lunes, diciembre 17, 2007

LEANDRO SELÉN

Escribo siempre en el mismo lugar, directo en la computadora, en silencio, en los momentos del día que la dinámica familiar me lo permite (tengo dos niños, y un tercero por venir el 20 de diciembre). A veces el más chico, Manuel, de 2 años y medio, me ronda. Escribo lo que va surgiendo, pero luego, mediante un plan, que puede incluir una investigación, termino de darle la forma final. Escribo textos que a veces descansan durante algún tiempo hasta que encuentro la vuelta para seguirlos, terminarlos, mejorarlos. Corregir es darle la forma que más me satisface. La poesía me viene en imágenes, en sonidos y en palabras que escucho por ahí. A veces pienso poesía. Las imágenes muchas veces son las palabras mismas concatenándose y veo imaginariamente el poema escrito en el aire, o en un rostro.

Leandro Selén


POEMAS INÉDITOS DEL LIBRO "SANDOKAN Y LOS HAIKUS VILLEROS"

SANDOKÁN

Sapos esparcidos

al costado del camino

escoltan el paseo nocturno

por el Riachuelo

detrás de los paredones

de las curtiembres

en los senderos

delineados por caracoles

se siente como una lengua

la tierra cobijando

los pies que la transitan

por momentos

se hunden

para después

deslizarse

y volver a estancarse

bajo estrellas gastadas

de sudor de chimeneas

enmarcadas en un cuadro

que nos tiene de rehenes

deambulando

frenéticamente

por las acerías

y los remolcadores

entre latas de congoja

y salpicaduras de olores

ablanda vientres

en charcos de cobre

sin permiso

pasan una tras otra

las lanchas

en voz bajita

casi fantasmas

sin tripulantes

la vista agudiza

sin distinguir

más que la humedad

de los adoquines

pegajosos

y una barrera rota

sin promesas

ni vanidades

sola con su riel

debate la consecuencia

que tendrá

para sus cimientes

la perdurabilidad

de esa relación

en el tiempo

atrás hay pasto

y tachos con

petróleo muerto

canaletas extramuros

llevan alivio

a las hojas secas

regándolas de amoníaco

fogatas encienden

para escapar

a la negritud de la noche

vagabundos

bandoleros

y vendedores

comparten horas

en el confesionario

del fuego

sin darse cuenta

ni las gracias

colonos de una tierra

nunca prometida

hacen planes

de expansión

territorial

más allá del hediondo

batir de las aguas

apelmazadas

mascando brea

para blanquear

los dientes

adelante hay un puente

cerrado por siempre

forrado de yuyos

y óxido voraz

las maderas del piso

se parten a la vista

y el viento

cada tanto

aparta alguna para

alimentar las empastadas

bocas que se abren

en el inmenso

y fétido canal

mercenario cazador

de naves parias

debajo de los hierros

que corren de orilla

a orilla

nace una familia

acéfala de clubes,

shoppings

y de cable módem

indios del riachuelo

aborígenes sin descubrir

más bien extraviados

de los cuadernos

de bitácora

matean el tiempo

acompañandose

de tortillas hechas

de maíz pisado y agua

***

Mateando juncos

desparraman la vida

en una decena de metros

cuadrados

en miles de puntos

cortados por el filo

oxidado de la suerte

con fecha de vencimiento

desde el segundo inmediato

anterior a nacer

puestos en el mundo

a modo de chansa

segunda selección

de una producción

sin marca

gente sin swing

habitantes de

un espacio vaciado

de ilusiones

colmado

de ausencias

de todo lo que existe

menos ellos

que no le faltan

a nadie

pero andan

perviviendo a modo

de partículas

que flotan sus miserias

a orillas del único

testigo de la huella

percudida de esas

vidas esparcidas

en un puñado

de tierra revuelta

sin esperanza

pero pulmones

en plomo

que aguantan los días

en cinco casillas

urgentes

dispuestas en fila

en catorce pasos

de tan apretados

podrían ser menos

sortean las noches

perecer o sudar

se miran y esperan

que alguien

una tarde

los pase a buscar

***

Por detrás

de la última casilla

que abriga

toses y ronquidos

bajo la aleación

de chapas, lonas

y maderas

escapa un senderito

donde no caben

dos pisadas

que se arroja

al riacho

pero antes

una pequeña playa

de piedras olvidadas

en algún remolque

con esfumado destino

de fábrica pujante

antes del uno a uno

un resort exclusivo

de la tribu orillera

para tomar baños

de sol y repugnancia

en el extremo occidental

un bote duerme

su angustia de haber

sido la estrella entre

los boteros del cruce

de La Boca

hasta la Isla

Maciel

pero arrebatado

en su mejor momento

de los remos de su dueño

para ser

encerrado por lustros

a la sombra de un galpón

junto a otras naves

secuestradas por

la mafia de los remeros

rescatado del remate

de un embargo preventivo

descansaba sus penas

el viejo paria orillero

compañero de mil cruces

de Riachuelo

al fondo del condominio

encallado entre dos

cascotes

todavía sus maderos

soportan el ingreso

de los cuerpos que

uno a uno

se van acomodando

en los lugares que

ofrece la barca

y zarpamos como

contrabandistas

ocultos en la negritud

de una noche

de estrellas ciegas

los remos se clavan

en el lodo y amagan

con hundirse

obligan a un titánico

esfuerzo

por no perderlos

la velocidad es

la de una babosa

pero entrar

en esas aguas

no es corriente

y atraverse

es internarse

en un terreno

donde perder

está servido

el Riachuelo

no es amigo

ni enemigo

reina en su cauce

y no hace migas

con intrusos

negocia el paso

por sus aguas

para el tráfico, la fuga

o el escondite

solo se apiada

de los pobres

que habitan

sus riberas

con ofrendas

lo veneran

y enarbolan

a la estatura

de un dios.

