domingo, diciembre 30, 2007

FERNANDA CASTELL

Olivia Arteca


Dibujo de Olivia Arteca
Escribo cuando tengo ganas pero cuando lo hago a contramano, creo que trabajo mejor. Esto es: mi motor es cierto malestar. Inadecuación en estado puro. Lo tengo que transformar en acto. Sentarme frente a la pantalla y que la cosa acontezca. No me es fácil. El cuerpo traiciona. Tengo que estirar las piernas. Caminatas. Vuelvo. Las ideas se aclaran o las obsesiones se agudizan. Antes escribía en los bares. Pero resultaban ser cartas. Ciertas expresiones me sonaban a otra cosa y la carta, no enviada, cerraba en poema.
No hablo de lo que me pasa por ser mujer. Trabajo con lo que me pasa porque mi mayor obsesión en darle sentido a mi propia obsesión. Esto, en relación a lo que pensando en los tópicos de género, las mujeres trabajamos desde lo cotidiano, lo doméstico, lo corporal (y claro damos vida, como si los hombres no…). Y sí, trabajo esos tópicos porque además soy una ciudadana común con doble jornada laboral. Que se le va a hacer. “Cuando un hombre escribe es porque sabe, cuando lo hace una mujer, siente demasiado” Anne Sexton. Así como descreo a veces, de la taxonomía literaria, la escritura de género me resulta, sospechable.
No fui una escritora precoz. Pero disfrutaba mucho de las composiciones de la escuela. Sobre todo cuando las maestras nos introducían en el enriquezcasuvocabulario con palabras a buscar en diccionario y ejecutar en una oración que a mí, me ocupaba tres o cuatro renglones.
Las palabras para mí, son materiales. Lo único que rescato de mi pasaje por la escuela es el encuentro con la palabra escrita. Recuerdo los interminables y calientes veranos leyendo en la biblioteca de mi viejo. Leía con avidez mitología griega, crónicas de guerra, biografías. La serie amarilla Robin Hood, inolvidable.
Las clases de ciencias me develaban el misterio del ancho mundo que por supuesto me era ajeno. Era una niña con ganas de salirme de ese cuerpo sujeto a las interdicciones de la infancia.
Traslado a La Plata. Decido estudiar Antropología en el Museo de Ciencias Naturales. Mucho microscopio. Geología. Acrobacias matemáticas. Campañas arqueológicas. Reencuentro con viejas palabras de la infancia. Nuevos poemas, impublicables.
Podría haber estudiado letras. En un acto totalmente consciente, me preservo de la escritura de la Academia. La libertad para mí pasaba por otro lado (el mundo científico se constituyó en un gran banco de palabras). Eran otras épocas. La puerta de la democracia recién abierta pero las sensaciones del pasado estaban ahí. Imagen de infancia: requisa militar, quema de libros la noche anterior.
Rompiendo con mi tendencia solitaria, hoy me formo leyendo y discutiendo con otros escritores.
Palabras-ideas- ideas/martillo. Trabajo de pulido, esmerilado, devastado. Por etapas, arte textil. No necesito un lugar especial. Lo que no debe faltarme nunca es el mate (vicio de estudiante) trato de no fumar (es un vicio con el que estoy luchando de manera no muy entusiasta). En vacaciones, cuando voy al mar adoro las madrugadas. Esas horas plenas. Con minutos de grano grueso. Plena conciencia de la luna y el sol por despuntar. Como allí no dispongo de computadora apelo a los cuadernos y las microfibras que fluyen como una sangre en sinergia con la mano. El silencio de la playa. Austeridad del vacacionante. Se puede escribir a mano y en cualquier papel. Tiempo orgánico. Uno come cuando tiene hambre. Se lee mucho. No hay radio ni televisión. Las cuestiones cotidianas se simplifican. Casi no se habla. Porque cada uno está dejando su cuerpo al sol o al mar o al aire.
En general la escritura playera es el huevito. El larvado explota en la ciudad. Nuevamente aparece el acto de escribir. La carta que no será enviada.
La escritura en la ciudad es asíntota. Es como dice Jenny Disky: viajar hasta el Gobi y retirarse antes de tocar la arena. La construcción del poema conduce necesariamente a un clivaje que respira para comenzar con otro.
Me gusta recorrer largas distancias y mirar al vacío. Necesito la línea de horizonte. Voy al río. No es lo mismo pero parecido. Finalmente se trata del mismo planeta.
La construcción de un libro es otra cuestión. En general empiezo con una idea. Una conversación robada. Unos días de observación en la estación de tren. Gente, gente, gente. Universos cristalizados. El mismo planeta. Dialectos. Mucho conurbano. Me gusta viajar en tren. Mirar las casillas. El micro también me ofrece materiales. Observo.
Cuando llego a casa, si es posible hago un punteo. Un crudo. Y lo dejo. Luego lo retomo y doy forma. Relato lo que vi o sentí, como si esto fuera posible. Pero existe un momento en el que me desprendo de la experiencia directa y creo otra cosa. Y el procedimiento es variado. Se piensa más en la forma. Las lecturas son el diálogo necesario de cada día. Con el tiempo lo escrito sedimenta. Coagula. Cobran adherencia diría, orgánica. El libro funciona solo. No es la idea de la voz que me habla, como si se tratara de un ritual mediúmnico. Se trata de una intención.

