir tratando de escribir aquello que me gustaría leer, y que de algún modo –misterio dixit- ya está escrito, y yo desentraño, rescato. Así escribí mis últimos dos libros: Isoca y Vulgata. Si son poemas independientes, confío más en la intuición, en la violencia del momento, en algo instintivo que está más en el cuerpo que en la cabeza, a diferencia de lo anterior, donde la cabeza manda.

Una vez más, ahora no tirano pero sí justo y benefactor, el tiempo determina qué poema se salva del estropicio y qué otro no. Corrijo mucho en la cabeza, antes de escribir. Doy muchas vueltas en torno a cada verso, lo leo en voz alta, lo reviso, su sentido y sonido, y por último veo si está justificado dentro del poema, si suma, si tiene valor autónomo. Hay versos de apoyatura y otros de relevancia; ese acople de acordes es el tejido del poema, su trama.Acordes menores y mayores combinados, indispensables, insustituibles. Por último reviso el poema entero, lo leo en voz alta, trato de ver dónde renguea, dónde corre y se afirma.

Mi procedimiento quedó, creo, dicho arriba, en esas urgencias y limitaciones espacio-temporales; puedo agregar algo: yo empiezo a escribir el poema dentro de una caja de seguridades, como una caja acústica y afinada, trabajo sobre lo que sé y conozco, digamos que utilizo mi "oficio"; después, cuando el poema está casi armado, lo monto sobre un rectángulo de vidrio, como quien calca una figura, y lo desplazo levemente, lo borroneo. Se trata de una distorsión, de una deformidad, un movimiento casi imperceptible por donde se cuela el misterio y corrompe la prolijidad del texto, lo fuerza, le da su sentido último y auténtico. Salgo del cuadro del oficio y lo abordo desde el misterio, lo retuerzo.

Mi vínculo con la poesía está en el cuerpo, en mi respiración, en mi ideario del mundo. Ningún poema ha cambiado el mundo, pero más de un poema ha mejorado mi vida…¿y por qué no la de los demás?


SANTIAGO ESPEL


POEMAS INÉDITOS


NI UNA COSA NI LA OTRA



Miento si digo que intenté la revolución.

No es verdad que puse una mesa patas arriba.

Tampoco le dije mire váyase a mi ex suegra.

No mordí la mano que me dio de comer.

Menos cierto es que estuve preparado

para rechazar los honores que nunca me dieron.

Y además, debo confesarlo, me costó

diferenciarme de los conspiradores.

En fin, que como multitud, fui un adicto del deseo.

Que como no pocos, transgredí con permiso.

Fui un tentado. Un idiota revulsivo. Un asco.

Eso sí: no vengan a decirme que todo esto me resbala.

No me vengan con el cuento

de que estoy grande para prender la mecha.

Menos que menos ustedes, jóvenes, viejos peripatéticos.




TEMA PARA UNA DES-COMPOSICIÓN



Peor que el olor, que las moscas, peor que la carne roja y plateada

en un cuadro de Bacon, peor, mucho más duro es el ojo de la vaca.

No es la mirada bovina que conocemos.

Ajena la vaca a la tragedia del matadero, a los camiones enrejados,

a la tipificación mitológica, ajena inclusive a sus múltiples metáforas literarias,

a su donaire de bestia pacífica, a la infame bucólica agraria;

…no…no, es peor, porque es una mirada que va por afuera de lo bovino,

por afuera de la desgracia o la suerte misma del animal.

La vaca está echada a un costado de la ruta, un bulto informe

y sanguinolento en una banquina en declive.

En lo que queda de piel, de pelo crespo, fue casi enteramente negra,

con geometrías blancas y manchas de grises irrelevantes.

A un costado, tumbada, igual que un mueble sin uso, como una mesa,

o un vehículo que hubiera desbarrancado, cuadrado y pesado,

torpe y guarango, con las patas aparatosamente estiradas hacia el cielo.

La vaca mueve el ojo como la traslación lenta de un planeta en su órbita.

Una mirada agresiva y blasfema, escrutadora;

a veces el ojo queda inerte en el paso lerdo de las nubes.

¿Hace cuánto que está ahí la vaca? ¿Cómo llegó ahí? ¿Tiene dueño esa vaca?

¿Estaba sana o estaba enferma al caer allí? ¿Ya no da leche esa pobre vaca?

El bicherío que le anda por el despojo del cuerpo se ha empezado a extender

entre las otras vacas; algunas ya pobladas de ese verde dorado de la mosca.

Muchas se sacuden la corta cola en el lomo ancho

para espantar el ir y venir zumbón de los bichos.

La vaca gira despacio su ojo y ve el desastre en ciernes.

De a poco van llegando veterinarios, lugareños, los primeros fotógrafos,

los cronistas acreditados y los esbirros de la gobernación.

El rumor de la vaca se extiende como la misma peste de la vaca.

Se cancelan rápidamente las inversiones, cae la cosecha, tiembla el mercado,

la bolsa retrocede, se ve amenazada la liquidez, cae el cambio por culpa de la vaca.

Raro…mientras…se mueren otras vacas, pero no la vaca del ojo aprensivo.

Consecuente, el ojo sigue la propagación del caos con lenta rotación.

Hay que hacer algo con la vaca que se nos muere, se nos está muriendo don,

dicen cabizbajos, algunos que llegan en fila con velas y cachimbas.

Otros discuten el límite del desastre, previsores, miden las consecuencias,

pesan la peste, suman y restan la muerte, calculan la indemnización,

miran de costado a la vaca y firman documentos extensos de letra chica.

Vienen luego los intendentes de signo opuesto a dirimir el litigio,

se reclaman airadamente las pérdidas millonarias, tiran la taba, se van a las manos,

y la vaca en tanto gira su ojo en torno y parece empecinada en no morirse.

Entonces, las moscas verde doradas se empiezan a animar con el gentío.

Llegan por fin los exegetas de la vaca y declaran un milagro;

un grupo de notables recaba información y delibera en círculo;

se componen odas y se instalan atriles para pintar a la vaca;

entonces pronto se llena de curiosos que se arriesgan al bicherío,

familias con barbijos y carteles de cartón en favor de la vaca;

otros de signo exaltado que vienen decididos a terminar con la vaca.

Se levantan unas carpas en la zona y se desvía la ruta en forma de herradura.

La prensa extranjera consigue acreditaciones sin garantías sanitarias.

El papa menciona a la vaca moribunda en su homilía.

Se multiplican las peregrinaciones espontáneas y el turismo prospera.

Crece la mortandad del ganado aledaño y muchos vecinos se apestan.

Algunos candidatos improvisan tarimas y exponen sus plataformas.

Y la vaca mientras tanto sigue sin morirse, mirando hondo y desde lejos.

El alboroto de la heterogénea aldea se hace más y más ruidoso.

El grupo más radical quiere sacrificar sin más demora a la vaca.;

algunos expresan en defensa razones humanitarias; otros hablan

del futuro de los hijos, de la tradición de la tierra y el respeto por los difuntos.

En algún sector se desata una gresca que levanta polvareda y represión.

El ojo de la vaca se agita, preso en ese cuerpo corrupto y tieso.

Hasta que en un momento, por encima de la disidencia generalizada,

la vaca suelta un mugido tan prolongado y agónico, tan único,

como sólo puede ser el que provoca el silencio más absoluto.

Y como todos creen que la vaca se muere, o que se está muriendo,

o que por fin acaba de reventar, de irse en ese mugido bestial,

se acercan y estrechan el multitudinario cerco en torno al animal

y comprueban con asombro que la vaca aún mueve ese ojo lento y aprensivo,

para clavarlo en ese otro ojo que ahora lee desaprensivamente este poema.



GANCHOS



La última mujer con la que estuve

me dejó la casa llena de ganchos

de carnicería.

Me fui dando cuenta de a poco,

a los días de quedarme solo.

Ganchos ahora vacíos

y oscilantes como horcas.

De esos ganchos, mi última mujer

colgaba toallas, corpiños, bufandas

y grandes pañuelos de seda.

De la seda emanaban

perfumes oscilantes como horcas.

Cuando me quedé solo,

de a poco fui escuchando

el tenue balanceo de los ganchos:

un acero sinuoso

cortando el aire.

Al fin, no me quedó otra

que descolgar los ganchos,

uno por uno, meterlos en una

bolsa y tirarlos al río.

Si un día de estos vuelve

por los ganchos

le voy a decir que vaya a dragar el río.

Me acuerdo que el último gancho

que descolgué era realmente grande;

tan grande como para resistir

el peso de un viejo caballo sangrante.



MUJER DE FE




No tuvo suficiente con la carta astral,

ni escarmentó con solari parravicini:

sin embargo espera que pase algo trascendente,

que florezcan los nardos por ejemplo,

que el gallo cante tres veces al día

o que las arañas resignen de una vez el patio;

espera, velando una vieja máquina de coser,

junto a un perro sin nombre ni apellido,

regando una higuera seca en un jardín vacío.



HOMBRE DE CIERTA FORTUNA



Entre los objetos de la descendencia encontró

dos corbatas, un título de propiedad de un terreno

en algún pueblo de la provincia, un reloj de oro,

una baraja española con mujeres desnudas

y una palangana de acero inoxidable.

Usó las corbatas durante veinte años;

por deudas inmobiliarias el estado terminó

por expropiarle el terreno;

empeñó el reloj para hacerse una dentadura de porcelana;

jugando, apostó la baraja y las mujeres desnudas y perdió;

finalmente, una tarde de lluvia en el balcón,

descubrió la sabiduría en el agua quieta de la palangana.



EL GIGANTE



Toda una vida elongando y sacando músculo

tenía que conducir al éxito más rotundo.

Al principio, fue cómico no comprender la idea de

perspectiva y proporciones durante la infancia;

siendo generosos, fue pintoresco y hasta artístico;

por último, sin casi poder evitarlo, ya adulto,

y con la malla negra ajustada al cuerpo, fue trágico.

Sin embargo, toda una vida de nutrientes

y abdominales tenía que redundar en vigor y destreza.

Pura fibra, decían unos. Poco cerebro, otros.

Indiferente, el gigante colgaba medallas de su cuello.

Adicto al anabólico y al elogio, sus músculos crecían.

Un día, en el gimnasio, por exceso de potasio

pisó una de las cáscaras de banana que constituían

parte de su dieta y resbaló, con tanta mala suerte

que golpeó su nuca contra la barra de una pesa.

Te dije que poco cerebro, decían unos, por lo bajo.

Pero qué músculos, decían los otros, compungidos.


TANGO



Un camión de bomberos rojo, como un juguete inmenso

con la cuerda rota y la sirena cortando el concierto de bocinas;

sin incendios a la vista, ni derrumbes, salvo la pelea casi

imperceptible de una pareja en el café de la esquina; la caída

seguida de rotura de una gran maceta de arcilla desde un

quinto piso que da al pulmón de manzana orientación oeste;

una colisión de escarabajos y su consecuente atascamiento

en el playón de una estación de servicio; la pérdida de nafta

súper de un bidón amarillo en la misma estación de servicio;

un hombre de campera de cuero negro que fuma de espaldas

al bidón mientras le pone gas al auto; dos monjas que cruzan

la avenida consustanciadas en algún diálogo privadamente divino;

un albañil en un piso 26 agitado por el viento contra los

cristales azules de un edificio colmena; un gorrión que acaba

de morir de un síncope por el choque de dos colectivos en

la esquina donde tiene su nido; el inminente encuentro de dos

nutridas columnas enfrentadas por el control del sindicato;

los bombos y bombas de estruendo que sacuden a los viejos

del geriátrico frente al que van a concentrarse las columnas;

la avalancha desopilante de naranjas y pomelos de la verdulería

sobre el cochecito de bebé que pasa justo con su madre apurada;

alguien que saca el cuerpo tapado de alguien y lo lleva a la morgue;

una ambulancia ululante que cruza a 70 km. por hora en rojo;

un supermercado coreano que está a punto de ser asaltado;

el temblor sofocante del subte con el paro sorpresivo de

los conductores y el bloqueo de los molinetes; esa señorita

que compra un helado de chocolate con fecha vencida;

los cuatro fibrosos ciclistas en línea que toman agua mineral

con las cabezas estiradas al cielo; la marquesina que va a

caerse sobre un puesto de diarios a las 12 horas tres minutos;

una ampolla de bencina que se astilla en la mano de un enfermero

que ve venir por el pasillo a la enfermera que tanto le gusta;

salvo estas catástrofes menores, es un día como cualquier otro

en la ciudad, nada que justifique ese camión de bomberos rojo

y brillante, como un juguete inmenso e importado, crispando

el ánimo de la tarde gratuitamente, como si hiciera alguna falta.





LAS COSAS QUE SE VEN A TRAVÉS DEL VIDRIO



Al séptimo día la piel del poroto se tensa y ramifica

en uno de sus costados; tiene forma embrionaria, de feto;

al noveno día la piel blanca se cuartea y aparece una

finísima hebra verde, sólo la punta, rompiendo la piel;

el secante que aprisiona al poroto contra el vidrio se

oxida y abre una mancha aureolada como una corona ocre;

del costado del poroto sale una diminuta lengua que

comienza con los días a buscar su vertical y el rayo de luz

hacia la boca del frasco; el niño sonríe y dice mirá mirá;

tan indispensable ese alumno miope que lee y busca

la metafísica de spinoza en el pulimento de cristales,

como el exaltado que busca la resaca en el fondo de su vaso:

ambos la bacteria bajo el influjo de lo microscópico, ambos

el bacilo que engendrará un nombre y múltiples maldiciones;

hombres yéndose por un periscopio en posición supina

tras el sumidero de los talentos y la inmortalidad;

células congregadas bajo el panóptico de la tentación;

centauros discordantes de ritmos que gritan eureka eureka;

el cristal convergente en su aro metálico va sobre

la presa y las huellas; el forense abre su ojo y lo pega

a la lente; rastros de lo mínimo aumentados a escala;

la hipótesis convexa como el mismo contorno de la lupa

que exhuma lo que no será hasta que haya prueba,

evidencia o alcahuete que diga señor yo sé toda la verdad;

una pecera es el universo y la paradoja de llenarse

con tierra y no agua para espiar transversalmente la

molienda del orden de la hormiga: víscera singular de

un cuerpo multiforme en chirridos y armaduras casi

espaciales; canales, catacumbas, túneles y viaductos,

panes y larvas tan pequeños como panes y larvas de

nada más que hormigas; la hormiga ignora el perímetro

de cristal que la contiene; la tarea no se debe al lugar

sino a cierta ontología desesperante y a la construcción

de un continuo que ignoramos desde este otro lado;

obsesión de atrapar aquello inasible que nos mata:

el tiempo; la circunferencia y el diagrama como una

rosa de los vientos en la arena que grano a grano cae

desde siempre y para siempre hasta que no quede nada,

ni siquiera ese relojero de cuento que dicen sabía cómo

imponerle al tiempo la burla del mecanismo del tiempo;

la vitalidad del paso de los minutos encerrada en diámetros

y elegantes embudos invertidos que estrangulan pero no

impiden que el grano caiga y decante el desierto entero

aunque su tópico sea el infinito gesto de volver la arena

arriba para recomenzar como el mar su macabro destilado;

las formas deformadas del otro lado del vidrio:

ese embrión que pudo ser y no será ése que tuvo que ser

de otra manera y forma y sin embargo da motivo

al progreso de patologías debiera ser orgullo familiar

aunque signe ciertos temores en sus descendientes y

en ocasionales aparejamientos que no apareamientos

ni accidentes salvo esos cartelitos prolijos en las bases

de los frascos y la repugnancia de los que dicen yo no fui;

la pared de vidrio entre el hombre sentado en la silla

con los brazos ajustados al correaje y a la sentencia

del distrito; los otros ojos del otro lado miran

la pierna afeitada del hombre sentado en la silla que

contrae el puño de su mano derecha; la inyección que

entra en el brazo del hombre y la pared de vidrio

sordomuda que no sabe lo que allí comienza a ser

y a dejar de ser equidistante; el vidrio es la mejor asepsia

para reprimir la arcada que el deseo sujeta a su correa;

habrá un copérnico pronto, ese que nos salve de lo que

nos pisa los talones como farsa o equivocación; habrá un

copérnico en cada patio y esquina de cada barrio; uno que

mire arriba las uvas dispersas en el cielo para trazar

geometrías; millones de kilómetros y años luz vistos

a través de un tubo con un intrincado filtro de cristales;

ese que nos libere del horóscopo homeopático por rabia

de saber qué somos sin alfileres ni meandros diplomados;

habrá osa mediana y casiopea y boyero y can mayor y

también cruz del sur y tres marías y súper nova y halley;

se trata de ese vidrio fino o grueso que tocamos no

sabemos de qué lado.



EL CASCO DE GUERRA



Cuando el empleado lo dio vuelta para repasar

el estante de vidrio donde se apoyaba,

vio adentro del casco de guerra la colonia de piojos;

adheridos a la concavidad del hierro áspero,

y ante un corto y enérgico sacudón de la mano,

los piojos, de a miles, desataron el nudo oscuro

que formaban en la parte superior del casco;

cuando no quedó ni uno solo de los piojos

apareció el mechón renegrido y sanguinolento

que los reunía pegado al hierro interno;

el casco estaba despintado y tenía una abertura

como una grieta en la tierra reseca de la sequía;

tenía también unas letras y números y nada más;

adentro había un rectángulo adhesivo con un código;

el empleado despegó con una espátula

el mechón de pelo que cayó al piso;

con el golpe, salieron los últimos piojos

y el empleado los roció con un insecticida; después

repasó el estante y acomodó el casco en su lugar.



GOMA



Sentado en la silla de ruedas, las manos juntas,

el acróbata recuerda sus días de gloria;

el número de los anillos es lo que mejor hacía;

¿Cómo se llamaba la gimnasta rusa?

¡qué tetas!...y ese olor fuerte, como acero…

¿Y el domador que tenía un diente de oro?

Ahora está rígido por fuera y blando por dentro;

ha perdido la elasticidad que le diera fama

y el apodo grandilocuente de goma.

La mujer que le cobra la pieza le pregunta

cómo fue el accidente; “no hubo accidente”

dice el hombre y gira en la silla de ruedas;

“Parkinson”, dice después. “Parkinson”.

Cuando la mujer sale del cuarto, el gato

del acróbata, un gato atigrado y naranja,

se sube a sus faldas; el gato arquea el cuerpo

y bosteza; le faltan los colmillos superiores;

el hombre pasa la palma por el lomo del animal;

cuando llega al cuello, empieza a apretar.





7a.



Dicen la brutalidad del homicidio:

la mariposa monarca descuartizada.

La cabeza en una lata de azafrán,

sepulta, ahí, en el fondo del río.

La boca cosida, los ojos quemados.

Perforadas con saña las alas, plexo,

las patas en los canteros sin tierra.

Difunden que no existió tal crimen,

que una mariposa no altera el orden,

y que no se hable más del asunto.



7b.



¿Cuántas manos tiene un verdugo?

¿Un verdugo acaricia a sus hijos?