***

Los remos martillan

sobre las aguas gomosas

la vista hipnotizada

buceando entre

la negritud

como iluminándolas

adivinando movimientos

agazapada sigilosa

durante horas

cree leer la vida

en el cauce de ese río

empobrecido

tanto que ni refleja

o muestra una realidad

demasiado cruda

como su vestimenta

la mirada resbala

en el horizonte

es atravesada al medio

por la torre de Interama

unos metros más allá

piedras llegan

a modo de saludo

de manos misteriosas

que no se dejan ver

pero celebran

la pasada de la barca

arrojando toscas

que afortunadamente

se fatigan

a mitad de su camino

y ya sin fuerza

se dejan hundir

hasta una profundidad

sin fondo

donde vegetan las almas

devoradas a deshora

por atreverse a surcar

sin permiso

o por firmar

su derrota mansamente

entregándose a las aguas

plomizas para curarse

en muerte

también llegan las risas

y el humo de fogatas

donde no hay confesiones

sino celebración

con voces perfumadas

de suavidad

las hembras

comparten con los hombres

algún ritual vacío

de amargas ilusiones

escriben en el viento

deseos saboreados

por la esperanza vana

de nacer en otro cuerpo

menos triste

un destello da paso

a la ceguera disparada

por una luz

que todo incendia

con la misma violencia

con que la lancha

se cruza a pocos metros

edificando olas

que podrían desollar

diez veces este bote

resiste el viejo paria

del riacho

y tras varios coletazos

y respingos

logra asomar con entereza

entre las aguas

que supo domar cuando mozo

y transformarse

en el Sandokán orillero

***


Tras pasar los puentes

amarramos

al Sandokán

esta vez

en la orilla de enfrente

del lado más filoso

no fue mucha

la distancia recorrida

pero sí

la suficiente

para no irritar al dios

y mostrarle

respeto por su cauce

nauseabundo

no hay playa

sino unas chapas

en pendiente

conduciendo

a tierra casi firme

donde la noche

se ahueca

en forma de túnel

sin techo

ni paredes

solo el piso

sin los pies

avanza

el riacho

es el lazarillo

en la noche

de este lado

descabezada

de estrellas

el silencio de las aguas

contiene la dirección

a seguir

la oscuridad se ablanda

se corren las pesadas

cortinas y aparece

cortando sombras

un vendaval de luces

un carnaval frenético

una alegría inútil

amontonamientos

en todas direcciones

pantagruélico circo

un mercado infinito

se vende lo que nadie pide

se agota lo que nunca hubo

hay filas de gentes

buscando llevarse

un rastro de vida

que pasa al costado

del Riachuelo

testigo absorto

de otra inservible

conjunción humana

pareciera desteñirse

en este tramo

perder aliento y forma

cambiar de rumbo

y de identidad

ser otro para no figurar

en los mapas

de los tours de compras

de la tilinguería vernácula

entre ofertas y rebajas

una fuga permite

hallar un remanso

donde el río espera

ver pasar los hombres

mientras rememora

distintas hazañas

toma aire de nuevo

y vuelve a zarpar

llevando sus sueños

lejos del barullo

adonde ya viejo

pueda tomarse un baño

y cantar hasta dormirse

***



LOS HAIKUS VILLEROS

Yutas persiguen

Los ranchos son un guante

Esta es la última

***

De cara al sol

Horas de haber merqueado

Somos fantasmas

***

Mattioli al palo

Banderines y globos

Hoy sale el Quique