Fernanda Castell

Poema del libro “En el Abras”, editorial Siesta, 2004

era por un mendrugo
y en los oídos pigmentos para pintar perros
en un pestañeo de carnaval, tropos en desuso riman el encuentro lo digo como lo oigo:
la materia
el cristal
grisácea sapiencia suave e irreversible
los frascos que engloban los cerebros
la acacia que abanica
el drenaje de tu linfa en la plástica envoltura,
dados al azar
sino al filo de un estilete
festejo de amor,
los tachos de agua
el techo de zinc
todo indica que la materia si existe es muda
- es peculiar el caer de la caída de las cosas
la manera de no dar en el lugar -
justo de lo que me llama a firme tallo en el que
tejo una urdimbre llena
quemazón de las manos en los cuellos rotos de los pequeños gavilanes
en el río
cráteres de trigo
dice nada de
la cortadura en el cuerpo
en la lúbrica espera condimentando el quejido de las sillas,
la mesa está mal puesta
en alguna concavidad sólo la libación de un vino agriado
en las grietas las cucarachas montadas
lo bello ensangrentado en orgánica melodía



BAJO EL LIMONERO REAL - QUE NO ES MIO



yerba mala nunca crece en este patiodondenodaelsol. Soy viuda negra y voy caminando a casa cuando me aburro de la parada en la esquina la poesía es áspera una lagartija caliente en la garganta si tenemos hambre mucho peor te lo dije ni lo pienses esto no tiene fin

***

hija te escribo desde el despacho hay una fotito tuya con medias a la rodilla y la nariz arrugada por la resolana del mediodía

***


los cristalitos, las opalinas, las copas baratas, los bonsai, en la bañera leyendo sus cuentos chinos, las laminillas de sarro flotando con su sopor enumerado
el aroma del hornillo, buena suerte y algún que otro recuerdo - esperan para nada. Los verbos andan como la luz. dromedario de hielo que se tragó la lengua
rechinando de invierno el infiernillo de las formas usa como el ciervo entre las dunas de Atacama la pena del albatro, en su roca mordisqueada por las orcas. En el escaparate se buscan cuerpos uno dos o tres que puedan unir las gemas no las semipreciosas, sino las de oro, lealtades mínimas - veo, veo lo que es un escaparate sin vidrio con maniquíes en estampida como el agua desgranándose desde una canilla con el cuerito roto
cosas que no existen

***


Vio la foto
la rompió
el pasado
no es bueno

***


hay un mensaje

***

te escribo desde el rincón más brilloso de la cocina debe de haber algún método para sacar el agua del placard. La ropa tiene feo olor y sólo vos estas entrenada para estas cosas. También tengo que hacer una torta de cumpleaños pero no tengo la receta. Te mando un beso que lo pases bien tu hijita

***

mamá entre otras cositas te digo

idiota idiota si aplicás la misma teoría de tus pacientes del conurbano un hijo no te salva
***