Habrá migrado la mariposa, dicen.

Matar nadie la mató. Porque quién,

quién se ensañaría con una mariposa.

¿Para qué asesinar una mariposa?

¿Qué propósito tendría, qué fin?

¿Habrá chocado contra el viento?

¿Dónde están las manos del verdugo?

¿Acaricia a sus hijos el verdugo?



7c.



Sin permiso vengo a matar al verdugo.

Le haré estallar un ramo de jazmines

cerca, en el corazón o en la cabeza.

¿Pero cómo matar lo que está muerto?

¿Cómo matar lo que vive en la muerte?

Lo haré de todos modos, armado de

una palabra o con una hebra de luz.

Subvertiré el orden de los asesinos:

sin licencia vengo a matar al verdugo.

Le cortaré el cuello con una mariposa.



(del libro Isoca, 2004)



romance de barrio


fue al cruzarse en el almacén del barrio

entre salames y dulces de batata

que ella se arremangó

metió la mano en salmuera

y sacó del tarro una aceituna imponente

el convidado

aceptó con febril gratitud

abriendo y cerrando la boca como un besugo

sin saber que luego

aquel delicado convite

complicaría el primer beso

con el filoso pico de su carozo

tarde piaste pajarito

¿por qué no me habré quedado para siempre

rampante

en alguna de las casas de la infancia

levantadas arriba arriba de los árboles altos?

¿quién me mandó bajar

quién me hizo bajar?

por qué para qué en qué momento

-bajé a tomar la leche-

y puse entonces los pies en el mundo

para calcinarme de ahí en adelante

de dolor de metejones de revanchas de cacareos

de conscientes, torpes, irremediables muertes.


(del libro Cantos Bizarros, 1998)



SANTIAGO ESPEL


Santiago Espel nació en Capital federal, Bs.As. Argentina, en 1960. Publicó en poesía: rapé, 1988 (Faja de Honor de la SADE); Pavesas & Muelles, 1990; Misas en Harlem, 1993 (1º Premio de Poesía en el Concurso Nacional Ramón Plaza); Cantos Bizarros, 1988; La claridad meridiana, 2001 (mención en el Certamen Internacional "Letras de Oro 2000", Honorarte , y Divisa Nacional "Horacio Rega Molina"; La víspera sí, 2002; Isoca, 2004 y Vulgata, 2006.
En 1995 publicó la novela La Santa Mugre o el País de Cucaña, en Grupo Editor Latinoamericano.
Dirigió la revista bilingüe de poesía (castellano-inglés) La Carta de Oliver, entre 1990 y 1999.
Actualmente coordina la colección de libros de poesía del mismo sello.
Integra la revista de poesía Omero.
Es miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos.

ANAHÍ LAZZARONI



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Hasta hace un par de años el primer borrador siempre lo hacía a mano y continuaba en la computadora. En estos momentos casi no puedo escribir si no es máquina mediante aunque se que si surge un poema, de ser necesario, podría escribirlo a mano como en los viejos tiempos.
Escribo sobre todo por la tarde y algo que necesito de un modo más que imperioso es un silencio absoluto. Las hojas blancas tamaño A4 me producen una atracción hipnótica. Sin plan, bastante a ciegas, con un inmenso placer. Corrijo, sigo corrigiendo aún una vez que el texto ha sido publicado, acepto sugerencias. Aparece a veces en forma de una idea otras es como si mirara lo que pasa en el mundo y tradujera a un lenguaje poético eso que creo ver. Pero no se si debería decir que miro el mundo o que escucho el mundo y después escribo o que hago una cosa o la otra según la ocasión. Me encantaría escribir con más continuidad. Soy de las que deben esperar que la poesía las visite.

Anahí Lazzaroni


POEMAS DEL LIBRO "BONUS TRACK"


Algunas cosas necesarias para la escritura de un poema

La precisión de un relojero.
El vuelo del águila.
La delicadeza de un insecto.
La zozobra del loco.
Pluma o lápiz.

Sequía poética


Las palabras no se adhieren al papel,
vuelan dispersas, se distraen el aire.
Andan como locas de atar,
como mujerzuelas,
en la época de los conventos.
Padecen demencia.
Reniegan.
Hasta que un buen día
Se paran en seco.

Vicisitud


Envíanos la lluvia, envíanos la lluvia
Zeus amado, sobre nuestros campos
de cultivos y llanuras.
Súplica Ateniense
Si se pudieran mojar las palabras,
¿acaso crecerían?
No habría desierto en los papeles.
Una leve lluvia cayendo desde lo alto
y los textos se clasificarían
en, al menos, dos tipos :
poemas de invernadero
y poemas salvajes.
Una leve lluvia en los papeles.



POEMA DEL LIBRO "A LA LUZ DEL DESIERTO"



En todos lados se cuecen habas

Algunos poetas me escriben cartas
donde me cuentan que deliran por el lejano sur.
No son pocos los que me imaginan en una casa
construida con maderas claveteadas,
escribiendo sin cesar mientras la nieve cae y cae
Hasta piensan que suelo estar sentada junto al fuego,
como si fuese un personaje de ciertas novelas decimonónicas,
y me piden que les describa el silencio porque ellos ya no lo recuerdan.
Este mediodía varias calles de la ciudad están cortadas.
Escucho bombos,
voces,
sirenas de patrulleros,
personas que gritan cada vez más alto en medio de la aglomeración.
Por ahí no se puede pasar.

Primavera de 1999




POEMAS DEL LIBRO "ACECHAR AL HAIKU"

¿Quién intenta
en el extremo del mundo
acechar el haiku?

***

El globo rojo
tirado en el suelo,
hay una fiesta.

Anahí Lazzaroni


Anahí Lazzaroni nació en La Plata. Reside desde su infancia en Ushuaia, capital de Tierra del Fuego, Argentina. Publicó: Viernes de Acrílico (1977), Liberen a la libélula (1980), Dibujos (Ediciones Revista Aldea, 1988), En esta ciudad se escribirá una novela (prosa, Ediciones Revista Aldea, 1989), El poema se va sin saludarnos (Ediciones Último Reino, 1994), Bonus Track (Ediciones Último Reino, 1999), "A la luz del desierto" (Ediciones Último Reino, 2004). Entre 1986 y 1994 codirigió la revista "Aldea". Colabora en diarios y publicaciones del país, y del extranjero. Poemas suyos han sido traducidos al italiano, francés, coreano y catalán

martes, octubre 10, 2006

MARIA TERESA ANDRUETTO












Vivo lejos de la ciudad y por lo menos tres días a la semana trabajo en casa. Esos días trabajo casi todo el día, ya se trate de contestar mails, preparar un pequeño texto, leer material para una colección que dirijo o proyectos personales de escritura.

No me importan la hora, ni la luz, ni la época del año, ni los ruidos (he escrito con fondos muy ruidosos, aunque ahora vivo en el campo, en un lugar silencioso), aunque en general hago las primeras versiones de narrativa en verano y muy rara vez trabajo por la noche.

La narrativa va directamente en la computadora. En cuanto a la poesía, como dijera Montale, escribo sólo "cuando ella me visita" y eso no sucede a menudo. En el caso de los poemas, un primer borrador puede que vaya a mano, sobre todo si aparece –y es lo habitual- cuando estoy fuera de casa, cuando viajo en ómnibus (tengo largos trayectos en transporte público) o estoy en la ciudad, entonces entro a un café y anoto en una pequeña libreta o agenda o servilleta de papel algo que luego vuelco a la computadora. Nunca anoto propósitos ni objetivos, ni temas a trabajar, ni argumentos a seguir, y generalmente al comienzo de un proyecto de escritura no tengo mucho más que una imagen muy fuerte y el deseo de explorar qué (me) pasa en relación a esa imagen. Pero hay/sucede una suerte de plan, sí, aunque no se trata tanto de una planificación sino más bien de un cauce que a partir de cierto texto toma la imaginación.

Podría dar ejemplos: en algun momento surge un primer borrador de un primer poema (Arroz con alcachofas, de Palabras al rescoldo, o la primera versión del poema Pavese, del libro del mismo nombre, o Hamaca en Kodak) e inmediatamente (se me) aparece la idea de una serie: poemas sobre comidas/poemas como foto-escenas de la propia vida/poemas-relatos en torno al padre biológico y al que se quisiera padre literario...).

También me ha pasado eso con ciertos proyectos narrativos: El anillo encantado y Huellas en la arena, son una serie de cuentos que retoman el género maravilloso, La mujer vampiro, una serie de cuentos de miedo, Todo movimiento es cacería una serie de cuentos con mujeres. Escribo uno, después aparece otro, en algún momento pienso que podría hacer un conjunto de cuentos o de poemas de ese tipo y me vuelvo más receptiva a esos asuntos y a esas formas. Es decir, se me aparece pronto la idea de conjunto, de libro. e parece que así, bajo esa modalidad suelen trabajar los artistas plásticos. e trata de un camino de exploración (la serie puede tener que ver con lo formal o con lo temático o con ambos aspectos) que no se agota en un solo texto, que tiene su tiempo de existencia en mí y después se diluye como interés de escritura. Ha persistido además a lo largo del tiempo y de lo escrito el interés por el mundo de las mujeres.

Eso puede verse en la narrativa (Tama, los cuentos de Todo movimiento es cacería, La Mujer en Cuestión, en una novela inédita que se llama Lengua Madre) y también en Kodak y en Beatriz. Mujeres – la que soy, las que observo, las que quiero- de distinta generación y la relación entre ellas, las relaciones entre madres e hijas, la relación entre las mujeres y la palabra, las traiciones y fidelidades domésticas, la búsqueda del amor, los prejuicios, la incomprensión, la solidaridad o la maledicencia, y algo que siempre me atrae y desconcierta: las diversas miradas que se puede tener sobre un mismo asunto, la relatividad de todo, la imposibilidad de conocer nada de un modo absoluto. Todo eso forma parte de un mundo del que puedo extraer "material" cuantas veces quiera, porque es el mundo al que pertenezco y entonces mirar allí ha sido también un intento de comprender.

Tengo alta conciencia del oficio y mucho respeto por los oficios. Se trata de una pelea con las formas. De una materia cruda que va en busca de cocción estética.

En ocasiones el buceo en los distintos géneros se da porque no puedo resolver lo que busco por un camino y entonces me cruzo a otro, pero también puede suceder que un asunto, aun habiendo sido ya escrito, siga pretendiendo otros cauces. ¿Ejemplos? Muchos: un episodio de infancia convertido en un poema de Kodak, el poema de Kodak convertido en cuento ilustrado para los más chicos, el mismo episodio como base de reflexiones en torno a la escritura para leerlo en un encuentro de poetas, fragmentos de ese mismo texto ingresando como reflexiones de la protagonista de una novela inédita. Cosas así me suceden con frecuencia. Corrijo mucho, sí. Casi diría que en la corrección, en el lento trabajo artesanal, es donde encuentro el placer más intenso de escritura.

Abandono por años los proyectos y tengo la sensación de que dejándolos exudan lo que no les sirve, porque cuando los tomo –tanto tiempo después, a veces años- parecen señalarme qué es lo que sobra.

También conozco los riesgos de la hipercorrección capaz de matar "lo vivo" de un texto, y sé que a todo eso me expongo (nos exponemos al escribir) con mejores o peores resultados.

¿Qué significa la corrección para mí? Se trata de un ejercicio vital, creo, una suerte de depuración de uno mismo, de los excesos de uno mismo. Los trabajos/ la vida tienen un peso enorme. Todo lo que uno vive/hace es de una importancia crucial para la escritura, hace la escritura o mejor dicho, la escritura se hace con eso. Hay una corriente que va desde el mundo y los oficios, hacia la escritura, porque ésta no nace de la nada sino de esa relación con lo/los que nos rodea/n. Así las lecturas y la escritura de lo que no es poesía, el dolor con respecto a ciertas cuestiones, la relación intensa con muchas personas que nada tienen que ver con el ambiente, el asombro ante lo mucho o lo poco que vemos y el trato con alumnos que en mi caso siempre ha estado muy cargado de afectos, van dejando su marca en lo que escribo.

La voz narrativa, incluso si se trata de poesía, es uno de los aspectos de la escritura que más me interesa y, desde ya, el aspecto formal que, a mi juicio, exige mayor refinamiento: la posibilidad de ser otro, de ser desde otro, de un modo verosímil.

Ese travestismo de la mirada es algo que está íntimamente ligado a aquel núcleo de interés al que me refería antes: lo relativo de toda verdad, la imposibilidad de alcanzar una certeza que sea a la vez propia y del otro. Finalmente es central para mí la mirada –creo que escribir es un modo de mirar muy intenso- , eso (la mirada a un mundo interno/el ojo puesto en el mundo) es lo que está al comienzo de la escritura. La música, que no quiero altisonante (siempre busco un tono menor) me importa mucho, muchísimo. Pero se trata de una búsqueda que aparece sobre todo en el trabajo de corrección.

María Teresa Andruetto


POEMAS DEL LIBRO "KODAK"



Hamaca

Estoy en cama
(la enfermera
se llama Erminda)
Por la ventana que da al patio,
mi hermana pasa a bordo de una hamaca.
Pasan también las moras, el verano,
las chicharras. Ha de ser octubre,
como esta tarde, o tal vez noviembre,
y el calor agobia, porque mi padre
que llega del trabajo, se ha soltado,
cosa extraña, la corbata. Yo estoy
en cama. Y Ana que pasa alegre,
viva, a bordo de la hamaca.
Habrá sido de vidrio el aire,
como esta tarde.

Peras

Había una rosca cubierta
de azúcar, una mesa con el hule
verde y una frutera de vidrio
(por la loneta de las cortinas, el sol
sacaba tornasolados color de ajenjo),
y había peras. Recuerdo los cabos rotos
y el punto negro que, en una de ellas,
hace el gusano. Sé que las dos teníamos
el pelo corto y unos vestidos
almidonados.
Después algo (quizás el viento)
sonó allá afuera y mi madre dijo
que acababan de pasar
Los Reyes.

Marin´a *

Mi madre está dormida, con su solero
de flores sobre la colcha (tiene el pelo
tomado con invisibles, huele a agua
colonia). Mi abuela se acerca,
le dice algo al oído y lloran las dos.
La que ha muerto tenía las uñas
amarillas, un misal y un relicario
con pelos de Santa Cecilia.
Hay murmullo de rezos,
una cama vacía, una pañoleta
oscura, una taza de café
(pasa el vapor todavía),
el piso de ladrillos,
la mecedora, las glicinas...
Alguien nos alzó
hacia el tufo de la muerta
(se llamaba Elizabeta),
para que viéramos.


(*) Madrecita, en piamontés, es también la palabra con que llamaban a mi bisabuela.
Teoría sobre el cielo


(... tu mano, mi tapadito azul, el cortejo,
los caballos, un sacón que llevabas de
pied
de poule... )

¿Quién pasa?
Un niño.
¿A dónde va?
Al cielo.
¿Y por dónde sube?
Por una escalera larga /que está allá lejos, /al final del pueblo.
Paisaje

Le dijeron: verás el río
(ella llevaba un vestido con canesú),
verás pajaritos y sauces
(un vestido rosa hecho
por su madre).
En el camino
se largó un aguacero,
¡y ella estaba bajo un toldo
con su vestido nuevo!
(cuando la lluvia acabó
ya era tarde,
no encontró pajaritos ni sauces
y el agua corría por todas
partes).
Desnuda en la tienda
No era coqueta
Era fuerte.
June Jordan

Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba Tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.
Como no había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.
Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra.
Carta

En la feria, cuando elegía alcauciles
(estaban algo oscuros), un muchacho
que no tenía más de trece años (lo vi
correr, por La Cañada, hacia El Pocito),
me arrancó la cartera (quedaron
las tiras colgando).

¿Tenía dinero, señora?
Nadie preguntó por tu carta
(yo la llevaba conmigo,
tu última carta,
doblada en cuatro).
Era sólo un papel y ese muchacho
lo habrá tirado al agua.
Caballito

Eran una niña y su madre.
Esta piedra parece un caballo,
dijo la niña,
y se hincó junto al agua.
La madre abrió las manos
y el caballito galopó
hasta la página.

Visita

Hoy vino mi madre a visitarme
y caminamos las dos por estas calles.
Hablamos de mi hermano,
de los hijos, de las chicas del Sur,
de mi cuñado. Otra vez yo critiqué
al gobierno y ella dijo otra vez
"¡Es un país tan grande!". No quiere
que me queje: "¡Este país generoso
recibió a tu padre!" y rodamos las dos
hacia una zona de tristeza, en silencio,
hasta que se detiene y dice: "Ayer
hice dulce de duraznos" y yo digo
que hablaron de mi libro


María Teresa Andruetto


María Teresa Andruetto nació en Arroyo Cabral/ Córdoba/ en 1954. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Ha escrito narrativa, literatura juvenil, libros informativos y teatro. En poesía, publicó Palabras al rescoldo (1993), Pavese y otros poemas (1997) y Kodak (2001) , todos ellos en Ediciones Argos, quien tiene en prensa Beatriz. La editorial de la Universidad Nacional del Litoral prepara actualmente un libro con su poesía reunida.

domingo, octubre 08, 2006

ALEJANDRO MENDEZ










No tengo ritos a la hora de escribir, ni lugar preferido.Respecto a los momentos del día, prefiero la mañana y la luz natural (me gusta mucho escribir al aire libre, en el campo, en la playa, en una plaza). Es muy raro que escriba de noche, enseguida me vence el sueño.

Puedo escribir tanto en el más completo de los silencios, como en medio de un gran barullo. Por lo general, pongo algo de música. (dejo algún cd que me guste mucho en "repeat", funcionando como un mantra. Últimamente estoy escuchando LALI PUNA, un disco que curiosamente se llama FAKING THE BOOKS).Cuando escribo con la computadora, me tranquiliza mucho utilizar siempre el mismo tipo de letra: garamond, tamaño: 11.

Si escribo a mano, prefiero el lápiz. Me gusta mucho su textura, el ruido casi imperceptible de la mina.

Ahora que lo pienso bien, estos son ritos hechos y derechos. ¿Seré supersticioso, y no me enteré?

Como tengo mucha actividad en el día: trabajo como abogado, voy al gimnasio, veo a mis amigos, cuido mis plantas; trato de aprovechar al máximo los momentos libres, y ahí me pongo a escribir, con lo cual puede ser arriba de un colectivo en una libreta chiquitita que llevo a todos lados; o en la computadora del estudio jurídico –cuando mis compañeras se van a almorzar-; en algún bar; y los fines de semana, en mi casa.

En algunos momentos me cuesta concentrarme , así que puedo pasar varios minutos mirando las plantas del jardín, o yendo y viniendo con el mate, cambiando la música, limpiando la casa, mientras que la página o el monitor siguen en blanco; hasta que pasa algo (inexplicable) y me pongo a escribir.

Nunca pienso en poemas aislados. Es muy raro que escriba lo que vaya surgiendo. Siempre tengo un plan previo, un concepto que quiero desarrollar. Últimamente pienso más en libros que en poemas (esto se lo escuché decir a Rita Kratsman, y coincido plenamente con ella).