***

La ceremonia

Los rezos a San Jorge

El fumadero

***

Fierros al tacho

A mearse las manos

Estamos limpios

***



Llegan los pibes

Es un camión choreado

Reparten leche

***

Ríen los transas

Hay más pibes fantasmas

La culpa es guita

***

Peregrinaje

De rancho en rancho madres

Duelen las ollas

***

Iniciación

Robo de bicicletas

La escuela aburre

***

La pilcha nueva

A gastar lo choreado

La pista invita

***

Billetera a ful

Cortaron super chino

Cumbia y champú

***

Noche de baile

Alcohol alegría bardo

Brotan cuchillos

***

La vuelta a casa

El Gol se corta fácil

Bondiar ni ahí

***

Zumban las moscas

El punga lustra el fierro

La mastecard

***

Cadenas de oro

Los fierros enterrados

Rumor de razzia

***

El barrio adentro

No hay dirección ni calles

Puro pasillo

***

En remolinos

Hadas del basural

Shopping del hambre

***

Se fríe el aire

Buñuelos de osobuco

Pasión de sábado

***

Mantel floreado

En shorcito y chancletas

Olor a enjuague

***



Charcos humeantes

El aire acebollado

El sol patina

***

Transpiración

Aletean los ranchos

Pasta y tetra brik

***

Se esconde el transa

La puerta se resbala

El punga apreta

***

El transa implora

La puerta se le cierra

El punga ensarta

***

El transa aúlla

La puerta temblequea

El punga aguanta

***


El punga reza

La puerta se endurece

La yuta afuera

***



La yuta avanza

Debajo de la mesa

El punga llora

***

La puerta vuela

El cristo masacrado

Los ranchos llueven

***

La rabia asoma

La yuta está rodeada

Vuelan cascotes



***

Pelan los fierros

Despejan la salida

La bronca ladra

***



La yuta vuela

Les muerden los talones

Los ranchos hierven

***

Brama la turba

El cadaver del transa

Arden los huesos

***

La carne a punto

El fuego glorifica

Los perros lamen

***

La bronca entibia

Las miradas se buscan

Nada es consuelo

***

Lavan el cuerpo

Los ranchos anochecen

La lluvia empieza

***

En la penumbra

Música de mil lágrimas

Nadie se atreve

***

Las voces reptan

La tormenta se espesa

Flores en círculos

***

Velas abrazan

Se reparte amargura

Dolor torrente

***



Balas al cielo

La banda lo despide

El juramento

***

Los cinco puntos

El tatuaje tumbero

Será venganza

***

La procesión

El cristo tapizado

El mito nace

***

El chisme corre

Llegan de todos lados

Miles lo lloran

***

Alvear Abajo

Los de La Veinticinco

La Santa Rita

***

La San Francisco

Detalle y La Esperanza

Y más allá

***

Balas y flores

Petacas y estampitas

Puñal y porros

***



Pibes fantasmas

Desfile de promesas

Los ranchos huérfanos

Leandro Selén



Leandro Selén, nació en La Boca el 7 de Mayo de 1972. De profesión periodista y docente. Se calza el saco y la corbata y durante la mañana escribe notas de economía en la agencia Diarios y Noticias (DyN). Por las tardes se levanta de la siesta y escribe poemas. Desde hace cinco años, modela sus escritos gracias a la inagotable paciencia de su maestro Fernando Molle. Tiene dos hijos, Juan, de 13, y Manuel de 2; y un tercero por venir el 20 de diciembre, sin saber todavía si será nena o nene. Matilde tampoco lo sabe.

1 comentario:

RosaMaría dijo...

Muy bueno, tu blog es gran calidad, cómo nadie te lee? No lo entiendo, tampoco entiendo porqué no te leí más. Esas cosas..?