A mi no me vengas con esas boludeces –date-vuelta-escupí-no me dejés el sorete arriba de la mesa
toda la vida con ese tipo enfermo que se puso su frac y bailó el charlestón bajo la lluvia cuantas veces chasqueaste los deditos ahora te toca romper el vidrio y robarte un felipe para el desayuno que le vachacher nos plancharon y nos guardaron


***


rubia fémina con rostro esmerilado te escribo desde el otro lado de la lámina brillante de ese lago de nitritos donde te bañaste este verano
estás con la pintura corrida temprano te ibas nos dejabas la comida y los guardapolvos planchados pim pam pum al que no despabiló se lo comen los piojos, que lejos quedaste con tu pantorrilla fuerte y la voz de mando pim pam y pum me fallaron


ese collar ese collar brillante de las bodas de plata que tenías para la última navidad... nos tomamos la vía rápida y llegamos y nos damos cuenta que nada significa nada y punto
***



es lo que hay y lo que no hay

ese collar brillante ese hilo violeta el lomo de ese libro


***

estamos en el pozo

***

mamá hoy estamos solas llueve y en el paladar el zapallo dulzón y la papa bien hervidas con aceite de maíz
lo nutricio está en el árbol pequeño de mi cabeza con las raíces enredadas en el pelo
-doy dos porque somos dos esa pequeñita y yo y lo que me queda de vos-

Fragmento del libro Peces de Agua, Editorial Tema, Portugal, 2004


Impresiones en el agua


Sobre la línea de agua pivotea su cola
en cromo, corta la marea.
Tranquila. Vira, da un coletazo y hiende el fondo buscando a la gente de abajo.
Por las arterias le fluye un oxígeno
memorioso. En lomo de su lengua musga lleva a la pequeña. Le enseñará el truco para no morir de hipoxia. Por las membranas flexibles
Incorpora el sonido de lo hondo: es como morir y
volverse a revestir de carne.
por fuera. Sobre el juncal abrevan las garzas a comer diatomeas. Ella escucha el rigor de los picotazos mientras sigue su línea por lo bajo.
El agua se transforma en cielo. Nuevas constelaciones. Son las puntas de los picos de las garzas que están de caza. Y la vía, no es más que la fuga de los lobitos de río
Construyendo moradas.
Aguanta. Hidratada le parlotea de lo dulce que el líquido marrón y como extraña su casa de ladrillos.



Poemas del libro “La construcción de lo desagradable” (libro inédito)

“Si quieres imaginarte el infierno no necesitas pensar en tormentos inacabables. Más bien diría: ¿sabes qué horrores indecibles es capaz de soportar un ser humano? Piensa en ello y sabrás lo que es el infierno aunque no intervenga la duraciónLudwing Wittgenstein. Movimientos del pensar.

no hay más lugar que el silencio en soledad, lamerse las heridas como un perro sarnoso, digo... cuando todo esto ocurre una ya tiene que retirarse elegantemente de la falsa idea de que algo pueda remediar el vital sentido de inadecuación.
- ....Lo demás esta en el orden de comerse doscientos gramos de granola de oriente sin agua, ir al gimnasio dos veces por día, al analista tres veces por teléfono, hacer el amor para quemar calorías..... Esperar el solsticio para rogarle al árbol sagrado que por favor cumpla con la rogativa del año anterior: “completas, equilibradas y felices”.
La tierra rotó y roto tiene todo menos la piedra dura del malestar.


De cómo le rompieron los cuatro tabiques


Dicen que todos los amantes son unos caballeros
Que llevan flores y ojales por donde brota algo parecido a la linfa
En caso de desencuentro, si brotan, las lágrimas son ungüentos antihistamínicos. Ya no quedan las orquídeas de los martes….
Ella va por la senda de la superación, tiene la nariz altiva.
Se toma el tren a Temperley y allí detiene sus zapatillas rojas.
En el umbral del primer barsucho oscuro:
-Un vodka por favor.