Una vez que tengo la idea en la cabeza, y que decidí –aunque más no sea el título tentativo del libro- recién ahí me largo a escribir.

Hago mucha investigación previa, lo que incluye lecturas de lo más diversas, buceo en internet, pregunto a los que saben, indago, relaciono datos.

También trato de ver "en mi cabeza" la estructura del libro, su osamenta. Eso me ayuda a ordenarme y a ordenar los textos.

La corrección es algo fundamental para mí. Siempre corrijo, y por lo general es un proceso muy penoso y lento, pero absolutamente necesario para mi modo de ver la poesía.Es corrección por agotamiento, por rebasamiento; una y otra vez; o sale algo que realmente creo valioso, o el mismo proceso de corrección me hace ver que eso que estoy escribiendo no sirve: entonces, el fuego, la destrucción (imprescindible tener al lado un buen cesto de basura).

Dentro de este proceso de corrección, es importantísimo "el descanso de los materiales", como la buena pasta italiana, hay que dejarla reposar.Luego de este descanso, se producen cosas muy interesantes, porque uno ya es otro, y el texto también es otro, en esa perplejidad aparecen señales clarísimas de cómo seguir adelante, o bien detenerse allí y echar la pasta en la cacerola humeante.

Me gusta mucho leer a mis contemporáneos, por eso me busqué la excusa y armé el blog: http://www.laseleccionesafectivas.blogspot.com/ ; pero también abrevo en la tradición y cada tanto vuelvo a esos textos que están en el ADN literario de todos los que amamos la literatura.A partir de estas lecturas, pueden surgir ideas para mis poemas.
También es fuente de inspiración el diario. Muchos poemas míos fueron creados, luego de haber leído alguna noticia, que actuó como disparador, tal el caso de los poemas de Hannelore Kohl (Medley); o Baños neutros (Cosmorama). La música y el cine, son también elementos que me ayudan a escribir:
Hay determinadas escenas de películas, determinados climas, que para mí son fragmentos de poemas (pienso en cualquier película de David Lynch: un solo minuto de Mullholand Drive o de Blue Velvet); también la música actúa de similar manera (escribí Variaciones Goldberg escuchando una y otra vez la genial versión de Glenn Gould y por momentos texto y música fueron una misma cosa). Cuando escribo, salgo al ruedo con una primera versión en crudo "rápida y furiosa", que por lo general no me demanda mucho tiempo. Después viene la lucha, con toda la neurosis correctiva, en dosis espiraladas y persecutorias.

En cuanto al procedimiento de mi escritura, casi siempre realizo dos pruebas importantes (que en realidad tienen más que ver con la post-escritura, que con la escritura en sí misma).

la prueba de la pared y b- la prueba de la voz.

a- La prueba de la pared consiste en -una vez terminados los poemas que integrarán el libro- imprimirlos, y en alguna pared de la casa, pegarlos con cinta scotch uno al lado del otro, como si fuera un mural. Entonces empiezo a convivir con ese mural, uno o dos meses; me levanto y lo tengo ahí, discuto con mi novio y lo tengo ahí, miro televisión y lo tengo ahí. Me acerco, me alejo, veo cómo funcionan los poemas uno al lado del otro, los cambio de posición, corrijo algunas cosas. Es fantástica la sensación de totalidad, de tener "todo" el libro delante de mis narices, de una sola vez, lo puedo abarcar "todo" con una sola mirada.

b- La prueba de la voz: registro todos los poemas en un grabador, y después me los pongo a escuchar. Esto hace una gran diferencia con los poemas impresos. Escuchados ganan en corporeidad y presencia, y se potencian las virtudes, como así también se evidencian los errores, como si fuera una ominosa lupa acústica.

Mi vínculo con la poesía es visceral, orgánico; pero a la vez tiene una fuerte componente racional y cerebral. No creo que sean elementos antitéticos, sino complementarios.


POEMAS DEL LIBRO INÉDITO “CHICOS ÍNDIGO”


La literatura es la infancia recuperada.
Georges Bataille.

Noticia aparecida en el diario francés Liberation:

"Hemos operado y hecho transfusiones a más de 500 osos de peluche en estos últimos meses", explica muy seriamente el profesor Marcel Rufo, pedopsiquiatra en el C.H.U. de Marsella. En el "Hospital de la Timone" los osos de juguete reciben tratamientos y operaciones antes que los niños. Los pequeños sienten menos temor si ven a un oso recibir las mismas curaciones que ellos."
Esta noticia prueba una vez más que el cerebro acepta las metáforas como si fueran reales.

Alejandro Jodorowsky.


I- FUTURIBLES

Uriel (10 años)

Junto a las botellas
de lavandina,
con el abrigo gastado,
elige ese rincón
abandonado
de la casa

en silencio

¿Hablando con las
botellas?

El gesto
telekinético
espanta al gato
escondido
en el armario.

La botella de
lavandina se
mueve
amarilla
lenta

abducida.



Julián (9 años)



Breve respiración
entera, su dicción
declina monolítica
certeza, en cada
rama balanceada
el impacto veloz
de su cuerpecito,
arcano en su

Neverland.

Ese grito vespertino,
magnificado por
el chapuceo informe
de los amigos en la pileta,
corriendo por
su alfajor y su
coquita.



Sergio (11 años)

Espacio imbricado
en el aliento de la
ensoñación:
casi satisfecho.

En múltiples risas
altisonantes,

allá quedarnos para
siempre.

Tu lugar, ese
destino
dibujado en la
suela
de las zapatillas;

reduce a sombras
lo que no volveremos
a ver:

arena de las flores.



II- CAJA DE VOCES



seis


El amor es cuando la chica se pone perfume y el varón se pone loción para después de afeitarse y salen juntos para olerse.

( (Martín 5 años).



once



Me llamo Michelange. Tengo doce años y les voy a contar como me imagino dentro de 23 años.
Estoy en uniforme, con un casco que tiene un águila. Tengo treinta y cinco años.
Camino por la calle, los otros están vestidos normalmente. Yo soy diferente. Soy parte de algo así como la NASA, pero no se llama de esa manera.

Estoy allí para ayudar, dar información. Están listos para pasar a otra dimensión. Estoy allí para ayudarlos en ese paso, porque una vez que se encuentren en la otra dimensión, se perderán.
Más tarde, me encuentro con mi hermana, que tiene 33 años, para almorzar, en un restaurante de la ciudad.
Ella lleva el mismo uniforme que yo. Trabaja en las oficinas de la NASA.
Los dos trabajamos en una base secreta, pero tenemos prohibido decir donde está localizada.

Más tarde, me encuentro con mi otro hermano: Nicolás que tiene 24 años y mi hermana menor: Cecilia que tiene 22.
Nicolás es millonario, porque ya patentó muchos inventos....es ingeniero.
Cecilia es muy linda y posee poderes especiales.
La NASA le ha implantado a papá una inteligencia superior, para permitirle cumplir sus nuevas funciones.
Nos encontramos en la ciudad, veo una burbuja que cubre a la ciudad y los parques. En esa burbuja, la polución no puede entrar, y muchos animales viven dentro de ella.

Pájaros, conejos, mariposas, nuestros perros y gatos...
Hay mucha verdura, plantas, flores multicolores...
A primera vista, el conjunto es tal cual se ve, pero en realidad existen varios agujeros negros que permiten una expansión del conjunto. Todos los agujeros conducen al mismo lugar. El terreno se vuelve más grande y se extiende hasta el mar.
Un agujero se abre sobre el pasado, otro sobre el futuro, otro sobre un espacio destinado a la creación de pensamientos, otro comienza a abrirse sobre una dimensión superior.
La ciudad y el campo tienen la facultad de desplazarse volando.

Para hacer volar al conjunto, por lo general papá, o alguno de nosotros, vamos a la sala de control, situada en el sub-suelo y piloteamos el conjunto hasta su destino final. En su lugar creamos

un holograma, destinado a las personas que no están en nuestra dimensión. Este sistema fue creado por mi hermano Nicolás.

Los fines de semana nos vamos a una isla desierta de la Polinesia, pero podemos ir donde queramos, incluso a otras galaxias.
Nuestra misión es ayudar a las personas que no pudieron evolucionar, a volver a su pasado para limpiar los pensamientos que impiden su evolución. En el jardín tenemos una puerta/agujero que da sobre el pasado de cada uno.

Mi hermana y yo, franqueamos el umbral de esa puerta y volvemos al pasado de alguna persona, donde cambiamos los acontecimientos. Una vez que hicimos el trabajo, la persona olvida este episodio del pasado y se vuelve más luminosa, lo que le permite evolucionar.

Una vez en el pasado de la persona, no nos ocupamos de persuadirlo de cambiar su comportamiento, sino que hacemos intervenir a nuestra otra hermana, que tiene el don de entrar en los cuerpos de las personas no evolucionadas, para hacerlos cambiar de actitud.
Vivimos en nuestra dimensión y algunas veces hay personas menos evolucionadas, que nos ven por unos pocos segundos, cuando ellos tienen pensamientos elevados...


(Michelange- 12 años)


doce

Queridas gemelas místicas: ...bueno, quería contarles que siempre he sido muy perceptiva y desde que fui mamá me costó entender que mi hijo era diferente en todo sentido al resto de los bebés siempre actuó de forma que me impresionó mucho, se que es muy difícil hablar de esto con cualquiera y en este momento de mi vida me siento profundamente mal ya que como soy muy curiosa y estoy bastante conectada espiritualmente con Dios le he pedido con todas mis fuerzas que me ayudara a encontrar una guía después de pasar por varias situaciones difíciles y de que mucha gente me dijera que el chico tenía rasgos de mucha inteligencia, por un estudio que tuve que hacer le pregunté al doctor el porque de su hiperactividad y después de estar una hora o más con él me preguntó primero si lo había llevado al neurólogo respondí que no entonces me dijo que su coeficiente era muy alto que si podía lo mandara a un colegio especial para estos chicos quiero aclarar que muchas veces los profesionales no mencionan la palabra índigo sino inteligencia superior, yo el primer libro que descubrí fue el de Uds. que cuando lo leí me di cuenta que mi hijo tiene todas las características de un índigo he aprendido mucho de ese libro pero quiero saber más, para poder ser una madre acorde las circunstancias y de la que su hijo pueda estar orgulloso, y no que el día de mañana diga que su madre no lo entendió, que tenía una joya y no supo apreciarla, valorarla...

(e-mail de Helena –41 años- a las famosas “gemelas místicas”).


catorce


i- Le basta con apoyar su mano en la corteza de un árbol, para conocer la historia del mundo.

ii- Es paciente receptor de la filigrana diluvial, su cauce, todo el lodazal: cada flor de cobalto.

iii- Su atención sufre momentáneos raptos de distracción, no obstante ello puede hacer foco en varias cosas a la vez.

iv- Sólo persigue aquellas preguntas que resplandecen en su formulación y estallan en el silencio que las sobreviene.

vi- Cuando era un bebé, sus sentimientos se reflejaban en sus ojos, sin necesidad de traducción alguna.

vii- Su valentía forma una dupla irreductible con la inmensa alegría con la que se desplaza por la vida. Destino de príncipe: dauphin.

viii- Navega en un mar eléctrico, enlazado por un hilo conductor cuyo centro reside en sus pupilas brillantes.

(extraído del test de los chicos índigo)



III- LEJOS DE CASA



La mariposa es un animal instantáneo inventado por los chinos.
Las vacaciones de
verano
-en el campo-
coronaban la saga familiar.

Jurásica tiranía
de atardeceres infinitos:

cada bromelia proclamaba
su independencia
cromática
ante los insondables
designios solares.

Suspendidas
larvas tropicales
ocultas en el
follaje,
aliadas intermitentes
de milenarias
mariposas azules.

Su augurio era leído
cada mañana,
antes del primer rayo,
para luego encenderse,
como papel
de arroz.


La mano


Le dijo a mamá que mientras ella le tuviera la mano, no se moriría. Esta cercanía, concomitancia astral, produjo el modesto milagro de unos días de sobrevida, en un ominoso hospital de los suburbios; igual que Xul Solar, en una isla del Tigre, también le dijo a su mujer que si le sostenía la mano no moriría. Luego de una larga noche, ella debió dejarlo un instante, y cuando volvió; Xul había muerto.


Alejandro Mendez

Nació en 1965. Integró el grupo poético: Academia Medrano (Pablo Pérez, Ernesto Montequin, Rafael Cippolini, Nicolás Gelormini).
Tradujo a Francis Ponge (El Asparagus).Publicó los siguientes libros: Variaciones Goldberg (ediciones del dock. Buenos Aires); Tsunami (
crunch editores. México); Medley (suscripción.larga distancia. Barcelona). Próximamente Bajo la luna editará Chicos Indigo En la actualidad, está trabajando en un libro que tentativamente se llamará:
C O S M O R A M A.

jueves, octubre 05, 2006

CARLOS ARDOHAIN





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Me interesa la voz y me interesa la luz, me atraen las cosas que no se pueden tocar ni decir y el anhelo que tenemos aún así, o tal vez por eso mismo, por decirlas y tocarlas, por llegar a la z de la palabra, al final del abecedario y quedar colgando del filo, de la cornisa, y atreverse a dar el salto. La poesía me parece el deseo de lo que no existe, la curiosidad por el intersticio. Avanzar hacia un lugar blanco como el papel, y uno un punto en movimiento, el rastro de las evoluciones que vamos haciendo, de las curvas y los titubeos, las vacilaciones y los altibajos va escribiendo nuestro texto, con el cuerpo, con el aliento.

La luz escribe y dibuja, dibuja y borra, construye y diluye las formas a la vez, escribe el tiempo y lo olvida, colabora con el misterio. Creo (o quiero pensar) que la poesía es táctil y visual, pienso (o quiero creer) que hay que actuar como un ciego, como un escultor, como un pintor, hay que tocar el cuerpo del texto para construir lo que no se puede tocar, lo que se quiere decir, hay que reventar el ojo para pulverizar el color de lo que está dicho y la voz pueda surgir. Texto, textura en el cuerpo del poema, un tejido de palabras, de sentidos, de evocaciones, una ambigüedad implícita, decir, dar aliento, crear una atmósfera, un espacio donde ocurra, donde pueda ocurrir el poema. El papel debe ser blanco, debe ser liso, la tinta debe ser negra, la hora debe ser cualquiera, si es la tarde mejor, si es la hora donde cambia la luz donde cambia el color donde cambia la temperatura donde todo está en tránsito mejor.

El lugar es cualquiera y es todos, todos los lugares son una sala de espera y cualquier sala de espera es buena para escribir y leer, ya se sabe. Son buenos los lugares que se mueven y donde uno está quieto, es bueno estar en deriva, trenes, colectivos, subtes, aviones, barcos. Es bueno tener siempre papel a mano, y es bueno tener la mano caliente. Estar dispuesto, merodear la imagen y la palabra.

El punto de partida puede ser una palabra, la visión fugaz de algo, una intuición, un olor, tiene que sonar adentro, despertar un eco, reverberar, y se va produciendo una inquietud, un afán, y se empieza a escribir para ver, para saber, para entender, para sacar, para incorporar. La corrección es una parte de la escritura, se hace durante, no hay después, el después es cuando uno abandona el poema, lo deja y se va, hasta entonces es escribir y el escribir incluye el corregir, el tachar, el borrar, cambiar de lugar palabras o frases, hacer enroques, rotar, invertir, eliminar, releer.

No hay plan para mí, el único plan es lograr que fluya la corriente, ser un canal.

Carlos Ardohain

POEMAS DEL LIBRO "PENÚLTIMAS PALABRAS"


Yo quería


Un círculo es un camino
que regresa al mismo lugar
después de una parábola perfecta.
Yo quería que mi vida fuera así
pero ningún dibujo se parece a otro
y todo tiende a la nada.


Desdobla miento


Al otro lado de la pared
hay un departamento gemelo
del otro lado de la pared
hay otras pinturas, otro Carlos
otra celda donde no estoy
mirando todo de arriba
mirando todo de abajo
lejos, donde no accedo a nada
que no sea de mí
cerca, donde no llego a verme
sin un gemelo al costado
donde no llego a darme
sin una pared en el medio
aire en el vuelo soy agua
algo de menos soy nada.


Procedimiento


Escribir lo tachado
como norma de lectura
caminar entre las huellas
del lado oscuro del habla
ser autor de diferencias
entre la cosa y su imagen
anular la no presencia
donde no se la detecta
ser otro en uno, uno en otro
prófugo, ladrón y peregrino
escamoteador de sentido
algo y nada y sin lugar
siempre estamos fuera
de la tierra siempre estamos
fuera del hogar.


Encuentro


La vez que el pescado me habló
en las rocas de la escollera
de las bondades de la humedad
el mal humor de los hipocampos
la intransigencia de las ballenas
de cosas insólitas que se encuentran
en la concha de los caracoles muertos
yo estaba tan apurado que lo interrumpí
sin embargo llegué tarde y ella se había ido
entonces volví a la escollera y el pescado
no estaba, llamé a mis amigos
para contarles, pero los teléfonos
sonaban y sonaban en habitaciones vacías.


Arquitextura


Hay casas que parecen vestidos
holgados o estrechos o de la clase
que pican en la piel, hay casas
que son como un árbol lleno de ramas
y hojas y animales rondando
esas casas suelen oler siempre bien
hay casas que sientes como tu lugar
y otras donde no puedes encontrarte nunca
hay casas que actúan a modo de espejo
de un lado están ellas, del otro el mundo
hay casas con mal carácter que crujen
murmuran y refunfuñan de noche
hay casas que no saben contener a nadie
y otras que casi no te dejan salir,
hay hombres y mujeres que parecen casas
y están siempre habitados por propios o extraños
y llenos de cuartos y pasillos y aberturas
por donde entra el frío viento del invierno
y luces demasiado pequeñas y diálogos
interminables y ganas permanentes de estar en otro lado.


Esos días


Atravesar ciertos días
es como cruzar un río agitado
en un bote con remos demasiado pequeños
días que huelen a agua y barro
lo mejor es usar la diagonal, volverse oblicuo
sonreír de costado y hablar poco
son días que parecen noches
se desnaturalizan y enrarecen
esos días contienen la memoria de otros
días aciagos, ominosos, malditos
conviene tener un poco de sal en los bolsillos
cuidar especialmente las formas
ocultarse en un libro o un reloj
y si es necesario recurrir a Bach


Casi nos gusta


Detrás de la puerta está el calor
de las ideas conocidas, el ritmo relajado
de algunas nimias rutinas, está esa luz
que resbala por los objetos y un olor
imperceptiblemente rancio que casi nos gusta.
Detrás de la puerta están las cosas
que hacen que yo elija no abrirla.