***

1.A


Del corazón, ese órgano tabicado fluyen números que colapsan el sistema cuando llega al cero del lado izquierdo
Esa categoría de la vieja escuela higienista que ubicaba a las orejas de burro al lado de la pecera para imitar el abrir y cerrar la bocaza del bagre pescado en la última excursión al campito
De ese órgano sincopado tamaño de la mano según dicen, proliferan dichos obsesivos como la trashumancia de los moluscos en el lomo del gato muerto cuya descomposición asiste en detalle.
No opone resistencia a semejantes dichos porque la sostienen en su entidad deseante como diría el Doc por la radio los domingos al mediodía. No es Madame Bovary. No se casó con un médico adinerado. A ese se lo llevaron antes. Se podría autoproclamar Madame Boba y punto.
Retornando al tabicado órgano propulsor de hematíes en su jugo, fluctúa entre el vino tinto en cuba de roble y los cigarrillos pasando por el café con leche que todas preparan a las dieciocho puntual haya llamado o no.
¿Pero caballero, dónde dejó el corcel?
Adónde ¿los dientes radiantes y la elegancia condición erótica necesaria para que nos salten los pespuntes?
A no quejarse que se tira la red y se pesca lo que el mar de fondo revierte del estado anfibio. Que podría haber sido un batracio descompuesto y sin embargo goza al menos de los cuatro miembros en pleno uso de sus facultades. La pesca de estos años es un deporte poco satisfactorio. O acaso tiene más que ver con lo factual, la factoría. Esclavos. Cosa reducida a servicio. Servicio hasta que colapse el sistema. He ahí el punto: quién es el esclavo de quién en este pasaje de mano en mano de la misma cosa....


2-B

Las percas son puercos acuáticos, nunca he visto una pero suenan así. Los puerquitos son tiernos rosados y se duermen tiernamente en la materia fecal de la madre. Si caminamos en el chiquero nos acostumbramos. Los chacinados son exquisitos picadillos de esa carne curada en sal. En el campo los matan con un cuchillo que entra por el cogote hasta el corazón y la sangre cae en unas bateas para hacer la morcilla, muy recomendable para gente con hemorragias por anemia.
Las percas no se comen. Los pescadores despuntan el vicio y si no las descabezan, las devuelven para que sigan aportando al genoma de las percas. Tienen corazones rojos como los de los bebes que se ven en las incubadoras. Aquellos que con apenas cinco meses, los médicos salvan contranatura sensibilizados ante el reflejo de prensión –reacción automática ligada a la sobrevida. Digo el dedo del médico y/o enfermera; y todos compungidos extraen ese feto que apenas tiene piel para pasar el invierno y lo meten en esa máquina. Para luego ser sordo ciego y en el mejor de los casos parlante. Yo prefiero el corazón de pollo para un buen rissoto.


HAMBRE


Es imposible anclar en sitio alguno todavía. Gente y gente. Con mirada hueca y expresión de estampida. Nadie sabe leer ni escribir.
Se ha perdido el hábito de hablar. Todos corremos. Las mujeres ligeras de ropa con huesos livianos seguimos la huella de las otras a gotas de sangre menstrual.
La falta de regulación es la regla. Los hombres esperan órdenes. Se reúnen por ahí junto a los tambores de fuego y fuman cigarros de afrecho. El olvido se consigue durante el sueño cuando los cuerpos, detenida la carrera, se desploman. Lo he buscado te lo puedo asegurar. Desde que llegué lo estoy buscando pero nadie comprende el gesto de una fotografía.
Aquí no representan nada. No se busca la buena forma. Se detienen en algún rasgo aislado, en la arruga de la camisa de frisa, por ejemplo.
La violencia es real. El agua escasea. Si encontramos algún vegetal carnoso, se mastica.
Ayer me encontré con un Office Service. Son aquellos que se encargan de cuidarte de no ser violada simulando ser tu pareja. La denominación es un relicto de la vieja tecnología. De contextura grande y contundente, se ofreció a pasar la noche conmigo a cambio de un poco de harina. Yo como lo suficiente para mantenerme en pie. Aquí el hambre es una forma de supervivencia. Te mantiene alerta. Motor poderoso. Como sabés, para mí la masticación no convive bien con el entendimiento. La digestión enceguece. Esto es más árido y silencioso que allá, te lo puedo asegurar.