Yo


Hay uno que soy yo
que interpreta la dulzura de morir
con una honda furia resignada
Hay otro que también soy
que vive corriendo sin tregua
pisando los talones de sus propios pies
Y hay otro más aún
que observa la carrera y apuesta
a que ninguno gana

Coleccionismo


Recuerdo cuando me decías que el motivo
de que siempre trajeras piedras de tus viajes
era que querías alterar el orden del universo
cambiando las cosas de lugar
de modo que tu casa se fue poniendo muy pesada
y vos tenías cada vez más piedras y menos espacio
te fue ganando un temperamento mineral
y te volviste cada vez más silenciosa
y yo tenía miedo de que la diferencia de temperatura
que suele haber por estas tierras
un día te hiciera partir en dos.


El poema



Perdido en el ocio de la tarde
acampo mi cuerpo en la sala
con un libro de poemas, acaricio
las hojas en lugar de leer, quiero
sentir como lo haría un ciego
la lujuria táctil del texto, creo
desde siempre que la poesía
es carnal, respiro su aliento
recibo el aire estremecido
de la herida permanente
el papel es piel y las palabras
mapa, avanzo con mi mano
que no busca nada, que roza
las palabras con otra visión
que empieza perdida y termina
empatada por no querer ganar
para poder quedarse con ganas
de otra vez empezar, la fortuna
de que en el poema nada es final


Cansancio


El árbol que viene detrás de la sombra
tiene un solo pie
a las seis de la tarde bosteza largamente
harto de pájaros
no le sobra nada de lo que da
todo lo que quiere es un poco de silencio
para envolver sus ramas
en la noche
el árbol está solo y espera
algo que no sucederá
en la ambigüedad del paisaje.


POEMA DEL LIBRO "PECERA EN EL MAR"


Llueve sobre el mundo


Está lloviendo sobre Magritte
el tiempo hace una cabriola en el aire,
retrocede un poco, da una curva cerrada
y vuelve a pasar por el mismo lugar
la culpa no la tiene el pintor mental
pero el aire está muy liviano
hay mesas puestas para la cena
que flotan mansamente en medio de la sala
el asesino contempla su crimen por la ventana
con el rostro semicubierto por el humo de la pipa
sería bueno tener la precaución de cubrir
la luna de todos los espejos con un lienzo
sería bueno rasgar el cielo para ver
qué se oculta detrás de tanto azul
sería bueno apuñalar al torturador
con la llama de la vela.
Está lloviendo sobre Magritte
los pájaros echan raíces pero
no dejan por eso de cantar
las palabras se divorciaron de las cosas
y se fueron a vivir solas
ellas también quieren posar
para un retrato imaginario
ellas también quieren tener algo que decir
en estos tiempos hay que caminar mucho
para permanecer en el mismo lugar
pero esto no es culpa del pintor paradójico
sólo sucede que él ve lo que sucede
debajo de su paraguas debajo de su bombín
más allá de su pipa en la punta de su pincel
el paisaje se desdobla en los vidrios
de las ventanas en las telas en blanco
en las mesas de trabajo
en este día en que el mundo es un relato
y una mujer es el mundo
en este minuto conjetural en que el día
y la noche transcurren al mismo tiempo
y el significado oculto de la vida
está en la punta de los dedos
y de la lengua de cualquiera
que desee verdaderamente conocerlo.



Carlos Ardohain



Poeta y artista plástico. Nací en Mar del Plata - Estudié pintura en la Universidad Nacional de La Plata.Trabajé como actor en la ciudad de La Plata formando parte del grupo Tal (1974-77) participando de la puesta de Homo Dramáticus (A. Adelach) y A través del espejo y lo que Alica descubrió allí (L. Carroll). Hice taller de poesía con Elizabeth Azcona Cranwell (1989) y Arturo Carrera (2000).Publiqué las plaquetas El ojo secreto (1998) La Hoja Bífida (1999) y Ojo x Ojo (2000).Tengo un libro inédito: Penúltimas palabras (2005). En marzo de 2004 obtuve un premio accésit en el Concurso Poesía en Tierra, organizado por el Centro Cultural de España en Buenos Aires.El libro Poesía en Tierra con las obras seleccionadas fue editado en 2005 por el Fondo de Cultura Económica.Trabajo como diseñador gráfico y redactor

LEONOR SILVESTRI


Audre Lorde (negra, feminista, poeta, lesbiana en el orden que te guste armarlo) dice que la poesía es, a pesar de lo que pasa mayormente en la Argentina, un género proletario, porque puede ser hecho en un resto de papel entre turnos de fábrica. Así escribo yo, en cualquier lado me anoto una idea, y luego en algún momento lo paso a la compu. Cuando ya estoy en la compu siempre o casi hay música, a partir de la música me vienen las palabras y sus ritmos, y con la música me concentro. Todo lo demás, fecha del año, momento del día, etc., me es irrelevante. Suelo tener un plan a partir de lo que va surgiendo, no investigo aún, pero escribí a partir de cosas que si había investigado, es decir el último libro , el curso de mitología grecolatina, tiene que ver con mis 4 años dando taller de mitología y con mi paso por la UBA como investigadora. Creo que si hubo investigación pero no ad-hoc para tal o cual libro, con el primer libro Nugae Teoría de la Traducción, yo estaba trabajando en la facu con traducción y su teoría y ahí se me vino a la idea de traducirme a mi misma. Los inéditos, no tienen tanta investigación quizás, pero claro que hubo disparadores, Emilia y Yo tiene que ver con una pintora argentina ignota que a mi me re copa que se llama Emilia Gutierrez y falleció en el 2004, ahí la conocí o mejor dicho a su obra, y este año descubrí el titulo a partir de un libro de Norah Lange que se llama igual y que me toco reseñar.

Así que se podría decir que de una manera u otra investigo, o las cosas me van interpelando- como mi libro infantil inédito sobre gatos- y ahí arranco y me pongo a observar analizar recopilar. Esta pendiente hacer un laburo mas de hormiguita ad hoc , pero ya llegara.
Siempre dejo descansar los textos incluso por años.

Siempre corrijo especialmente sobre copia impresa varias veces hasta que llega un punto que digo basta.La corrección es como la franela sexual es la parte que mas me gusta del proceso de la escritura, coger esta muy bien, pero lo groso lo que me copa y me vuela la cabeza es la paja, la recursividad del toqueteo y dale que dale.No puedo entender que exista gente que no corrige, la corrección es ocioso regodeo, es pornografia home-made pura. Y nada se compara al placer que siento corrigiéndome, es medio S/M lo que digo pero así es.

Aparece en forma de música y de musicalidad de palabras de significantes que se llenan de significado, también imágenes pero de escritura, como por ejemplo escribirle un poema a Margaret Hassan a partir de un articulo que leí, esa nota y su foto me llevaron a escribir el poema. Pero debo confesar que el plano de la visión me es en algún punto indiferente para la escritura e intento que cada vez lo sea mas para todo, ciega también podría escribir, homero = ho me horos (el que no tiene ojos).

Asimismo, "idea" es una palabrita que me jode bastante Platón mediante. Igual, debo confesar, que contarte todo esto es casi como contarte como tengo relaciones sexuales, mi vínculo con la escritura poética es absolutamente orgásmico y sexualizado. Se que se controla esa energía creativa mediante técnica y estudio y en mi caso mas que en otros casos, sin embargo quiero seguir conservando esa experiencia místico-mántica con la escritura, donde hay una serie de misterios, Selva, que no puedo revelarte...porque en algún punto ni ellos se evidencian en mí, simplemente surgen desde el inconsciente.

Yo habría querido ser gimnasta o cantante, soy poeta porque no puedo dejar de serlo, y como no puedo evitarlo lo estudio y lo perfecciono y me formo.

Leonor Silvestri

POEMAS DEL LIBRO EMILIA Y YO


Cotorrita


Esposaste mi vida con un hilo de oro.
Una cotorrita enjaulada, de esas,
que se venden en la feria de Pompeya .
La jaula no tiene
el cerrojo echado
la puerta no está
cerrada del todo
la cotorra se queda
el tobillo le enrosca
esa cinta dorada.
Un hilo de oro, sutil.
Sin embargo,
no lo puedo cortar
ni con el pico,
ni con la boca .


Relato de anamaria

de anamaría aprendí…
le gustaba que el novio la deje en la esquina y luego irse conmigo.
la última vez que la vi, ya se había casado
me citó en su casa
para que la conociera
cuando llegué estaba mirando el video de su fiesta de casamiento.
de anamaría aprendí
lo que no hace falta decir.
Skate or Die (La Bailarina)
haciendo un truco
una de mis piernas sale
rota y abierta en capas
me encuentro
feliz
de picar
contra el suelo
ruido
infernal
salir volando
por un borde
comerse un canto
fue un tiempo de gloria
el verano es eterno
sabélo
lo podíamos todo
éramos jóvenes éramos perfectos
éramos
tan sólo eso
una plaza o cualquier punto
esta ciudad
escaleras que suben al cielo,
nuestros
carritos
corren
para
abajo.

El diagnóstico de la enfermedad de Emilia

cosas insalvables surcan el tiempo
objetos amnésicos olvidados de si
arrebatados a mi mano que se escurre
lo leído, una vez leído, se borra
sin dejar rastros
los recuerdos no nos pertenecen
dispersan la memoria
cosas invaluables como manchas de helado
pastillas burbujeantes que se pegan al paladar
fragmentos de un mundo feliz
que no se pueden juntar
desmenuzamos con la lengua
el movimiento de unas instantáneas
para fijar nuestros restos.

Mecánica particular

Cuento con las líneas en fuga
los planos superpuestos
mis ganas de vos
mi mesa mi silla mi computadora
cuadros sobre cuadros
en esa pared
fotos dentro de fotos y
40 dibujos ahí tirados
un piso
Cuento con lo concreto y lo abstracto
mis manos en el diccionario
mi lengua las lenguas tu lengua
si no llego a conocerte en esta vida
quiero sentir tu falta.

Emilia hace un estudio cualitativo

el varón y la mujer: destruir el mito
desmitificación y construcción
cortar la histeria y su doble
las sensibles, las alteradas, las feas
las tres son: chanchitas.
-me la dejaste picando, no pude evitarlo-
queda negado lo que se ve y lo que no, voz en off "las toallas ultrafinas no absorben". la frescura de la protagonista la frescura de la toallita, todo tan fresco como una bandejita de ensalada de alfalfa del supermercado. ¿realmente interesa? ¿son de verdad? ¿y qué es la verdad?

esta relación de manual de autoayuda
te ves vos te ven l*s demás
te sentís vos te sienten l*s demás
la comodidad ante la cámara
ultra fina ella
mental físicamente
son locaciones
no hay utilería, ni ruido ambiente
el parangón de una categoría
de chica.

Emilia tira una bomba


estoy detenida, no puedo avanzar
estatua de hielo, se niega a seguir
ciega sensación
la máquina
se cuelga
¡ahí viene!
alto alto alto más alto
ojos de piel de terciopelo
mi dedo está en tu botón
el futuro llegó hace rato
que pase
pedí tu deseo, el placer es mío

¿Envejeceré, si me muevo?

La tumba de Emilia

sin saberlo
afuera la tarde
entrañarte
mis motivos
mil razones
promesas nunca dichas
mentís
al decir que ya olvidaste
mentís
al decir que no te importa
el sol brilla
esta tarde
ni bien salga de aquí

Leonor Silvestri

Leonor Silvestri, (1976) es especialista en Literatura Clásica (UBA) , traductora, poeta y gestora cultura. http://www.leonorsilvestri.com/ /www.fotolog.com/leomiau76/ http://www.leomiau76.blogspot.com/. Es colaboradora del suplemento Radar Página 12 y la revista de diseño Tipográfica, entre otras colaboraciones. Actualmente dirige eventos literarios y forma parte del dúo de música y poesía Menudo Par de Fieras. Publicó el libro de ensayo Catulo, Poemas. Una introducción crítica (Santiago Arcos. 2005); el poemario bilingüe auto-traducido en formato libro objeto CD-rom el curso. mitología grecolatina. (Voy a salir y si me hiere un rayo. 2006); poemario bilingüe auto-traducido Nugae, Teoría de la traducción (Simurg. 2003); y las plaquetas "Traducciones" para Zorra Poesía, "Hacia Federico, Instrucción de Viaje" para Color Pastel, y "Margaret Hassan" para Proveedora de Droga.
Fue directora la colección de autores clásicos para Santiago Arcos Editores/Traductores.
Participó, entre 2004 y 2006, por concurso de las clínicas de poesía dictadas en el Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA) y la Casa de la Poesía de la Ciudad de Buenos Aires con las siguientes personas: Diana Bellesi, Javier Adúriz, María del Carmen Colombo, Fabián Casas y Andi Nachón.
Dirigió la sección de literatura y de los eventos literarios de la Organización "Brandon Gay Day"
http://www.brandongayday.com.a/r de 2003 a 2006. http://www.leonorsilvestri.com/


martes, octubre 03, 2006

CLAUDIA MASIN






















Mi escritura está extrañamente ligada a los momentos del día. Los diferentes estados por los que pasa la luz a través de un día causan variaciones radicales en mis estados de ánimo que se reflejan en lo que escribo. Ciclotimia pura. Para mí, la mañana es el momento mas propiciatorio…amo la luz y los sonidos de la mañana.
La siesta, ese momento del día inexistente para los habitantes de las grandes ciudades, es para mí -que he nacido en una pequeña- uno de los espacios mas misteriosos y dulces del día. En las siestas de mi ciudad natal, el tiempo quedaba suspendido. Quizás por eso aún hoy, durante las siestas, sobre todo las de verano, lo que escribo fluye serena y pacientemente, sin apremios. La tarde trae para mí un reencuentro con el mundo. Es, quizás, mejor momento del día para releer, corregir y reescribir. Los textos que he escrito por la tarde y por la noche son textos más angustiados, más urgentes. Por las noches casi nunca he podido escribir un buen poema.
Por alguna razón que no sabría explicar, huyo de la escritura cuando la luz se empieza a ir.
Muchas veces parto de una idea…esa idea me va llevando a leer, a investigar…pero lo que finalmente termino escribiendo (mejor decir lo que "se termina escribiendo") siempre se independiza, se suelta de esa idea inicial y decanta en otra cosa.
He leído manuales enteros de Geología antes y durante la escritura de mi segundo libro. Lo mismo sucedió en mi tercer y en mi cuarto libro: "la vista" es un libro acerca de ciertas películas que amo, y cada poema toma como punto de partida un film distinto. "Abrigo" es un libro que nació a partir de mi lectura de los poemas y las cartas de Katherine Mansfield. Ví muchísimo cine en la época de "la vista", leí y releí decenas de veces la correspondencia y los diarios de Mansfield en la época de "Abrigo".
¿Qué quedó en los poemas? Las piedritas, los sedimentos, las esquirlas, la reverberación.
Cuando se trata de escritura, para mí, no hay manera de planear, de saber de antemano hacia dónde iremos. Además de que creo que los escritores vivimos diciendo las mismas cosas de diferentes modos, es decir, cada proyecto de libro es -para mí- una excusa para decir aquello que tenemos que decir…creo que eso particular, personal e intransferible que cada uno de nosotros tiene para decir es, en realidad, muy poco, y que en el intento por decirlo de la manera mas clara, mas limpia, mas bella y mas precisa, escribimos muchísimos poemas que podrían resumirse, al final de la vida, en un par de frases.
Corrijo casi siempre. Excepto unos pocos poemas que han surgido ya tocados por cierta gracia y de los cuales, ya desde el comienzo, no creo que sea posible que encuentre una mejor versión, mis poemas van transformándose. A veces incluso los retomo luego de meses o años de haber sido escritos, y ha habido algunos de los que sólo ha quedado en pie uno, o unos pocos versos, o una idea vaga sobre la cual comienzo otro texto.
Para mí la escritura es un continuo, que parte de esa iluminación súbita que te hace ponerte a escribir y se prolonga en todas las intervenciones que se van haciendo sobre ese primer esbozo hasta llegar a un texto que se parezca lo mas posible a ese… ¿sueño, ensoñación, fogonazo? que nos hizo sentir la urgencia de decir algo.
No sé muy bien qué es la poesía…quizás la primera palabra que me viene a la mente es secreto, misterio. Para mí hay poesía donde hay respeto por el misterio, por el secreto de las cosas.
Un texto poético sería el que abre nuevas preguntas, el que inaugura una inquietud, una desazón o un regocijo frente al mundo y frente a uno mismo que no existían antes.
Si todo pudiera ser dicho, si las palabras alcanzaran la médula de las cosas, no existiría la poesía.
Creo que la poesía está ahí para recordarnos cuánto no sabemos, cuánto no podemos decir, cómo andamos a tientas por el lenguaje, como quien anda perdido en el bosque y la única luz que tiene para guiarse es la de las luciérnagas…una luz esporádica, fugaz, que nunca se sabe de dónde va a venir y cuándo se va a extinguir…ni qué nos permitirá ver esta vez cuando aparezca.

Claudia Masin

POEMAS DEL LIBRO "GEOLOGÍA"

No cesaremos en la exploración
Y el fin de todo nuestro explorar
Será llegar a donde empezamos
Y conocer el lugar por vez primera.
T.S.Elliot

rocas sedimentarias


El lento suspiro del pasado
al convertirse en materia,
súbitamente olvida las palabras
y su memoria pasa a ser puro espíritu,
es decir, una piedra.

geología


Toda nuestra infancia debe ser imaginada de nuevo.
Gaston Bachelard.

De pequeña
probablemente pensara que la geología
era la ciencia que enseñaba a vivir en la tierra.
Geo, tierra, Logía, ciencia. Era razonable,
y desde entonces
Yo voy a ser geóloga
cuando sea grande, informaba,
como quien dice
voy a averiguar sola
lo que nadie me sabe contar,
voy a clasificar todos los géneros
de dolor que conozco como si fueran piedras.
-Tal vez en los manuales -me decía-
entre fallas y estalactitas aparezca en una foto
yo con mi disfraz de explorador
y en una nota al pie, esta descripción:
nena de piedra hallada en una cueva
muy al norte, casi escondida,
el cuerpo cubierto de palabras talladas,
por el tiempo transcurrido, incomprensibles.

oro


no hay otra manera, debes hacerte como la piedra
cuando rondas su compañía
Yorgos Seferis.

Permanecías callada, tu infancia entera un juego
de perseverancia en el silencio. Callada: definición de alguien
por lo que no dice. Como si tomáramos la sombra de un ser y con ella
construyéramos la imagen, completando su cuerpo con la idea
de lo que allí falta. O como cuando decimos de un paisaje: es árido,
suponiendo que algo, que debería estar creciendo en él, ha decidido,
misteriosamente, ausentarse. ¿Pero y si se tratara de riqueza
y no de pérdida esa ausencia de frutos, árboles, palabras?
Tu casa estaba construida en un paisaje árido.
Lo recorrías con el entusiasmo de los buscadores de oro,
segura de la existencia de ese tesoro y de tu decisión de hallarlo.
La aridez era tan bella como la visión que, imaginabas,
se tenía del océano desde los barcos. Una extensión de luz vacía,
todo un país para ser habitado y a su vez una magnífica
excusa para el futuro exilio.
Cierta vez te advirtieron del peligro de vivir entre piedras:
-vas a terminar convirtiéndote en una de ellas.
No pensaste entonces en la quietud,
en la invariable tristeza. Pensaste en cambio:
de las piedras
se arrancan las palabras, de la minúscula entraña
de las cosas calladas.

grafito

Una noche de luna llena, en la hamaca del jardín,
están sentadas. La madre canta una canción
que repite y repite, podría decirse hasta el cansancio,
sólo que la hija no se cansa: se encanta, se duerme.
Desde esa noche, para la hija, escribir
será escribir la pérdida de ese momento.
La escritura de la canción de la madre demora
el final de la canción misma. Las palabras
existirán para crear esa demora, un instante
suspendido entre la voz y el silencio. Y por eso,
la hija las escribirá con esa facilidad dichosa
con que sólo pueden hacerse
ciertas cosas imposibles.


malaquita


¿Quién te rescataría de la extensa siesta de tu ciudad
pequeña? De la misma paciente manera
en que las peregrinas de la Edad Media
cargaban sus piedras de malaquita, amuleto
contra los peligros del camino y los relámpagos,
en tu viaje llevarías las palabras de los libros,
serenas dentro de su inalcanzable órbita de silencio.
Un satélite más, tu cuerpo, en su lento giro idéntico.
La espera de la pasión es la dicha más perfecta,
no su llegada. El metrónomo del verano mide el ritmo
de la sequía, de la lluvia. Cuando ella sí llegue,
será espléndida. Mientras tanto, el peregrinaje va creando
el camino que recorre, como pequeñas puntadas de un tejido:
tu vida. Con las hebras que hubiera.
Si no se habita en el mundo, no se puede construir hogar,
calor o piedra que te cubra de los peligros del camino,
los relámpagos. Entonces, que tu amor a las palabras alcance
a temblar en la vacilación de la luz en el instante
que precede a la total oscuridad. Se desvanezca
cuando la luz se desvanezca y solo entonces.
Que aún allí toque tu cuerpo y lo encienda.

borneo
Los peces que habitan los lagos subterráneos
de las cavernas, hace ya generaciones
han quedado ciegos. La completa oscuridad
hizo que sus ojos se volvieran membranas
cerradas que no pueden distinguir luces o sombras.
Sí presencias: cuentan que esos peces,
cuando advierten unos ojos humanos
mirándolos al auxilio de la luz artificial
de las linternas, mueren. Las cámaras
han captado su agonía paso a paso, un dolor ciego
nadando en las cavernas como un pez
que hace siglos perdiera el poder o el deseo
de la luz. Los subtítulos debieran decir:
"la transparencia ajena es siempre secreta."

la repetición


Y oigo en mí esa voz, que surge del fondo de la infancia: vine antes aquí -decía entonces-
conozco este lugar, he vivido aquí, estaba antes del tiempo, estaba antes de mí sobre la tierra.
Yves Bonnefoy.

Cuentan de un personaje
que había vendido su sombra.
Desde entonces, temido y rechazado,
se dedicó a huir del día. Cuentan
que los chicos, en el norte, al cruzar el monte
como una imagen detenida de sí mismos,
proyectan una sombra débil
que los confirma: son reales.
-Se está yendo la sequía.- dice uno.
Ojos pequeños, desconfiados.
¿Quién, que conociera este paisaje,
tendría confianza en él?.
Demasiada perplejidad para alimentar
cualquier inocencia. Además,
los niños criados en el exceso de luz,
saben cosas diferentes.
Junto a ellos, entre el crujido de palitos secos
corre un rumor como un viento secreto.
Las palabras de los viejos:

"No puede elegirse lo que nos ha elegido antes
-dicen- hay un amor a lo inevitable que es casi
un talismán contra la furia de las sequías
y las tormentas. Los animales
están inquietos esta tarde, hay alguaciles
volando sobre los charcos. Va a caer
un aguacero interminable."
Mientras caminan, imaginan la luna
perfecta del verano, empañada por el agua
y la sorpresa. A la noche alguien
tendrá deseos de pensar en otros sitios
de helada claridad por las mañanas,
países árticos donde la soledad
no se confunde con el mareo del calor.
-El calor no te deja pensar,
dicen los viejos, y es verdad.
Pero por suerte, en unos días la lluvia,
el viento fresco del sur, van a pasar.


la erosión

Llueve sobre dos mujeres de ocho años.
Se trama el destino en ese hilo de agua
que las recorta del paisaje y las salva de pertenecer a él.
Viven de la imprudencia de pensarse a sí mismas
en un sitio distante. En sus charlas Buenos Aires es exótica
a la par de Bangladesh. Van a irse, no esta tarde,
pero ya están advertidas de la crueldad de partir.
Eso las hace acercarse como dos refugiadas racionándose
el calor. Aún así -la parte por el todo- creen en la alegría
porque han pasado la tarde riendo juntas,
enamoradas la una de la otra y las dos de esa risa.
La futura espera de esas horas perdidas va a ser infinita.

azufre

Ser cartógrafa de una casa implica conocer sus objetos
secretos: una red agujereada de pesca en el depósito
de las herramientas, señuelos con dibujos de peces
rojos y negros, el cuadrante roto de una brújula
que marca siempre el norte, olor a humedad que recuerda
imperfectamente el mar. Como si alguien de la familia
hubiera fallado en los preparativos de una travesía larguísima
y ahora te tocara reconstruir el itinerario de esa expedición
que nunca se hizo.
Se debería partir cuando el mapa esté completo,
cada ciudad en su sitio y de cada una los datos necesarios:
la velocidad máxima de sus vientos, la profundidad de sus ríos,
su época de tormentas. A veces pensaste en diseñar
un mapa deliberadamente errático, por la sola belleza
de extraviarte en dibujos que no llevan a ninguna parte.
O tal vez para obligarte a permanecer en el mismo sitio
preparando para siempre una partida,
tu propia vida el lugar donde aprender la palabra viaje.
Todas las cosas hermosas, al principio, son palabras.
¿Viste alguna vez cómo el sol atraviesa
el ala de un insecto en vuelo? ¿Con qué delicado
y fugaz dibujo la rellena? Así hubieras querido que se viera
tu cuerpo en la transparencia de la tarde:
una chispa de azufre, azulada. Materia inflamable
que al menor roce recuerda su pertenencia a los volcanes,
su ansia de desprenderse y arder en el aire.
¿Adivinaste ya que no es ése tu oficio? ¿Pudo tu cuerpo
amar lo que le ha sido encomendado? Que otros se vayan.
Lo tuyo es escribir la historia de ese viaje.


arboles secos


Al secarse, los árboles ayudan a conservar
la vida de las selvas. El tiempo se deposita
en la materia vegetal y la descomposición
es su caricia lenta. El viento labra
caprichosas figuras en las rocas desérticas.
Cada muerte deja sobre ellas un dibujo diferente.
Una letra única que el azar regala
y las piedras aceptan.

Claudia Masin



Claudia Masin nació en Resistencia, Chaco, Argentina, en 1972. Tiene 34 años. Es escritora y psicoanalista. Vive en Buenos Aires desde 1990.
Tiene tres libros de poemas editados: Bizarría (1997, Nusud, Buenos Aires), Geología (Seleccionado para su edición por el Plan de Promoción a la Edición de Literatura Argentina de la Secretaría de Cultura , 2001, Nusud, Buenos Aires), la vista (Premio Casa de América de Poesía Americana 2002, Visor, Madrid), y 4 inéditos: Abrigo (Mención Honorífica del Fondo Nacional de las Artes de Argentina, 2004), La soledad (2004), El secreto (2005) y El regreso (2005).
En el curso de 2006 la editorial chaqueña De la Paz publicará una antología llamada "El secreto" (selección de poemas 1996-2006) con poemas éditos e inéditos.
Poemas suyos han sido incluidos en diversas antologías, entre ellas Poesía latinoamericana del Siglo XXI: el turno y la transición (Compilador: Julio Ortega, Ed. Siglo XXI, México,1997), Agua de beber (Antología de poetas argentinas, Compiladora: Mónica D’Uva, Nusud, Bs. As., 2001)
Es creadora y coordinadora, junto a un grupo de artistas de diversas disciplinas, de ciclos multimedia relacionados con la poesía (El pez que habla, 2000- El gallo y la luna, 2005) y de ciclos de recitales de poesía (La mirada,1998; Poligrafías, 2001; La Musik, 2004)
Trabaja junto a un equipo de artistas visuales y músicos en la creación de texturas sonoras y visuales a partir de textos poéticos. Ha presentado la performance "Ningún sitio" (trabajo conjunto con músicos y fotógrafos; basada en textos del libro "La soledad") en: "Fuga jurásica 2004"- Festival dedicado a nuevas tendencias en el arte- Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires y "Código País 2004" -Festival de nuevas tendencias, Buenos Aires.
Ha participado como panelista de distintos Festivales y Encuentros de Poesía.
Coordina un taller de escritura poética desde 1997 y un taller de escritura psicoanalítica desde 2003.
claudiamasin@hotmail.com

domingo, octubre 01, 2006

ANNA PINOTTI












Yo no tengo una rutina de escritura en este momento, pero sí la tuve y durante un tiempo dediqué dos o tres horas diarias a escribir, dejándome llevar por lo que aparecía en el momento, haciendo ejercicios, puliendo el oficio. La mañana es la mejor hora para concentrarme, ya sea en una lectura o en la escritura. Me hago un mate y me siento a ver qué pasa. Ese estado de ensueño me permite jugar más libremente, fuera de mi ojo juez. Trato de mantener lo escrito sin tocar (a no ser algo muy obvio que no esté funcionando), porque tengo tendencia al boicot, y en esa primera etapa lo considero un riesgo. Para mí el proceso tiene tres partes fundamentales: la primera consta directamente de la escritura del texto, la segunda es el tiempo de estacionamiento que necesita lo escrito para generar una distancia crítica que no tengo en la primera instancia, la tercera es la lectura ya distanciada tratando de ver si la propuesta funciona o no y por qué. Desde ahí opero, podo, hago injertos, muchas veces sin rescatar nada de lo escrito. A esto yo le llamo escribir, al tránsito por estas etapas. Posiblemente la manera que encontré y que todavía me funciona tenga fecha de vencimiento en unos años. Mi manera, está formada por un montón de maneras que encuentran un blanco después otro o ninguno, pero se mueve. Generalmente me siento a leer lo que ya está escrito, eso me lleva a escribir algo que puede no tener que ver con lo anterior. Puede también que no salga nada, en ese caso, leo, pinto, limpio mi casa, escucho música. Cuando estoy atrapada en algún texto a veces busco información como para ampliar el marco de juego, pero lo que saco de esa información casi nunca aparece en el texto, es más para mí, para alimentarme. Respecto de la corrección, yo no la nombraría así, porque creo en el proceso de escritura teniendo en cuenta como dije antes las tres etapas, o sea que el trabajo del texto yo lo veo dentro de la etapa de escritura. Leo mucho antes de saber qué poema nació o qué no nació. El poema que nace para mí debe tener suficientes herramientas o recursos como para sostenerse solito, el que no, queda en el camino como un ejercicio placentero. No tengo un procedimiento que siga con rigor, simplemente tengo o no ganas de escribir, y estas ganas aparecen en general como imágenes, olores, o a través de algo que leí y quedó en el aire. Cuando escribo no trato de escribir un poema sino que espero que el poema me encuentre a mí, cuando eso se da me siento satisfecha más allá del resultado, gozo el momento, lo que viene después es yapa.

Anna Pinotti


POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "LAS MUJERES ARAÑA"

Las mujeres araña, tienen un hilo incoloro que les sale de la cola del medio.
Viven 24 horas inmóviles. En el afán de ovillo pueden tejer por años.
Las telas más complejas durante la noche despiden un pigmento sexual de las glándulas mamarias. Es cuestión de segundos, de piel, cuanto más contacto más contagio.
Mi cuerpo no se resiste.
La panza de la araña es suave y fluye entre mis piernas haciendo nudos, llega a la lengua la chupa, la mastica, me suelta. Tiene dos pares de ojos.
Trata rápidamente de entrar en mi cabeza por el oído izquierdo
y ha logrado en su segundo intento atravesarme. Se demora.
En cada paso deja una gota ácida estampada. Las mujeres araña se montan
una encima de la otra en una cópula extensa sin derramar veneno alguno hasta el final
y se mueren.



….



érase el tiempo de la cabeza lampiña
que por fricción quedó perfectamente redonda
y perdió las orejas
y parte del mentón
así logró contener todo el saber sin ocupar mayor espacio
en la gravedad
primero cortó los límites inferiores
dado que el torso se maneja de manera eficaz
sin tener que arrastrar las piernas por el suelo
luego siguieron las extremidades superiores primero una
y después al ver perturbado el eje
también la otra



….




Hay que dejar caer algo contundente para llamar la atención y rápidamente borrar los rastros. Una falta así tiene efectos de alto y bajo grado según la velocidad, que a la vez está delimitada por el tiempo del trayecto. Pero éstos detalles nada dicen de la verdadera razón del deseo impetuoso de lanzar al vacío algo que se pueda romper. No es una mera descarga de tensiones sino por el contrario, es una forma de pasar por el ojo fugaz.


Anna Pinotti


Anna Pinotti nació en Montevideo el 22 de mayo de 1973. Vive en Bs As desde el año 1996. Participó del taller de Antorchas 2002.Publicó: Antología 9, Bahía Blanca, Argentina, editorial Vox, 2003; Cataratas, Córdoba, Argentina, editorial Yügen, colección El don Vedado, 2005; Pueyrredón con Santa Fé (junto a Elizabeth Neyra y Martín Rodríguez), Córdoba, España, ediciones Aristas, 2005.

RITA KRATSMAN




El primer crepúsculo es el que generalmente me incita, es el instante suspendido en que todavía no hay ruidos que vengan de afuera. Adentro todo tiene que estar igualmente calmo, el mundo tiene que dormir para que pueda conectarme con las primeras palabras. El segundo crepúsculo me sirve para la corrección, es cuando el día está más sabio, después, tiempo y espacio empiezan a zozobrar hasta alcanzar la noche, y más allá, nuevas auroras y así…

Escribo lo que va surgiendo pero siempre en base a una idea de libro. El libro puede ser una música, una foto, un lugar, un viaje, un cuadro, un film, un personaje, quién sabe... La idea sobreviene sin que la llame, solamente estoy atenta.

De modo que siempre estoy buscando una estructura. Pero ya instalada en el texto, empieza una travesía que siempre es incierta. La incertidumbre es parte del desafío aunque el fluir de la escritura siempre tiene estación de llegada. Todo texto pide reposar. Al igual que la mente, el texto se cansa, se agota, necesita tomar distancia de un tiempo anterior. Cuando se vuelve a él se lo ve sin borrones.

Pero la corrección no sólo es necesaria para ver de otra manera, sino que establece una experiencia nueva, la de la reescritura, y la reescritura opera de algún modo como una traducción. La corrección traduce lo que la mente acumuló durante la noche. La aurora, se encarga del resto.

Desde que hice uso de la computadora escribo directamente en ella. Es más, siento que cada crepúsculo, me vincula a ella para continuar un texto empezado que por momentos quisiera que no terminara. La sola idea de finalizar un texto me aterra.

El vacío es la peor manera de pasar a otro instante. Es por eso que cuando no escribo, traduzco. Y cuando descanso de la poesía leo ensayo y novela.

La poesía es la motivación que me permite transitar el mundo, es mi actitud frente a ese caos. Siempre va a haber alguien que va a escuchar o leer lo que escribimos.

Rita Kratsman

POEMAS DEL LIBRO "ARIA CON VARIACIONES"

EN ALUSIÓN A LAS HORAS

Andante espressivo

Es así, los árboles vigilan la casa y un rumor de soledad avanza en sentido cromático dejando sus estrías en las piedras:
aria de la madre.
Si la hierba está contenta, junio es silencioso tanto como el lago con su traza de vidrio. Cualquier deseo es una esperanza en medio del valle aunque un chispazo por ejemplo, disiparía el momento, (motivo para no salir, refugiarse acaso en algún recodo, como se dice, como muchos dicen "la inclemencia pide abrazo"),
y el tiempo es un ir y venir de variaciones entre raíces inquietas.
***

VARIACIONES


Aurora tiende el mantel con la gracia de una figura de lienzo, nos acordamos del pasado, el vino y la noche buscan a toda costa una censura. Afuera es vibración el zigzag de las ramas, pero nada, nada más allá sino estos arpones de luna en la mesa:
ondas y círculos
círculos y ondas
voces, bermellones,
"estas hembras no son dulces no" pero algo saben y les digo "somos jóvenes, jóvenes, ninguna falta de amor nos hará viejas".
De vez en cuando una lanza se dirige hacia la madre quien luce una fibra sublime de laurel, y el registro afelpado, y el andar de sándalo, (siempre admiré su estatura).