Fragmentos (poemas sueltos inéditos)



Tenía seis años. Se usaban los montgomery. Esos saquitos abrigados con trabas de maderas. Hoy los encuentro para los ponchos artesanales. Pero no usaba abrigo. Era verano. Enero. sapos aplastados tachonados en el asfalto. –¿te duele? –mucho, no le digas a nadie. –no, no te preocupes. Pasó febrero. Creo que llegó hasta abril. La tarde en que nos llevaron a ver el cadáver de la ballena en Claromecó, me entero que había muerto. Mi mamá sofoca mi llanto en su tapado de piel de nutria. El único recuerdo cálido que tengo de ella. Una madre debe estar en los momentos importantes.

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Dolor. Grado uno al cuatro. No recuerdo la escala. Se dice que cuando duele, duele. Joder con escalas. Joder con codificar el estallido de los huesos. La retracción de los músculos. El estado cero del organismo que pretende llegar a la mínima organización. Ocupar un intersticio. En el quicio de la puerta entra la mirada del que agoniza. Una mirada pupila toda. Te reconoce a dos horas de tomárselas para el otro lado. Hay otro lado. No es celeste ni de algodón. Pero hay otro lado. Puede ser urna. Cajón. Puede ser recuerdo.

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Fragmento de “En invierno las plantas duermen”

En invierno las plantas se duermen. Las ramas quedan a la intemperie. Pareciera que sin abrigo se hace frente al frío de modo más contundente. No me vas a joder. No vas a quemar mis hojas. Antes las pierdo.
Se las lleva el viento. Y se amontonan en las bocacalles. En los rincones de patio. O forman montañitas de hojas en el parque, formando casita para los bichos, que en invierno apenas soportan el frío. Caracoles, arañas, hormigas. Todos al mundo subterráneo. En algunos lugares, las ranas se entierran disminuyendo su actividad metabólica hasta la primavera. Para luego estallar hasta los pantanos. En invierno la tierra tiene pulso. Millones de corazones la hacen batir como una gran cacerola. Nosotros los que engripamos y usamos bufanda, apenas percibimos un poco de tremenda actividad. Esto pareciera ser un cuento infantil que nunca comienza. Tal vez porque no tenga nada que contar. Solo describir la intuición de la belleza encapsulada cuando baja la temperatura y a una se le paran los pelos de las piernas recordándome sos tan animal como esa lombriz que fabrica sus túneles y es capaz de encontrar los huevos que puso con la cola. Estos bichos son segmentados. Ya es sabido que si se los corta, se regeneran a partir de un fragmento. Cada segmento es una unidad completa. Nosotros somos una totalidad huérfana, dependemos de todas las partes para funcionar. Lo que nos salva es la condición doble de nuestro organismo. Podemos vivir sin algunas de las partes.
El aire contiene tanta porquería que respiramos como si estuviéramos en una ciénaga conectados a una boquilla de buzo. Y así vamos. Caminando. Corriendo. Así voy yo que te extraño cuando me reflejo en el malestar de los espejos.
-vamos. –adónde. –tenemos que llevar mate cocido a la casa de estela que está en cama. Tiene una bronquitis que no puede curar. Hace semanas que está con nebulizaciones. Estela era una mujer obesa. Con su corte al estilo Dora Carrington color borgoña, parecía un travesti desmejorado. Estaba en el estudio de pintura. Fumando. – ¿Cómo anda la brigada puro hueso? ¿Me vienen a anunciar la parca? –No, te vine a ver porque no atendés el teléfono y el vodka sólo, no te mata el bicherío.

Fernanda Castell

Fernanda Castell, nació en Coronel Dorrego en 1965. Tiene dos libros publicados: “En el Abras”, por editorial Siesta y “Peces de Agua”, editorial Tema. Portugal Edición bilingüe. Fue docente universitaria. Actualmente trabaja como antropóloga social en temas vinculados al proceso salud/enfermedad/muerte. Coordina talleres literarios. En 1999 fue finalista del Premio Provincial de Poesía Dr. Carlos Auyero y se publicó una antología con su trabajo “Fotomontaje”. En el año 2001 ganó el segundo premio de Concurso Provincial de Poesía López Merino y el tercer premio en el Concurso de la Fundación Octubre. Actualmente tiene en edición el libro “La construcción de lo desagradable”, en Portugal.

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