***

Zarabanda de claridades lunares, pero no todas las noches nos prodigan la dulzura del castaño, a veces lo que llega es simple, simple, apenas el efluvio agridulce de un Limonero real, las palabras jadean como campanas asmáticas y sin embargo el tiempo parece terso.
Esta noche no falta nadie, esta noche una nube ansiosa entra para divertirse con verdades y mentiras, suena Bach lejano y craneal, suena, y hace tintinear los vidrios, algunas miradas son de muda destrucción.
Una brisa índigo seca la frente sudorosa de Amarilis. En las horas de arrebato los sapos tantean la frescura de las piedras y desprecian la humanidad.
(Que nadie se aleje de mí sobre la hora incierta, que mis hijos me remonten sobre un mar de algas dulces).
Se borrarán esas manchas amarillas cuando seamos viejas?
"Encaje en la máscara de la muerte"
***
Hace poco descubrí un mar en los ojos de Calveyra mientras leía su Maizal del gregoriano. Otro azul interpretado ad libitum en la abadía de Solesmes, donde el canto se propaga desde el tímido balbuceo de un monje hasta el coral majestuoso de sus naves.
Y sigo hablando con Amarilis, con Ámbar, con Artemisia, con Aurora, con cada una en forma alternada acerca de unos huesos luminosos hallados en el cementerio de San Vicente.
Y llega esa versión de Gould con la magia impecable de quien maneja una perfección: hay en la coherencia un desafío de variantes, ahora el ritmo se precipita en cascada de azules cada vez más intensos.
***
Insisto, hablo con los sapos de todo un poco, pero hay algo en su discurso que no me trago.
Al costado, unas mariposas en lo mejor de un chichoneo no pueden creer lo que oyen, pero siguen, no paran hasta la apoteósis de su cópula.
Sale al jardín Aurora con un ramo de astromelias, dice "para no creer, todavía hay huesos que hablan, ahí, en esa fosa común de San Vicente".
Ya empiezan a titilar las luces del letrero que indica HOTEL LAS PIEDRAS y cada tanto, llega de la ruta el bocinazo de un acoplado con carga silenciosa evocando algún martirio.
Saqueamos la realidad junto a la mesa tendida como todas las noches, pero nos instalamos no en un tono equidistante entre un azul celeste y un rojo infernal, en un rojo infernal, tanto como para que alguna palabra, por lo menos, llegue al lago.
pam pam pampampam pam
Dice Amarilis, "mañana si querés, podemos ir
a lo de Katy, a probarnos ropa ".
***

De una vez por todas que el lago sepa lo que hablamos, jungla, una jungla en la memoria y otras cosas, nada que no se haya visto antes.
Nos dice Ajmátova:
"DESDE EL AÑO CUARENTA
COMO DESDE UNA TORRE
CONTEMPLO TODO..."
Y sigo viendo un siglo caerse en el umbral y sigo a pesar y sigo
y lo que veo no es más que un mar furioso aquí en el valle, en el asfalto, al pie de la montaña, como un muerto más de ese lago.
(¿Sé por una vez a dónde voy? )
Seguro que durante mi ausencia va a repetir el castaño su variación infalible.
Sueño rugoso en una noche lisa: acero de junio, minuciosamente junio.
***
Miro cómo Amarilis lee sentada a contraluz y lo que revela es que no, no tambalea, los
tiempos modernos la alcanzaron, la sobrepasaron y no la perdonaron: conflicto tribal entre pinos y encinas, pero el calor de las estufas suaviza ciertas disonancias, pasan inadvertidos los embates.
La miro como se mira a alguien cuando respira, pero la vida cae y estalla en pompas de mercurio.
Consagración del invierno, estamos, no hablamos, desciframos el bosque en la montaña.
El tiempo, podría ser tranquilamente un mar.
La miro como quien mira el aleteo de una mariposa.
***

El momento, un rato con Amarilis entre incesantes preguntas, el lugar, espacio junto a un rosal que todavía no florece.
"Tal vez sea temprano", dice, "aunque no creo que este año lo haga, eso es todo".
¿Qué define un gran día?
¿Los pétalos dilatados de las astromelias o el violín de la cigarra que compite con esa nota aguda del teclado?
Algo espanta cada tanto presente y futuro. Un disparo en el mundo por decir, y tiembla el follaje de los álamos, o bien, corta en pedacitos las ganas de seguir hablando de arte.
Por ahora, un pájaro dibuja con tiza blanca su giro de satén.
Hay perfume a canela, clavo de olor y canela, deben ser la peras de la fuente, y nos alzamos, como las notas de un clave hacia el éter.
***
Nos enfilamos hacia lo alto de la casa.
Mientras Aurora deshace una costura, habla con la sutileza del ramio oriental, Artemisia, perfora el instante hasta llegar a la raíz: el tiempo fabrica miniaturas.
Tiempo puro, hora en que la carretera está bastante callada, dentro de poco se encenderán las luces del letrero y nosotras, entretenidas con ese pasado infinito.
Cazadoras del trópico.
Provocadoras de la desnudez.
Es hora de ir preparando la mesa para sentarnos como todas las noches, a comernos.
Pam pampam pam. Aires de bijou, las miro vivir.
Diosas benignas después de todo.
***

Siguen y arden las cuestiones como una forma de alcanzar el presente, pero nunca llegamos.
¡Niebla y metal! ¡Tanto hablar para ninguna cosa!
Revientan las ganas de salir corriendo hacia qué lugar a encontrar qué.
Me voy, no voy más a "tallar esos lugares diezmados por la erosión" atada a la cama por un insomnio.
Aunque se coma con cubiertos y buenos modales, de una vez por todas me voy a comer ese animal de las estepas que me pierde, así, con mi pelo frisé y todo.

Rita Kratsman


Nací en Buenos Aires, soy poeta y traduzco poesía italiana. Publiqué hasta ahora El hoyo de este grito (Último Reino, 1991); Color y Sepia (Libros de Tierra Firme, 1998); El Cuaderno de Amanda, Señora Mariposa (Último Reino, 2005) y Aria con Variaciones, (Último Reino, 2006). Está en prensa una antología de Franco Fortini (poeta italiano de posguerra),traducción en colaboración con Susana Anfossi y Andrea Calabró.

ANIBAL CRISTOBO










Prefiero escribir a solas, de noche, o en situaciones donde intuya que no voy a ser interrumpido, aunque yo mismo soy bastante disperso y no suelo mantener la concentración durante demasiado tiempo.
Me gusta tomar café mientras escribo, y si lo hago a mano, intento utilizar una esferográfica o algo que no requiera una gran presión sobre el papel. Quizás por haber visto demasiadas películas en las que un mensaje se descubre sombreando la hoja bajo la cual había sido escrito, no me gusta "marcar" excesivamente el papel.
Muchas cuestiones metodológicas varían de acuerdo al proyecto. Y me agrada que sea así. Es decir, que cada proyecto me vaya dictando el modo en el que debo desarrollarlo a medida que me voy involucrando en él.
Supongo que mi negativa a construir, frente a mí mismo, una imagen de escritor estática, con sus mañas y rituales inamovibles, tiene que ver con cierta necesidad permanente de dislocar mi propio lugar, de reinventar mi campo de acción, es decir, aquello que me incumbe o puede incumbirme en tanto que poeta.
Acabo por pensar que mi ritual favorito en relación a la poesía sea repensar mis modos de relación con ella, aunque esto pueda sonar algo retórico. Trabajo de acuerdo a algún tipo de "plan". No soy un escritor "inspirado", ni "confesional", alguien que escribe para transmitir sus estados de ánimo, aunque podría realizar una escritura que aparentase algo así si eso entrase dentro de algún experimento. Me siento más cercano a lo que podríamos llamar un artista conceptual. Creo que el arte es un juego infinito, un meta-juego, porque parte de su dinámica consiste en que el participante cree sus propias reglas de juego, reinvente las leyes, delimite qué es posible
Hay un plan, pero es un plan que actúa como "noción" más que como límite. Es decir, se conforma como una serie de intuiciones que están abiertas a otras experimentaciones. Por ejemplo, "jet-lag", que sería un libro de viajes mínimo, compuesto por una serie de notas entre el hotel y el check-in, juega con la noción de ser una lectura de abordo, incorporando "citas" tanto gráficas –desde el diseño de tapa- como literarias, justamente de esas publicaciones que entregan las líneas aéreas en sus naves. Y, al mismo tiempo, esa literatura aeroportuaria, que podría ser extremadamente anónima, esta matizada por la curiosidad de ser un libro en el que se incorporan textos de otros poetas, lo que quiebra bastante la idea autoral de un libro, y, se me ocurre, la idea del "escritor-viajero".
"Krill" es un libro que se interesa por lo serial, por una cierta cultura de fines de los ´70, -el cine catástrofe, las series policiales- y por el tipo de imaginario derivado de esto; pero también por la ficcionalidad del poema y, esencialmente, por la importación de metodologías (en especial de la música, como se ve en la presencia de "covers" o versiones de poemas ajenos, o en textos creados en colaboración con otros poetas; y del cine, en lo que hace al montaje de los textos).
Algo permanece, o así creo verlo, en esos distintos "planes" o "proyectos" de escritura: algo que tiene que ver con la extrañeza, con la indefinición, con la imposibilidad de conocer. Y ciertamente con la fragmentación y deconstrucción del discurso. En ese sentido, me gusta pensar que no me coloco frente al lector como un familiar, como alguien que, con placidez, entrega un discurso consensuado dentro de las poéticas dominantes o del sentido común, pero tampoco como un inventor de jeroglíficos… me interesa esa tensión que se ofrece cuando lo conocido –punto de partida para que el lector encuentre una referencia- va deslizándose hacia zonas "mixtas", zonas de deriva, exactamente como sucede en el proceso de ir adormeciendo.
Me gusta escribir sobre lo que no conozco demasiado bien ni de muy cerca, sobre fenómenos que se sitúan en lo que llamo una "media distancia"; ahora, actualmente estoy trabajando en un proyecto nuevo, bastante ambicioso, de lo que en algún momento, espero, será un libro compuesto por unos 150 textos aproximadamente, y que es un libro que, de algún modo, puede ser visto como un libro de historia, -aunque lo más correcto sería decir que es un libro de historias, por lo que tiene justamente de fragmentario, de refractario a la idea de un saber canónico- y eso me llevó a investigar algunos sucesos del siglo XIX. Siempre de un modo bastante caótico, que finalmente termina siendo un adjetivo utilizado para definir el movimiento basado mayoritariamente en la intuición y el sincronismo.
En general, me gusta resolver los poemas en el momento, por una cuestión de ansiedad sobre todo, por verlos terminados ya, pero esto casi nunca me resulta posible.
En la práctica, suelo volver bastante sobre los textos, en especial para reveer los cortes de versos, que son una de mis obsesiones: me interesa que haya una tensión que conduzca de un verso al otro, una situación de sentido suspendido o abierto que mantenga la atención, que guíe la lectura hacia la próxima línea, donde, si la frase anterior alcanza una comprensión, debe aparecer un nuevo interrogante que se proyecte. En ese sentido, si mis versos reflejan alguna respiración, esta sería una "respiración artificial", un truco perceptual. Por el mismo motivo, prefiero variar la extensión de los versos y la cantidad de versos por estrofas, creando un diseño irregular, ya que, personalmente, las formas extremadamente regulares me resultan monótonas y poco propensas a la generación de tensión.
Lo que no suelo hacer es guardar textos que no me resulten satisfactorios para intentar recuperarlos en una futura corrección: en esos casos prefiero descartarlos absolutamente.
Podría dividir mis textos en dos grandes grupos. Predominantemente hay un tipo de poemas que yo llamo a veces "objetos", en los que lo primero que surge es una idea, no una frase. Digamos que esté trabajando en un proyecto sobre la geometría de los espacios cotidianos, y decida armar un poema sobre una piscina. Esa sería la idea base. Lo primero que haría es colocar ese título, "piscina" y, a continuación, comenzaría a apuntar palabras que me resulten afines. Generalmente las primeras anotaciones resultan bastante obvias, "azul", "paralelepípedo", cosas así. Pero a medida que la mente se va soltando pueden aparecer términos cuya vinculación con el objeto principal no sea tan directa. De ese modo voy creando un substrato léxico, sin preocuparme demasiado por lo que aparece. Ese material va creciendo con el tiempo, en sucesivas anotaciones, hasta que finalmente un día me siento con todo aquello e intento "componer" el texto, ordenando el material como si se tratara de las piezas de un puzzle.
En ese tipo de textos me interesa la extrañeza. Veo que hay dos o tres procedimientos, más o menos recurrentes, de los que intuitivamente me valgo en ese sentido. Diría que el fundamental es el montaje. Intento mantener la ilusión de una narración, pero que nunca llega a completar una secuencia lineal de hechos, nunca termina por concretar su fábula. En ese sentido opto a veces por una superposición de situaciones que aporten al clima, pero que no expliciten excesivamente una cadena de causas y efectos, incluso porque yo mismo no la tengo en mente al escribir, sino que pretendo recrear mucho más una sensación que una historia.
Otros recursos que me parecen aportar en ese sentido son la aparición de personajes que no han sido presentados, las falsas citas, la descontextualización, la alteración en la estructura sintáctica de alguna frase, la inclusión de términos provenientes de campos tradicionalmente "no-poéticos", en fin, ciertos giros que pueden ayudar a colocar en duda el terreno sobre el que el lector creía haberse afirmado instantes atrás. Pero creo que tiene que haber allí mucha delicadeza, para evitar el salto arbitrario que sólo provoca el desinterés, ya que se percibe como una alteración tan abrupta de las reglas de juego que hace que el lector se vea minimizado frente a los caprichos del autor. Eso es lo que, a mi ver, conspira contra la escritura automática y algunos experimentos surrealistas. Pero sí creo que esos materiales son, como punto de partida, riquísimos.
El segundo grupo estaría compuesto por poemas más discursivos. Son textos que generalmente escribo en portugués, como el libro "jet-lag", y en los que aparecen más elementos autobiográficos. Contrariamente a los "poemas-objeto", que suelen resolverse en el espacio de una página, como si fueran simplemente una "pantalla", estos textos se abren más a la narración de unas secuencias de sucesos, amplifican su respiración, se desarrollan. No es casual que justamente estos poemas sean escritos en portugués, ya que es en Brasil –donde viví 5 años- donde mi relación con la poesía está más atravesada por lo afectivo. Esos textos sí reclaman más memoria, más anotaciones, más corrección. Son poemas que no buscan ya la belleza de la ficción, sino la sensualidad de la experiencia. Creo que Brasil ha sido y es tradicionalmente un país que realza bastante esa sensualidad, que se ocupa de hacerla presente en muchas de sus manifestaciones culturales, aunque también haya un estereotipo en ese sentido. Pero en fin, veo que en mí la escritura en castellano y en portugués tiene dos funciones casi opuestas: en castellano busco desarmar el idioma, hacerlo sonar como una mala traducción, quitarle todo lo coloquial, probar mis experimentos. En portugués, mi aspiración es justamente la opuesta: me gustaría imaginar que esos poemas pudieran parecer, a los ojos de un lector brasileño, escritos por un compatriota, aunque desde luego un compatriota algo particular en el uso del idioma. Especialmente porque se conquista así un tipo de confianza que no existe al leer textos de un autor extranjero. Y esa confianza –y su permanente potencialidad de traicionarla- es un elemento con el que tensionar el poema. Esa ambigüedad, ese lugar en que el autor se mueve como un doble espía sin que llegue nunca a revelar su identidad –y probablemente sugiriendo que tal vez no exista algo como una identidad, es decir, como lo que permanece igual a sí mismo- es uno de mis objetivos.
Creo que lo que más me atrae de la poesía es la posibilidad de convertirla en algo diferente, de pensarla como un material propicio para pruebas. Llamamos "poesía" a una producción así denominada, toda perteneciente al pasado –cada cosa que leemos ya ha sido escrita, y en ese sentido pertenece al pasado- y dejamos que eso impregne definitivamente nuestra concepción de lo que podemos crear bajo ese rótulo, "poesía".
Pero en realidad la poesía no existe, es una ilusión, -como podríamos decir de cualquier género- que se perpetúa porque, al englobar miles de producciones individuales bajo esa noción, nos permite creer que existe una entidad con valor de verdad e independiente del mundo sensible. En ese sentido, nuestro modo de imaginar estas cuestiones resulta muy platónico. Y por eso seguimos hablando de "buena" y "mala" poesía, como si en el fondo se tratase de decodificar cuán cerca está una producción individual de ese ideal poético inamovible.
Personalmente, partiendo de la premisa de que no existe la poesía como un formato o una noción previa a la escritura del poema, me produce mucho placer imaginar modos de producción que no haya indagado antes, o que puedan ofrecer matices nuevos para mí. Y particularmente, que esos modos sean "inclusivos" con distintas áreas de mi vida que me resultan gratas. ¿Cómo puedo hacer para vincular la poesía con el cine, o con el ping pong, o con el sexo, pero sin escribir sobre esos temas, sino creando relaciones entre la poesía y ellos? Son preguntas a las que no siempre soy capaz de encontrar una respuesta, pero que, de todos modos, me motivan. Es decir, no tengo una idea excesivamente "literaria" de la poesía, porque creo que ese tipo de idea solamente genera producciones que, a priori, son poéticas. Y considero que eso es una falacia. Me interesa ampliar mi experiencia poética, no convertirla en algo previsible para mí y para quien pueda llegar a leerme, sino todo lo contrario, pensar "bueno, de qué modo podría utilizar la poesía ahora? qué más soy capaz de hacer con ella?", del mismo modo que me gustaría pensar que algún día, algún lector, frente a un libro mío, pueda pensar antes de comenzarlo: "bueno, a ver qué ha hecho esta vez Aníbal con la poesía".

Aníbal Cristobo



POEMAS DEL LIBRO "KRILL"


Hija del pastizal


Y yo que sólo vivo: seca
entre aquellos cardales, orientándome
con unos pocos gritos

o por el hipnotismo de los frutos; sin
tocar el vacío del pantano.

Saltando: saco esas fotos que son del cielo.
Pateo piedras pequeñas.
Hija del pastizal – mi oído
es el de otra, quiere escuchar: el
vibrar de las algas en el río; los
corredores del viento. Por qué
tendría que quererte? Me visto
con tu imagen, digo
las palabras difíciles mucho mejor
que vos; no escribo.-


El oso

En el gran ojo abierto de la montaña
el oso es un fulgor en la pupila, listo
para despertarse
y enfocar. El oso está pegado
por completo
con cola hecha de huesos de gente
que dormía; y cava en sueños
abriendo túneles subterráneos
con un fémur humano.
El oso
es un agujero demasiado profundo para brillar
al digerir tu grito.
El oso es un río
donde la gente se inclina a beber
y verse muerta.
Y aunque ahora duerma: él
es el barquero
que te cruzará, y su precio es todo.-


Dos al borde del estanque


Las dos están sentadas
al borde del estanque: tiene los ojos
claros, una – y el pelo corto, las dos.
Toca el agua y dice, me
dice: te estoy mirando a vos
a vos,
me escuchás? Pero no
puede verte. No
puede verme: tiene los ojos claros, está
sentada al borde del estanque, tienen
el pelo corto, las dos.
Y toca el agua, toca con uno, con
dos dedos apenas –levanta
la cabeza- es hermosa al decir:
-te estoy mirando, sabés?
sabías
que te estoy mirando?-

Ghost writer


El poeta, y
sus procedimientos: (aquí) círculo
al que regresan las pasiones –casi
sin voz-
ensombrecidas por la imaginación.
Ángulo del poema: "que al hablarte
exista intimidad, y que todo
pueda ser perdido
y reencontrado así: en otros
escenarios".
Las pausas del poeta, y
su mímesis
como efecto poema, calco, miniserie
de gestos
disparando el sentido, el
sonido, del
otro lado -así, en
un final continuo: Aníbal
no está! Aníbal
se durmió!-


Krill (El sueño del buzo)

Lanzado contra el musgo por la tos, por ese
malhumor, hacia un cine catástrofe, dónde
sus movimientos
eran la imitación de un enorme molusco.
Ironía, suspense
del ahogado con su may-day de ruidos. El asma
del motor y las raíces
en el tubo de oxígeno, trayendo
sus promesas: "esos peces
esconden maravillas tóxicas, átomos
de pánico
Contra el krill fluorescente". Error
propio de sueño: un buzo
ciego, sabe
qué significan esas luces? Y sus
manos, se tensan
al tocar el abismo?

Aníbal Cristobo


Aníbal Cristobo nació en Buenos Aires el 1 de septiembre de 1971. Entre 1996 y 2001 vivió en Río de Janeiro, donde publicó Teste da Iguana (Ed. Sette Letras, 1997) y jet-lag (Ed. Moby Dick, 2002), este último con colaboraciones de Andi Nachon, Carlito Azevedo, Mariana Bustelo, Marilia Garcia y ná Kar Elliff-ce. En 2002 publicó, con el subsidio de la Fundación Antorchas, krill (Ed. Tsé-Tsé). Participó de varias antologías de poesía, entre ellas Esses Poetas – Uma antología dos anos 90, organizada por Heloísa Buarque de Hollanda y Lies About the Truth, organizada por Régis Bonvicino para la revista New American Writing. Actualmente reside en Barcelona. Integra el Comité Editorial de las revistas de poesía Inimigo Rumor (Brasil) y tsé-tsé (Argentina). Es traductor del portugués y dirige la colección de poesía bikebik. En 2005 publicó "Miniaturas Kinéticas" (Ed. Cosac&Naify, São Paulo), libro que reúne su obra poética hasta el momento.

SILVANA FRANZETTI



*Silvantes, collage digitalizado, por Laura Varela, 2006.



POEMAS INÉDITOS DE "NOTAS AL PIE" (Selección a cargo de Osvaldo Aguirre)

Amelia insiste, se pregunta cómo es vivir en Gan Gan.
Servicio de colectivos una vez por semana,
según el destino y la época del año,
por la radio transmiten los mensajes cuatro veces al día
*,
un hospital, un juzgado de paz, una escuela
un cementerio, una usina.
Irse de esta comodidad, aunque es lo mismo,
ella siempre vuelve sobre sus pasos: en un sentido o en otro,
da mil vueltas al desierto.

* LU 20 Radio Chubut comunica al poblador con una nueva edición del mensajero rural. Muy buenas tardes. Es la hora trece, un minuto. La temperatura en la ciudad de Trelew es de veinticuatro grados, ocho décimas. El viento sopla del Este-Sudeste a sesenta y cinco kilómetros por hora, con ráfagas que alcanzan los ochenta y cuatro kilómetros por hora. El cielo está parcialmente nublado y la visibilidad es buena. Estos son los primeros comunicados de la presente edición.

***



El que me trataba de usted dirigía su palabra
como quien enciende una máquina
*, dijo:
lo que pasó después no importa, forma parte del futuro.
No basta con saber que estoy recordando,
hay algo del viento que me atrae otra vez.
En la práctica, el valor de su velocidad es improbable.
Una forma de decir que dejamos de hablar durante esos años
*.

* Para Nelson, en Puesto de Piedra, se le comunica que no anda la antena de Paso de Indios, la están arreglando. Trate de insistir todos los días.
* Para César Grassi, en Tecka, establecimiento El Tero, Fiore le comunica que vaya hasta Loma Blanca porque necesita hablarle.

***


El lado A del caset con el rótulo BAR EL CHEFI
*
reproduce parte de la conversación que tuvimos a fines de enero,
cuando las tardes no terminan de caer.
Qué hago con la diferencia entre lo que sé y lo que escucho:
– (…) piense que los diarios y la televisión no existen,
de lo que usted quiere sólo puede enterarse por la radio.
O mejor: por una radio local. ¿Qué hubiera hecho?
¿Qué hubiera querido hacer?

* Félix Lucero comunica que extravió un bolso en camino de Sierra Chaira hasta el cruce de La Alicantina. Se ruega a la persona que haya encontrado este bolso con un grabador, hacérselo saber a Félix Lucero.

***


Combate el viento y cambia las cosas de lugar.
La posdata de la carta confirma el olvido
*.
Escribe:
sólo es posible trabajar
con materiales de desecho.
Piensa en la nieve o en la lluvia,
algo que baje en forma oblicua.











* Para Faustino Antilipi, en establecimiento Las Tres Lagunas, la jefa de Correo de Paso de Indios le comunica que tiene correspondencia con vencimiento de entrega.

***


Pasan otra vez la misma música,
sigo con el trabajo como si ese compás fuera a continuarlo.
Antes, en mis manos había palabras, ahora hay dados cargados.
El aire de dictado que tienen las personas cuando van a trabajar
se parece bastante
al aire de dictado que tenían las personas cuando iban a trabajar
*.
Antes había cadáveres, ahora hay escombros.











* Para Martín Endala, en establecimiento Las Violetas, zona de Treorki, se le comunica que la gente para realizar los trabajos irá el martes 30.

***


Notas escritas al dorso de papel usado:
con rayas o blanco, obra o de carta.
La variación de la hoja donde se lee:
Iba en bicicleta por una calle
que terminaba en una escalera.
Mensajes en un cuaderno cocido,
pegado o con espiral
*. O en una libreta.
Tocaba el papel. Parecía un material extraño
*.
Tenía la impresión de estar escribiendo el libro equivocado.


* Para Sebastián Mendoza, en zona de Camarones. Sus hermanas le comunican que apareció el cuaderno. Aquí todos bien.
* Mensaje para el señor Intendente de Lagunita Salada. Luis Gallardo le pide entregar los papeles lo antes posible.
Trece horas, siete minutos. Primera pausa.
***

La camioneta
* no va a más de cien por hora,
el ripio rebota contra los guardabarros y el chasis,
la tierra, que parecía volar, empieza a filtrarse al interior de la cabina.
Una piedra golpea el parabrisas y graba cientos de cuadrados,
triángulos y un hexámetro por donde puede verse
la figura imposible: liebres a la fuga como presos políticos.

* Para Elvira Cruz, en Talagapa, Fuentes le hace saber que hasta el miércoles o jueves no puede viajar porque tiene la camioneta en arreglo.
***

La falta de sintonía impedía escuchar a alguien
que hasta ese momento había guardado silencio.
Las palabras se deslizaban horizontales,
la voz tenía la cadencia del paseo por el valle,
el que me trataba de usted decía interrogar sobre los hechos
aunque la conversación, para él, no era un hecho
*.
Cuando pienso en algo, pienso en otra cosa.


* Para Miguel Calderón, en Gorro Frigio, Severino Colicheo le comunica que el viernes va a su establecimiento por lo conversado.
***


Que las frambuesas maduren aunque
todavía no sepa quién las va a recolectar.
Pensé que serían de color fantasía, nos perdimos.
Entramos en chacras equivocadas, volvimos a la ruta.
Bajamos del auto, seguimos a pie por un camino de tierra negra.
Al principio no las veía,
estaban cerca de unas hileras de álamos
*
que contradecían el garabato de los arbustos.

* Se compran álamos en pie. Comunicarse con el teléfono 456912. Preguntar por Davis.

***
Como una extensión de la flota de ría
amarrada al muelle del puerto hace semanas,
pasamos el tiempo escuchando la radio.
Las descargas eléctricas coinciden
con la rompiente de las olas
y la espera
* de la próxima ola
nos hace olvidar la otra espera.

* Últimos mensajes.
Para Victoria López, en Playa Unión, se le solicita que espere en ésa.
***
Un poco después de un corte de luz, irrumpe una de las clases de silencio. Pasados los segundos de andar a tientas, algo en lo que rodea la memoria del oído resuena todavía como una tableta efervescente sumergida en el agua, hasta que el chasquido del fósforo lo apaga*.
* La Cooperativa Eléctrica de Dolavon informa a los usuarios que, por motivo de tener que realizar la habilitación de una nueva línea de media tensión y el reemplazo del transformador de la subestación aérea de Edison y Colombia, procederá a efectuar el corte de suministro eléctrico mañana, entre las veinte y las veintidos horas, aproximadamente. Este corte está sujeto a condiciones climáticas y/o de fuerza mayor.
***

La duda que precede al viaje se parece, como una mata a otra, al vendaval.
Quizás por la tendencia a moverse que le da su armazón o boceto de ovillo.
Al costado, extendida
*, sin puntas, apenas transpuesta por el viento,
la meseta.
Siempre es después cuando me doy cuenta de que estuve en ese lugar.

* La comuna rural de Los Altares solicita a los habitantes de la localidad, propietarios de canes y caballos que deambulan por la vía pública, que por favor los mantengan atados a fin de evitar accidentes.

***
Éste era el recuerdo tan patente,
el que hasta recién se encapsulaba
en una barra de hielo y ahora
cambia de estado
*.

* Se canjea heladera a kerosén por animales. Deben tratar en Río Negro 15 del Barrio Abel Amaya.
Hasta aquí presentamos una nueva edición del servicio de mensajes al poblador rural. Una similar usted podrá escuchar luego, a las dieciséis treinta. Hasta entonces.




Silvana Franzetti

Silvana Franzetti nació en Buenos Aires, en 1965. Publicó Cuadrilátero circular (Buenos Aires, Casa de la poesía, 2002), Mobile (Buenos Aires, Tierra Firme, 1999) y Destino de un hombre agitado (Buenos Aires, Seis Sellos, 1994). Realiza montajes de sus poemas en instalaciones, como "Poem to read while walking", Universität der Künste-Berlín, en libros-objeto, como Telegrafías (Buenos Aires, La Marca, 2001) y en diversos videopoemas, como Mujeres de la Calle (Berlín, 2005). Tradujo a los poetas alemanes contemporáneos Monika Rinck, Günter Kunert, Hilde Domin y Reiner Kunze.

CARLOS BATTILANA













Escribo como puedo. Siempre depende de las circunstancias.A veces hay períodos en los que hay más calma económica, a veces no. Las circunstancias personales y familiares varían, pero aún así, intento escribir todos los días.

En cuanto al rito de la escritura no tengo mayor superstición.

Por una cuestión práctica, desde hace mucho escribo en cuadernos, que voy numerando, y luego (acaso allí haya algo de superstición) una vez que algunos de esos textos se convirtieron en poemas, guardo los cuadernos en una caja.

Ahora trato de escribir en casa. Cuando vivía en un departamento piso 15 lo hacía frente a una ventana que daba a la autopista, y había como un sordo rumor de autos que no molestaba. Hoy escribo frente a una ventana que da a un pequeño jardín, que también me gusta. He escrito mucho en bares, especialmente en uno de Villa Luro, cuyo clima me organizaba.

Si bien la escritura, en algún punto, trasciende la noción estricta de trabajo, al mismo tiempo es un hecho que lo incluye de un modo específicamente material: creo en esa tarea minuciosa, pequeña, rutinaria.

Encuentro más placer en el momento en el que reviso los textos, en el momento en que comienzo a pasarlos a otro cuaderno. Es una tarea un poco ardua, pero que no me desagrada. Además se me vuelve necesaria, porque es un acto particular, personal de comprensión, en el sentido de que tardo en comprender, o mejor, comprendo lentamente aquello que estoy haciendo. Luego paso los textos a la computadora, y empieza a armarse un libro, o un conjunto de poemas en torno a un título y a una respiración. En realidad, lo mejor, creo que es volver a aquello que se escribió luego de un tiempo: esa suerte de ritmo que genera el acto de escribir se me vuelve más inteligible. Pasado un tiempo, percibo mejor la tensión o falta de tensión del texto.

Escribir, el acto de la escritura, es un momento que se me olvida, o intento olvidar, y que prefiero que pase lo más rápidamente posible: hallo una gran felicidad en el momento en el que me reencuentro con los textos, en que empiezo a armar las piezas de un rompecabezas en el que los poemas hallan su lugar, un lugar que posiblemente sea arbitrario y no previo, pero que coincide con un asentimiento personal que es resultado de un proceso en el que se incluyen factores variados como la reflexión, la respiración, la acústica y seguramente las obsesiones.

Escribir es un aprendizaje de algo inasible que quiere tomar el lugar de una forma. Por lo tanto, es una tarea que nunca alcanza.

Por eso escribo, para comprender ese acto que nunca se termina del todo y que compromete un aspecto físico notable.

Me parece que cada uno tiene una enciclopedia de imágenes, olores, sensaciones de todo tipo, recuerdos explícitos, algunos flotantes, otros más adormecidos, y eso es el material de la escritura. Una especie de música del presente y una música de la memoria encuentran en la escritura un lugar de reunión.

La escritura no sólo es inscripción, y mucho menos "expresión" o "reproducción", sino que su origen, su presente y su porvenir hallan en el sonido su más fuerte conexión con la vivacidad de la lengua. A veces una imagen persistente es su origen, a veces un rumor, un ruido, una frase escuchada en el subte, a veces el vacío del presente, a veces la estimulación del presente. Pero sobre todo, sin tener necesaria relación con que si lo que se cuenta es o no extraordinario, la escritura poética se conecta con lo extraño, o mejor, con un extrañamiento de la mirada que torna las palabras en un poco más densas.

Carlos Battilana

POEMAS DEL LIBRO "LA DEMORA"

1.- La demora


III

Para no decir
que esto
es esto otro,
para no usar palabras
que los escribas cansados
se permiten
sin acertar,
retomo aquella huella,
este minúsculo aire
que el bosque
con su razón
reclama. Voces,
ruina cuyo origen
no es un hecho
sino la hiedra preciosa de la
Constancia.

IV

Sabe que el aire
reúne lo que del parque
queda. Hojas, ramas, plantas
minúsculas.
Con tinta
indeleble
dibuja una línea
que sus ojos
no ven. Traza, fija,
recoge. En un costado
oculta
con cierto equilibrio
acontecimientos pequeños; su nombre
resiste apenas, sueña
con las voces que la infancia
ha perdido. Traza.


El cielo

Mi hijo está allí.
El cuarto le pertenece
y yo
no hago
más que atrasar
el temor. En este lugar
donde los hechos avanzan
donde la casa
parece
una tundra llena de voces
¿dónde reposa el ruiseñor?
¿en qué modelo
basa su canto
el triste? Con los dedos fijos
escribo esta letra
aquella otra, esta
de más acá. A través de un agua sin sabor
el hilo de la costumbre abrasa
y me recibe
en su cielo.


Los días antiguos

Sentado
como una cosa,
estático, sin énfasis,
lo que resulta cierto
son los días. Miro
hacia atrás,
hacia los días antiguos. Ayer
he visto
una muerta. Pero no
una muerta más.
Una muerta
posible.
De chico
seguramente
me ha acariciado
con vaga ternura
y en esa lógica
precaria
ha consistido su vida. Es eso
lo que sé.

Recojo mis papeles, junto
mi ropa; con el tiempo
todo lo inútil
se vuelve
objetivo. Está bien el equilibrio.
Otros creen
mucho. Yo poco.
Antítesis. Metáforas…
Formas

En el círculo cerrado
que el viento atrae
en esta pequeña habitación
protegida de tumultos y escarcha
¿por qué será
que ese duro sonido de la ciudad
separa
como una ínfima línea
la materia
de sus palabras?
Si las palabras
derivan de las cosas,
si las letras
-como signos helados –
provienen de una plena
sustancia
¿qué será ese mínimo indicio
de los objetos, de las formas,
de esa materia
que se resiste?

El viento

Toco con mano indeleble
lo escaso de la materia.
En mi habitación
retiro a mis hijos, los abrazo,
les recuerdo
con palabras pequeñas
que el viento
es indestructible.
Brilloso como un témpano
el día
persiste
aquí, allí. Sin cansancio
recibo el deterioro
como una forma de avance.

2.- Viajantes
El aire de invierno

Vuelve el invierno.
El sol
deshace su fuerza.
Sé que no puedo esperar. Vuelve
la mayoría del invierno. Nos protegeremos
en la TV, en la pequeña
escena
de lo cotidiano. Sin poder
administraremos la energía.
En lenta procesión
la voz del teléfono
se demora
y sangra
por su herida. Adiós,
estrecha hierba
de la invención. El verano
fue
esa aguja sutil
que la lentitud
destroza. Parte
de tu espera
se acumula
en el pecho. Aire
que el mar
no ha concebido
suficientemente. Espacios. Refugio.
Movimiento.

Sujetos

Hay ruido. Algunos ruidos
que el murmullo
transforma
en son. Oís voces,
quebrada la cintura,
tu piel, el lento cardo de
tu piel, permanece abierto al sonido
de lo bello. Besar lo que de mí
queda, y hostigado por
no saber, tu mano transparente me compone.
Yo, o vos. El lento ardid.


Nieve

¿A dónde está eso
que la materia
desea? ¿A dónde
permanece?
Objetos, maderas,
la cordillera de los Andes
que no veré
sino oculta. No habrá nieve
desde lo alto del avión, sólo
la oscura respiración
de los viajantes.


El Estado

Leo a Pasolini, ordeno.
Autos, colectivos en derredor. Todo
permanece quieto. También
mi cuerpo. Años atrás
por esta calle del frente
mi hermano y yo
viajábamos,
entendíamos el mecanismo
del país. Hoy
todos sonríen. Asumió
el nuevo gobierno,
las cosas están
en paz.
La poesía
no es
epifanía
ni un recuento
de revelaciones. Eso
es falso. Calibrar
con precisión
aquello
que como un gusano
roe
lo más preciado
del dolor, ésa
parece una forma
de decirme
puntillosamente
que no todo
está en paz.

3.- Paseo


Aparición

El árbol negro
con palabras y hechos
desata
su extraña aparición.
Entre obreros
salidos del mar
hacemos otra cosa
distinta
a clavar
u obedecer.
Recién
en el laberinto
aterido, solo,
la lenta ineptitud
adquiere
fuerza, sentido.
Agua
y sabor
retienen tanta angustia.
Aquí, allá,
a la vuelta
resplandecen
los grandes días.


Cobre

No escribo. Sólo
junto palabras.
Los ojos de Adriana
calculan su espera
y el cobre que obtendrá
es cuestión
de la naturaleza.
La cultura
no es más que información
y el término "amor"
parece una alquimia:
entre este punto y el otro
el flujo
resultó
sexo conveniente.

Objetos



En esta playa mis pies reposan. El agua recubre con espuma el hueco de los dedos. Como una caligrafía sin voz, recojo este poco de arena, y razono, con cierta calma, sobre los objetos. Entre este punto y el otro, entre esta cosa y el polvo que la recubre, ¿qué transparencia resiste?

Leyenda

Hay muros que los vientos han deshecho. Un hombre observa por sobre los árboles lo que separa el bosque de la ciudad. Si tocara el camino, sabe que se volvería impuro.
La brisa recorre el lugar. En el círculo ardiente, su indecisión es una forma de la memoria: la forma en la que trabajan sus ancestros. Domina el paisaje, silenciosamente, y sus ojos asienten sin ver.


Paseo

Las hierbas son como luces encendidas: el viento trabaja y desvía sus partes minúsculas. No me dedico al placer, solamente a apoyar con mi hija el cuerpo en la arena. Nos abrazamos, y vemos a lo lejos, sobre la línea del horizonte, los árboles perdidos. Acompaño a Sofía a correr, hacemos cosas con la tierra, acumulamos piedras y ramas pequeñas. Sin saber si el viento va o viene en dirección contraria, respiramos, reímos con leve sonrisa, reconocemos en la extensión la tibieza del momento.


Hombres

En esta habitación
atascado por los papeles
y las palabras
me obligo
a trabajar.
El cielo está gris
la ciudad
parece
una tierra de nadie.
Mi hijo mi brazo mi cuerpo.
Dame agua, un poco de sed,
ilusión
ante la espera.
Pues bien
deletrear palabras
cavar un pozo
decirse al oído
susurrando:
el temor
no hace
hombres.

POEMAS DEL LIBRO "EL LADO CIEGO"

Siglos

para H. C.

Lo que está quieto, parece una sombra helada. Lo claro del bosque, lo oscuro del monte, lo que parece perdurable se torna, lentamente, unas cuantas palabras. Si es verdad que el pasado se vuelve destructible, aquel que reverencia la tradición ha dicho acerca de su casa atestada de libros, en un gesto casi final: "Hay que ir deshaciéndose de ellos."




El lado ciego

Por poco inclina su espalda. No tiene perdón ni sentido su pasado. Si pudiera, se iría a un lugar liviano, extenso y apenas movible. No sabe oír, ni tampoco mirar. En su trayectoria sin filos, sus reveses fueron internos. Si pudiera aplastaría con hielo todos los días. Los quemaría.

Propiedades

Se mira en el recuerdo. Esconde sus manos, sabe que le ha tocado un peso intraducible. Escribe antes de que las voces de la razón le digan qué hacer. Se pliega, reduce sus palabras al mínimo. Extrae de su silencio algo de paz.


Letanía

Sabe que el viento toca sus manos. No sabe si Dios está o persiste. Por no preguntar, demora el paso anterior. Como avanzan las horas, así las palabras. Brutalmente.

Manchas


Mira por la ventana, y sólo ve el movimiento de los autos. El movimiento es algo que se ve, y ¿los objetos?…De los objetos queda una suerte de mancha gris.
Signos

Con las letras de las palabras, ordena el mundo. Pero el mundo está hecho de materias, de desvíos, de bloques irrespirables. En ese afán de que las cosas se acomoden a su percepción, se halla, insensato a los signos del mundo.


Carlos Battilana


Carlos Battilana nació en Paso de los Libres (Corrientes) el 19 de septiembre de 1964. Reside en Buenos Aires. Publicó Unos días (1992), El fin del verano (Siesta, 1999), La demora (Siesta, 2003) y El lado ciego (Siesta, 2005). También una selección de sus poemas se publicaron en Una historia oscura (Ediciones Deldiego, 1999). Poemas suyos aparecieron publicados en diversas antologías (Poesía en la fisura; La voz del erizo; Poesía argentina año 2000; Poesía en el subte; Antología Zapatos Rojos; Hotel Quequén Poesía), revistas (Diario de Poesía, Vox, Hablar de poesía, Tsé Tsé, La Mineta, Crisis, Paredón, Blanco Móvil, El perseguidor, Carpetas de poesía argentina, La Carta de Oliver, entre otras) y suplementos culturales (Clarín, La Nación, entre otros). Es docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires

LIA COLOMBINO














No tengo rituales de escritura. No tengo momentos ni lugares específicos para escribir, a no ser en mi escritorio que siempre está desordenado (con papeles, libros, vasos, platos, etc). Tengo también dos cuadernos, uno grande y otro pequeño con una goma que sirve de cerradura. A veces escribo en hojas sueltas que encuentro por ahí, en cuadernos que son para otras actividades y donde después me encuentro con sorpresas (siempre olvido lo que escribo en esos lugares y después leo aquellos pequeños textos como si no fueran míos).

Mi escritura (me) sucede y después, en ciertos momentos, me siento a trabajarlas.
Generalmente de noche.

Nunca tuve planes de escritura, aunque en el último tiempo he escrito algunas cosas que sí obedecen a algo. La escritura sucede a partir de palabras. Ciertas palabras que se me ocurren y que después, no pocas veces, repito en voz alta. Algunas veces, cuando estoy haciendo otras cosas o cuando voy de un lado para otro. Cuando estoy en tránsito. Trato de retenerlas y después prosigo. Otras veces, la escritura viene del estado de ánimo, otras se convierte en un regodeo en torno a algo, en un rodeo. Rodear lo que se quiere decir, todo el tiempo.


Lía Colombino


POEMAS DEL LIBRO "CAVIDADES AUSENTES"

La oscuridad traga su propia cola,
feroz de haber sido alguna vez.
Todo quema y se derrama
en fuego líquido
y sueño todos los cuandos juntos.
El hermano no es otra cosa no
Se mezcla el tiempo y algo
como ráfaga
entra por la ventana y quiere pegar,
matar muriendo.
Los ojos se abren
en calor licuado de siesta sin ser.
Gotea la sangre
como panza abierta de niños
y estrangulo pensamientos
sólo para ver si adentro tienen el color de la piel.
***

Abrió el viento dos veces
para después poner su mano fría
dentro del río

Cargó las nubes que se mueven rápido
se las llevó
Escondió el norte

Ahora camina
sobre hoja vacía
***

Mucho antes del comienzo
había algo
El dedo de los que ignoran
señalaba el fuego
Y lo demás era solo arena
Después vinieron los días quietos
y el reparo
para llenarnos como a recipientes
Luego
cargaremos con todas las palabras
Mantendremos en secreto su peso
Lo sé, mis ojos tardarán en partir.

***

Me perdí en esa mirada vental
De la víbora que recorre el piso
de mi casa
o en esa bocanada feroz
o en la tormenta carmín
de una noche enfundada
No dejo entrar ese viento
que sonámbulo me toca
No quiero ser columna
***

POEMAS DEL LIBRO "TIERRA DE SECANOS"

Paraguay I

La trampa siempre llega en barcos a vela
Siempre
Los tentáculos mandaron patrones
omóplatos
redes con alambre y sal
Hoy crece roca en vez de pelo
Ahora
láudano errante somos.
***

Una madre grande se mueve
a orillas de un mar calmo
Da vueltas
con niños que le cuelgan
Niños mudos / azules
clavados a su cuerpo
Amuletos
***

Paraguay II

Estamos que sangre y miedo
Estamos a garganta tapada ya de tanto intento
Estamos que matar niños
sería un gesto de urbanidad.

***

Paraguay V


Antes que lejos
mejor no haber estado en ningún lado
La tinta juega a ser sangre
a veces
Mis manos deben servir al menos para esto




POEMAS INÉDITOS

Me llevo. Un lugar de sombra recibe mis dedos, ellos llegan primero. Escucho mi voz, la sigo como se sigue una flecha disparada. Las direcciones se bifurcan.
Cae un velo –salvavidas para la vigilia.
Reconozco el lugar ahora, todo se llena de ranas y no puedo soportarlas debajo de mis pies. Quiero salir. Una mano aprieta mi pecho con la fuerza de la noche. He de quedarme –pienso. Entonces cierro los ojos y el sueño sueña con peces calvos.
Me pierdo. Ya no recuerdo cuantos ojos debo abrir. Miro mis dedos que se están yendo de nuevo, son ramas largas. He de quedarme –digo. Mis pies cavan las piedras. He de quedarme. Así, plantada.


***


Vengo desde el susurro donde ver es construir insectos con las manos – yo sacaba raíces todo
el tiempo y me acurrucaba – Hoy – que vivo en los huecos de un tiempo que cuelga todos los después – me acomodo – surco los pelos que crecen en los brazos y no encuentro sitio – no veo – ya no encuentro sitio – he venido desde el susurro – allí ver es construir insectos con las manos.

Lía Colombino

Lía Colombino, nació en Asunción, Paraguay, en 1974. Publicó Las Cavidades Ausentes, Cuadernos de la Ura / Editorial Arandura, Asunción, 2000; Tierra de Secano, Cuadernos de la Ura / Editorial Arandura, Asunción, 2001; El Resto. Lo subyacente poético en los ensayos de Walter Benjamin, en: Escrituras en Tránsito, Textos del Seminario sobre Estudios en Crítica Cultural, Parte I, CAV/Museo del Barro – Fundación Rockefeller, Asunción, 2004; El hartazgo de la palabra. Un ejercicio de escritura, en: Escrituras en Tránsito, Textos del Seminario sobre Estudios en Crítica Cultural, Parte II, CAV/Museo del Barro – Fundación Rockefeller, Asunción, 2005; Proyecto Auricular, Audio-plaquette en co-autoría con Javier Palma, Colección Ex Machina, Ediciones de la Ura, Asunción, 2006. En el año 2000 participó en la creación del proyecto cuadernos de la Ura, actualmente Ediciones de la Ura, que consiste en la publicación de plaquettes, libros de pequeño formato y tiraje reducido. Desde ese entonces, también coordina talleres de escritura.

FLORENCIA FRAGASSO









Siempre escribí en cuadernos, el primero a los 9 años. Son una especie de diarios en donde escribo cosas que pasan, sueños, pensamientos, y poemas. O más bien esbozos de poemas. En general uso dos cuadernos en paralelo, uno lo dejo en casa, y el otro, que yo llamo "libreta de paseo" es el que saco a la calle, tiene que ser liviano, pequeño, práctico. El cuaderno que queda en casa dura mucho, apenas lo uso, en cambio la libreta de paseo tiene una vida muy activa. Es importante llevarla siempre porque yo no escribo voluntariamente, más bien los poemas llegan, vienen medio armados, me asaltan. No los busco. No puedo sentarme frente al cuaderno y voluntariamente ponerme a trabajar. Creo que lo que realmente me inspira es no estar concentrada en la escritura.

Escribo básicamente en dos momentos: cuando estoy viajando o cuando estoy traduciendo, que es casi lo mismo, el movimiento de un lugar a otro, de una lengua a otra.

Muchos poemas empiezan como anotaciones al margen de una traducción, o en el subte, tren o colectivo.

En bares sólo leo, no puedo escribir quieta.

No la escritura en sí, más azarosa, sino todo lo que la rodea, se volvió para mí un ritual.

Cada vez que termino un cuaderno, lo fotografío de varias maneras: solo, con otros cuadernos, con diferentes luces, ángulos, etc.; y esas fotos a su vez son archivadas, como los propios cuadernos. Hay cierto afán coleccionista, supongo. Los cuadernos son todos diferentes en sus materiales, texturas, colores, diseños. Hace unos 10 años los empecé a fotografiar como objetos, usándolos un poco de "modelo vivo" para mis tareas de un curso de fotografía que estaba haciendo. Y sin querer se fue convirtiendo en un eslabón indispensable de este proceso: escribir en el cuaderno-terminarlo-fotografiarlo-archivar las fotos, que, de alguna indirecta manera, es mi proceso de escritura. Pero en el momento puntual de escribir un poema, no hay ninguna ceremonia. Siempre escribo mejor por la mañana, soy clara. A la tarde, a eso de las 2, me vuelvo improductiva. Tipo 7 vuelve una chispa lúcida pero cargada de ansiedad, sin frescura, terreno nada propicio para que nazca un poema, tengo que hacer cosas más sociales. Y la noche sólo es buena para dormir.

Primero viene un poema, luego otro, llegan en fila. El plan viene después. Me doy cuenta de que muchos poemas giran en torno a lo mismo y entonces reconozco una obsesión. Hay algunas, como la traducción y la relación entre distintas lenguas, que están siempre presentes.

Luego hay obsesiones más cortas y más puntuales, que tienen un tiempo, una fecha de vencimiento. Entonces se van armando las series. Y una vez que tengo una serie de 7 u 8 poemas que van para el mismo lado, entonces sí ya trabajo sobre ese tema, y los poemas que aparecen van en esa dirección, porque sí, porque tengo la mente enfocada. Es como una fidelidad natural. Cuando me concentro en un tema no salen poemas de otra cosa, simplemente no tienen lugar. Ahora, cuando se acaba, se acaba. Y a veces entre una obsesión y otra ando boyando meses sólo escribiendo en el diario las cosas que pasan cada día, o pensamientos, pero nada con forma de poema. Cuando algo aparece en forma de poema me indica que se está gestando una obsesión, es un síntoma. Después miro de qué se trata.

Con el tiempo estoy aprendiendo a entrenarme en la corrección, que sí es voluntaria y exige un tiempo. Me cuesta, pero lo voy haciendo. Y eso es primero en el papel, sobre el poema impreso, y luego en la máquina. Aprendí la corrección en talleres, en principio no puedo hacerlo sola, tengo que escuchar a otra gente, dar mis textos a leer, aprender a corregir textos de otros. Esto es necesariamente grupal. Y ahora no creo que la corrección sea un condimento, como creía antes, sino una parte fundamental del proceso de escritura.

Los poemas vienen de golpe, como recuerdos, me gusta por eso lo que dice Clarice Lispector: "escribir es, tantas veces, acordarse de lo que nunca existió".

Me gusta pensar la poesía como una especie de memoria construida, tejida alrededor de recuerdos que asaltan el presente. El recuerdo duro, en general en forma de imagen, es el carozo de una fruta, el poema, la pulpa que lo rodea.

Florencia Fragasso

POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "LAS MUDAS"

Alejandra dijo después
de unos días medio mustios
volví a salir
y al escuchar su haiku se cayó
una flor de cerezo
sobre mis notas
con rapidez muevo los dedos
la pliego
la doblego, se empiezan
a oxidar algunas puntas

***

Julián dijo que la luna
tiene mares secos
como llanuras en el aire:
chato mar del néctar, de la
serenidad, de la
fecundidad
pero que mar lo que se dice mar
es un decir

***

es la memoria
el material con el que hacemos las cosas
siempre
lo dice, mueve
los dedos prendiendo
una lamparita imaginaria
en una época creí
que las luciérnagas
(también) eran cosas
que inventaba Gonzalo

***

roncos caen pero frescos
los dichos sobre el mantel inexistente
en una mesa redondita y metálica
comentamos el casamiento de la amiga de una amiga, procuramos
ser graciosas y crudas
a la vez
"esa es la pesadilla de una
de todas
que un día se levante y te diga
amo a otra"

***

Vanina dijo
que Clara dijo
últimamente
hay una burbuja inmobiliaria
y ataca la ciudad de madrugada
moviéndonos las pecas de lugar
mi lunar ha mudado
de parcela en la piel,
una calle de agua
atraviesa ahora las paredes
y cuelga vertical desde mi baño
en una bola de vidrio
flores de nieve
mientras la casa se encoge, devorada,
y vuelve diminuta

***

cada durazno tiene su tesoro
como llevamos, cada uno,
"el rozar de nuestras piedras en la mano"
tengo un parquet en miniatura
escondido adentro de un durazno
el carozo es un mapa
de rías profundas
joya lustrada
como cuando aparecemos en el sueño de alguien
y no nos enteramos

***

El día de la boda, desde temprano,
el ramo ocupa un lugar considerable
en la heladera
Lo llevamos en auto
hasta la iglesia
en una caja de telgopor
acondicionada con bloques de hielo a los costados
como quien va de pic-nic
en familia
y se refresca
El ramo va entre nosotras,
la voy maquillando en el camino,
"no me llegues a poner
sombra celeste"
Ahora ella colgó su ramo de novia boca abajo
prendido de los barrotes verdes
de la ventana del patio
para dejarlo secar
y llevárselo a Hungría
Por la noche sueño que el ramo
en cuclillas
se va solo

***

La flor se llama mutisia
-así con ese
como los vientos alisios-
y es de la nieve
viene en blanco, naranja o lila
el médico te la recomendó
después de revisarte,
tomarte el pulso y preguntarte
sin querer pecar de entrometido
si tenías relaciones sexuales
con una pareja estable
es perenne, rizomatosa
bilabiada y dimorfa
te palpó, te derivó
a otro profesional para otro día
mientras tanto las flores
y sonrió

Florencia Fragasso


Florencia Fragasso nació el 27 de febrero de 1975. Se crió en Banfield, provincia de Buenos Aires. Estudió Letras en la UBA. Publicó poemas y traducciones de poesía en las revistas Tsé-tsé, Vox, Hablar de poesía y Pisar el césped.
En 2004 publicó la plaqueta Poemas de la observatriz en la colección Arte Plegable, con ilustraciones de Bernardo Zeissig.
En 2005 publicó el libro Extranjeras, editorial Gog y Magog.
Actualmente, trabaja en la preparación de un nuevo libro de poesía, Las mudas, y en la traducción de la poeta norteamericana Marilyn Hacke.

AGUSTÍN CALVO GALÁN

















Necesito música, siempre he necesitado música, no soporto el silencio de la casa. Nunca pude leer o estudiar con tranquilidad en las bibliotecas, en medio del silencio del pasar de las hojas, de los pasos perdidos, de las conversaciones en voz baja. Necesito música también para escribir. No tengo un momento del día preferido para escribir, a excepción de la noche, no puedo escribir antes de irme a dormir o no dormiría.

Puedo escribir en cualquier lugar, directamente en el ordenador o sobre el papel, viajando o tranquilamente en casa.

Ciertamente a menudo necesito saber de antemano sobre lo que voy a escribir, tan sólo como un plan nada determinista, pero sí una tendencia, un significado, un camino por el que voy transitando y voy modificando a medida que lo escribo.

Una vez escrito el poema, me gusta que descanse un tiempo, en el reposo y la sedimentación surge la verdadera poesía. Después, más que corregir, en numerosas ocasiones recorto, añado o incluso reescribo. De todas maneras no me gusta estar corrigiendo constantemente. Cuando doy por finalizado un poema se queda así para siempre, necesito ir acabando cosas para poder comenzar otras nuevas. Cada vez soy más consciente de la limitación de mis palabras escritas y por ello voy ampliando mi campo de acción gracias a la grafía creativa, la poesía visual o el poema objeto. Ahora las imágenes van y vuelven, hay un camino hacia la ampliación del campo de la escritura con la inclusión de técnicas, digamos, artísticas, y también un camino que vuelve a las palabras escritas para expresar el significado de una manera clara; y cada vez mis poemas son más concretos, más sintéticos, necesito palabras de una exactitud imposible, que signifiquen por encima de todo ¡que signifiquen!
Asimismo, intento, en la medida de lo posible desligar vivencia de poesía, casi de una manera programática. No entiendo la poesía como experiencia vital, la entiendo en sí misma. Es por ello que trabajo por una poesía que signifique, no que emocione o que reviva nada, simplemente.

Agustín Calvo Galán


POEMAS DEL LIBRO INÉDITO "ALTER EGO"

ESPEJO

Me arriesgo, nada me refleja tan
infielmente
como este abecedario
desordenado.

AUTOR

La generosidad
no tiene precio, sólo imaginación.

LETRAS

No haber resuelto nunca
definitivamente
ningún autodefinido,
para mayor gloria de los cuadrados
en blanco.


AUTORIDAD

Construyo obstáculos deseados
y con amor los destruyo.

ÁLGEBRA

La suma de significados
no altera la insignificancia

INTRASCENDENCIA

Mientras transcurre la poesía
se desdibuja lo que voy escribiendo.

FIN

La incertidumbre
es desconocer
la siguiente palabra.

POEMA DEL LIBRO "LETRAS TRANSFORMISTAS"

XV

Prescindir de lo propio
no por propio o por impropio,
sino por enteramente ajeno.

Agustín Calvo Galán


Agustín Calvo Galán nació en Barcelona el 1 de agosto de 1968. Ha publicado los libros de poemas: Vendimia de versos, un viaje poético a través de las tierras del Duero portugués (2003), y Letras transformistas, una selección de sus poemas conceptuales y visuales (2005). Su obra como poeta ha sido recogida en diferentes ediciones especializadas, tanto en su versión literaria como visual (Poesía Experimental Española, 1963-2004, de Félix Morales Prado, Ed. Mare Nostrum). Colabora habitualmente con el Taller del Sol (Tarragona) en convocatorias de mail-art y es coordinador de la web: http://www.boek861.com/ especializada en poesía visual y mail-art.
gmunter@hotmail.com blog: http://visualpoetry.blog.com.es